La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 5

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Gary E. Gilley

Recibí recientemente el catálogo de otoño para 2005 de Quaker Books. El promo encontrado en el catálogo para el libro Creeds and Quakers (Credos y los Cuáqueros) se lee como sigue:

La autoridad espiritual Cuáquera no recae sobre sistemas de creencia – en credos – sino sobre la comunicación directa entre Amigos individuales y el Espíritu Divino. Todos las demás formas de autoridad, “sean palabras escritas [incluyendo la Escritura, supongo] casa-pináculo o una jerarquía clerical,” no pueden reemplazar esta comunión directa.

Ésta es la teología Cuáquera histórica en la cual la “luz interna” emanando del Espíritu Divino conlleva una autoridad final, aun sobre la Escritura. Mientras apasionadamente negado por la mayoría, creo que sobre una base objetiva gran parte del evangelicalismo no está sólo esta siendo dirigido hacia la misma dirección, sino que ya está allí ahora. Pocos si acaso evangélicos, o aun carismáticos respecto a esto, serían tan obvios como los Amigos (Cuáqueros). Casi todos colocarían la autoridad final en la Escritura al llenar sus declaraciones doctrinales, pero cuando la goma cubre el camino, la autoridad final para muchos, al igual que con los Cuáqueros, no descansa sobre el registro de la Palabra de Dios, sino sobre voces internas y corazonadas subjetivas. Esto está bien ilustrado en los escritos de Henry Blackaby que ha hecho mucho para promover la vida subjetiva y mística del cristiano (no clásica) que cualquier otro líder no-carismático moderno. En un libro co-escrito con su hijo Richard, él escribe: “Cada vez que Dios habla, su Palabra se convierte en una estrella norte para su vida.  No cambia. Es segura. Al cumular usted un registro de Dios hablándole por años, usted tendrá un cuadro claro de dónde Dios lo está guiando. Esto le dará una seguridad poderosa al continuar Dios guiándole en el futuro”.1 Esta es una declaración atemorizante cuando usted se percata de que los Blackaby no hablan de las Escrituras sino de una supuesta comunicación privada, no-verbal de Dios que se le da estatus similar a las Escrituras. Note la capitalización de “Palabra” en referencia a estos mensajes extrabíblicos de Dios. También note que estos mensajes toman características de la Escritura al convertirse en palabra de Dios que nos guía, nos da seguridad del futuro, y es aun puesta por escrita para una posterior referencia.2

 

Los Blackaby está siendo coherentes en reconocer hacia donde su punto de vista los guía. En realidad, han adoptado y han popularizado una teología que permite adiciones a la Palabra de Dios. Si uno toma la posición de Blackaby, esto tiene sentido perfecto y es, de hecho, inevitable. Si Dios habla específicamente a cada uno de nosotros, dando instrucciones en cada asunto importante, tenemos que preguntarnos ¿qué papel juega la Escritura? Para algunos, la Biblia se vuelve un libro muerto de historias antiguas y de la teología formal. Una vez que dominan con maestría esas cosas, están listos para seguir adelante hacia la palabra de Dios “fresca” recibida hoy a través de voces internas directas dentro de sus almas. Bajo este panorama, la Escritura se vuelve secundaria a lo mucho y muy probablemente innecesaria (excepto por la doctrina básica). Pronto caemos en la cuenta para descubrir que hemos aceptado la perspectiva del Cuáquero de la revelación y la autoridad.

Algunos preguntarán, “¿No es cierto que la mayor parte de los hijos de Dios en la Escritura escucharon de Dios directamente? ¿Fue esta la norma en la Biblia, no deberíamos esperar lo mismo hoy?” ¿Dios no se ha vuelto mudo?

Primero, el hecho de que algo haya sucedido en la Biblia no necesariamente quiere decir que se vuelva normativo para todos los tiempos. Dios a menudo hizo cosas específicas para personas específicas en tiempos específicos que no se repetirán, aun en la Escritura. Sólo con una persona (Moisés) habló “cara a cara” como si hablar a un amigo (Éxodo 33:11: Deuteronomio 34:10). Sólo en las manos de Moisés, Elías y Eliseo hizo Dios realizar grandes milagros en el Antiguo Testamento; sólo en una ocasión entregó Dios Sus Leyes; y así sucesivamente.

En lo que se refiere al asunto de que Dios habla a casi todo el mundo en las Escrituras, eso simplemente no es cierto. El creyente común en cualquier Testamento nunca oyó una palabra personal de Dios, y aun la mayor parte de los personajes clave nunca oyeron la voz de Dios personalmente. Cuando Dios habló en la Escritura casi siempre trató con el concepto general de lo que Dios estaba desempeñando en Su programa de redención o la vida de Su pueblo en general. Usted buscará en vano al tratar de encontrar a Dios hablando a personas qué trabajo hacer, cuántos burros ha de comprar, o qué tierra a comprar – exceptúe en lo que estuviese relacionado con el asunto principal de los tratos de Dios con Su pueblo.

La afirmación es hecha por algunos de que los creyentes durante los tiempos bíblicos oyeron la voz de Dios de forma regular. La implicación es que Dios personalmente habló y dirigió a casi a todo el mundo que vivió durante los días en que la Escritura fue escrita – y lo hizo todo el tiempo. Y, si eso es cierto, ¿por qué no deberíamos nosotros esperar lo mismo hoy? En respuesta necesitamos tomar un panorama objetivo de la Escritura para ver si esta aseveración puede ser confirmada. En esta visión general descartaremos el escuchar la Palabra de Dios a través de los profetas – los portavoces señalados de Dios antes del cierre de la Escritura. Andamos buscando aquellos que personalmente oyeron la voz de Dios (o de ángeles enviados por El) ya sea audiblemente o en palabras internas directas de impulsos o corazonadas.

La primera cosa que encontramos es literalmente miles de personalidades menos conocidas de las cuales no sabemos nada de este aspecto de sus vidas.  Ni Matusalén, ni Jabez, ni Josué el sacerdote, ni demás innumerables, escucharon la voz de Dios para nuestro conocimiento. Mientras éste es un argumento en silencio (para aquellos en ambos lados del debate) deberíamos esperar que el registro bíblico nos transmita fielmente la vida normal del creyente de entonces. Si la norma fuese para que la persona común escuchara a Dios hablar regularmente y personalmente esperaríamos a un testimonio de esto en la Escritura. Pero tal registro no es encontrado. Así es que debemos regresar de nuestra búsqueda de personajes principales en tiempos bíblicos.

Abajo vemos una cierta cantidad de personajes importantes encontrados en el Antiguo Testamento que nunca escucharon directamente de Dios según lo que sabemos:

Caleb, Ester, Mordecai, Rut, Joab, Ezequías, Josías, Josafat, Jonatán, la mayoría de los jueces, Esdrás, Nehemías, Sadrac, Mesac y Abed-Nego (aunque pudieron haber sido confortados por el Hijo de Dios en medio del fuego). Además todas las categorías de líderes clave nunca escucharon de Dios personalmente, incluyendo a ninguno de los hijos de Jacob excepto José, ninguno de los reyes de Judá después de Salomón, ninguno de los jueces excepto por Gedeón, ninguno de los exiliados restituidores y ninguno de los grandes hombres o líderes militares de David. Éste es simplemente un ejemplo; muchos más podrían ser citados.

Por supuesto hubo varios individuos usualmente importantes, que si escucharon de Dios directamente, o de una representación angélica. Además de los profetas que podríamos listar:

· Noé y sus hijos (Génesis 6:13; 7:1; 8:15; 9:1,8,18)

· Job (Job 38-42)

· Abrahám (16 Veces)

· Abimelec (1 vez) (Génesis 20:3)

· Isaac (2 Veces) (Génesis   26:2, 24)

· Rebeca (1 vez) (Génesis 25:23)

· Jacob (8 Veces) (Génesis 28:12,13; 31:11,13,14; 32:1, 24-32; 35:1; 35:10; 46:2-4)

· Agar (1 vez) (Génesis 16:13)

· Sara (1 vez) (Génesis 18:10-15) (Ella oyó a Dios hablando con Abraham)

· El Faraón (1 vez) (Génesis 41:25)

· Labán (1 vez) (Génesis 31:24)

· Moisés (en menos 85 veces)

· Aarón (Éxodo 4:27; 6:13; 12:1; Levítico 10:8; 11:1; 13:1; 15:1; Números 2:1; 4:1,17; 12:4; 18:1; 19:1; 20:12)

· Miriam (1 vez) (Números 12:4)

· Josué (Deuteronomio 31:23; Josué 1:2-9; 3:7; 4:1, 15; 5:2,9,15; 6:2; 7:10-15; 8:1, 18; 11:6; 20:1)

· Gedeón (Jueces 6:14-36; 7:2-9)

· Manoa y su esposa (1 vez) (Jueces 13)

· Samuel (1 vez antes del comienzo de su ministerio profético) (1 Samuel 3:10-14)

· David (1 Samuel 23:2, 10-12; 30:8; 2 Samuel 21; 5:19-25; 21:1)

· Salomón (3 Veces) (1 Reyes 3:5-14; 9:2-9; 11:11-13)

· Simeón (Lucas 2:25)

· María (Lucas 1:30)

· José (Mateo 1:20; 2:13)

· Zacarías (Lucas 1:13)

· Los Magos (Mateo 2:12)

· Los Pastores (Lucas 2:10)

· Las mujeres en la Tumba (Marcos 16:6)

Más allá de estos pocos individuos, encontrar a un individuo no-profético en la Escritura que escuchó directamente de Dios se convierte en una tarea difícil. Algunas observaciones adicionales deberían ser hechas. Primero, con algunas excepciones, aquellos citados arriba jugaron papeles sumamente importantes en el desarrollo del programa de Dios. En segundo lugar, cuando Dios habló, El lo hizo en una voz audible o, en ocasiones, a través de una visión o un sueño. No hay registro en el cual el Señor habló a través de una voz interna e inaudible en alguna parte del corazón o la mente del individuo. En segundo lugar, estas revelaciones de Dios son inevitablemente de significado profundo, no sólo para el individuo, sino a menudo a muchos más igualmente.

La argumentación de que Dios habló a casi todo el mundo todo el tiempo, guiando y dirigiendo, simplemente no pasa la prueba de un estudio cuidadoso de las Escrituras. Aun con aquellos a quienes Dios habló, sólo con Noé, Abraham, Moisés, Jacob, Aarón, Josué, David y Salomón Dios habló más de dos veces en todas sus vidas. Adicionalmente, la noción de que la revelación de Dios a menudo vino en una “pequeña voz interna” no es garantizada. Aun en una sola ocasión en la cual Dios habló en una “pequeña voz” a Elías es a menudo malentendida. En 1 Reyes 19:12-13 nos encontramos con que Elías escuchó un “silvo apacible y delicado” del viento. Fuera de esa brisa suave vino la “voz” de Dios. El texto realmente no dice que fuese una “pequeña voz”. No dice absolutamente nada acerca de la intensidad del sonido de la voz. Pero aun si fuese una voz tranquila, fue todavía una voz audible. ¿Cuántos cristianos, en base a este mal entendimiento de este pasaje, han afirmado que también han escuchado la voz de Dios? Mantienen haber escuchado una voz interna, poco audible – algo así como Elías. Pero Elías no oyó nada de eso. Fue la voz de Dios – clara y bien definida. 

Pero ¿qué acerca del Nuevo Testamento y especialmente el libro de Hechos? ¿No es evidencia abrumadora la guía directa de Dios en las vidas de los santos de la época de iglesia? Realmente, no. Un estudio detallado de las Escrituras del Nuevo Testamento no revela lo que muchos afirman.

Virtualmente todos los relatos del Nuevo Testamento de Dios hablando y dando instrucción directa son encontrados en el libro de Hechos. Esto en sí es significativo, pero lo reservaré hasta después. Si le damos nuestra atención al libro de Hechos encontramos trece ocasiones bien definidas en las cuales Dios habló directamente a individuos (dos de estos a través de ángeles): 8:26-29; 9:4, 10; 10:3, 11-16; 12:7-8; 13:2-4; 16:6,9-10; 18:9; 21:4, 11; 22:17-21; 23:11. El Señor usó métodos variados para comunicarse en estas ocasiones incluyendo visiones, ángeles, profecía, y palabras directas de Jesús o del Espíritu Santo. De estas trece revelaciones, ocho de ellas fueron a dos apóstoles (Pablo y Pedro). Las otras tres se esparcieron entre Felipe, Ananias, Agabo, Cornelio y la iglesia en Antioquía.

Un número de cosas sobresale acerca de estas palabras especiales del Señor. Primero, Dios toma la iniciativa en cada una. Los recipientes no buscaban revelaciones del Señor, y en dos ocasiones (Saulo y Cornelio) incrédulos al final estaban recibieron el mensaje. Segundo, debería ser notable que ninguno de estos individuos necesitara aprender un método para escuchar a Dios y, en cada caso, los oyentes no habían tenido duda de que fue el Señor quien hablaba. Esto es especialmente interesante en el caso del incrédulo Saulo que inmediatamente trata a Jesús como “Lord”. También, en cada caso que podemos percibir, el mensaje fue dado en una voz audible. No hay terminología como “sentí al Señor guiándome” o “tuve paz acerca de lo que debía hacer”. Lo que Dios tuvo que decir fue claro y más allá de mal entenderlo o de mal interpretarlo.

Usando simplemente el libro de Hechos, inmediatamente deberíamos reconocer un contraste fuerte entre lo que tenía lugar allí y lo que está siendo afirmado hoy. En Hechos no encontramos a cada creyente escuchando del Señor todo el tiempo acerca de todo.  Realmente, encontramos a seis personas y una congregación que escuchó de un miembro de la Trinidad o un ángel (dos mientras aun eran no salvos), y las cosas que oyeron fueron de gran significado espiritual en el plan de Dios.  En Hechos, nadie tuvo que aprender a escuchar la voz de Dios ni alguien fue guiado por medio de corazonadas o impulsos. La voz de Dios fue inconfundible y Su mensaje fue más claro que el agua. En Hechos nadie es alentado o adiestrado a buscar la voz de Dios; más bien solo se ocupaban de sus asuntos cuando Dios intervino.

Hechos es un libro de sucesos. Nos dice lo que hizo Dios; no siempre explica por qué hizo Dios lo que hizo ni lo hace ser necesariamente una norma para nosotros hoy. Este hecho se pone aun más interesante cuando dejamos Hechos y comenzamos a estudiar las epístolas. Las epístolas, a diferencia de Hechos, no se especializan en relatos históricos, pero en lugar de eso enfocan la atención en instruir al creyente con respecto a cómo vivir en la era del Nuevo Testamento. El silencio con respecto a acontecimientos milagrosos y de escuchar la voz de Dios es casi ensordecedor en las epístolas. Nadie es designado, adiestrado o impulsado a buscar la voz de Dios. En lugar de eso, ellos (y nosotros) reciben instrucciones de poner atención a la Escritura (cp. 2 Timoteo 3:15-4:4). La doctrina, la verdad y la instrucción, como es encontrada en el Antiguo Testamento y la enseñanza de los apóstoles, son el pan de cada día de las epístolas. Me parece que si el Señor tuvo algo mejor que ofrecer (ó más) más allá de las Escrituras, él habría tenido por regla decirlo en las epístolas. En lugar de eso, él inspiró a Pablo a escribir, “predica la Palabra”. 

Fowler White representa mi sentir:

La Biblia no nos da razón para pretender que Dios hablará a Sus hijos hoy aparte de las Escrituras. Aquellos que enseñan de otra manera necesitan explicar a los hijos de Dios cómo pueden ser estas palabras “frescamente habladas del cielo” tan necesarias y estratégicas para los propósitos más elevados de Dios para sus vidas cuando su Padre no hace nada para asegurar de que alguna vez realmente escucharán esas palabras. Ciertamente, deben explicar por qué esto no es apagar el Espíritu. Además, la promesa de tal guía inevitablemente distrae la atención de las Escrituras, en particular sobre las preocupaciones prácticas y apremiantes de la vida. En la Biblia la iglesia oye la voz real de Dios; en las Escrituras, sabemos que El nos dice Sus mismas palabras. Los defensores de palabras “frescamente habladas del cielo” deberían tener cuidado: De distraer la atención de las Escrituras, ellos apagan al Espíritu que habla en ellas.3

 

Creo que nuestro mandato hoy es éste: En vez de buscar comunicación extrabíblica de Dios, necesitamos diligentemente aprender a manejar la Palabra de Verdad – para que podamos ser aprobados por “Dios como obreros que tienen de que avergonzarse” (2 Timoteo 2:15).  Me gusta la forma en que el Puritano inglés, Thomas Watson, lo dijo: “aquellos que dejan a la luz de la Palabra y siguen la luz dentro de ellas, como algunos dicen, prefiere lo brillante de la luciérnaga antes del astro rey”.4

[1] Henry and Richard Blackaby, Hearing God’s Voice (Broadman & Holman: Nashville, 2002), p. 230.

[2] Ibid., pp. 227, 229, 230, 241.

[3] Fowler White, “Does God Speak Today Apart from the Bible?”, in The Coming Evangelical Crisis, ed. John H. Armstrong (Chicago: Moody Press, 1996), p. 87.

[4] Don Kistler, ed., The Puritan Pulpit: Thomas Watson (Soli Deo Gloria Publications, 2004), p. 141.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 4

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Gary E. Gilley

Los anteriores artículos explicaron que la comprensión subjetiva, mística de la dirección del Señor a través de revelaciones internas, en lugar de la Escritura, no están bíblicamente fundamentados. Este artículo se ocupa de algunas de las preguntas que a menudo surgen sobre el tema.

P. Muchos en el movimiento carismático creen que Dios habla hoy a través de profecías y palabras de conocimiento. Insisten en que tal revelación no está en contradicción con la Palabra escrita y que no debería recibir un estatus igual o adición a la Sagrada Escritura. ¿Cómo difiere esta perspectiva carismática de revelación de la perspectiva no-carismática de que Dios habla y da dirección a través las corazonadas y voces internas?

R. No mucho si acaso. En esencia, una teología carismática de revelación ha sido adoptada casi completamente por la mayoría de la comunidad evangélica. Lo que hace falta por ambos grupos es que la revelación de Dios, no importa qué formato o escenario, es aun la revelación de Dios. No es posible para Dios dar revelación que no sea autoritativa y que demande obediencia. Toda revelación de Dios conlleva la autoridad de la Escritura. Ahora, es verdad que Dios no ha elegido intercalar toda Su revelación encima de las páginas de la Biblia. Es posible, por ejemplo, durante los tiempos bíblicos que el Señor le habló a Sus siervos pero no eligió incluir esa conversación en las Escrituras. No obstante, cualquier cosa que él dijo en esos momentos llevó la autoridad y todo el peso de la Palabra escrita. Hoy muchos afirman escuchar de Dios, pero lo que escuchan no tiene el estatus y el significado de Escritura. Esto es lógicamente imposible. Ya sea que Dios ha hablado o no lo haya hecho. Si El ha hablado, ese mensaje es tan autoritativo como la Escritura. Estoy de acuerdo con John MacArthur que escribió: “Dios reservó la revelación divina para tiempos especiales, la cual fue incluida en la Palabra escrita, y desde ese tiempo la revelación ha cesado”.1

P. Creo que Dios da revelación extrabíblica hoy. Mi único problema es cómo discernir la voz de Dios de la mía u de otra fuente. ¿Cómo puedo hacer eso?

R. El libro Hearing God’s Voice (Esuchando la Voz de Dios) de Henry y Richard Blackaby, fue escrito mayormente para ocuparse de esta pregunta, pero aun estos expertos en la materia fallaron pobremente en una solución. Ellos sugieren que, para escuchar la voz de Dios, se requiere de fe,2 así como la convicción de que Dios habla aparte de la Escritura.3 Podemos esperar de cristianos nuevos,4 que le escriben, y aquellos que no están en el hábito de escuchar de Dios, estar un poco desorientados por algún rato,5 pero esperanzadamente todo eso cambiará y gradualmente vendremos a reconocer cuándo habla Dios nos habla.6 Y “mientras más cercano usted este de Dios, más fácilmente usted reconocerá Su voz”.7

Nada de esto es de ayuda. El problema es que toda esta conversación está fuera de lugar con lo que encontramos en la Escritura. Primero, virtualmente cada vez que Dios habló en la historia bíblica el recipiente no tuvo ninguna duda de que él escuchaba la voz de Dios – no importando cual haya sido su condición espiritual o nivel de fe. Con excepción del niño Samuel, virtualmente todo el mundo, incluyendo a los incrédulos (e.g. Faraón, Balaam y Saúl), inmediatamente supieron que Dios hablaba. Adicionalmente, ninguna fórmula o ninguna instrucción son encontradas en la Palabra para enseñarnos a cómo percibir la voz de Dios. Aprender a escuchar la voz de Dios simplemente no es enseñado como una habilidad que debamos desarrollar. El no-carismático y no-cesacionista moderno (aquellos que creen que la revelación aun se sigue dando hoy, principalmente a través de formas inaudibles directas) ha creado una categoría de revelación no encontrada en la Escritura. Ellos ahora deben tratar de defender su perspectiva a través de la experiencia porque ninguna defensa bíblica es posible.

