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Guía Bíblica en Práctica

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Guía Bíblica en Práctica

Gary E. Gilley

Algunos meses atrás escribí una serie de artículos sobre la voluntad de Dios ocupándose de asuntos sobre como encontrar Su voluntad y si El nos habla hoy o no aparte de las Escrituras. La posición que he tomado es la que llamaría un entendimiento total de sola Scriptura de la vida cristiana. Esto quiere decir que Dios habla hoy exclusivamente a través de la autoritativa e inspirada Palabra la cual no necesita ningún suplemento adicional de alguna otra fuente. Esto no es negar la “revelación general” de la creación de Dios que nos dice algo sobre el poder y la gloria del Creador (Salmo 19:1-6; Romanos 1:20). Pero en lo que se refiere a “la revelación específica” no esperamos que nuestro Señor nos hable aparte de las Escrituras. Su guía no debe ser buscada en visiones, sueños, ángeles u otras manifestaciones sobrenaturales. Ni debemos nosotros buscar internamente corazonadas, impulsos, “pequeñas voces,” o la paz de Dios. Aun las circunstancias, las oportunidades, las “puertas abiertas”, y el buen consejo, aunque de gran ayuda en nuestra toma de decisiones, no son autoritativas. Somos sabios para considerar cuidadosamente estos asuntos externos pero estos no llevan el peso de la Escritura ni constituyen un mandato de Dios. 

Si nosotros aceptamos esta tesis de sola Scriptura, ¿cómo le hacemos para “encontrar” la voluntad específica de Dios para nuestras vidas? Lo hacemos examinando las enseñanzas de las mismas Escrituras. Podemos comenzar por notar en que hay un número de ejemplos en el Nuevo Testamento en los cuales el Señor específicamente indica Su voluntad para nosotros:

· Es la voluntad de Dios que seamos llenos del Espíritu Santo – “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu (Efesios 5:17-18). En el momento de la conversión cada hijo de Dios es inmediatamente habitado (1 Corintios 6:19), bautizado (1 Corintios 12:13), regenerado (Tito 3:5-6) y sellado por el Espíritu Santo (Efesios 1:13; 4:30). Estos ministerios del Espíritu Santo traen al creyente a la presencia única de Dios, nos unen con Cristo y Su cuerpo, crean dentro de nosotros una naturaleza nueva y aseguran nuestra posición en Cristo. Ninguno de estos es un equipo opcional para el cristiano. El ministerio del llenar del Espíritu, por otra parte, no es automático, es condicional. Llenarse del Espíritu tiene la intención de ser controlado por El. Cuando el creyente vive en obediencia humilde para con el Señor él es lleno, o se controla, por el poder del Espíritu Santo. Es la voluntad expresa de Dios que seamos llenos del Espíritu.

· Es la voluntad de Dios que seamos santificados – “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Tesalonicenses 4:3). El término “santificación” quiere decir “ser apartado” y, cuando se usa en un trasfondo cristiano, lleva la connotación de ser apartado para un propósito santo. En el contexto inmediato del texto Primera Tesalonicenses el Señor está llamando a la pureza moral. Es la voluntad expresa de Dios que Su pueblo viva moralmente vidas puras.

· Es la voluntad de Dios que seamos agradecidos – “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (1 Tes. 5.18). El agradecimiento parece ser contrario a nuestra carne y así también no es una cualidad natural, pero Dios quiere que Sus hijos sean agradecidos. Es más instructivo esto en Efesios 5:20 Pablo menciona agradecimiento como resultado de la llenura del Espíritu Santo y Colosenses 3:16 habla de “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” como producto de ser habitados por la palabra de Cristo. El agradecimiento no es ser humanamente confeccionado; es un subproducto del control del Espíritu y de la Palabra en nuestras vidas. Es la voluntad expresa de Dios que Su pueblo sea agradecido.  

· Algunas veces es la voluntad de Dios que suframos – “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal” (1 Pedro 3:17). No está siempre en el plan de Dios que suframos por Su causa pero cuando es así, debemos sufrir por nuestro testimonio piadoso, no por el comportamiento pecaminoso. Es algunas veces la voluntad expresa de Dios que suframos por El.

Estas son, claro es, las declaraciones generales que son ciertas para todos los cristianos de todos los tiempos – y no es una lista exhaustiva. A estos mandamientos de la “voluntad de Dios” podríamos agregar todos los requisitos revelados, las demandas y los mandatos encontrados en la Palabra que es aplicable para el creyente del Nuevo Testamento. En conclusión – encontramos la voluntad de Dios a través del estudio cuidadoso de la Palabra de Dios. Esto incluiría todo desde un marido amando a su esposa como Cristo amó la iglesia (Efesios 5:25) hasta cristianos no demandándose el uno al otro (1 Corintios 6:1-8) hasta la restauración de un creyente caído (Gálatas 6:1-2).

¿Encontrando la Voluntad de Dios?

Lo que descubrimos es que Dios no ha encubierto Su voluntad a nosotros necesitando de una fórmula secreta para desenredar Sus misterios. Su voluntad para nosotros es encontrada justo en las páginas de la Escritura lista para ser extraída hasta para el deleite de todos los hijos de Dios habitados por el Espíritu dispuestos a leer y aplicar la revelación Divina. La meta, como es expresada en el Nuevo Testamento, no es encontrar la voluntad de Dios sino hacer la voluntad de Dios. Puesto que Dios quiere que usted haga Su voluntad, asegúrese de que El no la haya escondido y luego enviarlo hacia alguna clase de caza de tesoro cósmico para encontrarlo. Él no nos desafía a que descubramos las pistas que conducirán a Su plan para nuestras vidas. Más bien, Su voluntad es claramente impresa en las páginas de la Escritura. Fue con este fin que Pablo le dijo a Timoteo procurara “con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Muchos tienen simplemente pocos deseos de hacer la obra “diligente” y necesaria para correctamente manejar la palabra de verdad y andan buscando atajos. El Señor no nos llama por atajos; en lugar de eso se requiere “la diligencia”.

¿Qué es que funciona el entendimiento de sola Scriptura de la voluntad de Dios y a la toma decisiones en la práctica? Tal vez la mejor forma para acercarse esto es usar un ejemplo real. Demos marcha atrás hacia mi decisión de enseñar en Brasil como he mencionado en un artículo anterior. Como usted recordará recibí instrucciones de ir a Brasil por 17 días para ministrar a pastores brasileños en un retiro, presentando una serie de seminarios prácticos enfocados a las tendencias contemporáneas mirando que hoy enfrenta la iglesia y a predicar en varias iglesias. Además, tenía oportunidad de observar los ministerios de tanto de brasileños y misioneros y ofrecer consejo. 

Obviamente, éstas son todas cosas buenas – ciertamente parecería ser la voluntad de Señor ir allá. Pero contrarrestar lo positivo fue un número de negativas. Se requeriría centenares de horas para preparar los materiales necesitados para el viaje, en parte porque mis presentaciones PowerPoint y notas todas tendrían que ser traducidas al portugués – una tarea enorme que personalmente no podría hacer. Tendría que llevar a un ejército pequeño de ayudantes para lograr una tarea tan enorme. Por otra parte estoy en una posición única en que un número de personas en mi iglesia habla y escribe portugués (ciertamente inusual para una iglesia en los campos de maíz de Illinois). Los voluntarios se pusieron en fila para producir los materiales y hacer el trabajo de traducción – parecería que Dios se agradara del trabajo, pero hubo otros obstáculos.

En primer lugar, tenía que irme de mi iglesia dos semanas y media y perder tres domingos, algo que ni yo ni los ancianos de la iglesia encontraron deseable. ¿Y qué acerca de todos los demás proyectos en los que estoy involucrado como el escribir, aconsejar, prepararme enseñando materiales y cosas por el estilo? Mientras otros miembros de la administración y otros ancianos podrían llenar el púlpito y ministrar para las necesidades inmediatas de la gente mientras me ausentaba, ninguno de ellos podría manejar estos otros proyectos para mí. Me convencía de una carga de trabajo casi infranqueable – y volvería a casa exhausto. También habría una buena probabilidad de que adquiriría alguna clase de “insecto” exótico mientras estaba en Brasil, algo que a menudo consigo al viajar al extranjero (en esto resulté exitoso otra vez). Luego estaba la situación financiera. Éste era un viaje costoso y, al igual que con la mayoría de los ministerios de esta naturaleza, el gasto sería toda mío.

Entonces, mientras se que un ministerio en Brasil presentaba una oportunidad maravillosa a la vez ofrecía muchas dificultades – la decisión no estaba arreglada de antemano.  Ciertamente habría sido agradable si el Señor audiblemente me dijese qué hacer. Excepto eso, pude haber utilizado algún presentimiento o corazonada fidedigna. Habría sido feliz con simplemente un poco de “paz de Dios” guiándome, pero como siempre estaba simultáneamente en paz y ansioso sobre cualquier decisión. El examen de las circunstancias y las “puertas abiertas” guiaba en ambas formas y, como mencioné antes, el consejo piadoso fue de poca ayuda. Así que ¿Qué debía hacer?

Al final, elegí hacer el viaje, ¿pero sobre qué base? Dios no me había hablado tampoco audiblemente o místicamente. La paz fue elusiva como lo fue el buen consejo. Las puertas estaban abiertas en todas las direcciones. Los obstáculos fueron igualmente evidentes a cada paso. Aun la Escritura no contenía versículos diciendo: “usted debe (ó, no debes) ir a Brasil”. ¿Cómo podía tomarse la decisión correcta – una que traería mas honra a Dios?

La Toma De Decisiones Bíblica

De hecho esa última pregunta es engañosa. Yo pregunté, “¿Cómo podía tomarse la decisión correcta – una que traería mas honra a Dios?” Eso presupone que sólo hay una decisión correcta que pudo haber sido hecha para traer honra a Dios. ¿Pero es cierto eso? El haber elegido yo quedarme en casa, asistir a mi congregación local, predicar y enseñar la Palabra en los Estados, enfocar la atención en mi ministerio extendido de escritura y pasar tiempo de calidad con mi familia, ¿no haría una decisión que glorificase a Dios?  ¿Desobedecería al Señor y así estar viviendo en rebelión (sombras de Jonás) si había tomado esta ruta? Muchos dirían sí, pero creo que la Biblia dice no.

Busque un ejemplo en cómo fueron las decisiones hechas en el Nuevo Testamento:

· La donación financiera debía hacerse con base en la elección del corazón (2 Corintios 9:7).

· El viajar a otro país o pueblo (excepto en pocas ocasiones cuando Dios audiblemente entró) fue dejado al individuo (1 Corintios 16:5-7; Hechos 20:16).

· El consumo de comidas diversas fue determinado por la convicción del que comía (Romanos 14:2-4; 1 Corintios 8).

· La observancia, o el incumplimiento, de días santos especiales era una decisión personal – que no siempre era compartido con otras personas piadosas (Romanos 14:5-9).

· El matrimonio, después de que una obediencia correcta a los mandatos bíblicos y principios, fue dejado a los deseos del individuo (1 Corintios 7:39-40).

· Aquellos en el liderazgo de la iglesia deberían aspirar al cargo (1 Timoteo 3:1).

· Aquellos en los negocios, mientras dejándole lugar a la voluntad soberana de Dios por el contrario, eran libres de ejercer su actividad ya que la habían considerado oportuna (Santiago 4:13-17).

En ninguno de estos ejemplos, y muchos más que podríamos listar, pudimos encontrar al creyente buscando la voluntad específica de Dios. Nada de corazonadas e impulsos o experiencias de paz interior entran en juego. Estos individuos se ocuparon de sus asuntos obedeciendo la voluntad revelada de Dios, haciendo lo que estimaron ser lo más sabio y mejor para una situación dada, siempre conocedores y abiertos al hecho de que Dios podría cambiar sus planes.  El cristiano del Nuevo Testamento no siempre operó desde una posición de certeza absoluta, ni parecieron tener necesidad de hacer eso. No fue raro para Pablo, por ejemplo, tomar un curso de acción porque a él le “…pareció bien” (1 Tesalonicenses 3:1 RVA), o porque “…creí necesario” (Filipenses 2:25 RVA), o “si conviene” (1 Corintios 16:4 RVA). 

Éste fue el proceso de toma de decisiones típico en el Nuevo Testamento por personas piadosas. Al vivir en obediencia a la voluntad revelada de Dios, hicieron decisiones basadas en la mejor información que tuvieron al ver que podían honrar a Dios. Al final hicieron elecciones sabias, informadas según sus deseos, mientras vivieron de conformidad con la Palabra de Dios y siempre mantuvieron como su meta la gloria de su Señor. En ese momento no hay evidencia de que se atormentaron sobre la posibilidad de estar fuera de la voluntad de Dios. Estaban en la voluntad de Dios en virtud de sus vidas obedientes. Ellos, por consiguiente, tuvieron la libertad de hacer elecciones sabias y piadosas según la mejor información que tuvieron a su disposición. En cualquier situación dada un número de decisiones pudieron haber sido tomadas, las cuales todas igualmente honraban el Señor.

Conclusión:

Encerremos todo de esto en mi elección sobre el viaje para Brasil. Según mi leal saber y entender vivía en la voluntad de Dios en virtud del hecho de que me esforzaba por vivir en obediencia a la Escritura. La pasión de mi vida es traer gloria a nuestro Señor. Si me quedé en casa o me encaminé a Brasil no cambiaría tampoco estas cosas – me creí estar en la voluntad de Dios como es descrita en la Palabra. Así es que no me atormenté sobre mi estatus ante Dios. Cualquier decisión, creí, podía y debía traer honra a El Salvador. Pero saqué en conclusión que he gastado virtualmente mi vida entera en los Estados Unidos. América ha sido el foco de la mayor parte de mis esfuerzos en el ministerio – a pesar de de existen grandes necesidades en otros lugares – necesidades que el Señor me ha puesto para suplir. No pretendía que mi ministerio en Brasil sería muy impactante; aún supe que el Señor usa muchos instrumentos diferentes, tan débiles como personalmente podría ser, para cumplir con nuestros propósitos. Creí que tenía algo que contribuir para los cristianos en Brasil. Además, la iglesia que pastoreo es sana con un número de buenos líderes para manejar excelentemente el ministerio en el frente doméstico sin mí presencia por algunas semanas (de hecho mucho más tiempo que eso pero odio admitirlo). Las finanzas estaban en orden y mi carga de trabajo podría ser manejada si haría buen uso de mi tiempo al viajar.

Al fin decidí ir a Brasil porque quise ir y porque creí sería el mejor uso de mi tiempo para la gloria de Dios. Viendo atrás todavía creo fue la mejor opción. Sin embargo, si hubiese escogido rechazar el viaje, pude haber hecho eso para la gloria de Dios igualmente. Cualquier elección era buena. Cualquier elección le agradaba a Dios (2 Corintios 5:9). Ninguna elección me colocaría fuera de Su voluntad. 

Al intentar tomar las decisiones que honren a Dios debemos libremente examinar las circunstancias, los sentimientos, la lógica, etcétera, pero nunca podemos concluir que de cosas el Señor definitivamente nos guía en una forma particular. El cuadro bíblico es del pueblo de Dios tomando decisiones sabias basadas en los principios y mandatos evidentes de las Escrituras. Al mismo tiempo siempre estuvieron dispuestos a inclinarse ante la voluntad de un Dios soberana que en cualquier momento podía cambiar su dirección. Tales cristianos no se preocuparon de perderse de la voluntad de Dios porque vivían en la voluntad revelada de Dios y confiaban en el Señor para tomar la iniciativa para asegurarse de que ellos estaban donde El quería que ellos estuvieran. En el Nuevo Testamento no se nos da instrucciones de buscar la voluntad de Dios sino de tomar decisiones sensatas basadas en los principios y mandatos bíblicos. La comprensión de estos principios le da al hijo de Dios la libertad maravillosa y la gran confianza en su búsqueda de vidas que agraden a su Señor.

Traducción: Armando valdez

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 5

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Gary E. Gilley

Recibí recientemente el catálogo de otoño para 2005 de Quaker Books. El promo encontrado en el catálogo para el libro Creeds and Quakers (Credos y los Cuáqueros) se lee como sigue:

La autoridad espiritual Cuáquera no recae sobre sistemas de creencia – en credos – sino sobre la comunicación directa entre Amigos individuales y el Espíritu Divino. Todos las demás formas de autoridad, “sean palabras escritas [incluyendo la Escritura, supongo] casa-pináculo o una jerarquía clerical,” no pueden reemplazar esta comunión directa.

Ésta es la teología Cuáquera histórica en la cual la “luz interna” emanando del Espíritu Divino conlleva una autoridad final, aun sobre la Escritura. Mientras apasionadamente negado por la mayoría, creo que sobre una base objetiva gran parte del evangelicalismo no está sólo esta siendo dirigido hacia la misma dirección, sino que ya está allí ahora. Pocos si acaso evangélicos, o aun carismáticos respecto a esto, serían tan obvios como los Amigos (Cuáqueros). Casi todos colocarían la autoridad final en la Escritura al llenar sus declaraciones doctrinales, pero cuando la goma cubre el camino, la autoridad final para muchos, al igual que con los Cuáqueros, no descansa sobre el registro de la Palabra de Dios, sino sobre voces internas y corazonadas subjetivas. Esto está bien ilustrado en los escritos de Henry Blackaby que ha hecho mucho para promover la vida subjetiva y mística del cristiano (no clásica) que cualquier otro líder no-carismático moderno. En un libro co-escrito con su hijo Richard, él escribe: “Cada vez que Dios habla, su Palabra se convierte en una estrella norte para su vida.  No cambia. Es segura. Al cumular usted un registro de Dios hablándole por años, usted tendrá un cuadro claro de dónde Dios lo está guiando. Esto le dará una seguridad poderosa al continuar Dios guiándole en el futuro”.1 Esta es una declaración atemorizante cuando usted se percata de que los Blackaby no hablan de las Escrituras sino de una supuesta comunicación privada, no-verbal de Dios que se le da estatus similar a las Escrituras. Note la capitalización de “Palabra” en referencia a estos mensajes extrabíblicos de Dios. También note que estos mensajes toman características de la Escritura al convertirse en palabra de Dios que nos guía, nos da seguridad del futuro, y es aun puesta por escrita para una posterior referencia.2

 

Los Blackaby está siendo coherentes en reconocer hacia donde su punto de vista los guía. En realidad, han adoptado y han popularizado una teología que permite adiciones a la Palabra de Dios. Si uno toma la posición de Blackaby, esto tiene sentido perfecto y es, de hecho, inevitable. Si Dios habla específicamente a cada uno de nosotros, dando instrucciones en cada asunto importante, tenemos que preguntarnos ¿qué papel juega la Escritura? Para algunos, la Biblia se vuelve un libro muerto de historias antiguas y de la teología formal. Una vez que dominan con maestría esas cosas, están listos para seguir adelante hacia la palabra de Dios “fresca” recibida hoy a través de voces internas directas dentro de sus almas. Bajo este panorama, la Escritura se vuelve secundaria a lo mucho y muy probablemente innecesaria (excepto por la doctrina básica). Pronto caemos en la cuenta para descubrir que hemos aceptado la perspectiva del Cuáquero de la revelación y la autoridad.

