Eclesiología

Liderazgo Bíblico de Ancianos

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Liderazgo Bíblico de Ancianos

clip_image002Desde el punto de vista bíblico, el centro de atención del liderazgo de toda iglesia es el anciano. Un anciano es parte de la pluralidad de hombres bíblicamente calificados que pastorean y supervisan en conjunto la iglesia local. La palabra tra-ducida “anciano” se usa cerca de veinte veces en Hechos y las epístolas en referencia a este grupo único de líderes que tienen la responsabilidad de supervisar al pueblo de Dios.

La Posición de Anciano

Como numerosos pasajes en el Nuevo Testamento indican, las palabras anciano (presbuteros), obispo (episkopos) y pastor (poimen) hacen referencia a la misma responsabilidad. En otras palabras, los obispos y pastores no son distintos de los ancianos; simple-mente los términos son diferentes maneras de identificar a la misma gente. Las calificaciones para un obis-po (episkopos) que se encuentran en 1 Timoteo 3:1-7, y las de un anciano (presbuteros) en Tito 1:6-9 son inconfundiblemente paralelas. De hecho, en Tito 1, Pablo usa ambos términos para referirse al mismo hombre (presbuteros en el v. 5 y episkopos en el v. 7). Estos términos se usan de manera intercambiable en Hechos 20. En el versículo 17, Pablo reúne a los ancianos (presbuteros) de la iglesia de Efeso para darles un mensaje de despedida. En el versículo 28 dice: “mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (episkopos), para apacentar (poimaino) la iglesia del Señor”. Primera de Pedro 5:1-2 también usa los tres términos en el mismo contexto. Pedro escribe: “Ruego a los ancianos (presbuteros) que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad (poimaino) la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando (episkopeo) de ella, no por fuerza, sino voluntariamente”. Los diferentes términos, entonces, indican varias características en el ministerio, sin variar los niveles de autoridad o separar las responsabilidades, como algunas iglesias proponen.

Una Pluralidad de Ancianos

El patrón constante que se observa a través del Nuevo Testamento es que cada congregación local de creyentes estaba pastoreada por una pluralidad de ancianos establecidos por Dios. Es decir, este es el único modelo para el liderazgo de la iglesia dado en el Nuevo Testamento. En ningún lugar de las Escrituras se encuentra una asamblea local regida por la opinión de la mayoría ó un solo pastor.

El Apóstol Pablo dejó a Tito en Creta y le dió instrucciones de “establecer ancianos en cada ciudad” (Tito 1:5). Santiago dió instrucciones a sus lectores de “llamar a los ancianos de la iglesia” para orar por aquellos que estuvieran enfermos (Santiago 5:14). Cuando Pablo y Bernabé estaban en Derbe, Listra, Iconio y Antioquía, “constituyeron ancianos en cada iglesia” (Hechos 14:23). En la primera epistola de Pablo a Timoteo, el apóstol hace referencia a “los ancianos que gobiernan bien” en la iglesia en Efeso (1 Timoteo 5:17; ver también Hechos 20:17, donde Pablo se dirige a “los ancianos de la iglesia” en Efeso). El libro de los Hechos indica que había “ancianos” en la iglesia de Jerusalén (Hechos 11:30; 15:2, 4; 21:18).

Una y otra vez, se hace referencia a una pluralidad de ancianos en cada una de las iglesias. De hecho, en cada lugar del Nuevo Testamento donde se usa el término presbuteros (“anciano”) se hace en plural, excepto donde el apóstol Juan lo usa en referencia a sí mismo en 2 y 3 de Juan y donde Pedro lo usa en referencia a si mismo en 1 Pedro 5:1. En ningún lugar del Nuevo Testamento hay una referencia a una congregación dirigida por un solo pastor. Puede ser que cada anciano en la ciudad tuviera un grupo específico al que supervisaba de una manera especial, pero la iglesia era vista como una, y las decisiones se tomaban a través de un proceso colectivo y en referencia al grupo, y no a las partes individuales.

En otros pasajes, se hace referencia a una pluralidad de ancianos, incluso cuando la palabra presbuteros no se usa. En la salutación de la epístola a los Filipenses, Pablo se refiere a los “obispos (plural de episkopos) y diáconos” en la iglesia de Filipos (Fil. 1:2). En Hechos 20:28, Pablo advirtió a los ancianos de la iglesia de Efeso, “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (plural de episkopos)”. El escritor de Hebreos llamó a sus lectores a obedecer y someterse a los “líderes” que tienen cuidado de sus almas (Hebreos 13:17). Pablo exhorta a sus lectores en Tesalónica a “reconocer a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan” (1 Tesalonicenses 5:12); una referencia clara a los obispos en la asamblea de Tesalónica.

