Orando Por Sanidad

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ESJ-2019 0930-001

Orando Por Sanidad

Por Mark Snoeberger

La Biblia enseña que los cristianos deben orar por sanidad y que Dios rutinariamente responde a tales oraciones (Stg 5:14-15 et al.). Pero, ¿qué debemos esperar exactamente de Dios cuando le rogamos que nos sane? En mi opinión, hay básicamente cinco respuestas discernibles a esta pregunta:

· Algunos cristianos que oran esperan milagros absolutos de sanidad. Lo que quiero decir con esto es que ellos oran por algo tan patentemente sobrenatural que un milagro no puede ser negado creíblemente (Hechos 4:16). Encuentro que esta categoría de cristianos que oran es relativamente pequeña, no un conjunto vacío, sin duda, pero pequeño. Para probar si usted está en esta categoría, pregúntese si usted oraría seriamente para que Dios regenere espontáneamente un miembro perdido. Si tu respuesta es “Sí, absolutamente”, entonces estás en esta categoría. Si no, siga leyendo.

· Algunos cristianos que oran esperan verdaderos milagros, pero típicamente sólo piden milagros pequeños y/o clandestinos de sanidad. Mi experiencia me indica que esta categoría es muy amplia. Estos no orarán por la regeneración de un miembro perdido, sino que orarán, por ejemplo, para que una persona gravemente enferma con cáncer en etapa avanzada sea sanada milagrosamente. Y si tal persona se cura, afirmará con firmeza que ha ocurrido un milagro. La mayoría en esta categoría, sin embargo, eventualmente dejan de orar por sanidad en casos “sin esperanza” y pasan a orar por la gracia en las vidas de los enfermos terminales, creyendo que aunque Dios puede hacer milagros, a menudo no lo hace.

· Otros cristianos que oran, aunque no niegan la posibilidad del milagro, tienden a expresar sus oraciones por la sanidad como peticiones de intervención divina inmediata para efectuar causas secundarias de sanidad. Estos orarán, por ejemplo, para que Dios “ayude” a los médicos a hacer diagnósticos correctos o a asignar planes de tratamiento apropiados, o para que Dios “guíe las manos del cirujano” durante una operación delicada. Muchos en esta categoría retienen una esperanza externa de milagro, pero reconocen que Dios raramente sana por milagro hoy en día. Sin embargo, sus oraciones anticipan que Dios hará algo inmediato en respuesta a la oración, argumentando a veces por una categoría indefinida de providencia “especial” que ocupa el estrecho espacio entre el milagro y la providencia ordinaria.

· Algunos cristianos que oran, lo hacen para que Dios sane a través de la obra de la providencia ordinaria, siempre moderados por la comprensión de que los medios de Dios para sanar incluyen una vasta red de actividades que se entrecruzan dentro del decreto de Dios, una de las cuales son las oraciones del pueblo de Dios. Los cristianos en este grupo no creen que sus oraciones puedan alterar el decreto eterno de Dios, pero sí creen que sus oraciones son necesarias dentro de la elaboración de ese decreto, y que son efectivas para ello.

· Una última categoría de personas que oran es fatalista. Estos no creen que la oración pueda lograr nada (excepto, posiblemente, la mejora espiritual/psicológica del que ora), y raramente oran más allá de la simple petición: “Hágase tu voluntad”. De hecho, rara vez oran. Y en la medida en que esto es cierto, podemos dudar legítimamente de que sean cristianos en absoluto.

Análisis: La Biblia enseña claramente que Dios es capaz de hacer milagros y, además, que no puede ser constreñido por sus criaturas a realizar o no un determinado milagro. La criatura no puede “poner a Dios en una caja”. Pero esto no significa que Dios actúa con capricho en el ejercicio de sus energías milagrosas. Dios siempre actúa deliberada e intencionalmente y a veces, mediante el estudio bíblico y la observación de patrones bíblicos, podemos discernir cuáles son sus intenciones.

Los milagros de sanidad del Nuevo Testamento no son, al parecer, concebidos principalmente como expresiones de la compasión de Dios o como corroboraciones redentoras de su existencia. Si lo fueran, deberíamos esperarlos rutinariamente. En cambio, los milagros de sanidad del Nuevo Testamento parecen estar más estrechamente relacionados. Como testimonio del verdadero Mesías (Hechos 2:22), “señales de apóstol” (2 Cor 12:12), y “poderes del siglo venidero” (Hebreos 6:5), los milagros de sanidad del NT parecen limitarse a la validación espectacular del Rey Mesiánico, de sus legados apostólicos y de sus respectivas palabras. Siendo este el caso, el ímpetu primario para los milagros de sanidad en la Era de la Iglesia nos ha pasado de largo.

Esta observación no rechaza explícitamente los milagros hoy en día, pero sí sugiere que cualquier disminución de los milagros (redefiniéndolos para incluir fenómenos clandestinos y/o disputados) o la expansión de los milagros (viéndolos no como señales de un apóstol, sino como la expectativa de los creyentes en general) desvían los propósitos revelados de los milagros.

Como tal, estoy convencido de que la cuarta opción anterior (que las oraciones del creyente y las respuestas de Dios a esas oraciones son parte de una vasta red de actividad providencial por medio de la cual Dios realiza toda su buena voluntad) es la expectativa más bíblicamente defendible de las oraciones cristianas para la sanidad divina hoy en día.

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