“Eres Un Fanático”: El Costo De La Fidelidad Evangélica Y La Vida Justa

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ESJ-2018 0912-002

“Eres Un Fanático”: El Costo De La Fidelidad Evangélica Y La Vida Justa

Por Jared Longshore

Los fieles han tenido un rudo avance en este mundo desde el principio. Abel fue asesinado. Moisés acusado de liderazgo dominante. Jeremías echado en la cárcel. Elías fue llamado un alborotador de los hermanos. Jacobo asesinado. Esteban apedreado. Pablo golpeado. Luego está nuestro Señor mismo, el Varón de Dolores, que fue colgado en un madero para morir. Él nos enseñó: ” Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al dueño de la casa lo han llamado Beelzebú, ¡cuánto más a los de su casa!”(Mateo 10:25).

Muchos hoy admiran la idea de mostrar tal desdén por Cristo, pero prácticamente lo aprecian mucho más cuando está en el espejo retrovisor. Charles Spurgeon dijo una vez:

De modo que admiramos a un hombre que se mantuvo firme en la fe hace unos cuatrocientos años; el pasado es para él como una especie de fosa o jaula de hierro que le mantiene asegurado tras las rejas como al oso en el zoológico: tener a un hombre así en la actualidad sería una gran molestia y todos estarían a favor de la captura y encierro de ese fanático recalcitrante y obcecado o un apelativo todavía peor que se pueda pensar. No obstante, imaginemos por un instante que en el pasado. Lutero, Zwinglio, Calvino y sus camaradas hubieran dicho: “El mundo está en desorden total, pero si tratamos de arreglarlo solo crearemos perturbación, vamos a quedar mal con la gente y caeremos en la deshonra. Mejor vamos a nuestras recámaras y nos ponemos a dormir durante los tiempos malos; quizás al despertar hayan mejorado un poco las cosas”. Tal conducta por parte de ellos nos habría dejado un legado de errores. Cada generación caería cada vez más bajo en los barrancos infernales y los fangales pestilentes del error nos habrían tragado a todos. Estos hombres amaban la fe y el nombre de Jesús en demasía y no estuvieron dispuestos a contemplar cómo eran pisoteados..

Algunos consideran que la Declaración Sobre La Justicia Social y el Evangelio no es útil y está atrás de los tiempos. “No es sensible al momento presente”, dicen. “No es estratégico” es la frase en las calles. Pero nuestro Señor no nos dijo que vayamos a todo el mundo y “seamos estratégicos”. Nos dijo que vayamos y hagamos discípulos, enseñándoles a obedecer todos sus mandamientos. Un mundo rebelde siempre ha encontrado esa comisión desagradable.

¿Pueden los cristianos ser innecesariamente combativos? Por supuesto. Pero el hecho de que algunos hayan nivelado esa afirmación contra la declaración cuidadosa y mesurada sobre la justicia social y el evangelio garantiza lo que los teólogos en tiempos pasados ​​han llamado la risa del caballo sincero.

La ironía es que no obtienes justicia en el mundo sin la teología señalada en esta declaración. No obtienes el segundo mandamiento sin la verdad. Es mucho más fácil parecer que estás viviendo justamente que realmente hacerlo. Ha llegado el día para que los fieles creyentes de amar a Dios y amar a las personas. Ha llegado el momento de “practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios” (Miqueas 6:8).Las afirmaciones y negaciones que se encuentran aquí son un gran primer paso para ese fin, ya que buscan mantener el evangelio que, si se socava, dará lugar a injusticia manifiesta entre los hombres.

Suframos cualquier ridículo que surja del amor por el evangelio de Dios y las personas hechas a su imagen. Concluyo regresando a Spurgeon nuevamente:

Hoy sucede lo mismo que en los días de la Reforma. Se necesita un espíritu resuelto y decidido. Ha llegado el día para el hombre; ¿dónde está el hombre para el día? Más nos vale a nosotros, a quienes el evangelio ha sido transmitido por manos de mártires, que no lo tratemos con trivialidad. . . Caballeros, miren esto con cuidado: quedan generaciones por venir. Si el Señor no aparece en la nuestra, vendrá otra generación, y otra después de ella, y todas estas generaciones serán perjudicadas y dañadas si no somos fieles a Dios y a su verdad hoy mismo. Hemos llegado a un punto decisivo en el camino. Si volteamos a la derecha, puede ser que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos irán por ese camino; pero si volteamos a la izquierda, generaciones que ni siquiera han nacido maldecirán nuestros nombres por haber sido infieles a Dios y a su Palabra.

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