Se puede decir mucho de los beneficios de un liderazgo compuesto por una pluralidad de hombres piadosos. Su consejo y sabiduría en conjunto ayudan a asegurar que las decisiones no son la voluntad ó están al servicio de un sólo individuo (cf. Proverbios 11:14). Si hay división entre los ancianos a la hora de tomar decisiones, todos los ancianos deberían estudiar, orar y buscar la voluntad de Dios conjuntamente hasta que se alcance el consenso. De esta forma, la unidad y armonía que el Señor desea para la iglesia comenzará con aquellos que ha escogido para pastorear Su rebaño.

Los Requisitos de los Ancianos

La identidad y eficacia de cualquier iglesia están directamente relacionadas a la calidad de su liderazgo. Esto es por lo que las Escrituras remarcan la importancia de un liderazgo de la iglesia calificado y marca estándares específicos para evaluar a aquellos que sirvan en esta posición.

Los requisitos para los ancianos se encuentran en 1 Timoteo 3:2-7 y Tito 1:6-8. De acuerdo con estos pasajes, el anciano debe de ser irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad, no un neófito, que tenga buen testimonio de los de afuera, dueño de si mismo, sensible, capaz de exhortar en sana doctrina y de rebatir a aquellos que la contradicen, irreprensible como administrador de Dios, que no sea iracundo, sobrio, amante de lo bueno, justo y santo. (Para una explicación más amplia de estos requisitos, vea las páginas 215-33 de The Master’s Plan for the Church de John MacArthur.)

El requisito global que es apoyado por el resto es que sea “irreprensible”. Es decir, debe de ser un líder que no pueda ser acusado de nada pecaminoso, ya que tiene una reputación sin mancha. El anciano debe ser irreprensible en su vida matrimonial, su vida social, su trabajo y su vida espiritual. De esta manera, tiene que ser un modelo de piedad, para que así pueda legítimamente llamar a la congregación a seguir su ejemplo (Filipenses 3:17). El resto de los requisitos, excepto tal vez la habilidad de enseñar y administrar, únicamente desarrollan esta idea.

Además, la posición de anciano está limitada a los hombres. Primera de Timoteo 2:11-12 dice, “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” En la iglesia, las mujeres deben estar bajo la autoridad de los ancianos, excluidas de enseñar a los hombres o de tener posiciones de autoridad sobre ellos.

Las Funciones de los Ancianos

Cuando la época apostólica llego a su fin, la posición de anciano emergió como el máximo cargo dentro del liderazgo de la iglesia local, por lo que llevaba una gran responsabilidad. No había un tribunal de apelación superior, ni mejor recurso para conocer la mente y el corazón de Dios con respecto a los asuntos de la iglesia.

La responsabilidad principal de un anciano es la de servir en la administración y el cuidado de la iglesia (1 Timoteo 3:5). Esto conlleva un gran número de obligaciones específicas. Como supervisores espirituales del rebaño, los ancianos tienen que determinar la política de la iglesia (Hechos 15:22); supervisar la iglesia (Hechos 20:28); ordenar a otros (1 Timoteo 4:14); gobernar, enseñar y predicar (1 Timoteo 5:17; cf. 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 3:2); exhortar y refutar (Tito 1:9); y actuar como pastores, siendo un ejemplo para todos (1 Pedro 5:1-3). Estas responsabilidades ponen a los ancianos en el corazón del trabajo de la iglesia del Nuevo Testamento.

Debido a la herencia de valores democráticos y su larga historia de gobierno congregacional en la iglesia, los evangélicos norteamericanos modernos a menudo ven el concepto del gobierno de ancianos con sospecha. Sin embargo, la enseñanza clara de la Biblia demuestra que la norma bíblica para el liderazgo de la iglesia es una pluralidad de líderes ordenados por Dios, y solamente siguiendo este patrón bíblico la iglesia maximizará su fruto para la gloria de Dios.

Adaptado de John MacArthur, The Master’s Plan for the Church (Chicago: Moody Press, 1991). Para un estudio más amplio del liderazgo bíblico de ancianos, consulte esta fuente.

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Por Qué Es Importante la Membresía (Parte 2)

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Por Qué Es Importante la Membresía (Parte 2)

Why Membership Matters (Part 2)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image001 Este artículo es una continuación de la discusión de ayer sobre la membresía de la iglesia. Ayer consideramos el ejemplo de la iglesia primitiva. Hoy consideraremos a) la existencia del gobierno de la iglesia, b) el ejercicio de la disciplina de la iglesia, y c) la exhortación para a mutua edificación.

