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La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 2

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Gary E. Gilley

En el práctico libro de Dave Swavely, Decisions Decisions escribe:

Muchos cristianos, que dirían que no creen en una revelación nueva, esencialmente buscan revelación nueva en su toma de decisiones. Pueden tener una teología de “cesacionismo” en su perspectiva de la revelación, pero en su práctica diaria contradicen esa teología intentando escuchar a Dios decir algo que no está en la Biblia. Y sugeriría que su teología es correcta, así es que le deberían permitir que esta forjara su vida práctica. Dios habla hoy, pero él habla a través de su Palabra.1

 

¿Pero no podemos contar con ambas alternativas?  ¿No podemos tener la revelación completa de Dios en la Biblia y revelaciones extrabíblicas, que no se acerquen totalmente a la revelación y a la par?  O. Palmer Robinson sugiere que:

¿Y por qué no ambos? ¿Por qué no la iluminación de la Escritura combinada con revelaciones nuevas del Espíritu? Simplemente porque si usted dice necesitar para ambos, usted ha dado a entender la insuficiencia de la misma. Usted se ha posicionado en la estructura del antiguo pacto, en un tiempo donde nuevas revelaciones se requerían debido a lo incompleto del antiguo.  Pero Cristo es la última palabra.2

 

Por el otro lado de la cerca están aquellos que dicen que tal teología es un Deísmo práctico, despojándonos de un Dios personal que está obrando en nosotros individualmente. La Escritura, dirían, es incuestionablemente la Palabra inspirada de Dios – pero es la Palabra de Dios para todo el mundo igualmente. Cuando leo que el “Señor es mi pastor” o que Cristo murió por nuestros pecados, éstas son declaraciones verdaderas, pero son ciertas para cada creyente no sólo para mí. Preguntan ¿Qué le parece a usted si su esposa dijese que ella le ama pero ella ama igualmente a todos los que ella conoce?  ¿Le haría eso sentirse especial o justo? Así los es Dios y nosotros. Él sostiene que ama al mundo y El ha hablado en general a todos (a través de la Biblia), pero también necesitamos palabras personales – las palabras solo para nosotros, para afirmar nuestra relación personal. Y la parte de esa palabra personal incluye la dirección. Si el Señor realmente me ama y El es infinitamente sabio, entonces necesito Sus instrucciones íntimas. No es suficiente, de nuevo, que él le haya dado instrucciones amplias, principios y la orientación a todo el mundo.  Necesito algo más, algo solamente para mí, algo privado. Las Escrituras me dicen que Dios me guía en los caminos de rectitud – y eso es bueno.  Pero necesito de Su dirección en asuntos más específicos como la selección de un trabajo, con que persona se casaré, qué casa he de comprar y docenas de otras preocupaciones. No necesito Su ayuda para escoger qué ropa he de llevar puesta o que ruta he debería tomar hacia la iglesia (aparentemente hay un umbral debajo del cual soy capaz de hacer mis propias elecciones), pero para las decisiones grandes de la vida necesito un mensaje personal.

Lo que estas personas están diciendo parece tener sentido pero ¿están en lo correcto? Parecería que un número de pasajes de la Escritura señalan que no lo son.  Lo que si, como Garry Friesen dice, las impresiones no son autoritativas pero ¿son realmente son solo impresiones?3 ¿Qué si no son mensajes de Dios del todo?, es decir, los incrédulos tienen impresiones, ¿no es así?  ¿Cuál es la fuente de sus impresiones?  Veamos lo que la Biblia dice.

Pero ¿Qué Acerca de Aquellos Textos Bíblicos?

El salmo 19 nos enseña hay dos fuentes de revelación: de naturaleza (vv. 1-6) y de la Escritura (vv. 7-14).  La “revelación general” de la naturaleza, hablando a rostro firme de la gloria de Dios, aun tiene serias limitaciones. Romanos 1:20 confirma que la naturaleza es capaz de revelar al género humano el poder eterno y la naturaleza divina de Dios; por consiguiente aun aquellos que no saben nada de Jesucristo están sin excusa cuando rechazan a Dios. Pero la revelación general es incapaz de exponer una multitud de cosas incluyendo a Jesucristo, la cruz, la gracia, la vida eterna, etc. Para cosas así necesitamos la “revelación específica” de la Escritura. Estas dos revelaciones generales y específicas, han sido reconocidas por el pueblo de Dios a todo lo largo de las épocas como los medios normales en los cuales Dios se comunica con nosotros. Ocasionalmente, el Señor se abre paso en otras formas, ya sea por ángeles, visiones, sueños y aun burros, pero éstas son excepciones raras como hemos explorado en artículos previos. Pero estos han estado agregados en otra forma de comunicación, uno que no es encontrada en la Palabra – eso de la voz interna de Dios en una forma u otra. Mientras que ya hemos encontrado que esta voz interior está ausente en la Escritura (la “voz aun pequeña” que Elías escuchó en 1 Reyes 19:12-13 a menudo es presentada como evidencia de la voz interior de Dios, pero aun una mirada rápida al pasaje demuestra que ésta fue una voz “externa” literal, no una impresión interna), aun hay un número de textos que parecerían señalar que Dios guía en esta época del Nuevo Testamento aparte de la Escritura. Es decir, para ser claro, Dios parece en estos pasajes comunicar instrucciones específicas acerca de nuestras vidas individuales a través de fuentes extrabíblicas, la mayoría a través de las circunstancias, impresiones y consejo divino. Que en la toma de decisiones debería ser sabio el cristiano en poner atención cuidadosa a estos asuntos no está en debate. La pregunta es si Dios realmente comunica Su voluntad autoritativa particular a un individuo en particular a través de esta manera en particular. Creo que la respuesta es un claro “no”.

Pero ¿qué acerca de los textos que parecen implicar que Dios tiene una voluntad específica y que El nos guiará en ella si encontramos ciertas condiciones? Estos textos bíblicos incluyen: Proverbios 3:5, 6; Colosenses 1:9-10; 3:15; Filipenses 4:6, 7; Romanos 8:14, 16; Salmo 32:8; Juan 16:12-14; Efesios 5:17. Echemos una ojeada rápida a lo que predomina en estos para ver lo que realmente enseñan en contexto. 

Romanos 8:14 – “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Una interpretación común de este versículo es que una de las formas en que sabemos que somos hijos de Dios es a través de la guía interior del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si hemos nacido de nuevo deberíamos esperar que el Espíritu Santo confirme nuestra condición espiritual por la constante recepción de la guía extrabíblica y sobrenatural del Espíritu Santo acerca de las decisiones personales. Pero el contexto del pasaje no tiene nada que ver con la toma de decisiones y todo lo que tiene que ver con la vida piadosa. La prueba de nuestra conversión, dice Pablo, es la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas – pero esa guía está hacia la vida justa y no hacia la toma de decisiones (vv. 9-13).

Romanos 8:16 – “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” Pero ¿no habla este versículo de un testimonio interno del Espíritu Santo?  Aun si nosotros reconocemos que el contexto tiene que ver con la evidencia de una vida espiritual y no a la toma de decisiones, ¿no estará diciendo Pablo que un cristiano sabrá que él es salvo porque el Espíritu Santo en cierta forma le habla a su corazón? Bueno en primer lugar, aun si eso fuera cierto, no es nos dice cómo es que el Espíritu Santo nos “da testimonio a nuestro espíritu”. Muchos llegan a la conclusión de que este testimonio es una impresión o voz interna por la cual sentimos la presencia de Dios a través del Espíritu Santo y así sabemos que somos salvos. Pero no creo que la interpretación pueda ser confirmada de este versículo. Para empezar, el versículo no dice que el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu sino “con” nuestro espíritu (nota: en inglés es “con” en lugar de “a”, en la versión Actualizada [RVA] dice: “El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”). En otras palabras, cuando el Espíritu Santo y nuestro espíritu están de acuerdo, sabemos que nos salvamos. Cuando el testimonio del espíritu del creyente, en lo que se refiere a por qué cree él que es un hijo de Dios, está de acuerdo con el testimonio del Espíritu Santo (el evangelio inspirado en espíritu como es registrado en la Biblia), entonces él sabe que él es un hijo de Dios. Estoy de acuerdo con Don Matzat en este versículo:

Los maestros de la Biblia generalmente están de acuerdo que cuando el apóstol Pablo nos dice que seamos guiados por el Espíritu, él no está hablando de alguna invasión externa momentánea del Espíritu Santo en nuestra conciencia, diciéndonos qué hacer y cómo hacerlo. Ni se esta refiriendo a nuestro esfuerzo de llamar por medios mágicos el Espíritu en algún encuentro místico. Pablo simplemente nos dice que vivamos según nuestra vida nueva en Cristo, la cual es Cristo morando en nosotros por Su Espíritu Santo, o ser “guiados por el Espíritu” en oposición a el vivir según nuestra antigua naturaleza pecaminosa, o sea “guiado por la carne”.4

 

Salmo 37:4 – Con Base en este versículo, “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón,” algunos concluyen que los creyentes viviendo en conformidad con el Señor pueden confiar en sus deseos para guiarlos. Se registra que Calvino dice: “ama a Dios y actúa como te plazca”. Pero esta interpretación presiona el versículo demasiado lejos y está en contra de otros textos bíblicos. La comprensión normal de este versículo es que, cuando nos deleitamos en el Señor, dará como resultado un cambio de nuestros deseos a fin de que estén en armonía con los deseos de Dios para con nosotros. Pero el Salmo no sigue diciendo que nuestros deseos son ahora completamente confiables. Nuestra carne está en guerra con el Espíritu mientras estemos en estos cuerpos humanos (Gálatas 5:16-18), haciendo siempre difícil saber que los deseos de nuestro corazón son puros. Pablo pareció luchar contra estar en deseos conflictivos en una base normal (Romanos 7:14-25) y él quiso ir a España, pero nunca lo hizo (Romanos 15:24, 28). Aun Jesús quiso evitar la Cruz pero eligió someterse por sí mismo a la voluntad del Padre (Mateo 26:36-46). Los deseos del cristiano comprometido pueden ser un buen punto de partida en nuestro proceso de toma de decisiones, pero bíblicamente no podemos afirmar que nuestros deseos hayan sido implantados por el Espíritu, o que son guías infalibles.

Filipenses 4:6-7 comparado con Colosenses 3:15 son versículos que han sido usados por multitudes de creyentes que buscan la “paz de Dios” en su toma de decisiones. El argumento va como sigue: El juez final (gobernante) para conocer la voluntad de Dios es la paz de Dios. Si el Señor quiere que nosotros tomáramos acción él indicará Su aprobación dándonos Su paz. Por otra parte, si no estamos en la voluntad de Dios, el Señor hará evidente esto a través de una intranquilidad en nuestros corazones.

Como joven intentando aplicar la teoría de la “paz de Dios” a mi vida, me encontré con algunos problemas muy prácticos. Por ejemplo, nunca podría obtener la paz de Dios cuando hacía compras grandes. “Deseaba” un coche nuevo (¿era esto un deseo de Dios o no?) pero era demasiado para un avariento tener “paz” en gastar grandes cantidades de dinero. Estaba paralizado. No tuve paz acerca en comprar el coche pero ninguna paz en no comprándolo también. En cierta forma la teoría de paz (y aun la teoría del deseo respecto a esto) no funcionaba para mí. Asumí que era demasiado estúpido y demasiado pecaminoso también discernir la paz de Dios. Entonces observé personas clamando la paz de Dios sobre lo más estúpida de las decisiones – las decisiones que regresarían a obsesionarlos. No fue sino hasta años más tarde que fui aliviado al regresar a estos pasajes y descubrir que no estaban en el contexto de la toma de decisiones en absoluto. Ambos pasajes hablaban de paz (o la falta de conflicto) entre el creyente y otras personas y/o Dios, no alguna paz interna que indicaría cuándo hemos hecho las decisiones correctas. La armonía con nuestro prójimo y con Dios viviendo Su voluntad revelada es el contexto y no la toma de decisiones.

2 Corintios 2:12-13 – ¿Y qué acerca de aquellas puertas abiertas? En este pasaje se lee: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.” Los versículos que hablan de puertas abiertas (vea también, Hechos 14:27; 1 Corintios 16:8, 9; Colosenses 4:3) nos “abren la puerta” para examinar el papel que jugaban las circunstancias en la voluntad específica de Dios. ¿Son las circunstancias la manera de Dios de comunicarnos Su voluntad? La Escritura no señala que lo sean. Uno de los problemas con las circunstancias es su naturaleza subjetiva; es decir, podemos leer en ellas simplemente acerca de alguna cosa que deseamos. Si no podemos encontrar un buen trabajo en nuestra ciudad natal, es esta una manera de Dios de decirnos que nos mudemos o Su manera de sacar el materialismo de nuestras almas? ¿Si interpretamos que es la voluntad de Dios que nosotros debamos movernos, simplemente donde me está dirigiendo El?  Ciertamente el Señor fue directo con llamar a Pablo para Macedonia, pero esa fue una maniobra única por parte del Señor de incluir una visión, no simplemente un cambio en las circunstancias. Por supuesto, si el Señor abre una puerta, o cierra una (algo nunca mencionado en la Biblia), necesitamos fijarnos bien. Pero aun estas puertas abiertas no son autoritativas. Pablo oró por puertas abiertas para el evangelio, pidiendo oportunidad para propagar las buenas noticias, pero en 2 Corintios 2:12-13 Dios le había dado una puerta abierta que él decidió ignorar porque él tenía otras cosas en mente. En el mejor de los casos, las circunstancias representan oportunidades (o la falta de ellas) que nos pueden ayudar a en nuestras decisiones pero no son mandatos de Dios. Si yo creo que he sido “llamado” a predicar pero nadie parece ser llamado (o dispuesto) para escuchar, el examen de esa circunstancia puede resultar ser más útil. Pero eso ni confirma ni invalida si debo ser un pastor, aunque podría suministrar datos útiles en mis elecciones vocacionales.

Proverbios 3:5-6 – “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos,

Y él enderezará tus veredas.

Esto es seguramente uno de los pasajes más amados en la Palabra y con razón. Durante los grandes momentos de estrés y duda ¿que creyente no ha leído o citado estas palabras con gran consuelo? Pero ¿simplemente qué se les ofrece a aquellos que confían y reconocen el Señor? La comprensión del pasaje es torcida por la KJV (Versión Rey Jaime) traduciendo la frase final, la cual dice: “y él guiará tus caminos”. La implicación, al menos para muchos, es que el Señor nos dirigirá en Su voluntad perfecta y específica para nuestras vidas si nosotros confiamos en El. El problema con esta comprensión del pasaje es que la palabra “caminos” no se refiere no a la voluntad específica en el uso del Antiguo Testamento, pero habla del camino general de la vida. En Proverbios 4:18 se nos habla de la “senda de los justos”. Y en Proverbios 15:19 se nos dice que “Mas la vereda de los rectos, como una calzada.” Proverbios 11:5 da una promesa similar 3:6 cuando dice: “La justicia del perfecto enderezará su camino.” Lo que tenemos entonces no es una promesa de una dirección individual a través del confiar en Dios, sino una descripción del tipo de vida que conduce el confiar. Es una vida en conformidad a la voluntad moral o revelada de Dios. Aquellos que se apoyan en El van en dirección correcta en el camino de la vida. Viven como Dios quiere que el justo viva. Friesen dice esto bien: “el punto de Proverbios 3:5-6, entonces, es que aquellos que confían en Dios, y confían en Su sabiduría en vez de su propio entendimiento mundano, y reconocen a Dios en cada parte de su vida, cosecharán una vida que tiene éxito mediante los estándares de Dios.5

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

John 16:12-14 – “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Muchos toman estos versículos como teniendo aplicación universal. Pero ¿debemos nosotros leer estos pasajes como una promesa para todos los creyentes en todo momento, o son estas promesas peculiares para los apóstoles e indicadores de que la revelación del Nuevo Testamento pronto la recibirían a través del Espíritu Santo? Juan 14:12 especialmente ha sido usado por muchos para dar apoyo ya sea a una revelación permanente o a una iluminación única, pero tal interpretación es dificultosa por la frase final que promete: “él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Jesús claramente hablaba de instrucciones dadas a los apóstoles mientras él andaba entre ellos. Mucho de lo que él les enseñó trascendía su comprensión. Este discurso encontrado en Juan 14-16 contiene cierta teología de la más profunda alguna vez dada por nuestro Señor y trascendió fácilmente la comprensión de los apóstoles. Él por consiguiente les promete que en el futuro un Ayudante vendría: el Espíritu Santo, quien traerá estas cosas de vuelta a su memoria y aun los guiaría a una revelación nueva (16:13-14). No creo que Jesús esté estableciendo referencias para la toma de decisión individual con respecto a las áreas de rutina de la vida. Sino mas bien, creo que él habla del método por el cual el Señor transmitiría la verdad del Nuevo Testamento para la iglesia (vea a 1 Corintios 2:9-10).

Una Aplicación Personal

Al escribir este artículo estoy sentado sobre una terraza en Brasil. Algunos meses atrás fui invitado por algunos pastores brasileños a venir a su país y ministrar en una conferencia de pastores, predicar en varias iglesias y enseñar temas teológicos contemporáneos en un seminario. Cuando se me invitó, tuve que tomar una decisión. Las oportunidades para presentar la Palabra, enseñar y animar el liderazgo brasileño de la iglesia y a otros creyentes fueron enormes. Pero por otra parte el viaje era costoso y tendría que apartarme de mi iglesia y de mi familia por 17 días. ¿Cómo debía yo decidir “la voluntad del Señor” sobre este punto? Una puerta de oportunidad estaba abierta, pero perdería el derecho a otras oportunidades. Podría buscar la paz del Señor pero yo estaba entre la espada y la pared de mi dilema usual – cualquier cara de la moneda de la paz era difícil de encontrar. Busqué el consejo de mis ancianos de la iglesia y ellos dijeron: “haga cualquier cosa que usted desee” – de gran ayuda fueron. Si sólo el Señor me dijera qué hacer, o mínimo me diera algunas corazonadas fuertes, entonces podría saber qué hacer, pero ninguna de las corazonadas aparecía. Al fin tomé la decisión de venir a Brasil, una decisión que creo que fue una que honró al Señor. Pero si el Señor no me estaba “guiando” a venir a Brasil, ¿cómo sabría yo si estaba en Su voluntad? Sin presentimientos, sin corazonadas, sin la paz de Señor, o circunstancias definitivas, ¿cómo sé que hice la decisión correcta? O ¿podía haber permanecido en casa y aun estar en Su voluntad?  Hasta la próxima.

