5 Principios Para el Pecado Sexual

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5 Principios Para el Pecado Sexual

Por Costi W. Hinn

El viejo evangelista Vance Havner dijo una vez: “La alternativa a la disciplina es el desastre”[1] ¿Sabes qué? Él tenía razón. ¿Y qué más? Desde más allá de la tumba sus palabras siguen siendo penetrantemente ciertas. Cuando las aplicamos a la manera en que tratamos con el pecado sexual en la iglesia hoy, sus palabras tan necesarias tocan un nervio sensible y deben movernos a la acción.

Sin duda, el pecado sexual debe ser abordado y tratado en el cuerpo de Cristo. Si no enfrentamos con amor y firmeza nuestras impurezas, nuestra falta de disciplina conducirá sin duda alguna al desastre. ¿Es usted un líder de la iglesia a quien Dios le ha dado algún nivel de responsabilidad en la supervisión de su rebaño? ¿Tienes una filosofía bíblica para tratar con el pecado sexual en las vidas de aquellos que te han sido confiados? ¿Es usted un creyente que está discipulando a alguien que se tambalea en la tentación sexual sin un plan claro para librar una guerra contra el pecado? Use los siguientes principios de 1 Corintios 5 y 6. Sin un plan claro de la palabra de Dios, usted puede ser encontrado falto en esta área de su vida y ministerio.

#1 Sea directo y específico

Nadie se beneficia cuando el pecado sexual es mantenido en la oscuridad por aquellos que lo saben. Cuando Pablo se refiere al pecado sexual que estaba plagando a la iglesia de Corinto, no era pasivamente agresivo ni dejaba caer indirectas con la esperanza de que alguien pudiera entender lo que estaba sucediendo. Fue directo y específico. En términos inequívocos escribió: “En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre” (1 Corintios 5:1). Bueno, ahí lo tienes. Pablo simplemente “va al grano.” Los pastores deben usar el tacto al hacer esto porque Pablo no está necesariamente ordenando una vergüenza pública por cada caso de pecado sexual. En Corinto, esto era evidente e impenitente. Estaba sucediendo sin mucho desafío. Necesitaba disciplina pública. La forma de aplicar esto puede variar dependiendo del contexto. Sin embargo, una cosa está clara: cuando el pecado sexual está presente, debe ser tratado de una manera directa.

#2 Lamentar el pecado sexual

Puede ser nuestra cultura desensibilizada o el resultado del antinomianismo en demasiadas iglesias, pero el pecado no siempre se llora de la manera en que debería ser. Pablo reprende severamente a los corintios diciendo: “Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido…” (1 Cor. 5:2a). Él no está sentado en frustración porque los Corintios no están quebrantados por el pecado. ¿Dónde está la agonía? ¿Dónde está el buen tipo de culpa que nos dice que algo está muy mal y que debe ser arreglado? Demasiados cristianos profesantes quieren saltar directamente a la gracia pero nunca han enfrentado su culpa con un arrepentimiento genuino. Uno puede argumentar que la iglesia es llenada con muchos falsos convertidos como resultado. Necesitamos saber las malas noticias acerca de nuestro pecado y enfrentarlo antes de que podamos apreciar las buenas nuevas de la gracia. Si nunca has lamentado tu pecado, puedes estar viviendo una versión superficial y americana del cristianismo.

#3 Disciplinar el pecado sexual

¿Quieres hacer algo impopular en el mundo tolerante de hoy? Exija la disciplina del pecado sexual cuando permanece sin arrepentimiento y es flagrantemente incesante. Llámelo como quiera. Llame a la persona lo que es. Sáquenlos de la iglesia porque no son parte de la iglesia. Los verdaderos creyentes pecarán, pero se arrepentirán del pecado y el pecado habitual se desvanecerá lentamente del patrón de su vida. La gracia no significa que sigamos pecando. Pablo exhorta a la iglesia a que “fuera expulsado de en medio de vosotros” (1 Cor. 5:2b), a juzgar “a los que están dentro de la iglesia” (1 Cor. 5:12), y a “Expulsad de entre vosotros al malvado” (1 Cor. 5:13). Esto es explícito y claro. Disciplinar el pecado sexual.

#4 Exigir pureza

Llegamos aquí a otro paso impopular y dogmático. En 1 Corintios 6 Pablo continúa siguiendo su demanda de disciplina con una demanda de pureza. El cuerpo pertenece al Señor y los cristianos deben “huir de la fornicación” (1 Cor. 6:17). El cuerpo “es templo del Espíritu Santo” (1 Cor. 6:19a) y debe ser tratado como tal. No hay lugar para un estilo de vida sexualmente flagrante en el cual no haya arrepentimiento del pecado sexual. A cada líder de la iglesia se le permite bíblicamente exigir pureza de sí mismo y de aquellos a quienes sirve. No es la autoridad del hombre la que requiere esto. Es la palabra de Dios.

#5 Señalar a Cristo

Todos estos imperativos pueden parecer demasiado intensos si no nos recordamos constantemente de la motivación última para la pureza. El legalismo no es nuestro motivo. El buen comportamiento no es nuestro motivo. Complacer a los hombres no es nuestro motivo. ¡Cristo es nuestro motivo! A la luz del evangelio y de lo que Jesús ha comprado, cada creyente puede vencer el pecado sexual y “glorificar a Dios” en su cuerpo (1 Cor. 6:20b). La perfección no llega hasta el cielo, pero debemos progresar en nuestra pureza mientras estamos aquí en la tierra. La pureza se desea cuando recordamos que pertenecemos a Cristo (1 Cor. 6:15) y que hemos sido “comprados por un precio” (1 Cor. 6:20a). ¿Podría haber una mejor motivación cuando se trata del pecado que mirar a Aquel que derramó Su sangre por él?

Mucho más se puede decir acerca de tratar con el pecado sexual y varias aplicaciones prácticas pueden ser agregadas aquí. Pero ese hecho permanece, debemos internalizar lo que la Biblia dice acerca del pecado sexual para que podamos equiparnos para luchar por la pureza, y ser proactivos cuando ayudamos a otros.

Fuente

1] Citado en Donald Whitney, Spiritual Disciplines (Colorado Springs: NavPress, 2014), 21.

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