La Existencia del Gobierno de la Iglesia

El patrón coherente a todo lo largo del Nuevo Testamento es que una pluralidad de ancianos supervise cada cuerpo local de creyentes. Los deberes específicos dados a estos ancianos presuponen un grupo claramente definido de miembros de la iglesia que están bajo su cuidado.

Entre otras cosas, estos hombres piadosos son responsables pastorear al pueblo de Dios (Hechos 20:28; 1 Ped. 5:2), para trabajar diligentemente entre ellos (1 Tes. 5:12), para estar a cargo de ellos (1 Tes. 5:12; 1 Tim. 5:17), y para el cuidado de sus almas (Heb. 13:17). La Escritura enseña que los ancianos darán cuenta a Dios pues los individuos asignados a su cargo (Heb. 13:17; 1 Ped. 5:3).

Esas responsabilidades piden que haya una membresía distinguible, mutuamente sobreentendida en la iglesia local. Los ancianos pueden pastorear a las personas y rendir cuentas a Dios para su bienestar espiritual sólo si saben quiénes son; pueden proveer supervisión sólo si conocen aquellos por quienes son responsables; Y pueden cumplir con su deber de pastorear el rebaño si saben quién es parte del rebaño y quién no es.

Los ancianos de una iglesia no son responsables del bienestar espiritual de cada individuo que visita la iglesia o que asiste esporádicamente. Más bien, son primordialmente responsables de pastorear a aquellos que se han sometido al cuidado y autoridad de los ancianos, y esto se hace a través de la membresía de la iglesia.

Por el contrario, la Escritura enseña a los creyentes que deben someterse a sus ancianos. Hebreos 13:17 dice, “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos”. La pregunta a cada creyente es: “¿quiénes son sus líderes”? El que ha rehusado a unirse a una iglesia local y encomendarse al cuidado y autoridad de los ancianos no tiene líderes.

Para esa persona, la obediencia de Hebreos 13:17 es imposible. Para ponerlo de una manera simple, este verso significa que cada creyente sabe a quién se debe someter, el cuál, a su vez, asume una membresía de la iglesia claramente definida.

El Ejercicio de la Disciplina de la Iglesia

En Mateo 18:15-17, Jesús esboza la forma en que la iglesia debe buscar la restauración de un creyente que ha caído en pecado – un proceso de cuatro pasos comúnmente conocido como la disciplina de la iglesia. Primero, cuando un hermano peca, este debe ser confrontado de manera privada por un individuo solamente (v. 15). Si él se rehúsa a arrepentirse, ese individuo debe tomar a uno o dos creyentes para confrontarle otra vez (v. 16). Si el hermano en pecado se rehúsa a escuchar a lo dos o tres, entonces deben decirlo a la iglesia (v. 17). Si aun así no hay ningún arrepentimiento, el paso final es expulsar a la persona de la asamblea (v. 17; Cf. 1 Cor. 5:1-13).

El ejercicio de disciplina de la iglesia según Mateo 18 y otros pasajes (1 Cor. 5:1-13; 1 Tim. 5:20; Tito 3:10-11) presupone que los ancianos de una iglesia saben quién son sus miembros. Por ejemplo, los ancianos de la Iglesia Grace Community no tienen responsabilidad ni autoridad para disciplinar a un miembro de la iglesia que esta en la otra calle. Tristemente, la falta generalizada de entendimiento de la membresía de la iglesia ha hecho necesaria para nuestros ancianos disciplinar no sólo a miembros formales sino también a aquellos que regularmente tienen compañerismo en Iglesia Grace Community. Sin embargo, la enseñanza de la Biblia sobre la disciplina de la iglesia asume una membresía de la iglesia.

El Exhortación a la Edificación Mutua

El Nuevo Testamento enseña que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y que Dios ha llamado cada miembro a una vida dedicada al crecimiento del cuerpo. En otras palabras, la Escritura exhorta a todos los creyentes a edificar a los otros miembros practicando lo “el uno al otro” del Nuevo Testamento (e.g., Heb. 10:24-25) y ejercitando sus dones espirituales (Rom. 12:6-8; 1 Cor. 12:4-7; 1 Ped. 4:10-11). La edificación mutua sólo puede tener lugar en el contexto del cuerpo corporativo de Cristo.

