La Iglesia Sin Reunión

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ESJ-2020 0319-001

La Iglesia Sin Reunión

Nuestras autoridades federales y locales han pedido la cooperación de todos para luchar contra la propagación de este novedoso coronavirus mediante el distanciamiento social. Nuestro Presidente ha recomendado que no se realicen reuniones de más de diez personas; muchos gobernadores han pedido que se suspendan todas las reuniones de más de cincuenta. Esto no va dirigido a las iglesias, ya que incluso los restaurantes han sido cerrados y los eventos deportivos han sido cancelados. Por esta razón, y como John Snyder informó a su iglesia: “Creo que la petición que se hace a las iglesias cae bajo el tipo de respuesta de Romanos 13 (la de honrar a las autoridades legítimas), más que bajo la de Hechos 5:27-29 (los Apóstoles fueron ordenados por los judíos a dejar de predicar a Cristo)”.

Aunque es difícil decir si tales medidas están justificadas, tiene sentido tomar medidas preventivas lo antes posible. Aunque no hay demasiados casos confirmados en el estado en el que resido, Arkansas, parece por la forma en que las cosas se han extendido en China e Italia y el resto de Europa que la prevención es vital. Parece sabio y amoroso que la iglesia cumpla por respeto a nuestro liderazgo civil y preocupación por nuestra comunidad, pero también por amor al prójimo, especialmente a la generación mayor.

Sin embargo, no es fácil para las iglesias suspender sus servicios. Habrá quienes piensen que las iglesias están exagerando y no tienen fe en Dios. Y sin duda preocupaciones de esta naturaleza han sido sopesadas en la decisión por aquellos que han suspendido sus servicios. A veces no es fácil estar en el liderazgo. De hecho, las iglesias nunca deberían estar ansiosas de cancelar la reunión. Reunirse en un lugar para adorar a Dios es la función principal de la iglesia y una de las principales responsabilidades de cada cristiano. La falta de servicios de la iglesia nunca debe tomarse a la ligera. Reunirse con los santos para adorar a Dios es nuestra principal prioridad. Estamos llamados a ser activos y fieles en nuestra iglesia local. Esto se debe a que la iglesia local es una asamblea de los santos.

La Iglesia es una asamblea

Una de las marcas visibles de la fe en Cristo es nuestro deseo de reunirnos con los santos para adorar a Dios en el día del Señor. Aprendemos en el libro de los Hechos que aquellos que creyeron en el evangelio se unieron inmediatamente a una iglesia local a través del bautismo, y luego continuaron dedicándose a la adoración pública de Dios. Estos nuevos creyentes sabían, intuitivamente parece, que necesitaban la iglesia local. Continuaron dedicándose a los medios ordinarios de gracia que Dios confiaba a la iglesia local: la enseñanza, la comunión, la Cena del Señor y la oración (Hechos 2:42).

Nuestra fe no sólo nos une a Cristo, sino que también nos une con todos los que están en Cristo (Romanos 12:5). Con Cristo como nuestra cabeza espiritual, nos convertimos en un cuerpo (Efesios 4:5). Por eso James Bannerman, en su clásico libro sobre la iglesia dijo: “La idea primaria y normal de la iglesia, como se describe en las Escrituras, es incuestionablemente la de un cuerpo de hombres unidos espiritualmente a Cristo, y, como consecuencia de esa unión, unos con otros.” Y, del mismo modo, R. C. Sproul dijo, “Una de las más preciosas realidades de la fe cristiana es la unidad que une los corazones y las almas de cada cristiano no sólo con Cristo sino entre ellos”. Esta unión invisible que todos los creyentes tienen entre sí en Cristo Jesús los obliga a reunirse.

Pero, no sólo estamos unidos en Cristo Jesús, estamos unidos de tal manera que somos interdependientes. Nos necesitamos unos a otros. Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros deficientes a propósito. Aunque seamos fuertes espiritualmente en un área, somos débiles en muchas otras. Y sin la fuerza espiritual de los demás, nunca maduraremos y creceremos adecuadamente (1 Corintios 12:12-26). Pablo explicó la importancia de la iglesia local en nuestro crecimiento espiritual cuando dijo: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:15-16).

