La Reprensión de Jesús a los Abusadores Espirituales (8ª. Parte)

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POR DAVE DUNHAM

A pesar de todo el énfasis en su supuesta «espiritualidad», la verdad sobre los abusadores es que no son muy espirituales. Puede que conozcan las Escrituras y la doctrina, pero en última instancia se niegan a someterse a la Palabra de Dios. En su reprimenda final a los líderes religiosos en Mateo 23, Jesús destaca el hecho de que los fariseos no se someten a la Palabra de Dios. Los abusadores espirituales se niegan a escuchar la Palabra de Dios.

En los versículos 29-36 Jesús destaca otro ejemplo de la hipocresía de los fariseos. Aquí los acusa de decorar las tumbas de los profetas mientras se niegan a someterse a las palabras de los profetas. Leemos:

29 !!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, 30 y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. 31 Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. 32 !!Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! 33 !!Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? 34 Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; 35 para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. 36 De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Los fariseos sostenían que ellos no eran como sus antepasados que asesinaron a los profetas. Aquellos hombres habían odiado tanto la Palabra del Señor que preferían silenciar a los siervos de Dios antes que someterse a sus enseñanzas. Los fariseos, sin embargo, señalan que honran a los muertos. Construyeron monumentos y decoraron las tumbas de estos Profetas. Dicen: «Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no nos habríamos unido para matar a los profetas». Pero Jesús desafía su afirmación. Porque, ellos vivieron durante los días del mayor profeta de Dios (es decir, el mismo Jesús) y ya estaban tramando matarlo. Preferían silenciar a Cristo antes que someterse a Dios.

Lo que era cierto de los fariseos es cierto de todos los abusadores espirituales: se niegan a someterse a la Palabra de Dios. El abusador espiritual es desafiado por la Palabra de Dios de innumerables maneras, como hemos visto a lo largo de esta serie. Son llamados a una mayor santidad personal, a la justicia y a la misericordia. Son llamados a un cambio interno y no sólo a una actuación externa. Están llamados a proteger y animar, y a ayudar a otros a crecer en su relación con el Señor. Sin embargo, todas estos llamados y desafíos de la Palabra de Dios no son escuchados. Se autojustifican y afirman que no son como los demás pecadores. Inventan excusas para explicar por qué los mandatos de Dios no se aplican a ellos, pero al final se trata de un rechazo a someterse a la Palabra de Dios.

La gente piadosa, a diferencia de los abusadores, se somete a la Palabra de Dios. Los abusadores pueden conocer la Palabra de Dios (aunque en muchos casos sus interpretaciones son sesgadas y centradas en sí mismas), pero no siguen esa Palabra. Santiago, el mismo hermanastro de Jesús, advierte a los que quieren escuchar la Palabra pero se niegan a cumplirla. Escribe:

22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.. (Santiago 1:22-25)

Y es más preciso cuando dice que la fe sin las obras correspondientes está «muerta» (2:14-26). La supuesta fe de los abusadores espirituales es en realidad una fe muerta. Es hipocresía. Citar la Palabra de Dios contra otros, pero negarse a someterse a ella es el colmo de la hipocresía. Usar mal la Palabra de Dios para oprimir, dañar y juzgar a otros, pero negarse a permitir que te juzgue a ti es el colmo de la hipocresía. Las personas piadosas, cuando se les muestra su pecado desde las Escrituras se arrepienten; los abusadores se justifican. Las personas piadosas, cuando leen las Escrituras aplican la verdad a sus vidas y se someten a la autoridad de la enseñanza de Dios; los abusadores intentan silenciar la Palabra.

Al asesinar a los profetas, los antepasados de los fariseos no estaban simplemente matando a los siervos de Dios. Estaban intentando silenciar la Palabra de Dios y Su autoridad en sus vidas. No querían someterse, así que mataron. Santiago también nos habla de eso cuando dice que la ira surge porque los deseos de nuestro corazón están en guerra en nosotros, así que asesinamos (Santiago 4:1-2). Asesinamos porque los demás se oponen al deseo de nuestro corazón. En el caso de estos antepasados, la Palabra de Dios se oponía a sus deseos y por eso trataron de silenciarla. Del mismo modo, los mismos fariseos trataron de silenciar al Hijo de Dios, porque se oponía a sus deseos. Los abusadores hacen lo mismo.

Cuando la Palabra de Dios desafía, reprende o corrige el deseo de un abusador, ellos tratan de silenciar la Palabra de Dios o a aquellos que la hablan. Entonces, un abusador que es confrontado y desafiado puede fingir sumisión por un momento, pero cuando ven que no pueden salirse con la suya se enojarán, se justificarán y se aislarán. Encontrarán una manera de silenciar a aquellos que les nieguen sus deseos. Encontrarán una manera de silenciar la Palabra de Dios. El asesinato puede, por supuesto, surgir en algunas situaciones de abuso – según Justin y Lindsey Holcomb «el 75% de todos los homicidios domésticos ocurren» después de que el abuso ha sido expuesto o una víctima está tratando de dejar/ha dejado su situación (¿Es Mi Culpa?, 64). Pero en muchos casos el silencio puede ser más emocional, psicológico. Los abusadores tratan de silenciar la Palabra de Dios contra ellos dondequiera que se encuentre y comoquiera que les llegue.

La Palabra de Dios, sin embargo, no vuelve vacía (Isa. 55:11). Siempre cumple lo que se propone. Penetra en las almas y está viva y actúa en los que la escuchan (Heb. 4:12). Es importante entonces que hablemos la Palabra de la verdad y permitamos que trabaje. Cuando los pastores y consejeros trabajan con los abusadores necesitan hablar la Palabra de Dios y mostrar la disparidad entre una vida hipócrita y una vida arrepentida. Necesitan desafiar la sumisión en formas tangibles y holísticas. Aunque decoren las tumbas de los profetas, nuestro llamado a los maltratadores sigue siendo: ¡sumisión a la Palabra del Señor!

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