Las exhortaciones para esta clase de ministerio presuponen que los creyentes se hayan comprometido a otros creyentes en una asamblea local específica. La membresía de la iglesia es simplemente la manera formal de hacer ese compromiso.

Conclusión

Experimentar un compromiso hacia una iglesia local implica muchas responsabilidades: Ilustrando un estilo de vida piadoso en la comunidad, ejercitando los sones espirituales de uno en el servicio diligente, contribuyendo financieramente a la obra del ministerio, dando y recibiendo amonestación con mansedumbre y en amor, y participando fielmente del culto corporativo. Mucho se espera, pero mucho está en riesgo. Porque sólo cuando cada creyente es fiel a esta clase de compromiso, la iglesia es capaz de estar a la altura de su llamado como el representante de Cristo aquí en la tierra. Para ponerlo de manera simple, la membresía tiene importancia.

Porqué es Importante la Membresía (Parte 1)

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Porqué es Importante la Membresía (Parte 1)

Why Membership Matters (Part 1)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image001 Lo siguiente es adaptado de los distintivos de los ancianos de la Iglesia Grace sobre la membresía de la iglesia.

En un día cuando el compromiso es algo raro, no debería ser sorpresa que la membresía de la iglesia sea una prioridad tan baja para muchos creyentes. Tristemente, no es raro para los cristianos cambiarse de iglesia en iglesia, nunca sometiéndose ellos mismos al cuidado de ancianos y nunca comprometiéndose a un grupo de creyentes asociados.

Tener el descuido – o rehusarse – de no unirse a una iglesia como un miembro formal, sin embargo, refleja un malentendido de la responsabilidad del creyente hacia el cuerpo de Cristo. Y también detiene una de las muchas bendiciones y oportunidades que provienen de este compromiso. Es esencial que cada cristiano comprenda qué es la membresía de la iglesia y por qué tiene importancia.

La Definición de la Membresía de de la Iglesia

Cuando un individuo se salva, se hace miembro del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13). Debido a que él está en unión con Cristo y con los otros miembros del cuerpo en esta forma, por tanto él está capacitado para convertirse en miembro de una expresión local de ese cuerpo humano.

Hacerse miembro de una iglesia es comprometerse formalmente a un cuerpo local identificable de creyentes que se han unido para propósitos específicos y divinamente ordenados. Estos propósitos incluyen el recibir instrucción de la Palabra de Dios (1 Tim. 4:13; 2 Tim. 4:2), prestar servicio y edificarse el uno al otro a través del uso correcto de los dones espirituales (Rom. 12:3-8; 1 Cor. 12:4-31; 1 Ped. 4:10-11), participando de las ordenanzas (Lucas 22:19; Hechos 2:38-42), y proclamar el evangelio a los que están perdidos (Mat. 28:18-20). Además, cuando alguien se hace miembro de una iglesia, este se somete al cuidado y autoridad de los ancianos bíblicamente capacitados que Dios ha colocado en esa asamblea.

La Base de la Membresía de la Iglesia

Aunque la Sagrada Escritura no contiene una orden explícita para unirse formalmente a una iglesia local, el fundamento bíblico para la membresía de la iglesia impregna el Nuevo Testamento. Esta base bíblica puede verse más claramente en (1) el ejemplo de la iglesia primitiva, (2) la existencia de un gobierno de la iglesia, (3) el ejercicio de la disciplina de la iglesia, y (4) la exhortación a la edificación mutual.

El Ejemplo de la Iglesia Primitiva

En los inicios de la iglesia, venir a Cristo era venir a la iglesia. La idea de experimentar salvación sin pertenecer a una iglesia local era extraña para el Nuevo Testamento. Cuando los individuos se arrepentían y creían en Cristo, eran bautizados y agregados a la iglesia (Hechos 2:41, 47; 5:14; 16:5). Más que simplemente experimentar un compromiso privado con Cristo, esto significaba unirse formalmente con otros creyentes en una asamblea local y dedicarse a la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan, y la oración (Hechos 2:42).

Las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas a las iglesias. En el caso de algunas que fueron escritas a individuos – como Filemón, Timoteo y Tito – estos individuos fueron líderes en iglesias. Las epístolas mismas del Nuevo Testamento demuestran que el Señor asumía que los creyentes se comprometían a una asamblea local.

Hay también prueba en el Nuevo Testamento así como había una lista de viudas candidatas para apoyo financiero (1 Tim. 5:9), así también pudo haber existido una lista de miembros que crecía según como las personas se salvasen (cf. Hechos 2:41, 47; 5:14; 16:5). De hecho, cuando un creyente se mudaba a otra ciudad, su iglesia a menudo escribía una carta de recomendación para su nueva iglesia (Hechos 18:27; Rom. 16:1; Col. 4:10; cf. 2 Cor. 3:1-2).