No podemos decir ni “No necesito a la iglesia local” ni “La iglesia local no me necesita”. Dios nos ha dado el don de servir a la iglesia. Aislarnos y buscar un cristianismo enfocado en nosotros mismos e individualista es desobediencia. Estamos llamados a amar, servir y ministrar en una iglesia local. Por tanto, el apóstol Pablo afirmó:

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. (Romans 12:4-8). ”

La naturaleza del cristianismo obliga a los santos a reunirse. El Nuevo Testamento no puede ser entendido completamente sin ver cuán esencial es la iglesia para vivir la vida cristiana. Aunque hay una relación personal, privada e incomunicable que todos los creyentes tienen con Cristo. Esencial para la composición misma del cristiano es la comunión de los santos. Como James Bannerman explicó:

“A solas con Dios, debo entender la Biblia como si fuera un mensaje de Él para mi yo solitario, separado de los demás hombres y sintiendo mi propia responsabilidad individual al recibirla o rechazarla. Pero la Biblia no se detiene aquí: trata con el hombre, no sólo como una unidad solitaria en su relación con Dios, sino también como miembro de una sociedad espiritual, reunida en el nombre de Jesús. No se trata de un mero sistema de doctrinas que hay que creer y de preceptos que cada cristiano debe observar independientemente de los demás, y al margen de los demás: es un sistema de doctrinas y preceptos, concebido y adaptado para una sociedad de cristianos”.

Además, a los cristianos se les ordena no abandonar la reunión local de ellos mismos (Hebreos 10:24-25). Por esta razón, Charles Spurgeon dijo:

“Ahora, yo sé que hay algunos que dicen: “bien, yo espero haberme entregado al Señor, pero no pretendo entregarme a ninguna iglesia, porque __________” Ahora, ¿por qué no? “Porque puedo ser un cristiano sin ella.” ¿Estás muy convencido de eso? ¿Puedes ser tan buen cristiano desobedeciendo los mandamientos de tu Señor, como si fueras obediente a ellos?… yo no creo que ustedes estén cumpliendo su propósito; están viviendo contrariamente a la vida que Cristo quiere que vivan, y han de ser culpados en gran manera por el daño que hacen.”

Pero incluso si no hubiera órdenes positivas para reunirse, la naturaleza misma del cristianismo obligaría a los creyentes a reunirse en la asamblea de los santos. James Bannerman hizo este mismo punto cuando dijo:

“Donde no hay un mandato o nombramiento positivo que requiera que los cristianos se unan y formen en la tierra una sociedad unida por la profesión de la misma fe, la naturaleza misma del cristianismo forzaría tal resultado. En la profesión de ella en común, los hombres se verían insensiblemente atraídos hacia otros creyentes con un poder que no habría que resistir; y en los límites del mismo Salvador y del mismo Espíritu sentirían y poseerían un vínculo más cercano que el de la parentela, y una relación más santa que la de la sangre. En las alegrías y penas comunes que comparten los cristianos y nadie más que ellos, en la única fe y el único Salvador en el que se regocijan juntos en las mismas esperanzas y temores, el mismo pecado del cual escaparon, y la misma Salvación obtenida, en la que participan, se produce y cimienta una unión de la más íntima clase, el cual nos un asunto de su elección, sino un asunto de inevitable necesidad”.

Es por estas razones que creo que Cristo eligió la palabra “ecclesia”, que significa “una asamblea” (ver Hechos 19:32, 39, 41) para describir el cuerpo de creyentes que Él construiría (Mateo 16:18). La asamblea es una de las marcas esenciales de una iglesia. Una iglesia que no tiene participación y comunión entre sí no es una iglesia.

Así que, sabiendo la vitalidad e importancia de nuestras reuniones de los domingos por la mañana, es con mucha deliberación y preocupación que muchas iglesias creyentes en la Biblia en todo el mundo han decidido suspender temporalmente sus servicios.

¿Qué deben hacer las iglesias cuando dejan de reunirse (temporalmente)?

Y ahora que muchas iglesias han seguido la petición de las autoridades civiles, ¿qué están llamadas a hacer las iglesias locales? Mientras pensamos en cómo manejar las difíciles semanas que nos esperan, aquí hay seis pequeñas cosas para recordar:

1. Recuerde que la Iglesia es más que una Asamblea

Aunque una iglesia es una asamblea, debemos recordar que una iglesia es más que una asamblea. Las iglesias locales no dejan de existir cuando no se reúnen en un lugar. Lo vemos en la carta de Pablo a los Corintios cuando dijo, “cuando os reunís como iglesia” (1 Corintios 11:15) y de nuevo cuando dijo: “Por tanto, si toda la iglesia se reúne” (1 Corintios 14:23). En estas dos referencias, vemos a Pablo llamando al cuerpo de creyentes en Corinto una iglesia incluso cuando no estaban reunidos en un solo lugar. Este fue ciertamente el caso cuando la iglesia de Jerusalén estaba bajo persecución y los miembros tuvieron que huir por sus vidas. “En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria” (Hechos 8:1). En eso, la iglesia de Jerusalén todavía se identificaba como una iglesia, aunque, por un período temporal, no podían reunirse.