[1] Dave Swavely, Decisions, Decisions, (Phillipsburg, New Jersey: P&R Publishing, 2003), p. 65.

[2] As quoted in Swavely, pp. 30-31.

[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 131.

[4] Don Matzat, The Lord Told Me, I Think, (Eugene, Oregon: Harvest House, 1996), p. 64.

[5] Garry Friesen, p. 98.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 1

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clip_image002La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 1

Por Gary E. Gilley

Una escuela universitaria de graduados evangélica prestigiosa le pidió al Profesor X que aceptara una posición como decano. Al tratar de determinar la voluntad de Dios al respecto, el Profesor X escribe: “Al leer Hechos 10 en El Mensaje de Peterson, leí las palabras, ‘Si Dios dijo que está bien, entonces está bien.’  Sentí al Señor aplicando esta Escritura a mi situación; supe entonces que estaba autorizado para ir”. Un autor cristiano muy respetado escribe: “cuándo sentimos la mano del Maestro y oímos Su voz en nuestras habitaciones, le deberíamos seguir” (énfasis mío). Un escritor de devocionales clásicos en uno de sus libros, acopió una historia sobre la historia del Señor llevando la delantera a través de impresiones internas y de voces audibles. Él escribe: “es positivamente estimulante, y al mismo tiempo humillante, estar en la compañía de hombres tan íntimamente familiarizados con Dios que esperan en El y aun dirigirlos hasta en que casa han de visitar, qué corriente tomar, o a qué desconocido hablarle en la calle”. 

Este concepto de cómo guía el Señor es muy común hoy de que los ejemplos anteriores citados probablemente no conmocionen a ninguno de mis lectores.  Y éste no es simplemente un fenómeno moderno – tales puntos de vista pueden ser rastreados a todo lo largo de la historia de la iglesia.  Por ejemplo tome al pastor Puritano Cotton Mather (1663-1728), una de las figuras religiosas más influyentes en la historia americana. Mientras doctrinalmente sano en su mayoría, Mather tuvo una creencia extraña en lo que él llamó “fe particulares”.  Él quiso decir por el término: “un grado pequeño de Espíritu de Profecía concedida por Dios para la elite devocional para abundar en la oración secreta” (el énfasis es de él).1 Mather creía que los ángeles administraban estas “fes particulares” las cuales garantizarían respuestas a la oración y a proveer una dirección divina infalible. Por largos años él tuvo una fe absoluta en “las direcciones divinas,” hasta que un gran número de mensajes supuestamente de Dios probaron ser falsos. Esto incluyó la muerte de su esposa y la condición espiritual de su hijo.  Debido a la desilusión con las “fe particulares” la propia fe de Mather casi desmayó. Él supuso por un tiempo que el problema realmente recaía en los ángeles (quiénes él creía que transmitían estos mensajes de Dios). Quizá, él meditaba, que ellos mismos realmente pueden desconocer el futuro. Por supuesto, esto no solucionó el problema. Si Dios lo dirigía mediante ángeles y aun esa dirección era falible, ¿de quien era la dirección? Finalmente él se dio cuenta que él había interpretado mal estas impresiones, se volvió cuidadoso y las abandonó como si no tuviesen valor.2

 

Somos confrontados con el mismo dilema.  ¿Dirige Dios a sus hijos por medios extrabíblicos o no? ¿Hasta qué punto sería tal dirección fidedigna? ¿Pudieron ser las direcciones extrabíblicas (si existiesen) ser completamente, parcialmente o de ningún modo confiables?  ¿Cómo lo sabríamos?  Nuestra única esperanza para una respuesta comprensiva, como siempre, no está en los testimonios y en las experiencias de las personas sino en un examen de la suficiente Palabra de Dios.

La Voluntad de Dios para Mi Vida

Constantemente oímos sin intención en círculos cristianos que alguien está buscando la voluntad de Dios para su vida. Es más probable hablar de las decisiones importantes – con quién casarse, a que escuela asistir, qué vocación a de seguir, etc. Otros buscan la voluntad de Dios para preocupaciones menores: Qué coche o casa han de comprar, a cual iglesia asistir, tomar vacaciones. Hemos sido enseñados que la voluntad de Dios puede ser comprobada a través sentimientos divinos directos, corazonadas, impresiones o sueños. Si estos fallan podemos volvernos hacia los ayunos, lanzar moneda al aire o abrir la Biblia al azar y seguir el primer versículo que nos de sentido. Para estar seguro, estos métodos están usualmente acoplados con un análisis de circunstancias, un consejo sabio, y la paz de Dios. Pero, he aquí surge una pregunta seria – ¿formula la Biblia tales métodos?  ¿Es así cómo dice Dios que debemos discernir Su voluntad?

El primer paso en contestar estas preguntas es descubrir lo que las Escrituras tienen que decir acerca de la voluntad de Dios.  La mayoría de los cristianos usan el término “la voluntad de Dios” en tres maneras bien definidas. Primero, está la voluntad soberana de Dios en el cual nuestro Señor se reconoce como quien está en control de todas las cosas en el universo. Efesios 1:11 dice: “…habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. Mientras ciertos aspectos de la soberanía de Dios nos son revelados en la Escritura, otras partes no se nos dan revelado en este tiempo (Deuteronomio 29:29). No obstante, la Palabra es clara en que Dios gobierna sobre todas las cosas y Sus planes nunca pueden ser frustrados. Descansar en esta verdad trae una paz duradera a los corazones de los hijos de Dios no obstante las circunstancias.

En segundo lugar, la Escritura habla de la voluntad revelada de Dios que se nos da a conocer a nosotros sobre cómo espera Dios que nosotros vivamos. Pablo escribe: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Tesalonicenses 4:1-3). Éste es simplemente un ejemplo de la voluntad revelada de Dios para las vidas. Es la voluntad revelada de Dios que seamos santificados o, en este contexto, vivir en pureza. Es Su voluntad revelada que le amemos y que amemos nuestro prójimo. Es la voluntad revelada de Dios que le adoremos y le obedezcamos, y así sucesivamente. La Biblia claramente enseña tanto la voluntad soberana y la voluntad revelada de Dios.

Es en la tercera comprensión de la voluntad de Dios, la específica o individual, en la cual exige nuestra atención. Esto está definido por Garry Friesen como “el plan ideal, detallado de la vida de Dios excepcionalmente diseñado para cada creyente”.3 El va más allá en este asunto escribiendo: “Este plan de vida abarca cada decisión que hacemos y es la base de la guía diaria de Dios. Esta guía es dada a través del Espíritu Santo residiendo en el interior quien progresivamente le revela el plan de vida de Dios al corazón del creyente en particular. El Espíritu usa muchas medios para revelar este plan de vida como veremos, pero él siempre da confirmación al punto de cada decisión”.4 La mayoría de los que adoptan este punto de vista están contentas en suponer que Dios revela Su voluntad sólo para las decisiones principales, pero otros llevan esto hasta el extremo de creer de que Dios tiene una voluntad, la cuál debemos encontrar, para incluso la cosa mas diminuta, como cuáles zapatos debemos ponernos hasta qué ruta tomar para llegar al trabajo. 

La pregunta sobre la mesa es que si la “teoría de la voluntad individual de Dios” puede ser apoyada por la Escritura. Que Dios está obrando detrás de las escenas, llevando la delantera y dirigiendo nuestras vidas, no es la pregunta. La pregunta es si la Biblia enseña que Dios tiene voluntades específicas para cada uno de nosotros – las elecciones específicas que él quiere que nosotros tomemos en toda clase de cosas – y ya sea que si ésta voluntad(es) deberán ser percibidas de diversos medios extrabíblicos. Creo, en contra de la mayoría de los cristianos, que la respuesta a esta pregunta es un rotundo “No”.

La Evidencia Bíblica

Creo que el apoyo para mi posición puede ser encontrada primero desde el silencio de la Escritura. La Biblia en ninguna parte enseña que Dios tiene una voluntad específica para la vida de cada creyente que ha de ser encontrada a través de medios extrabíblicos. Sí, tenemos numerosos ejemplos en la Palabra en los cuales Dios específicamente dirigió a Su pueblo a tomar un curso de acción. Pero yo haría algunas de objeciones en este punto:

· El hecho de que algunos individuos recibieron una guía directa de Dios no quiere decir que dicha guía fuese normativa entonces, y ahora. Si ciertas cosas ocurriesen en la Santa Palabra ¿significaría que ellas sucederán en todo tiempo o que necesariamente nos ocurrirán? La burra de Ballam habló con él pero yo no espero que mi perro me hable. Pedro caminó sobre el agua por algún momento pero yo no lo intentaría. Elías anunció hizo llamar fuego del cielo, pero aun no puedo encender mi parrilla del gas a la mitad de tiempo. Aun si pudiese ser probado que fue usual para Dios revelar Su voluntad específica a las personas en tiempos bíblicos, necesariamente no prueba que algo semejante sea el plan de Dios par hoy. La evidencia por el ejemplo es una evidencia débil en el mejor de los casos.

· En segundo lugar, estos ejemplos son tan lejanos de lo que la mayoría de la gente piensa. Sí, Dios habló y se dirigió a Moisés en forma regular, David y Pedro en ocasiones, Salomón dos o tres veces y un montón de otros en una instancia singular. Pero no hay prueba, en cualquier Testamento, que el vasto número de creyentes alguna vez recibió tal guía. Con raras excepciones, sólo los personajes principales en la historia bíblica disfrutaron de la supervisión directa de Dios – las masas, aun los piadosos, vivieron sus vidas enteras sin una palabra personal del Señor. 

· Aun la guía dada a los personajes cruciales de la Escritura fue rara y reservada a un puñado de decisiones. Dios habló más a menudo en tiempos bíblicos a través de los profetas, pero aun los principales profetas podrían andar por años sin una palabra de Dios. Muchos que caminaron poderosamente con Dios y lograron mucho para Su gloria nunca escucharon una sola vez a Dios, para nuestro conocimiento. Pienso acerca de Nehemías, Esdras, Ester, Rut, el gran hombre David y miles de otros – la lista parece casi no tener fin. De hecho, la inmensa mayoría de los santos encontrados en la Escritura nunca personalmente escucharon de Dios respecto a sus vidas individuales y decisiones. De los únicos que sabemos fueron las excepciones y no la regla.

· Aun las excepciones recibieron guía sólo para las asuntos más importantes – casi exclusivamente asuntos relacionados con el gran esquema del plan de Dios.  Exceptuando lecciones y/o mensajes pretendidos para una audiencia más amplia, no escuchamos acerca de ningún ejemplo en las cuales a un personaje bíblico le fuere dicho específicamente qué decisiones tomar concerniente a las asuntos normales de la vida como el comprar casa, inversiones, o aun con quien casarse excepto por el caso de Isaac (y eso fue indirecto) y Oseas como una lección objetiva para Israel. No fue simplemente la norma en la Biblia para el pueblo de Dios que recibiera instrucción específica de forma regular del Señor. La mayoría nunca recibió tal instrucción una sola vez – y aparentemente nunca la esperó.

· Mientras que Dios eligió ocasionalmente dar especial dirección a unos cuantos líderes importantes del Nuevo Testamento, nunca encontramos a esos individuos buscando tal guía (o siéndoles ordenado a hacer eso).   Pedro estaba durmiendo en el techo, Pablo fue llevado a un país diferente, Felipe estaba involucrado en una campaña de predicación. Todos ellos estaban ocupados sirviendo al Señor cuando el Señor eligió reencauzarlos.  De hecho, la última vez que encontramos un ejemplo del pueblo de Dios buscando Su voluntad específica está en Hechos 1:24-26 con la elección de Matías para ser un apóstol. Y aquí no escucharon la voz de Dios, o aun sintieron impulso sino confiaron en un juego de azar. Es enteramente cuestionable para mí que la decisión correcta fue hecha a través de esta metodología. Posteriormente Cristo escogería con cuidado a Pablo como el reemplazo de Judas, dejándole poco lugar a que Matías fuese parte de los Doce.5

Dios Dando Dirección

Suponiendo por el momento que Dios, en esta era del Nuevo Testamento, hubiese cambiado de planes y hubiese hecho la dirección extrabíblica por medio del Espíritu Santo la norma, exactamente ¿cómo deberíamos esperar que esto tuviese?  La mayoría de los evangélicos fuera de los círculos carismáticos no esperan que Dios se comunique con ellos a través de profetas, voces audibles, visiones, sorteos, visitas angélicas o del Urim y Thumim  (Exodo 28:30), aún éstos fueron instrumentos usados en los tiempos bíblicos cuando Dios eligió dar dirección desde la Palabra escrita. Hoy la mayor parte de los evangélicos creen que Dios guía a través de otros medios, usualmente altamente subjetivos como las corazonadas, recordatorios, puertas abiertas o paz (o una falta de ella). En la Escritura, cuando Dios eligió comunicarse, la transmisión fue objetiva. Mientras hubo ocasiones cuando la interpretación de estos mensajes fue complicada, no hubo nunca ninguna duda de que Dios había hablado (a través de algún medio comprensible). No escuchamos acerca de Isaías, por ejemplo, diciendo: “Dios me habló anoche, me parece, y creo que él quiere que ustedes los israelitas hagan tal y tal cosa, pero de todas formas, no estoy absolutamente seguro de esto. Después de todo, es a menudo difícil de decir cuando la voz de Dios se aparta de mi y aparecen mis pensamientos. Y, claro está, hay siempre ese problema molesto de interpretación. Sé lo que oí, pero posiblemente puedo confundir el mensaje. Mi profecía entonces puede ser 50% de Dios y 50 % de mi imaginación, pero colocaré las líneas ante ustedes y les dejaré que disciernan si son de El y que tanto realmente ha dicho el Espíritu Santo a través de mí”.6

Nunca escuchamos acerca de Dios hablando de esta manera en la Biblia pero a nosotros se nos ha dicho que es común hoy, especialmente en círculos carismáticos y místicos. Y el problema se pone aun más complicado en trasfondos poco carismáticos, puesto que los no-carismáticos a menudo esperan a Dios guiarles y hablarles en formas que nunca son mencionadas en la Escritura.  Iremos en vano en busca de ejemplos en las cuales Dios condujo a Su pueblo por corazonadas y señales. E igualmente, iremos en vano en busca de ocurrencias de creyentes del Nuevo Testamento preguntándole a Dios por Su voluntad individual o, respecto a eso, explicando sus decisiones como producto de la voluntad individual de Dios comunicada a ellos a través de los sentimientos. Tome el ejemplo de los individuos de Santiago 4:13-17 que arrogantemente anunciaron sus planes comerciales sin hacer caso de la voluntad de Dios. Santiago no reprende a estos creyentes por tener el descuido de no buscar primero la voluntad de Dios sobre el asunto; él simplemente dice que nuestros planes siempre deben estar sujetos a la voluntad soberana de Dios. El Señor está en libertad de ajustarle o cancelarle cualquiera de nuestros planes y el creyente debe vivir en reconocimiento de este hecho. La implicación es que, puesto que ninguno de nosotros puede saber la voluntad de Dios por adelantado, humildemente debemos aceptar Su voluntad cuando queda de manifiesto. Éste es el patrón encontrado en el Nuevo Testamento. En 1 Corintios 7, el apóstol Pablo se ocupa de una de las decisiones más importantes en la vida – el matrimonio.  Qué oportunidad tan perfecta para diseñar los pasos para el discernimiento de la voluntad de Dios. En lugar de eso el apóstol inspirado por el Espíritu Santo, después de algún consejo relacionado con la situación actual, deja la decisión de con quien debería uno casarse ala creyente individual (vv. 8-9, 20-21).  Entonces para completar las cosas, él aun deja la decisión en lo que se refiere a con quien él debe casarse al individuo, con tal de que él se case con otro creyente (v. 39). ¿Por qué el apóstol no aprovechó esta excelente oportunidad para dar los principios para encontrar la voluntad individual de Dios?  Quiero decir, fuera de nuestra relación con el Señor, ¿qué podría ser más importante que el con quien (si alguien fuera) deberíamos casarnos?  Pero encontramos esta decisión dejada al creyente dentro de los parámetros bíblicos.

Conclusión:

Buscar la voluntad individual del Señor está fuera del alcance de la enseñanza del Nuevo Testamento que el Professor Bruce K. Waltke escribió un libro sugiriendo que es básicamente una noción pagana en vez de una bíblica.7 El escribe:

Cuando tratamos de “encontrar” la voluntad de Dios, tratamos de descubrir un conocimiento oculto por actividad sobrenatural. Si vamos a encontrar Su voluntad en una elección específica, tendremos que penetrar la mente divina para obtener Su decisión.  “El descubrimiento” en este sentido es realmente una forma de adivinación. La idea fue común en religiones paganas. De hecho, fue la preocupación de los reyes paganos. Pero esa clase de comportamiento pagano es de la que nos salvó Cristo.8

 

¿Está en lo correcto Waltke o ha exagerado su caso?  Eso puede ser resuelto sólo por un examen de la Escritura. ¡Hasta la próxima!

Traducción: Armando Valdez

[1] Kenneth Silverman, The Life and Times of Cotton Mather (New York: Harper & Row, 1984) p. 173. 

[2] Ibid., pp. 173-190.

[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 35.

[4] Ibid.

[5] Vea Apocalipsis 21:14 el cual fuertemente implica que el círculo íntimo de los apóstoles del Cordero fue limitado a doce.  Los otros individuos mencionados en el Nuevo Testamento como apóstoles (e.g. Bernabé), creo que fueron apóstoles (o enviados) de la iglesia y no fueron al mismo nivel de los Doce.

[6] Vea el artículo previo de Think on These ThingsThe Lord Told Me, I Think,” tratando con esta forma de profecía moderna de hoy.

[7] Mientras que el libro de Waltke Encontrando la Voluntad de Dios,¿ una Noción Pagana? Tiene un número de comentarios penetrantes que no obstante lo encontré en conjunto decepcionante con Waltke a menudo apoyando las mismas cosas que él se dispuso a desmentir.

[8] Bruce K. Waltke, Encontrando la Voluntad de Dios,¿ una Noción Pagana? (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1995),   p. 11.