Debe reconocerse que casi todo el mundo es un cesacionista de algún tipo. Nadie dice: “todo es válido”. Pero si no establecemos la línea limítrofe en la Escritura no existen criterios por los cuales decidir dónde trazar la línea. Si Dios hubiera pretendido una revelación más allá de las páginas del Nuevo Testamento El nos hubiese provisto una manera por la cual percibir Su voz.  Si Dios hubiera determinado cambiar Su modo de revelación de comunicación verbal a sentimientos internos y voces, habríamos esperado alguna notificación de este cambio. Nosotros también habríamos esperado algunas instrucciones por las cuales pudiésemos descifrar Su mensaje. Él no hizo nada de esto. Por consiguiente debemos concluir que Dios no eligió lanzar una forma única de comunicación después del cierre del canon de la Escritura. Los problemas que encontramos hoy con respecto a la dirección de Dios se remontan a este asunto fundamental.

P. Se nos ha dicho que Dios habla hoy, ya sea a través de voces internas directas o de palabras de profecía, pero que estos mensajes pueden ser parcialmente de Dios y parcialmente de nuestros pensamientos. ¿De qué el valor son estos tipos de comunicaciones cuando no podemos estar seguros qué parte de ellos son realmente las Palabras de Dios?

R.  Tales supuestos mensajes de Dios no son de ningún valor en absoluto y pueden ser un verdadero peligro. Si no sabemos qué porción o parte de un pensamiento, sueño o profecía es de Dios o de alguna otra fuente, ¿cómo debemos nosotros percibir lo que Dios está tratando de decir? Si creemos que Dios nos dice a nosotros que nos casemos con Suzy, mudarnos para Virginia, comprar un edificio comercial ó iniciar un negocio nuevo, pero también sabemos que al menos la mitad de ese mensaje podría ser buenos deseos de nosotros, ¿cómo saber que parte de ellos obedecer (recuerde: ¿Cuándo Dios manda debemos obedecer)?  Una vez más, un problema verdadero en este punto es que nada en la Escritura contesta esta pregunta. Cuando Dios habló en el registro bíblico fue un mensaje completo y comprensible. Nadie cuestionó qué tanto de lo que precisamente oyeron fue su imaginación y que tanto fue de Dios. Ni hay alguna fórmula dada para discernir la diferencia. Los No-cesacionistas han entrado en un tierra de sombras de la cual no hay ayuda bíblicamente. Son abandonados a su suerte.

P. Primera de Corintios 14:29 menciona profetas del Nuevo Testamento que hablan y luego tienen a otros en el cuerpo de la iglesia que interprete lo que tenían que decir. ¿Qué quiere decir esto?

R.  Primero debe darse por entendido que la profecía de palabra tenga un significado dual. Puede querer decir predicción, como cuando las profecías revelaron algún acontecimiento futuro, o predicación, como cuando un mensaje de Dios con respecto al vivir para El es comunicado. Este pasaje parece referirse con predicación, lo cuál por sí mismo viene en dos variedades. Por un lado, allí está la predicación o proclamación de las Escrituras, tal como se hace hoy. Hubo también predicación divinamente inspirada en la cual Dios dio un mensaje de verdad a través de ciertos individuos. Esta mayoría este pasaje probablemente establece referencias para ambos tipos de predicación. Debería ser recordado que la iglesia es edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas (Efesios 2:20), pues fueron estos dos tipos de personas dotadas que nos dieron la Palabra de Dios inspirada. Hebreos 1:1,2 se lee: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas es estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” Luego en el capítulo dos, los versículos tres y cuatro, el autor de Hebreos continúan éste pensamiento escribiendo: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, m nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.  Lo que es interesante es que este pasaje habla de aquellos que comunicaron la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento como un grupo de personas selectas que escucharon estas palabras del Señor y fue autentificado por señales milagrosas. En 2 Pedro 3:2 recibimos instrucciones: “para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”. Pedro señala a los profetas del Antiguo Testamento que nos dieron el cuerpo inspirado del Antiguo Testamento y a los apóstoles que nos dieron el texto inspirado del Nuevo Testamento. Cada indicación es que la revelación del Nuevo Testamento fue proporcionada a través de los apóstoles y algunos otros cercanamente relacionados con ellos (Marcos, Lucas, Santiago, Judas y posiblemente el escritor de Hebreos). Juan advierte en la misma conclusión del Nuevo Testamento que no debemos agregar a las profecías del libro de Apocalipsis (22:18, 19). Puesto que Apocalipsis es el último libro en el canon es difícil de imaginar cómo cualquier profecía adicional hoy no violara esta advertencia. 

Cuando Pablo da la exhortación encontrada en 1 Corintios 14:29 él pudo estarse refiriendo a tanto a los que están predicando las Escrituras ya reveladas y a aquellos que afirmaban una palabra inspirada del Señor. Debería ser recordado en ese punto el canon del Nuevo Testamento aun no se cerraba y que Dios aún estaba dando Su Palabra inspirada y autoritativa. Uno de los problemas que los primeros creyentes de siglo tuvieron que afrontar fue el asunto de los falsos profetas y apóstoles que afirmaban una autoridad divina. Por esta razón Pablo habló de falsos apóstoles (2 Corintios 11:13) y señales apóstol verdaderos (2 Corintios 12:12). En Corinto hubo aquellos que se presumían como portavoces divinos para Dios, aun apóstoles. ¿Cómo debían los cristianos probar estas afirmaciones? Pablo dijo que “juzgaran” en lo que estos hombres afirmaban haber recibido de Dios. ¿Cómo debían ellos hacer eso? Primero, determinando si estos individuos si tenían las señales de un apóstol verdadero. Luego, debían discernir su mensaje para ver si era sano. ¿Cómo debían de ocuparse de hacer esto? ¿Debían ellos ir en busca de algún sentimiento subjetivo de afirmación del Espíritu Santo? Nada indica que ese fuera el caso. Más bien, como siempre: “…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11).  En otras palabras, aun cuando la revelación estaba todavía siendo dada, lo que las personas afirmaban haber escuchado de parte de Dios tenían que pasar por alto el escrutinio de la Escritura. Ahora que “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3) y la profecía inspirada ha sido declarada completa (Apocalipsis 22:18-19), ya no hay una necesidad de una revelación más para el pueblo de Dios.

P. A menudo me siento motivado a testificar o a darle una cantidad de dinero específica a alguien. Si Dios no me dijera que haga estas cosas entonces ¿de dónde se originan estos impulsos?

R. impulsos son impulsos. Sin duda alguna nos damos cuenta de que los incrédulos tienen impulsos también; ¿De dónde vienen?  Intentar determinar que la fuente de los impulsos no tiene sentido, pero la mayoría de los impulsos simplemente provienen de nuestros pensamientos. Vemos a una persona que necesita Cristo; sabemos el poder y la gloria del evangelio; deseamos contarles a otros acerca de la verdad. ¿Qué tan extraño sería sentir un deseo de contarle a las personas sobre el Señor? El hecho de que seamos motivados a compartir el evangelio o cualquier otra cosa no quiere decir hemos recibido comunicación extrabíblica de Dios. 

P. ¿Cuál es el punto de orar si el Señor no va a hablarnos durante nuestro tiempo de oración? ¿Por qué preocuparnos?

R. Hasta hace poco la mayoría de los cristianos reconocían la oración como nuestra comunicación para con Dios y las Escrituras como la comunicación de Dios para con nosotros. Pero debido a la influencia de Henry Blackaby y muchos otros, cada vez más los creyentes esperan que Dios les hable durante su tiempo de oración. Blackaby escribe: “En las Escrituras, la oración se replantea a menudo como una conversación de dos vías en donde las personas oyen a Dios responder a sus oraciones… La clave para que Dios nos transforme no es encontrada en lo que decimos cuando oramos sino cuándo escuchamos. Al hablarnos Dios, no podemos permanecer sin cambio”.8 El apoyo bíblico para este tipo de comprensión de la oración es pobre. El texto más ampliamente usado del Nuevo Testamento en su defensa es Romanos 8:26-27 acerca del cual Blackaby dice: “[la voluntad del Espíritu Santo] revela los pensamientos del Padre y ayuda a los creyentes de para saber cómo orar”.9 Pero una lectura cuidadosa de estos versículos en contexto no da la interpretación de Blackaby. No se nos promete que el Espíritu Santo nos revelará a nosotros la mente de Dios cuando vayamos a la oración. Más bien, la promesa es que el Espíritu Santo intercederá con el Padre en nuestro beneficio a fin de que nuestras oraciones sean presentadas al Padre de tal manera que estén en conformidad con la voluntad de Dios. Esto es necesario porque a menudo “no sabemos orar como deberíamos” y el Espíritu debe conformar nuestras oraciones a la voluntad de Dios. 

Sería más útil en este asunto estudiar las oraciones del Nuevo Testamento (e.g. Efesios 1:15-23, 3:14-21; Colosenses 1:9-14; Filipenses 1:9-11). En estas oraciones no hay mención de orar unas cuantas palabras y luego sentarse a escuchar la voz de Dios. Las oraciones del Nuevo Testamento son la comunicación del corazón y la mente del creyente hacia el Señor. No es una comunicación de dos vías. Este concepto es completamente extraño en el Nuevo Testamento. No estoy negando que en la Bible Dios en ocasiones, habló a individuos cuando oraban. Pero éste no es el patrón normal dado y, hacerle la norma es distorsionar el propósito expresado de la oración, la cual es para que nosotros hablemos a Dios. 

P. A menudo escucho acerca de alguien entrando en o estando en la presencia del Señor. ¿Qué quiere decir eso y cómo puedo saber cuándo estoy en la presencia de Dios?

R. El Nuevo Testamento enseña que los cristianos tienen la morada de Espíritu Santo (1 Corintios 6:19) y por consiguiente están todo el tiempo en la presencia del Señor. No hay nada que podamos hacer para estar más en la presencia de Dios de la que estamos justo ahora. Cuando un líder de adoración invita a la audiencia a entrar en la presencia del Señor o alguien le pide al Señor venir a Su presencia, está errando. En Hebreos 4:16, sobre la base en la obra terminada de Cristo, el hijo de Dios es invitado a acercarse al trono de la gracia. Es decir, nosotros ahora tenemos acceso directo a Dios y nosotros somos alentados a tomar ventaja de ese acceso en oración. Esto no quiere decir que estemos más cercanos a la presencia de Dios durante la oración; quiere decir que debido a que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote tenemos el privilegio de la presencia de Dios todo el tiempo y nosotros seguramente podemos acercarnos a El en la oración. 

Aquellos que hablan de haber experimentado la presencia de Dios usualmente se refieren a un sentimiento subjetivo que tienen en el cuál ellos creen que han encontrado a Dios en alguna forma única. Algunas preguntas muy importantes deberían ser dirigidas a tales experiencias. Primero, ¿como qué siente la presencia de Dios? Mientras que alguien podría decir que sintieron paz o santidad o se abrumaron, nada en el Nuevo Testamento nos dice como se puede sentir a Dios. Aquellos que encontraron a Dios en una manera especial en las Escrituras no describen sentimientos de Dios sino reuniones tangibles directas con El. Tales experiencias con Dios fueron raras aun en tiempos bíblicos, aun involucrando a los personajes más importantes en la Escritura. El pueblo de Dios no vivió para estos encuentros ni los esperaron.  ¿Quiere decir esto que vivieron vidas vacías, huecas, emotivamente deprimidas? De ningún modo. Soy recordado de los hombres en camino a Emmaus que no reconocieron que habían estado hablando con Jesús hasta después de que Jesús desapareció. Inmediatamente se volvieron el uno al otro y dijeron: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Tales experiencias, en el cual nuestro corazón “ardía…en nosotros” cuando es expuesto a la verdad absoluta, deberían ser comunes en la vida del creyente.  Esto no quiere decir que hayamos entrado en la presencia de Dios (estamos ya en la presencia de Dios) pero que nuestros corazones han estado tocados por Su verdad. Estos momentos deberían generar pasión verdadera para con Dios, no porque la presencia de Dios está más cercana a nosotros, sino porque nuestros corazones han sido atraídos más de cerca de El en amor.

P. Si la evidencia de la presencia del Espíritu Santo no es una experiencia emocional en particular entonces ¿cuál es la evidencia del Espíritu Santo en mi vida?

R. Bíblicamente, la evidencia del Espíritu Santo en nuestras vidas no son sentimientos sino una transformación espiritual. Dos pasajes importantes, ambos a menudo usados fuera de contexto, nos ayudan aquí. Romanos 8:14-16 habla del Espíritu Santo conduciendo en nuestras vidas, pero la conducción aquí es hacia la santificación. Es a través del poder del Espíritu que ganamos la victoria sobre las acciones del cuerpo (vv. 12-13). En Gálatas 5:16-25 reconocemos la presencia del Espíritu Santo por el fruto espiritual que El produce en nuestras vidas. La semejanza a Cristo es la marca del Espíritu Santo, no un tipo particular de encuentro emocional.

P. ¿Esta usted diciendo que Dios no tiene una voluntad o plan para mi vida? ¿No sería tal punto de vista un deísmo práctico en el cual Dios nos creó, puso en movimiento ciertas cosas, dictó algunos preceptos morales y luego se aleja y no dejó a nuestra suerte?

R. De nuevo, debemos distinguir entre la voluntad soberana de Dios, La revelada (voluntad moral) y Su voluntad individual. Dios soberanamente predomina sobre todas las cosas. En Su providencia y su omnisciencia el Señor tiene todas las cosas planificadas a detalle según Su propósito y para Su gloria – y eso incluye Su voluntad para nuestras vidas. La voluntad soberana de Dios son las cosas secretas que le pertenecen, según Deuteronomio 29:29a, y no pueden ser conocidas por nosotros hasta que son reveladas con el tiempo. La voluntad revelada o moral de Dios es Su voluntad común para todas las personas como se registra en la Escritura. Es la voluntad revelada de Dios que nos pertenece y debe ser observada (Deuteronomio 29:29b). Cuándo se habla de la voluntad individual de Dios será correcto preguntar si Dios le tiene un plan soberano conocido sólo para El de nuestras vidas. La respuesta para esa pregunta es sí. La pregunta real que las personas están haciendo en lo que se refiere a la voluntad individual es: “¿cómo puedo saber la voluntad soberana de Dios para mi vida?” Quieren saber si Dios les ha dado un medio en el que puedan asaltar las puertas del cielo y pueden desatar los consejos secretos de Dios. Si es así, ¿cuáles son esos medios? Lo que he intentado mostrar es que la Escritura no da tal fórmula; más bien el Señor diseña para nosotros los principios y las instrucciones por medio de lo que podemos tomar decisiones sabias que están en conformidad con la voluntad (revelada) de Dios. Como alguien ha dicho: “la insistencia de Jesús y la Escritura no es en la importancia de descubrir la voluntad de Dios, sino siempre en la necesidad de hacerla.”

El cuadro bíblico es que Dios está sumamente involucrado en nuestras vidas en formas que no podemos imaginar, y en muchos casos nunca se sabrá durante esta vida (Romanos 8:28). En este tiempo andamos “por fe, no por vista” (2 Corintios 5:7).

En nuestro artículo final sobre este tema, examinaremos la noción descaminada de que los personajes de la Escritura vivieron en constante comunicación directa con Dios.

1 John MacArthur, www.biblebb.com/files/MAC/NEWREV.HTM

 

2 Blackaby, pp. 52-53.

 

3 Ibid., p. 213.

 

4 Ibid., p. 257.

 

5 Ibid., p. 214.

 

6 Ibid., p. 235.

 

7 Ibid., p. 210.

 

8 Ibid., pp. 34, 122.

 

9 Ibid., p. 37 (vea también las pp. 116, 124, 137).

La voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 3

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Por Gary E. Gilley

En nuestro tratado sobre la voluntad de Dios, el asunto no es si Dios tiene un plan específico para nuestras vidas. Deuteronomio 29:29 nos dice, “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” Este versículo resume una buena cantidad de entendimiento profundo sobre cómo quiere Dios que nosotros vivamos. Las “cosas reveladas,” las Escrituras, nos han sido dadas para que podamos vivir según la voluntad revelada de Dios (algunas veces llamada moral). Pero ¿qué acerca de las cosas secretas – las cosas escondidas, las cosas que no se nos dan a conocer en la Palabra?  Esas cosas le pertenecen a Dios – son el plan de Dios, oculto a nosotros. El punto es, en vez de tratar de penetrar en los cielos para buscar a fondo los misterios ocultos de Dios, deberíamos concentrarnos en lo que Dios nos ha revelado. Son las cosas reveladas las que nos permiten vivir en conformidad a los caminos de Dios. 

Pero ¿qué acerca de las cosas escondidas? Hay cosas que no se hallan en las páginas de la Escritura, cosas que a menudo queremos saber. La Biblia no me dice si debería casarme y ciertamente no me dice con quién me case. ¿No necesitamos información adicional de Dios aparte de la Escritura? Y si es así, ¿no necesitamos alguna metodología ó alguna técnica para descubrir esta información? En respuesta, podríamos explorar un par de asuntos:

 ¿Nos ha dado a Dios instrucciones de ir en busca de Su voluntad específica? Creo que la respuesta es “no”. No existen enseñanzas, órdenes o ejemplos para, o del, Espíritu Santo morando en nosotros y de cristianos del Nuevo Testamento de buscar la voluntad individual de Dios acerca de alguna cosa. Ni donde vivir o con quién a casarse, ni aun si alguien debería estar en el ministerio cristiano “de tiempo completo”. En el Nuevo Testamento, encontramos creyentes ocupados sirviendo y viviendo para el Señor cualquiera sean las circunstancias. No los encontramos apurándose en buscar una instrucción de Dios antes de tomar decisiones. Por otra parte, si Dios eligiese reencauzar a alguien, él lo hizo y no hubo nunca alguna ambigüedad acerca de lo que él decía. Por ejemplo, al comenzar Pablo su segundo viaje misionero, no lo encontramos a él y a Bernabé buscando la voluntad del Señor. En lugar de eso Pablo dijo a Bernabé, “regresemos y visitemos a los hermanos” (Hechos 15:36). En medio del viaje, Dios eligió intervenir y envió a Pablo a Macedonia (Hechos 16:6-10). Lo importante a notar es que este cambio de planes fue iniciado por Dios. Pablo no buscaba la voluntad de Dios en el asunto; él estaba ocupado ministrando. Fue Dios quien decidió intervenir y, claro está, Pablo fue obediente inmediatamente. Creo que éste es el mismo tipo de cosa que encontramos en Santiago 4:13-17. Santiago no condenaba a aquellos hombres de negocios cristianos de hacer planes o querer ganar dinero. Él les advirtió de su actitud impertinente que sacaban a Dios del asunto. En el versículo quince Santiago instruye: “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” Que ocasión perfecta para Santiago escribir: “Antes de que ustedes planeen negocios primero deberían buscar la voluntad del Señor”. Pero él no lo hace. Él quiere que ellos sólo sean conscientes y abiertos a la mano soberana de Dios que puede alterar sus planes. Creo que éste es el patrón bíblico para la época de la iglesia cristiana. 

 Si mi tesis está en lo correcto, deberíamos esperar encontrar en el Nuevo Testamento numerosos ejemplos y amonestaciones para que los creyentes tomen decisiones que estén en conformidad con la voluntad revelada de Dios. Y eso es exactamente lo que nosotros encontramos. Para probar con un texto este hecho debería servir de prueba todo el texto del Nuevo Testamento, pero aprovecharemos esta oportunidad para fijar la atención en algunos pasajes.

Libertad para Escoger

Estrechemos nuestra búsqueda para aquellas decisiones en la vida para las cuales los cristianos comúnmente buscan una palabra extrabíblica del Señor.

Las Preferencias Personales

Al igual que hoy, los cristianos antiguos tuvieron problemas en aceptar el concepto de que otros cristianos podrían ver las cosas de manera diferente. Estamos más cómodos cuando todo el mundo está de acuerdo con nosotros – después de todo, nuestras preferencias se basan esperanzadamente en principios sacados de la Escritura. Así pues, ¿qué sucede cuando los demás no aceptan nuestra lógica y eligen rechazar nuestras preferencias?  En pocas palabras: conflicto. Pablo escribe Romanos 14 para tratar de esta misma situación. El consejo inspirado del apóstol no es buscar la paz de Dios ni recomendar un método para discernir que es lo correcto, sino el aceptar el uno al otro (v. 2) y dejar a Dios ser el juez (v. 4).  Enmarquemos esto con un ejemplo de hoy en día. Primero la iglesia necesita un nuevo edificio – acerca de esto todos estamos de acuerdo, pero allí la unanimidad llega al final. El hermano Joe quiere mudarse a la Tercera Calle, pero el Hermano Bill cree que Dios los esta dirigiendo a mudarse hacia el campo. La hermana Suzy, tesorera y profesional proyectista financiero, cree que la iglesia fácilmente puede maniobrar una hipoteca de $500,000, pero la hermana Jane no tiene paz acerca de una deuda. ¿Cómo se puede decidir todo de esto? El pastor Jim está orando por una palabra del Señor que traiga de nuevo a su pueblo, pero en la época en que él piensa que Dios le ha hablado a él, el diácono principal George afirma una palabra contraria de Dios. La discusión tiene lugar. ¿Nos ha dejado el Señor a tal medio subjetivo para determinar lo mejor en tal situación? Creo que no. Romanos 14 establece los principios eternos para manejar diferencias de opinión. El pasaje no nos va a decir si la Primera Iglesia deba construir, donde, con o sin deuda, pero le dirá a la congregación cómo el cuerpo de Cristo debe manejar el desacuerdo y las diversas preferencias.