Algunos preguntarán, “¿No es cierto que la mayor parte de los hijos de Dios en la Escritura escucharon de Dios directamente? ¿Fue esta la norma en la Biblia, no deberíamos esperar lo mismo hoy?” ¿Dios no se ha vuelto mudo?

Primero, el hecho de que algo haya sucedido en la Biblia no necesariamente quiere decir que se vuelva normativo para todos los tiempos. Dios a menudo hizo cosas específicas para personas específicas en tiempos específicos que no se repetirán, aun en la Escritura. Sólo con una persona (Moisés) habló “cara a cara” como si hablar a un amigo (Éxodo 33:11: Deuteronomio 34:10). Sólo en las manos de Moisés, Elías y Eliseo hizo Dios realizar grandes milagros en el Antiguo Testamento; sólo en una ocasión entregó Dios Sus Leyes; y así sucesivamente.

En lo que se refiere al asunto de que Dios habla a casi todo el mundo en las Escrituras, eso simplemente no es cierto. El creyente común en cualquier Testamento nunca oyó una palabra personal de Dios, y aun la mayor parte de los personajes clave nunca oyeron la voz de Dios personalmente. Cuando Dios habló en la Escritura casi siempre trató con el concepto general de lo que Dios estaba desempeñando en Su programa de redención o la vida de Su pueblo en general. Usted buscará en vano al tratar de encontrar a Dios hablando a personas qué trabajo hacer, cuántos burros ha de comprar, o qué tierra a comprar – exceptúe en lo que estuviese relacionado con el asunto principal de los tratos de Dios con Su pueblo.

La afirmación es hecha por algunos de que los creyentes durante los tiempos bíblicos oyeron la voz de Dios de forma regular. La implicación es que Dios personalmente habló y dirigió a casi a todo el mundo que vivió durante los días en que la Escritura fue escrita – y lo hizo todo el tiempo. Y, si eso es cierto, ¿por qué no deberíamos nosotros esperar lo mismo hoy? En respuesta necesitamos tomar un panorama objetivo de la Escritura para ver si esta aseveración puede ser confirmada. En esta visión general descartaremos el escuchar la Palabra de Dios a través de los profetas – los portavoces señalados de Dios antes del cierre de la Escritura. Andamos buscando aquellos que personalmente oyeron la voz de Dios (o de ángeles enviados por El) ya sea audiblemente o en palabras internas directas de impulsos o corazonadas.

La primera cosa que encontramos es literalmente miles de personalidades menos conocidas de las cuales no sabemos nada de este aspecto de sus vidas.  Ni Matusalén, ni Jabez, ni Josué el sacerdote, ni demás innumerables, escucharon la voz de Dios para nuestro conocimiento. Mientras éste es un argumento en silencio (para aquellos en ambos lados del debate) deberíamos esperar que el registro bíblico nos transmita fielmente la vida normal del creyente de entonces. Si la norma fuese para que la persona común escuchara a Dios hablar regularmente y personalmente esperaríamos a un testimonio de esto en la Escritura. Pero tal registro no es encontrado. Así es que debemos regresar de nuestra búsqueda de personajes principales en tiempos bíblicos.

Abajo vemos una cierta cantidad de personajes importantes encontrados en el Antiguo Testamento que nunca escucharon directamente de Dios según lo que sabemos:

Caleb, Ester, Mordecai, Rut, Joab, Ezequías, Josías, Josafat, Jonatán, la mayoría de los jueces, Esdrás, Nehemías, Sadrac, Mesac y Abed-Nego (aunque pudieron haber sido confortados por el Hijo de Dios en medio del fuego). Además todas las categorías de líderes clave nunca escucharon de Dios personalmente, incluyendo a ninguno de los hijos de Jacob excepto José, ninguno de los reyes de Judá después de Salomón, ninguno de los jueces excepto por Gedeón, ninguno de los exiliados restituidores y ninguno de los grandes hombres o líderes militares de David. Éste es simplemente un ejemplo; muchos más podrían ser citados.

Por supuesto hubo varios individuos usualmente importantes, que si escucharon de Dios directamente, o de una representación angélica. Además de los profetas que podríamos listar:

· Noé y sus hijos (Génesis 6:13; 7:1; 8:15; 9:1,8,18)

· Job (Job 38-42)

· Abrahám (16 Veces)

· Abimelec (1 vez) (Génesis 20:3)

· Isaac (2 Veces) (Génesis   26:2, 24)

· Rebeca (1 vez) (Génesis 25:23)

· Jacob (8 Veces) (Génesis 28:12,13; 31:11,13,14; 32:1, 24-32; 35:1; 35:10; 46:2-4)

· Agar (1 vez) (Génesis 16:13)

· Sara (1 vez) (Génesis 18:10-15) (Ella oyó a Dios hablando con Abraham)

· El Faraón (1 vez) (Génesis 41:25)

· Labán (1 vez) (Génesis 31:24)

· Moisés (en menos 85 veces)

· Aarón (Éxodo 4:27; 6:13; 12:1; Levítico 10:8; 11:1; 13:1; 15:1; Números 2:1; 4:1,17; 12:4; 18:1; 19:1; 20:12)

· Miriam (1 vez) (Números 12:4)

· Josué (Deuteronomio 31:23; Josué 1:2-9; 3:7; 4:1, 15; 5:2,9,15; 6:2; 7:10-15; 8:1, 18; 11:6; 20:1)

· Gedeón (Jueces 6:14-36; 7:2-9)

· Manoa y su esposa (1 vez) (Jueces 13)

· Samuel (1 vez antes del comienzo de su ministerio profético) (1 Samuel 3:10-14)

· David (1 Samuel 23:2, 10-12; 30:8; 2 Samuel 21; 5:19-25; 21:1)

· Salomón (3 Veces) (1 Reyes 3:5-14; 9:2-9; 11:11-13)

· Simeón (Lucas 2:25)

· María (Lucas 1:30)

· José (Mateo 1:20; 2:13)

· Zacarías (Lucas 1:13)

· Los Magos (Mateo 2:12)

· Los Pastores (Lucas 2:10)

· Las mujeres en la Tumba (Marcos 16:6)

Más allá de estos pocos individuos, encontrar a un individuo no-profético en la Escritura que escuchó directamente de Dios se convierte en una tarea difícil. Algunas observaciones adicionales deberían ser hechas. Primero, con algunas excepciones, aquellos citados arriba jugaron papeles sumamente importantes en el desarrollo del programa de Dios. En segundo lugar, cuando Dios habló, El lo hizo en una voz audible o, en ocasiones, a través de una visión o un sueño. No hay registro en el cual el Señor habló a través de una voz interna e inaudible en alguna parte del corazón o la mente del individuo. En segundo lugar, estas revelaciones de Dios son inevitablemente de significado profundo, no sólo para el individuo, sino a menudo a muchos más igualmente.

La argumentación de que Dios habló a casi todo el mundo todo el tiempo, guiando y dirigiendo, simplemente no pasa la prueba de un estudio cuidadoso de las Escrituras. Aun con aquellos a quienes Dios habló, sólo con Noé, Abraham, Moisés, Jacob, Aarón, Josué, David y Salomón Dios habló más de dos veces en todas sus vidas. Adicionalmente, la noción de que la revelación de Dios a menudo vino en una “pequeña voz interna” no es garantizada. Aun en una sola ocasión en la cual Dios habló en una “pequeña voz” a Elías es a menudo malentendida. En 1 Reyes 19:12-13 nos encontramos con que Elías escuchó un “silvo apacible y delicado” del viento. Fuera de esa brisa suave vino la “voz” de Dios. El texto realmente no dice que fuese una “pequeña voz”. No dice absolutamente nada acerca de la intensidad del sonido de la voz. Pero aun si fuese una voz tranquila, fue todavía una voz audible. ¿Cuántos cristianos, en base a este mal entendimiento de este pasaje, han afirmado que también han escuchado la voz de Dios? Mantienen haber escuchado una voz interna, poco audible – algo así como Elías. Pero Elías no oyó nada de eso. Fue la voz de Dios – clara y bien definida. 

Pero ¿qué acerca del Nuevo Testamento y especialmente el libro de Hechos? ¿No es evidencia abrumadora la guía directa de Dios en las vidas de los santos de la época de iglesia? Realmente, no. Un estudio detallado de las Escrituras del Nuevo Testamento no revela lo que muchos afirman.

Virtualmente todos los relatos del Nuevo Testamento de Dios hablando y dando instrucción directa son encontrados en el libro de Hechos. Esto en sí es significativo, pero lo reservaré hasta después. Si le damos nuestra atención al libro de Hechos encontramos trece ocasiones bien definidas en las cuales Dios habló directamente a individuos (dos de estos a través de ángeles): 8:26-29; 9:4, 10; 10:3, 11-16; 12:7-8; 13:2-4; 16:6,9-10; 18:9; 21:4, 11; 22:17-21; 23:11. El Señor usó métodos variados para comunicarse en estas ocasiones incluyendo visiones, ángeles, profecía, y palabras directas de Jesús o del Espíritu Santo. De estas trece revelaciones, ocho de ellas fueron a dos apóstoles (Pablo y Pedro). Las otras tres se esparcieron entre Felipe, Ananias, Agabo, Cornelio y la iglesia en Antioquía.

Un número de cosas sobresale acerca de estas palabras especiales del Señor. Primero, Dios toma la iniciativa en cada una. Los recipientes no buscaban revelaciones del Señor, y en dos ocasiones (Saulo y Cornelio) incrédulos al final estaban recibieron el mensaje. Segundo, debería ser notable que ninguno de estos individuos necesitara aprender un método para escuchar a Dios y, en cada caso, los oyentes no habían tenido duda de que fue el Señor quien hablaba. Esto es especialmente interesante en el caso del incrédulo Saulo que inmediatamente trata a Jesús como “Lord”. También, en cada caso que podemos percibir, el mensaje fue dado en una voz audible. No hay terminología como “sentí al Señor guiándome” o “tuve paz acerca de lo que debía hacer”. Lo que Dios tuvo que decir fue claro y más allá de mal entenderlo o de mal interpretarlo.

Usando simplemente el libro de Hechos, inmediatamente deberíamos reconocer un contraste fuerte entre lo que tenía lugar allí y lo que está siendo afirmado hoy. En Hechos no encontramos a cada creyente escuchando del Señor todo el tiempo acerca de todo.  Realmente, encontramos a seis personas y una congregación que escuchó de un miembro de la Trinidad o un ángel (dos mientras aun eran no salvos), y las cosas que oyeron fueron de gran significado espiritual en el plan de Dios.  En Hechos, nadie tuvo que aprender a escuchar la voz de Dios ni alguien fue guiado por medio de corazonadas o impulsos. La voz de Dios fue inconfundible y Su mensaje fue más claro que el agua. En Hechos nadie es alentado o adiestrado a buscar la voz de Dios; más bien solo se ocupaban de sus asuntos cuando Dios intervino.

Hechos es un libro de sucesos. Nos dice lo que hizo Dios; no siempre explica por qué hizo Dios lo que hizo ni lo hace ser necesariamente una norma para nosotros hoy. Este hecho se pone aun más interesante cuando dejamos Hechos y comenzamos a estudiar las epístolas. Las epístolas, a diferencia de Hechos, no se especializan en relatos históricos, pero en lugar de eso enfocan la atención en instruir al creyente con respecto a cómo vivir en la era del Nuevo Testamento. El silencio con respecto a acontecimientos milagrosos y de escuchar la voz de Dios es casi ensordecedor en las epístolas. Nadie es designado, adiestrado o impulsado a buscar la voz de Dios. En lugar de eso, ellos (y nosotros) reciben instrucciones de poner atención a la Escritura (cp. 2 Timoteo 3:15-4:4). La doctrina, la verdad y la instrucción, como es encontrada en el Antiguo Testamento y la enseñanza de los apóstoles, son el pan de cada día de las epístolas. Me parece que si el Señor tuvo algo mejor que ofrecer (ó más) más allá de las Escrituras, él habría tenido por regla decirlo en las epístolas. En lugar de eso, él inspiró a Pablo a escribir, “predica la Palabra”. 

Fowler White representa mi sentir:

La Biblia no nos da razón para pretender que Dios hablará a Sus hijos hoy aparte de las Escrituras. Aquellos que enseñan de otra manera necesitan explicar a los hijos de Dios cómo pueden ser estas palabras “frescamente habladas del cielo” tan necesarias y estratégicas para los propósitos más elevados de Dios para sus vidas cuando su Padre no hace nada para asegurar de que alguna vez realmente escucharán esas palabras. Ciertamente, deben explicar por qué esto no es apagar el Espíritu. Además, la promesa de tal guía inevitablemente distrae la atención de las Escrituras, en particular sobre las preocupaciones prácticas y apremiantes de la vida. En la Biblia la iglesia oye la voz real de Dios; en las Escrituras, sabemos que El nos dice Sus mismas palabras. Los defensores de palabras “frescamente habladas del cielo” deberían tener cuidado: De distraer la atención de las Escrituras, ellos apagan al Espíritu que habla en ellas.3

 

Creo que nuestro mandato hoy es éste: En vez de buscar comunicación extrabíblica de Dios, necesitamos diligentemente aprender a manejar la Palabra de Verdad – para que podamos ser aprobados por “Dios como obreros que tienen de que avergonzarse” (2 Timoteo 2:15).  Me gusta la forma en que el Puritano inglés, Thomas Watson, lo dijo: “aquellos que dejan a la luz de la Palabra y siguen la luz dentro de ellas, como algunos dicen, prefiere lo brillante de la luciérnaga antes del astro rey”.4

[1] Henry and Richard Blackaby, Hearing God’s Voice (Broadman & Holman: Nashville, 2002), p. 230.

[2] Ibid., pp. 227, 229, 230, 241.

[3] Fowler White, “Does God Speak Today Apart from the Bible?”, in The Coming Evangelical Crisis, ed. John H. Armstrong (Chicago: Moody Press, 1996), p. 87.

[4] Don Kistler, ed., The Puritan Pulpit: Thomas Watson (Soli Deo Gloria Publications, 2004), p. 141.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 4

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clip_image002La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 4

Gary E. Gilley

Los anteriores artículos explicaron que la comprensión subjetiva, mística de la dirección del Señor a través de revelaciones internas, en lugar de la Escritura, no están bíblicamente fundamentados. Este artículo se ocupa de algunas de las preguntas que a menudo surgen sobre el tema.

P. Muchos en el movimiento carismático creen que Dios habla hoy a través de profecías y palabras de conocimiento. Insisten en que tal revelación no está en contradicción con la Palabra escrita y que no debería recibir un estatus igual o adición a la Sagrada Escritura. ¿Cómo difiere esta perspectiva carismática de revelación de la perspectiva no-carismática de que Dios habla y da dirección a través las corazonadas y voces internas?

R. No mucho si acaso. En esencia, una teología carismática de revelación ha sido adoptada casi completamente por la mayoría de la comunidad evangélica. Lo que hace falta por ambos grupos es que la revelación de Dios, no importa qué formato o escenario, es aun la revelación de Dios. No es posible para Dios dar revelación que no sea autoritativa y que demande obediencia. Toda revelación de Dios conlleva la autoridad de la Escritura. Ahora, es verdad que Dios no ha elegido intercalar toda Su revelación encima de las páginas de la Biblia. Es posible, por ejemplo, durante los tiempos bíblicos que el Señor le habló a Sus siervos pero no eligió incluir esa conversación en las Escrituras. No obstante, cualquier cosa que él dijo en esos momentos llevó la autoridad y todo el peso de la Palabra escrita. Hoy muchos afirman escuchar de Dios, pero lo que escuchan no tiene el estatus y el significado de Escritura. Esto es lógicamente imposible. Ya sea que Dios ha hablado o no lo haya hecho. Si El ha hablado, ese mensaje es tan autoritativo como la Escritura. Estoy de acuerdo con John MacArthur que escribió: “Dios reservó la revelación divina para tiempos especiales, la cual fue incluida en la Palabra escrita, y desde ese tiempo la revelación ha cesado”.1

P. Creo que Dios da revelación extrabíblica hoy. Mi único problema es cómo discernir la voz de Dios de la mía u de otra fuente. ¿Cómo puedo hacer eso?

R. El libro Hearing God’s Voice (Esuchando la Voz de Dios) de Henry y Richard Blackaby, fue escrito mayormente para ocuparse de esta pregunta, pero aun estos expertos en la materia fallaron pobremente en una solución. Ellos sugieren que, para escuchar la voz de Dios, se requiere de fe,2 así como la convicción de que Dios habla aparte de la Escritura.3 Podemos esperar de cristianos nuevos,4 que le escriben, y aquellos que no están en el hábito de escuchar de Dios, estar un poco desorientados por algún rato,5 pero esperanzadamente todo eso cambiará y gradualmente vendremos a reconocer cuándo habla Dios nos habla.6 Y “mientras más cercano usted este de Dios, más fácilmente usted reconocerá Su voz”.7

Nada de esto es de ayuda. El problema es que toda esta conversación está fuera de lugar con lo que encontramos en la Escritura. Primero, virtualmente cada vez que Dios habló en la historia bíblica el recipiente no tuvo ninguna duda de que él escuchaba la voz de Dios – no importando cual haya sido su condición espiritual o nivel de fe. Con excepción del niño Samuel, virtualmente todo el mundo, incluyendo a los incrédulos (e.g. Faraón, Balaam y Saúl), inmediatamente supieron que Dios hablaba. Adicionalmente, ninguna fórmula o ninguna instrucción son encontradas en la Palabra para enseñarnos a cómo percibir la voz de Dios. Aprender a escuchar la voz de Dios simplemente no es enseñado como una habilidad que debamos desarrollar. El no-carismático y no-cesacionista moderno (aquellos que creen que la revelación aun se sigue dando hoy, principalmente a través de formas inaudibles directas) ha creado una categoría de revelación no encontrada en la Escritura. Ellos ahora deben tratar de defender su perspectiva a través de la experiencia porque ninguna defensa bíblica es posible.