El Antídoto Divino Contra la Impureza Sexual

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EL ANTÍDOTO DIVINO CONTRA LA IMPUREZA SEXUAL

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Por

Albert N. Martin

Cuando el evangelio llegó al mundo greco-romano en el primer siglo, arribó a un mundo que estaba lleno de nocivo y amargo fruto del paganismo y de la adoración idolátrica. Una de las extensiones más abominables de este amargo fruto del paganismo fue la impureza sexual y la inmoralidad. Parte del ritual de adoración en muchos de los templos paganos involucraba entrar en actos sexuales ilícitos con aquellos que habían sido apartados para esta dimensión de la llamada “adoración de los dioses”.

Siendo estos los hechos, no debe sorprendernos la atención que se presta en el cuidado pastoral de la iglesia primitiva, como aparece en Hechos y en las epístolas, al tema de la impureza sexual. En otras palabras, en la mente de los apóstoles no existía la idea de que este problema de la inmoralidad, impureza y desviación sexual sería automáticamente resuelto doquiera que el evangelio se enraizara en el corazón de un hombre o en medio de un grupo de hombres y mujeres que se constituyeron en una iglesia de Cristo. Antes bien, ellos atacaron el tema directamente en el lenguaje más explícito y con una multitud de perspectivas por las cuales armar al pueblo de Dios para resistir la tremenda presión de avanzar en esta característica dominante de la vida y la religión pagana, llamada impureza sexual.

Por ejemplo, cuando hubo un concilio en Jerusalén en el que la iglesia y sus líderes se reunieron con los delegados de la iglesia de Antioquía, juntamente con los apóstoles, le envió un decreto a todas las iglesias. Estas eran las palabras que tenían que ir a las iglesias de todo el mundo greco-romano: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación [término general para cualquier forma de impureza sexua]; de las cuales cosas sí os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15:28-29).

Nos suena extraño que a estas iglesias infantes se tuviera que dirigir una regulación, no sólo acerca de la libertad cristiana y cosas indiferentes (carne ofrecida a ídolos, animales estrangulados), sino que también necesitaban una directriz específica con respecto a la prohibición de la fornicación. Se tenía que mandar un mensaje a todas las iglesias para que se abstuvieran de la impureza sexual. Tan torpe se habían convertido las conciencias de los hombres de esa generación como fruto de la religión pagana y de la adoración de los ídolos, que el concepto de que la impureza sexual es algo ofensivo a Dios se había borrado de la conciencia de ellos.

Más aún, vemos en un pasaje como 1 Tesalonicenses que aunque Pablo estuvo en la ciudad por un breve tiempo (aproximadamente tres semanas), una de sus notas dominantes mientras estuvo allí dando instrucciones prácticas en cuanto a los frutos del evangelio fue este tema:

“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor (4:1-4).

Vemos que Pablo no se pasó de fastidioso hablando de este tema; no tomó el punto de vista de que el asunto iba a surgir automáticamente bajo la impresión general y el poder del evangelio; antes bien, y como ya hemos indicado, enfrentaron el tema directa y explícitamente.

En un sentido muy real, nosotros, en esta civilización occidental del siglo XXI, hemos degenerado al nivel de las antiguas perspectivas y prácticas paganas como existían en el mundo greco-romano del primer siglo. Y por tanto, como pueblo de Dios, necesitamos desesperadamente tener nuestras mentes y perspectivas apegadas a las Escrituras en este tema de la pureza sexual. Por un lado, todo el sistema del mundo está en contra del criterio de Dios, y no necesito hablar de los detalles para demostrar esa declaración. Vivimos con las evidencias innegables de la verdad de esa aseveración. Sin embargo, al reaccionar en contra de la impureza del mundo, la iglesia del primer siglo fue vulnerable a una perspectiva igualmente impía: el ascetismo. Somos siempre víctimas de los extremos, y en la reacción en contra del hedonismo y la entrega a la sensualidad en el primer siglo, una de las primeras herejías calificada como “doctrina de demonios” fue la idea de que la sexualidad humana era esencialmente impura y que el camino para ser santo era vivir por encima de la expresión de la sexualidad. Por ende, desde una perspectiva pastoral he estado interesado en dirigirme a ustedes con este tema para que nosotros, como pueblo de Dios, podamos estar armados con todo principio y motivación bíblicos posibles que nos guarden de ser absorbidos por la arrolladora corriente de la inmoralidad en nuestros días, y que podamos, por el otro lado, ser guardados de la perspectiva que igualmente deshonra a Dios llamada el ascetismo, que nos introduciría en las llamadas doctrinas de demonios que rebaja todas las facultades y apetitos que Dios nos ha dado.

Si les preguntara cuál es el gran capítulo del amor, espero que ustedes me refirieran a 1 Corintios 13. Si les preguntara cuál es el gran capítulo de la resurrección, espero que me dijeran, 1 Corintios 15. Si fuéramos a hablar del capítulo que traza el panorama de la salvación desde la elección hasta el sello del Espíritu, espero que supieran que es Efesios 1. Pero si les preguntara qué sección de la Palabra de Dios es la cuenca más rica en el NT sobre principios que nos guarden de la impureza sexual, ¿cuál sería su respuesta? Confío que su respuesta sería 1 Corintios 6:12-20. Esta es la destilación más rica de la mente del Espíritu de Dios con referencia al tema de la pureza sexual.

En esta sección de su Palabra, Dios nos da una gran colación de los principios que de ser guardados siempre en oración ante nosotros, pueden ser usados por Dios para ayudarnos a alcanzar una vida de pureza en medio de una época impura.

Cuando Pablo escribió este pasaje, no lo hizo en el vacío. Todo lo que dijo en este capítulo con respecto a cómo podemos huir de la fornicación está unido a la doctrina general de la sexualidad humana. Todas las cosas específicas de los versículos del 12 al 20 encajan dentro del marco general de la enseñanza bíblica respecto a la sexualidad humana. Por ello debemos ver, aunque sea brevemente, este marco general, para así evitar tener una visión distorsionada de lo que el apóstol está diciendo en este pasaje.

TRES REALIDADES FUNDAMENTALES SOBRE LA SEXUALIDAD HUMANA:

Pablo asume tres realidades fundamentales sobre la sexualidad humana:

1. Nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, se origina en Dios y no en el diablo.

Esto lo sabemos de los primeros capítulos de Génesis.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo” (1:27).

Todo lo que está incluido en la masculinidad y feminidad, con toda la capacidad del placer sexual, se originó en la mente de Dios y vino a existencia por la actividad creadora de Dios. Y por ende, el primer capítulo concluye con estas palabras: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (v. 31). Esto incluye al hombre como hombre, con su masculinidad distintiva y sus capacidades masculinas distintivas para el placer sexual, e incluye a la mujer en toda su feminidad y toda su capacidad para el placer sexual. De ello Dios dijo: “Es bueno, me gusta lo que he hecho”.

Si nosotros no comenzamos cualquier discusión de la pureza sexual con este punto, terminaremos en algún error en el camino. Nuestra sexualidad tuvo su origen en Dios y no en el diablo. Esto que leímos en Gn. 1:27 es precisamente amplificado en el capítulo 2. Dios vio al hombre en toda su masculinidad sin su contraparte y dijo: “Le haré ayuda idónea para él” (v. 18). Obviamente Dios hizo a Adán con sus órganos sexuales y su capacidad para el placer sexual; y cuando dijo que iba a hacer su contraparte, no hizo una criatura asexual o andrógena, hizo una mujer con todo lo que constituye una mujer, incluyendo su sexualidad distintiva y capacidad para el placer sexual.

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó al hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (vv. 22-25).

Ellos se vieron a sí mismos como habiendo venido de la mano de su creador en toda la sexualidad plenamente desarrollada de masculinidad y feminidad. Más aún, el relato de la creación no termina poniendo una cortina sobre ellos por su desnudez, sino quitándola. Y esta es la última palabra de la creación prístina y gloriosa: que Adán y Eva se amaban maritalmente sin avergonzarse, y Dios aún sonriendo dijo: “Es bueno, me gusta lo que he hecho”.

Permíteme preguntarte: ¿Tienes algún problema con eso? ¿Te sonrojas y arden tus oídos al escuchar al predicador hablando de esa manera? Todo lo que he hecho es exponer la Biblia brevemente. Si eres más quisquilloso que Dios, necesitas ordenarte; en algún punto tienes manías en tu sique y en tu forma de pensar sobre la dignidad y, reverentemente añado, la majestad de la sexualidad humana.

Todo lo que Pablo dice para ayudarnos a huir de la fornicación en 1 Corintios 6 asume este primer elemento del mayor general de la enseñanza bíblica: que nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, tiene su origen en Dios y no en el diablo. Por tanto, nunca debemos tomar la posición de que el placer sexual es sucio y malo o que es el trato necesario para preservar la raza humana.

En la medida en que ustedes, jóvenes, crecen y se desarrollan, Dios ha ordenado que las muchachas lleguen al punto que digan: “¡Varones, mm!” y los muchachos: “¡Hembras, mm!” Esa percepción y deseo en desarrollo hasta su cumplimiento en la intimidad sexual que emerge de su sexualidad humana, no viene del infierno, ni del abismo, ni del diablo. Viene de Dios, que te hizo a su imagen y semejanza.

2. El Dios que nos concibió en su mente y nos creó con nuestra sexualidad es el único que tiene el derecho de regular sus funciones legítimas.

Antes que el pecado entrara, el hombre no tenía la libertad de regularse por sus impulso y anhelos. Dios les ordenó con revelación proposicional explícita: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Gn. 1:28). Ellos debían tener intimidad sexual, concebir y tener hijos por mandamiento divino. En el capítulo 2 se presenta que fueron unidos en la intimidad total de la unión sexual por la misma mano de Dios. Él es el único que tiene derecho de regular las funciones legítimas de nuestra sexualidad. No debemos regular sus funciones por el consenso de la sociedad ni la opinión de los llamados “expertos”. Él ha expresado claramente, tanto en los relatos de la creación como en la economía mosaica, que él tiene el derecho de regular la actividad sexual del hombre. Vemos en todas las regulaciones levíticas cómo Dios metía sus narices en toda la vida sexual de su pueblo, dándoles directrices específicas sobre muchos detalles acerca de cómo debían conducirse. Muchas de esas cosas no tienen aplicación para nosotros; eran parte de su sistema de tipos y sombras. Pero el principio es éste: Cuando Dios hizo pacto con su pueblo, él dice que parte de ese arreglo pactual es: “Yo tengo el derecho de regular los detalles de sus actividades sexuales”. Por eso vemos en el decálogo la expresa prohibición: “No cometerás adulterio” (Ex. 20:14). Solo el Dios que nos hizo tiene el derecho de regular las funciones legítimas de nuestra sexualidad.

3. El Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea consumada gozosamente en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio.

Pablo presenta esto abundantemente claro en 1 Corintios 7. Comienza diciendo que “el marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido” (v. 3). Debe haber respeto de las necesidades mutuas. Dentro de los límites del matrimonio tiene que haber esa autoentrega frecuente que satisface esas necesidades.

“Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (Pr. 5:18-19; Biblia de las Américas).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla” (He. 13:4)

La Escritura enseña claramente que el Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea gozosamente consumada en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio. Si tienes problemas con mis palabras, hay algo extraño en tus pensamientos sobre la sexualidad humana. ¡Gozosamente consumada! No el mero cumplimiento de un deber para que el hombre no vaya a otra mujer. Esa es la perspectiva de algunas mujeres cristianas: “Si me quieres, aquí estoy, así que si vas y persigues a otra mujer, no me culpes”. Ese no es el concepto de la Biblia. Lee Cantar de los Cantares, y también Proverbios 5.

Dije también “generalmente”. Algunas veces nuestra sexualidad debe ser sublimada en soltería impuesta sobre nosotros por la providencia divina. Algunas veces debe ser subyugada para fines más elevados (1 Corintios 7 habla de esto). Por eso hablé de “generalmente”. Usé mis palabras cuidadosamente y con propósito.

Con esos conceptos fundamentales condicionando todo lo que sigue, comencemos a considerar siete trompetazos que nos llaman a una vida de pureza sexual. Para cambiar la ilustración, miremos a las siete murallas que por la gracia de Dios podemos construir a nuestro alrededor para mantenernos limpios de una vida de impureza sexual.

SIETE MURALLAS CONTRA LA IMPUREZA SEXUAL:

1. Debo tener la convicción de que un patrón o estilo de vida de impureza sexual me excluirá del cielo.

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:9-11).

“No os dejéis engañar”, cualquiera cuyo estilo de vida esté marcado por impureza sexual de cualquier tipo está excluida del cielo. ¿Cómo podemos permanecer firmes? Tenemos que poseer esta convicción grabada en la profundidad de nuestra alma por el poder del Espíritu Santo: El patrón o estilo de vida de impureza sexual, me excluirá del cielo y me arrojará al infierno. Debes comenzar con este principio fundamental.

Pido a los jóvenes que me escuchen. Todos a su alrededor están diciendo: “Todos lo hacen; no hay nada de malo en ello”. Alguno dirá: “Si el predicador está enseñando que mi sexualidad es un don de Dios y que no es sucio, ¿por qué debo esperar cuatro, cinco, seis, ocho y diez años hasta que Dios me dé un esposo o una esposa?” Te diré por qué – porque el Dios que te hizo dice que debes hacerlo. Si te entregas a un patrón de impureza sexual y continúas impenitente en ese estado, éste te llevará directamente al infierno.

Cuando ustedes, muchachos, llenos de curiosidad sobre cómo luce una mujer, vayan a la tienda a buscar algo para sus padres, y vean esas revistas satinadas con mujeres, ¡no se acerquen a esa suciedad y asquerosidad! Escuchen a su pastor. Ese puede ser el primer estirón de brazo, la primera visión de pornografía que puede ser el anzuelo con que el diablo puede eventualmente atarte con cadenas y causar que tenga una vida cristiana miserable. Aun si no eres cristiano, dí “¡no! no tengo nada que ver con ello.” Huye de eso como si huyeras del infierno mismo.

Si alguien se acerca a ustedes, muchachas, y les dice: “Mira, esta novela romántica es tremenda, debes leer esto” – novelas llenas de descripciones de besos apasionados y todo lo demás, que parecen tener romances inocentes; no es así, están calculadas para despertar en ti deseos y apetitos que están empezando a emerger en tu mente, alma y cuerpo juvenil; y no debes tenerlos despiertos, porque así te harás más vulnerable. Oh, jóvenes y preciosas vírgenes, deseo que tengan el gozo que mi hija tendrá dentro de veinte días, parándose ante la iglesia como una virgen pura para entregarse a su marido. Deseo que tus padres sientan el gozo que tendrá al entregar una hija que ha sido guardada. Eso no quiere decir que los de ustedes que pasaron por el camino del libertinaje son rechazados por nosotros. El próximo versículo dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (v. 11). Hay algunos de aquí que dirán: “Oh, si hubiera oído esa advertencia antes. Fui ciado en un hogar en el que se me decía que el sexo es sucio, y en mi curiosidad y pubertad me metí en cosas en las que nunca debí meterme. No puedo dar marcha atrás. ¿Hay esperanza para mí?” Sí, había corintios que llegaron a introducirse en los templos y participaron de esa adoración de los dioses paganos donde hombres se asociaban con prostitutas del templo: mujeres con mujeres, mujeres con hombres. Había personas sentadas en la iglesia cuando Pablo escribió la epístola que sabían muy bien en qué consistía esa adoración pagana. “Y esto erais algunos”.

Y si en este momento está inmerso en un curso de impureza sexual de cualquier tipo, escucha: “No os dejéis engañar” (Biblia de las Américas). No te dejes engañar por lo que el mundo está diciéndote: “Todo está bien”. No te dejes engañar por lo que muchas llamadas iglesias cristianas están diciéndote: “Todo está bien”. Las preferencias sexuales no son un asunto de libertad. El curso de actividades sexuales contrarias a la voluntad de Dios sin arrepentimiento te llevará directo al infierno. Necesitamos cargar nuestras conciencias con esa verdad día tras día. Nunca la quites de tu conciencia hasta que llegues al cielo. Allá podrás no temer de la impureza sexual. Pero hasta que llegues allá, continúa cargando tu conciencia con esa verdad. Pablo sabía que los corintios la necesitaban; y estaba escribiendo a una iglesia de personas que profesaban ser discípulos.

No jueguen, jóvenes. No digan: “Yo sé hasta dónde llegar”. Si comienzas a jugar con tus pasiones y a debatir con tus hormonas, vas a perder el debate; y todo lo que obtendrás será una conciencia sangrante y la pérdida de la pureza, y en muchos casos, una esclavitud miserable. Si tuviera libertad de hablarte sin vergüenza ni indiscreción, no creerías lo que puedo narrarte sobre lo que he tenido que escuchar en mi estudio en el curso de los años, sobre la horrible esclavitud de la pornografía y perversiones de todo tipo. Le he dicho más de una vez a mi esposa: “Oh, querida, si pudiera regresar a la inocencia de mis veinte”. El cuarto de consejería ha sido una horrible educación sobre lo que pasa cuando los cristianos se descuidan y no cargan sus conciencias con esta tremenda verdad fundamental. “Ese camino lleva al infierno. Yo voy al cielo. No voy a caminar en él, ni a mirar en su dirección, ni a jugar con él; le daré la espalda. Mi rostro mira a Dios, a Cristo, al cielo, a la pureza y a la santidad”. Como hombre casado puedo disfrutar a plenitud la gozosa entrega del amor marital santificado. Como mujer cristiana puedo disfrutar la gozosa entrega de amor con el esposo que Dios me dio. Y si estoy desprovisto en este momento de un esposo o esposa, puedo conocer la consoladora promesa de Dios: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Co. 10:13, Biblia de las Américas).

Nadie necesita ser sexualmente impuro por la razón de que tenga impulsos sexuales. El camino a la pureza no es negar la realidad de esos impulsos; es encontrar gracia en Jesucristo para encausarlos por los canales ordenados por el Dios vivo.

2. Debo tener la convicción de que mi cuerpo, incluyendo mis partes y capacidades sexuales, existe para el servicio del Señor.

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Co. 6:12-13).

Algunas personas dicen: “Tengo un estómago; le da hambre; Dios hizo los alimentos para satisfacer esa necesidad, por ello las viandas son para el vientre y el vientre para las viandas. Así también tengo un cuerpo, el cual tiene apetitos y capacidades sexuales, por tanto tengo que satisfacer esos apetitos del modo que yo escoja, ¿no es así?”