Aunque esto puede parecer un punto pequeño, tiene un importante significado teológico. Aunque no socava que una de las principales responsabilidades de los cristianos y las iglesias es reunirse en un lugar para adorar a Dios, implica que los cristianos y las iglesias tienen más responsabilidades que sólo reunirse. Y si este es el caso, aunque los servicios de nuestra iglesia se suspendan, no es el momento de dejar de ser una iglesia. Las iglesias deben redimir el tiempo y hacer lo mejor para convertir lo que parece ser malo en bueno. En mi opinión, es el momento perfecto para que las iglesias se centren en hacer bien todas sus otras responsabilidades.

2. Recuerde que el ministerio es a tiempo completo para todos nosotros

Debido a que la iglesia es más que una asamblea, sino un cuerpo que trabaja en conjunto y se cuida unos a otros, este no es el momento de tomar un descanso del resto de nuestras responsabilidades como líderes de la iglesia y miembros de la misma. Debemos recordar que el ministerio es la responsabilidad de cada miembro de la iglesia. Dios ha llamado a cada miembro de la iglesia al ministerio (Efesios 4:11-12).

Cada cristiano es llamado a ser miembro de una iglesia local, y cada miembro de una iglesia local es llamado a ministrar a su iglesia local. No es necesario ser pastor o diácono para servir a los santos. No necesitas ser asignado o nombrado a un ministerio en particular para tener un papel importante en la vida del pueblo de Dios. Servir, asistir, amar y cuidar a los santos es la responsabilidad de cada miembro. “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 4:10-11). Según el apóstol Pablo, todos estamos llamados a dedicarnos “unos con otros con amor fraternal” mientras damos “preferencia unos a otros” y “compartimos con el pueblo de Dios que está en necesidad” (Romanos 12:9-13). “Así pues, según tengamos oportunidad”, nos dice Pablo, “hagamos el bien a todos, y especialmente a los de la casa de la fe” (Gálatas 6:10). Y Dios ha prometido no olvidar nuestro trabajo y el amor que hemos mostrado en su nombre al “ministrar a los santos” (Hebreos 6:10).

Ahora es la oportunidad perfecta para aumentar nuestro cuidado del cuerpo de Cristo. Sólo porque no nos reunamos en un lugar para el culto dominical no significa que debamos tomarnos un descanso de amarnos unos a otros. Más bien, los servicios suspendidos deberían ser un llamado a la acción. Dejemos que las iglesias hagan lo mejor para trabajar en todos los demás aspectos vitales de la iglesia. Servir y ministrar a los miembros enfermos y ancianos en nuestras iglesias debería ser nuestra primera preocupación. Vigilarlos regularmente, orar por ellos y llevarles los suministros, alimentos y medicamentos necesarios puede ser un maravilloso ministerio para la iglesia en estos días. Pero ningún miembro debe ser descuidado y olvidado. Y alcanzar a todos es un trabajo demasiado grande sólo para los ancianos y diáconos de la iglesia. Este trabajo requiere que todos hagamos nuestra parte.

No es un momento para relajarse, sino para trabajar. Al separarnos de la comunión semanal y al alejarnos de la adoración pública de Dios, seremos más propensos a la tentación, al desánimo y a la apatía espiritual. Los fuertes pueden volverse débiles, y los débiles pueden volverse aún más débiles. Nuestras llamadas telefónicas, nuestros mensajes de texto, nuestro estímulo y nuestras oraciones son más necesarias durante este tiempo.

Dejemos que el amor se extienda más rápido que este virus. Dejemos que la preocupación por los demás sea más profunda que el miedo a lo desconocido. Y que la benevolencia y la caridad sean mayores que el egoísmo de aquellos que sólo se preocupan por almacenar suministros para el autoconsumo. Que nuestra compasión sea lo más contagioso en estos días. Que todos busquemos animar a otros a amar y a hacer buenas obras (Hebreos 10:24).

3. Recuerde dar sus diezmos y ofrendas

Recuerde, todavía tenemos que dar nuestros diezmos y ofrendas a la iglesia. Nuestros líderes, personal y misioneros compensados aún necesitan ser apoyados. Y con tal crisis, las necesidades financieras surgirán inevitablemente. Algunos de nuestros compañeros de la iglesia pueden ser despedidos del trabajo. Esto será una crisis financiera para muchos. Las iglesias y sus miembros necesitarán ayudar a llevar las cargas de unos y otros durante estos días. Continúen apoyando a su respectiva iglesia local.