En el libro de Hechos, mucha de la terminología encaja sólo con el concepto de la membresía formal de la iglesia. Frases tales como “la congregación entera” (6:5), “la iglesia en Jerusalén” (8:1), “los discípulos” en Jerusalén (9:26), “en cada iglesia” (14:23), “la iglesia entera” (15:17), y “los ancianos de la iglesia” en Efeso (20:17), todo sugiere una membresía reconocible de la iglesia con límites bien definidos (también vea a 1 Cor. 5:4; 14:23; Y Heb. 10:25).

(continúa…)

Los Cristianos y el Día de Reposo

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Los Cristianos y el Día de Reposo

Christians and the Sabbath

Tomado de Pulpit Magazine

¿Están las leyes del Día de Reposo Atando a los Cristianos de Hoy?

clip_image001 Creemos la observancia de las leyes del Antiguo Testamento sobre la observancia del día de reposo (Sabbath) son ceremoniales y no aspectos morales de la ley. Como tal, ya no está en vigencia, sino que ha dejado de existir con el sistema sacrificatorio, el sacerdocio Levítico, y todos los demás aspectos de la ley de Moisés que se figuró de anunciaban con antelación a Cristo.

Aquí están las razones por las que mantenemos este punto de vista:

 

  • En Colosenses 2:16-17, Pablo explícitamente se refiere al sábado como una sombra de Cristo, lo cual es ya no es obligatorio puesto que la sustancia (Cristo) ha venido. Es realmente claro en esos versos que el día de reposo semanal está incluido, con la frase “o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” refiriéndose a los días santos anuales, mensuales, y semanales del calendario judío (cf. 1 Crónicas 23:31; 2 Crónicas 2:4; 31:3; Ezequiel 45:17; Oseas 2:11).
  • El día de reposo era la señal para Israel del Pacto Mosaico (Exodo 31:16-17; Ezequiel 20:12; Nehemías 9:14). Puesto que estamos ahora bajo el Nuevo Pacto (Hebreos 8:7-13), ya no estamos obligados a observar la señal del Pacto Mosaico.
  • El Nuevo Testamento nunca ordena a los cristianos que observen el día de reposo. Por otra parte, cada uno de los otros nueve mandamientos son reiterados en el Nuevo Testamento.
  • En nuestro único destello de un servicio de adoración de la iglesia temprana en el Nuevo Testamento, la iglesia se reunía en el primer día de la semana (Hechos 20:7).
  • En ninguna parte del Antiguo Testamento se les ordena a las naciones Gentiles a observar el día de reposo o se les condena para no guardarlo. Esto es extraño si la observancia del día de reposo se pretendiera que fuese un principio moral eterno.
  • No hay evidencia en la Biblia de alguien guardando el día de reposo antes del tiempo de Moisés, ni hay algún mandato en la Biblia de guardar el sábado antes de que se diera la ley en el Monte Sinaí.
  • Cuando los Apóstoles se reunieron en el concilio de Jerusalén (Hechos 15), no impusieron guardar el día de reposo en los creyentes gentiles.
  • El apóstol Pablo advirtió a los gentiles sobre muchos pecados diferentes en sus epístolas, pero quebrantar el día de reposo no está nunca incluido entre ellos.
  • En Gálatas 4:10-11, Pablo reprende a los Gálatas por pensar que Dios esperaba que ellos observara los días especiales (incluyendo el día de reposo).
  • En Romanos 14:5, Pablo prohíbe a aquellos que observaban el día de reposo (éstos sin duda eran creyentes judíos) por condenar a aquellos que no lo guardaban (creyentes gentiles).

Los padres de la iglesia primitiva, desde Ignacio hasta Augustín, enseñaron que el día de reposo del Antiguo Testamento había estado abolido y que el primer día de la semana (domingo) era el día cuando los cristianos deberían reunirse para adorar (contrario a las afirmaciones de muchos séptimo sabatistas del séptimo día que afirman que el culto dominical no fue instituido hasta el siglo cuarto).

El domingo no ha reemplazado sábado como el día de reposo. Más bien el Día del Señor es un tiempo cuando los creyentes se reúnen para conmemorar Su resurrección, lo cual ocurrió en el primer día de la semana. Todos los días para el creyente es un día de reposo, puesto que ha cesado nuestra labor espiritual y estamos descansando en la salvación del Señor (Hebreos 4:9-11).