“No”, dice Pablo. Ese paralelismo es incorrecto. El cuerpo no se hizo para la impureza sexual, sino para el servicio de Dios, y el Señor es para el cuerpo. El paralelismo no es apetito sexual-fornicación, fornicación-apetito sexual, sino apetito sexual canalizado para el servicio del Señor y el Señor comprometido con el cuidado y la preservación del cuerpo, incluyendo sus partes y capacidades sexuales. ¿Y cómo sabemos eso? “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder”

(v. 14). A Dios le servimos en el cuerpo ahora y en el mundo venidero. De lo que sé de las Escrituras, nuestro cuerpo no es para la fornicación, sino para el servicio del Señor.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1)

¿Le has dicho al Señor: “Oh, Señor Jesucristo, quiero que este cuerpo sea para tu servicio. Quiero que todas sus facultades, capacidades, fuerza y energía se gasten haciendo tu voluntad”? No pongas entre paréntesis tus facultades sexuales. No debemos pensar como paganos, sino como cristianos. Presenta todo tu cuerpo. Debes tener la convicción de que tu cuerpo, incluyendo sus capacidades y órganos sexuales, existen para el servicio de Dios. Encontrarás como un gran medio de la gracia el desarrollar el hábito cada día de consagrar ante él todos los miembros de tu cuerpo, especialmente a la hora del baño, estando en completa desnudez entre tú y Dios. “Señor, toma mis ojos; que sólo miren las cosas que te agradan. Toma mis oídos; así como los limpio ahora con agua y jabón, límpialos de todo lo que han escuchado que no debieron. Toma mis manos para que hagan tu voluntad”. Y así presentas a Dios todo lo que eres y desarrollas el pensamiento de que el cuerpo sirve para el servicio de Señor, incluyendo sus capacidades sexuales.

¿Pueden ver, jovencitas, qué gran incentivo es éste para que se mantengan puras? Puede que un joven empiece a mostrar interés en ti; y quizás él no esté bien instruido en las Escrituras. [La gracia no niega la existencia de las hormonas]. Cuando él vaya a tomar libertades que no le son debidas, dile con misericordia: “Juan, Pedro, Miguel (cualquiera sea su nombre)…este cuerpo existe para el servicio del Señor. Esas partes que tú deseas tocar y tentar son territorio prohibido. Están guardadas para la hora en que en el servicio a Cristo pueda entregarlas gozosamente al hombre que Dios me dé como esposo”.

¿Has encontrado eso ofensivo? ¿Encuentras chocante que alguien te hable así en una asamblea cristiana? A Pablo aparentemente no. Porque en el contexto de urgirles a huir de la fornicación, les dio este tremendo segundo incentivo; el conocimiento y la convicción de que sus cuerpos, incluyendo sus partes sexuales, existen para el servicio del Señor.

¿Ven lo contrario que es esto al pensamiento del mundo? El mundo dice: “Ese cuerpo es mío; es mi propio terreno de juego, y es asunto mío el cómo lo use”. Esa es la filosofía del mundo; pero no es cierta. Dios hizo el cuerpo; es su dueño por creación, y como dice al final del pasaje, le pertenece a Dios por redención. Necesitas pensar como Dios dice que eres en realidad.

3. Debo tener la convicción de que mi unión con Cristo incluye mi cuerpo, y que no es cancelada ni suspendida en una experiencia sexual ilícita.

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo” (v. 15).

Pablo está aseverando y asumiendo que la doctrina de la unión del creyente con Cristo incluye el cuerpo. Tú y yo, que somos el pueblo de Dios, unidos a Cristo por la fe, estamos unidos a él en la totalidad de nuestra humanidad – cuerpo y alma – de una forma que no podemos entender ni expresar con precisión. Nota lo que Pablo dice: “¿No sabéis que vuestros cuerpos [incluyendo esas partes que son empleadas en las relaciones sexuales] son miembros de Cristo?” ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo [los que están en unión con el puro y santo Hijo de Dios en el privilegio redentor] y los haré miembros de una ramera?” ¡Tal pensamiento es detestable! Cuando un creyente tiene una experiencia sexual ilícita, su unión con Cristo, incluyendo su cuerpo, no es cancelada ni suspendida. Ese es el horror de la impureza sexual. Cuando un creyente cae en este tipo de pecado, una de las marcas de su caída es que él quitó deliberadamente en su mente el pensamiento de esta realidad.

El tener tal pensamiento ante nosotros nos impedirá entrar al templo pagano, pasar quince minutos con las prostitutas y quitarnos los miembros de Cristo y hacerlos miembros de una ramera. Alimenta tu alma de la realidad de tu unión con Jesucristo. Es sólo cuando te olvidas de esa realidad que eres vulnerable a los pecados de la impureza sexual.

4. Debo tener la convicción de que no existe la actividad sexual casual y sin compromiso.

“¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”

(vv. 16-17).

No olvidemos las implicaciones. La idea del sexo recreativo, casual y sin compromiso no es algo que comenzó ahora; es una reversión del concepto greco-romano que regía en los días de Pablo. Pero su enseñanza aquí enfatiza que tal cosa no existe. Si pasas quince minutos con las prostitutas del templo, vienes a ser un solo cuerpo con ella; se efectúa una atadura misteriosa con esa intimidad sexual.

¿De dónde sacas eso, Pablo? Lo obtuve de la institución original de la sexualidad humana en Génesis

2:24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Cuando dos personas, en compromiso mutuo, consumen, celebran y demuestran sacramentalmente ese compromiso en el acto sexual inicial, esa es la consumación del matrimonio; y dentro de la relación matrimonial cada encuentro sexual entre el esposo y la esposa debe ser una afirmación de ese contexto total.

Pablo, al repetir la última frase, está diciendo que aun la intimidad sexual que se sostiene fuera del contexto del compromiso mutuo de por vida, no niega de ninguna manera el nivel misterioso que está involucrado en la intimidad sexual. Si vamos a ser guardados de la presión que nos rodea en el área de la inmoralidad sexual, debemos tener la convicción de que no hay tal cosa como actividades sexuales recreativas, casuales y sin compromiso. Tal cosa es imposible.

Queridos jóvenes, escúchenme. Hay muchos adultos en esta congregación que hubieran deseado creer esto antes de creer en la mentira de que podían dar rienda suelta al sexo recreativo, casual y sin compromiso, porque los fantasmas de esas intimidades estarán con ellos hasta la tumba. Y aunque sepan, el v. 11, que han sido lavados, santificados y justificados, nunca pueden borrar a plenitud los remanentes de la unión que ocurre en las intimidades sexuales ilícitas, porque Dios ha ordenado que esas relaciones nunca sean recreativas, casuales y sin compromiso. Y no hay libros ni charlas que puedan cambiar esa institución divina.

5. Debo tener la convicción de que la impureza sexual es una forma única de autodestrucción.

“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (v. 18).

La declaración “cualquier otro pecado está fuera del cuerpo” no debe ser tomada en abstracción como una aseveración absoluta. La codicia no es cometida fuera del cuerpo, sino en el corazón. El orgullo, la envidia y los celos no están fuera del cuerpo. Lo que creo que Pablo está diciendo es que toda forma de pecado que sea de manera particular un pecado fuera del cuerpo, viene de fuera del cuerpo. ¿Cuáles son esos pecados? Las borracheras, ese pecado que hace tanto daño al cuerpo, vienen de fuera del él. La Biblia pone la glotonería en el mismo tipo de pecado que la borrachera, y lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Las personas cavan su propia tumba con los dientes, por los resultantes paros cardíacos, hipertensión arterial y todos los demás frutos físicamente destructivos de la glotonería. Pecan contra sus propios cuerpos por la comida que viene fuera de éste. La glotonería es altamente destructiva para el cuerpo.

Pero lo que Pablo está diciendo es que, entre los pecados que destruyen el cuerpo, el de la impureza sexual es único. Son sus propios apetitos y órganos sexuales los que involucrados en un uso ilegítimo se convierten en su propia destrucción. Las mismas capacidades dadas por Dios vienen a ser nuestros asesinos y destructores.

Salomón advirtió a su hijo de uno de los resultados de acercarse a una ramera: su cuerpo quedaría consumido (Pr. 5:11). No se puede hablar de las “víctimas” del sida, la gonorrea y la sífilis, sino de los justos recipientes del juicio de Dios. Amigo, aunque no seas cristiano, es de tu interés personal evitar la impureza sexual. Y si tú, hijo de Dios, quieres, al igual que Pablo, que Cristo sea magnificado en tu cuerpo, debes orar para ser librado de la impureza sexual.

6. Debo tener la convicción de que mi cuerpo es el santuario mismo de Dios por un acto soberano de la gracia y el poder de Dios.

“O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios?” (v. 19a)

En este versículo hallamos dos verdades: (a) El cuerpo es el santuario mismo de Dios, y (b) éste ha sido constituido así por la actividad soberana y la gracia de Dios.

Cuando Dios intervino redentoramente en nuestras vidas no dijo que habitaría en todo nuestro cuerpo, excepto en las partes privadas y órganos sexuales. El Espíritu Santo mora en la totalidad de tu humanidad redimida; el cuerpo es convertido en el santuario de Dios. Dondequiera que vayas, allí va Dios, porque eres el lugar de su morada. Él ha prometido que habitaría en el corazón del humilde y contrito de espíritu. La bendición que corona el nuevo pacto es que quitaría nuestro corazón de piedra, nos daría uno de carne y colocaría su Espíritu dentro de nosotros. ¿Y de quién obtuvieron esto? “El cual tenéis de Dios.” Esto es así porque Dios vino a ti cuando tu cuerpo y alma no eran otra cosa que el santuario y hogar de las influencias demoníacas del paganismo. “Esto erais algunos”, con sus cuerpos y almas ardiendo con pasiones ilícitas; entregados a un curso de autodestrucción que les dirigiría al infierno. ¿Y qué pasó? Dios hizo que el evangelio llegara a ustedes, abrió sus ojos enceguecidos y sus sordos oídos, y les capacitó para abrazar a su Hijo, y al hacerlo, puso el Espíritu de adopción dentro de ustedes, “el cual tenéis de Dios”, en gracia y misericordia.

¡Qué profanación tan horrible del templo santo! ¿Ven cómo la motivación de la gracia es más poderosa que cualquier mandamiento? El apóstol hubiera podido simplemente presentar las implicaciones del séptimo mandamiento, pero no hace eso. Utiliza un antídoto lleno de motivaciones evangélicas y realidades redentoras.

Tú y yo necesitamos aprender a vivir con esa convicción; decirnos a nosotros mismos cada mañana al levantarnos; “Este cuerpo es el santuario de Dios, y es así por la gracia soberana de Dios”.

7. Debo tener la convicción de que mi cuerpo, incluyendo mis órganos sexuales, es la propiedad adquirida de Cristo.

¿… Y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio” (vv. 19b-20a).

Ahora Pablo toma la cruz y la planta justo en medio de este problema de inmoralidad en Corinto. “No sois vuestros”, no solamente porque fueron creados por otro, sino porque fueron comprados. Tal es el lenguaje de la redención. El precio nos lo dice Pedro: “No con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

El apóstol les dice: “¿Cómo podéis acercarse al templo donde están esas prostitutas, ustedes que invocan a Cristo?” En lenguaje actual; “¿Cómo podéis estar en el asiento trasero de un automóvil y utilizar sus cuerpos como terreno de juego?”

O tú, hombre de negocios, ¿cómo puedes convencerte de tener sexo recreacional ante la excusa de que “Dios entiende que todos los hombre tienen necesidades”? ¿Cómo puedes hacerlo, sabiendo que todo lo que eres es propiedad del Dios encarnado? ¡Qué implicaciones tiene esto!

Jóvenes, entienda esto: la gracia no neutraliza las hormonas. La gracia batalla contra el pecado, no contra la naturaleza. Cuando en la providencia de Dios tienes el privilegio de comenzar a desarrollar una relación con un joven o una joven, y encuentran que sus intereses comunes son el deseo de agradar a Cristo; y entonces comienzan a ver que hay otros intereses comunes por los que se atraen, es inevitable (a menos que por algún lado haya un corto circuito y algo tenga que ser enmendado) que habrá una búsqueda por los primeros niveles de intimidad: el tocarse, agarrase las manos, los brazos, los besos. Luego surgirán los anhelos por plenas y largas expresiones de intimidad. ¿Qué es lo que les librará del sexo prematrimonial? El hecho de que seas cristiano no es una garantía en sí misma, porque hubo cristianos en Corinto que cayeron en este pecado. Lo que te librará, por la gracia de Dios, será esta convicción: SOY PROPIEDAD REDIMIDA DE CRISTO.

Cuando el joven, en su debilidad, permite que sus deseos naturales dados por Dios se exceden de los límites de una conducta decorosa y comienza a manosear donde no debe, tu responsabilidad es decirle: “Juan, Pedro (cualquiera sea su nombre), tú sabes que creo haber empezado a amarte, y que busco a honrar a Dios en nuestra relación, lo que buscas tocar no es tuyo ni mío, estos senos fueron comprados en la cruz de Cristo para ser guardados hasta el día de bodas, cuando pueda con gozo presentárselas a mi esposo; y si ése eres tú, quiero ser capaz de hacerlo con buena conciencia. Son propiedad de Cristo; no tengo ningún derecho de dártelos”.

Y si una joven te dice; “Tú no confirmas tu amor en la manera en que los otros lo hacen”. Necesitas decirle a la jovencita María: “No hay nada que ame más que abrazarte, besarte y tocarte, pero mis manos no son mías, fueron compradas por precio. Mis labios no son míos, fueron comprados por precio. Y los estoy preservando conforme a las directrices del dueño, hasta que los pueda entregar a la esposa escogida de Dios. Y hasta ese día no voy a violar los derechos del dueño.”

¿Suena eso cruel e irracional? ¿De qué otra forma podemos interpretar el pasaje? “No sois vuestros”. ¿Cuál es el contexto? No es una lección general sobre santificación o dedicación, sino el del antídoto contra la impureza sexual. Es el reconocimiento de que no soy mío, de que fui comprado por precio, lo que Dios utiliza para preservarme. Eso es lo que guardará a una pareja a través de todas las vicisitudes de una larga vida juntos, aun cuando es perfectamente posible que parejas felizmente casadas experimenten infatuación con otras personas y tener las hormonas procurando profundamente “carne extraña”. La gracia no te inmuniza contra ese fenómeno peculiar llamado infatuación.

¡Cuánto se necesita tener la convicción de haber sido comprados por Cristo en esta generación que piensa que si algo se desea entonces es correcto! Una vez me haya comprometido con un esposo o esposa, debo mantener sagrada toda dimensión de erotismo para ser canalizada sola, total, plena y gozosamente a mi esposo o esposa, pero a ellos y sólo a ellos. No debe haber fantasías de la mente dirigidas a ninguna otra mujer u hombre, NADA QUE CONLLEVE ESTIMULACIÓN ERÓTICA. Todo debe ser guardado 100% al cónyuge dado por Dios.

Planta la cruz en medio de tus hormonas y ora que Dios haga que la cruz crezca y florezca en medio de ellas.

CONCLUSIÓN

Este es el antídoto Pablo ofrece con sus siete ingredientes mezclados. Y en medio de ellos incluye dos imperativos: uno es negativo y el otro positivo. En el v. 18 dice: Huid de la fornicación”. Algunas partes de la Biblia nos llaman a resistir ciertas cosas. Pero cuando se habla de impureza sexual, Dios dice CORRE. Ni siquiera permanezcas debatiendo el asunto. Conocemos el ejemplo clásico: José. Creo que fue en cierto modo ingenuo. La primera vez que la esposa de Potífar le sugirió algo, debió ir donde su esposo y decirle: “Tu mujer puso sus ojos en mí, y antes de que algo suceda y quede atrapado en una situación embarazosa, habla con ella o trasládame a otro lugar”. Creo que fue ingenuo en dejar que las cosas pasaran día tras día tras día. El hecho es que no sucumbió; huyó y fue puesto en prisión. [Es mejor ir a la prisión con una buena conciencia que caer en el corazón de una relación ilícita, porque la Escritura dice que el pecado te seguirá y te hallará]. “El que encubre sus pecados, no prosperará” (Pr. 28:13). Huye de la impureza sexual – eso incluye todo lo que alimente los deseos eróticos.

Alguno dirá: “Pero es que si huyo de todo, la gente pensará que estoy loco. Ni siquiera podré ver televisión, porque encuentro que hasta los comerciales son eróticos. Me avergüenzo aun decírselo a mi esposa”. Amigo, avergüénzate y díselo, si así tienes que hacer lo que la Biblia dice de huir de la fornicación: “No puedo ni siquiera ver la revista Time. Pues no lo veas. No andes quejándote de tus fracasos, ¡huye de la fornicación! Si tienes que evitar personas, evítalas. El hecho es que el antídoto de este texto sólo funciona mientras se está corriendo.

Huir es el mandamiento negativo. El apóstol concluye entonces en el positivo: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”. No es suficiente llegar simplemente al final de la semana y decir: “Lo logré, ninguna fornicación”. Debe ser un compromiso positivo con la glorificación de Dios en mi cuerpo. La mejor manera de vencer un pecado es encaminarnos en dirección opuesta por la senda de justicia. El que tenga ese compromiso será el menos vulnerable a las actividades sexuales ilícitas.

Glorificar a Dios en nuestro cuerpo significa que aceptamos la descripción divina del origen de nuestra sexualidad. No nos avergoncemos de ella. Si no tienes la visión divina de la sexualidad no vas a presentar el asunto en oración a Dios. Te avergonzaría el hacerlo.

Preséntale tu cuerpo como un sacrificio vivo (Ro. 12:1). Preséntale tus mismos miembros a Dios (Ro. 6:19). Desde la cabeza hasta los pies, presenta toda la facultad en consagración sagrada y pídele que guarde tus miembros de ser utilizados para la injusticia. Eso es lo que significa glorificar a Dios en el cuerpo.

Si eres casada, harás lo que dice en 1 Corintios 7 y Proverbios 5, con gozo te entregarás a tu marido, porque eres un gran preservativo contra la impureza sexual, y si retienes lo que le es debido, vivirá en vulnerabilidad.