Debe reconocerse que casi todo el mundo es un cesacionista de algún tipo. Nadie dice: “todo es válido”. Pero si no establecemos la línea limítrofe en la Escritura no existen criterios por los cuales decidir dónde trazar la línea. Si Dios hubiera pretendido una revelación más allá de las páginas del Nuevo Testamento El nos hubiese provisto una manera por la cual percibir Su voz.  Si Dios hubiera determinado cambiar Su modo de revelación de comunicación verbal a sentimientos internos y voces, habríamos esperado alguna notificación de este cambio. Nosotros también habríamos esperado algunas instrucciones por las cuales pudiésemos descifrar Su mensaje. Él no hizo nada de esto. Por consiguiente debemos concluir que Dios no eligió lanzar una forma única de comunicación después del cierre del canon de la Escritura. Los problemas que encontramos hoy con respecto a la dirección de Dios se remontan a este asunto fundamental.

P. Se nos ha dicho que Dios habla hoy, ya sea a través de voces internas directas o de palabras de profecía, pero que estos mensajes pueden ser parcialmente de Dios y parcialmente de nuestros pensamientos. ¿De qué el valor son estos tipos de comunicaciones cuando no podemos estar seguros qué parte de ellos son realmente las Palabras de Dios?

R.  Tales supuestos mensajes de Dios no son de ningún valor en absoluto y pueden ser un verdadero peligro. Si no sabemos qué porción o parte de un pensamiento, sueño o profecía es de Dios o de alguna otra fuente, ¿cómo debemos nosotros percibir lo que Dios está tratando de decir? Si creemos que Dios nos dice a nosotros que nos casemos con Suzy, mudarnos para Virginia, comprar un edificio comercial ó iniciar un negocio nuevo, pero también sabemos que al menos la mitad de ese mensaje podría ser buenos deseos de nosotros, ¿cómo saber que parte de ellos obedecer (recuerde: ¿Cuándo Dios manda debemos obedecer)?  Una vez más, un problema verdadero en este punto es que nada en la Escritura contesta esta pregunta. Cuando Dios habló en el registro bíblico fue un mensaje completo y comprensible. Nadie cuestionó qué tanto de lo que precisamente oyeron fue su imaginación y que tanto fue de Dios. Ni hay alguna fórmula dada para discernir la diferencia. Los No-cesacionistas han entrado en un tierra de sombras de la cual no hay ayuda bíblicamente. Son abandonados a su suerte.

P. Primera de Corintios 14:29 menciona profetas del Nuevo Testamento que hablan y luego tienen a otros en el cuerpo de la iglesia que interprete lo que tenían que decir. ¿Qué quiere decir esto?

R.  Primero debe darse por entendido que la profecía de palabra tenga un significado dual. Puede querer decir predicción, como cuando las profecías revelaron algún acontecimiento futuro, o predicación, como cuando un mensaje de Dios con respecto al vivir para El es comunicado. Este pasaje parece referirse con predicación, lo cuál por sí mismo viene en dos variedades. Por un lado, allí está la predicación o proclamación de las Escrituras, tal como se hace hoy. Hubo también predicación divinamente inspirada en la cual Dios dio un mensaje de verdad a través de ciertos individuos. Esta mayoría este pasaje probablemente establece referencias para ambos tipos de predicación. Debería ser recordado que la iglesia es edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas (Efesios 2:20), pues fueron estos dos tipos de personas dotadas que nos dieron la Palabra de Dios inspirada. Hebreos 1:1,2 se lee: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas es estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” Luego en el capítulo dos, los versículos tres y cuatro, el autor de Hebreos continúan éste pensamiento escribiendo: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, m nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.  Lo que es interesante es que este pasaje habla de aquellos que comunicaron la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento como un grupo de personas selectas que escucharon estas palabras del Señor y fue autentificado por señales milagrosas. En 2 Pedro 3:2 recibimos instrucciones: “para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”. Pedro señala a los profetas del Antiguo Testamento que nos dieron el cuerpo inspirado del Antiguo Testamento y a los apóstoles que nos dieron el texto inspirado del Nuevo Testamento. Cada indicación es que la revelación del Nuevo Testamento fue proporcionada a través de los apóstoles y algunos otros cercanamente relacionados con ellos (Marcos, Lucas, Santiago, Judas y posiblemente el escritor de Hebreos). Juan advierte en la misma conclusión del Nuevo Testamento que no debemos agregar a las profecías del libro de Apocalipsis (22:18, 19). Puesto que Apocalipsis es el último libro en el canon es difícil de imaginar cómo cualquier profecía adicional hoy no violara esta advertencia. 

Cuando Pablo da la exhortación encontrada en 1 Corintios 14:29 él pudo estarse refiriendo a tanto a los que están predicando las Escrituras ya reveladas y a aquellos que afirmaban una palabra inspirada del Señor. Debería ser recordado en ese punto el canon del Nuevo Testamento aun no se cerraba y que Dios aún estaba dando Su Palabra inspirada y autoritativa. Uno de los problemas que los primeros creyentes de siglo tuvieron que afrontar fue el asunto de los falsos profetas y apóstoles que afirmaban una autoridad divina. Por esta razón Pablo habló de falsos apóstoles (2 Corintios 11:13) y señales apóstol verdaderos (2 Corintios 12:12). En Corinto hubo aquellos que se presumían como portavoces divinos para Dios, aun apóstoles. ¿Cómo debían los cristianos probar estas afirmaciones? Pablo dijo que “juzgaran” en lo que estos hombres afirmaban haber recibido de Dios. ¿Cómo debían ellos hacer eso? Primero, determinando si estos individuos si tenían las señales de un apóstol verdadero. Luego, debían discernir su mensaje para ver si era sano. ¿Cómo debían de ocuparse de hacer esto? ¿Debían ellos ir en busca de algún sentimiento subjetivo de afirmación del Espíritu Santo? Nada indica que ese fuera el caso. Más bien, como siempre: “…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11).  En otras palabras, aun cuando la revelación estaba todavía siendo dada, lo que las personas afirmaban haber escuchado de parte de Dios tenían que pasar por alto el escrutinio de la Escritura. Ahora que “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3) y la profecía inspirada ha sido declarada completa (Apocalipsis 22:18-19), ya no hay una necesidad de una revelación más para el pueblo de Dios.

P. A menudo me siento motivado a testificar o a darle una cantidad de dinero específica a alguien. Si Dios no me dijera que haga estas cosas entonces ¿de dónde se originan estos impulsos?

R. impulsos son impulsos. Sin duda alguna nos damos cuenta de que los incrédulos tienen impulsos también; ¿De dónde vienen?  Intentar determinar que la fuente de los impulsos no tiene sentido, pero la mayoría de los impulsos simplemente provienen de nuestros pensamientos. Vemos a una persona que necesita Cristo; sabemos el poder y la gloria del evangelio; deseamos contarles a otros acerca de la verdad. ¿Qué tan extraño sería sentir un deseo de contarle a las personas sobre el Señor? El hecho de que seamos motivados a compartir el evangelio o cualquier otra cosa no quiere decir hemos recibido comunicación extrabíblica de Dios. 

P. ¿Cuál es el punto de orar si el Señor no va a hablarnos durante nuestro tiempo de oración? ¿Por qué preocuparnos?

R. Hasta hace poco la mayoría de los cristianos reconocían la oración como nuestra comunicación para con Dios y las Escrituras como la comunicación de Dios para con nosotros. Pero debido a la influencia de Henry Blackaby y muchos otros, cada vez más los creyentes esperan que Dios les hable durante su tiempo de oración. Blackaby escribe: “En las Escrituras, la oración se replantea a menudo como una conversación de dos vías en donde las personas oyen a Dios responder a sus oraciones… La clave para que Dios nos transforme no es encontrada en lo que decimos cuando oramos sino cuándo escuchamos. Al hablarnos Dios, no podemos permanecer sin cambio”.8 El apoyo bíblico para este tipo de comprensión de la oración es pobre. El texto más ampliamente usado del Nuevo Testamento en su defensa es Romanos 8:26-27 acerca del cual Blackaby dice: “[la voluntad del Espíritu Santo] revela los pensamientos del Padre y ayuda a los creyentes de para saber cómo orar”.9 Pero una lectura cuidadosa de estos versículos en contexto no da la interpretación de Blackaby. No se nos promete que el Espíritu Santo nos revelará a nosotros la mente de Dios cuando vayamos a la oración. Más bien, la promesa es que el Espíritu Santo intercederá con el Padre en nuestro beneficio a fin de que nuestras oraciones sean presentadas al Padre de tal manera que estén en conformidad con la voluntad de Dios. Esto es necesario porque a menudo “no sabemos orar como deberíamos” y el Espíritu debe conformar nuestras oraciones a la voluntad de Dios. 

Sería más útil en este asunto estudiar las oraciones del Nuevo Testamento (e.g. Efesios 1:15-23, 3:14-21; Colosenses 1:9-14; Filipenses 1:9-11). En estas oraciones no hay mención de orar unas cuantas palabras y luego sentarse a escuchar la voz de Dios. Las oraciones del Nuevo Testamento son la comunicación del corazón y la mente del creyente hacia el Señor. No es una comunicación de dos vías. Este concepto es completamente extraño en el Nuevo Testamento. No estoy negando que en la Bible Dios en ocasiones, habló a individuos cuando oraban. Pero éste no es el patrón normal dado y, hacerle la norma es distorsionar el propósito expresado de la oración, la cual es para que nosotros hablemos a Dios. 

P. A menudo escucho acerca de alguien entrando en o estando en la presencia del Señor. ¿Qué quiere decir eso y cómo puedo saber cuándo estoy en la presencia de Dios?

R. El Nuevo Testamento enseña que los cristianos tienen la morada de Espíritu Santo (1 Corintios 6:19) y por consiguiente están todo el tiempo en la presencia del Señor. No hay nada que podamos hacer para estar más en la presencia de Dios de la que estamos justo ahora. Cuando un líder de adoración invita a la audiencia a entrar en la presencia del Señor o alguien le pide al Señor venir a Su presencia, está errando. En Hebreos 4:16, sobre la base en la obra terminada de Cristo, el hijo de Dios es invitado a acercarse al trono de la gracia. Es decir, nosotros ahora tenemos acceso directo a Dios y nosotros somos alentados a tomar ventaja de ese acceso en oración. Esto no quiere decir que estemos más cercanos a la presencia de Dios durante la oración; quiere decir que debido a que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote tenemos el privilegio de la presencia de Dios todo el tiempo y nosotros seguramente podemos acercarnos a El en la oración. 

Aquellos que hablan de haber experimentado la presencia de Dios usualmente se refieren a un sentimiento subjetivo que tienen en el cuál ellos creen que han encontrado a Dios en alguna forma única. Algunas preguntas muy importantes deberían ser dirigidas a tales experiencias. Primero, ¿como qué siente la presencia de Dios? Mientras que alguien podría decir que sintieron paz o santidad o se abrumaron, nada en el Nuevo Testamento nos dice como se puede sentir a Dios. Aquellos que encontraron a Dios en una manera especial en las Escrituras no describen sentimientos de Dios sino reuniones tangibles directas con El. Tales experiencias con Dios fueron raras aun en tiempos bíblicos, aun involucrando a los personajes más importantes en la Escritura. El pueblo de Dios no vivió para estos encuentros ni los esperaron.  ¿Quiere decir esto que vivieron vidas vacías, huecas, emotivamente deprimidas? De ningún modo. Soy recordado de los hombres en camino a Emmaus que no reconocieron que habían estado hablando con Jesús hasta después de que Jesús desapareció. Inmediatamente se volvieron el uno al otro y dijeron: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Tales experiencias, en el cual nuestro corazón “ardía…en nosotros” cuando es expuesto a la verdad absoluta, deberían ser comunes en la vida del creyente.  Esto no quiere decir que hayamos entrado en la presencia de Dios (estamos ya en la presencia de Dios) pero que nuestros corazones han estado tocados por Su verdad. Estos momentos deberían generar pasión verdadera para con Dios, no porque la presencia de Dios está más cercana a nosotros, sino porque nuestros corazones han sido atraídos más de cerca de El en amor.

P. Si la evidencia de la presencia del Espíritu Santo no es una experiencia emocional en particular entonces ¿cuál es la evidencia del Espíritu Santo en mi vida?

R. Bíblicamente, la evidencia del Espíritu Santo en nuestras vidas no son sentimientos sino una transformación espiritual. Dos pasajes importantes, ambos a menudo usados fuera de contexto, nos ayudan aquí. Romanos 8:14-16 habla del Espíritu Santo conduciendo en nuestras vidas, pero la conducción aquí es hacia la santificación. Es a través del poder del Espíritu que ganamos la victoria sobre las acciones del cuerpo (vv. 12-13). En Gálatas 5:16-25 reconocemos la presencia del Espíritu Santo por el fruto espiritual que El produce en nuestras vidas. La semejanza a Cristo es la marca del Espíritu Santo, no un tipo particular de encuentro emocional.

P. ¿Esta usted diciendo que Dios no tiene una voluntad o plan para mi vida? ¿No sería tal punto de vista un deísmo práctico en el cual Dios nos creó, puso en movimiento ciertas cosas, dictó algunos preceptos morales y luego se aleja y no dejó a nuestra suerte?

R. De nuevo, debemos distinguir entre la voluntad soberana de Dios, La revelada (voluntad moral) y Su voluntad individual. Dios soberanamente predomina sobre todas las cosas. En Su providencia y su omnisciencia el Señor tiene todas las cosas planificadas a detalle según Su propósito y para Su gloria – y eso incluye Su voluntad para nuestras vidas. La voluntad soberana de Dios son las cosas secretas que le pertenecen, según Deuteronomio 29:29a, y no pueden ser conocidas por nosotros hasta que son reveladas con el tiempo. La voluntad revelada o moral de Dios es Su voluntad común para todas las personas como se registra en la Escritura. Es la voluntad revelada de Dios que nos pertenece y debe ser observada (Deuteronomio 29:29b). Cuándo se habla de la voluntad individual de Dios será correcto preguntar si Dios le tiene un plan soberano conocido sólo para El de nuestras vidas. La respuesta para esa pregunta es sí. La pregunta real que las personas están haciendo en lo que se refiere a la voluntad individual es: “¿cómo puedo saber la voluntad soberana de Dios para mi vida?” Quieren saber si Dios les ha dado un medio en el que puedan asaltar las puertas del cielo y pueden desatar los consejos secretos de Dios. Si es así, ¿cuáles son esos medios? Lo que he intentado mostrar es que la Escritura no da tal fórmula; más bien el Señor diseña para nosotros los principios y las instrucciones por medio de lo que podemos tomar decisiones sabias que están en conformidad con la voluntad (revelada) de Dios. Como alguien ha dicho: “la insistencia de Jesús y la Escritura no es en la importancia de descubrir la voluntad de Dios, sino siempre en la necesidad de hacerla.”

El cuadro bíblico es que Dios está sumamente involucrado en nuestras vidas en formas que no podemos imaginar, y en muchos casos nunca se sabrá durante esta vida (Romanos 8:28). En este tiempo andamos “por fe, no por vista” (2 Corintios 5:7).

En nuestro artículo final sobre este tema, examinaremos la noción descaminada de que los personajes de la Escritura vivieron en constante comunicación directa con Dios.

1 John MacArthur, www.biblebb.com/files/MAC/NEWREV.HTM

 

2 Blackaby, pp. 52-53.

 

3 Ibid., p. 213.

 

4 Ibid., p. 257.

 

5 Ibid., p. 214.

 

6 Ibid., p. 235.

 

7 Ibid., p. 210.

 

8 Ibid., pp. 34, 122.

 

9 Ibid., p. 37 (vea también las pp. 116, 124, 137).

La voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 3

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Por Gary E. Gilley

En nuestro tratado sobre la voluntad de Dios, el asunto no es si Dios tiene un plan específico para nuestras vidas. Deuteronomio 29:29 nos dice, “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” Este versículo resume una buena cantidad de entendimiento profundo sobre cómo quiere Dios que nosotros vivamos. Las “cosas reveladas,” las Escrituras, nos han sido dadas para que podamos vivir según la voluntad revelada de Dios (algunas veces llamada moral). Pero ¿qué acerca de las cosas secretas – las cosas escondidas, las cosas que no se nos dan a conocer en la Palabra?  Esas cosas le pertenecen a Dios – son el plan de Dios, oculto a nosotros. El punto es, en vez de tratar de penetrar en los cielos para buscar a fondo los misterios ocultos de Dios, deberíamos concentrarnos en lo que Dios nos ha revelado. Son las cosas reveladas las que nos permiten vivir en conformidad a los caminos de Dios. 

Pero ¿qué acerca de las cosas escondidas? Hay cosas que no se hallan en las páginas de la Escritura, cosas que a menudo queremos saber. La Biblia no me dice si debería casarme y ciertamente no me dice con quién me case. ¿No necesitamos información adicional de Dios aparte de la Escritura? Y si es así, ¿no necesitamos alguna metodología ó alguna técnica para descubrir esta información? En respuesta, podríamos explorar un par de asuntos:

 ¿Nos ha dado a Dios instrucciones de ir en busca de Su voluntad específica? Creo que la respuesta es “no”. No existen enseñanzas, órdenes o ejemplos para, o del, Espíritu Santo morando en nosotros y de cristianos del Nuevo Testamento de buscar la voluntad individual de Dios acerca de alguna cosa. Ni donde vivir o con quién a casarse, ni aun si alguien debería estar en el ministerio cristiano “de tiempo completo”. En el Nuevo Testamento, encontramos creyentes ocupados sirviendo y viviendo para el Señor cualquiera sean las circunstancias. No los encontramos apurándose en buscar una instrucción de Dios antes de tomar decisiones. Por otra parte, si Dios eligiese reencauzar a alguien, él lo hizo y no hubo nunca alguna ambigüedad acerca de lo que él decía. Por ejemplo, al comenzar Pablo su segundo viaje misionero, no lo encontramos a él y a Bernabé buscando la voluntad del Señor. En lugar de eso Pablo dijo a Bernabé, “regresemos y visitemos a los hermanos” (Hechos 15:36). En medio del viaje, Dios eligió intervenir y envió a Pablo a Macedonia (Hechos 16:6-10). Lo importante a notar es que este cambio de planes fue iniciado por Dios. Pablo no buscaba la voluntad de Dios en el asunto; él estaba ocupado ministrando. Fue Dios quien decidió intervenir y, claro está, Pablo fue obediente inmediatamente. Creo que éste es el mismo tipo de cosa que encontramos en Santiago 4:13-17. Santiago no condenaba a aquellos hombres de negocios cristianos de hacer planes o querer ganar dinero. Él les advirtió de su actitud impertinente que sacaban a Dios del asunto. En el versículo quince Santiago instruye: “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” Que ocasión perfecta para Santiago escribir: “Antes de que ustedes planeen negocios primero deberían buscar la voluntad del Señor”. Pero él no lo hace. Él quiere que ellos sólo sean conscientes y abiertos a la mano soberana de Dios que puede alterar sus planes. Creo que éste es el patrón bíblico para la época de la iglesia cristiana. 