Así es que mientras todavía seguimos el patrón de designar un día de la semana un día en que el pueblo del Señor se reúne en adoración, no nos referimos a ello como “el día de reposo”.

Juan Calvino tomó una posición similar. Él escribió:

Hubo tres razones para dar este [cuarto] mandamiento: Primero, con el séptimo día de reposo el Señor deseaba darle al pueblo de Israel una imagen de reposo espiritual, por medio del cual los creyentes debían cesar de sus obras para dejar al Señor trabajar en ellos. En segundo lugar, él deseaba que hubiera un día establecido en el cual los creyentes podrían reunirse para oír sus Leyes y adorarle. En tercer lugar, él quería que un día de descanso se les concediera a los sirvientes y a aquellos que viven bajo el poder de otros a fin de que pudieran tener un descanso de su trabajo. Lo último, sin embargo, es más bien deducible que una razón principal.

En lo que se refiere a la primera razón, no hay duda que cesó en Cristo; porque él es la verdad por la presencia de la cual todas las imágenes desaparecen. Él es la realidad de cuyo advenimiento todas las sombras se disipan. Por ello San Pablo (Col. 2:17) que el sábado ha sido una sombra de una realidad que aún es. Y él declara en otro lugar su verdad cuándo en la carta a los romanos, cap. 6:8, él nos enseña que estamos sepultados con Cristo con el propósito de que mediante su muerte que pudiésemos morir a la corrupción de nuestra carne. Y esto no se hace en un día, sino durante todo el curso de nuestra vida, hasta que muramos por completo, podemos llenarnos de la vida de Dios. Por lo tanto, la observancia supersticiosa de días debe quedar lejos de los cristianos.

Las dos últimas razones, sin embargo, no deben ser contadas entre las sombras de lo antiguo. Más bien, son igualmente válidas para todas las edades. Por lo tanto, aunque el sábado es abrogado, ocurre que entre nosotros todavía nos reunimos en asamblea en ciertos días para escuchar la Palabra de Dios, para el rompimiento del pan (místico) de la Cena, y ofrecer oraciones públicas; y, además, con el fin de que cierto descanso de su trabajo sea dado a los sirvientes y a los obreros. Como nuestra debilidad humana no permite tales asambleas a reunirnos todos los días, el día observado por los judíos ha sido substraído (como un buen dispositivo para eliminar la superstición) y otro día ha ido destinado para este uso. Esto fue necesario para asegurar y mantener el orden y la paz en la Iglesia.

Por consiguiente al darse la verdad a los judíos bajo una figura, así para nosotros por el contrario la verdad es mostrada sin sombras con el fin, ante todo, de que meditamos toda nuestra vida en un perpetuo sábado de nuestras obras a fin de que el Señor pueda obrar en nosotros por su espíritu; en segundo lugar, para que observemos el orden legítimo de la Iglesia para escuchar la Palabra de Dios, para administrar los sacramentos, y para las oraciones públicas; en tercer lugar, para que no oprimamos inhumanamente con trabajo a aquellos que nos están sujetos. [Tomado de Instruction in Faith, Calvin ‘s own 1537 digest of the Institutes, sec . 8, “The Law of the Lord”].

Lea además los sermones sobre este tema:

Restaurando al Descalificado

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Restaurando al Descalificado

Restoring the Disqualified

Tomado de: Pulpit Magazine

pecado ¿Debería un pastor que ha cometido adulterio ser restaurado para el ministerio?

Algunos creen que el perdón de Dios debería anular las consecuencias de todo pecado. Este asunto inevitablemente surge cuando un líder cristiano quien ha caído en inmoralidad profesa arrepentimiento y luego quiere regresar a una posición de liderazgo en la iglesia. Previsiblemente, el líder caído pretextará su caso señalando que Dios le ha perdonado de su pecado, así los pecados pasados no deberían ser un factor al considerarlo para el liderazgo de la iglesia.

Pero, el requisito bíblico básico para todos los ancianos y todos los diáconos en la iglesia es que deben estar por encima de toda crítica posible (1 Tim. 3:2, 10; Tito 1:6-7). La expresión habla de la reputación pública del líder. “irreprensible” quiere decir que no hay nada del cual él pueda ser acusado. No habla de pureza total, de lo contrario nadie podría calificar. Pero un hombre que está por encima de toda posible crítica es alguien quien cuya vida no es estropeada por cualquier defecto pecaminoso obvio o escándalo que le obstaculizará al estar delante del rebaño como un ejemplo de santidad consistente.