E igualmente ustedes, maridos, aprendan a entender las necesidades de la esposa. Comunícate con ella con respecto a su sexualidad. ¿Estás satisfaciendo sus necesidades? Discute esto libre y abiertamente; oren juntos sobre ello. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos.

A los que no están casados, vayan a Dios y digan: “Señor, me hiciste con estos deseos y apetitos, pero en tu providencia no me has dado el canal de la realización normal. Dame gracia para contenerme y ser puro. Dame gracia para no aceptar la filosofía del mundo”. Eso es lo que significa glorificar a Dios en tu cuerpo.

Esto que hemos visto es la aplicación del evangelio al problema de la impureza sexual. Enfatizo esto porque si no eres cristiano, si no eres alguien en quien mora el Espíritu Santo, si no eres unos a quien el pensamiento de Cristo crucificado es una fuerte motivación para resistir todas las presiones del mundo y de tu propia carne, hay pocas probabilidades de que puedes mantenerte sexualmente puro en esta era. Si un creyente necesita todas las motivaciones y dinámicas del evangelio para poder hacerlo, ¿qué esperanza hay para ti si no eres cristiano? Huye a Cristo para que seas de él, para que puedas ser guardado del estilo de vida que te llevará al infierno.

Y tú, hijo de Dios, “el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Si piensas que no necesitas todos los ingredientes de este antídoto, Dios te puede hacer aprender hasta las amarguras de tu alma lo insensato que eres. Que Dios nos ayude a brillar como luz en medio de una generación inmoral, mostrando que el antídoto de Dios es suficiente para guardarnos puros en una época impura.

El autor es pastor de

Trinity Baptist Church Montville, New Jersey

La Perspectiva Bíblica de la Autoestima

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La Perspectiva Bíblica de la Autoestima

por

Jay E. Adams

1 Amarás… ¿como a Ti mismo?

Los cristianos que han propagado estas enseñanzas de la “autoestima” hacen una exposición poco convincente al encontrar prácticas y principios de autoestima en la Biblia. Mientras que admitimos que fueron los psicólogos incrédulos los que tomaron la delantera, han hecho todo intento posible por obtener cierto apoyo bíblico. Las Escrituras son registradas de arriba abajo y los versículos son torcidos con el propósito de dar cierta clase de credibilidad bíblica a la teoría. Pero la Biblia es usada no para descubrir lo que Dios tiene que decir o lo que debemos creer; sino que, la perspectiva ya ha sido llevada a la Biblia cuando la búsqueda bíblica comenzó.

Esta metodología es siempre peligrosa. No obstante ha sido la especialidad de los cristianos que son psicólogos: adoptar un sistema pagano; luego se menciona la Biblia para apoyarla. Primero fue la perspectiva de Freud sobre la “identidad” que se suponía que se aproximaba a las enseñanzas de la Biblia sobre el pecado original. Luego, desde que Jung hizo declaraciones religiosas hoy y entonces, se dijo que el estaba “cercano” al cristianismo. (Por supuesto, que su pensamiento abiertamente se basaba en tales puntos de vista “religiosos” como aquellos encontrados en el Libro Tibetano de los Muertos fueron raras veces mencionados.) Luego, los puntos de vista de Carl Rogers sobre el escuchar y la aceptación fueron fácilmente comparadas a las ideas bíblicas (aun cuando declaraciones en Proverbios 18 y a otros lugares se oponían al pensamiento Rogeriano y a la práctica en ambas áreas). Luego el conductismo de Skinner fue conformado con declaraciones bíblicas acerca de la recompensa y el castigo (sin notar el hecho de que lo más reciente está condicionado por el programa de recompensa y castigo de Dios, y por consiguiente es totalmente diferente). Ahora, como la última moda pasajera, es el dogma de la autoestima que se dice ser similar o idéntico a la doctrina bíblica.

Esta inclinación por “encontrar” las últimas ideas psicológicas en las Sagradas Escrituras es peligrosa para varias razones:

1 La perspectiva extrabíblica recibe autoridad bíblica a los ojos de muchos cristianos. Para contestar la pregunta con la cual este capítulo comenzó, la razón por la que tantos cristianos son conducidos a la aceptación de puntos de vista psicológicos es que a estos puntos de vista se les da un molde bíblico y son apoyados por pasajes bíblicos que han sido torcidos fuera de su contexto y los han obligado a dar un servicio que nunca se pretendió que hicieran. Desafortunadamente, muchos cristianos son conducidos engañosamente a pensar que la Biblia realmente enseña cosas así.

2 Dios es tergiversado. Esto, claro está, es el hecho más peligroso de todo. Que los psicólogos cristianos (pocos de los cuales toman tiempo para volverse competentes en una exégesis seria) puedan utilizar la Palabra del Dios vivo en una moda tan arrogante como algunas veces lo hacen, y que cristianos sin discernimiento acepten fácilmente sus interpretaciones es tanto aterrador como abrumador. Los pasajes son distorsionados y malversados con descuido; a las Escrituras se les hacen decir lo que el intérprete quiere que ellas digan; y la Biblia, como si estuviera hecha de cera, es moldeada para que se ajuste a la última moda pasajera. Hay una cierta falta de reverencia evidente hacia Dios mismo en este proceso.

3 Cualquier sistema que se propone solucionar problemas humanos sin la Biblia y el poder del Espíritu Santo (como todos estos sistemas paganos lo hacen, incluyendo el sistema de la autoestima) es automáticamente condenado por la Sagrada Escritura misma. Ni Adler ni Maslow profesaron una fe cristiana. Ni su sistema depende en alguna manera del mensaje de salvación. Amor, gozo, paz, etc., son tratados como si no fueran fruto del Espíritu sino meramente el fruto de correctas perspectivas del yo que alguien puede lograr sin la Biblia o la obra del Espíritu en su corazón.

Por estas razones el sistema de la autoestima con sus correspondientes afirmaciones bíblicas debe ser rechazado. No proviene de la Biblia; los cristianos llamaron a la Biblia mucho después de que el sistema fuera desarrollado por otros que no tuvieron la intención de basar su sistema en la Palabra de Dios. Cualquier parecido entre la enseñanza bíblica y la enseñanza de los iniciadores de la autoestima son tanto inventados como accidentales.

Pero, debido a que los cristianos han tratado de hacer un caso bíblico para este substituto no bíblico de la forma en que Dios ayuda a los hombres, debemos tomar una postura firme sobre los pasajes principales que han sido metidos a la fuerza a disposición. Hay tres: 1) Mateo 22:36-40, 2) Romanos 6/Colosenses 3, y 3) Santiago 3:9.

Mateo 22:39b

Conjuntamente con estos versos, también tendremos necesidad de observar el pasaje paralelo en Lucas 10:25-37.

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. – Mateo 22:36-40

Para los propósitos de nuestro debate, el verso más importante es Mateo 22:39b: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Este es probablemente el verso más citado por los defensores de la enseñanza de la autoestima. Trobisch, por ejemplo, le llamó una “orden de amarse a usted mismo,” [1] y dice:

El autoestima es así el prerrequisito y el criterio para nuestra conducta hacia nuestro prójimo. [2]

¡Esa es una declaración asombrosa! ¡Trobisch no nos dice sólo que Jesús nos ordenó amarnos a nosotros mismos, sino que no podemos amar a nuestro prójimo correctamente a menos que primero aprendamos a amarnos a nosotros mismos porque el criterio, o estándar, por el que determinamos decidir cómo amar al prójimo es cómo nos amamos a nosotros mismos!

Él tiene la temeridad para decir, “esto [el hallazgo de la psicología moderna de que el hombre debe procurar amarse a sí mismo] derrama luz nueva sobre el mandato que Jesús enfatizó colocándolo en el mismo orden de importancia que el amar a Dios”. En otras palabras, ¡Trobisch piensa que hasta que los psicólogos modernos descubrieron la verdad en otro lugar: este importante mandato bíblico – en este aspecto nuevo muy importante – estaba escondido y que no estaba correctamente comprendido! ¡Por casi 2000 años la iglesia había estado en tinieblas!

En verdad, el verso no dice nada sobre eso. Considere los hechos. Primero, que no hay ningún mandamiento aquí (o en cualquier otra parte de la Biblia) de amarse a sí mismo. ¿Le asombra eso? Escuchando hablar a los líderes de la imagen propia, usted pensaría que la Biblia contiene algo de eso. Pero de hecho no hay ningún mandamiento aquí o en otro lugar en la Escritura de amarse a sí mismo.

Cristo lo dejó perfectamente claro que él hablaba acerca de dos, y sólo dos mandamientos. En los versículos 39 y 40 El habla del “segundo” mandamiento y de “estos dos mandamientos”. No hay un tercer mandamiento. Toda la Sagrada Escritura puede ser colgada en dos clavijas: Amar a Dios y amar a su prójimo. ¡Pero las personas de la autoestima crean tres mandatos de Cristo de estos dos! No hay absolutamente ninguna excusa para tratar las Escrituras de esta manera.

Como si tal distorsión de la enseñanza francamente bíblica no fuese suficiente, van más allá y hacen los primeros dos mandatos depender de un supuesto “tercer” mandato. Según el grupo Adler/Maslow, las necesidades de bajo nivel deben ser satisfechas antes que las necesidades de nivel alto. Esto quiere decir que las necesidades de nivel 4 (la autoestima) deben ser suplidas antes que las necesidades de nivel 5 (auto-realización) lo puedan ser. O, para ponerlo en términos del versículo que está siendo forzado a entrar en el sistema Adler/Maslow, usted no puede amar a su prójimo (una actividad de nivel 5) hasta que usted primero aprenda a amarse a usted mismo (una actividad de nivel 4). Por esto es que Trobisch sostiene que “que el amor propio es así el prerrequisito” para amar a su prójimo. Él procede a decir:

Usted no puede amar a su prójimo, usted no puede amar a Dios a menos que usted primero se ame a sí mismo…Sin amor propio, no puede haber amor para los demás. [3]

Esta forma de pensar no es limitada a Walter Trobisch. Recuerde la declaración de Crabb sobre el asunto:

Para ser equilibrado, usted debe alcanzar la etapa de auto-realización. Para alcanzar esa etapa usted debe pasar primero a través de las otras cuatro etapas…. [4]

Ahora escuche a Philip Captain:

Realmente nuestra habilidad para amar a Dios y amar a nuestro prójimo es limitada por nuestra habilidad para amarnos a nosotros mismos. No podemos amar a Dios más de lo que amemos a nuestro vecino y no podemos amar a nuestro prójimo más de lo que nos amamos nosotros mismos. [5]

Captain aun pule la jerarquía con una distorsión suya: El amor hacia Dios está bajo la dependencia del amor hacia el prójimo, lo cual a su vez está bajo la dependencia del amor hacia uno mismo.

En cada una de estas construcciones el escritor está completamente convencido de que el amor hacia Dios y al prójimo es contingente en el amor hacia uno mismo. Pero en el pasaje bíblico no sólo no existe un tercer mandamiento, sino que ni siquiera existe una relación dependiente establecida entre los dos mandamientos. Ambas afirmaciones de la autoestima son llevadas al texto para cambiar la forma del mismo; entonces, en su forma cambiada, el texto es metido a la fuerza en el sistema.

Jesús realmente presupone un amor propio en este pasaje. Él dice, “amarás a tu prójimo como a ti mismo.” El mandato es amar a tu prójimo como tú ya mismo te amas. El verso podría ser traducido [del griego] literalmente, “tú debes amar a tu prójimo como tú ya mismo te amas”.

Ese mismo amor propio que es presupuesto por Jesús es asimismo presupuesto en el argumento de Pablo en Efesios 5:28, 29, dónde él insta a los maridos a amar a sus esposas “como a sus mismos cuerpos”. Él procede a decir:

Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia – Efesios 5:29

En otras palabras, todo el argumento de Pablo se conecta con el hecho de que ya exhibimos amor hacia nosotros mismos.

Lucas 10:29

Comparando Lucas 10:29 con Mateo 22:36-40, aparece una adición contextual importante. Lucas nos dice:

Pero él [el intérprete de la ley], queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Después de esto Jesús contó la parábola del Buen Samaritano.

¿Cuál fue el problema del intérprete de la ley? ¿Estaba el sufriendo una baja autoestima? Todo lo contrario. Lucas dice que “queriendo justificarse a sí mismo”. Esto es decir que la pregunta que él hizo, “¿Y quién es mi prójimo?” no fue realmente hecha para pedir información sino para confundir a Jesús. Y note que él quiso confundirlo a fin de que él pudiera justificar sus propios actos pecaminosos. Hizo la pregunta, por consiguiente, fuera de un interés propio. Él estaba a gusto en la condición en la que estaba y no quería dar su tiempo o dinero a su prójimo. Él deseaba permanecer absorto en sí mismo.

La parábola del Buen Samaritano ciertamente no fue diseñada para fomentar un mayor interés propio, sino justo lo contrario. El mismo punto de la parábola es que uno debe amar a su prójimo – o sea alguien necesitado – como a sí mismo. Él debe cuidar de las necesidades de los demás y aun debe tomarse muchas molestias por los demás. Jesús no dijo que con el fin de involucrarse en tal actividad de alto nivel como el samaritano hizo, uno primero debe llegar a un lugar donde todas sus necesidades en niveles inferiores fuesen satisfechas. ¿Qué del sacerdote y el Levita? ¿Estaban deprimidos? ¿Tenían baja autoestima? Claro que no. Probablemente se consideraban mucho mejores que el samaritano. Su problema era el mismo del intérprete de la ley: Se amaban tanto a sí mismos que no se tomarían muchas molestias por alguien más.

Trobisch nos dice que nuestro amor hacia nosotros mismos es el “criterio” así como también el prerrequisito para amar a los demás. Él explica esto diciendo: “es la vara medidora que Jesús nos da para amar a los demás.[6] Lo Que él afirma es que cuando Jesús dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, él quiso decir “Haz las mismas cosas a los demás que haces para ti mismo”. Pero eso no sería correcto por varias razones. Primero, los criterios para amar a los demás son los Diez Mandamientos que Jesús aquí resumía en dos:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.– Lucas 10:27

Al decir esto todos los libros de la Biblia (la ley y los profetas) podrían ser resumidos en esos dos mandamientos, él también señalaba las Escrituras como el ejercicio de los mandamientos en la vida diaria. En efecto, entonces, Jesús decía que los criterios para amar a Dios y a los demás han de encontrarse en la Biblia – y no en nosotros.

Claramente debemos amar a nuestro prójimo como la Biblia manda, y no haciendo las mismas cosas que hacemos a nosotros mismos. Fuera de un amor propio, no hacemos sólo buenas cosas, sino toda clase de cosas dañinas y pecaminosas a nosotros mismos: Cometemos adulterio, mentimos, cometemos robo, comemos demasiado, nos suicidamos, etc. Las cosas que hacemos para nosotros mismos, entonces, no son los criterios para amar a los demás.

Entonces ¿Qué quieren decir las palabras de Jesús “como a ti mismo”? No hay pensamiento de criterio en ellos, puesto que, explícitamente, los criterios han de ser encontrados en Los Diez Mandamientos y en su ejercicio en toda la Escritura. El pensamiento tiene que ver con intensidad, fervor, y cantidad de amor. Note cuidadosamente que Jesús dice que el segundo mandamiento es justo como el primero (Mateo 22:39). ¿Con respecto a que son semejantes? Primero, que ambos hablan de amar; ambos son mandamientos a amar. Pero esto no puede ser la semejanza principal de la cual Jesús señalaba; es demasiado obvio hacer este punto. Hay una segunda forma en la cual los dos mandatos son semejantes. El mandamiento de Jesús de amar a Dios “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (v 37) quiere decir con todo lo que usted es y todo lo que usted tiene. Quiere decir amar a Dios genuinamente y sinceramente, fervientemente e incondicionalmente. Es en relación a esto que los dos mandamientos “justamente” se parecen. ¡Cuando a usted se le manda amar a su prójimo como a “ti mismo,” quiere decir ¡amar tan incondicionalmente como usted se ama a usted mismo!

Ya tenemos un amor ferviente, dedicado, genuino, y sincero para nosotros mismos. Con los pecadores, este amor es casi siempre excesivo. Ahora, dice Jesús, extiende la misma cantidad de amor hacia tu prójimo: Ámele “como a usted mismo”. El argumento equivale precisamente a la argumento que Pablo hace para un marido amando a su esposa “lo mismo que” él ya ama su propio cuerpo. ¿Cómo debe hacerse eso? En lo misma actitud ferviente, sustanciosa, y de corazón con la cual un hombre cuida de él mismo (no necesariamente haciendo aquello mismo para su esposa que él se hace para sí mismo).

Es claro que Mateo 22, supuestamente el pasaje más firme que apoya la autoestima, es de hecho el pasaje que realmente señala al movimiento mismo. Cualquier consideración seria de este pasaje completamente repudia el tipo de enseñanza de amor propio que vemos hoy.

Para resumir este capítulo, debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Pero Mateo 22:39 no contiene un mandamiento de amarse uno mismo, puesto que no necesitamos preocuparnos en amarnos a nosotros mismos si verdaderamente amamos a Dios y a nuestro prójimo. Puesto que el cumplimiento de estos dos mandatos es el cumplimiento de todo, siempre haremos lo correcto para nosotros mismos. El amor, en la Biblia, es cuestión de dar: “De tal manera amó Dios al mismo, que ha dado…” (Juan 3:16); “Él me amó y se dio …” (Gal. 2:20); “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…” (Efes 5:25). Porque es de mayor bendición dar que recibir, los proponentes del autoestima (quiénes defienden el obtener de los demás y dar a si mismos antes que dar a Dios y los demás) substraen una bendición enriquecedora de aquellos que siguen su énfasis no bíblico. No hay necesidad de preocuparse en como amarse a uno mismo, por tanto tiempo como uno trata primero de amar a Dios y a su prójimo en un modo bíblico, todo el mórbido interés por sí mismo correcto aparecerá como un subproducto. Por esto es que la Biblia nunca nos ordena amarnos. Puesto que la Biblia guarda silencio al respecto, deberíamos hacerlo también.

2 ¿De un Valor Infinito?

Romanos 6:1-13/Colosenses 3:1-10

Ahora es tiempo de ver Romanos 6/Colosenses 3. Primero debemos pensar acerca de las secciones de las dos cartas de Pablo. En los pasajes paralelos encontrados en Romanos 6 y Colosenses 3 el creyente recibe instrucciones de “considerarse” a sí mismo muerto al pecado y vivo para Dios. A él se le asegura que él es una persona nueva a los ojos de Dios y que la vieja persona que el solía ser está legalmente muerta. Además, él es exhortado a ser, en la vida diaria, la persona nueva que él es tal y como es considerada a los ojos de Dios en Cristo.