Ofrendar

¿Cuánto deberíamos dar para la obra del Señor? ¿Deberíamos diezmar simplemente y sería todo? Si es así, ¿debemos diezmamos del neto o del bruto (si usted viene de mi trasfondo usted sabe a que me refiero con eso)? ¿Debe ir todo nuestro diezmo a nuestra iglesia local (algunos lo llaman “la bodega del diezmo”) o lo podemos distribuir? Si nosotros no aceptamos el sistema de diezmo, ¿a dónde nos dirigimos?  ¿Qué pastor no ha dicho: “queremos que usted Dé como el Señor le ponga en su corazón?”  ¿Es esto un principio bíblico? ¿Debemos nosotros esperar que el Señor coloque una cierta cantidad sobre nuestros corazones y, mientras El está en eso, que nos diga a quién dárselo también? Para encontrar respuestas a todas estas preguntas haríamos bien en recurrir a 2 Corintios 8-9, la sección más extensa en la Escritura sobre el dar. Allí no encontramos ninguna de las sugerencias de arriba sino un paquete diferente de instrucciones. Muchas instrucciones y motivaciones son dadas pero el meollo del asunto es: “cada uno de cómo propuso en su corazón” (9:7). Ninguna oración es hecha para que Dios coloque una carga sobre nuestros corazones. No se da ninguna demanda para diezmar – simplemente “como propuso en su corazón”. Por supuesto que Dios ama a un dador alegre (9:7), la ofrenda es un gran privilegio (8:2-6), la ofrenda debe ser liberal (8:2), dar debe estar motivado por el don indescriptible de Cristo (8:9, 9:15) y la ofrenda dar debe ser proporcionada a nuestra bendición financiera (1 Corintios 16:2). Aun así damos como propuso en nuestro corazón.

El matrimonio

Pocas decisiones en la vida pueden compararse a la decisión que tomamos concerniente a un conyugue. Si acaso alguna vez podemos necesitar una palabra del Señor, sería con relación a quién casarse. Recuerdo, durante mi año de novato en la universidad Bíblica, cuando uno de los ancianos, un “gigante” espiritual en el cuerpo estudiantil, tomó a una estudiante de primer año joven y atractiva en una cita y prontamente le informó a ella que Dios le había dicho que ella sería su esposa. Ella estaba en estado de choque pero este joven, después de todo, era un gigante espiritual, muy respetado por los estudiantes y por la facultad igualmente; ¿Quién era ella para interponerse en el camino del Señor? Si fuese la voluntad de Señor entonces ella debía aceptar. Pero presumiblemente el Señor cambió de idea a alguna parte en el futuro, pues el gigante espiritual se casó con otra persona, mucho alivio, podría agregar, del joven estudiante de primer año. 

¿Si el Señor tiene un compañero(a) ideal escogido para nosotros cómo debemos nosotros saberlo? Si hay un área en la cual no queremos perder la voluntad perfecta de Dios esta tiene que serla. Sin embargo, en ninguna parte del Nuevo Testamento se nos enseña algo sobre el encontrar a nuestra “media naranja” de la mano de Dios. En 1 Corintios capítulo siete, en el cual el Señor discute numerosas preocupaciones y problemas relatados en el matrimonio, recibimos realmente instrucciones diferentes. Pablo escribe en el versículo treinta y nueve: “La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.” (Énfasis mío). De nuevo, si hubiese un lugar para diseñar los pasos para encontrar la pareja perfecta sería justo aquí. Pero Pablo dice que ella tiene libertad de casarse con quienquiera que ella desee, con tal de que él sea un creyente. Eso no quiere decir que no haya criterios bíblicos para escoger a una pareja, pero el punto es que la elección es dejada al creyente. No hay mención en la Escritura de que Dios tenga “uno” seleccionado para usted y, que si usted se casa con alguien más, usted estará extraviado en el plan perfecto de Dios para su vida.

La Toma De Decisiones en General

Este patrón es normativo en el Nuevo Testamento. Pablo le dijo a Tito: “Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno” (Titus 3:12), no “el Señor me ha conducido a hacer eso”.  Pablo permaneció en Atenas por sí mismo al enviar Timoteo a Tesalónica porque “nos pareció bien” (1 Tesalonicenses 3:1-2 RVA), no porque el Señor le había dado paz acerca de eso. Cuando Pablo devolvió a Epafrodito a los filipenses él hizo eso porque él tuvo “por necesario” (Filipenses 2:25), no porque el Señor se lo había puesto en su corazón. Los corintios eligieron a “a quienes hubiereis designado por carta” para acompañara a Pablo con su donativo financiero porque él lo vio como “si fuere propio que yo también vaya” (1 Corintios 16:3-4). Ninguna mención es hecha acerca de buscar la voluntad de Señor en esto. ¿Y cómo es acerca del ministerio cristiano?  Seguramente si uno debe entrar en el ministerio uno primero debe recibir una llamado del Señor. Pero no sólo nunca es utilizada la palabra “llamado” en esta forma en el Nuevo Testamento sino, en 1 Timoteo, cuando el Señor nos dice la clase de hombre que debería ser un anciano, El hace a Pablo escribir: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.” (1 Timoteo 3:1) (Énfasis mío). Los ancianos deberían ser hombres que deseen el oficio (así como el cumplir los otros requisitos). Ninguna mención se hace del ser llamado se encuentra en ningún lugar.

La Toma De Decisiones

Cuando nosotros nos acercamos al Nuevo Testamento buscando cómo Dios nos hace tomar decisiones, ¿qué categorías encontramos? En vez de instrucciones en relación a la forma de discernir la voluntad de Dios individual para nosotros se nos dan principios de toma de decisiones. En vez de señalarnos corazonadas, voces internas y pensamientos, se nos señalan líneas directivas bíblicas que nos permiten hacer elecciones sabias para la gloria de Dios. El Nuevo Testamento ilustra un cuadro de un creyente que sabe y obedece la Escritura, con la morada y capacitado por el Espíritu Santo, y quien ha recibido una mente por medio de la cual puede pensar, razonar, percibir y escoger. Él es un individuo que es realmente capaz de (debido a la regeneración, las Sagradas y la renovación de su mente) hacer decisiones sabias que agraden a Dios. Es por estas razones que Dios no llama a cristianos a tomar elecciones subjetivas basadas en lo que “sienten” que Dios les este diciendo. Mas bien debemos ser estudiantes de la Palabra, conocer cómo quiere Dios que nosotros razonemos y escojamos basados en los principios él nos ha dado. Sería mucho más fácil, y para algunos parecería ser más espiritual, tener a Dios diciéndonos todo nuestros movimientos. ¿Por qué estudiar la Biblia para percibir la senda más prudente cuando podemos simplemente cerrar el Libro, nuestros ojos y escuchar la voz interna de Dios?  Por supuesto, si el Nuevo Testamento nos informase que esto es así como nos guía Dios hoy, entonces lo haríamos. Pero usted irá en vano en busca de tal enseñanza.

Entonces, ¿qué dice el Nuevo Testamento acerca de la toma de decisiones? 

Siempre comience con la Escritura.  Una plétora de problemas, los errores, los errores y la vida falsa podrían ser evitados si justamente comenzaríamos con Sagrada Escritura.  Éste es un principio simple que es muy a menudo es ignorado. El hábito de muchos, aun de muchos líderes cristianos, comienza con una idea, una filosofía, una preferencia personal, manía u observación, y luego van a la Escritura para encontrar algunos versículos para apoyar su teoría. Si hacemos eso, podríamos poder convencernos de casi cualquier cosa. Pero si todo lo que hacemos y creemos emerge de la misma Palabra, podremos discernir el valor, o la falta de ello, de todas los demás ideas. Si pudiese resumir mi filosofía de ministerio en una frase sería: “comience con la Escritura.”

Cuando usted comienza con la Escritura, en el área de toma de decisiones, usted podrá hacer sus decisiones con base a los preceptos bíblicos bien fundados, órdenes y principios. La Biblia no le dirá qué casa usted debe comprar, pero a ella encerrará esa decisión con líneas directivas financieras, ministeriales y familiares. No le puede decir que se mude a la calle Sur 334 Grant, pero presentará asuntos tales como: ¿Son sus prioridades financieras bíblicas o usted solo esta pensando en su comodidad? ¿Cuánto puede permitirse usted verdaderamente? ¿Es para su prestigio o para cubrir las necesidades de su familia y servir mejor al Señor? ¿Será esta maniobra la mejor para su cónyuge?, etc. Son conceptos bíblicos como éstos los que nos permiten tomar las decisiones que honran a Cristo.

Ore por sabiduría (Santiago 1:5-8). Este pasaje en Santiago está principalmente en el contexto de las pruebas; muchas de las decisiones que hacemos son durante solo tales ocasiones. Santiago nos dice que Dios contestará nuestra oración por sabiduría, cuando se le es pedida en verdad, pero él no dice cómo. Si la sabiduría es definida como la aplicación del conocimiento de la Palabra de Dios, entonces quizá el Señor abra nuestras mentes para la comprensión de Su verdad en una forma única cuando oramos.  No podemos estar seguros de la metodología pero nosotros podemos tener la seguridad de que Dios contestará. De nuevo, no se nos ha dicho que el Señor específicamente tomará la decisión por nosotros a través de alguna forma de corazonada, sólo que él proveerá sabiduría para tomar una decisión sensata.

El consejo sabio.  Las Escrituras están repletas con aliento para que nosotros busquemos el consejo de personas sabias y piadosas (Proverbios 12:15; 13:10; 15:22; 20:18).  Adicionalmente, Pablo le dice a los creyentes que deberían involucrarse en aconsejar el uno al otro (Romanos 15:14). El consejo de personas sabias, piadosas y con conocimiento bíblico es una fuente importante para tomar decisiones sabias, pero debemos recordar que tal consejo no es infalible. Es una parte pero eso no soluciona el acertijo.

Las circunstancias y la oportunidad. Lo mismo puede decirse concerniente a estas dos cosas.  Las circunstancias y las oportunidades nos ofrecen opciones – opciones que deberían ser cuidadosamente examinadas. Pero estas opciones no son mandatos obligatorios de Dios. Puesto que se nos ofrece un trabajo en Indiana no quiere decir que lo debamos tomar. Porque Dios nos ha “abierto la puerta” a enseñar en la escuela intermedia a los niños no quiere decir que tenemos que hacer eso. 

El deseo. Dios a menudo obra a través de nuestros deseos.  ¿Qué es lo que queremos hacer? Es una buena pregunta para considerar cuidadosamente.  En 1 Timoteo 3:1 Pablo escribe que aquellos que deseen ser ancianos desean una cosa buena. Pero note cuidadosamente, Pablo no le dijo a Timoteo que tome a todo aquel que desee el oficio de anciano y lo establezca.  Más bien, él establece a Timoteo los requisitos que un anciano debe cumplir (3:2-7; Vea también a Tito 1:5-9).

Esto sería un buen momento para decirle un poco más acerca del “llamada” al ministerio. Sólo tres veces en el Nuevo Testamento alguien es llamado al ministerio: Pablo es llamado a ser apóstol (Romanos 1:1; 1 Corintios 1:1); Bernabé y Saulo para ir a su primer viaje misionero (Hechos 13:2) y Pablo para llevar el evangelio a Macedonia (Hechos 16:9-10). Estos tres llamados únicos no establecen una norma. ¿Qué hay acerca de todos los demás ministros en el Nuevo Testamento que no recibieron tal llamado – cómo supieron que debían ser ancianos (pastores) o misioneros o a donde debían ir? No encontramos alguna enseñanza definitiva sobre un llamado para el ministerio en el Nuevo Testamento. Así que, ¿cómo una persona tomaría la decisión al respecto con respecto a si debía estar o no en el ministerio? Pienso que John Newton (el autor de “Sublime Gracia”) dio en el punto cuando él ofreció estas tres pruebas: 1) El Deseo – tiene usted “un deseo candente y fervoroso para ser empleado en este servicio?”  2) Los dones – “Debe a su debido tiempo aparecer una cierta suficiencia, dones, conocimiento y expresión. Seguramente, si el Señor envía a un hombre a enseñarle a otros, El le proveerá con los medios”.  3) Oportunidad1 –   He escuchado que si usted se siente llamado a predicar pero nadie parece ser “llamado” a escucharle usted tiene un problema. Para los comentarios de Newton, agregaría los requisitos espirituales necesarios descritos en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Aquellas listas contienen en su mayor parte características espirituales pero también incluyen la habilidad para “que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.” (Tito 1:9).  En otras palabras, deben poder enseñar la Palabra así como también oponerse y corregir a aquellos que no lo hacen.

 Libertad. Rodeados por estos principios, y otros encontrados dentro del Nuevo Testamento, recibimos libertad para hacer decisiones que creemos glorificarán a Dios (1 Corintios 10:31). Muchos cristianos están incómodos con tal libertad, habiendo sido enseñados que la voluntad perfecta de Dios podría ser encontrada a través de algún medio extrabíblico. Pero las buenas noticias son que Dios, dentro de los parámetros bíblicos, nos ha dado a nosotros la libertad y la capacidad para tomar decisiones sabias que le honren.

[1] Leadership Vol. VI #3, “How Do I Know I Am Called”; Pp. 55-56.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 2

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Gary E. Gilley

En el práctico libro de Dave Swavely, Decisions Decisions escribe:

Muchos cristianos, que dirían que no creen en una revelación nueva, esencialmente buscan revelación nueva en su toma de decisiones. Pueden tener una teología de “cesacionismo” en su perspectiva de la revelación, pero en su práctica diaria contradicen esa teología intentando escuchar a Dios decir algo que no está en la Biblia. Y sugeriría que su teología es correcta, así es que le deberían permitir que esta forjara su vida práctica. Dios habla hoy, pero él habla a través de su Palabra.1

 

¿Pero no podemos contar con ambas alternativas?  ¿No podemos tener la revelación completa de Dios en la Biblia y revelaciones extrabíblicas, que no se acerquen totalmente a la revelación y a la par?  O. Palmer Robinson sugiere que:

¿Y por qué no ambos? ¿Por qué no la iluminación de la Escritura combinada con revelaciones nuevas del Espíritu? Simplemente porque si usted dice necesitar para ambos, usted ha dado a entender la insuficiencia de la misma. Usted se ha posicionado en la estructura del antiguo pacto, en un tiempo donde nuevas revelaciones se requerían debido a lo incompleto del antiguo.  Pero Cristo es la última palabra.2

 

Por el otro lado de la cerca están aquellos que dicen que tal teología es un Deísmo práctico, despojándonos de un Dios personal que está obrando en nosotros individualmente. La Escritura, dirían, es incuestionablemente la Palabra inspirada de Dios – pero es la Palabra de Dios para todo el mundo igualmente. Cuando leo que el “Señor es mi pastor” o que Cristo murió por nuestros pecados, éstas son declaraciones verdaderas, pero son ciertas para cada creyente no sólo para mí. Preguntan ¿Qué le parece a usted si su esposa dijese que ella le ama pero ella ama igualmente a todos los que ella conoce?  ¿Le haría eso sentirse especial o justo? Así los es Dios y nosotros. Él sostiene que ama al mundo y El ha hablado en general a todos (a través de la Biblia), pero también necesitamos palabras personales – las palabras solo para nosotros, para afirmar nuestra relación personal. Y la parte de esa palabra personal incluye la dirección. Si el Señor realmente me ama y El es infinitamente sabio, entonces necesito Sus instrucciones íntimas. No es suficiente, de nuevo, que él le haya dado instrucciones amplias, principios y la orientación a todo el mundo.  Necesito algo más, algo solamente para mí, algo privado. Las Escrituras me dicen que Dios me guía en los caminos de rectitud – y eso es bueno.  Pero necesito de Su dirección en asuntos más específicos como la selección de un trabajo, con que persona se casaré, qué casa he de comprar y docenas de otras preocupaciones. No necesito Su ayuda para escoger qué ropa he de llevar puesta o que ruta he debería tomar hacia la iglesia (aparentemente hay un umbral debajo del cual soy capaz de hacer mis propias elecciones), pero para las decisiones grandes de la vida necesito un mensaje personal.

Lo que estas personas están diciendo parece tener sentido pero ¿están en lo correcto? Parecería que un número de pasajes de la Escritura señalan que no lo son.  Lo que si, como Garry Friesen dice, las impresiones no son autoritativas pero ¿son realmente son solo impresiones?3 ¿Qué si no son mensajes de Dios del todo?, es decir, los incrédulos tienen impresiones, ¿no es así?  ¿Cuál es la fuente de sus impresiones?  Veamos lo que la Biblia dice.

Pero ¿Qué Acerca de Aquellos Textos Bíblicos?

El salmo 19 nos enseña hay dos fuentes de revelación: de naturaleza (vv. 1-6) y de la Escritura (vv. 7-14).  La “revelación general” de la naturaleza, hablando a rostro firme de la gloria de Dios, aun tiene serias limitaciones. Romanos 1:20 confirma que la naturaleza es capaz de revelar al género humano el poder eterno y la naturaleza divina de Dios; por consiguiente aun aquellos que no saben nada de Jesucristo están sin excusa cuando rechazan a Dios. Pero la revelación general es incapaz de exponer una multitud de cosas incluyendo a Jesucristo, la cruz, la gracia, la vida eterna, etc. Para cosas así necesitamos la “revelación específica” de la Escritura. Estas dos revelaciones generales y específicas, han sido reconocidas por el pueblo de Dios a todo lo largo de las épocas como los medios normales en los cuales Dios se comunica con nosotros. Ocasionalmente, el Señor se abre paso en otras formas, ya sea por ángeles, visiones, sueños y aun burros, pero éstas son excepciones raras como hemos explorado en artículos previos. Pero estos han estado agregados en otra forma de comunicación, uno que no es encontrada en la Palabra – eso de la voz interna de Dios en una forma u otra. Mientras que ya hemos encontrado que esta voz interior está ausente en la Escritura (la “voz aun pequeña” que Elías escuchó en 1 Reyes 19:12-13 a menudo es presentada como evidencia de la voz interior de Dios, pero aun una mirada rápida al pasaje demuestra que ésta fue una voz “externa” literal, no una impresión interna), aun hay un número de textos que parecerían señalar que Dios guía en esta época del Nuevo Testamento aparte de la Escritura. Es decir, para ser claro, Dios parece en estos pasajes comunicar instrucciones específicas acerca de nuestras vidas individuales a través de fuentes extrabíblicas, la mayoría a través de las circunstancias, impresiones y consejo divino. Que en la toma de decisiones debería ser sabio el cristiano en poner atención cuidadosa a estos asuntos no está en debate. La pregunta es si Dios realmente comunica Su voluntad autoritativa particular a un individuo en particular a través de esta manera en particular. Creo que la respuesta es un claro “no”.

Pero ¿qué acerca de los textos que parecen implicar que Dios tiene una voluntad específica y que El nos guiará en ella si encontramos ciertas condiciones? Estos textos bíblicos incluyen: Proverbios 3:5, 6; Colosenses 1:9-10; 3:15; Filipenses 4:6, 7; Romanos 8:14, 16; Salmo 32:8; Juan 16:12-14; Efesios 5:17. Echemos una ojeada rápida a lo que predomina en estos para ver lo que realmente enseñan en contexto. 

Romanos 8:14 – “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Una interpretación común de este versículo es que una de las formas en que sabemos que somos hijos de Dios es a través de la guía interior del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si hemos nacido de nuevo deberíamos esperar que el Espíritu Santo confirme nuestra condición espiritual por la constante recepción de la guía extrabíblica y sobrenatural del Espíritu Santo acerca de las decisiones personales. Pero el contexto del pasaje no tiene nada que ver con la toma de decisiones y todo lo que tiene que ver con la vida piadosa. La prueba de nuestra conversión, dice Pablo, es la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas – pero esa guía está hacia la vida justa y no hacia la toma de decisiones (vv. 9-13).

Romanos 8:16 – “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” Pero ¿no habla este versículo de un testimonio interno del Espíritu Santo?  Aun si nosotros reconocemos que el contexto tiene que ver con la evidencia de una vida espiritual y no a la toma de decisiones, ¿no estará diciendo Pablo que un cristiano sabrá que él es salvo porque el Espíritu Santo en cierta forma le habla a su corazón? Bueno en primer lugar, aun si eso fuera cierto, no es nos dice cómo es que el Espíritu Santo nos “da testimonio a nuestro espíritu”. Muchos llegan a la conclusión de que este testimonio es una impresión o voz interna por la cual sentimos la presencia de Dios a través del Espíritu Santo y así sabemos que somos salvos. Pero no creo que la interpretación pueda ser confirmada de este versículo. Para empezar, el versículo no dice que el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu sino “con” nuestro espíritu (nota: en inglés es “con” en lugar de “a”, en la versión Actualizada [RVA] dice: “El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”). En otras palabras, cuando el Espíritu Santo y nuestro espíritu están de acuerdo, sabemos que nos salvamos. Cuando el testimonio del espíritu del creyente, en lo que se refiere a por qué cree él que es un hijo de Dios, está de acuerdo con el testimonio del Espíritu Santo (el evangelio inspirado en espíritu como es registrado en la Biblia), entonces él sabe que él es un hijo de Dios. Estoy de acuerdo con Don Matzat en este versículo:

Los maestros de la Biblia generalmente están de acuerdo que cuando el apóstol Pablo nos dice que seamos guiados por el Espíritu, él no está hablando de alguna invasión externa momentánea del Espíritu Santo en nuestra conciencia, diciéndonos qué hacer y cómo hacerlo. Ni se esta refiriendo a nuestro esfuerzo de llamar por medios mágicos el Espíritu en algún encuentro místico. Pablo simplemente nos dice que vivamos según nuestra vida nueva en Cristo, la cual es Cristo morando en nosotros por Su Espíritu Santo, o ser “guiados por el Espíritu” en oposición a el vivir según nuestra antigua naturaleza pecaminosa, o sea “guiado por la carne”.4

 

Salmo 37:4 – Con Base en este versículo, “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón,” algunos concluyen que los creyentes viviendo en conformidad con el Señor pueden confiar en sus deseos para guiarlos. Se registra que Calvino dice: “ama a Dios y actúa como te plazca”. Pero esta interpretación presiona el versículo demasiado lejos y está en contra de otros textos bíblicos. La comprensión normal de este versículo es que, cuando nos deleitamos en el Señor, dará como resultado un cambio de nuestros deseos a fin de que estén en armonía con los deseos de Dios para con nosotros. Pero el Salmo no sigue diciendo que nuestros deseos son ahora completamente confiables. Nuestra carne está en guerra con el Espíritu mientras estemos en estos cuerpos humanos (Gálatas 5:16-18), haciendo siempre difícil saber que los deseos de nuestro corazón son puros. Pablo pareció luchar contra estar en deseos conflictivos en una base normal (Romanos 7:14-25) y él quiso ir a España, pero nunca lo hizo (Romanos 15:24, 28). Aun Jesús quiso evitar la Cruz pero eligió someterse por sí mismo a la voluntad del Padre (Mateo 26:36-46). Los deseos del cristiano comprometido pueden ser un buen punto de partida en nuestro proceso de toma de decisiones, pero bíblicamente no podemos afirmar que nuestros deseos hayan sido implantados por el Espíritu, o que son guías infalibles.