 Si mi tesis está en lo correcto, deberíamos esperar encontrar en el Nuevo Testamento numerosos ejemplos y amonestaciones para que los creyentes tomen decisiones que estén en conformidad con la voluntad revelada de Dios. Y eso es exactamente lo que nosotros encontramos. Para probar con un texto este hecho debería servir de prueba todo el texto del Nuevo Testamento, pero aprovecharemos esta oportunidad para fijar la atención en algunos pasajes.

Libertad para Escoger

Estrechemos nuestra búsqueda para aquellas decisiones en la vida para las cuales los cristianos comúnmente buscan una palabra extrabíblica del Señor.

Las Preferencias Personales

Al igual que hoy, los cristianos antiguos tuvieron problemas en aceptar el concepto de que otros cristianos podrían ver las cosas de manera diferente. Estamos más cómodos cuando todo el mundo está de acuerdo con nosotros – después de todo, nuestras preferencias se basan esperanzadamente en principios sacados de la Escritura. Así pues, ¿qué sucede cuando los demás no aceptan nuestra lógica y eligen rechazar nuestras preferencias?  En pocas palabras: conflicto. Pablo escribe Romanos 14 para tratar de esta misma situación. El consejo inspirado del apóstol no es buscar la paz de Dios ni recomendar un método para discernir que es lo correcto, sino el aceptar el uno al otro (v. 2) y dejar a Dios ser el juez (v. 4).  Enmarquemos esto con un ejemplo de hoy en día. Primero la iglesia necesita un nuevo edificio – acerca de esto todos estamos de acuerdo, pero allí la unanimidad llega al final. El hermano Joe quiere mudarse a la Tercera Calle, pero el Hermano Bill cree que Dios los esta dirigiendo a mudarse hacia el campo. La hermana Suzy, tesorera y profesional proyectista financiero, cree que la iglesia fácilmente puede maniobrar una hipoteca de $500,000, pero la hermana Jane no tiene paz acerca de una deuda. ¿Cómo se puede decidir todo de esto? El pastor Jim está orando por una palabra del Señor que traiga de nuevo a su pueblo, pero en la época en que él piensa que Dios le ha hablado a él, el diácono principal George afirma una palabra contraria de Dios. La discusión tiene lugar. ¿Nos ha dejado el Señor a tal medio subjetivo para determinar lo mejor en tal situación? Creo que no. Romanos 14 establece los principios eternos para manejar diferencias de opinión. El pasaje no nos va a decir si la Primera Iglesia deba construir, donde, con o sin deuda, pero le dirá a la congregación cómo el cuerpo de Cristo debe manejar el desacuerdo y las diversas preferencias.

Ofrendar

¿Cuánto deberíamos dar para la obra del Señor? ¿Deberíamos diezmar simplemente y sería todo? Si es así, ¿debemos diezmamos del neto o del bruto (si usted viene de mi trasfondo usted sabe a que me refiero con eso)? ¿Debe ir todo nuestro diezmo a nuestra iglesia local (algunos lo llaman “la bodega del diezmo”) o lo podemos distribuir? Si nosotros no aceptamos el sistema de diezmo, ¿a dónde nos dirigimos?  ¿Qué pastor no ha dicho: “queremos que usted Dé como el Señor le ponga en su corazón?”  ¿Es esto un principio bíblico? ¿Debemos nosotros esperar que el Señor coloque una cierta cantidad sobre nuestros corazones y, mientras El está en eso, que nos diga a quién dárselo también? Para encontrar respuestas a todas estas preguntas haríamos bien en recurrir a 2 Corintios 8-9, la sección más extensa en la Escritura sobre el dar. Allí no encontramos ninguna de las sugerencias de arriba sino un paquete diferente de instrucciones. Muchas instrucciones y motivaciones son dadas pero el meollo del asunto es: “cada uno de cómo propuso en su corazón” (9:7). Ninguna oración es hecha para que Dios coloque una carga sobre nuestros corazones. No se da ninguna demanda para diezmar – simplemente “como propuso en su corazón”. Por supuesto que Dios ama a un dador alegre (9:7), la ofrenda es un gran privilegio (8:2-6), la ofrenda debe ser liberal (8:2), dar debe estar motivado por el don indescriptible de Cristo (8:9, 9:15) y la ofrenda dar debe ser proporcionada a nuestra bendición financiera (1 Corintios 16:2). Aun así damos como propuso en nuestro corazón.

El matrimonio

Pocas decisiones en la vida pueden compararse a la decisión que tomamos concerniente a un conyugue. Si acaso alguna vez podemos necesitar una palabra del Señor, sería con relación a quién casarse. Recuerdo, durante mi año de novato en la universidad Bíblica, cuando uno de los ancianos, un “gigante” espiritual en el cuerpo estudiantil, tomó a una estudiante de primer año joven y atractiva en una cita y prontamente le informó a ella que Dios le había dicho que ella sería su esposa. Ella estaba en estado de choque pero este joven, después de todo, era un gigante espiritual, muy respetado por los estudiantes y por la facultad igualmente; ¿Quién era ella para interponerse en el camino del Señor? Si fuese la voluntad de Señor entonces ella debía aceptar. Pero presumiblemente el Señor cambió de idea a alguna parte en el futuro, pues el gigante espiritual se casó con otra persona, mucho alivio, podría agregar, del joven estudiante de primer año. 

¿Si el Señor tiene un compañero(a) ideal escogido para nosotros cómo debemos nosotros saberlo? Si hay un área en la cual no queremos perder la voluntad perfecta de Dios esta tiene que serla. Sin embargo, en ninguna parte del Nuevo Testamento se nos enseña algo sobre el encontrar a nuestra “media naranja” de la mano de Dios. En 1 Corintios capítulo siete, en el cual el Señor discute numerosas preocupaciones y problemas relatados en el matrimonio, recibimos realmente instrucciones diferentes. Pablo escribe en el versículo treinta y nueve: “La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.” (Énfasis mío). De nuevo, si hubiese un lugar para diseñar los pasos para encontrar la pareja perfecta sería justo aquí. Pero Pablo dice que ella tiene libertad de casarse con quienquiera que ella desee, con tal de que él sea un creyente. Eso no quiere decir que no haya criterios bíblicos para escoger a una pareja, pero el punto es que la elección es dejada al creyente. No hay mención en la Escritura de que Dios tenga “uno” seleccionado para usted y, que si usted se casa con alguien más, usted estará extraviado en el plan perfecto de Dios para su vida.

La Toma De Decisiones en General

Este patrón es normativo en el Nuevo Testamento. Pablo le dijo a Tito: “Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno” (Titus 3:12), no “el Señor me ha conducido a hacer eso”.  Pablo permaneció en Atenas por sí mismo al enviar Timoteo a Tesalónica porque “nos pareció bien” (1 Tesalonicenses 3:1-2 RVA), no porque el Señor le había dado paz acerca de eso. Cuando Pablo devolvió a Epafrodito a los filipenses él hizo eso porque él tuvo “por necesario” (Filipenses 2:25), no porque el Señor se lo había puesto en su corazón. Los corintios eligieron a “a quienes hubiereis designado por carta” para acompañara a Pablo con su donativo financiero porque él lo vio como “si fuere propio que yo también vaya” (1 Corintios 16:3-4). Ninguna mención es hecha acerca de buscar la voluntad de Señor en esto. ¿Y cómo es acerca del ministerio cristiano?  Seguramente si uno debe entrar en el ministerio uno primero debe recibir una llamado del Señor. Pero no sólo nunca es utilizada la palabra “llamado” en esta forma en el Nuevo Testamento sino, en 1 Timoteo, cuando el Señor nos dice la clase de hombre que debería ser un anciano, El hace a Pablo escribir: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.” (1 Timoteo 3:1) (Énfasis mío). Los ancianos deberían ser hombres que deseen el oficio (así como el cumplir los otros requisitos). Ninguna mención se hace del ser llamado se encuentra en ningún lugar.

La Toma De Decisiones

Cuando nosotros nos acercamos al Nuevo Testamento buscando cómo Dios nos hace tomar decisiones, ¿qué categorías encontramos? En vez de instrucciones en relación a la forma de discernir la voluntad de Dios individual para nosotros se nos dan principios de toma de decisiones. En vez de señalarnos corazonadas, voces internas y pensamientos, se nos señalan líneas directivas bíblicas que nos permiten hacer elecciones sabias para la gloria de Dios. El Nuevo Testamento ilustra un cuadro de un creyente que sabe y obedece la Escritura, con la morada y capacitado por el Espíritu Santo, y quien ha recibido una mente por medio de la cual puede pensar, razonar, percibir y escoger. Él es un individuo que es realmente capaz de (debido a la regeneración, las Sagradas y la renovación de su mente) hacer decisiones sabias que agraden a Dios. Es por estas razones que Dios no llama a cristianos a tomar elecciones subjetivas basadas en lo que “sienten” que Dios les este diciendo. Mas bien debemos ser estudiantes de la Palabra, conocer cómo quiere Dios que nosotros razonemos y escojamos basados en los principios él nos ha dado. Sería mucho más fácil, y para algunos parecería ser más espiritual, tener a Dios diciéndonos todo nuestros movimientos. ¿Por qué estudiar la Biblia para percibir la senda más prudente cuando podemos simplemente cerrar el Libro, nuestros ojos y escuchar la voz interna de Dios?  Por supuesto, si el Nuevo Testamento nos informase que esto es así como nos guía Dios hoy, entonces lo haríamos. Pero usted irá en vano en busca de tal enseñanza.

Entonces, ¿qué dice el Nuevo Testamento acerca de la toma de decisiones? 

Siempre comience con la Escritura.  Una plétora de problemas, los errores, los errores y la vida falsa podrían ser evitados si justamente comenzaríamos con Sagrada Escritura.  Éste es un principio simple que es muy a menudo es ignorado. El hábito de muchos, aun de muchos líderes cristianos, comienza con una idea, una filosofía, una preferencia personal, manía u observación, y luego van a la Escritura para encontrar algunos versículos para apoyar su teoría. Si hacemos eso, podríamos poder convencernos de casi cualquier cosa. Pero si todo lo que hacemos y creemos emerge de la misma Palabra, podremos discernir el valor, o la falta de ello, de todas los demás ideas. Si pudiese resumir mi filosofía de ministerio en una frase sería: “comience con la Escritura.”

Cuando usted comienza con la Escritura, en el área de toma de decisiones, usted podrá hacer sus decisiones con base a los preceptos bíblicos bien fundados, órdenes y principios. La Biblia no le dirá qué casa usted debe comprar, pero a ella encerrará esa decisión con líneas directivas financieras, ministeriales y familiares. No le puede decir que se mude a la calle Sur 334 Grant, pero presentará asuntos tales como: ¿Son sus prioridades financieras bíblicas o usted solo esta pensando en su comodidad? ¿Cuánto puede permitirse usted verdaderamente? ¿Es para su prestigio o para cubrir las necesidades de su familia y servir mejor al Señor? ¿Será esta maniobra la mejor para su cónyuge?, etc. Son conceptos bíblicos como éstos los que nos permiten tomar las decisiones que honran a Cristo.

Ore por sabiduría (Santiago 1:5-8). Este pasaje en Santiago está principalmente en el contexto de las pruebas; muchas de las decisiones que hacemos son durante solo tales ocasiones. Santiago nos dice que Dios contestará nuestra oración por sabiduría, cuando se le es pedida en verdad, pero él no dice cómo. Si la sabiduría es definida como la aplicación del conocimiento de la Palabra de Dios, entonces quizá el Señor abra nuestras mentes para la comprensión de Su verdad en una forma única cuando oramos.  No podemos estar seguros de la metodología pero nosotros podemos tener la seguridad de que Dios contestará. De nuevo, no se nos ha dicho que el Señor específicamente tomará la decisión por nosotros a través de alguna forma de corazonada, sólo que él proveerá sabiduría para tomar una decisión sensata.

El consejo sabio.  Las Escrituras están repletas con aliento para que nosotros busquemos el consejo de personas sabias y piadosas (Proverbios 12:15; 13:10; 15:22; 20:18).  Adicionalmente, Pablo le dice a los creyentes que deberían involucrarse en aconsejar el uno al otro (Romanos 15:14). El consejo de personas sabias, piadosas y con conocimiento bíblico es una fuente importante para tomar decisiones sabias, pero debemos recordar que tal consejo no es infalible. Es una parte pero eso no soluciona el acertijo.

Las circunstancias y la oportunidad. Lo mismo puede decirse concerniente a estas dos cosas.  Las circunstancias y las oportunidades nos ofrecen opciones – opciones que deberían ser cuidadosamente examinadas. Pero estas opciones no son mandatos obligatorios de Dios. Puesto que se nos ofrece un trabajo en Indiana no quiere decir que lo debamos tomar. Porque Dios nos ha “abierto la puerta” a enseñar en la escuela intermedia a los niños no quiere decir que tenemos que hacer eso. 

El deseo. Dios a menudo obra a través de nuestros deseos.  ¿Qué es lo que queremos hacer? Es una buena pregunta para considerar cuidadosamente.  En 1 Timoteo 3:1 Pablo escribe que aquellos que deseen ser ancianos desean una cosa buena. Pero note cuidadosamente, Pablo no le dijo a Timoteo que tome a todo aquel que desee el oficio de anciano y lo establezca.  Más bien, él establece a Timoteo los requisitos que un anciano debe cumplir (3:2-7; Vea también a Tito 1:5-9).

Esto sería un buen momento para decirle un poco más acerca del “llamada” al ministerio. Sólo tres veces en el Nuevo Testamento alguien es llamado al ministerio: Pablo es llamado a ser apóstol (Romanos 1:1; 1 Corintios 1:1); Bernabé y Saulo para ir a su primer viaje misionero (Hechos 13:2) y Pablo para llevar el evangelio a Macedonia (Hechos 16:9-10). Estos tres llamados únicos no establecen una norma. ¿Qué hay acerca de todos los demás ministros en el Nuevo Testamento que no recibieron tal llamado – cómo supieron que debían ser ancianos (pastores) o misioneros o a donde debían ir? No encontramos alguna enseñanza definitiva sobre un llamado para el ministerio en el Nuevo Testamento. Así que, ¿cómo una persona tomaría la decisión al respecto con respecto a si debía estar o no en el ministerio? Pienso que John Newton (el autor de “Sublime Gracia”) dio en el punto cuando él ofreció estas tres pruebas: 1) El Deseo – tiene usted “un deseo candente y fervoroso para ser empleado en este servicio?”  2) Los dones – “Debe a su debido tiempo aparecer una cierta suficiencia, dones, conocimiento y expresión. Seguramente, si el Señor envía a un hombre a enseñarle a otros, El le proveerá con los medios”.  3) Oportunidad1 –   He escuchado que si usted se siente llamado a predicar pero nadie parece ser “llamado” a escucharle usted tiene un problema. Para los comentarios de Newton, agregaría los requisitos espirituales necesarios descritos en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Aquellas listas contienen en su mayor parte características espirituales pero también incluyen la habilidad para “que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.” (Tito 1:9).  En otras palabras, deben poder enseñar la Palabra así como también oponerse y corregir a aquellos que no lo hacen.

 Libertad. Rodeados por estos principios, y otros encontrados dentro del Nuevo Testamento, recibimos libertad para hacer decisiones que creemos glorificarán a Dios (1 Corintios 10:31). Muchos cristianos están incómodos con tal libertad, habiendo sido enseñados que la voluntad perfecta de Dios podría ser encontrada a través de algún medio extrabíblico. Pero las buenas noticias son que Dios, dentro de los parámetros bíblicos, nos ha dado a nosotros la libertad y la capacidad para tomar decisiones sabias que le honren.

[1] Leadership Vol. VI #3, “How Do I Know I Am Called”; Pp. 55-56.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 2

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Gary E. Gilley

En el práctico libro de Dave Swavely, Decisions Decisions escribe:

Muchos cristianos, que dirían que no creen en una revelación nueva, esencialmente buscan revelación nueva en su toma de decisiones. Pueden tener una teología de “cesacionismo” en su perspectiva de la revelación, pero en su práctica diaria contradicen esa teología intentando escuchar a Dios decir algo que no está en la Biblia. Y sugeriría que su teología es correcta, así es que le deberían permitir que esta forjara su vida práctica. Dios habla hoy, pero él habla a través de su Palabra.1

 

¿Pero no podemos contar con ambas alternativas?  ¿No podemos tener la revelación completa de Dios en la Biblia y revelaciones extrabíblicas, que no se acerquen totalmente a la revelación y a la par?  O. Palmer Robinson sugiere que:

¿Y por qué no ambos? ¿Por qué no la iluminación de la Escritura combinada con revelaciones nuevas del Espíritu? Simplemente porque si usted dice necesitar para ambos, usted ha dado a entender la insuficiencia de la misma. Usted se ha posicionado en la estructura del antiguo pacto, en un tiempo donde nuevas revelaciones se requerían debido a lo incompleto del antiguo.  Pero Cristo es la última palabra.2

 

Por el otro lado de la cerca están aquellos que dicen que tal teología es un Deísmo práctico, despojándonos de un Dios personal que está obrando en nosotros individualmente. La Escritura, dirían, es incuestionablemente la Palabra inspirada de Dios – pero es la Palabra de Dios para todo el mundo igualmente. Cuando leo que el “Señor es mi pastor” o que Cristo murió por nuestros pecados, éstas son declaraciones verdaderas, pero son ciertas para cada creyente no sólo para mí. Preguntan ¿Qué le parece a usted si su esposa dijese que ella le ama pero ella ama igualmente a todos los que ella conoce?  ¿Le haría eso sentirse especial o justo? Así los es Dios y nosotros. Él sostiene que ama al mundo y El ha hablado en general a todos (a través de la Biblia), pero también necesitamos palabras personales – las palabras solo para nosotros, para afirmar nuestra relación personal. Y la parte de esa palabra personal incluye la dirección. Si el Señor realmente me ama y El es infinitamente sabio, entonces necesito Sus instrucciones íntimas. No es suficiente, de nuevo, que él le haya dado instrucciones amplias, principios y la orientación a todo el mundo.  Necesito algo más, algo solamente para mí, algo privado. Las Escrituras me dicen que Dios me guía en los caminos de rectitud – y eso es bueno.  Pero necesito de Su dirección en asuntos más específicos como la selección de un trabajo, con que persona se casaré, qué casa he de comprar y docenas de otras preocupaciones. No necesito Su ayuda para escoger qué ropa he de llevar puesta o que ruta he debería tomar hacia la iglesia (aparentemente hay un umbral debajo del cual soy capaz de hacer mis propias elecciones), pero para las decisiones grandes de la vida necesito un mensaje personal.