Los teóricos de la imagen propia se han dado prisa en atacar estos pasajes, volviéndolos hacia sus propósitos y dándole poca o ninguna consideración a los propósitos para los cuales fueron escritos. Es claro aun que en una lectura superficial de los dos capítulos que Pablo no tuvo intención alguna de enseñar una doctrina de autoestima. Y ningún cristiano alguna vez ha encontrado tal enseñanza en estos pasajes por un período de 1900 años hasta que los psicólogos humanistas les “alertaron” de los dogmas que ellos ahora profesan de encontrar tan explícitamente lo que allí enseñan. No obstante, los defensores de la autoestima toman consuelo en lo que ellos piensan que pueden decir estos pasajes.

Un defensor celoso de las afirmaciones del sistema:

Nuestra imagen propia como cristianos, por consiguiente, debe ser de nosotros mismos como personas que han rechazado decisivamente la manera de vivir antigua que es llamada el hombre viejo, y permanentemente han adoptado el nuevo método de vivir el cuál es designado el hombre nuevo.

En apoyo a esto él se refiere a Romanos 6:11:

“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Luego, para establecer su punto, él insiste que:

Ésta es una declaración bíblica tan clara de la imagen propia cristiana como uno puede encontrar cualquier parte.[1]

Si el profesor que hizo esa declaración está en lo correcto, y si no hay una clara “declaración bíblica” de la doctrina supuestamente encontrada, entonces el movimiento está en un problema serio. La realidad es que no hay nada claro acerca de la imagen propia en el pasaje en absoluto.

De cierto, Colosenses 3 y Romanos 6 nos dicen que Dios nos ve a nosotros “en Cristo” que nuestra posición ante El como el Juez es perfecta; ninguna falla puede ser encontrada. Hemos sido completamente perdonados cuando creímos, y ahora Dios nos ve como personas completamente nuevas en Su Hijo. En El todos los antiguos caminos se han ido y los nuevos caminos se han quedado para siempre. Todo esto es asombrosamente claro. Pero lo que es también claro es que Pablo no nos dice a nosotros esto para “hacer que nos sintamos bien acerca de nosotros mismos” o “para apapacharnos” o “subir nuestra autoestima”. Su propósito es urgirnos a convertirnos en nuestro diario vivir lo que ya se nos es contado que somos en Cristo. En otras palabras, él quiere que nosotros veamos que en nosotros mismos nos quedamos mucho más cortos de lo que estamos en Cristo.

Escuche Romanos 6:1-2:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

¡El verso 2 suena más como una exhortación que como aun halago! El profesor que citó Romanos 6:11 fue selectivo; para dar el sentido completo, él debería haber citado los siguientes versos también. Versículos 12 y 13 continúan el pensamiento de Pablo:

No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Lo que es claro es que el propósito de Pablo al instarnos “a considerarnos” muertos al pecado y vivos para la justicia en Cristo debe obligarnos a vivir de una manera diferente. El “Así también” con el cuál el verso 12 empieza (en algunos textos griegos) introduce la conclusión a la que deberíamos llegar del hecho indicado en el verso 11. Pablo no dice, “por eso ustedes deben sentirse bien acerca de ustedes mismos”. Él dice: “en la vida diaria comiencen a vivir a la altura del estándar alto de su posición legal en Cristo”.

Pablo, escribiéndole a los Colosenses, indica:

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios… Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”. – Colosenses 3:3,5, 8-10

Otra vez, se afirma el hecho de que la vida antigua ha sido reemplazada por la vida nueva en Cristo. Y otra vez, justamente como lo fue antes, lo que Pablo hace de esto es que: puesto que esto es cierto en Cristo, comiencen a vivir en esta realidad en sus asuntos diarios. No hay ni siquiera una ligera insinuación en estos pasajes acerca de mirarnos a nosotros mismos como personas de gran valor o acerca de ganar una mejor imagen propia. Todo lo que él está haciendo es sostener en alto el ideal (nuestra posición perfecta en Cristo) e instarnos a aproximarnos más plenamente a ello en nosotros mismos.

¿Nos autorizan estos pasajes a decir alguna cosa como lo que el siguiente escritor cristiano dice?

Debemos vernos a nosotros mismos como excepcionalmente maravillosos, inherentemente valiosos. 2

¡Seguramente no! El propósito de estos pasajes es mostrarnos la gran vacío que hay entre lo que somos contados o considerados en Cristo (la justificación) y lo que somos en realidad en nosotros mismos en nuestro diario vivir (la santificación), para instarnos a cerrar ese vacío. Ellos son diseñados no para mantenernos satisfechos con nosotros mismos a fin de que nos podamos aceptarnos como lo que somos, sino para destruir cualquier autosatisfacción que pueda existir y para motivarnos a hacer un mayor progreso en la vida cristiana. ¡Nada podría ser mejor diseñado para reducir a fondo cualquier sentido de orgullo, valía, o satisfacción para la cual pudiésemos aferrarnos y retrasar nuestra perfección en Cristo y luego pedirnos que comparemos nuestra función real con ella! Romanos 6 y Colosenses 3 eficazmente atacan la enseñanza de la autoestima mas que reforzarla.

Estos pasajes, entonces, no fueron escritos para hacernos sentir mejor acerca de nosotros mismos sino para mostrarnos cómo nos ve Dios en Jesús a fin de estimularnos a una vida cristiana más consistente. Hay un gran potencial en la vida nueva que tenemos en Cristo, pero nunca comenzaremos a darnos cuenta de eso si holgazaneamos pensando qué tan dignos somos.

Santiago 3:9

Ahora iremos a Santiago 3:9 y su trasfondo del Antiguo Testamento encontrado en Génesis 1:27 y 9:6:

Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios – Santiago 3:9

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó… El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. – Gen 1:27; 9:6.

Las palabras operantes en estos versos son “imagen” y “semejanza”. Los pensadores de imagen propia se dan prisa en señalar (correctamente) que en estos pasajes se dice que el hombre es hecho a la imagen de Dios no sólo antes de la caída sino también después. Puesto que Efesios 4:24 y en Colosenses 3:10 se nos dice que la imagen de Dios y la semejanza están siendo renovadas en el creyente, es cierto que la imagen completa y semejanza no permanecen después de la caída; no obstante algo que los escritores de Génesis 9 y Santiago 3 pueden llamar “la imagen” de Dios y “la semejanza” aun permanece. No es importante discutir las distinciones entre que es lo que se podría llamar la semejanza moral e intelectual del hombre y su semejanza constitucional en este punto, puesto que no contribuyen a nada a la pregunta en estudio. Lo que es seguro es que, en algún sentido, el hombre aun tiene la semejanza de Dios.

Más aún, nos deja observar que las penalidades y advertencias así como también las reprensiones y las exhortaciones son aducidas al hecho de que el hombre es el portador de la imagen de Dios. Aquellos que maldicen a otras personas o atentan contra sus vidas corren un gran peligro simplemente por ese hecho. Los proponentes de la autoestima han interpretado estas sanciones bíblicas en una manera inaceptable.

Escuche para algunos argumentos de la autoestima:

¿Significa esto (la caída del hombre) que el hombre ahora se convirtió en un ser de ningún valor? Nada puede estar más allá de la verdad. Aun después de que la caída del hombre era todavía considerado un ser de un valor infinito...Las Escrituras… afirman que aun el hombre caído aun es portador de la imagen de Dios. [3]

Otro escribe:

Aun los escritores del Nuevo Testamento reconocen la imagen de Dios en el hombre. Santiago advierte en contra de maldecir porque se hecho a la imagen de Dios.

Él cree que esto – es el fundamento para la autoestima. Somos creados por la mano de Dios y a Su imagen. [4]

Un tercero habla con entusiasmo acerca de – la nobleza, la singularidad, el significado, la valía y el significado del hombre.

Todos ellos, nos aseguran – a descansar en el ser hechos a la imagen de Dios. [5]

Es verdad que el hombre todavía está a la imagen de Dios en algún sentido (aunque la imagen moral e intelectual ha sido tan deformada que debe ser restaurada), pero ¿Qué es lo que quiere decir esto? El hecho mismo no dice absolutamente nada acerca de la autoestima. En ninguno de los contextos en el cuál la imagen de Dios en el hombre es mencionada hace que el escritor utilice ese hecho para enseñar las cosas que hemos estado leyendo en las citas de arriba. ¿Cómo puede ser posible extrapolar la idea de que el hombre es “de infinito valor” del hecho de que él fuese creado a la imagen de Dios? El solo concepto no sigue lógicamente al otro. Además, la naturaleza del hombre, la cual lleva la imagen de Dios, no es nunca sostenida como una razón para tener una alta autoestima.

Entonces ¿Por qué somos advertidos firmemente en contra de cometer agresión a Dios al agredir al hombre, el portador de imagen de Dios? Aquí está el punto crucial del asunto, y es aquí donde los escritores de la autoestima se pierden.

Considere esto: Le muestro una foto de mi esposa. ¡Si usted la maldice, se burla de ella, escupe en ella y la rompe – ¡usted tendrá que responderme!

“¿Por qué?” Usted preguntará. “Después de todo, es sólo una foto”.

¡Sí, pero es una foto de mi esposa! Eso es lo que marca la diferencia.

La foto misma – el papel y la tinta, etc.- No es de mucho valor. Vale sólo algunos centavos. Lo que me incumbe no es la foto misma sino lo que esta representa.

Inherentemente el hombre vale poco; él no es ciertamente de un “valor infinito”. Ningún ser finito creado, ya sea caído o no caído, no redimido o redimido, lo puede ser. Las advertencias de Génesis 9 y Santiago 3 no son debido al hecho del valor infinito del hombre; ¡Más bien, resultan del hecho del valor infinito de Dios! Deshonrar al hombre y maltratarle debe deshonrar y maltratar a Dios porque él es hecho a la imagen de Dios. Eso es lo que trae la advertencia y el castigo. Es la imagen y semejanza del Único o la que es portador lo que tiene importancia – no del hombre quien porta la imagen y semejanza. Él es meramente una foto.

Recientemente un estudiante del seminario le dijo a un criminal en prisión quien pensaba que él era “nadie”:

William, usted es alguien. Dios le hizo a Su imagen. Usted tiene es de un valor infinito a Sus ojos. [6]

¿Por qué no le dijo él que él es un pecador que esta en una condición desesperada, apartado de la gracia gratuita de Cristo, que el Dios infinito que se encarnó y murió en una cruz para pagar la pena de pecadores como él, y mediante la fe él ahora podría tener vida eterna?

Puesto que hemos encontrado tales declaraciones como “valor infinito” aplicada al hombre en más de un lugar, sigamos esa línea de pensamiento un poco más. Se hacen afirmaciones extrañas hacia el hombre, afirmaciones que uno esperaría escuchar sólo de panteístas o humanistas que colocan al hombre en el trono de Dios. Aquí hay simplemente unas cuantas:

… el ser humano es una criatura gloriosa, digna de un valor infinito. [7]

Dios quiere que nosotros nos veamos como un regalo suyo hacia el mundo. [8]

Somos algo precioso que Dios ha hecho. Somos algo exquisito que él ha planificado. [9]

¿Dónde está el precedente bíblico para usar tal lenguaje? Ciertamente nada como eso puede ser encontrado en toda la Biblia. ¿Esperaría usted que algún escritor, hablando en el nombre de Dios, que tuviese el cuidado de hablar como la Biblia lo hace? A estos escritores, y muchos más como ellos, parecen haberse quitado de encima toda cohibición en su deseo de glorificar al hombre.

Aquí hay lo que un tercer escritor opina:

Por la creación, cada ser humano es una persona única, de gran valor y dignidad. [10]

Dejaré estas declaraciones, todas hechas por profesantes evangélicos que están profundamente involucrados en propagar la enseñanza de la autoestima, hablar por ellos mismos. Cuando usted pueda encontrar alguna cosa como lo que están diciendo en las Escrituras usted debería tomarla en serio. Hasta entonces usted debería tachar sus palabras como totalmente equivocadas.

Mateo 6:26, 10:31; Lucas 12:7

¿Ocasionalmente el entusiasta de la autoestima se referirá a Mateo 6:26, “No valéis vosotros mucho más que ellas?” O Mateo 10:31, “más valéis vosotros que muchos pajarillos.” O Lucas 12:7, “más valéis vosotros que muchos pajarillos.” ¡El entusiasta luego establecerá el punto diciendo que “¡esta es una declaración acerca del gran valor del hombre!” Los pasajes se usan para mostrar el “el valor infinito” del hombre a Dios. ¿Pero es esto así?

Examínelos de cerca; note lo qué dice Jesús realmente. Hagamos dos preguntas: 1) ¿Cuánto valor se dice que debe tener el hombre? 2) ¿A Quién dice que le es de valor?

En los pasajes Jesús es explícito: Dos pajarillo son vendidos por un centavo, y cinco por dos centavos. Se dice que el hombre es más valioso que “muchos pajarillos”. Esto quiere decir que si “muchos” pajarillos significan 500 pajarillos, usted vale $2.50 a lo sumo; ¡Si quiere decir a 1000 pajarillos, su valor excede a $5.00! El punto no es el gran valor del hombre sino el gran alcance del cuidado providencial de Dios. Si se extiende hasta pajarillos, los cuales valen tan poco, entonces seguramente se extiende hacia el hombre, quien vale más.

La respuesta a la segunda pregunta, ¿A Quién dice que le es de valor? Emerge de la primera. Puesto que Jesús discute el valor en términos monetarios, es claro que él habla del valor del hombre (contra del valor de un pájaro) hacia otros hombres. El pájaro vale un tanto así para el hombre; un hombre vale más. El valor del hombre para Dios no está en cuestión. El argumento de menor hacia el mayor en la escala de la persona tiene que ver con la providencia de Dios y no con el valor del hombre. Si, en Su bondad infinita, Dios cuida pues de las aves del aire, ¿no cuidará El de usted?, ¿quién, a los ojos de los hombres vale más?

Si los entusiastas de la imagen propia desean decir que Dios cuenta el valor del hombre para El de manera monetaria, y que este valor tiene importancia en comparación a los pajarillos, el hecho es que ¡a duras penas hizo un cálculo para alentar la autoestima de uno! La comparación sólo puede servir para enfriar el entusiasmo, y no para alentarlo.

La realidad es que estos versos no enseñan nada acerca de la autoestima.

3 ¿Qué Enseña La Biblia?

Hasta ahora he intentado evaluar el movimiento de la autoestima bíblicamente y mostrar que, colocándolo en la balanza de Dios, se encuentra deficiente. Usted podría pensar que el libro terminara en este punto, llegando a una conclusión natural. Sin embargo, si lo dejara hasta aquí, todo lo que he logrado sería en vano. No es suficiente incendiar una casa; también hay que erigir otro su lugar. Esto es lo que ahora trataré de hacer.

¿Cuál es la alternativa bíblica para el enfoque de la autoestima? En una sección anterior discutí Mateo 6, en donde Jesús mismo colocó por adelante dos formas de vida contrastantes: La forma pagana y la forma cristiana. La forma pagana tuvo como su prioridad volviéndose segura y significativo a través de la acumulación de “cosas” para satisfacer “necesidades”. La forma cristiana pone a Dios y a Su imperio primero. Pero ¿cómo? ¿Qué es lo que marca la diferencia?

La auto-negación: 2 Timoteo 3:2, Mateo 16:24-25

Jesús expone la auto-negación en vez de la auto-afirmación como la forma para entrar en una relación correcta con Dios. Rara vez nosotros leemos en la literatura de la autoestima acerca de la auto-negación, el único énfasis es en el ego que fluye a través del Nuevo Testamento. Echaremos un vistazo en algunos de los pasajes cruciales referente a este énfasis bíblico e intentaremos comprender lo que dice Dios, relacionándolo todo al enfoque de la autoestima.

En 2 Timoteo 3:2 leemos de “amadores de sí mismos” (philautoi). Aquí esta la palabra enlistada junto con un montón de otras aberraciones pecaminosas que Timoteo tendrá que evitar durante los días de su próximo ministerio. La advertencia de Pablo es oportuna para los ministros hoy. Probablemente hay un tipo de amor propio que es claramente condenado en las Escrituras. Puesto que la palabra philautoi ocurre sólo en 2 Timoteo 3:2, en una lista, sin más explicación, no podemos descubrir nada acerca de su significado exacto en el contexto. Todo lo que podemos decir es que conserva una mala compañía con tales características: “avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios”

Una consideración prudente de la lista en 2 Timoteo 3 le guiará a la conclusión de que cada una de los elementos en ella (y es mucho más grande lo que he considerado aquí) se podría mencionar ya sea para tener un enfoque egocéntrico o para aumentar tal enfoque. Es fácil de ver los peligros del egocentrismo estudiándolo. Y nos debería afligir pensar acerca de los niños en Grand Rapids o de otro sitio estimulándolos a pensar que merecen una “palmadita en la espalda” y darles a entender que se “sientan buenos” acerca de ellos mismos, con lo cual los introduciría en la misma senda egoísta que Dios condena. Muchos de los problemas señalados en la lista 2 Timoteo 3 podrían aparecer en sus vidas más tarde como resultado de alentar, en vez de reprimir, las tendencias pecaminosas que son propias en la naturaleza humana caída (cf. Proverbios 22:15).

Lo correcto que se ha de promover, según la Palabra de Dios, es la auto-negación. El mandato para negar el ego ocurre seis veces explícitamente en los Evangelios, pero el concepto está en todas partes en las Escrituras. Eso es lo que el Señor daba a entender cuando El ordenó a Sus discípulos a olvidarse de sus intereses y poner Sus asuntos primero (“buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia”).

¿Qué dice Dios acerca del ego? Él dice, “niéguese a sí mismo”:

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. –Mateo 16:24,26

Esto no quiere decir que una persona deba negar de sí mismo alguna cosa en particular, como algunos erróneamente suponen (“dejaré la goma de mascar “para la cuaresma”), sino que quiere decir negar su propio ego (Literalmente “para decirse que no a usted mismo” o “repudiarse uno mismo”). Si alguna cosa pudiese estar en contraste conciso con el mandato de Cristo a negar el ego que el énfasis de auto-afirmación, auto complacencia del que hemos estado leyendo en la literatura de autoestima, yo no sé lo que es entonces.