Filipenses 4:6-7 comparado con Colosenses 3:15 son versículos que han sido usados por multitudes de creyentes que buscan la “paz de Dios” en su toma de decisiones. El argumento va como sigue: El juez final (gobernante) para conocer la voluntad de Dios es la paz de Dios. Si el Señor quiere que nosotros tomáramos acción él indicará Su aprobación dándonos Su paz. Por otra parte, si no estamos en la voluntad de Dios, el Señor hará evidente esto a través de una intranquilidad en nuestros corazones.

Como joven intentando aplicar la teoría de la “paz de Dios” a mi vida, me encontré con algunos problemas muy prácticos. Por ejemplo, nunca podría obtener la paz de Dios cuando hacía compras grandes. “Deseaba” un coche nuevo (¿era esto un deseo de Dios o no?) pero era demasiado para un avariento tener “paz” en gastar grandes cantidades de dinero. Estaba paralizado. No tuve paz acerca en comprar el coche pero ninguna paz en no comprándolo también. En cierta forma la teoría de paz (y aun la teoría del deseo respecto a esto) no funcionaba para mí. Asumí que era demasiado estúpido y demasiado pecaminoso también discernir la paz de Dios. Entonces observé personas clamando la paz de Dios sobre lo más estúpida de las decisiones – las decisiones que regresarían a obsesionarlos. No fue sino hasta años más tarde que fui aliviado al regresar a estos pasajes y descubrir que no estaban en el contexto de la toma de decisiones en absoluto. Ambos pasajes hablaban de paz (o la falta de conflicto) entre el creyente y otras personas y/o Dios, no alguna paz interna que indicaría cuándo hemos hecho las decisiones correctas. La armonía con nuestro prójimo y con Dios viviendo Su voluntad revelada es el contexto y no la toma de decisiones.

2 Corintios 2:12-13 – ¿Y qué acerca de aquellas puertas abiertas? En este pasaje se lee: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.” Los versículos que hablan de puertas abiertas (vea también, Hechos 14:27; 1 Corintios 16:8, 9; Colosenses 4:3) nos “abren la puerta” para examinar el papel que jugaban las circunstancias en la voluntad específica de Dios. ¿Son las circunstancias la manera de Dios de comunicarnos Su voluntad? La Escritura no señala que lo sean. Uno de los problemas con las circunstancias es su naturaleza subjetiva; es decir, podemos leer en ellas simplemente acerca de alguna cosa que deseamos. Si no podemos encontrar un buen trabajo en nuestra ciudad natal, es esta una manera de Dios de decirnos que nos mudemos o Su manera de sacar el materialismo de nuestras almas? ¿Si interpretamos que es la voluntad de Dios que nosotros debamos movernos, simplemente donde me está dirigiendo El?  Ciertamente el Señor fue directo con llamar a Pablo para Macedonia, pero esa fue una maniobra única por parte del Señor de incluir una visión, no simplemente un cambio en las circunstancias. Por supuesto, si el Señor abre una puerta, o cierra una (algo nunca mencionado en la Biblia), necesitamos fijarnos bien. Pero aun estas puertas abiertas no son autoritativas. Pablo oró por puertas abiertas para el evangelio, pidiendo oportunidad para propagar las buenas noticias, pero en 2 Corintios 2:12-13 Dios le había dado una puerta abierta que él decidió ignorar porque él tenía otras cosas en mente. En el mejor de los casos, las circunstancias representan oportunidades (o la falta de ellas) que nos pueden ayudar a en nuestras decisiones pero no son mandatos de Dios. Si yo creo que he sido “llamado” a predicar pero nadie parece ser llamado (o dispuesto) para escuchar, el examen de esa circunstancia puede resultar ser más útil. Pero eso ni confirma ni invalida si debo ser un pastor, aunque podría suministrar datos útiles en mis elecciones vocacionales.

Proverbios 3:5-6 – “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos,

Y él enderezará tus veredas.

Esto es seguramente uno de los pasajes más amados en la Palabra y con razón. Durante los grandes momentos de estrés y duda ¿que creyente no ha leído o citado estas palabras con gran consuelo? Pero ¿simplemente qué se les ofrece a aquellos que confían y reconocen el Señor? La comprensión del pasaje es torcida por la KJV (Versión Rey Jaime) traduciendo la frase final, la cual dice: “y él guiará tus caminos”. La implicación, al menos para muchos, es que el Señor nos dirigirá en Su voluntad perfecta y específica para nuestras vidas si nosotros confiamos en El. El problema con esta comprensión del pasaje es que la palabra “caminos” no se refiere no a la voluntad específica en el uso del Antiguo Testamento, pero habla del camino general de la vida. En Proverbios 4:18 se nos habla de la “senda de los justos”. Y en Proverbios 15:19 se nos dice que “Mas la vereda de los rectos, como una calzada.” Proverbios 11:5 da una promesa similar 3:6 cuando dice: “La justicia del perfecto enderezará su camino.” Lo que tenemos entonces no es una promesa de una dirección individual a través del confiar en Dios, sino una descripción del tipo de vida que conduce el confiar. Es una vida en conformidad a la voluntad moral o revelada de Dios. Aquellos que se apoyan en El van en dirección correcta en el camino de la vida. Viven como Dios quiere que el justo viva. Friesen dice esto bien: “el punto de Proverbios 3:5-6, entonces, es que aquellos que confían en Dios, y confían en Su sabiduría en vez de su propio entendimiento mundano, y reconocen a Dios en cada parte de su vida, cosecharán una vida que tiene éxito mediante los estándares de Dios.5

Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

John 16:12-14 – “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Muchos toman estos versículos como teniendo aplicación universal. Pero ¿debemos nosotros leer estos pasajes como una promesa para todos los creyentes en todo momento, o son estas promesas peculiares para los apóstoles e indicadores de que la revelación del Nuevo Testamento pronto la recibirían a través del Espíritu Santo? Juan 14:12 especialmente ha sido usado por muchos para dar apoyo ya sea a una revelación permanente o a una iluminación única, pero tal interpretación es dificultosa por la frase final que promete: “él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Jesús claramente hablaba de instrucciones dadas a los apóstoles mientras él andaba entre ellos. Mucho de lo que él les enseñó trascendía su comprensión. Este discurso encontrado en Juan 14-16 contiene cierta teología de la más profunda alguna vez dada por nuestro Señor y trascendió fácilmente la comprensión de los apóstoles. Él por consiguiente les promete que en el futuro un Ayudante vendría: el Espíritu Santo, quien traerá estas cosas de vuelta a su memoria y aun los guiaría a una revelación nueva (16:13-14). No creo que Jesús esté estableciendo referencias para la toma de decisión individual con respecto a las áreas de rutina de la vida. Sino mas bien, creo que él habla del método por el cual el Señor transmitiría la verdad del Nuevo Testamento para la iglesia (vea a 1 Corintios 2:9-10).

Una Aplicación Personal

Al escribir este artículo estoy sentado sobre una terraza en Brasil. Algunos meses atrás fui invitado por algunos pastores brasileños a venir a su país y ministrar en una conferencia de pastores, predicar en varias iglesias y enseñar temas teológicos contemporáneos en un seminario. Cuando se me invitó, tuve que tomar una decisión. Las oportunidades para presentar la Palabra, enseñar y animar el liderazgo brasileño de la iglesia y a otros creyentes fueron enormes. Pero por otra parte el viaje era costoso y tendría que apartarme de mi iglesia y de mi familia por 17 días. ¿Cómo debía yo decidir “la voluntad del Señor” sobre este punto? Una puerta de oportunidad estaba abierta, pero perdería el derecho a otras oportunidades. Podría buscar la paz del Señor pero yo estaba entre la espada y la pared de mi dilema usual – cualquier cara de la moneda de la paz era difícil de encontrar. Busqué el consejo de mis ancianos de la iglesia y ellos dijeron: “haga cualquier cosa que usted desee” – de gran ayuda fueron. Si sólo el Señor me dijera qué hacer, o mínimo me diera algunas corazonadas fuertes, entonces podría saber qué hacer, pero ninguna de las corazonadas aparecía. Al fin tomé la decisión de venir a Brasil, una decisión que creo que fue una que honró al Señor. Pero si el Señor no me estaba “guiando” a venir a Brasil, ¿cómo sabría yo si estaba en Su voluntad? Sin presentimientos, sin corazonadas, sin la paz de Señor, o circunstancias definitivas, ¿cómo sé que hice la decisión correcta? O ¿podía haber permanecido en casa y aun estar en Su voluntad?  Hasta la próxima.

[1] Dave Swavely, Decisions, Decisions, (Phillipsburg, New Jersey: P&R Publishing, 2003), p. 65.

[2] As quoted in Swavely, pp. 30-31.

[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 131.

[4] Don Matzat, The Lord Told Me, I Think, (Eugene, Oregon: Harvest House, 1996), p. 64.

[5] Garry Friesen, p. 98.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 1

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clip_image002La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 1

Por Gary E. Gilley

Una escuela universitaria de graduados evangélica prestigiosa le pidió al Profesor X que aceptara una posición como decano. Al tratar de determinar la voluntad de Dios al respecto, el Profesor X escribe: “Al leer Hechos 10 en El Mensaje de Peterson, leí las palabras, ‘Si Dios dijo que está bien, entonces está bien.’  Sentí al Señor aplicando esta Escritura a mi situación; supe entonces que estaba autorizado para ir”. Un autor cristiano muy respetado escribe: “cuándo sentimos la mano del Maestro y oímos Su voz en nuestras habitaciones, le deberíamos seguir” (énfasis mío). Un escritor de devocionales clásicos en uno de sus libros, acopió una historia sobre la historia del Señor llevando la delantera a través de impresiones internas y de voces audibles. Él escribe: “es positivamente estimulante, y al mismo tiempo humillante, estar en la compañía de hombres tan íntimamente familiarizados con Dios que esperan en El y aun dirigirlos hasta en que casa han de visitar, qué corriente tomar, o a qué desconocido hablarle en la calle”. 

Este concepto de cómo guía el Señor es muy común hoy de que los ejemplos anteriores citados probablemente no conmocionen a ninguno de mis lectores.  Y éste no es simplemente un fenómeno moderno – tales puntos de vista pueden ser rastreados a todo lo largo de la historia de la iglesia.  Por ejemplo tome al pastor Puritano Cotton Mather (1663-1728), una de las figuras religiosas más influyentes en la historia americana. Mientras doctrinalmente sano en su mayoría, Mather tuvo una creencia extraña en lo que él llamó “fe particulares”.  Él quiso decir por el término: “un grado pequeño de Espíritu de Profecía concedida por Dios para la elite devocional para abundar en la oración secreta” (el énfasis es de él).1 Mather creía que los ángeles administraban estas “fes particulares” las cuales garantizarían respuestas a la oración y a proveer una dirección divina infalible. Por largos años él tuvo una fe absoluta en “las direcciones divinas,” hasta que un gran número de mensajes supuestamente de Dios probaron ser falsos. Esto incluyó la muerte de su esposa y la condición espiritual de su hijo.  Debido a la desilusión con las “fe particulares” la propia fe de Mather casi desmayó. Él supuso por un tiempo que el problema realmente recaía en los ángeles (quiénes él creía que transmitían estos mensajes de Dios). Quizá, él meditaba, que ellos mismos realmente pueden desconocer el futuro. Por supuesto, esto no solucionó el problema. Si Dios lo dirigía mediante ángeles y aun esa dirección era falible, ¿de quien era la dirección? Finalmente él se dio cuenta que él había interpretado mal estas impresiones, se volvió cuidadoso y las abandonó como si no tuviesen valor.2

 

Somos confrontados con el mismo dilema.  ¿Dirige Dios a sus hijos por medios extrabíblicos o no? ¿Hasta qué punto sería tal dirección fidedigna? ¿Pudieron ser las direcciones extrabíblicas (si existiesen) ser completamente, parcialmente o de ningún modo confiables?  ¿Cómo lo sabríamos?  Nuestra única esperanza para una respuesta comprensiva, como siempre, no está en los testimonios y en las experiencias de las personas sino en un examen de la suficiente Palabra de Dios.

La Voluntad de Dios para Mi Vida

Constantemente oímos sin intención en círculos cristianos que alguien está buscando la voluntad de Dios para su vida. Es más probable hablar de las decisiones importantes – con quién casarse, a que escuela asistir, qué vocación a de seguir, etc. Otros buscan la voluntad de Dios para preocupaciones menores: Qué coche o casa han de comprar, a cual iglesia asistir, tomar vacaciones. Hemos sido enseñados que la voluntad de Dios puede ser comprobada a través sentimientos divinos directos, corazonadas, impresiones o sueños. Si estos fallan podemos volvernos hacia los ayunos, lanzar moneda al aire o abrir la Biblia al azar y seguir el primer versículo que nos de sentido. Para estar seguro, estos métodos están usualmente acoplados con un análisis de circunstancias, un consejo sabio, y la paz de Dios. Pero, he aquí surge una pregunta seria – ¿formula la Biblia tales métodos?  ¿Es así cómo dice Dios que debemos discernir Su voluntad?

El primer paso en contestar estas preguntas es descubrir lo que las Escrituras tienen que decir acerca de la voluntad de Dios.  La mayoría de los cristianos usan el término “la voluntad de Dios” en tres maneras bien definidas. Primero, está la voluntad soberana de Dios en el cual nuestro Señor se reconoce como quien está en control de todas las cosas en el universo. Efesios 1:11 dice: “…habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. Mientras ciertos aspectos de la soberanía de Dios nos son revelados en la Escritura, otras partes no se nos dan revelado en este tiempo (Deuteronomio 29:29). No obstante, la Palabra es clara en que Dios gobierna sobre todas las cosas y Sus planes nunca pueden ser frustrados. Descansar en esta verdad trae una paz duradera a los corazones de los hijos de Dios no obstante las circunstancias.

En segundo lugar, la Escritura habla de la voluntad revelada de Dios que se nos da a conocer a nosotros sobre cómo espera Dios que nosotros vivamos. Pablo escribe: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Tesalonicenses 4:1-3). Éste es simplemente un ejemplo de la voluntad revelada de Dios para las vidas. Es la voluntad revelada de Dios que seamos santificados o, en este contexto, vivir en pureza. Es Su voluntad revelada que le amemos y que amemos nuestro prójimo. Es la voluntad revelada de Dios que le adoremos y le obedezcamos, y así sucesivamente. La Biblia claramente enseña tanto la voluntad soberana y la voluntad revelada de Dios.

Es en la tercera comprensión de la voluntad de Dios, la específica o individual, en la cual exige nuestra atención. Esto está definido por Garry Friesen como “el plan ideal, detallado de la vida de Dios excepcionalmente diseñado para cada creyente”.3 El va más allá en este asunto escribiendo: “Este plan de vida abarca cada decisión que hacemos y es la base de la guía diaria de Dios. Esta guía es dada a través del Espíritu Santo residiendo en el interior quien progresivamente le revela el plan de vida de Dios al corazón del creyente en particular. El Espíritu usa muchas medios para revelar este plan de vida como veremos, pero él siempre da confirmación al punto de cada decisión”.4 La mayoría de los que adoptan este punto de vista están contentas en suponer que Dios revela Su voluntad sólo para las decisiones principales, pero otros llevan esto hasta el extremo de creer de que Dios tiene una voluntad, la cuál debemos encontrar, para incluso la cosa mas diminuta, como cuáles zapatos debemos ponernos hasta qué ruta tomar para llegar al trabajo. 

La pregunta sobre la mesa es que si la “teoría de la voluntad individual de Dios” puede ser apoyada por la Escritura. Que Dios está obrando detrás de las escenas, llevando la delantera y dirigiendo nuestras vidas, no es la pregunta. La pregunta es si la Biblia enseña que Dios tiene voluntades específicas para cada uno de nosotros – las elecciones específicas que él quiere que nosotros tomemos en toda clase de cosas – y ya sea que si ésta voluntad(es) deberán ser percibidas de diversos medios extrabíblicos. Creo, en contra de la mayoría de los cristianos, que la respuesta a esta pregunta es un rotundo “No”.

La Evidencia Bíblica

Creo que el apoyo para mi posición puede ser encontrada primero desde el silencio de la Escritura. La Biblia en ninguna parte enseña que Dios tiene una voluntad específica para la vida de cada creyente que ha de ser encontrada a través de medios extrabíblicos. Sí, tenemos numerosos ejemplos en la Palabra en los cuales Dios específicamente dirigió a Su pueblo a tomar un curso de acción. Pero yo haría algunas de objeciones en este punto:

· El hecho de que algunos individuos recibieron una guía directa de Dios no quiere decir que dicha guía fuese normativa entonces, y ahora. Si ciertas cosas ocurriesen en la Santa Palabra ¿significaría que ellas sucederán en todo tiempo o que necesariamente nos ocurrirán? La burra de Ballam habló con él pero yo no espero que mi perro me hable. Pedro caminó sobre el agua por algún momento pero yo no lo intentaría. Elías anunció hizo llamar fuego del cielo, pero aun no puedo encender mi parrilla del gas a la mitad de tiempo. Aun si pudiese ser probado que fue usual para Dios revelar Su voluntad específica a las personas en tiempos bíblicos, necesariamente no prueba que algo semejante sea el plan de Dios par hoy. La evidencia por el ejemplo es una evidencia débil en el mejor de los casos.

· En segundo lugar, estos ejemplos son tan lejanos de lo que la mayoría de la gente piensa. Sí, Dios habló y se dirigió a Moisés en forma regular, David y Pedro en ocasiones, Salomón dos o tres veces y un montón de otros en una instancia singular. Pero no hay prueba, en cualquier Testamento, que el vasto número de creyentes alguna vez recibió tal guía. Con raras excepciones, sólo los personajes principales en la historia bíblica disfrutaron de la supervisión directa de Dios – las masas, aun los piadosos, vivieron sus vidas enteras sin una palabra personal del Señor. 

· Aun la guía dada a los personajes cruciales de la Escritura fue rara y reservada a un puñado de decisiones. Dios habló más a menudo en tiempos bíblicos a través de los profetas, pero aun los principales profetas podrían andar por años sin una palabra de Dios. Muchos que caminaron poderosamente con Dios y lograron mucho para Su gloria nunca escucharon una sola vez a Dios, para nuestro conocimiento. Pienso acerca de Nehemías, Esdras, Ester, Rut, el gran hombre David y miles de otros – la lista parece casi no tener fin. De hecho, la inmensa mayoría de los santos encontrados en la Escritura nunca personalmente escucharon de Dios respecto a sus vidas individuales y decisiones. De los únicos que sabemos fueron las excepciones y no la regla.

· Aun las excepciones recibieron guía sólo para las asuntos más importantes – casi exclusivamente asuntos relacionados con el gran esquema del plan de Dios.  Exceptuando lecciones y/o mensajes pretendidos para una audiencia más amplia, no escuchamos acerca de ningún ejemplo en las cuales a un personaje bíblico le fuere dicho específicamente qué decisiones tomar concerniente a las asuntos normales de la vida como el comprar casa, inversiones, o aun con quien casarse excepto por el caso de Isaac (y eso fue indirecto) y Oseas como una lección objetiva para Israel. No fue simplemente la norma en la Biblia para el pueblo de Dios que recibiera instrucción específica de forma regular del Señor. La mayoría nunca recibió tal instrucción una sola vez – y aparentemente nunca la esperó.