Algunos pecados, en particular pecados sexuales escandalosos, conllevan un reproche que no puede ser borrados aun cuando la ofensa misma es perdonada (Prov. 6:32-33). El perdón restaura a la persona para una relación correcta con Dios, pero el estigma y el escándalo del pecado algunas veces permanecen. En tales casos, un hombre puede ser perdonado y pero descalificado para el liderazgo espiritual, porque su vida no ha sido un modelo de virtud piadosa.

(El artículo del hoy fue adaptado de La Libertad y el Poder del Perdón, 66-67.)

Traducido por Armando Valdez

Porqué Amo a la Iglesia (Conclusión)

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La Iglesia Es Una Expresión Terrenal del Cielo

Why I Love the Church (Conclusion)

Tomado de Pulpit Magazine

(Por John MacArthur)

clip_image001Aquí hay aún otra razón de las Sagradas Escrituras de por qué amo a la iglesia: Es como un cielo en la tierra. No quiero decir que la iglesia sea perfecta, o que ofrezca alguna clase de escape utópico de las realidades de un mundo pecaminoso. Pero quiero decir que la iglesia es el único lugar donde todo lo que ocurre en el cielo también ocurre en la tierra.

Cristo nos dio instrucciones para orar, “hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo” (Mat. 6:10). ¿Qué esfera es en donde esto pueda suceder? ¿En el Congreso de los Estados Unidos? Ni en sueños. ¿En la Corte Suprema? Probablemente no. ¿En la universidad? No. ¿El Ayuntamiento? No cuente con eso.

¿Dónde se lleva a cabo la voluntad de Dios en la tierra así como en el cielo? Sólo en un lugar, y eso es en la iglesia.

¿Qué sucede en el cielo? ¿Si todas las actividades del cielo fuesen conectadas a la tierra, qué actividades predominarían?

Ante todo, la adoración. En cada descripción bíblica donde los hombres de Dios tuvieron visiones del cielo, lo único que sobresale más es la adoración. La alabanza, la adoración, y la devoción son en todo tiempo constantemente ofrecidas a Dios en cielo. Lo vemos, por ejemplo, en Isaías 6:1-3, donde el profeta Isaías escribió:

“…vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos;(B) toda la tierra está llena de su gloria.”

Lo vemos en el Apocalipsis 4:8-11, donde el apóstol Juan escribió,

“Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos;(G) y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso,(H) el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”

En otras palabras, cada criatura en el cielo esta continuamente ocupada en la adoración.

La adoración es también una de las principales actividades de la iglesia. En 1 Corintios 14, donde Pablo describió lo que tuvo lugar en una reunión típica en la iglesia primitiva, escribió: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.” (v. 26). Allí él describe las actividades cuyo diseño es tanto para adorar a Dios como para edificar a los creyentes. Y si un incrédulo viniera a la reunión, ésta es la respuesta deseada: “lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros. ” (v. 25).

Una segunda actividad del cielo es la exaltación de Cristo. Teniendo terminado Su obra terrenal, Cristo está ahora sentado en la diestra del Padre en la gloria en una exaltación pura (Hechos 5:31). Dios mismo ha exaltado a Su Hijo, y le ha dado un nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2:9). Cristo es “exaltado por sobre los cielos” (Heb. 7:27). Y a lo largo de toda la eternidad estaremos ocupados exaltando Su nombre (cf. Apoc. 5:11-14). Entretanto, la iglesia es la única esfera en la tierra donde el nombre de Cristo es verdaderamente y genuinamente exaltado.

Una tercera actividad que tiene lugar en el cielo es la preservación de la pureza y la santidad. El cielo es un lugar sagrado. Apocalipsis 21:8 dice: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” quedan excluidos del cielo, y en lugar de esto son consignados al lago de fuego. Apocalipsis 22:14-15 acentúa la pureza perfecta de los habitantes de cielo: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” Nadie que no sea santo es admitido en el cielo (Heb. 12:14).

Asimismo, la iglesia en la tierra esta encargada de conservar la pureza dentro de sí. Mateo 18:15-20 diseña un proceso de disciplina por la cual la iglesia debe conservar por sí misma pura, si es necesario a través de la excomunión de miembros. No es necesario en este contexto describir el proceso completo de la disciplina, pero tome nota de la promesa hecha por Cristo en el verso 18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.”