Tal como Jesús puso por encima la forma Gentil en contra de la forma cristiana de la vida en Mateo 6, aquí también El contrasta dos caminos completamente diferentes e irreconciliables. El hecho interesante que no debería faltar es la forma antitética de Jesús de indicar este asunto: No hay lugar para el compromiso. Bastante opuesto de los integracionistas eclécticos, quienes quieren unir y mezclar tanto como se pueda lo que el mundo tiene que decir con las enseñanzas bíblicas, Jesús mismo se aparta de la forma de vida pagana (Mateo 6) y de aquellos que no niegan el ego y le siguen, sino que en lugar de eso quieren “salvar sus vidas”. Esta antítesis ocurre en cada uno de los relatos del Evangelio (Marcos 8:34-38; Lucas 9:23-25; Juan 12:25). Jesús dice, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” – Mateo 16:25. Es difícil de ver cómo pueden afrontar esto lo integracionistas.

Las palabras traducidas “vida” y “alma” (beauton y psuche) ambos significan “ego” y se refieren a lo mismo. De hecho, son usados de forma intercambiable. (Cf. Mateo 16:26 con Lucas 9:25. En Mateo se usa Psuche, considerando que en Lucas es beauton.) Cristo nos dice a nosotros no sólo que digamos no a nosotros mismos y sí a El (“sígame”), sino que El afirma que le debemos hacer morir el ego “tomando nuestra cruz” (Lucas agrega “cada día”). Llevar la cruz no quiere decir hacer algún sacrificio en particular, ni se refiere a alguna carga en particular (“mi marido es mi cruz”). En aquel día, alguien que leyera esas palabras, sabría explícitamente que llevar la cruz quería decir una y solamente una cosa: La ejecución de un criminal infame. Jesús, por tanto, esta diciendo: “usted debe tratarse a ustedes mismos, con todas sus formas pecaminosas, prioridades, y deseos, como a un criminal, y hacer morir su ego todos los días”. ¡Eso dice algo acerca de la imagen propia que Cristo espera que nosotros tengamos!

Esa es una medicina amarga para todos nosotros, y especialmente para los proponentes de la autoestima. Pero es la única cura para una iglesia que progresivamente se vuelve enferma – de sí misma. La paradoja aparente es que la persona que enfoca la atención en sí misma perderá todo lo que él quiera conservar para sí mismo, mientras que la persona que pone primero a Cristo y Sus intereses es el que gana todo lo que el otro pierde. Ésta es la misma verdad que Jesús enseñó en Mateo 6. Allí los gentiles celosos buscaban con cautela y preocupación (y nunca realmente encontraban satisfacción en ello) las cosas que el cristiano, quien se olvida de sus “necesidades” y pone a Cristo primero, encuentra por “añadidura”.

Un Contraste: Juan 12:25

En Juan 12:25 leemos esto:

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

Aquí hay una advertencia fuerte. Ciertamente, la promoción de la autoestima es la misma advertida que se da en contra: “Cualquiera que ame el yo… lo perderá”. En lugar de amarse así mismo, Cristo dice, que en este mundo deberíamos eliminar el yo, o, como él le dice aquí, “aborrecerla,” para conservarlo para la eternidad.

Las dos palabras “perderá” y “aborrece” significan realmente la misma cosa y nos ayudan a interpretar una a la otra. Significan poner a un lado los deseos, intereses, y preocupaciones propias (aun las legítimas) para hacer cumplir el mandato de Cristo. “aborrecer” su vida quiere decir “amarla menos,” como explícitamente lo hace en Lucas 14:26:

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Sabemos que la palabra “aborrece” en todos estos pasajes tiene tal significado de frase paralela en Mateo 10:37, donde en lugar de “aborrecer” leemos:

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.

“Aborrecer” a otra persona o nuestro propio ser equivale a anteponer a Cristo y Su reino antes que a los demás ó a uno mismo.

Este punto de negar el yo no es un asunto periférico. Golpea duramente el corazón del pensamiento de la autoestima y el amor propio. En la enseñanza del amor propio la idea no es meramente que tanto Cristo y el yo pueden ser puestos en el mismo nivel de prioridad (de las palabras de Jesús es claro que aun esto es imposible; Él nos llama a escoger entre los dos), sino que antes de que podamos amar y servir a Cristo primero debemos ser servidos y amados, y nos debemos amar a nosotros mismos. ¿Puedo haber alguna enseñanza más explícitamente opuesta a lo que Jesús dijo?

Las consecuencias del dogma de la autoestima son muy serias. Estas palabras de Jesús dan advertencia de la privación eterna. Uno se pregunta cuántos jóvenes serán desviados del buen camino, guiado a apartarse del discipulado de Cristo, el cuál demanda que eliminar nuestro “yo,” porque se les dijo que “se sintieran bien acerca de ellos mismos” en vez de decirles que haya un criminal adentro de ellos que necesita ser ejecutado diariamente. El peligro es obvio según las palabras del psicólogo que argumentó en contra de las palabras de su cliente, diciéndole a ella que el “colocar la prioridad de aceptarse a sí mismo es el primer paso que muchos de nosotros necesitamos tomar” en vez de primero buscar el reino de Dios.

Dios quiere que nosotros “eliminemos” nuestro egoísmo en este mundo postrándonos mismos incondicionalmente a el servicio y amor de Cristo y de Su imperio. Habiendo realizado una obra teatral de niños satírica, “una palmadita en la espalda,” y alentándolos a escribir ensayos sobre lo que les agrada de ellos mismo, son actividades que dirigen toda la atención al yo. Tal énfasis tan equivocado puede ser devastador para la educación cristiana. [1]

El discipulado: Lucas 14:25-27

Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Déjeme decir una palabra más acerca del pasaje de Lucas 14:25-27. El discipulado, el tema en cuestión en todos los pasajes que hemos estado estudiando en este capítulo, significa el abandono de todas las ataduras – aun los seres más queridos y más cercanos en la vida. No siempre quiere decir que debamos abandonar a todos los demás para seguir a Cristo, sino que quiere decir que le debemos tener tal lealtad hacia El que debemos estar listos en todo momento, si nos llama a hacer eso. Jesús especialmente lo señala, como si ésta fuera la parte más difícil de todo lo que debemos hacer, que el discípulo debe renunciar “aun a su propia vida también”. El punto más grande que se ha de señalar a las personas es el agradar a Cristo, seguirle, y cumpliendo con Su voluntad. ¡Eso no confundirá a los niños – o a los demás – o les inducirá al mal camino! Alguien, incluyendo yo, que se interponga en medio del camino está equivocado.

No puede haber duda acerca del hecho de que Cristo se preocupó por el yo; no es como si El ignorara el tema. Ciertamente, él pensó que eso era tal importancia que El habló de ello en la conexión más cercana posible al discipulado y a las declaraciones definitivas hechas acerca de ello. Aún en todo esto El no dio indicación del gran valor del hombre, ni dio lugar para atenuar las circunstancias: “Usted puede renunciar a todas sus relaciones y me puede seguir después de que todas sus necesidades hayan sido satisfechas y usted haya aprendido a amarse a sí mismo”. ¡La misma idea suena ridícula cuando usted la coloca en la boca de Jesús! Anteponga A Cristo al yo.

2 Corintios 5:15, Romanos 14:7-8

Y por supuesto hay también otros pasajes que hablan de anteponer a Cristo al yo. Tome por ejemplo, 2 Corintios 5:15:

y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos

Allí lo tiene usted: Uno ya no debe vivir para sí, como él lo hizo antes de venir a Cristo. La forma de vida antigua fue postergada en Cristo, y ahora debe ser postergada en nuestras vidas. El centro de la vida ahora debe ser “para mí el vivir es Cristo” si bien una vez era “para mí el vivir es mi yo”. ¿Qué podría ser más claro?

Ahora considere Romanos 14:7-8:

Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

Otra vez, el punto central del pasaje es que Cristo debe llevar el lugar de yo en la vida del cristiano. No es que éste suceda en algún sentido sustantivo, por supuesto, pero en términos de los deseos y la voluntad y cosas por el estilo. Comer y guardar los días (v 6) no son un asunto en particular; afecta a otras personas, a otros incluyendo nuevos convertidos. Ningún cristiano debe vivir en consideración a sí mismo. “¿Qué hay del bienestar del reino y del honor de Cristo?” Es el tipo de pregunta que él debería hacerse. Su respuesta debe ser, “viviré en tal camino, cuando haya que tomar una decisión, gustosamente serviré a Cristo y a los demás primero”. Él debe vivir para Cristo, y, como Pablo dice: si fuera necesario, morir por El.

Interesantemente, la última parte del verso 7 habla convincentemente del asunto del suicidio: “ninguno muere para sí.” Liddon dice que estas palabras quieren decir –

Para darle la bienvenida o buscar la muerte como un alivio a los problemas de esta vida. De este egoísmo en la muerte, el suicidio es la expresión máxima. [2]

Las palabras de Liddon son importantes. Todo el punto de Pablo es que no debemos hacer nada – vivir o morir – por nuestro yo; todo debe hacerse para Cristo. Un suicidio muere para sí mismo; ningún suicidio podría hacerse por Cristo. Es debido a este verso que se sabe que el suicidio es un acto del hombre antiguo, del pensamiento egocéntrico, que aún a veces (entre los estoicos y algunos existencialistas modernos) se motivado a hacer.

Holliday, quien se pegó un tiro, y Wanda Williams, quien se ahorcó, ambos cometieron actos egoístas de homicidio. Le restaron importancia a los seres queridos, o los estudiantes, o a cualquier otro. Pensaban en ellos mismos como ciertamente sus notas suicidas indican. No fue la baja autoestima que los liquidó, sino una consideración demasiada alta por su yo. Dijeron, efectivamente, “soy demasiado bueno para ser tratado así. Ya no lo soportaré”.

Las Escrituras nos enseñan que los cristianos no poseen nada ni aun sus vidas, puesto que Cristo las ha comprado. ¡En el momento en que usted entienda mal ese hecho, y piense que cualquier cosa, aun su ego, es realmente suyo, usted no lo poseerá – sino que le posee!

La conclusión

El amor mismo es la misma cesación de la vida guiada por la voluntad propia, egoísta y egocéntrica. Por eso es que viviendo para Cristo y para los demás y amándoles nos alejará de nosotros mismos. Las búsqueda de la autoestima desvía la atención de uno hacia los demás y así destruir el amor cristiano. En vez de echar los cimientos del amor (estratos sobre los cuales edifican, como dice el esquema Adler/Maslow), erosionan todo lo que vale la pena. El amor – preocupación dirigida hacia los demás – a solas nos pone en libertad del yo.

En contra del énfasis moderno que hemos estado estudiando: la Biblia enseña que usted correctamente no puede llevarse bien con usted mismo (“encontrarse” o “salvarse”) hasta que usted aprenda a amar a los demás. Como siempre, el pensamiento pagano pone al revés el mandato de Dios.

Jesús deshizo el mito de que podemos amar a los demás sólo después de que primero nos hayamos amado a nosotros diciendo:

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.” (Lucas 6:32).

En efecto, refiriéndose a los “pecadores” (i.e., los enemigos de Dios), él tipificó, de una vez por todas, la postura de “yo te amo a ti, si tu primero me amas” como impía.

Para un cristiano, la alternativa para el amor propio, la autoestima, la valía propia, y cualquier otra enseñanza egocéntrica que pueda aparecer en el futuro es claramente la negación del yo. Cuando usted trata de ganarse a sí mismo, usted sólo lo perderá; cuando usted esté dispuesto a perderse para Cristo, usted se salvará. Es tan simple – y tan profundo.

Notas

¿Amarás… como a Ti Mismo?

1 Walter Trobisch, Love Yourself (Downers Grove: Inter-Varsity Press, 1976), page 11.

2 Ibid., p. 11.

3 Ibid.

4 Lawrence Crabb, Effective Biblical Counseling (Grand Rapids: Zondervan, 1977), p. 81.

5 Philip A. Captain, Eight Stages of Christian Growth (Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1984).

6 Trobisch, op. cit., p. 11.

¿De un Valor Infinito?

1 Anthony A. Hoekema, The Christian Looks at Himself (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), p. 45.

2 Robert Morey, Death and the Afterlife (Minneapolis: Bethany, 1985), p. 37.

3 Hoekema, op. cit., p. 22.

4 Bruce Narramore, You’re Someone Special (Grand Rapids: Zondervan, 1978), p. 23.

5 Morey, op. cit., p. 37.

6 Bruce Rathbun, un estudiante del Westminster Theological Seminary en Filadelfia. Reportó en El Presbyterian Journal, abril. 24 de 1985. El nuevo evangelismo de palmaditas de Schuller ha tenido éxito ampliamente. En un tratado evangelístico titulado: “Usted Es Especial” se lee: “¡Usted es especial ciertamente! ¡La Biblia revela el interés total de Dios en usted como un individuo… ¡sí!, ¡usted es de valor para Dios”! (Ted Grifiin, Good News Publishers, n.d., #6C04).

7 Robert H. Schuller, Self Steem: The New Reformation (Waco: Word Books, 1982), p. 151.

8 Rouner, Arthur, You Can Learn to Like Yourself (Grand Rapids: Baker Book House, 1978), p. 4.

9 Ibid., p. 5

10 Dennis J. De Haan, Daily Bread, feb. 1985.

¿Qué Enseña La Biblia?

1. Para información acerca de una programa escolar verdaderamente cristiano, en el cual el énfasis no sea en el yo sino en el ministerio a los demás en el nombre de Cristo, vea see my Back to the Blackboard (Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1982).

2. 2 H. P. Liddon, Explanatory Analysis of St. Paul’s Epistle to the Romans (London: Longman’s Green and Co., 1899), p. 262.

En La Perspectiva Bíblica de la Autoestima, Jay Adams responde a la influencia asombrosa de la “psicología cristiana” dentro de los círculos evangélicos de hoy. A pesar de la persuasión religiosa, muchas personas parecen oponerse a lo que perciben que es un enemigo compartido: La baja autoestima. ¡Pero nuestra búsqueda para las respuestas nos ha guiado demasiado lejos en la dirección equivocada, fuera de nuestra posición verdadera en Cristo, y hacia un énfasis peligroso en el yo! Adams examina los fundamentos Bíblicos con una exposición clara y aguda de las Sagradas Escrituras relevantes, y le ofrece a la Iglesia y a cada creyente una perspectiva verdaderamente Bíblica.

Jay Edward Adams se crió en Baltimore, Maryland. Él se especializó en el griego en la Johns Hopkins University, y ha estudiado en el Reformed Episcopal Seminary, Temple University School of Practical Theology, y en la Universidad de Missouri. Él ha pastoreado iglesias en Pensilvania y Nueva Jersey, dentro de varias denominaciones presbiterianas conservadoras. Él fuel miembro de la facultad de la Universidad de Missouri antes de unirse al Westminster Theological Seminary en Filadelfia, y luego al Christian Counseling and Educational Foundation. Él ahora pastorea una iglesia en Carolina del Sur. Sus libros sobre consejería Bíblica son bien respetados.

Traducción por Armando Valdez © 2008

Las Resposbailidades Especiales de los Hijos hacia Sus Padres

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LAS RESPONSABILIDADES ESPECIALES DE LOS HIJOS HACIA SUS PADRES

 

Por Richard Baxter

 

De las Obras Prácticas de Baxter, Vol. 1, Un Directorio Cristiano,

 

Sobre la Economía Cristiana, Cap. XI., pp. 454-457

 

Aunque los preceptos a los hijos no tienen tanta fuerza para ellos cuando son de edad más madura, debido a su incapacidad natural, y sus pasiones y placeres infantiles que adormecen su débil grado de razón; no obstante, algo ha de decírseles, porque esa medida de razón que tienen ha de ejercitarse, y por el ejercicio han de mejorar: y debido a que incluso aquellos de años más maduros, aunque tengan padres, deben conocer y cumplir sus responsabilidades para con ellos; y porque Dios acostumbra bendecir incluso a los niños mientras realizan sus responsabilidades.

 

Directriz I. Asegúrate de que amas mucho a tus padres; deléitate de estar en su compañía; no seas como esos hijos antinaturales, que prefieren mejor la compañía de sus frívolos compañeros de juego que la de sus padres, y estar dedicados a sus deportes en algún campo alejado de casa que a la vista de sus padres. Recuerda que tienes tu ser desde y por ellos, y has salido de sus lomos: recuerda cuánta pena les has costado, y cuanto cuidado tienen por tu educación y provisión; y recuerda cuán tiernamente te han amado, y cuanta pena sería para sus corazones si te descarrías, y cuánto tu felicidad les hará a ellos estar contentos: recuerda cuánto amor les debes tanto por naturaleza como por justicia, por todo su amor para ti, y por todo lo que han hecho por ti: ellos toman tu felicidad o miseria como una de las partes más grandes de la felicidad o miseria de sus propias vidas. No los prives entonces de su felicidad, al privaros vosotros mismos de la vuestra; no hagas sus vidas miserables, arruinándote a ti mismo. Aunque ellos te reprendan, y te restrinjan, y te corrijan, no minimices, por lo tanto, tu amor por ellos. Pues esta es su responsabilidad, la cual Dios requirió de ellos, y la hacen para vuestro bien. Es señal de un niño malvado el que ama menos a sus padres debido a que le corrigen, y no le dejan hacer su propia voluntad. Sí, aunque vuestros padres tienen ellos mismos muchas faltas, no obstante debes amarles todavía como tus padres.

 

Directriz II. Honra a tus padres, tanto en tus pensamientos, como en tu forma de hablar y conducta. No pienses de manera deshonrosa o desdeñosa acerca de ellos en vuestros corazones. No hables deshonrosamente, o de forma grosera, irreverente o descarada ya sea a ellos o acerca de ellos. No os comportéis de forma grosera o irreverente ante ellos. Sí, aunque vuestros padres nunca sean tan pobres en el mundo, o débiles de entendimiento, sí, aunque sean impíos, debes honrarles a pesar de todo esto; pues aunque no puedas honrarles como ricos, o sabios, o piadosos, debéis honrarles como vuestros padres. Recordad que el quinto mandamiento tiene una promesa especial de bendición temporal; “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra.” Y consecuentemente quienes deshonran a los padres tienen una maldición especial aún en esta vida: y la justicia de Dios se ve ordinariamente en la ejecución de ella; quienes desprecian y deshonran a sus padres raras veces prosperan en el mundo. Hay cinco clases de pecadores que Dios acostumbra tomar con venganza incluso en esta vida.