Lo que estas personas están diciendo parece tener sentido pero ¿están en lo correcto? Parecería que un número de pasajes de la Escritura señalan que no lo son.  Lo que si, como Garry Friesen dice, las impresiones no son autoritativas pero ¿son realmente son solo impresiones?3 ¿Qué si no son mensajes de Dios del todo?, es decir, los incrédulos tienen impresiones, ¿no es así?  ¿Cuál es la fuente de sus impresiones?  Veamos lo que la Biblia dice.

Pero ¿Qué Acerca de Aquellos Textos Bíblicos?

El salmo 19 nos enseña hay dos fuentes de revelación: de naturaleza (vv. 1-6) y de la Escritura (vv. 7-14).  La “revelación general” de la naturaleza, hablando a rostro firme de la gloria de Dios, aun tiene serias limitaciones. Romanos 1:20 confirma que la naturaleza es capaz de revelar al género humano el poder eterno y la naturaleza divina de Dios; por consiguiente aun aquellos que no saben nada de Jesucristo están sin excusa cuando rechazan a Dios. Pero la revelación general es incapaz de exponer una multitud de cosas incluyendo a Jesucristo, la cruz, la gracia, la vida eterna, etc. Para cosas así necesitamos la “revelación específica” de la Escritura. Estas dos revelaciones generales y específicas, han sido reconocidas por el pueblo de Dios a todo lo largo de las épocas como los medios normales en los cuales Dios se comunica con nosotros. Ocasionalmente, el Señor se abre paso en otras formas, ya sea por ángeles, visiones, sueños y aun burros, pero éstas son excepciones raras como hemos explorado en artículos previos. Pero estos han estado agregados en otra forma de comunicación, uno que no es encontrada en la Palabra – eso de la voz interna de Dios en una forma u otra. Mientras que ya hemos encontrado que esta voz interior está ausente en la Escritura (la “voz aun pequeña” que Elías escuchó en 1 Reyes 19:12-13 a menudo es presentada como evidencia de la voz interior de Dios, pero aun una mirada rápida al pasaje demuestra que ésta fue una voz “externa” literal, no una impresión interna), aun hay un número de textos que parecerían señalar que Dios guía en esta época del Nuevo Testamento aparte de la Escritura. Es decir, para ser claro, Dios parece en estos pasajes comunicar instrucciones específicas acerca de nuestras vidas individuales a través de fuentes extrabíblicas, la mayoría a través de las circunstancias, impresiones y consejo divino. Que en la toma de decisiones debería ser sabio el cristiano en poner atención cuidadosa a estos asuntos no está en debate. La pregunta es si Dios realmente comunica Su voluntad autoritativa particular a un individuo en particular a través de esta manera en particular. Creo que la respuesta es un claro “no”.

Pero ¿qué acerca de los textos que parecen implicar que Dios tiene una voluntad específica y que El nos guiará en ella si encontramos ciertas condiciones? Estos textos bíblicos incluyen: Proverbios 3:5, 6; Colosenses 1:9-10; 3:15; Filipenses 4:6, 7; Romanos 8:14, 16; Salmo 32:8; Juan 16:12-14; Efesios 5:17. Echemos una ojeada rápida a lo que predomina en estos para ver lo que realmente enseñan en contexto. 

Romanos 8:14 – “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Una interpretación común de este versículo es que una de las formas en que sabemos que somos hijos de Dios es a través de la guía interior del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si hemos nacido de nuevo deberíamos esperar que el Espíritu Santo confirme nuestra condición espiritual por la constante recepción de la guía extrabíblica y sobrenatural del Espíritu Santo acerca de las decisiones personales. Pero el contexto del pasaje no tiene nada que ver con la toma de decisiones y todo lo que tiene que ver con la vida piadosa. La prueba de nuestra conversión, dice Pablo, es la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas – pero esa guía está hacia la vida justa y no hacia la toma de decisiones (vv. 9-13).

Romanos 8:16 – “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” Pero ¿no habla este versículo de un testimonio interno del Espíritu Santo?  Aun si nosotros reconocemos que el contexto tiene que ver con la evidencia de una vida espiritual y no a la toma de decisiones, ¿no estará diciendo Pablo que un cristiano sabrá que él es salvo porque el Espíritu Santo en cierta forma le habla a su corazón? Bueno en primer lugar, aun si eso fuera cierto, no es nos dice cómo es que el Espíritu Santo nos “da testimonio a nuestro espíritu”. Muchos llegan a la conclusión de que este testimonio es una impresión o voz interna por la cual sentimos la presencia de Dios a través del Espíritu Santo y así sabemos que somos salvos. Pero no creo que la interpretación pueda ser confirmada de este versículo. Para empezar, el versículo no dice que el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu sino “con” nuestro espíritu (nota: en inglés es “con” en lugar de “a”, en la versión Actualizada [RVA] dice: “El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”). En otras palabras, cuando el Espíritu Santo y nuestro espíritu están de acuerdo, sabemos que nos salvamos. Cuando el testimonio del espíritu del creyente, en lo que se refiere a por qué cree él que es un hijo de Dios, está de acuerdo con el testimonio del Espíritu Santo (el evangelio inspirado en espíritu como es registrado en la Biblia), entonces él sabe que él es un hijo de Dios. Estoy de acuerdo con Don Matzat en este versículo:

Los maestros de la Biblia generalmente están de acuerdo que cuando el apóstol Pablo nos dice que seamos guiados por el Espíritu, él no está hablando de alguna invasión externa momentánea del Espíritu Santo en nuestra conciencia, diciéndonos qué hacer y cómo hacerlo. Ni se esta refiriendo a nuestro esfuerzo de llamar por medios mágicos el Espíritu en algún encuentro místico. Pablo simplemente nos dice que vivamos según nuestra vida nueva en Cristo, la cual es Cristo morando en nosotros por Su Espíritu Santo, o ser “guiados por el Espíritu” en oposición a el vivir según nuestra antigua naturaleza pecaminosa, o sea “guiado por la carne”.4

 

Salmo 37:4 – Con Base en este versículo, “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón,” algunos concluyen que los creyentes viviendo en conformidad con el Señor pueden confiar en sus deseos para guiarlos. Se registra que Calvino dice: “ama a Dios y actúa como te plazca”. Pero esta interpretación presiona el versículo demasiado lejos y está en contra de otros textos bíblicos. La comprensión normal de este versículo es que, cuando nos deleitamos en el Señor, dará como resultado un cambio de nuestros deseos a fin de que estén en armonía con los deseos de Dios para con nosotros. Pero el Salmo no sigue diciendo que nuestros deseos son ahora completamente confiables. Nuestra carne está en guerra con el Espíritu mientras estemos en estos cuerpos humanos (Gálatas 5:16-18), haciendo siempre difícil saber que los deseos de nuestro corazón son puros. Pablo pareció luchar contra estar en deseos conflictivos en una base normal (Romanos 7:14-25) y él quiso ir a España, pero nunca lo hizo (Romanos 15:24, 28). Aun Jesús quiso evitar la Cruz pero eligió someterse por sí mismo a la voluntad del Padre (Mateo 26:36-46). Los deseos del cristiano comprometido pueden ser un buen punto de partida en nuestro proceso de toma de decisiones, pero bíblicamente no podemos afirmar que nuestros deseos hayan sido implantados por el Espíritu, o que son guías infalibles.

Filipenses 4:6-7 comparado con Colosenses 3:15 son versículos que han sido usados por multitudes de creyentes que buscan la “paz de Dios” en su toma de decisiones. El argumento va como sigue: El juez final (gobernante) para conocer la voluntad de Dios es la paz de Dios. Si el Señor quiere que nosotros tomáramos acción él indicará Su aprobación dándonos Su paz. Por otra parte, si no estamos en la voluntad de Dios, el Señor hará evidente esto a través de una intranquilidad en nuestros corazones.

Como joven intentando aplicar la teoría de la “paz de Dios” a mi vida, me encontré con algunos problemas muy prácticos. Por ejemplo, nunca podría obtener la paz de Dios cuando hacía compras grandes. “Deseaba” un coche nuevo (¿era esto un deseo de Dios o no?) pero era demasiado para un avariento tener “paz” en gastar grandes cantidades de dinero. Estaba paralizado. No tuve paz acerca en comprar el coche pero ninguna paz en no comprándolo también. En cierta forma la teoría de paz (y aun la teoría del deseo respecto a esto) no funcionaba para mí. Asumí que era demasiado estúpido y demasiado pecaminoso también discernir la paz de Dios. Entonces observé personas clamando la paz de Dios sobre lo más estúpida de las decisiones – las decisiones que regresarían a obsesionarlos. No fue sino hasta años más tarde que fui aliviado al regresar a estos pasajes y descubrir que no estaban en el contexto de la toma de decisiones en absoluto. Ambos pasajes hablaban de paz (o la falta de conflicto) entre el creyente y otras personas y/o Dios, no alguna paz interna que indicaría cuándo hemos hecho las decisiones correctas. La armonía con nuestro prójimo y con Dios viviendo Su voluntad revelada es el contexto y no la toma de decisiones.

2 Corintios 2:12-13 – ¿Y qué acerca de aquellas puertas abiertas? En este pasaje se lee: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.” Los versículos que hablan de puertas abiertas (vea también, Hechos 14:27; 1 Corintios 16:8, 9; Colosenses 4:3) nos “abren la puerta” para examinar el papel que jugaban las circunstancias en la voluntad específica de Dios. ¿Son las circunstancias la manera de Dios de comunicarnos Su voluntad? La Escritura no señala que lo sean. Uno de los problemas con las circunstancias es su naturaleza subjetiva; es decir, podemos leer en ellas simplemente acerca de alguna cosa que deseamos. Si no podemos encontrar un buen trabajo en nuestra ciudad natal, es esta una manera de Dios de decirnos que nos mudemos o Su manera de sacar el materialismo de nuestras almas? ¿Si interpretamos que es la voluntad de Dios que nosotros debamos movernos, simplemente donde me está dirigiendo El?  Ciertamente el Señor fue directo con llamar a Pablo para Macedonia, pero esa fue una maniobra única por parte del Señor de incluir una visión, no simplemente un cambio en las circunstancias. Por supuesto, si el Señor abre una puerta, o cierra una (algo nunca mencionado en la Biblia), necesitamos fijarnos bien. Pero aun estas puertas abiertas no son autoritativas. Pablo oró por puertas abiertas para el evangelio, pidiendo oportunidad para propagar las buenas noticias, pero en 2 Corintios 2:12-13 Dios le había dado una puerta abierta que él decidió ignorar porque él tenía otras cosas en mente. En el mejor de los casos, las circunstancias representan oportunidades (o la falta de ellas) que nos pueden ayudar a en nuestras decisiones pero no son mandatos de Dios. Si yo creo que he sido “llamado” a predicar pero nadie parece ser llamado (o dispuesto) para escuchar, el examen de esa circunstancia puede resultar ser más útil. Pero eso ni confirma ni invalida si debo ser un pastor, aunque podría suministrar datos útiles en mis elecciones vocacionales.

Proverbios 3:5-6 – “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos,

Y él enderezará tus veredas.

Esto es seguramente uno de los pasajes más amados en la Palabra y con razón. Durante los grandes momentos de estrés y duda ¿que creyente no ha leído o citado estas palabras con gran consuelo? Pero ¿simplemente qué se les ofrece a aquellos que confían y reconocen el Señor? La comprensión del pasaje es torcida por la KJV (Versión Rey Jaime) traduciendo la frase final, la cual dice: “y él guiará tus caminos”. La implicación, al menos para muchos, es que el Señor nos dirigirá en Su voluntad perfecta y específica para nuestras vidas si nosotros confiamos en El. El problema con esta comprensión del pasaje es que la palabra “caminos” no se refiere no a la voluntad específica en el uso del Antiguo Testamento, pero habla del camino general de la vida. En Proverbios 4:18 se nos habla de la “senda de los justos”. Y en Proverbios 15:19 se nos dice que “Mas la vereda de los rectos, como una calzada.” Proverbios 11:5 da una promesa similar 3:6 cuando dice: “La justicia del perfecto enderezará su camino.” Lo que tenemos entonces no es una promesa de una dirección individual a través del confiar en Dios, sino una descripción del tipo de vida que conduce el confiar. Es una vida en conformidad a la voluntad moral o revelada de Dios. Aquellos que se apoyan en El van en dirección correcta en el camino de la vida. Viven como Dios quiere que el justo viva. Friesen dice esto bien: “el punto de Proverbios 3:5-6, entonces, es que aquellos que confían en Dios, y confían en Su sabiduría en vez de su propio entendimiento mundano, y reconocen a Dios en cada parte de su vida, cosecharán una vida que tiene éxito mediante los estándares de Dios.5

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

John 16:12-14 – “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Muchos toman estos versículos como teniendo aplicación universal. Pero ¿debemos nosotros leer estos pasajes como una promesa para todos los creyentes en todo momento, o son estas promesas peculiares para los apóstoles e indicadores de que la revelación del Nuevo Testamento pronto la recibirían a través del Espíritu Santo? Juan 14:12 especialmente ha sido usado por muchos para dar apoyo ya sea a una revelación permanente o a una iluminación única, pero tal interpretación es dificultosa por la frase final que promete: “él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Jesús claramente hablaba de instrucciones dadas a los apóstoles mientras él andaba entre ellos. Mucho de lo que él les enseñó trascendía su comprensión. Este discurso encontrado en Juan 14-16 contiene cierta teología de la más profunda alguna vez dada por nuestro Señor y trascendió fácilmente la comprensión de los apóstoles. Él por consiguiente les promete que en el futuro un Ayudante vendría: el Espíritu Santo, quien traerá estas cosas de vuelta a su memoria y aun los guiaría a una revelación nueva (16:13-14). No creo que Jesús esté estableciendo referencias para la toma de decisión individual con respecto a las áreas de rutina de la vida. Sino mas bien, creo que él habla del método por el cual el Señor transmitiría la verdad del Nuevo Testamento para la iglesia (vea a 1 Corintios 2:9-10).

Una Aplicación Personal

Al escribir este artículo estoy sentado sobre una terraza en Brasil. Algunos meses atrás fui invitado por algunos pastores brasileños a venir a su país y ministrar en una conferencia de pastores, predicar en varias iglesias y enseñar temas teológicos contemporáneos en un seminario. Cuando se me invitó, tuve que tomar una decisión. Las oportunidades para presentar la Palabra, enseñar y animar el liderazgo brasileño de la iglesia y a otros creyentes fueron enormes. Pero por otra parte el viaje era costoso y tendría que apartarme de mi iglesia y de mi familia por 17 días. ¿Cómo debía yo decidir “la voluntad del Señor” sobre este punto? Una puerta de oportunidad estaba abierta, pero perdería el derecho a otras oportunidades. Podría buscar la paz del Señor pero yo estaba entre la espada y la pared de mi dilema usual – cualquier cara de la moneda de la paz era difícil de encontrar. Busqué el consejo de mis ancianos de la iglesia y ellos dijeron: “haga cualquier cosa que usted desee” – de gran ayuda fueron. Si sólo el Señor me dijera qué hacer, o mínimo me diera algunas corazonadas fuertes, entonces podría saber qué hacer, pero ninguna de las corazonadas aparecía. Al fin tomé la decisión de venir a Brasil, una decisión que creo que fue una que honró al Señor. Pero si el Señor no me estaba “guiando” a venir a Brasil, ¿cómo sabría yo si estaba en Su voluntad? Sin presentimientos, sin corazonadas, sin la paz de Señor, o circunstancias definitivas, ¿cómo sé que hice la decisión correcta? O ¿podía haber permanecido en casa y aun estar en Su voluntad?  Hasta la próxima.

[1] Dave Swavely, Decisions, Decisions, (Phillipsburg, New Jersey: P&R Publishing, 2003), p. 65.

[2] As quoted in Swavely, pp. 30-31.

[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 131.

[4] Don Matzat, The Lord Told Me, I Think, (Eugene, Oregon: Harvest House, 1996), p. 64.

[5] Garry Friesen, p. 98.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 1

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Por Gary E. Gilley

Una escuela universitaria de graduados evangélica prestigiosa le pidió al Profesor X que aceptara una posición como decano. Al tratar de determinar la voluntad de Dios al respecto, el Profesor X escribe: “Al leer Hechos 10 en El Mensaje de Peterson, leí las palabras, ‘Si Dios dijo que está bien, entonces está bien.’  Sentí al Señor aplicando esta Escritura a mi situación; supe entonces que estaba autorizado para ir”. Un autor cristiano muy respetado escribe: “cuándo sentimos la mano del Maestro y oímos Su voz en nuestras habitaciones, le deberíamos seguir” (énfasis mío). Un escritor de devocionales clásicos en uno de sus libros, acopió una historia sobre la historia del Señor llevando la delantera a través de impresiones internas y de voces audibles. Él escribe: “es positivamente estimulante, y al mismo tiempo humillante, estar en la compañía de hombres tan íntimamente familiarizados con Dios que esperan en El y aun dirigirlos hasta en que casa han de visitar, qué corriente tomar, o a qué desconocido hablarle en la calle”. 