· Mientras que Dios eligió ocasionalmente dar especial dirección a unos cuantos líderes importantes del Nuevo Testamento, nunca encontramos a esos individuos buscando tal guía (o siéndoles ordenado a hacer eso).   Pedro estaba durmiendo en el techo, Pablo fue llevado a un país diferente, Felipe estaba involucrado en una campaña de predicación. Todos ellos estaban ocupados sirviendo al Señor cuando el Señor eligió reencauzarlos.  De hecho, la última vez que encontramos un ejemplo del pueblo de Dios buscando Su voluntad específica está en Hechos 1:24-26 con la elección de Matías para ser un apóstol. Y aquí no escucharon la voz de Dios, o aun sintieron impulso sino confiaron en un juego de azar. Es enteramente cuestionable para mí que la decisión correcta fue hecha a través de esta metodología. Posteriormente Cristo escogería con cuidado a Pablo como el reemplazo de Judas, dejándole poco lugar a que Matías fuese parte de los Doce.5

Dios Dando Dirección

Suponiendo por el momento que Dios, en esta era del Nuevo Testamento, hubiese cambiado de planes y hubiese hecho la dirección extrabíblica por medio del Espíritu Santo la norma, exactamente ¿cómo deberíamos esperar que esto tuviese?  La mayoría de los evangélicos fuera de los círculos carismáticos no esperan que Dios se comunique con ellos a través de profetas, voces audibles, visiones, sorteos, visitas angélicas o del Urim y Thumim  (Exodo 28:30), aún éstos fueron instrumentos usados en los tiempos bíblicos cuando Dios eligió dar dirección desde la Palabra escrita. Hoy la mayor parte de los evangélicos creen que Dios guía a través de otros medios, usualmente altamente subjetivos como las corazonadas, recordatorios, puertas abiertas o paz (o una falta de ella). En la Escritura, cuando Dios eligió comunicarse, la transmisión fue objetiva. Mientras hubo ocasiones cuando la interpretación de estos mensajes fue complicada, no hubo nunca ninguna duda de que Dios había hablado (a través de algún medio comprensible). No escuchamos acerca de Isaías, por ejemplo, diciendo: “Dios me habló anoche, me parece, y creo que él quiere que ustedes los israelitas hagan tal y tal cosa, pero de todas formas, no estoy absolutamente seguro de esto. Después de todo, es a menudo difícil de decir cuando la voz de Dios se aparta de mi y aparecen mis pensamientos. Y, claro está, hay siempre ese problema molesto de interpretación. Sé lo que oí, pero posiblemente puedo confundir el mensaje. Mi profecía entonces puede ser 50% de Dios y 50 % de mi imaginación, pero colocaré las líneas ante ustedes y les dejaré que disciernan si son de El y que tanto realmente ha dicho el Espíritu Santo a través de mí”.6

Nunca escuchamos acerca de Dios hablando de esta manera en la Biblia pero a nosotros se nos ha dicho que es común hoy, especialmente en círculos carismáticos y místicos. Y el problema se pone aun más complicado en trasfondos poco carismáticos, puesto que los no-carismáticos a menudo esperan a Dios guiarles y hablarles en formas que nunca son mencionadas en la Escritura.  Iremos en vano en busca de ejemplos en las cuales Dios condujo a Su pueblo por corazonadas y señales. E igualmente, iremos en vano en busca de ocurrencias de creyentes del Nuevo Testamento preguntándole a Dios por Su voluntad individual o, respecto a eso, explicando sus decisiones como producto de la voluntad individual de Dios comunicada a ellos a través de los sentimientos. Tome el ejemplo de los individuos de Santiago 4:13-17 que arrogantemente anunciaron sus planes comerciales sin hacer caso de la voluntad de Dios. Santiago no reprende a estos creyentes por tener el descuido de no buscar primero la voluntad de Dios sobre el asunto; él simplemente dice que nuestros planes siempre deben estar sujetos a la voluntad soberana de Dios. El Señor está en libertad de ajustarle o cancelarle cualquiera de nuestros planes y el creyente debe vivir en reconocimiento de este hecho. La implicación es que, puesto que ninguno de nosotros puede saber la voluntad de Dios por adelantado, humildemente debemos aceptar Su voluntad cuando queda de manifiesto. Éste es el patrón encontrado en el Nuevo Testamento. En 1 Corintios 7, el apóstol Pablo se ocupa de una de las decisiones más importantes en la vida – el matrimonio.  Qué oportunidad tan perfecta para diseñar los pasos para el discernimiento de la voluntad de Dios. En lugar de eso el apóstol inspirado por el Espíritu Santo, después de algún consejo relacionado con la situación actual, deja la decisión de con quien debería uno casarse ala creyente individual (vv. 8-9, 20-21).  Entonces para completar las cosas, él aun deja la decisión en lo que se refiere a con quien él debe casarse al individuo, con tal de que él se case con otro creyente (v. 39). ¿Por qué el apóstol no aprovechó esta excelente oportunidad para dar los principios para encontrar la voluntad individual de Dios?  Quiero decir, fuera de nuestra relación con el Señor, ¿qué podría ser más importante que el con quien (si alguien fuera) deberíamos casarnos?  Pero encontramos esta decisión dejada al creyente dentro de los parámetros bíblicos.

Conclusión:

Buscar la voluntad individual del Señor está fuera del alcance de la enseñanza del Nuevo Testamento que el Professor Bruce K. Waltke escribió un libro sugiriendo que es básicamente una noción pagana en vez de una bíblica.7 El escribe:

Cuando tratamos de “encontrar” la voluntad de Dios, tratamos de descubrir un conocimiento oculto por actividad sobrenatural. Si vamos a encontrar Su voluntad en una elección específica, tendremos que penetrar la mente divina para obtener Su decisión.  “El descubrimiento” en este sentido es realmente una forma de adivinación. La idea fue común en religiones paganas. De hecho, fue la preocupación de los reyes paganos. Pero esa clase de comportamiento pagano es de la que nos salvó Cristo.8

 

¿Está en lo correcto Waltke o ha exagerado su caso?  Eso puede ser resuelto sólo por un examen de la Escritura. ¡Hasta la próxima!

Traducción: Armando Valdez

[1] Kenneth Silverman, The Life and Times of Cotton Mather (New York: Harper & Row, 1984) p. 173. 

[2] Ibid., pp. 173-190.

[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 35.

[4] Ibid.

[5] Vea Apocalipsis 21:14 el cual fuertemente implica que el círculo íntimo de los apóstoles del Cordero fue limitado a doce.  Los otros individuos mencionados en el Nuevo Testamento como apóstoles (e.g. Bernabé), creo que fueron apóstoles (o enviados) de la iglesia y no fueron al mismo nivel de los Doce.

[6] Vea el artículo previo de Think on These ThingsThe Lord Told Me, I Think,” tratando con esta forma de profecía moderna de hoy.

[7] Mientras que el libro de Waltke Encontrando la Voluntad de Dios,¿ una Noción Pagana? Tiene un número de comentarios penetrantes que no obstante lo encontré en conjunto decepcionante con Waltke a menudo apoyando las mismas cosas que él se dispuso a desmentir.

[8] Bruce K. Waltke, Encontrando la Voluntad de Dios,¿ una Noción Pagana? (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1995),   p. 11.

El Señor Me Dijo – ¡Me parece!

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El Señor Me Dijo – ¡Me Parece!

Por Gary E. Gilley

En un boletín de prensa publicado por una denominación bautista conservadora, es presentada una historia refiriéndose a uno de sus miembros. Destacado en Irak, este soldado de edad media reveló que a menudo, cuando él luchaba con problemas de diversos tipos, “Dios simplemente me revelaba la respuesta.”  Un líder de su iglesia de regreso a casa también sostiene haber escuchado del Señor. “El Señor me dijo,” dice él, “que este joven va a ser conocido como un constructor y no un destructor en Irak”.  Hasta ahora su profecía parece haberse hecho realidad porque, aunque el soldado ha estado involucrado en combate, su “trabajo diario” es reconstruir escuelas y plantas de tratamiento de agua. Simplemente esta semana recibí un correo electrónico de un caballero que escribió: “Jesús me ha ordenado a través del Espíritu Santo que le enseñe a las personas a cómo orar, enseñarles la verdad acerca de sus sueños, y guiarlos a la presencia de Dios (utilizando la Escritura en una metodología casi paso a paso para hacer eso)”.

Parece que el Señor ha estado realmente ocupado últimamente hablándoles a sus hijos. Algunos años atrás Alistair Begg citó una encuesta manifestando que uno de tres norteamericanos adultos dicen que Dios les habla directamente.1 Y escuchar la voz de Dios no es aislado a la persona común tampoco. Un montón de líderes evangélicos afirman escuchar al Señor, algunos de ellos muy regularmente. Henry Blackaby, un proponente ávido de la revelación extrabíblica de este tipo, cuando se le pregunta cómo supo él que él estaba escuchando a Dios y no a otra fuente, da esta respuesta: “Usted viene a conocer su voz como usted le experimenta en una relación de amor. Cuando le habla Dios y usted responde, usted llegará al punto en que usted reconoce Su voz cada vez más claro”.2

 

¿Está Hablando Dios Hoy?

Por supuesto, eso deja colgada la pregunta importante, “¿en primer luggar, cómo sabe uno que esta escuchando la voz del Señor?” ¿No será posible que la voz que muchos creen estar “escuchando” sea la voz de sus pensamientos, sus imaginaciones, sus deseos, o algo más por el estilo? 

En la moda de mucho del evangelicalismo está la constante plegaria de  cristianos que escuchan a Dios, experimentar a Dios y sentir a Dios. D. A. Carson citando la crítica penetrante de un libro titulado Listening to God (Escuchando a Dios) de un amigo, escribió: “Si alguien hubiese escrito un libro treinta años atrás con ese título, usted habría esperado que este tratara de un estudio de la Biblia, no acerca de la oración. Muchos [Christians] ahora confían mucho más en corazonadas que en su conocimiento de la Biblia para decidir lo que van a hacer en determinada situación”.3 Parece haber sucedido un cambio poderoso de pensamiento entre los cristianos conservadores durante los últimas pocas décadas.

¿Qué Enseña el Nuevo Testamento?

La corte final de apelación en determinar la identidad de la voz de Dios, si existe algo semejante, deben ser las instrucciones directas o al menos los ejemplos encontrados en la Escritura. Las Escrituras afirman ser la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16, 17; 2 Pedro 1:20, 21). Son inspiradas, de una vez por todas, por el Espíritu Santo, facultando a los profetas y a los apóstoles, usando sus personalidades, a escribir las palabras de Dios como él se propuso (Hebreos 1:1,2; 2:3,4; Hechos 5:12; 2 Corintios 12:12). Creo con el cierre de la Escritura, la revelación directa, infalible y autoritativa de Dios ha cesado para esta época (Apocalipsis 22:18, 19; Efesios 2:20; 3:5; Judas 3, 4; 2 Pedro 3:2). Es instructivo notar que cuándo escribió Pablo su última epístola para el pastor/amigo Timoteo acerca de guiar a la iglesia de Dios, él no alentó a Timoteo a enfocar la atención en nuevas revelaciones, impresiones, sentimientos o corazonadas. Más bien, él continuamente acudía a la Palabra de Dios y a las doctrinas contenidas en ella (2 Timoteo 2:2-14, 15; 3:15-17; 4:2-4).

Encuentro esto que es un énfasis del Nuevo Testamento. Como Donald S. Whitney nos recuerda:

El método evangelístico de Jesús y los apóstoles no nos hace instar a las personas a buscar experiencias directas con Dios; en lugar de eso se ocupa de predicar y enseñar las Escrituras (vea, por ejemplo, Marcos 1:14-15). Y Jesús no dijo que una vez que tenemos vida espiritual vivamos de acuerdo a una experiencia mística directa con Dios; más bien, “vivirá…de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17). Eso incluye la buena obra de crecer en el conocimiento de Dios y semejanza de Cristo. De esta manera en la Escritura el método normativo de conocer a Dios es a través de la Escritura.4

Otros Asuntos a Considerar

Aún, este tipo de encuentro Divino es considerado insípido por muchos creyentes hoy. Muchos insisten que si Dios quiere llevarse bien con nosotros en formas profundas, personales, íntimas, seguramente El nos debe hablar directa e individualmente, con la excepción de la Escritura. Si no tenemos tales experiencias, entonces no somos nada más que “deístas prácticos”. ¿Qué es lo que ha conducido a esta disposición mental que enseña que las Escrituras son inadecuadas para nuestras vidas – que alguna revelación adicional es necesaria? Permítame listar a tres competidores que ahora desafían las Escrituras como autoridad final en nuestras vidas.

La Experiencia Subjetiva

En relación a nuestro tema debemos luchar a fondo con la pregunta sobre cómo sabemos quién o lo que nos hemos encontrado en nuestras experiencias subjetivas. Toda la información que tenemos acerca de Dios y nuestra relación para con El se halla en la Biblia.  Cualquier “encuentro” aparte de la Escritura debe verificarse por la Escritura. Si eso es así entonces, ¿qué nos dice la Palabra a nosotros que esperemos en un encuentro con Dios?  Pienso que usted buscará en vano por información sobre como se puede “sentir” a Dios; en lugar de eso el registro bíblico habla de transformación. Cuando nos encontramos con Dios en el momento de la salvación somos nacidos de nuevo (Juan 3). Como cristianos encuentran a Dios, a través de la presencia internamente morando del Espíritu Santo, la marca es una vida transformada (2 Pedro 1).

D. Martin Lloyd Jones estaba al tanto de algo cuando él escribió:

Imaginemos que sigo la forma mística. Comienzo a tener experiencias; pienso que Dios me habla; ¿Cómo sé que es Dios quien me habla? ¿Cómo puedo saberla si no estoy hablando al hombre?; ¿Cómo puedo tener la seguridad de que no soy víctima de alucinaciones, puesto que esto le ha ocurrido muchos de los místicos? ¿Si yo creo en el misticismo como tal sin la Biblia, cómo sé que no estoy siendo engañado por Satanás como ángel de luz para alejarme del Dios vivo y verdadero?  No tengo un estándar…. La doctrina evangélica me dice a mí que no mire a mí mismo sino a mirar a la Palabra de Dios; no examinarme a mí mismo, sino a mirar en la revelación que me ha sido dada. Me dice que Dios sólo puede ser conocido en Su propia manera, la manera en que ha sido revelado en las Escrituras mismas.5

Por supuesto, la corriente inclinada hacia lo subjetivo en vez de lo bíblico no es nada nuevo. En cada época parece que existen bolsas de pueblo de Dios (algunas veces bolsas más grande que otras) que quieren ir más allá de la Escritura para sus experiencias espirituales. 

Sinclair Ferguson escribe, en el día de Calvino: “los Espirituales” fueron un aguijón en la carne para la reforma bíblica. ¡Calvino desesperándose de ayudar a las personas quiénes sentían la necesidad de mencionar el Espíritu en cada frase que hablaban! Para los Puritanos, el movimiento de la “luz interna” constituyó un peligro similar. En ambos casos “lo que el Espíritu decía” y “lo que el espíritu [humano] escuchaba” estaba divorciado y entonces exaltado sobre la Palabra. Poniéndolo más brutalmente, el sentimiento subjetivo y la emoción dominaron sobre la revelación objetiva de la Escritura. De modo semejante, hoy lo subjetivo, lo experimental, que se orienta solo, la mente secular “confianzuda” de los 1960s ha venido a hacer nido en el mundo evangélico.6

Udo W. Middelmann lamenta: “Nuestra época, grandmente ha reemplazado debates verdaderos de contenido teológico, filosófico, y cultural con testimonios ‘personales’, experiencias anecdóticas, y visiones privados”.7

Una Clase Nueva de Revelación – Profecía del Nuevo Testamento

En Colosenses 2:18,19 Pablo se dirige a personas confundidas por experiencias místicas. Los precursores de los gnósticos enseñaron que algunas elites habían recibido el regalo de la inspiración directa a través del Espíritu Santo. Estos momentos de inspiración tuvieron lugar a través de visiones, sueños y encuentros con ángeles.8 Esto había dividido la iglesia en dos clases, los ricos y los pobres (aquellos que se creían verdaderamente espirituales y que aquellos que no habían tenido estas experiencias).

Esta clase de problema no se ha desvanecido en el pasado y es casi idéntico a las enseñanzas encontradas dentro de los diversos elementos del movimiento carismático hoy. Por ejemplo, compare lo qué Jack Deere, un teólogo líder de la Viña escribe:

Dios puede da palabras personales de dirección a los creyentes hoy eso no pueden ser encontradas en la Biblia. No creo que él dé dirección que contradiga la Biblia, pero es una dirección que no se encuentra en la Biblia.9

Pero cómo sabe una persona si él realmente está escuchando a Dios, Wayne Grudem, otro teólogo de la Viña que es un creyente mayorista en revelaciones extrabíblicas de todas clases, responde:

La revelación tiene apariencia de ser algo del Espíritu Santo; parece ser similar a otras experiencias del Espíritu Santo que el dado a conocer previamente en la adoración. Más allá de esto es difícil de especificar aún más, salvo decir que con el tiempo una congregación probablemente será más hábil en hacer evaluaciones….y ser más experto en el reconocimiento de una revelación genuina del Espíritu Santo y distinguirla de sus pensamientos (énfasis mío).10

Grudem es discutiblemente el teólogo más cuidadoso y respetado carismático en el país. Él le enseñó Teología Bíblica y Sistemática en la Universidad Trinity International en Deerfield, Illinois, por veinte años (la cuál está afiliada a las Iglesias Libres Evangélicas de América). Pero, lo mejor que él puede idear en respuesta a nuestra preocupación es: “parece ser del Espíritu Santo” y, “una congregación probablemente podría mejorar en el discernimiento con el paso del tiempo. Mientras andamos a tientas tratando de decidir si algo se parece que es del Espíritu Santo (nada en la Biblia nos ayuda aquí) y esperar que mejoraremos en discernir la voz de Dios, otros, como Henry Blackaby nos dicen que no nos atrevamos ni aun a dar un paso hasta que tengamos la seguridad de que lo hayamos escuchado de Dios. Lástima del pobre cristiano atrapado en esta confusión – él está irremediablemente echado un mar de subjetividad y misticismo.

En este punto, Blackaby, Deere y Grudem protestarían. Afirmarían que mientras ellos creen que Dios habla hoy a Su pueblo aparte de la Biblia, estas revelaciones no están a la altura de la Escritura. Es decir, Dios habla hoy pero no con la misma autoridad como él lo hizo en Su Palabra. Así que no nos acusen de agregar a la Escritura, dirían. Curiosamente, esto trae a colación otro asunto. ¿Ha hablado Dios alguna vez en una manera no autoritativa?  En el registro bíblico nos encontramos con que Dios habló, ya sea oralmente (incluyendo a través de Sus profetas) o a través de la Palabra escrita. Pero siempre, Su Palabra fue autoritativa. ¡No fue nada menos que una palabra de Dios – una que podría ser comprendido y debía ser obedecida y debe ser acatada! Pero se nos dice hoy que Dios habla en una forma diferente, menos autoritaria, aun impura.

Esto es cómo le explica Wayne Grudem:

Hay casi un testimonio uniforme de todas las secciones del movimiento carismático que la profecía es imperfecta e impura, y contendrá algunos elementos que no deben ser obedecidos o confiables. Los líderes carismáticos anglicanos Dennis y Rita Bennett escriben: “no se espera que aceptemos cada palabra hablada a través de los dones de expresión…pero somos debemos aceptar lo que es viene rápidamente a nosotros por el Espíritu Santo y está de acuerdo con la Biblia… una manifestación puede ser 75% de Dios, pero 25 % del propio pensamiento de la persona. Debemos percibir entre los dos.11

Pero ¿cómo? ¿A dónde nos lleva Grudem? La argumentación de Grudem es que la profecía del Nuevo Testamento es diferente a la profecía del Antiguo Testamento. La verdadera profecía del Antiguo Testamento fue una revelación directa de Dios y de esta manera infalible, incluyendo que el profeta perdiera el derecho a vivir si él estuviese en un error (Deuteronomio 13:5; 18:20-22). Pero la profecía del Nuevo Testamento, incluyendo esfuerzos del día moderno, así dice Grudem, puede ser falible. Una profecía del Nuevo Testamento pudo ser parcialmente de Dios y parcialmente de nosotros mismos.  Así, el cristiano debe tratar de discernir dónde termina Dios y donde comienza el hombre. Y debemos hacer esta determinación sin algún entendimiento profundo del Nuevo Testamento que guarda total silencio sobre el tema. Creo que Grudem está en serio error, dejando al creyente sin una “palabra segura de profecía”. No obstante, su punto de vista gana popularidad aun entre líderes y teólogos conservadores.

Una Clase Nueva de Revelación – la Voz “interna”

La Cristiandad evangélica No-carismática definitivamente ha tomado una inclinación mística en los días recientes también. Mientras que nunca niegan la autoridad de la Escritura como tal, muchos, desde personas en la banca de iglesia hasta líderes evangélicos claves, regularmente señalan experiencias místicas como la base para mucho de lo que hacen y creen. Debemos de preocuparnos de que esta perspectiva débil de las Escrituras finalmente causará un daño grande en el cuerpo de Cristo. Estamos de acuerdo con la valoración de David Wells: “Conceder el estatus de revelación a cualquier cosa aparte de la Palabra de Dios inevitablemente tiene como consecuencia remover ese estatus de la Palabra de Dios. Lo que puede comenzar como una autoridad adicional a lo largo de la Palabra de Dios eventualmente suplantará su autoridad totalmente”.12 John Armstrong concurre: “la comunicación directa de Dios, por definición, constituye alguna forma de revelación nueva. Tal revelación, al menos en principio, señalaría que las Escrituras no fueron suficientes o decisivas”.13

En el asunto está el tema de la revelación. Más pertinente, ¿Está Dios hablando hoy, directamente, infaliblemente, e independientemente de las Escrituras Sagradas? ¿Se revela El Mismo, Su voluntad, Su verdad, parte de la Biblia? Los críticos de la posición presentada en este artículo nos dirán que consideremos los ejemplos encontrados en la Escritura. Dios parece estar hablando todo el tiempo a toda clase de personas, parte de la Palabra escrita. Ésta es una exageración clara, aunque hay seguramente cierta verdad para ser encontrada. Hagamos algunas observaciones. Primero, Dios habló aparte de la Palabra escrito ocasionalmente. Cuando leemos la Biblia algunas veces se nos olvida que lo que leemos en cuestión de minutos pueden cubrir vastos períodos de tiempo originalmente. Abraham, por ejemplo, definitivamente escuchó la voz de Dios a veces. Dios le habló en Génesis 15 y de nuevo en Génesis 17. Pero hubo al menos un intervalo de 14 años entre las dos expresiones de Dios y posiblemente 20 años o más (compare 16:16 con 17:1). Nos parece que Dios hablaba con Abraham todo el tiempo pero la realidad es que muchos años pasaron sin comunicación de parte de Dios – aun para Abraham el amigo de Dios y el padre de la raza judía. Esto conduce a la siguiente observación: Cuando Dios habló fue casi siempre a los profetas y a los personajes claves en la historia bíblica, no para el hombre ó mujer común. Pudo haber habido algunas excepciones para esto, pero si es así, fue raro. Aún, muchos hoy hacen como que Dios habla a todo el mundo todo el tiempo, y tratan de sostener esta perspectiva a través de los relatos bíblicos. Pero las Escrituras simplemente no apoyan esta idea. 