Atar y desatar eran expresiones rabínicas que hablaban de ocuparse de la culpabilidad de las personas. Se decía que una persona impenitente estaba atada a su pecado, y que una persona arrepentida estaba desatada. Aquí Cristo sugiere esto que cuando la iglesia en la tierra siga el método correcto para la disciplina, lleva a cabo intermediariamente el veredicto del cielo en la iglesia terrenal. El cielo está conforme con su decisión. Cuando la iglesia en la tierra excomulga a un miembro impenitente, los ancianos de esa iglesia simplemente declaran lo que ya ha dicho el cielo. La disciplina de la iglesia es por consiguiente una expresión terrenal de la santidad del cielo.

Otra actividad del cielo que ocurre en la iglesia es la comunión de los santos. Nuestra comunión en la iglesia en la tierra es una anticipación de la comunión perfecta que disfrutaremos en el cielo.

La iglesia, entonces, es como una expresión terrenal del cielo. Es lo más cercano que podemos llegar al cielo en la tierra.

Se habla mucho en estos días acerca de las iglesias del “consumidor-amigable”. Los expertos sobre crecimiento de la iglesia aconsejan a los líderes de la iglesia a intentar proveer una atmósfera en la cual las personas “sin iglesia” se puedan sentir a gusto y en casa. Eso me da la apariencia de ser un enfoque completamente erróneo de la iglesia. Las personas “sin iglesia” que vienen a nuestro compañerismo salen diciendo a sí mismo, ¡nunca he visto algo como esto en la tierra! Si se marchan pensando, ¡Ah, eso se sintió bien¡. Eso fue muy familiar – entonces algo está seriamente mal. La iglesia debería ser como una exhibición preliminar de cielo.

El apóstol Pablo escribió de “la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:15). Más que alguna otra institución en la tierra, la iglesia es donde la verdad de Dios es defendida. La iglesia es llamada para alzar la verdad y tenerla muy en alto. Utilizando la verdad como un arma, debemos hacer pedazos las fortalezas ideológicas de las mentiras de Satanás (2 Cor. 10:3-5). Y es en la búsqueda de esa meta que la iglesia finalmente logrará su máximo triunfo.

Por todo por esto es que amo a la iglesia. Y en tanto que el Señor me de aliento, espero invertir mi vida y mis energías en el ministerio y en el avance de la misión de la iglesia.

Traducido por Armando Valdez

Por Que Amo a la Iglesia (Parte 4)

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Por Qué Amo A la Iglesia (Parte 4)

Why I Love the Church (Part 4)

(Por John MacArthur)

Tomado de Pulpit Magazine

La Iglesia Es la Realidad Más Preciosa en la Tierra

clip_image001 Hay una tercera razón bíblica de por que amo la iglesia: Es la cosa más preciosa en esta tierra – más preciosa que la plata, o el oro, o algún otro activo terrenal.

¿Qué tan preciosa es la iglesia? Demandó el precio más alto que alguna vez haya pagado por cualquier cosa. “Usted ha sido comprado por un precio” (1 Cor. 6:20). ¿Cuál precio? “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,” (1 Pedro, 1:18-19). En Hechos 20:28 se refiere a la iglesia que “él ganó por su propia sangre”.

La iglesia es tan preciosa que el Hijo de Dios estaba dispuesto a sufrir las agonías de la cruz y a morir en obediencia para con el Padre a fin de que este regalo eterno de amor pudiese hacerse una realidad. El apóstol Pablo le recordó a los corintios de esta gran realidad: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Cor. 8:9). Ese verso no tiene nada que ver con las riquezas terrenales o cosas materiales. Cristo era rico como Dios es rico – rico en gloría (cf. Juan 17:5). Ni es una pobreza en el sentido de una pobreza terrenal. Cristo se deshizo de Su gloria. Él vino de una deidad sobrenatural soberana, para tomar sobre si mismo la forma de siervo – y finalmente para una muerte en la cruz en la cual toda la fuerza de la ira divina fue derramada en él (Col. 2:6-8).

Así pues, el valor precioso de la iglesia se ve aquí en el precio que se estaba pagando, cuando el que fue tan rico como Dios en la plenitud de gloria, se volvió tan pobre como alguien distanciado de de Dios (cf. Mat. 27:46).

Y, para regresar al punto de 2 Corintios 8:9, Cristo hizo esto para que pudiésemos hacernos ricos. Su muerte nos hizo herederos de Dios y co-herederos con Cristo (Rom. 8:17). En otras palabras, al ceder Sus riquezas divinas, Cristo hizo posible que la iglesia tomara parte de esas riquezas. Eso hace a la iglesia la cosa más preciosa en la tierra.

Traducido por Armando Valdez