Este concepto de cómo guía el Señor es muy común hoy de que los ejemplos anteriores citados probablemente no conmocionen a ninguno de mis lectores.  Y éste no es simplemente un fenómeno moderno – tales puntos de vista pueden ser rastreados a todo lo largo de la historia de la iglesia.  Por ejemplo tome al pastor Puritano Cotton Mather (1663-1728), una de las figuras religiosas más influyentes en la historia americana. Mientras doctrinalmente sano en su mayoría, Mather tuvo una creencia extraña en lo que él llamó “fe particulares”.  Él quiso decir por el término: “un grado pequeño de Espíritu de Profecía concedida por Dios para la elite devocional para abundar en la oración secreta” (el énfasis es de él).1 Mather creía que los ángeles administraban estas “fes particulares” las cuales garantizarían respuestas a la oración y a proveer una dirección divina infalible. Por largos años él tuvo una fe absoluta en “las direcciones divinas,” hasta que un gran número de mensajes supuestamente de Dios probaron ser falsos. Esto incluyó la muerte de su esposa y la condición espiritual de su hijo.  Debido a la desilusión con las “fe particulares” la propia fe de Mather casi desmayó. Él supuso por un tiempo que el problema realmente recaía en los ángeles (quiénes él creía que transmitían estos mensajes de Dios). Quizá, él meditaba, que ellos mismos realmente pueden desconocer el futuro. Por supuesto, esto no solucionó el problema. Si Dios lo dirigía mediante ángeles y aun esa dirección era falible, ¿de quien era la dirección? Finalmente él se dio cuenta que él había interpretado mal estas impresiones, se volvió cuidadoso y las abandonó como si no tuviesen valor.2

 

Somos confrontados con el mismo dilema.  ¿Dirige Dios a sus hijos por medios extrabíblicos o no? ¿Hasta qué punto sería tal dirección fidedigna? ¿Pudieron ser las direcciones extrabíblicas (si existiesen) ser completamente, parcialmente o de ningún modo confiables?  ¿Cómo lo sabríamos?  Nuestra única esperanza para una respuesta comprensiva, como siempre, no está en los testimonios y en las experiencias de las personas sino en un examen de la suficiente Palabra de Dios.

La Voluntad de Dios para Mi Vida

Constantemente oímos sin intención en círculos cristianos que alguien está buscando la voluntad de Dios para su vida. Es más probable hablar de las decisiones importantes – con quién casarse, a que escuela asistir, qué vocación a de seguir, etc. Otros buscan la voluntad de Dios para preocupaciones menores: Qué coche o casa han de comprar, a cual iglesia asistir, tomar vacaciones. Hemos sido enseñados que la voluntad de Dios puede ser comprobada a través sentimientos divinos directos, corazonadas, impresiones o sueños. Si estos fallan podemos volvernos hacia los ayunos, lanzar moneda al aire o abrir la Biblia al azar y seguir el primer versículo que nos de sentido. Para estar seguro, estos métodos están usualmente acoplados con un análisis de circunstancias, un consejo sabio, y la paz de Dios. Pero, he aquí surge una pregunta seria – ¿formula la Biblia tales métodos?  ¿Es así cómo dice Dios que debemos discernir Su voluntad?

El primer paso en contestar estas preguntas es descubrir lo que las Escrituras tienen que decir acerca de la voluntad de Dios.  La mayoría de los cristianos usan el término “la voluntad de Dios” en tres maneras bien definidas. Primero, está la voluntad soberana de Dios en el cual nuestro Señor se reconoce como quien está en control de todas las cosas en el universo. Efesios 1:11 dice: “…habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. Mientras ciertos aspectos de la soberanía de Dios nos son revelados en la Escritura, otras partes no se nos dan revelado en este tiempo (Deuteronomio 29:29). No obstante, la Palabra es clara en que Dios gobierna sobre todas las cosas y Sus planes nunca pueden ser frustrados. Descansar en esta verdad trae una paz duradera a los corazones de los hijos de Dios no obstante las circunstancias.

En segundo lugar, la Escritura habla de la voluntad revelada de Dios que se nos da a conocer a nosotros sobre cómo espera Dios que nosotros vivamos. Pablo escribe: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Tesalonicenses 4:1-3). Éste es simplemente un ejemplo de la voluntad revelada de Dios para las vidas. Es la voluntad revelada de Dios que seamos santificados o, en este contexto, vivir en pureza. Es Su voluntad revelada que le amemos y que amemos nuestro prójimo. Es la voluntad revelada de Dios que le adoremos y le obedezcamos, y así sucesivamente. La Biblia claramente enseña tanto la voluntad soberana y la voluntad revelada de Dios.

Es en la tercera comprensión de la voluntad de Dios, la específica o individual, en la cual exige nuestra atención. Esto está definido por Garry Friesen como “el plan ideal, detallado de la vida de Dios excepcionalmente diseñado para cada creyente”.3 El va más allá en este asunto escribiendo: “Este plan de vida abarca cada decisión que hacemos y es la base de la guía diaria de Dios. Esta guía es dada a través del Espíritu Santo residiendo en el interior quien progresivamente le revela el plan de vida de Dios al corazón del creyente en particular. El Espíritu usa muchas medios para revelar este plan de vida como veremos, pero él siempre da confirmación al punto de cada decisión”.4 La mayoría de los que adoptan este punto de vista están contentas en suponer que Dios revela Su voluntad sólo para las decisiones principales, pero otros llevan esto hasta el extremo de creer de que Dios tiene una voluntad, la cuál debemos encontrar, para incluso la cosa mas diminuta, como cuáles zapatos debemos ponernos hasta qué ruta tomar para llegar al trabajo. 

La pregunta sobre la mesa es que si la “teoría de la voluntad individual de Dios” puede ser apoyada por la Escritura. Que Dios está obrando detrás de las escenas, llevando la delantera y dirigiendo nuestras vidas, no es la pregunta. La pregunta es si la Biblia enseña que Dios tiene voluntades específicas para cada uno de nosotros – las elecciones específicas que él quiere que nosotros tomemos en toda clase de cosas – y ya sea que si ésta voluntad(es) deberán ser percibidas de diversos medios extrabíblicos. Creo, en contra de la mayoría de los cristianos, que la respuesta a esta pregunta es un rotundo “No”.

La Evidencia Bíblica

Creo que el apoyo para mi posición puede ser encontrada primero desde el silencio de la Escritura. La Biblia en ninguna parte enseña que Dios tiene una voluntad específica para la vida de cada creyente que ha de ser encontrada a través de medios extrabíblicos. Sí, tenemos numerosos ejemplos en la Palabra en los cuales Dios específicamente dirigió a Su pueblo a tomar un curso de acción. Pero yo haría algunas de objeciones en este punto:

· El hecho de que algunos individuos recibieron una guía directa de Dios no quiere decir que dicha guía fuese normativa entonces, y ahora. Si ciertas cosas ocurriesen en la Santa Palabra ¿significaría que ellas sucederán en todo tiempo o que necesariamente nos ocurrirán? La burra de Ballam habló con él pero yo no espero que mi perro me hable. Pedro caminó sobre el agua por algún momento pero yo no lo intentaría. Elías anunció hizo llamar fuego del cielo, pero aun no puedo encender mi parrilla del gas a la mitad de tiempo. Aun si pudiese ser probado que fue usual para Dios revelar Su voluntad específica a las personas en tiempos bíblicos, necesariamente no prueba que algo semejante sea el plan de Dios par hoy. La evidencia por el ejemplo es una evidencia débil en el mejor de los casos.

· En segundo lugar, estos ejemplos son tan lejanos de lo que la mayoría de la gente piensa. Sí, Dios habló y se dirigió a Moisés en forma regular, David y Pedro en ocasiones, Salomón dos o tres veces y un montón de otros en una instancia singular. Pero no hay prueba, en cualquier Testamento, que el vasto número de creyentes alguna vez recibió tal guía. Con raras excepciones, sólo los personajes principales en la historia bíblica disfrutaron de la supervisión directa de Dios – las masas, aun los piadosos, vivieron sus vidas enteras sin una palabra personal del Señor. 

· Aun la guía dada a los personajes cruciales de la Escritura fue rara y reservada a un puñado de decisiones. Dios habló más a menudo en tiempos bíblicos a través de los profetas, pero aun los principales profetas podrían andar por años sin una palabra de Dios. Muchos que caminaron poderosamente con Dios y lograron mucho para Su gloria nunca escucharon una sola vez a Dios, para nuestro conocimiento. Pienso acerca de Nehemías, Esdras, Ester, Rut, el gran hombre David y miles de otros – la lista parece casi no tener fin. De hecho, la inmensa mayoría de los santos encontrados en la Escritura nunca personalmente escucharon de Dios respecto a sus vidas individuales y decisiones. De los únicos que sabemos fueron las excepciones y no la regla.

· Aun las excepciones recibieron guía sólo para las asuntos más importantes – casi exclusivamente asuntos relacionados con el gran esquema del plan de Dios.  Exceptuando lecciones y/o mensajes pretendidos para una audiencia más amplia, no escuchamos acerca de ningún ejemplo en las cuales a un personaje bíblico le fuere dicho específicamente qué decisiones tomar concerniente a las asuntos normales de la vida como el comprar casa, inversiones, o aun con quien casarse excepto por el caso de Isaac (y eso fue indirecto) y Oseas como una lección objetiva para Israel. No fue simplemente la norma en la Biblia para el pueblo de Dios que recibiera instrucción específica de forma regular del Señor. La mayoría nunca recibió tal instrucción una sola vez – y aparentemente nunca la esperó.

· Mientras que Dios eligió ocasionalmente dar especial dirección a unos cuantos líderes importantes del Nuevo Testamento, nunca encontramos a esos individuos buscando tal guía (o siéndoles ordenado a hacer eso).   Pedro estaba durmiendo en el techo, Pablo fue llevado a un país diferente, Felipe estaba involucrado en una campaña de predicación. Todos ellos estaban ocupados sirviendo al Señor cuando el Señor eligió reencauzarlos.  De hecho, la última vez que encontramos un ejemplo del pueblo de Dios buscando Su voluntad específica está en Hechos 1:24-26 con la elección de Matías para ser un apóstol. Y aquí no escucharon la voz de Dios, o aun sintieron impulso sino confiaron en un juego de azar. Es enteramente cuestionable para mí que la decisión correcta fue hecha a través de esta metodología. Posteriormente Cristo escogería con cuidado a Pablo como el reemplazo de Judas, dejándole poco lugar a que Matías fuese parte de los Doce.5

Dios Dando Dirección

Suponiendo por el momento que Dios, en esta era del Nuevo Testamento, hubiese cambiado de planes y hubiese hecho la dirección extrabíblica por medio del Espíritu Santo la norma, exactamente ¿cómo deberíamos esperar que esto tuviese?  La mayoría de los evangélicos fuera de los círculos carismáticos no esperan que Dios se comunique con ellos a través de profetas, voces audibles, visiones, sorteos, visitas angélicas o del Urim y Thumim  (Exodo 28:30), aún éstos fueron instrumentos usados en los tiempos bíblicos cuando Dios eligió dar dirección desde la Palabra escrita. Hoy la mayor parte de los evangélicos creen que Dios guía a través de otros medios, usualmente altamente subjetivos como las corazonadas, recordatorios, puertas abiertas o paz (o una falta de ella). En la Escritura, cuando Dios eligió comunicarse, la transmisión fue objetiva. Mientras hubo ocasiones cuando la interpretación de estos mensajes fue complicada, no hubo nunca ninguna duda de que Dios había hablado (a través de algún medio comprensible). No escuchamos acerca de Isaías, por ejemplo, diciendo: “Dios me habló anoche, me parece, y creo que él quiere que ustedes los israelitas hagan tal y tal cosa, pero de todas formas, no estoy absolutamente seguro de esto. Después de todo, es a menudo difícil de decir cuando la voz de Dios se aparta de mi y aparecen mis pensamientos. Y, claro está, hay siempre ese problema molesto de interpretación. Sé lo que oí, pero posiblemente puedo confundir el mensaje. Mi profecía entonces puede ser 50% de Dios y 50 % de mi imaginación, pero colocaré las líneas ante ustedes y les dejaré que disciernan si son de El y que tanto realmente ha dicho el Espíritu Santo a través de mí”.6

Nunca escuchamos acerca de Dios hablando de esta manera en la Biblia pero a nosotros se nos ha dicho que es común hoy, especialmente en círculos carismáticos y místicos. Y el problema se pone aun más complicado en trasfondos poco carismáticos, puesto que los no-carismáticos a menudo esperan a Dios guiarles y hablarles en formas que nunca son mencionadas en la Escritura.  Iremos en vano en busca de ejemplos en las cuales Dios condujo a Su pueblo por corazonadas y señales. E igualmente, iremos en vano en busca de ocurrencias de creyentes del Nuevo Testamento preguntándole a Dios por Su voluntad individual o, respecto a eso, explicando sus decisiones como producto de la voluntad individual de Dios comunicada a ellos a través de los sentimientos. Tome el ejemplo de los individuos de Santiago 4:13-17 que arrogantemente anunciaron sus planes comerciales sin hacer caso de la voluntad de Dios. Santiago no reprende a estos creyentes por tener el descuido de no buscar primero la voluntad de Dios sobre el asunto; él simplemente dice que nuestros planes siempre deben estar sujetos a la voluntad soberana de Dios. El Señor está en libertad de ajustarle o cancelarle cualquiera de nuestros planes y el creyente debe vivir en reconocimiento de este hecho. La implicación es que, puesto que ninguno de nosotros puede saber la voluntad de Dios por adelantado, humildemente debemos aceptar Su voluntad cuando queda de manifiesto. Éste es el patrón encontrado en el Nuevo Testamento. En 1 Corintios 7, el apóstol Pablo se ocupa de una de las decisiones más importantes en la vida – el matrimonio.  Qué oportunidad tan perfecta para diseñar los pasos para el discernimiento de la voluntad de Dios. En lugar de eso el apóstol inspirado por el Espíritu Santo, después de algún consejo relacionado con la situación actual, deja la decisión de con quien debería uno casarse ala creyente individual (vv. 8-9, 20-21).  Entonces para completar las cosas, él aun deja la decisión en lo que se refiere a con quien él debe casarse al individuo, con tal de que él se case con otro creyente (v. 39). ¿Por qué el apóstol no aprovechó esta excelente oportunidad para dar los principios para encontrar la voluntad individual de Dios?  Quiero decir, fuera de nuestra relación con el Señor, ¿qué podría ser más importante que el con quien (si alguien fuera) deberíamos casarnos?  Pero encontramos esta decisión dejada al creyente dentro de los parámetros bíblicos.

Conclusión:

Buscar la voluntad individual del Señor está fuera del alcance de la enseñanza del Nuevo Testamento que el Professor Bruce K. Waltke escribió un libro sugiriendo que es básicamente una noción pagana en vez de una bíblica.7 El escribe:

Cuando tratamos de “encontrar” la voluntad de Dios, tratamos de descubrir un conocimiento oculto por actividad sobrenatural. Si vamos a encontrar Su voluntad en una elección específica, tendremos que penetrar la mente divina para obtener Su decisión.  “El descubrimiento” en este sentido es realmente una forma de adivinación. La idea fue común en religiones paganas. De hecho, fue la preocupación de los reyes paganos. Pero esa clase de comportamiento pagano es de la que nos salvó Cristo.8

 

¿Está en lo correcto Waltke o ha exagerado su caso?  Eso puede ser resuelto sólo por un examen de la Escritura. ¡Hasta la próxima!

Traducción: Armando Valdez

[1] Kenneth Silverman, The Life and Times of Cotton Mather (New York: Harper & Row, 1984) p. 173. 

[2] Ibid., pp. 173-190.

[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 35.

[4] Ibid.

[5] Vea Apocalipsis 21:14 el cual fuertemente implica que el círculo íntimo de los apóstoles del Cordero fue limitado a doce.  Los otros individuos mencionados en el Nuevo Testamento como apóstoles (e.g. Bernabé), creo que fueron apóstoles (o enviados) de la iglesia y no fueron al mismo nivel de los Doce.

[6] Vea el artículo previo de Think on These ThingsThe Lord Told Me, I Think,” tratando con esta forma de profecía moderna de hoy.

[7] Mientras que el libro de Waltke Encontrando la Voluntad de Dios,¿ una Noción Pagana? Tiene un número de comentarios penetrantes que no obstante lo encontré en conjunto decepcionante con Waltke a menudo apoyando las mismas cosas que él se dispuso a desmentir.

[8] Bruce K. Waltke, Encontrando la Voluntad de Dios,¿ una Noción Pagana? (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1995),   p. 11.

El Antídoto Divino Contra la Impureza Sexual

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EL ANTÍDOTO DIVINO CONTRA LA IMPUREZA SEXUAL

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Por

Albert N. Martin

Cuando el evangelio llegó al mundo greco-romano en el primer siglo, arribó a un mundo que estaba lleno de nocivo y amargo fruto del paganismo y de la adoración idolátrica. Una de las extensiones más abominables de este amargo fruto del paganismo fue la impureza sexual y la inmoralidad. Parte del ritual de adoración en muchos de los templos paganos involucraba entrar en actos sexuales ilícitos con aquellos que habían sido apartados para esta dimensión de la llamada “adoración de los dioses”.

Siendo estos los hechos, no debe sorprendernos la atención que se presta en el cuidado pastoral de la iglesia primitiva, como aparece en Hechos y en las epístolas, al tema de la impureza sexual. En otras palabras, en la mente de los apóstoles no existía la idea de que este problema de la inmoralidad, impureza y desviación sexual sería automáticamente resuelto doquiera que el evangelio se enraizara en el corazón de un hombre o en medio de un grupo de hombres y mujeres que se constituyeron en una iglesia de Cristo. Antes bien, ellos atacaron el tema directamente en el lenguaje más explícito y con una multitud de perspectivas por las cuales armar al pueblo de Dios para resistir la tremenda presión de avanzar en esta característica dominante de la vida y la religión pagana, llamada impureza sexual.