Hay una tercera observación que creo hace a menudo falta y es de gran importancia para este debate. Cuando Dios habló en la Escritura, ya sea directamente o a través de Sus profetas, él hizo eso con palabras audibles. Usted irá en vano en busca de alguna voz interna de Dios hablándole al corazón de Su pueblo. Ni encontrará usted a Dios comunicándose a través de pensamientos o corazonadas. Nadie dijo: “siento al Señor conduciéndome a hacer tal y tal cosa”. Nadie dijo: “tengo la paz de Dios en esta decisión”.  En otras palabras, el pueblo de Dios ha creado medios de comunicación de Dios no se encuentran en la Biblia. Dios nunca habló en esta manera en la Escritura, pero nosotros ahora debemos creer que ésta es la norma hoy. En un capítulo por demás excelente sobre este mismo tema, R. Fowler White, quien toma una perspectiva cesacionista (con el cierre del canon de las Escrituras, Dios ya no da revelación para esta época) abre la puerta para esta forma de comunicación escribiendo: “Dios guía y dirige a Su pueblo por Su Espíritu en la aplicación de Su Palabra escrita a través de impulsos, impresiones, percepciones y cosas por el estilo”.[14] El teólogo de la Viña Jack Deere, en uno de sus pocos aciertos, ve claramente la debilidad en la declaración de White:

Primero, que él no ofrece un solo texto de la Escritura para apoyar su aseveración de que la dirección práctica de Dios es cuidadosamente distinguida de la obra de revelación del Espíritu… White simplemente afirma una distinción que no sólo no puede ser apoyada por la Escritura, sino que de hecho, contradice la Biblia…[Segundo], ¿cómo sabe White que Dios guía a través de impulsos, impresiones, percepciones, y cosas por el estilo?  Él no puede usar la Biblia para probar esta aseveración… ¡White nos pide a nosotros que creamos en una forma de guía que aun no puede ser encontrada en la Biblia!15

Deere está en lo correcto. Muchos nos dicen que Dios habla en un tercera manera hoy, una manera nunca encontrada, descrita o sugerida en la Biblia: Dios habla hoy pero Su Palabra no es autoritaria, y lo que pensamos que oímos puede ser evaluada y examinada y aun descartada. No estamos incluso seguros si cuando él habla lo sea El. Y aquellos que sienten que de verdad escuchan a Dios todavía creen que la revelación puede en parte estar en un error.

Permanece un misterio para mí por qué las personas son atraídas por esta perspectiva de la Palabra de Dios. Sin duda alguna no es una mejora sobre: “así dice el Señor”. Seguramente la incertidumbre de este sistema decrece en importancia en contraste con la certeza de las Escrituras (2 Pedro 1:19-21).

Traducción: Armando Valdez

[1] Alistair Begg, What Angels Wish They Knew (Chicago: Moody Press, 1998), p. 13.

[2] Henry Blackaby, Experiencing God: How to Live the Full Adventure of Knowing and doing the Will of God (Tennessee: Broadman and Holman Publisher, 1994), p. 88.

[3] D. A. Carson, The Gagging of God (Grand Rapids: Zondervan, 1996), p. 506.

[4] Donald S. Whitney, “Unity of Doctrine and Devotion,” in The Compromised Church, ed. John H. Armstrong (Wheaton, IL.: Crossway Books, 1998), p. 246.

[5] D. Martyn Lloyd-Jones, Fellowship with God (Wheaton, IL: Crossway Books, 1993), p. 95.

[6] Sinclair B. Ferguson, “The Evangelical Ministry: the Puritan Contribution,” in The Compromised Church, ed. John H. Armstrong (Wheaton, IL.: Crossway Books, 1998), p. 272.

[7] Udo W. Middelmann, The Market Driven Church ( Wheaton, IL: Crossway Books, 2004), p. 61.

[8] Elaine Pagels, The Gnostic Gospels (New York: Vintage Books, 1981), pp. 49, 139-142, 163-166).

[9] Jack Deere, “Vineyard Position Paper #2,”  p. 15.

[10] Wayne Grudem, The Gift of Prophecy in the New Testament and Today (Wheaton, IL.: Crossway Books, 1988), pp. 120-121.

[11] Ibid., p. 110.

[12] David Wells, God in the Wasteland (Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1994), p. 109.

[13] John H. Armstrong, ed., The Compromised Church, “The Evangelical Ministry: a Tragic Loss,” (Wheaton, IL.: Crossway Books, 1998), p. 272.

[14] R. Fowler White, “Does God Speak Today Apart from the Bible?” in The Coming Evangelical Crisis, ed.  John H. Armstrong (Wheaton, IL.: Crossway Books, 1996), p. 79.

[15] Jack Deere, Surprised by the Voice of God (Grand Rapids: Zondervan, 1996), pp. 283-384.

El Constructor del Sermón

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El Constructor Del Sermón

Una Guía PASO A PASO Para Realizar Mensajes Y Sermones Expositivos.

Tomado de Shepherds Fellowship

Traducido por Armando Valdez (favor de citar la fuente)

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Introducción

Bienvenido a el Constructor del Sermón – una guía paso a paso para la preparación expositiva del sermón. Mientras el Constructor de Sermón no le escribirá al sermón a alguien, está dirigido a conducir a pastores y maestros de la Biblia hacia los pasos básicos de la exégesis y la exposición. Es nuestro deseo que aun al exponente experimentado, al abrirse paso por el Constructor de Sermón, será refrescado y recordado de verdades y principios útiles.

El Constructor de Sermón ha dividido la construcción del sermón incorporando un proceso en cuatro etapas principales: 1) La Preparación, 2) La Precisión, 3) La Producción, y 4) La Presentación.

Etapa 1: La Preparación

La predicación poderosa siempre comienza con una preparación correcta. El hombre de Dios no puede esperar interpretar correctamente el texto o exponer apasionadamente la verdad sin primero preparar su propio corazón y mente para la tarea. Esta preparación requiere al menos seis áreas de consideración:

1. El Predicador – ¿Estoy preparado para predicar?

2. El Propósito – ¿Por Qué estoy predicando?

3. El Paradigma – ¿La Clase de sermón predicaré?

4. Las Personas – ¿A Quiénes predicaré?

5. El Potencial – Cuáles son los resultados potenciales de mi mensaje?

6. El Pasaje – ¿Qué texto voy a predicar?

A través de considerar en oración cada uno de estas áreas, el predicador estará bien preparado para empezar el proceso de construcción del sermón.

Etapa 1, Paso 1: Considera al Predicador (¿Estoy Preparado para predicar?)

El predicador debe empezar por mirar su propia vida, impregnando todo el proceso de construcción del sermón en oración, confesando todo pecado conocido, y recordándose a sí mismo que él es más que un simple siervo de Su Amo.

Es crucial, desde el principio, que el predicador autoexamine su propio corazón antes de predicarle a otros. Con esto en mente, Steve Lawson indica:

Antes de que el predicador pueda preparar el sermón, Dios debe primero, preparar al predicador. El que desee obtener una comprensión precisa del texto bíblico debe ser una persona que esté creciendo en la gracia y el conocimiento del Señor Jesucristo. De esta manera, el expositor nunca debería acercarse a un pasaje clínicamente, simplemente para elaborar un sermón. En lugar de eso, él debe estudiar para comprometer su corazón a amar y adorar a Dios. Ningún expositor puede llevar a otros espiritualmente a donde él no ha ido.

Jerry Vines y Jim Shaddix simplemente dicen esto: “La preparación es un elemento importante en la buena predicación expositiva. El predicador no sólo debe pasar tiempo preparando el mensaje, sino que él también debe prepararse”. Con esto en mente, la preparación personal del predicador consta al menos de tres elementos cruciales: La oración, la pureza, y la perspectiva.

La Oración (Salmo 19:14; 119:10, 18, 33-40). De principio a fin, el predicador debe impregnar todo el proceso de construcción del sermón en oración – la oración por sí misma (para que él correctamente interprete y aplique la verdad) y la oración para sus oyentes (para que correctamente entiendan y respondan a la verdad). En esencia, la oración es dependencia. El predicador que no ora, indica que él depende más en sus habilidades persuasivas que en el poder del Espíritu de Dios. James Rosscup dice esto:

La oración no es una disyuntiva sino el elemento principal en el caleidoscopio de características espirituales que señalan a un predicador. Estos rasgos se unen en una fuerza espiritual poderosa; crean a un portavoz para Dios. Jesús, el modelo más fino, y otros portavoces efectivos para Dios han sido poderosos en la oración unida a las virtudes de santidad y dependencia en Dios. . . . Los predicadores que siguen el modelo bíblico toman seriamente la oración misma. En la preparación del sermón, se empapan ellos mismos en oración.

La Pureza (1 Tes. 2:1-12; 1 Tim. 3:2-3; Stgo. 1:21). Además de la devoción, el hombre de Dios debe ser un hombre caracterizado por una vida justa. Cualquier estándar inferior socava el mismo mensaje que el predicador proclama. Ciertamente, nadie es perfecto. Pero, el patrón de vida del predicador debe ser uno que refleje y refuerce la verdad que él expone. A consecuencia de esto, Stephen Olford simplemente indica: “Las Escrituras y la experiencia práctica nos han enseñado que Dios está más preocupado con lo que somos que con lo que hacemos”. John MacArthur está de acuerdo, notando:

La rectitud y la santidad juntas son dos cualidades indispensables de un hombre de Dios, y aún son su búsqueda de toda la vida. Son centrales para su utilidad; están en el corazón de su poder. Él las posee y aún las busca (cf. Fil. 3:7-16). Un predicador no santificado es inútil para Dios, y un peligro para sí mismo y las personas.

De esta manera, Richard Baxter escribió:

Un buen número de sastres va cubierto de harapos, haciendo ropas costosas para otros; y un buen número de cocineros apenas se chupan sus dedos, cuando él ha adornado para otros los platos más costosos. . . . Es algo espantoso ser un profesor no santificado, pero bastante más lo es ser un predicador no santificado.

La Perspectiva (Sal. 8:3-4; Isa. 6:5; Rom. 12:3). En el mismo comienzo del proceso del sermón, el predicador humildemente debe recordarse a sí mismo que él no es nada fuera de la gracia de Dios. Él es simplemente un instrumento en las manos del amo, un mensajero al servicio del rey. Si el predicador tiene éxito (como Dios lo mide), no es por su elocuencia o su carisma – más bien el éxito verdadero proviene de una fidelidad inquebrantable sin importar las consecuencias. El hombre piadoso no le sirve a los hombres, sino a Dios. El predicador piadoso, por consiguiente, no debe buscar la aprobación de los hombres, sino más bien la sonrisa de su Señor.

Además, la Palabra que él proclama nunca debe ser minimizada, la salvación que él recibió nunca debería olvidarla. Primero debería ser un combustible para su pasión por Dios, y segundo debería ser una parte necesaria de su vocación. El proceso de construcción del sermón no debería ser un simple trabajo, sino también adoración. Steven Lawson dice esto:

El predicador siempre debe abordar la Palabra de Dios con reverencia, humildad, y temor de Dios. Cada vez que él abra la Escritura, él debe ser agudamente consciente de que él está abriendo la Palabra del Dios vivo. Él nunca debe permitirse venir a la Biblia insensiblemente o en una rutina hueca. Más bien, su corazón siempre debería estar absorbido con la verdad profunda que Dios está hablando en el texto. Así, él siempre debe estudiar un texto en la manera que Moisés abordó a Dios diciendo, “muéstrame Tu gloria”. Entonces, antes de que pueda tener una comprensión clara de la Palabra de Dios, primero debe haber un amor consumado por Dios y Su gloria.

Teniendo una perspectiva correcta, el predicador se da cuenta de que él es insignificante, pero que el Dios a quien el sirve lo es todo. El proceso del construcción del sermón, por consiguiente, no es un trabajo pesado meticuloso, sino más bien el privilegio máximo para el cual cualquier ser humano pecaminoso podría ser llamado.

Etapa 1, Paso 2: Considere el Propósito – ¿Por Qué estoy predicando? ¿Por qué debería Predicar Expositivamente?

El llamado a predicar no es meramente una invención humana. Más bien, es una idea de Dios – de hecho, es Su mandamiento para aquellos que son Sus mensajeros. Aún, el llamado a predicar no es un llamado para exponer nuestras ideas o nuestras opiniones. El púlpito no es nuestra tribuna improvisada. De esta manera el predicador debe tener el compromiso de predicar la Palabra – para exactamente y adecuadamente expresar las verdades de Dios como se han dado en la Escritura.

Aquí hay cinco razones (adaptado de Carey Hardy) para predicar la Palabra de Dios con fidelidad y precisión:

1. Bíblicamente – la predicación expositiva es el modelo presentado y prescrito en la Escritura:

· Mat. 28:19-20 – Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

· 1 Tim. 4:13 – Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.

· 2 Tim. 2:2 – Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

· 2 Tim. 4:1-2 – Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

· Tito 2:1 – Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

* Un modelo expositivo de predicar se sobreentiende también en Esdras 7:10; Nehemías 8:8; Lucas 4:16-22; Hechos 6:4; 7:2-53; 8:27-35; y Rom. 10:17.

MacArthur resume el ejemplo que encontramos en la Escritura:

[La Palabra de Dios] es lo que Jesús predicó (Lucas 5:1). Fue el mensaje que los apóstoles enseñaron (Hechos 4:31 y 6:2). Fue la palabra que los samaritanos recibieron (Hechos 8:14) como dada por los apóstoles (Hechos 8:25). Fue el mensaje que la Gentiles recibieron como fue predicada por Pedro (Hechos 11:1). Fue la palabra que Pablo predicó en su primer viaje misionero (Hechos 13:5, 7, 44, 48, 49; 15:35-36). Fue el mensaje predicado en el segundo viaje misionero de Pablo (Hechos 16:32; 17:13; 18:11). Fue el mensaje que Pablo predicó en su tercer viaje misionero (Hechos 19:10). Fue el enfoque de Lucas en el Libro de hechos con respecto a que se propagó rápidamente y ampliamente (Hechos 6::7; 12:24; 19:20). Pablo tuvo el cuidado de decirle a los corintios que él habló la Palabra como fue le dada por Dios, que no había sido adulterada y que era una manifestación de la verdad (2 Cor. 2:17; 4:2). Pablo admitió que fue la fuente de su predicación (Col. 1:25; 1 Tes. 2:13).

2. Teológicamente – una comprensión correcta de la Escritura nos conducirá a predicar exposicionalmente.

· La Palabra de Dios es inspirada (2 Tim. 3:16; 2 Ped.. 1:20-21). Es exhalada por Dios; Es Su misma Palabra.

· La Palabra de Dios es inerrante (Sal.. 19:7-9). Como originalmente revelada, la Biblia es sin error en cualquier área, incapaz de fracasar en cualquiera de sus partes, perfecta en cada aspecto.

· La Palabra de Dios es autoritaria (Sal. 119). Debido a que es la Palabra de Dios perfecta, conlleva en ella Su autoridad.

· La Palabra de Dios es suficiente (2 Ped. 1:3-4; 2 Tim. 3:17; Heb. 4:12). Dios reveló todo lo necesario para que las personas vivan una vida plena. Aún cuando ciertos asuntos no se discuten específicamente en la Escritura, la Palabra de Dios provee los principios necesarios para correctamente ocuparse del punto en cuestión.

· La Palabra de Dios es relevante (Sal. 119:105; Is. 40:8; 2 Tim. 3:17). Porque Su Palabra es la autoridad final en todo lo que las personas necesitan, es de extrema importancia a todas las personas de todo los tiempos. La Escritura se ocupa de las necesidades verdaderas de toda persona de cada período de tiempo – a partir de la realidad del pecado y la necesidad de un Salvador.

La única respuesta correcta para creer en estas verdades acerca de la Escritura es predicar la Escritura expositivamente – ¡y para no predicar nada más! Si el predicador verdaderamente cree estas verdades, él querrá predicar de tal manera que el significado del pasaje de la Biblia sea presentado enteramente y tal cual Dios lo pretendió. Ésta es predicación expositiva.

3. Eclesiásticamente – como un líder en la iglesia, el predicador tiene una responsabilidad de predicar exposicionalmente.

· Nos encontramos que en la Escritura la iglesia existe para adorar y glorificar a Dios (1 Cor. 10:31; Heb. 13:15); para proveer un contexto de compañerismo amoroso uno con el otro con el objeto de la edificación mutua (Efes. 3:16-19; 4:12-16); para ser un centro de entrenamiento por medio del cual las personas puedan crecer a través de la aplicación de la enseñanza y la utilización de sus dones espirituales (1 Cor. 12-14; Rom. 12; Efes. 4); y para ser luz en este mundo de tinieblas, para la evangelización de los elegidos de Dios (Mat. 5:13-16; 28:19-20; Tito 2:11-15).

· Pero otro propósito de la iglesia es éste: La iglesia existe para ser un depósito de la verdad divina (1 Tim. 3:15). Si un predicador comprende este propósito de la iglesia, él está obligado a ser un expositor.

4. Históricamente – la predicación expositiva ha sido el modelo primario de predicar a todo lo largo de la historia de la iglesia, a partir de los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del NT.

· James Stitzinger, en el capítulo tres de El Redescubrimiento de la Predicación Expositiva, provee uno exhaustivo relato de la historia de la predicación expositiva. Él da ejemplos de predicación expositiva en el período bíblico; la época de la iglesia cristiana temprana (100-476 D.C.); el período medieval (476-1500); el período de la Reforma (1500-1648), incluyendo los ejemplos de Lutero, Calvino, y Zwinglio; y el período moderno (1649-presente), incluyendo a William Perkins, Richard Baxter, John Owen, Bunyan, Charnock, Whitefield, Matthew Henry, John Broadus, Alexander Maclaren, Spurgeon, Ironside, Barnhouse, Criswell, G. Campbell Morgan, Lloyd-Jones, Stott, Boice, MacArthur, y a muchos otros. Claramente, el exponente bíblico está en buena compañía.

· La conclusión de Stitzinger, después de examinar la historia de la iglesia, es de esperarse:

Un estudio de la historia de la predicación expositiva hace constar que tal predicación está profundamente arraigada en el terreno de la Escritura. De esta forma, es la única clase de predicación que perpetúa la predicación bíblica en la iglesia. A lo largo de la historia, algunos hombres bien conocidos en cada generación representativa de un mayor cuerpo de exponentes fieles se han comprometido a este ministerio de exposición.

Sus voces desde el pasado deberían alentar al exponente contemporáneo y desafiarlo a alinear su predicación con el estándar bíblico. La Escritura exige nada menos que una exposición facultada por Dios como ha sido demostrada por aquellos santos dignos que han dedicado sus vidas a esta tarea noble.

5. Prácticamente – la predicación expositiva también tiene numerosos beneficios prácticos.

· Somos responsables de la enseñanza del consejo de Dios. Esto exige un acercamiento organizado, estratégico, expositivo. Un acercamiento “al azar” para predicar producirán un entendimiento “al azar” entendiendo de la Escritura.

· Promueve el nivel más alto de alfabetismo bíblico y entre nuestro pueblo.

· Provee responsabilidad hacia el predicador. Le hace responsable de predicar lo que dice Dios, y no sus opiniones. También le hace surtir efecto. Es un trabajo arduo ahondar profundamente en las verdades de la Escritura.

· La exposición sistemática protege al predicador. Muchos pastores tienen una tendencia a caer en una rutina y desarrollar una mentalidad de un solo tema. También, la exposición da protección en contra de usar la Biblia como un club (encontrando una Escritura para reprender a alguien públicamente).

· Impide un inexacto uso del pasaje. No hay nada malo en usar un solo versículo de la Escritura para establecer un punto espiritual válido. El problema es hacer mal uso del versículo. Usted debe saber lo que un versículo quiere decir en su contexto antes de usarlo. La predicación expositiva asegura esto.

· Un exponente raras veces pierde el tiempo preguntándose lo que él va a predicar la siguiente ocasión… o donde él obtendrá sus ideas para ver qué es lo que va a decir.

· La exposición sistemática le da a las personas un apetito por la Palabra.

El Redescubrimiento de la Predicación Expositiva enlista numerosos beneficios de la predicación expositiva de la manera siguiente:

La predicación expositiva emula mejor la predicación bíblica tanto en contenido como en estilo. Éste es el beneficio principal. Además de esto, otras ventajas listadas en orden aleatorio incluyen lo siguiente:

Predicación expositiva:

· Logra mejor el intento bíblico de predicar: Entregando el mensaje de Dios.