4. Recuerde que el domingo sigue siendo el día del Señor

Recuerde que sólo porque los servicios del domingo por la mañana hayan sido cancelados no significa que el Día del Señor haya sido cancelado. Todavía necesitamos un día de descanso y un día para adorar a Dios. Afortunadamente tenemos la tecnología para ayudarnos en esta necesidad. Es un gran momento para que las iglesias usen la tecnología disponible para alimentar a su gente con la palabra predicada el domingo por la mañana. Busquen mantener su rutina dominical lo mejor posible. Despierte y prepárese usted y su familia para la adoración. Tómense un poco de tiempo extra para orar en familia, e incluso canten juntos. Luego escuchen el sermón grabado con un sentido de temor y anticipación. Intente evitar la tentación de interactuar con su familia y caminar por ahí. Si toma notas, continúe con esta práctica. Tómese este tiempo en serio, y después interactúe por medio de mensajes de texto, llamadas telefónicas o correos electrónicos con otros miembros de la iglesia. Recuerde, el domingo es un buen momento para atender las necesidades de los demás.

Dicho esto, tenemos que ser cuidadosos y no empezar a pensar que la transmisión en vivo y los servicios de la iglesia virtual son un sustituto real. Temporalmente, puede ser mejor que nada, pero Brian Borgman nos recuerda el peligro real de la transmisión en vivo:

“Permítanme decir en voz alta y clara, que ver el livestream no es un sustituto válido de la iglesia. No hay tal cosa como un sustituto válido para la iglesia. Ver un sermón no es un sustituto válido para el ministerio de la Palabra. Los sustitutos digitales no son sustitutos en absoluto. Dicho esto, en tiempos como estos podemos ser capaces de utilizar la tecnología para ayudar a la gente, pero aquí está el punto, no debemos pensar en estas alternativas como alternativas viables a lo real. Son alternativas temporales, menos que ideales”.

5. Recuerde que debemos guardar nuestros tesoros en el cielo

A medida que el miedo a la muerte se extiende, este es un momento para recordar que la vida no es nuestra y este mundo no es nuestro hogar. Que este virus nos lleve a la muerte, es decir, a la muerte de nosotros mismos. Durante estos días, que tomemos nuestra cruz, que nos crucifiquemos para que la vida en Cristo pueda ser vivida a través de nosotros. Que podamos ver lo que es importante. Que veamos la vanidad de este mundo y que sintamos interiormente que nuestra vida no consiste en la abundancia de cosas que poseemos (Lucas 12:15). Lo que importa en la vida no es lo que podemos comprar y acumular, sino lo que podemos compartir y regalar. Y nuestra posesión más valiosa que podemos ofrecer es la esperanza que tenemos en el evangelio de Jesucristo. Por lo tanto, que seamos más valientes en nuestro testimonio y busquemos maneras de compartir el evangelio con otros durante los próximos días. Este es un tiempo no sólo para servir a la iglesia, sino para buscar alcanzar a los perdidos con la única cura para la enfermedad más profunda del hombre. Todos estamos muriendo, pero afortunadamente los que creemos tenemos el don de la vida y se nos ha confiado el mensaje de la vida para dar a aquellos que están pereciendo en sus pecados.

6. Recuerde que esto nos costará

Por último, ya que estamos lejos de nuestros servicios de culto reunidos, recordemos que esto nos costará algo. Si nos perdemos un servicio dominical no habrá una diferencia perceptible en nuestro camino espiritual. Si nos perdemos un día en el gimnasio, no es el fin del mundo. Sin embargo, hay una razón por la que Dios nos ha llamado a reunirnos. El culto del domingo por la mañana, creo, es el principal medio que Cristo ha establecido para santificar su cuerpo. Dios ha dado a la iglesia reunida una promesa especial de su presencia. Los medios ordinarios de gracia han sido confiados no a los cristianos individuales sino a la iglesia. Y si tenemos que estar lejos de la asamblea reunida por mucho tiempo, nos afectará a todos. Una vez más, un sermón grabado no puede reemplazar completamente el culto público. Por lo tanto, recordemos la importancia de los servicios de la iglesia y deseemos ansiosamente el día en que podamos volver a reunirnos.

Conclusión

Puede ser que hayamos dado por sentado las reuniones de la iglesia; por lo tanto, que Dios use este momento difícil para acercar a su pueblo a través del deseo de servir a los demás; que lo use para darnos una aplicación más profunda de la iglesia local y sus servicios reunidos. Oh, qué alegría debería traernos esto cuando el Señor nos reúna de nuevo como una familia. Iglesia: seamos diligentes en la lucha contra el pecado, amemos a los santos y vivamos nuestras vidas para la gloria de Dios.


Jeffrey Johnson es pastor de la Grace Bible Church y director académico del Seminario Teológico de Grace Bible en Conway, Arkansas, comunidad en la que también reside con su esposa Letha y sus cuatro hijos. Su nuevo libro The Church está está disponible ahora..

Un comentario sobre “La Iglesia Sin Reunión

    luzparalasnacionesinternacional escribió:
    20 marzo 2020 en 9:46 am

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