Por ejemplo, cuando hubo un concilio en Jerusalén en el que la iglesia y sus líderes se reunieron con los delegados de la iglesia de Antioquía, juntamente con los apóstoles, le envió un decreto a todas las iglesias. Estas eran las palabras que tenían que ir a las iglesias de todo el mundo greco-romano: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación [término general para cualquier forma de impureza sexua]; de las cuales cosas sí os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15:28-29).

Nos suena extraño que a estas iglesias infantes se tuviera que dirigir una regulación, no sólo acerca de la libertad cristiana y cosas indiferentes (carne ofrecida a ídolos, animales estrangulados), sino que también necesitaban una directriz específica con respecto a la prohibición de la fornicación. Se tenía que mandar un mensaje a todas las iglesias para que se abstuvieran de la impureza sexual. Tan torpe se habían convertido las conciencias de los hombres de esa generación como fruto de la religión pagana y de la adoración de los ídolos, que el concepto de que la impureza sexual es algo ofensivo a Dios se había borrado de la conciencia de ellos.

Más aún, vemos en un pasaje como 1 Tesalonicenses que aunque Pablo estuvo en la ciudad por un breve tiempo (aproximadamente tres semanas), una de sus notas dominantes mientras estuvo allí dando instrucciones prácticas en cuanto a los frutos del evangelio fue este tema:

“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor (4:1-4).

Vemos que Pablo no se pasó de fastidioso hablando de este tema; no tomó el punto de vista de que el asunto iba a surgir automáticamente bajo la impresión general y el poder del evangelio; antes bien, y como ya hemos indicado, enfrentaron el tema directa y explícitamente.

En un sentido muy real, nosotros, en esta civilización occidental del siglo XXI, hemos degenerado al nivel de las antiguas perspectivas y prácticas paganas como existían en el mundo greco-romano del primer siglo. Y por tanto, como pueblo de Dios, necesitamos desesperadamente tener nuestras mentes y perspectivas apegadas a las Escrituras en este tema de la pureza sexual. Por un lado, todo el sistema del mundo está en contra del criterio de Dios, y no necesito hablar de los detalles para demostrar esa declaración. Vivimos con las evidencias innegables de la verdad de esa aseveración. Sin embargo, al reaccionar en contra de la impureza del mundo, la iglesia del primer siglo fue vulnerable a una perspectiva igualmente impía: el ascetismo. Somos siempre víctimas de los extremos, y en la reacción en contra del hedonismo y la entrega a la sensualidad en el primer siglo, una de las primeras herejías calificada como “doctrina de demonios” fue la idea de que la sexualidad humana era esencialmente impura y que el camino para ser santo era vivir por encima de la expresión de la sexualidad. Por ende, desde una perspectiva pastoral he estado interesado en dirigirme a ustedes con este tema para que nosotros, como pueblo de Dios, podamos estar armados con todo principio y motivación bíblicos posibles que nos guarden de ser absorbidos por la arrolladora corriente de la inmoralidad en nuestros días, y que podamos, por el otro lado, ser guardados de la perspectiva que igualmente deshonra a Dios llamada el ascetismo, que nos introduciría en las llamadas doctrinas de demonios que rebaja todas las facultades y apetitos que Dios nos ha dado.

Si les preguntara cuál es el gran capítulo del amor, espero que ustedes me refirieran a 1 Corintios 13. Si les preguntara cuál es el gran capítulo de la resurrección, espero que me dijeran, 1 Corintios 15. Si fuéramos a hablar del capítulo que traza el panorama de la salvación desde la elección hasta el sello del Espíritu, espero que supieran que es Efesios 1. Pero si les preguntara qué sección de la Palabra de Dios es la cuenca más rica en el NT sobre principios que nos guarden de la impureza sexual, ¿cuál sería su respuesta? Confío que su respuesta sería 1 Corintios 6:12-20. Esta es la destilación más rica de la mente del Espíritu de Dios con referencia al tema de la pureza sexual.

En esta sección de su Palabra, Dios nos da una gran colación de los principios que de ser guardados siempre en oración ante nosotros, pueden ser usados por Dios para ayudarnos a alcanzar una vida de pureza en medio de una época impura.

Cuando Pablo escribió este pasaje, no lo hizo en el vacío. Todo lo que dijo en este capítulo con respecto a cómo podemos huir de la fornicación está unido a la doctrina general de la sexualidad humana. Todas las cosas específicas de los versículos del 12 al 20 encajan dentro del marco general de la enseñanza bíblica respecto a la sexualidad humana. Por ello debemos ver, aunque sea brevemente, este marco general, para así evitar tener una visión distorsionada de lo que el apóstol está diciendo en este pasaje.

TRES REALIDADES FUNDAMENTALES SOBRE LA SEXUALIDAD HUMANA:

Pablo asume tres realidades fundamentales sobre la sexualidad humana:

1. Nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, se origina en Dios y no en el diablo.

Esto lo sabemos de los primeros capítulos de Génesis.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo” (1:27).

Todo lo que está incluido en la masculinidad y feminidad, con toda la capacidad del placer sexual, se originó en la mente de Dios y vino a existencia por la actividad creadora de Dios. Y por ende, el primer capítulo concluye con estas palabras: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (v. 31). Esto incluye al hombre como hombre, con su masculinidad distintiva y sus capacidades masculinas distintivas para el placer sexual, e incluye a la mujer en toda su feminidad y toda su capacidad para el placer sexual. De ello Dios dijo: “Es bueno, me gusta lo que he hecho”.

Si nosotros no comenzamos cualquier discusión de la pureza sexual con este punto, terminaremos en algún error en el camino. Nuestra sexualidad tuvo su origen en Dios y no en el diablo. Esto que leímos en Gn. 1:27 es precisamente amplificado en el capítulo 2. Dios vio al hombre en toda su masculinidad sin su contraparte y dijo: “Le haré ayuda idónea para él” (v. 18). Obviamente Dios hizo a Adán con sus órganos sexuales y su capacidad para el placer sexual; y cuando dijo que iba a hacer su contraparte, no hizo una criatura asexual o andrógena, hizo una mujer con todo lo que constituye una mujer, incluyendo su sexualidad distintiva y capacidad para el placer sexual.

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó al hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (vv. 22-25).

Ellos se vieron a sí mismos como habiendo venido de la mano de su creador en toda la sexualidad plenamente desarrollada de masculinidad y feminidad. Más aún, el relato de la creación no termina poniendo una cortina sobre ellos por su desnudez, sino quitándola. Y esta es la última palabra de la creación prístina y gloriosa: que Adán y Eva se amaban maritalmente sin avergonzarse, y Dios aún sonriendo dijo: “Es bueno, me gusta lo que he hecho”.

Permíteme preguntarte: ¿Tienes algún problema con eso? ¿Te sonrojas y arden tus oídos al escuchar al predicador hablando de esa manera? Todo lo que he hecho es exponer la Biblia brevemente. Si eres más quisquilloso que Dios, necesitas ordenarte; en algún punto tienes manías en tu sique y en tu forma de pensar sobre la dignidad y, reverentemente añado, la majestad de la sexualidad humana.

Todo lo que Pablo dice para ayudarnos a huir de la fornicación en 1 Corintios 6 asume este primer elemento del mayor general de la enseñanza bíblica: que nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, tiene su origen en Dios y no en el diablo. Por tanto, nunca debemos tomar la posición de que el placer sexual es sucio y malo o que es el trato necesario para preservar la raza humana.

En la medida en que ustedes, jóvenes, crecen y se desarrollan, Dios ha ordenado que las muchachas lleguen al punto que digan: “¡Varones, mm!” y los muchachos: “¡Hembras, mm!” Esa percepción y deseo en desarrollo hasta su cumplimiento en la intimidad sexual que emerge de su sexualidad humana, no viene del infierno, ni del abismo, ni del diablo. Viene de Dios, que te hizo a su imagen y semejanza.

2. El Dios que nos concibió en su mente y nos creó con nuestra sexualidad es el único que tiene el derecho de regular sus funciones legítimas.

Antes que el pecado entrara, el hombre no tenía la libertad de regularse por sus impulso y anhelos. Dios les ordenó con revelación proposicional explícita: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Gn. 1:28). Ellos debían tener intimidad sexual, concebir y tener hijos por mandamiento divino. En el capítulo 2 se presenta que fueron unidos en la intimidad total de la unión sexual por la misma mano de Dios. Él es el único que tiene derecho de regular las funciones legítimas de nuestra sexualidad. No debemos regular sus funciones por el consenso de la sociedad ni la opinión de los llamados “expertos”. Él ha expresado claramente, tanto en los relatos de la creación como en la economía mosaica, que él tiene el derecho de regular la actividad sexual del hombre. Vemos en todas las regulaciones levíticas cómo Dios metía sus narices en toda la vida sexual de su pueblo, dándoles directrices específicas sobre muchos detalles acerca de cómo debían conducirse. Muchas de esas cosas no tienen aplicación para nosotros; eran parte de su sistema de tipos y sombras. Pero el principio es éste: Cuando Dios hizo pacto con su pueblo, él dice que parte de ese arreglo pactual es: “Yo tengo el derecho de regular los detalles de sus actividades sexuales”. Por eso vemos en el decálogo la expresa prohibición: “No cometerás adulterio” (Ex. 20:14). Solo el Dios que nos hizo tiene el derecho de regular las funciones legítimas de nuestra sexualidad.

3. El Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea consumada gozosamente en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio.

Pablo presenta esto abundantemente claro en 1 Corintios 7. Comienza diciendo que “el marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido” (v. 3). Debe haber respeto de las necesidades mutuas. Dentro de los límites del matrimonio tiene que haber esa autoentrega frecuente que satisface esas necesidades.

“Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (Pr. 5:18-19; Biblia de las Américas).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla” (He. 13:4)

La Escritura enseña claramente que el Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea gozosamente consumada en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio. Si tienes problemas con mis palabras, hay algo extraño en tus pensamientos sobre la sexualidad humana. ¡Gozosamente consumada! No el mero cumplimiento de un deber para que el hombre no vaya a otra mujer. Esa es la perspectiva de algunas mujeres cristianas: “Si me quieres, aquí estoy, así que si vas y persigues a otra mujer, no me culpes”. Ese no es el concepto de la Biblia. Lee Cantar de los Cantares, y también Proverbios 5.

Dije también “generalmente”. Algunas veces nuestra sexualidad debe ser sublimada en soltería impuesta sobre nosotros por la providencia divina. Algunas veces debe ser subyugada para fines más elevados (1 Corintios 7 habla de esto). Por eso hablé de “generalmente”. Usé mis palabras cuidadosamente y con propósito.

Con esos conceptos fundamentales condicionando todo lo que sigue, comencemos a considerar siete trompetazos que nos llaman a una vida de pureza sexual. Para cambiar la ilustración, miremos a las siete murallas que por la gracia de Dios podemos construir a nuestro alrededor para mantenernos limpios de una vida de impureza sexual.

SIETE MURALLAS CONTRA LA IMPUREZA SEXUAL:

1. Debo tener la convicción de que un patrón o estilo de vida de impureza sexual me excluirá del cielo.

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:9-11).

“No os dejéis engañar”, cualquiera cuyo estilo de vida esté marcado por impureza sexual de cualquier tipo está excluida del cielo. ¿Cómo podemos permanecer firmes? Tenemos que poseer esta convicción grabada en la profundidad de nuestra alma por el poder del Espíritu Santo: El patrón o estilo de vida de impureza sexual, me excluirá del cielo y me arrojará al infierno. Debes comenzar con este principio fundamental.

Pido a los jóvenes que me escuchen. Todos a su alrededor están diciendo: “Todos lo hacen; no hay nada de malo en ello”. Alguno dirá: “Si el predicador está enseñando que mi sexualidad es un don de Dios y que no es sucio, ¿por qué debo esperar cuatro, cinco, seis, ocho y diez años hasta que Dios me dé un esposo o una esposa?” Te diré por qué – porque el Dios que te hizo dice que debes hacerlo. Si te entregas a un patrón de impureza sexual y continúas impenitente en ese estado, éste te llevará directamente al infierno.

Cuando ustedes, muchachos, llenos de curiosidad sobre cómo luce una mujer, vayan a la tienda a buscar algo para sus padres, y vean esas revistas satinadas con mujeres, ¡no se acerquen a esa suciedad y asquerosidad! Escuchen a su pastor. Ese puede ser el primer estirón de brazo, la primera visión de pornografía que puede ser el anzuelo con que el diablo puede eventualmente atarte con cadenas y causar que tenga una vida cristiana miserable. Aun si no eres cristiano, dí “¡no! no tengo nada que ver con ello.” Huye de eso como si huyeras del infierno mismo.

Si alguien se acerca a ustedes, muchachas, y les dice: “Mira, esta novela romántica es tremenda, debes leer esto” – novelas llenas de descripciones de besos apasionados y todo lo demás, que parecen tener romances inocentes; no es así, están calculadas para despertar en ti deseos y apetitos que están empezando a emerger en tu mente, alma y cuerpo juvenil; y no debes tenerlos despiertos, porque así te harás más vulnerable. Oh, jóvenes y preciosas vírgenes, deseo que tengan el gozo que mi hija tendrá dentro de veinte días, parándose ante la iglesia como una virgen pura para entregarse a su marido. Deseo que tus padres sientan el gozo que tendrá al entregar una hija que ha sido guardada. Eso no quiere decir que los de ustedes que pasaron por el camino del libertinaje son rechazados por nosotros. El próximo versículo dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (v. 11). Hay algunos de aquí que dirán: “Oh, si hubiera oído esa advertencia antes. Fui ciado en un hogar en el que se me decía que el sexo es sucio, y en mi curiosidad y pubertad me metí en cosas en las que nunca debí meterme. No puedo dar marcha atrás. ¿Hay esperanza para mí?” Sí, había corintios que llegaron a introducirse en los templos y participaron de esa adoración de los dioses paganos donde hombres se asociaban con prostitutas del templo: mujeres con mujeres, mujeres con hombres. Había personas sentadas en la iglesia cuando Pablo escribió la epístola que sabían muy bien en qué consistía esa adoración pagana. “Y esto erais algunos”.

Y si en este momento está inmerso en un curso de impureza sexual de cualquier tipo, escucha: “No os dejéis engañar” (Biblia de las Américas). No te dejes engañar por lo que el mundo está diciéndote: “Todo está bien”. No te dejes engañar por lo que muchas llamadas iglesias cristianas están diciéndote: “Todo está bien”. Las preferencias sexuales no son un asunto de libertad. El curso de actividades sexuales contrarias a la voluntad de Dios sin arrepentimiento te llevará directo al infierno. Necesitamos cargar nuestras conciencias con esa verdad día tras día. Nunca la quites de tu conciencia hasta que llegues al cielo. Allá podrás no temer de la impureza sexual. Pero hasta que llegues allá, continúa cargando tu conciencia con esa verdad. Pablo sabía que los corintios la necesitaban; y estaba escribiendo a una iglesia de personas que profesaban ser discípulos.

No jueguen, jóvenes. No digan: “Yo sé hasta dónde llegar”. Si comienzas a jugar con tus pasiones y a debatir con tus hormonas, vas a perder el debate; y todo lo que obtendrás será una conciencia sangrante y la pérdida de la pureza, y en muchos casos, una esclavitud miserable. Si tuviera libertad de hablarte sin vergüenza ni indiscreción, no creerías lo que puedo narrarte sobre lo que he tenido que escuchar en mi estudio en el curso de los años, sobre la horrible esclavitud de la pornografía y perversiones de todo tipo. Le he dicho más de una vez a mi esposa: “Oh, querida, si pudiera regresar a la inocencia de mis veinte”. El cuarto de consejería ha sido una horrible educación sobre lo que pasa cuando los cristianos se descuidan y no cargan sus conciencias con esta tremenda verdad fundamental. “Ese camino lleva al infierno. Yo voy al cielo. No voy a caminar en él, ni a mirar en su dirección, ni a jugar con él; le daré la espalda. Mi rostro mira a Dios, a Cristo, al cielo, a la pureza y a la santidad”. Como hombre casado puedo disfrutar a plenitud la gozosa entrega del amor marital santificado. Como mujer cristiana puedo disfrutar la gozosa entrega de amor con el esposo que Dios me dio. Y si estoy desprovisto en este momento de un esposo o esposa, puedo conocer la consoladora promesa de Dios: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Co. 10:13, Biblia de las Américas).

Nadie necesita ser sexualmente impuro por la razón de que tenga impulsos sexuales. El camino a la pureza no es negar la realidad de esos impulsos; es encontrar gracia en Jesucristo para encausarlos por los canales ordenados por el Dios vivo.

2. Debo tener la convicción de que mi cuerpo, incluyendo mis partes y capacidades sexuales, existe para el servicio del Señor.

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Co. 6:12-13).

Algunas personas dicen: “Tengo un estómago; le da hambre; Dios hizo los alimentos para satisfacer esa necesidad, por ello las viandas son para el vientre y el vientre para las viandas. Así también tengo un cuerpo, el cual tiene apetitos y capacidades sexuales, por tanto tengo que satisfacer esos apetitos del modo que yo escoja, ¿no es así?”

“No”, dice Pablo. Ese paralelismo es incorrecto. El cuerpo no se hizo para la impureza sexual, sino para el servicio de Dios, y el Señor es para el cuerpo. El paralelismo no es apetito sexual-fornicación, fornicación-apetito sexual, sino apetito sexual canalizado para el servicio del Señor y el Señor comprometido con el cuidado y la preservación del cuerpo, incluyendo sus partes y capacidades sexuales. ¿Y cómo sabemos eso? “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder”

(v. 14). A Dios le servimos en el cuerpo ahora y en el mundo venidero. De lo que sé de las Escrituras, nuestro cuerpo no es para la fornicación, sino para el servicio del Señor.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1)

¿Le has dicho al Señor: “Oh, Señor Jesucristo, quiero que este cuerpo sea para tu servicio. Quiero que todas sus facultades, capacidades, fuerza y energía se gasten haciendo tu voluntad”? No pongas entre paréntesis tus facultades sexuales. No debemos pensar como paganos, sino como cristianos. Presenta todo tu cuerpo. Debes tener la convicción de que tu cuerpo, incluyendo sus capacidades y órganos sexuales, existen para el servicio de Dios. Encontrarás como un gran medio de la gracia el desarrollar el hábito cada día de consagrar ante él todos los miembros de tu cuerpo, especialmente a la hora del baño, estando en completa desnudez entre tú y Dios. “Señor, toma mis ojos; que sólo miren las cosas que te agradan. Toma mis oídos; así como los limpio ahora con agua y jabón, límpialos de todo lo que han escuchado que no debieron. Toma mis manos para que hagan tu voluntad”. Y así presentas a Dios todo lo que eres y desarrollas el pensamiento de que el cuerpo sirve para el servicio de Señor, incluyendo sus capacidades sexuales.