· Promueve bíblicamente la predicación autoritativa.

· Magnifica la Palabra de Dios.

· Proporciona una bodega de material de sermones.

· Desarrolla al pastor como un hombre de la Palabra de Dios.

· Asegura el nivel más alto de conocimiento de la Biblia para el rebaño.

· Induce a pensar y vivir bíblicamente.

· Promueve la profundidad y la comprensión.

· Da fuerza para el tratamiento textos difíciles de interpretar.

· Permite el manejo de amplios temas teológicos.

· Mantiene a distancia a los predicadores de la rutina y de los caballitos de batalla.

· Impide la introducción de ideas humanas.

· Protege en contra de una mala interpretación del texto bíblico.

· Imita la predicación de Cristo y de los apóstoles.

· Destaca lo mejor en el expositor.

Etapa 1, Paso 3: Considere el Paradigma – ¿Qué Clase de sermón predicaré?

Es importante, desde el principio, para el predicador comprender la esencia de lo que la predicación expositiva es. El exponente deberá darse cuenta de que mientras la exposición no está limitada a una predicación versículo por versículo, hay numerosas ventajas para hacer de la predicación versículo por versículo un patrón normal.

En su esencia, la predicación expositiva abarca los siguientes cinco elementos (adaptada de Richard Mayhue):

1. El mensaje encuentra su fuente exclusiva en la Escritura.

2. El mensaje es extraído de la Escritura a través de una exégesis cuidadosa.

3. La preparación del mensaje correctamente interpreta la Escritura en su sentido normal y en su contexto.

4. El mensaje claramente explica el significado original pretendido por Dios de la Escritura.

5. El mensaje aplica el significado Bíblico para hoy.

Indicado algo de manera diferente, Faris Whitesell aclara lo qué la predicación expositiva es mediante la identificación de lo que no es:

1. No es un comentario recorriendo de palabra por palabra y versículo por versículo sin unidad, ni bosquejo, y dirección penetrante.

2. Sin comentarios divagantes y observaciones sin sentido acerca de un pasaje sin un trasfondo de exégesis y orden lógico.

3. No es una masa de sugerencias desconectadas e inferencias basadas en el significado superficial de un pasaje pero no mantenida por un estudio a profundidad y amplitud del texto.

4. No es una exégesis pura, no importa cuánta erudición, si carece de un tema, tesis, bosquejo, y desarrollo.

5. No es una simple idea general estructural de un pasaje con algunos comentarios de apoyo pero sin otros elementos retóricos y de sermón.

6. No es una homilía tópica usando partes dispersas del pasaje pero omitiendo una discusión de otras partes igualmente importantes.

7. No es una colección en trocitos de citas y conclusiones gramaticales de comentarios sin una unión de estos elementos en un mensaje suave, fluido, interesante e imponente.

8. No es una charla tipo lección de escuela dominical que no tiene un bosquejo del contenido, informalidad, y el fervor pero con falta de estructura de sermón e ingredientes retóricos.

9. No es una lectura de la Biblia que conecta un número de pasajes dispersos tratando un tema en común pero falla en manejar cualquiera de ellos en una manera cabal, gramatical, y contextual.

10. No es un devocional ordinario o charla de reunión de oración que combina unos comentarios incoherentes, sugerencias inconexas, y reacciones personales en un debate semi-inspiracional pero con falta del beneficio del estudio contextual-exegético básico y los elementos persuasivos.

Con estos principios básicos como fundamento, hay muchos estilos diferentes de predicación expositiva. Irvin Busenitz escribe esto:

Tal como una predicación versículo por versículo no es necesariamente expositiva, predicar lo que no es versículo por versículo no es necesariamente poco expositivo. Es cierto, algunos enfoques de actualidad no son expositivos, pero tal necesidad no lo es y ciertamente no debería ser el caso. Ningún libro se ocupa de temas que directamente afectan la vida diaria más de lo que lo hace la Biblia. Así, para ser efectivo, toda predicación de actualidad y enseñanza, cualquiera que sea tema, sea temático, teológico, histórico, o biográfico, debe ser consumido con exponer la Palabra.

El Constructor de Sermón está primordialmente diseñado para exponer versículos por versículo. Después de todo, ésta es la forma más común de exposición. No obstante, a los predicadores que quieren ocasionalmente predicar de manera tópica no les debería dar miedo hacer eso – con tal de que exactamente proclamen la Palabra de verdad, cuidándose de no sacar versículos de su contexto. Con esto en mente, el predicador debería seguir un plan general para su exposición semanal. Esto es medianamente fácil en una predicación versículo por versículo predicando puesto que el predicador simplemente comienza en el texto que sigue de donde lo dejó. Para una predicación tópica, un buen plan requiere previsión y estrategia de oración. Siguiendo un plan, el predicador puede comenzar a prepararse para dar unas semanas de mensaje, y aun meses, de antemano.

Considerando cual modelo este utilizando el predicador para un sermón dado (si el de versículo por versículo o el de tópico), el predicador puede apartar el tiempo necesario (el de tópico usualmente requiere más tiempo porque están involucrados más pasajes) y puede determinar los pasos correctos a seguir.

Hay beneficios significativos para predicar a través de un libro de la Biblia de principio a fin (en un estilo versículo por versículo). Lo siguiente, es adaptado de Carey Hardy, enlista esas ventajas:

· Protege versículo/párrafos/capítulo en su contexto correcto.

Esto asegura una mayor exactitud en el manejo de la Escritura. Es también mejor para la congregación, puesto que aprenderán los temas de la Biblia organizadamente, a distinción de un acercamiento de tópico que presenta la verdad en una forma potencialmente confusa y mixta. El progreso en aprender es más fácil de rastrear.

· Usted cubre todos los asuntos eventualmente.

De hecho, al predicar sobre libros de la Biblia usted terminará tocando un mayor número de temas que fácilmente vendrán a la mente de otra manera. La serie predicaciones grandemente auxilia su alcance objetivo.

· Le permite ocuparse de las necesidades sin distinguir a cualquier individuo.

Puesto que usted se ocupa de temas tal y como aparecen en el texto, las temas sensibles serán tratados sin la apariencia de señalar a personas o a problemas de la iglesia.

· Estudiar la siguiente sección del texto ahorra tiempo contra el investigar un tema completamente nuevo cada semana.

Cada sermón nuevo no requerirá una investigación completamente nueva sobre el trasfondo, contexto, etc., de un texto….o una investigación nueva de la nada en otro tema.

· Le evita el “agotamiento”.

Usted no tendrá que experimentar la tarea atormentadora y consumidora del tiempo para decidir qué tema a tratar cada domingo – usted obviamente predicará en la siguiente sección del texto.

Etapa 1, Paso 4: Considere las Personas – ¿Quién es mi audiencia?

Resumen: Mientras que el mensaje nunca debería ser determinado por la audiencia, sino más bien por las Escrituras, el predicador ha de ser sabio para considerar en oración a su audiencia antes de predicar. Haciendo esto, él se recordará a sí mismo que las almas de individuos reales están en peligro, y que el proceso de construcción del sermón es importante – porque eternamente afectará las vidas de las personas.

El Buen Pastor no sólo conoce la verdad de la Palabra de Dios, sino también las necesidades de las ovejas. Por consiguiente, al diligentemente estudiar, el predicador en oración debe recordar a la audiencia hacia quien él predicará. La construcción del sermón no debe ser un ejercicio meramente académico o esotérico. Más bien, consiste de exponer a las personas la Palabra de Dios. Con esto en mente, Walter Liefield escribe, “es la preocupación personal que distingue al buen pastor del simple ministro”. David Larson nota: “El predicador debe preocuparse hacer un puente entre los mundos de la verdad de la Palabra de Dios y las realidades de las vidas de las personas.

Y Juan Calvino está de acuerdo:

¿Qué ventaja habrá si nos quedáramos aquí a la mitad del día y considerando exponer la mitad de libro sin considerarlo usted para su provecho y edificación?… Debemos tomar en consideración a aquellas personas a quienes la enseñanza es dirigida… Por esta razón cuidemos bien a quienes tenemos en este cargo de enseñar, cuando hablen a las personas, deben decidir cuál enseñanza será buena y provechosa a fin de que puedan diseminarla fielmente y con discreción para el provecho de cada uno individualmente.

Steven Lawson agrega:

Con el fin de escoger el texto correcto para predicar, el exponente debe saber las necesidades espirituales, la condición, y la madurez de aquellos a quienes él predica. Antes de que haga exégesis del texto, él debe primero hacer exégesis de sus oyentes. Él debe comprender el contexto de sus vidas si él ha de dar en el blanco con sus palabras.

Prácticamente, esto incluye el orar por la audiencia pretendida desde el principio – para que sus mentes puedan comprender y sus corazones puedan estar en condición de recibir. También conlleva pensar detenidamente en la forma más efectiva para presentarle el mensaje a una audiencia dada. En otras palabras, sin comprometer el mensaje o diluir la verdad, el predicador trata eficazmente e interesantemente comunicar la verdad absoluta a los oyentes.

En resumen, John MacArthur dice esto:

Pienso que las personas estarán aburridas si usted es aburrido. No tiene relación con cuánto tiempo usted pase en un libro. Con tal de que usted este mencionando cosas que capturen su interés y desafíen sus vidas, no les importará en qué libro usted este predicando y por cuánto tiempo.

Etapa 1, Paso 5: Considere el Potencial – ¿Cuáles son los resultados pretendidos de mi mensaje?

El predicador ha de ser sabio en considerar el poder del mensaje que él predica – a saber la habilidad del Espíritu Santo para cambiar las vidas a través de la Palabra de Dios. La meta del exponente nunca debería ser proclamarse o buscar su propia gloria. Tales fines serviles y orgullosos no garantizan nada – excepto que Dios no estará contento. Sin embargo, cuando el predicador fielmente y humildemente entrega el mensaje de Dios, el potencial es infinito y eterno.

La meta del exponente siempre debería ser exaltar al Señor (1 Cor. 10:31), explicando claramente el texto (Esd. 7:10) y exhortando a las personas a obedecer (Tito 2:15). Ciertamente, éste es un trabajo duro – como Calvino dijo, “es impertinente y casi blasfemo presentar el significado de la Escritura sin el cuidado debido, como si fuera algún juego que estemos jugando”. Aún, el trabajo arduo no lo es sin resultados. Después de todo, es el poder del Espíritu a través de la Palabra que cambia las vidas de las personas.

Con esto en mente, Mark Steege dice esto:

A través de nuestra predicación el Señor trata de cambiar las vidas de los hombres. Debemos ser evangelistas, para alertar a hombres sobre su llamado supremo en Cristo. Debemos ser heraldos, proclamando los mensajes de Dios para los hombres. Debemos ser embajadores, llamando a los hombres a ser reconciliados con Dios. Debemos ser pastores, alimentando y cuidando de hombres día a día. Debemos ser mayordomos de los misterios de Dios, dándole a los hombres la Palabra correcta para toda necesidad. Debemos ser testigos, contándoles a los hombres sobre todo lo que Dios ha hecho para ellos. Debemos ser supervisores, hombres que insten a vivir sus vidas para Dios. Debemos ser ministros, preparando a hombres para ministrar con nosotros hacia los demás. Al reflexionar sobre cada una de estas fases de nuestro trabajo, ¡cuanto énfasis cada uno le da a la importancia del predicar! ¡Qué gran tarea el Señor nos ha dado!

Prácticamente hablando, el predicador trata de enfatizar la verdad de la Escritura restándole importancia a sus propias opiniones porque él se da cuenta de que sólo la Palabra de Dios verdaderamente puede cambiar los corazones de su audiencia. Además, el predicador tiene la intención de ser una vasija pura que el Señor puede usar, a fin de maximizar la efectividad del mensaje.

Cuando los predicadores se desaniman por la respuesta o se desalientan por la tarea, harían bien en recordar el impacto potencial de la Palabra de Dios que puede tener en las vidas de las personas cuando se proclama fielmente.

Etapa 1, Paso 6: Considere el Pasaje – ¿Cuál texto voy a predicar?

Antes de comenzar a construir el sermón, el predicador debe determinar que expondrá. Al predicar versículo por versículo, el expositor simplemente se traslada a la siguiente sección del libro a través del cual él predica. Al predicar tópicamente, el expositor debe decidir cual texto o textos proveen la mejor base para examinar el tema a la mano.

En lo que se refiere a determinar qué predicar después, la exposición versículo por versículo tiene una ventaja bien definida – el predicador simplemente comienza donde él lo dejó. Pero ¿cómo sabe un expositor cual libro escoger? Aquí hay varias sugerencias prácticas (adaptado de Carey Hardy):

1. Escoja un libro sabiamente. Los predicadores no deberían comenzar con los libros más difíciles de predicar (como Ezequiel o Apocalipsis). Es normalmente mejor comenzar con un libro práctico (como Santiago) o un libro pequeño (como Filipenses). Los expositores deberían escoger un libro en el que estén personalmente interesados y emocionados; uno en el que crean que se ocupe de las necesidades de su rebaño. En todos estos, continuamente deberían orar por la dirección de Dios.

2. Estudie el trasfondo del libro. El expositor debería empezar por leer un comentario breve y general que le proveerá de la información de trasfondo necesaria del libro. Obras tales como Nuevo Manual Bíblico Unger, El Comentario del Conocimiento Bíblico (Walvoord y Zuck, eds.), El Expositor Bíblico (Carl Henry), Reseña Crítica de Una Introducción al Antiguo Testamento (Gleason Archer) Introducción al Nuevo Testamento (Donald Guthrie), La Biblia de Estudio MacArthur, y Referencia Rápida de MacArthur, etc., ayudará el predicador rápidamente a familiarizarse con el autor del libro, los destinatarios, el tema del libro o el propósito, la fecha de su escritura, y otro material de trasfondo importante.

3. Lea todo el libro repetidamente. El predicador no puede adecuadamente empezar su exposición de un libro de la Biblia hasta que él primero haya leído el libro (aun varias veces) y haga observaciones generales del mismo. El predicador necesita estar familiarizado con el flujo general del libro y los temas diversos de los que se ocupa. Saltarse este paso puede conducir a contradicciones más tarde en la exposición. El exponente debería asegurarse de que su interpretación de los temas recurrentes sea consistente.

Leyendo todo el libro y familiarizándose con el, permiten al predicador cumplir con el principio hermenéutico más importante: El contexto. Al leer el libro, el predicador se asegura de que él relacionará cada pasaje con el contexto global del libro.

4. Decídase por las unidades de enseñanza. Los expositores deberían planificar a detalle su predicación según las unidades de enseñanza dadas en el libro escogido. En la mayoría de los casos, esta unidad es un párrafo (o incluso un capítulo entero). Sin embargo puede haber algún debate sobre las pausas del párrafo en algunos casos, el predicador puede encontrar las divisiones más generalmente aceptadas en el Nuevo Testamento Griego de la Sociedad Bíblica de la Biblia. Las traducciones inglesas como la NASB pueden notar estas pausas de párrafo por muchos versículos.

Por supuesto, el predicador aún no desarrolla su bosquejo del sermón en este punto durante el proceso. Esto no se puede lograr hasta que él haya estudiado el pasaje en más detalle. Los expositores deben cuidarse de no construir bosquejos y luego imponerlos a la fuerza en el pasaje. El bosquejo real debe ser el resultado de un estudio exegético del pasaje. No obstante, desde el principio, el predicador debería tener una buena idea de lo que son las unidades de enseñanza. Carey Hardy dice esto:

Sus decisiones al respecto incluso pueden ser influenciadas por su estudio adicional. Usted también puede encontrar a través de un estudio adicional que no es necesario hacer al párrafo entero (o al capítulo) la unidad de enseñanza. En otras palabras, puede haber algunos párrafos que son tan largos, o que abarcan tantos temas, que las unidades completas más pequeñas de enseñanza realmente existen en el párrafo, los cuales por consiguiente pueden tener sus bosquejos completos.

Steven Lawson sugiere seis formas diferentes para identificar una unidad nueva de enseñanza:

1. Una Unidad de Tema (o sea el amor en 1 de Cor. 13 o la sabiduría en 1 Cor. 2).

2. Pregunta Retórica, Rom. 6:1

3. La forma vocativo de Dirección (Col. 3:18-4:1)

4. Los cambios repentinos, es decir, cambio en el estado de ánimo, tiempo, posición, tema, hablante

5. Conjunción evidente, es decir, una conjunción, preposición, o un pronombre relativo

6. Repetición y Desarrollo, lo que estaba al final del párrafo precedente

5. Escoja comentarios y otros recursos. Después de leer de todo el libro y hacer las observaciones anteriormente citadas y decisiones, el expositor entonces debería considerar qué han dicho los demás acerca del mismo pasaje. Esto ayuda a mantener el proceso exegético tan objetivo como sea posible. Los comentarios proveen un recurso sustancioso de información que Dios ha enseñado otros estudiantes de la Biblia que han trabajado en el texto antes de usted. ¡Úselos!

Con esto en mente, Carey Hardy sugiere:

No es raro para un expositor consultar de 5 a 10 comentarios. Específicamente, consulte un balance de respetados comentarios exegéticos, expositivos, y quizás incluso devocionales. Las obras exegéticas son comentarios críticos que le ayudan a investigar sobre los aspectos técnicos del lenguaje (los asuntos léxicos y sintácticos). Los comentarios Expositivos, además de dar alguna información exegética, le ayudan a observar el texto desde un punto de vista homilético. Los comentarios devocionales pueden ofrecer algunos pensamientos que le den aplicaciones de la verdad encontradas al pasaje. La mayoría de los verdaderos expositores escogen lo que la mayoría de los comentarios utilizan lo que es normalmente exegético en naturaleza para garantizar que están manejando el texto correctamente (2 Tim. 2:15). También pueden recurrir a uno o dos comentarios expositivos que le ayudarán a estimular observaciones acerca del “flujo” homilético del pasaje. Un buen recurso para su elección inicial de comentarios a utilizar es Comentarios para Expositores Bíblicos, por el Dr. Jim Rosscup (profesor del Seminario El Maestro). Este libro relaciona comentarios de cada una de las tres categorías principales mencionadas arriba. Usted encontrará una lista resumida en el comienzo del libro, con comentarios más detallados acerca de los comentarios al final.

Los comentarios sirven de puntos de investigación para su propia interpretación. Si su interpretación es notablemente diferente a los grandes hombres de Dios que le han precedido, entonces es sabio reconsiderar sus conclusiones. Aunque su comprensión ciertamente diferirá a veces de un comentario particular que usted este usando, sea cuidadoso en cuanto a una interpretación personal que esté diametralmente opuesta a la mayor parte de los eruditos respetados. Esto debería ser un catalizador para fomentar un estudio adicional. Simplemente recuerde: No hay nada nuevo bajo el sol. Este dicho tiene aplicación para el estudio de la Biblia. Es sabio considerar pensamientos profundos útiles sobre su pasaje de una colección variada de fuentes. De hecho, no caiga en la rutina de leer solo obras de su autor favorito. Ningún individuo tiene todo el entendimiento profundo sobre la Escritura, y aun el mejor de los maestros de la Biblia puede estar mal en su interpretación. Así es que no tema leer aquellos autores que toman posturas opuestas a su interpretación. Esto puede estimular sus procesos de pensamiento y así puede proveer un entendimiento profundo útil que usted previamente no pudo haber considerado. Esto es prudente aun si el resultado final es que sus propias convicciones han sido confirmadas.

Una vez que el pasaje ha sido escogido, el expositor está listo para empezar el proceso de estudio a fondo de la Biblia y la interpretación (exégesis). Teniendo preparado su corazón y mente para la tarea, se traslada de la etapa de preparación hacia la etapa de precisión.

Etapa 2: Precisión

Después de prepararse a sí mismo para el proceso, el predicador está listo para comenzar a investigar e interpretar el texto. Con esto en mente, William Barrick identifica un proceso de siete pasos para un método exegético correcto:

1. Traduzca el texto

2. Observe el pasaje cuidadosamente

3. Identifique la gramática y la sintaxis

4. Examine el contexto

5. Solucione los problemas interpretativos

6. Consulte comentarios confiables

7. Evalúe sus conclusiones

Usando estos principios como un fundamento, el Constructor de Sermón los ha reorganizado en las siguientes tres categorías:

1. Examen – ¿Qué es lo que dice el texto?

2. Explicación – ¿Qué significa el texto?

3. Exhortación – ¿Cómo se aplica el texto el día de hoy?

En todo esto, el predicador debe darse cuenta de la importancia del proceso interpretativo/exegético. El fracaso a estas alturas garantiza que el sermón mismo fracasará – porque la Palabra de Dios habrá sido tergiversada. De este modo, la etapa de precisión probablemente abarcará más tiempo que cualquier otra parte del proceso de construcción del sermón.

Con esto en mente, Andrew Bonar dice esto acerca de Robert Murray McCheyne:

Fue su deseo llegar más cerca al modo primitivo de exponer la Escritura en sus sermones. Por lo tanto cuando uno le pregunta si él estaba alguna vez había temido quedarse corto de sermones algún día, él contestó – “No; soy simplemente un intérprete de la Escritura en mis sermones; y cuando la Biblia deje de fluir, entonces lo haré”. Y en el mismo espíritu él cuidadosamente evitó el modo demasiado común de acomodar textos – sujetando una doctrina en las palabras, no provocándolo de la conexión obvia del pasaje. Él se esforzó en predicar la mente del Espíritu en un pasaje; porque temía que actuar de otra manera sería entristecer al Espíritu que lo había escrito. La interpretación era un asunto solemne para él. Y todavía, apegándose escrupulosamente a este seguro principio, él no se sintió de ningún modo refrenado de usar, para las necesidades de todos los días, todas las partes del Antiguo Testamento tanto como del Nuevo. Su manera de hacerlo fue primero averiguar la aplicación y el sentido principal, y así también proceder a manejarla para el uso presente.