 

Quienes cometen perjurio y falso testimonio.

 

Los asesinos

Los perseguidores

Los sacrílegos, y

Quienes abusan y deshonran a sus padres.

 

Recordad la maldición de Cam, Gén. 9:22, 25. Es algo espantoso ver y escuchar como algunos hijos malcriados hablan con desdén y con rudeza a sus padres, y riñen y contienden con ellos, y les contradicen, y les hablan como si fueran sus iguales: (y es bastante común que los padres mismos les hayan criado de esta manera) y por último crecerán incluso hasta abusar de ellos y denigrarles. Lee Prov. 30:17, “El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila.”

 

Directriz III. Obedeced a vuestros padres en todas las cosas (las que Dios no prohíba). Recordad que como la naturaleza les ha hecho a vosotros no aptos para gobernarse a vosotros mismos, así Dios, en lo natural, ha provisto afortunadamente gobernadores para vosotros. Aquí primero os voy a decir qué es la obediencia, y luego decirles porqué debéis ser obedientes.

 

Obedecer a vuestros padres es hacer lo que ellos os manden, y abstenerse de aquello que ellos os prohíban, porque es la voluntad de ellos que vosotros hagáis así. Debéis,

 

Tened en vuestras mentes un deseo por complacerles, y estad contentos cuando podáis complacerles, y sentid pena cuando les ofendieren; y entonces,

 

No debéis colocar vuestro ingenio o vuestra voluntad en contra de la de ellos, sino obedecer de buena gana sus mandamientos, no de mala gana, murmurando o disputando: aunque penséis que vuestro propio camino es el mejor, y que vuestros propios deseos son razonables, no obstante vuestro ingenio y voluntad han de estar sujetos a los de ellos, o sino, ¿cómo les obedecéis?

 

Y para las razones de vuestra obediencia:

 

Considera que es la voluntad de Dios que esto deba ser así, y que Ėl les ha hecho a ellos como sus oficiales para gobernaros; y al desobedecerles, le desobedeces a Ėl. Lee Efesios 6:1-3, “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” Col. 3:20, “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.” Prov. 23:22, “Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.” Prov. 13:1, “El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones.” Prov. 1:8, 9, “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello.”

 

Considera también que el gobierno de tus padres como necesario para tu propio bien; es un gobierno de amor: como vuestros cuerpos hubieran perecido, si vuestros padres o algunos otros no os hubiesen cuidado, cuando no podíais ayudaros a vosotros mismos; de la misma forma vuestras mentes permanecerían ingenuas e ignorantes, incluso como los brutos, si no tuvieseis a otros para enseñaros y gobernaros. La naturaleza enseña a los pollitos a seguir a la gallina, y a todas las cosas cuando son jóvenes, a ser guiadas o dirigidas por sus madres; o sino, ¿qué sería de ellos?

 

Considerad también que ellos deben rendir cuentas a Dios por vosotros; y si ellos os dejan a vosotros mismos, puede ser su destrucción lo mismo que la vuestra, como el triste ejemplo de Elí les recuerda. Por lo tanto, no os rebeléis contra aquellos que Dios por naturaleza y por la Escritura ha establecido sobre vosotros; aunque el quinto mandamiento requiere obediencia a los príncipes, y a los maestros, a los pastores, y a otros superiores, no obstante nombró solamente a vuestro padre y madre, porque ellos son los primeros de todos vuestros gobernadores, a quienes por naturaleza estáis más obligados.

 

Pero quizás digáis, que aunque los niños pequeños deben ser gobernados por sus padres, no obstante vosotros ya estáis creciendo hacia una edad más madura, y sois lo suficientemente sabios para gobernaros vosotros mismos. Respondo, Dios no piensa así; de otra forma se hubiera desmandado al establecer gobernadores sobre vosotros. ¿Y eres tan sabio como debieras? No son sino pocos en el mundo quienes son lo suficientemente sabios como gobernarse a sí mismos; de otra forma Dios no hubiese establecido príncipes, y magistrados, y pastores, y maestros sobre ellos, como lo ha hecho. Los sirvientes de la familia son de tanta edad como vosotros, y no obstante son incapaces de ser gobernantes de ellos mismos. Dios les ha amado tanto como para no dejarles sin maestros, sabiendo que la juventud es precipitada y sin experiencia.

 

Pregunta. Pero, ¿por cuánto tiempo han de estar los hijos bajo el mandamiento y gobierno de sus padres?

 

Respuesta. Hay muchos actos y grados del gobierno de los padres, según los varios fines y usos de él. Algunos actos de su gobierno no son sino para enseñaros a ir y hablar, y algunos para enseñaros vuestro trabajo y llamado, y algunos para enseñaros buenas maneras, y el temor del Señor, o el conocimiento de las Escrituras, y algunos son para estabilizaros en un curso de vida tal, en el que ya no necesitaréis su más cercana supervisión. Cuando cualquiera de estos fines sea plenamente alcanzado, y tengáis todo aquello que el gobierno de vuestros padres pueda ayudaros a tener, entonces has pasado esa parte de su gobierno. Pero todavía les debéis, no solo amor, y honor y reverencia; sino obediencia en todas las cosas en las que están todavía asignados para tu ayuda y guía: incluso cuando ya estéis casados, aunque tengáis una propiedad en vuestra propia hacienda, y ya no estén tan estrictamente a cargo tuyo como antes; no obstante, si te ordenan hacia tus responsabilidades para con Dios o ellos, todavía estáis obligados a obedecerles.

 

Directriz IV. Estad contentos con la provisión de vuestros padres para vosotros, y con lo que ellos dispongan. No murmuréis rebeldemente en contra de ellos, ni os quejéis de cómo os utilicen; mucho menos toméis alguna cosa contra sus voluntades. Es la parte de un rebelde carnal, y no la de un hijo obediente, estar descontento y murmurar porque no gozan de una fortuna mejor, o porque se les restringe de los deportes y el juego, o porque no tienen mejores ropas, o porque no se les proporciona dinero, para gastar o usar a su propia discreción. ¿No estáis vosotros bajo gobierno? ¿Y el gobierno de los padres, y no de los enemigos? ¿Son vuestras pasiones y placeres más aptas para gobernaros, que la discreción de vuestros padres? Sed agradecidos por lo que tenéis, y recuerda que no lo merecéis, sino que lo tenéis libremente: es vuestro orgullo o vuestra sensualidad carnal lo que los hace murmurar de esta manera, y no alguna sabiduría o virtud que halla en vosotros. Rebajad ese orgullo y mente carnal, y entonces no seréis tan impacientes para hacer vuestras voluntades. ¿Qué si vuestros padres os hayan tratado con demasiada rudeza, en vuestros alimentos, o vestidos, o gastos? ¿Qué mal les ha hecho esto? Nada sino una mente egoísta y sensual haría de esto un asunto de gran importancia. Es cien veces más peligroso para vuestras almas y cuerpos el ser criados de manera suntuosa, y alimentados demasiado y exquisitamente, que el ser criados con privaciones, y alimentados con limitaciones. Uno tiende al orgullo, a la glotonería, a la testarudez, al derribo de la salud y la vida; y lo otro tiende hacia una vida humilde, mortificada, a la auto-negación, y a la salud y buena condición del cuerpo. Recordad como la tierra se abrió, y se tragó a todos aquellos rebeldes murmuradores que sintieron envidia de Moisés y de Aarón, Núm. 16; leedlo, y aplicadlo a vuestro caso; y recordad la historia del rebelde Absalón; y la necesidad del pródigo, Lucas 15; y no desead estar a vuestra propia disposición; ni en mostraros apasionados por tener cumplidos los vanos deseos de vuestros corazones. Mientras os sometáis con contentamiento a vuestros padres, estáis en el camino de Dios, y puedes esperar su bendición; pero cuando por vuestra voluntad queráis ser escultores de vosotros mismos, podéis esperar el castigo de los rebeldes.

 

Directriz V. Humillaos a vosotros mismos y someteos a cualquier trabajo que vuestros padres os asignen. Ten en cuenta, en tanto améis vuestras almas, no vaya a ser que un corazón orgulloso os haga murmurar y decir, este trabajo es demasiado bajo, infame y monótono para mí; o que no pase que una mente y un cuerpo perezosos les hagan decir, este trabajo es demasiado duro y fatigante para mi; o que una mente tonta y simple os haga cansarse de vuestro libro y trabajo, de manera que preferiríais estar en vuestros deportes, y decir, esto es demasiado tedioso para mi. Es poco o ningún daño el que probablemente os ocurra por vuestro trabajo y diligencia; pero es una cosa peligrosa el obtener un hábito o costumbre de holgazanería y voluptuosidad en vuestra juventud.

Directriz VI. Estad dispuestos y agradecidos de ser instruidos por vuestros padres, o por alguno de vuestros maestros, pero especialmente acerca del temor de Dios, y los asuntos de vuestra salvación. Estos son los asuntos para los cuales nacisteis y vivís; estas son las cosas que vuestros padres tienen primero a cargo en enseñaros. Sin conocimiento y santidad todas las riquezas y los honores del mundo no valen de nada; y todos vuestros placeres no harán mas que destruiros.1 ¡Oh, qué alivio es para los padres entendidos el ver a sus hijos dispuestos a aprender, y a amar la palabra de Dios, y a guardarla en sus corazones, y hablar de ella, y obedecerla, y prepararse temprano en la vida para la vida eterna! Si tales hijos mueren antes que sus padres, cuán gozosamente pueden partir con ellos hacia los brazos de Cristo, quien ha dicho, “De los tales es el reino de los cielos,” Mat. 19:14. Y si los padres mueren primero, cuán gozosamente pueden dejar tras de ellos una simiente santa, que servirá a Dios en su generación, y les seguirá al cielo, y vivirá con ellos para siempre. Pero, sea que vivan o mueran, que angustiantes para los padres son los hijos impíos, que no aman la palabra y el camino de Dios, y no aman ser enseñados o restringidos de sus propios rumbos licenciosos.

 

Directriz VII. Someteos pacientemente a la corrección que vuestros padres os apliquen. Tened en cuenta que Dios les ha mandado a hacer esto, y a salvar vuestras almas del infierno; y que les odian si no les corrigen cuando haya una causa; y que no deben pasar por alto la corrección por causa de vuestro llanto, Prov. 13:24; 22:15; 29:15; 23:13, 14; 19:18. No es su deleite, sino para vuestra propia necesidad. Evita la falta, y podrás escapar de la corrección. ¡Cuánto mejor es que vuestros padres os vean obedientes, que oírles llorar! No es el deseo de ellos, sino de vosotros mismos, el que seáis corregidos. Enojaos con vosotros mismos, y no con ellos. Es un hijo malo, aquel que en lugar de ser mejor por la corrección, odia a sus padres por ello, y se hace peor. La corrección es un medio para el equipamiento de Dios; por lo tanto, id a Dios sobre vuestras rodillas en oración, y suplicadle que os bendiga y santifique, para que pueda la corrección haceros bien.

 

Directriz VIII. No escojáis vuestras propias compañías, sino usa tales compañías como tus padres lo señalen. La mala compañía es la primera ruina de un niño. Cuando por el amor al deporte escogéis tales compañeros de juegos, que son holgazanes, y licenciosos, y desobedientes, y que os enseñarán a maldecir, a decir palabrotas, a mentir, a hablar de manera obscena, y a alejaros de tus libros y responsabilidades, esta es la carretera del diablo al infierno. Vuestros padres son los más aptos para escoger vuestra compañía.

 

Directriz IX. No escojáis vuestro propio llamado u oficio en la vida, sin la selección o consentimiento de vuestros padres. Podéis decirles hacia qué estáis más inclinados, pero pertenece más a ellos que a tí el hacer la escogencia; y es vuestra parte el traer vuestras voluntades a las de ellos. A menos que vuestros padres escojan un llamado para vosotros que sea ilegal; entonces podéis (con humilde sumisión) rehusarlo. Pero si fuese solamente inconveniente, tenéis la libertad después de cambiarlo por uno mejor, si podéis, cuando estéis bajo su disposición y gobierno.

 

Directriz X. No os caséis sin el consentimiento de vuestros padres. Y, si se puede, deja que su elección determine primero a la persona, y no por vosotros mismos: los jóvenes inexpertos escogen por el capricho y la pasión, en tanto que vuestros experimentados padres seleccionan por el juicio. Pero si ellos os forzaran a unirse a aquellos que son impíos, y gustan de hacer vuestras vidas o pecaminosas o miserables, puedes humildemente rehusarles. Pero debéis permanecer sin casaros, mientras por el uso de los medios correctos podéis vivir en castidad, hasta que vuestros padres tengan un mejor espíritu. Pero si en verdad tenéis una necesidad llana de casaros, y vuestros padres no consentirán a nadie excepto alguno de una religión falsa, o alguien que es totalmente no idóneo para ti, en tal caso pierden su autoridad en ese punto, que les es dada para su edificación, y no para vuestra destrucción; entonces debieseis tomar consejo con otros amigos que sean más sabios y fieles: pero si experimentáis un gran sufrimiento en vuestros afectos por contradecir la voluntad de vuestros padres, y fingís una necesidad, (que no podéis cambiar vuestros afectos), como si vuestra locura fuera incurable; esto no es sino entrar pecaminosamente en aquel estado de vida, que debiese haber sido santificado para Dios, para que Él la haya bendecido para ti.

 

Directriz XI. Si vuestros padres estuviesen en necesidad, es vuestra responsabilidad proveerles alivio según sea vuestra habilidad; sí, y hasta mantenerles totalmente, si hubiese necesidad. Pues no es posible que por medio de todo lo que podéis hacer, que incluso les pongáis estipulaciones, o condiciones con respecto a pagos; o que alguna vez les pidáis devolución por lo que habéis recibido de ellos. Es inhumanidad infame, cuando los padres se hunden en la pobreza, el que los hijos les hagan a un lado con alguna subvención escasa, o que les hagan vivir casi como sus sirvientes, cuando tenéis riquezas y abundancia para vosotros mismos. Vuestros padres debiesen todavía ser considerados por vosotros como vuestros superiores, y no como inferiores. Aseguraos de que se alimenten bien; sí, aunque no obtengáis vuestras riquezas por sus medios, pues incluso para vuestro ser vosotros sois sus deudores por más que eso.

 

Directriz XII. Imitad a vuestros padres en todo lo que es bueno, tanto cuando están vivos o cuando estén muertos. Si fueron amantes del Señor, y de su palabra y su servicio, y de aquellos que le temen, que su ejemplo os incite, y que el amor que les tenéis, os estimule a ocuparos en esta imitación. Un hijo malvado de padres piadosos es una de las miserias más deplorables en el mundo. ¡Con qué horror miro a tal persona! ¡Cuán cerca del infierno está ese miserable! Cuando el padre o la madre fueron eminentes por la piedad, y diariamente le instruían en los asuntos de su salvación, y oraban con ellos, y les amonestaban, y oraban por ellos, y después de todo esto los hijos prueban ser codiciosos o borrachos, o lascivos, o profanos, y enemigos de los siervos de Dios, y se mofan o desatienden el camino de sus religiosos padres, le debe poner a temblar a uno el ver a tales miserables a la cara. Pues aunque hay alguna esperanza para ellos, ¡ay!, es tan poca, que están próximos a la desesperación; cuando son como una mecha endurecida2 a los medios más excelentes, y la luz les ha cegado, y su conocimiento de los caminos del Señor no ha sido vuelto sus corazones en Su contra, ¿qué medios quedan para hacer el bien a tales resistidores de la gracia de Dios como estos? Lo más probable es algún juicio pesado y espantoso. ¡Oh, qué día más lamentable será para ellos, cuando todas las oraciones, y lágrimas, y enseñanzas, y buen ejemplo de sus religiosos padres testifiquen en su contra! ¡Cómo serán confundidos delante del Señor! ¡Y cuán triste – pensamos que es para el corazón de los padres santos y diligentes, pensar que todas sus oraciones y dolores deban testificar en contra de sus hijos carentes de gracia, y hundirles más profundo en el infierno! Y no obstante, ¡cuántos son ya un lamentable espectáculo ante nuestros ojos! ¡Y cuán profundamente sufre la iglesia de Dios por la malicia y maldad de los hijos cuyos padres les enseñaron bien, y caminaron delante de ellos con una vida santa y ejemplar! Pero si los padres fuesen ignorantes, supersticiosos, idólatras, papistas, o profanos, los hijos están lo suficientemente dispuestos a imitarlos. Entonces pueden decir, ‘nuestros antepasados fueron de este parecer, y esperamos que sean salvos’; más bien les imitaremos, antes que a innovadores reformadores como vosotros. Como le dijeron a Jeremías, Cap. 44:16-18, “La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos.” De esta forma caminaron “tras la imaginación de su corazón, y en pos de los Baales (la falsa adoración), según les enseñaron sus padres.” Jer. 9:14. “¿No piensan cómo hacen que mi pueblo se olvide de mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?” Jer. 23:27. “ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.” Eze. 2. “pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.” Jer. 7:26. De esta manera pueden imitar a sus antepasados en el error y el pecado, cuando debiesen más bien recordar, I Ped. 1:18, 19, que le costó a Cristo su sangre “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres.” Y debiesen confesar de manera penitente, como Dan. 9:8, “Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos,” ver. 16. Y como el Salmo 106:6, “Pecamos nosotros, como nuestros padres,” Dijo el Señor, Jer. 16:11-13, “Porque vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no guardaron mi ley; y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado corazón, no oyéndome a mí. Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra.” Jer. 44:9, 10, “¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? No se han humillado hasta el día de hoy.” Véase el ver. 21, y Zac. 1:4, “No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová.” Mal. 3:7, “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros.” Eze. 20:18, “No andéis en los estatutos de vuestros padres.” Así también los ver. 27, 30, 36. No sigáis a vuestros padres en su pecado y error, sino seguidles donde ellos sigan a Cristo, I Cor. 11:1.

 

1 Léase el pequeño libro de Thomas White para los niños pequeños. Marcos 9:36; 10:14, 16.

 

2 Queriendo significar que esta mecha no se encenderá a pesar del combustible de excelente calidad. (N. del T.)