¿Pueden ver, jovencitas, qué gran incentivo es éste para que se mantengan puras? Puede que un joven empiece a mostrar interés en ti; y quizás él no esté bien instruido en las Escrituras. [La gracia no niega la existencia de las hormonas]. Cuando él vaya a tomar libertades que no le son debidas, dile con misericordia: “Juan, Pedro, Miguel (cualquiera sea su nombre)…este cuerpo existe para el servicio del Señor. Esas partes que tú deseas tocar y tentar son territorio prohibido. Están guardadas para la hora en que en el servicio a Cristo pueda entregarlas gozosamente al hombre que Dios me dé como esposo”.

¿Has encontrado eso ofensivo? ¿Encuentras chocante que alguien te hable así en una asamblea cristiana? A Pablo aparentemente no. Porque en el contexto de urgirles a huir de la fornicación, les dio este tremendo segundo incentivo; el conocimiento y la convicción de que sus cuerpos, incluyendo sus partes sexuales, existen para el servicio del Señor.

¿Ven lo contrario que es esto al pensamiento del mundo? El mundo dice: “Ese cuerpo es mío; es mi propio terreno de juego, y es asunto mío el cómo lo use”. Esa es la filosofía del mundo; pero no es cierta. Dios hizo el cuerpo; es su dueño por creación, y como dice al final del pasaje, le pertenece a Dios por redención. Necesitas pensar como Dios dice que eres en realidad.

3. Debo tener la convicción de que mi unión con Cristo incluye mi cuerpo, y que no es cancelada ni suspendida en una experiencia sexual ilícita.

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo” (v. 15).

Pablo está aseverando y asumiendo que la doctrina de la unión del creyente con Cristo incluye el cuerpo. Tú y yo, que somos el pueblo de Dios, unidos a Cristo por la fe, estamos unidos a él en la totalidad de nuestra humanidad – cuerpo y alma – de una forma que no podemos entender ni expresar con precisión. Nota lo que Pablo dice: “¿No sabéis que vuestros cuerpos [incluyendo esas partes que son empleadas en las relaciones sexuales] son miembros de Cristo?” ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo [los que están en unión con el puro y santo Hijo de Dios en el privilegio redentor] y los haré miembros de una ramera?” ¡Tal pensamiento es detestable! Cuando un creyente tiene una experiencia sexual ilícita, su unión con Cristo, incluyendo su cuerpo, no es cancelada ni suspendida. Ese es el horror de la impureza sexual. Cuando un creyente cae en este tipo de pecado, una de las marcas de su caída es que él quitó deliberadamente en su mente el pensamiento de esta realidad.

El tener tal pensamiento ante nosotros nos impedirá entrar al templo pagano, pasar quince minutos con las prostitutas y quitarnos los miembros de Cristo y hacerlos miembros de una ramera. Alimenta tu alma de la realidad de tu unión con Jesucristo. Es sólo cuando te olvidas de esa realidad que eres vulnerable a los pecados de la impureza sexual.

4. Debo tener la convicción de que no existe la actividad sexual casual y sin compromiso.

“¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”

(vv. 16-17).

No olvidemos las implicaciones. La idea del sexo recreativo, casual y sin compromiso no es algo que comenzó ahora; es una reversión del concepto greco-romano que regía en los días de Pablo. Pero su enseñanza aquí enfatiza que tal cosa no existe. Si pasas quince minutos con las prostitutas del templo, vienes a ser un solo cuerpo con ella; se efectúa una atadura misteriosa con esa intimidad sexual.

¿De dónde sacas eso, Pablo? Lo obtuve de la institución original de la sexualidad humana en Génesis

2:24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Cuando dos personas, en compromiso mutuo, consumen, celebran y demuestran sacramentalmente ese compromiso en el acto sexual inicial, esa es la consumación del matrimonio; y dentro de la relación matrimonial cada encuentro sexual entre el esposo y la esposa debe ser una afirmación de ese contexto total.

Pablo, al repetir la última frase, está diciendo que aun la intimidad sexual que se sostiene fuera del contexto del compromiso mutuo de por vida, no niega de ninguna manera el nivel misterioso que está involucrado en la intimidad sexual. Si vamos a ser guardados de la presión que nos rodea en el área de la inmoralidad sexual, debemos tener la convicción de que no hay tal cosa como actividades sexuales recreativas, casuales y sin compromiso. Tal cosa es imposible.

Queridos jóvenes, escúchenme. Hay muchos adultos en esta congregación que hubieran deseado creer esto antes de creer en la mentira de que podían dar rienda suelta al sexo recreativo, casual y sin compromiso, porque los fantasmas de esas intimidades estarán con ellos hasta la tumba. Y aunque sepan, el v. 11, que han sido lavados, santificados y justificados, nunca pueden borrar a plenitud los remanentes de la unión que ocurre en las intimidades sexuales ilícitas, porque Dios ha ordenado que esas relaciones nunca sean recreativas, casuales y sin compromiso. Y no hay libros ni charlas que puedan cambiar esa institución divina.

5. Debo tener la convicción de que la impureza sexual es una forma única de autodestrucción.

“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (v. 18).

La declaración “cualquier otro pecado está fuera del cuerpo” no debe ser tomada en abstracción como una aseveración absoluta. La codicia no es cometida fuera del cuerpo, sino en el corazón. El orgullo, la envidia y los celos no están fuera del cuerpo. Lo que creo que Pablo está diciendo es que toda forma de pecado que sea de manera particular un pecado fuera del cuerpo, viene de fuera del cuerpo. ¿Cuáles son esos pecados? Las borracheras, ese pecado que hace tanto daño al cuerpo, vienen de fuera del él. La Biblia pone la glotonería en el mismo tipo de pecado que la borrachera, y lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Las personas cavan su propia tumba con los dientes, por los resultantes paros cardíacos, hipertensión arterial y todos los demás frutos físicamente destructivos de la glotonería. Pecan contra sus propios cuerpos por la comida que viene fuera de éste. La glotonería es altamente destructiva para el cuerpo.

Pero lo que Pablo está diciendo es que, entre los pecados que destruyen el cuerpo, el de la impureza sexual es único. Son sus propios apetitos y órganos sexuales los que involucrados en un uso ilegítimo se convierten en su propia destrucción. Las mismas capacidades dadas por Dios vienen a ser nuestros asesinos y destructores.

Salomón advirtió a su hijo de uno de los resultados de acercarse a una ramera: su cuerpo quedaría consumido (Pr. 5:11). No se puede hablar de las “víctimas” del sida, la gonorrea y la sífilis, sino de los justos recipientes del juicio de Dios. Amigo, aunque no seas cristiano, es de tu interés personal evitar la impureza sexual. Y si tú, hijo de Dios, quieres, al igual que Pablo, que Cristo sea magnificado en tu cuerpo, debes orar para ser librado de la impureza sexual.

6. Debo tener la convicción de que mi cuerpo es el santuario mismo de Dios por un acto soberano de la gracia y el poder de Dios.

“O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios?” (v. 19a)

En este versículo hallamos dos verdades: (a) El cuerpo es el santuario mismo de Dios, y (b) éste ha sido constituido así por la actividad soberana y la gracia de Dios.

Cuando Dios intervino redentoramente en nuestras vidas no dijo que habitaría en todo nuestro cuerpo, excepto en las partes privadas y órganos sexuales. El Espíritu Santo mora en la totalidad de tu humanidad redimida; el cuerpo es convertido en el santuario de Dios. Dondequiera que vayas, allí va Dios, porque eres el lugar de su morada. Él ha prometido que habitaría en el corazón del humilde y contrito de espíritu. La bendición que corona el nuevo pacto es que quitaría nuestro corazón de piedra, nos daría uno de carne y colocaría su Espíritu dentro de nosotros. ¿Y de quién obtuvieron esto? “El cual tenéis de Dios.” Esto es así porque Dios vino a ti cuando tu cuerpo y alma no eran otra cosa que el santuario y hogar de las influencias demoníacas del paganismo. “Esto erais algunos”, con sus cuerpos y almas ardiendo con pasiones ilícitas; entregados a un curso de autodestrucción que les dirigiría al infierno. ¿Y qué pasó? Dios hizo que el evangelio llegara a ustedes, abrió sus ojos enceguecidos y sus sordos oídos, y les capacitó para abrazar a su Hijo, y al hacerlo, puso el Espíritu de adopción dentro de ustedes, “el cual tenéis de Dios”, en gracia y misericordia.

¡Qué profanación tan horrible del templo santo! ¿Ven cómo la motivación de la gracia es más poderosa que cualquier mandamiento? El apóstol hubiera podido simplemente presentar las implicaciones del séptimo mandamiento, pero no hace eso. Utiliza un antídoto lleno de motivaciones evangélicas y realidades redentoras.

Tú y yo necesitamos aprender a vivir con esa convicción; decirnos a nosotros mismos cada mañana al levantarnos; “Este cuerpo es el santuario de Dios, y es así por la gracia soberana de Dios”.

7. Debo tener la convicción de que mi cuerpo, incluyendo mis órganos sexuales, es la propiedad adquirida de Cristo.

¿… Y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio” (vv. 19b-20a).

Ahora Pablo toma la cruz y la planta justo en medio de este problema de inmoralidad en Corinto. “No sois vuestros”, no solamente porque fueron creados por otro, sino porque fueron comprados. Tal es el lenguaje de la redención. El precio nos lo dice Pedro: “No con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

El apóstol les dice: “¿Cómo podéis acercarse al templo donde están esas prostitutas, ustedes que invocan a Cristo?” En lenguaje actual; “¿Cómo podéis estar en el asiento trasero de un automóvil y utilizar sus cuerpos como terreno de juego?”

O tú, hombre de negocios, ¿cómo puedes convencerte de tener sexo recreacional ante la excusa de que “Dios entiende que todos los hombre tienen necesidades”? ¿Cómo puedes hacerlo, sabiendo que todo lo que eres es propiedad del Dios encarnado? ¡Qué implicaciones tiene esto!

Jóvenes, entienda esto: la gracia no neutraliza las hormonas. La gracia batalla contra el pecado, no contra la naturaleza. Cuando en la providencia de Dios tienes el privilegio de comenzar a desarrollar una relación con un joven o una joven, y encuentran que sus intereses comunes son el deseo de agradar a Cristo; y entonces comienzan a ver que hay otros intereses comunes por los que se atraen, es inevitable (a menos que por algún lado haya un corto circuito y algo tenga que ser enmendado) que habrá una búsqueda por los primeros niveles de intimidad: el tocarse, agarrase las manos, los brazos, los besos. Luego surgirán los anhelos por plenas y largas expresiones de intimidad. ¿Qué es lo que les librará del sexo prematrimonial? El hecho de que seas cristiano no es una garantía en sí misma, porque hubo cristianos en Corinto que cayeron en este pecado. Lo que te librará, por la gracia de Dios, será esta convicción: SOY PROPIEDAD REDIMIDA DE CRISTO.

Cuando el joven, en su debilidad, permite que sus deseos naturales dados por Dios se exceden de los límites de una conducta decorosa y comienza a manosear donde no debe, tu responsabilidad es decirle: “Juan, Pedro (cualquiera sea su nombre), tú sabes que creo haber empezado a amarte, y que busco a honrar a Dios en nuestra relación, lo que buscas tocar no es tuyo ni mío, estos senos fueron comprados en la cruz de Cristo para ser guardados hasta el día de bodas, cuando pueda con gozo presentárselas a mi esposo; y si ése eres tú, quiero ser capaz de hacerlo con buena conciencia. Son propiedad de Cristo; no tengo ningún derecho de dártelos”.

Y si una joven te dice; “Tú no confirmas tu amor en la manera en que los otros lo hacen”. Necesitas decirle a la jovencita María: “No hay nada que ame más que abrazarte, besarte y tocarte, pero mis manos no son mías, fueron compradas por precio. Mis labios no son míos, fueron comprados por precio. Y los estoy preservando conforme a las directrices del dueño, hasta que los pueda entregar a la esposa escogida de Dios. Y hasta ese día no voy a violar los derechos del dueño.”

¿Suena eso cruel e irracional? ¿De qué otra forma podemos interpretar el pasaje? “No sois vuestros”. ¿Cuál es el contexto? No es una lección general sobre santificación o dedicación, sino el del antídoto contra la impureza sexual. Es el reconocimiento de que no soy mío, de que fui comprado por precio, lo que Dios utiliza para preservarme. Eso es lo que guardará a una pareja a través de todas las vicisitudes de una larga vida juntos, aun cuando es perfectamente posible que parejas felizmente casadas experimenten infatuación con otras personas y tener las hormonas procurando profundamente “carne extraña”. La gracia no te inmuniza contra ese fenómeno peculiar llamado infatuación.

¡Cuánto se necesita tener la convicción de haber sido comprados por Cristo en esta generación que piensa que si algo se desea entonces es correcto! Una vez me haya comprometido con un esposo o esposa, debo mantener sagrada toda dimensión de erotismo para ser canalizada sola, total, plena y gozosamente a mi esposo o esposa, pero a ellos y sólo a ellos. No debe haber fantasías de la mente dirigidas a ninguna otra mujer u hombre, NADA QUE CONLLEVE ESTIMULACIÓN ERÓTICA. Todo debe ser guardado 100% al cónyuge dado por Dios.

Planta la cruz en medio de tus hormonas y ora que Dios haga que la cruz crezca y florezca en medio de ellas.

CONCLUSIÓN

Este es el antídoto Pablo ofrece con sus siete ingredientes mezclados. Y en medio de ellos incluye dos imperativos: uno es negativo y el otro positivo. En el v. 18 dice: Huid de la fornicación”. Algunas partes de la Biblia nos llaman a resistir ciertas cosas. Pero cuando se habla de impureza sexual, Dios dice CORRE. Ni siquiera permanezcas debatiendo el asunto. Conocemos el ejemplo clásico: José. Creo que fue en cierto modo ingenuo. La primera vez que la esposa de Potífar le sugirió algo, debió ir donde su esposo y decirle: “Tu mujer puso sus ojos en mí, y antes de que algo suceda y quede atrapado en una situación embarazosa, habla con ella o trasládame a otro lugar”. Creo que fue ingenuo en dejar que las cosas pasaran día tras día tras día. El hecho es que no sucumbió; huyó y fue puesto en prisión. [Es mejor ir a la prisión con una buena conciencia que caer en el corazón de una relación ilícita, porque la Escritura dice que el pecado te seguirá y te hallará]. “El que encubre sus pecados, no prosperará” (Pr. 28:13). Huye de la impureza sexual – eso incluye todo lo que alimente los deseos eróticos.

Alguno dirá: “Pero es que si huyo de todo, la gente pensará que estoy loco. Ni siquiera podré ver televisión, porque encuentro que hasta los comerciales son eróticos. Me avergüenzo aun decírselo a mi esposa”. Amigo, avergüénzate y díselo, si así tienes que hacer lo que la Biblia dice de huir de la fornicación: “No puedo ni siquiera ver la revista Time. Pues no lo veas. No andes quejándote de tus fracasos, ¡huye de la fornicación! Si tienes que evitar personas, evítalas. El hecho es que el antídoto de este texto sólo funciona mientras se está corriendo.

Huir es el mandamiento negativo. El apóstol concluye entonces en el positivo: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”. No es suficiente llegar simplemente al final de la semana y decir: “Lo logré, ninguna fornicación”. Debe ser un compromiso positivo con la glorificación de Dios en mi cuerpo. La mejor manera de vencer un pecado es encaminarnos en dirección opuesta por la senda de justicia. El que tenga ese compromiso será el menos vulnerable a las actividades sexuales ilícitas.

Glorificar a Dios en nuestro cuerpo significa que aceptamos la descripción divina del origen de nuestra sexualidad. No nos avergoncemos de ella. Si no tienes la visión divina de la sexualidad no vas a presentar el asunto en oración a Dios. Te avergonzaría el hacerlo.

Preséntale tu cuerpo como un sacrificio vivo (Ro. 12:1). Preséntale tus mismos miembros a Dios (Ro. 6:19). Desde la cabeza hasta los pies, presenta toda la facultad en consagración sagrada y pídele que guarde tus miembros de ser utilizados para la injusticia. Eso es lo que significa glorificar a Dios en el cuerpo.

Si eres casada, harás lo que dice en 1 Corintios 7 y Proverbios 5, con gozo te entregarás a tu marido, porque eres un gran preservativo contra la impureza sexual, y si retienes lo que le es debido, vivirá en vulnerabilidad.

E igualmente ustedes, maridos, aprendan a entender las necesidades de la esposa. Comunícate con ella con respecto a su sexualidad. ¿Estás satisfaciendo sus necesidades? Discute esto libre y abiertamente; oren juntos sobre ello. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos.

A los que no están casados, vayan a Dios y digan: “Señor, me hiciste con estos deseos y apetitos, pero en tu providencia no me has dado el canal de la realización normal. Dame gracia para contenerme y ser puro. Dame gracia para no aceptar la filosofía del mundo”. Eso es lo que significa glorificar a Dios en tu cuerpo.

Esto que hemos visto es la aplicación del evangelio al problema de la impureza sexual. Enfatizo esto porque si no eres cristiano, si no eres alguien en quien mora el Espíritu Santo, si no eres unos a quien el pensamiento de Cristo crucificado es una fuerte motivación para resistir todas las presiones del mundo y de tu propia carne, hay pocas probabilidades de que puedes mantenerte sexualmente puro en esta era. Si un creyente necesita todas las motivaciones y dinámicas del evangelio para poder hacerlo, ¿qué esperanza hay para ti si no eres cristiano? Huye a Cristo para que seas de él, para que puedas ser guardado del estilo de vida que te llevará al infierno.

Y tú, hijo de Dios, “el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Si piensas que no necesitas todos los ingredientes de este antídoto, Dios te puede hacer aprender hasta las amarguras de tu alma lo insensato que eres. Que Dios nos ayude a brillar como luz en medio de una generación inmoral, mostrando que el antídoto de Dios es suficiente para guardarnos puros en una época impura.

El autor es pastor de

Trinity Baptist Church Montville, New Jersey