Jesús Cumple La Adoración Del Antiguo Testamento

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ESJ-2019 0516-002

Jesús Cumple La Adoración Del Antiguo Testamento

Por Scott Aniol

En la economía del Antiguo Testamento, Dios estableció medios particulares a través de los cuales su pueblo podía acercarse a él en la adoración, aunque como los sacrificios no eran completamente puros y los adoradores seguían siendo pecadores, nadie podía entrar en la presencia de Dios para una comunión libre y abierta con él. Jesús permitió tal comunión al cumplir él mismo la función de cada elemento esencial de la adoración del AT.

Jesús es el sacrificio expiatorio, el “cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29), y el sumo sacerdote que hizo “la propiciación por los pecados del pueblo” (Heb. 2:17). Él es el “pan de vida” (Jn 6:48) sobre la mesa de los panes y la “luz de la palabra”” (Jn. 8:12), la revelación del mismo Dios (Heb. 1:2-3). Él es el altar del incienso, intercediendo por su pueblo (Heb 7:25). Y finalmente, Jesús es el templo, la encarnación de la presencia de Dios (Juan 2:21) al cual y a través del cual el pueblo de Dios se acerca para adorar.

Los eventos claves en la vida de Jesús también cumplen con las fiestas del Antiguo Testamento. Más notablemente, la muerte expiatoria de Jesús ocurrió durante la observancia judía de la Pascua, la fiesta que simboliza la liberación de Israel de su cautiverio en Egipto, razón por la cual Pablo identificaría más tarde a Jesús como “nuestro Cordero pascual” (1 Cor 5:7). Jesús estaba en la tumba durante la fiesta de los Panes sin levadura, significando su impecabilidad y el sacrificio expiatorio por los pecados de su pueblo. Se levantó de entre los muertos el día de la fiesta de las Primicias, lo que llevó a Pablo a referirse más tarde a Jesús como “primicias de los que durmieron” (1 Cor. 15:20). En la fiesta de las Semanas, celebrando la provisión de Dios al comienzo de la cosecha 50 días después de la Pascua (así, “Pentecostés”), Dios comenzó una gran cosecha de almas cuando 3,000 judíos respondieron a la primera proclamación pública de Pedro del evangelio después de la ascensión de Jesús al cielo (Hechos 2:41).

Las fiestas judías de otoño también serán cumplidas por Cristo en el futuro. El anuncio de la segunda venida de Cristo se asocia frecuentemente en el Nuevo Testamento con el sonido de las trompetas (1 Ts. 4:16, 1 Cor 15:52). Esa venida iniciará el último Día de Expiación, cuando el remanente judío “mirarán… a quien traspasaron” (Zacarías 12:10) y lo recibirá como su Mesías (Apocalipsis 7:4). En aquel día, Cristo volverá a ser tabernáculo con su pueblo: “He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos” (Apoc 21:3). En aquel día: “…el monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los montes; se elevará sobre las colinas, y afluirán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones y dirán: Venid y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que El nos instruya en sus caminos, y nosotros andemos en sus sendas” (Miq 4:1-2). Cuando eso suceda, la adoración de Dios será preeminente en la Nueva Jerusalén, donde el pueblo de Dios se acerca para adorarlo en su templo, “el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero” (Apoc. 21:22).

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