Paso 7: Examen – ¿Qué es lo que dice el texto? (Parte 1)

El contexto

Resumen: Con un pasaje escogido, el expositor debe establecer el contexto del texto. Al hacerlo le permite interpretar el pasaje de tal manera que lo deja consistente con el flujo del argumento inmediato, las proposiciones generales del escritor, y la enseñanza global de la Escritura. Dicho de otra manera, el texto sin su contexto es un pretexto.

Hay dos tipos principales de contexto que el exégeta debe examinar si él ha de comprender correctamente el texto.

1. El Contexto Lógico. Éste es el contexto del pasaje dentro del texto – su colocación dentro del flujo lógico de un pasaje, un libro, y aun la Biblia entera. Hay varios círculos de contexto bíblico/lógico:

a. El Contexto Inmediato: Un expositor cuidadosamente debe examinar los pasajes que inmediatamente preceden y siguen al texto bajo investigación. Hacerlo permite al predicador comprender cómo el texto encaja dentro del flujo de pensamiento del autor. De este modo, él querrá contestar preguntas como: “¿cómo se relaciona este pasaje con el que fluye/precede inmediatamente?” O “¿cómo explica aún más este texto o detalla el argumento o el propósito del escritor como es desarrollado en los capítulos y versículos circundantes?”

b. El Contexto Intermedio: El expositor también debe decidir cómo el pasaje dado encaja dentro de todo el libro. ¿Cuál es el mensaje principal del libro? ¿Cuáles son sus temas principales? ¿Cómo desarrollan los versículos bajo investigación más allá del propósito o temas del escritor? Estas preguntas ayudan a permitirle al expositor discernir el significado pretendido del autor en una sección dada.

c. El Contexto Remoto: Finalmente, el predicador debe determinar

Cómo esta sección (y aun este libro como un todo) se relaciona con los otros libros del mismo autor, todo el Testamento en donde ocurre, y aun toda la revelación progresiva. Ciertamente, la Biblia no se puede contradecir a sí misma. Entonces, ¿por qué reveló Dios esta sección de la Escritura cuando la hizo? ¿Cómo nos ayudan otros pasajes (de otros libros de la Biblia) a comprender el significado pretendido del autor en este pasaje?

2. El Contexto Histórico. Es también importante para el exégeta comprender el trasfondo histórico, geográfico, y cultural en el cual un libro fue escrito. ¿Cuándo escribió Santiago su epístola para los judíos dispersos en el extranjero? ¿Qué estaban afrontando sus lectores en aquel entonces? Respondiendo preguntas como estas, el predicador podrá determinar mejor el significado pretendido del autor. A este respecto, Walter Kaiser indica: “El sentido histórico es aquel sentido que es demandado por una consideración cuidadosa del tiempo y las circunstancias en las cuales el autor escribió Es el significado específico que las palabras de un autor requieren cuando el trasfondo y el contexto histórico es tomado en consideración”.

Barrick da el siguiente ejemplo de preguntas a realizar utilizando a Filipenses 3:7-11:

· ¿Cómo guarda relación este pasaje con los contextos inmediatamente precedentes y siguientes?

· Cómo guarda relación este pasaje con su sección principal relacionada dentro de Filipenses?

· ¿Cómo se relaciona este pasaje con toda la epístola a los Filipenses?

· ¿Cómo guarda relación este pasaje con el texto Paulino?

· ¿Cómo guarda relación este pasaje con todo el Nuevo Testamento?

· ¿Tiene este pasaje algunas citas o alusiones al Antiguo Testamento?

· ¿Cuándo escribió Pablo esta epístola? ¿En qué período de tiempo dentro de su vida y ministerio?

· ¿Tiene alguna relación el contexto geográfico, histórico, o cultural de Filipos en este pasaje?

· La mención previa de elementos judíos en el trasfondo de Pablo ¿afecta el vocabulario o los conceptos en este pasaje?

Estableciendo el trasfondo, el expositor ahora está en condición de investigar los elementos específicos del pasaje. Pasando por alto el contexto, sin embargo, puede dar como resultado una lectura errónea y peligrosa del texto. No es de extrañarse, entonces, que John MacArthur diga: “el Contexto es el principio hermenéutico más importante. Leyendo y familiarizándose con el libro entero, el expositor puede relacionar cada pasaje con el contexto global del libro”.

Paso 8: Examen – ¿Qué es lo que dice el texto? (Parte 2)

Traducción, Observación, e Identificación

Resumen: Habiendo investigado el contexto histórico y bíblico, el exegeta profundiza en los detalles del pasaje que está siendo estudiado. El propósito de estos detalles no es simplemente para adquirir información, sino más bien para averiguar el significado correcto del todo examinando las partes. Este examen incluye el traducir el texto, haciendo observaciones acerca del texto, e identificando elementos gramaticales y sintácticos cruciales dentro del texto.

Con el contexto en mente, el predicador está ahora en condición de comenzar a examinar los aspectos específicos del texto bíblico – un examen que incluye traducción, observación, e identificación.

Traducción. Al aspirar al nivel más alto de exactitud interpretativa, es importante que el expositor relacione el pasaje en su forma original – ya sea en hebreo, Arameo, o griego. Mientras que este proceso será más fácil para aquellos que han sido adiestrados en los lenguajes originales, numerosas herramientas están disponibles para aquellos con sólo un poco o ningún entrenamiento especializado (como Biblias interlineales, guías que analizan gramaticalmente, ciertas Biblias de estudio, y comentarios útiles).

Al traducir el texto del original, el expositor busca palabras claves (información léxica) y frases clave (información sintáctica y gramatical). El traductor también debería comparar su traducción con una traducción inglesa literal (como el ESV, NASB, o NKJV en español la LBLA, RVA). Al hacerlo, el exégeta debería “determinar descubrir la base para cualquier variante textual seguida por la traducción o sugerencia en los márgenes de la traducción” (Barrick).

Observación. Habiendo traducido el texto del lenguaje original, el predicador debería pasar tiempo simplemente haciendo observaciones acerca del texto. Esto empieza con leer y releer el pasaje hasta que el exégeta está saturado con su contenido; permite al estudiante de la Biblia contestar las preguntas: ¿Quién?, ¿Qué?, ¿Dónde?, ¿Cuándo?, ¿Por qué?, ¿Y ¿Cómo? Aquí hay algunos marcadores sugeridos para buscar en el texto:

· Conectando palabras – “y”, “pero”, “por tanto”, “para,” y otros.

· Los verbos – note el tiempo, voz, ya sea singular o plural, y asegúrese que usted conozca su significado

· Los patrones en el contexto – busque formas similares del verbo en el pasaje, como los cinco participios que se despliegan en Efesios 5:19-21

· Palabras repetidas – note palabras que se repiten dentro de un versículo o dentro de un contexto.

· Palabras que un escritor dado tiende a usar – por ejemplo, Mateo es el único escritor de los evangelios que usa la frase “reino de los cielos”

· Contrastes.

· Comparaciones.

· Mandamientos.

· Exhortaciones.

· Artículos definitivos o la falta de ellos.

· Adjetivos.

· Nota: Lo que el versículo no dice también puede ser importante.

Observando lo que el texto mismo dice, el predicador tiene una base objetiva sobre que declarara de las verdades de al Palabra de Dios – en vez de simplemente subjetivamente afirmar: “esto es lo que tal y cual me quiere decir a mí”.

Identificación. Después de hacer observaciones generales referente a la estructura y al flujo del pasaje, el exégeta debe identificar palabras claves y frases dentro del pasaje – explicando sus relaciones léxicas y sintácticas del uno para con el otro. Puesto que Dios eligió comunicarse usando lenguaje humano, el predicador puede comprender mejor el significado de un pasaje identificando las palabras claves y las frases en ello.

Dr. Barrick provee siete aspectos de este paso durante el proceso:

1. Pregunte: “¿A que se relaciona cada palabra, frase, cláusula, frase, y párrafo? ¿En que manera? ¿Con que propósito?”

2. Pregunte: “¿Dónde está la prominencia o el énfasis?” Ponga atención al orden de palabras y al uso de palabras acentuadas.

3. Determine qué idiomas son utilizados en el pasaje.

4. Determine la forma literaria (el género) del pasaje. ¿Es texto narrativo, de poesía, de profecía, o de alguna otra cosa?

5. Determine qué fuentes literarias (quiasma, repetición, inclusión, asonancia, paralelismo, etc.) se usan en el texto.

6. Realice un estudio de palabra para cada palabra clave en el texto. Recuerde que muchas palabras no tienen una gran “pepita de oro” de verdad exposicional fuera de su uso dentro de la proposición y el contexto del pasaje.

Indique el argumento y/o el desarrollo del tema concisamente y en sus propias palabras.

Paso 9: Explicación – ¿Qué significa el texto?

Consulte, Resuelva, y Evalúe

Resumen: Habiendo identificado las palabras claves y las construcciones gramaticales dentro del pasaje, el exégeta debe solucionar cualesquier dificultad interpretativa restante en el texto. Este proceso implica la consulta de comentarios diversos (y otros recursos), listando todas las posibles interpretaciones de la palabra dada o frase (junto con el apoyo exegético para cada interpretación), y luego escogiendo la solución preferida. Una vez que este proceso esté completo, y el exégeta crea que él tiene una comprensión a fondo de cada parte del pasaje, él deberá resumir y evaluar sus conclusiones.

Durante la observación, el exégeta ha identificado palabras claves y frases dentro del texto – los elementos léxicos y sintácticos que él cree son cruciales para determinar el significado del pasaje. Averiguar la importancia de cada uno de estos elementos (con relación al significado del pasaje), es la esencia de la explicación. En términos generales, el significado se aclarará durante la etapa de observación: Al ser identificados los términos cruciales y las estructuras y cuando las preguntas sean hechas y sean contestadas.

Por supuesto, numerosas preguntas pueden quedar después de que el paso de observación sea completado. El exégeta puede haber identificado numerosas pistas, pero todavía puede tener curiosidad en lo que se refiere a su significado o su importancia. En este punto, el estudiante de la Biblia debe consultar, debe resolver, y debe evaluar.

Consulte. Con observaciones y preguntas hechas, el exégeta ahora deberá recurrir a las muchas herramientas útiles disponibles para él. Estos incluyen comentarios, lexicos, diccionarios de la Biblia, enciclopedias de la Biblia, y concordancias. En este proceso pueden surgir nuevas observaciones, y la mayor parte de las preguntas iniciales del exégeta deberían ser contestadas. Claro, el intérprete debería enfatizar la investigación en comentarios conservadores lo más posible, al darse cuenta de que teológicamente los comentarios liberales pueden ofrecer una buena cantidad de material sano acerca del lenguaje original y su uso.

Resuelva. Cuando una pregunta en el texto es contestada de manera diferente por dos comentaristas diferentes (de manera que las dos interpretaciones no puedan ser ambas correctas), el exégeta ha de determinar cuál interpretación es más conveniente para el pasaje. Comprendiendo incluso que aun los buenos comentaristas no siempre están de acuerdo, el estudiante de la Biblia debería enlistar todas las soluciones potenciales para cada problema interpretativo importante (junto con las argumentos exegéticos ambos tanto en favor como en contra de cada solución potencial). Analizando el soporte exegético para cada solución (al mismo tiempo con mucha oración), el exégeta debe escoger la solución que él crea que mejor encaje en la evidencia en el pasaje (léxicamente, sintácticamente, y contextualmente).

Resuma y Evalúe. Con sus preguntas contestadas y el significado del pasaje comprendido, el exégeta debeá resumir sus conclusiones tan concisamente como sea posible. Esta frase resumen (o párrafo) proveerá la base para la proposición de su sermón. (Las proposiciones son discutidas en el paso 11.) En este momento, el expositor también deberá revisar sus observaciones y las conclusiones sacadas de esas observaciones. Habiendo consultado otros recursos, él puede necesitar cambiar o refinar algunos de sus suposiciones iniciales. Barrick agrega este comentario útil: “Reconozca cualquier incertidumbre, ambigüedad, falta de conocimiento, y / o la necesidad de información adicional. Bosqueje un método para dirigir una investigación adicional”.

Paso 10: Exhortación – ¿Cómo se aplica el texto el día de hoy?

El resumen: Después de identificar los elementos claves dentro del pasaje (observación) y determinar lo que quiere decir (explicación), el exégeta también debe averiguar su importancia para la vida del cristiano (aplicación). Haciendo así, el predicador deberá empezar por reconocer la aplicación pretendida para la audiencia original antes de identificar los principios que se aplican a los cristianos de hoy.

La exégesis, con el objeto de predicar, no se detiene con simplemente comprender el texto (tanto en sus detalles y en su significado). Después de todo, el propósito de la exégesis no es meramente inundar a la congregación de datos, sino más bien para llevar la verdad absoluta sobre sus vidas. De este modo, exponer correctamente a la audiencia de uno a la Palabra incluye tanto una explicación de lo que significa el texto como también una explicación de cómo debería afectar el texto a las personas.

John MacArthur da instrucción práctica a este respecto:

Después de la observación y la interpretación viene aplicación. El estudio de la Biblia no está completo hasta que la verdad descubierta sea aplicada a situaciones de la vida. La aplicación contesta la pregunta: “¿Cómo determinada verdad se relaciona conmigo?” Las siguientes preguntas ayudarán a aplicar las verdades descubiertas en el estudio de la Biblia:

1. ¿Hay ejemplos a seguir?

2. ¿Hay mandatos que obedecer?

3. ¿Hay errores que evitar?

4. ¿Hay pecados que abandonar?

5. ¿Hay promesas que reclamar?

6. ¿Hay pensamientos nuevos acerca de Dios?

7. ¿Hay principios de acuerdo a los cuales hay que vivir? . .

Las habilidades excelentes de estudio de la Biblia son el fundamento en el cual los buenos sermones expositivos se forjan. El predicador expositivo es, por definición, un estudiante experto de la Biblia. Él interpreta la Escritura con exactitud, aplica sus verdades en su propia vida, y luego las proclama para su congregación.

Etapa 3: Producción

Habiendo estudiado atentamente el texto, y habiendo tenido averiguado su significado, el expositor ahora debe tratar de organizar la información de tal manera en lo que se refiere a explicar eficazmente la verdad absoluta para su audiencia. Usando los ladrillos y el mortero de la exégesis, el expositor trabaja duramente para construir un sermón que ejerce el peso lleno del pasaje sobre las vidas de su congregación. Con el fundamento exegético establecido, el proceso de construcción del sermón requiere al menos tres elementos:

· El armazón – la proposición y bosquejo

· El flujo – señala el desarrollo y las transiciones lógicas

· Los Toques Finales – la introducción y la conclusión

Referente a la importancia de esta etapa en el proceso de construcción del sermón, John MacArthur dice:

Predicar un mensaje expositivo consiste mucho más que estar en el púlpito y revisar los puntos importantes, los detalles, y los componentes descubiertos a través de la investigación. Ni un estudio de palabra ni un comentario directo sobre un pasaje es, en sí, un sermón expositivo. . . . La tarea del predicador expositivo es tomar el montón de datos sin procesar del texto y llenar la brecha entre la exégesis y la exposición.

Paso 11: El Armazón (Parte 1)

Creando la Proposición

Resumen: Un sermón expositivo efectivo comienza con una proposición concisa y (o declaración de la tesis) textualmente conducida. Esta proposición debería reflejar la idea central del pasaje, y debería convertirse en el tema central del sermón. Es la declaración o la frase orientadora alrededor de la cual el sermón es esbozado y desarrollado.

Una buena proposición empieza por identificar la idea central del pasaje que está siendo predicada. Algunas veces esta idea central viene de una declaración sola en el pasaje, o algunas veces de un contexto amplio. Enfocando la atención en esta idea central, el exponente asegura que su mensaje no perderá el punto central pretendido por el autor. De esta manera, Donald McDougall escribe:

Nuestra tarea no es crear nuestro mensaje; Es más bien para comunicar el mensaje del autor.

Nuestra tarea no es crear un tema central; más bien debe: 1. descubrir el tema central del autor, 2. crear un mensaje alrededor de ese tema, y, 3. hacer de ese tema la parte central de todo lo que tenemos que decir.

Una vez que la idea central del pasaje ha sido determinada, el expositor está listo para desarrollar su proposición homilética (predicación). Habiendo averiguado la idea clave del argumento del autor, el expositor ahora compone una frase integral que refleje el tema o la idea principal del texto como el expositor tiene la intención de darlo. La proposición homiletica es ligeramente diferente a la idea central del pasaje porque tiene en mente a la audiencia del predicador (mientras que el texto original no hace).

John MacArthur dice esto acerca de la importancia de una proposición homiletica:

Los expositores son unánimes en la necesidad de cada sermón de incluir una proposición o una idea principal. Ante todo, asegúrese de que cada mensaje expositivo tiene un solo tema sea evidente a fin de que su congregación sepa exactamente lo que usted esta diciendo, cómo usted lo ha respaldado, y cómo es aplicable a sus vidas. La cosa que mata a las personas en lo que algunas veces es llamado predicación expositiva es vagar al azar a través de un pasaje.

De este modo la proposición homilética debería reflejar tanto el propósito del texto como el propósito del sermón.

Carey Hardy da los siguientes consejos prácticos para crear una proposición.

· La proposición es una sola frase que funciona como la bisagra entre la introducción y el cuerpo de un mensaje.

· La proposición es una declaración del objetivo del sermón.

· No es una reafirmación del título.

· Dirige la atención al cuerpo.

· Es una oración simple indicando el tema para ser amplificado, explicado, o demostrado.

· El tema es el tema global (por ejemplo la fe). . . La proposición limita el tema, le da la meta al tema (por ejemplo tres aspectos de fe).

· En lo que se refiere a la organización real del sermón, la declaración de la proposición es la característica más importante.

· La proposición puede ser expresada en más que una forma.

o Declaración – En este pasaje examinaremos cuatro características de un hombre de integridad que nos ayudará a comprender lo que quiere decir ser un hombre conforme al corazón de Dios.

o Pregunta – ¿Cuáles son algunas razones para confiar en Dios cuando usted está en el centro de una prueba?

o Exhortación – Al estudiar este pasaje, comprométase a seguir estos cuatro pasos para resolver el conflicto en su matrimonio:

o Exclamación – ¡Qué alegría es contemplar las tres pruebas de la soberanía de Dios que encontramos en este pasaje!

· La proposición debería ser expresada tan concisamente y claramente como sea posible.

· La proposición contiene una “palabra clave”…un sustantivo plural…por ejemplo, 4 razones, 3 hechos, 6 ingredientes, 3 elementos, etc.

· La palabra clave es siempre un sustantivo plural que caracteriza los puntos principales.

Paso 12: El Armazón (Parte 2)

Construyendo Un Bosquejo

Resumen: Después de determinar una declaración proposicional apropiada, el expositor debería construir un bosquejo que apoye y amplíe esa proposición. Estos puntos deberían reflejar la estructura y el énfasis del pasaje, y por consiguiente deberían apoyar naturalmente al argumento principal del pasaje. La información exegética entonces será más tarde añadida a este bosquejo.

Con la proposición en mano, el expositor ahora debe construir un bosquejo que refleje la estructura del pasaje que está siendo predicado. Puesto que la proposición centra el bosquejo sobre la idea central del texto, (si correctamente refleja el pasaje) se apoyará y se expandirá sobre la proposición naturalmente. El bosquejo homilético debería ser fácil de entender y fácil de recordar. Después de todo, su propósito es primordialmente para ayudar al oyente a seguir el flujo lógico del pasaje.

Un buen bosquejo claro le proveerá varias ventajas bien definidas al predicador expositivo: 1) permitirá que tanto el predicador como la audiencia sepan exactamente hacia dónde se dirige el mensaje, 2) eso ayudará a asegurar que el predicador enseñe el mensaje del texto y no sus propias ideas, y 3) permitirá que los oyentes comprendan, recuerden, y apliquen mejor el sermón.

Con esto en mente, cada punto de un bosquejo efectivo de sermón deberá coordinarse con la proposición, deberá ser paralelo con los otros puntos del bosquejo, fluirá directamente del texto, y debería ser fácil de entender y de recordar.

Carey Hardy proporciona los siguientes recordatorios útiles al construir un bosquejo:

· Hay más que un solo bosquejo homilético posible.

· El bosquejo debería reflejar un análisis sintáctico.

· El expositor nunca debería imponer un bosquejo a la fuerza en un texto.

· Cada punto central debería servir para un propósito específico – para cumplir con la proposición.

· Hay tres tipos primarios de puntos principales:

o Marcadores del texto
Ejemplos:

1. La Esencia Básica de la Depravación

2. La Extensión Generalizada de la Depravación

3. El Fin Aleccionador de la Depravación

4. La Necesidad única del Amor Cristiano

5. El Carácter Distintivo del Amor Cristiano

6. La Prueba Aleccionadora del Amor Cristiano

o Declaraciones/Preguntas
Ejemplos:

1. La oración es Exhaustiva

2. La oración es Demandada

3. La oración es Efectiva

4. ¿Qué es lo que Dios Espera que usted haga?

5. ¿A Dónde Espera Dios que Usted vaya?

6. ¿Por qué espera Dios que usted Obedezca?

o Instrucciones
Ejemplos:

1. Comprenda el proceso de Dios

2. Acepte la Voluntad de Dios

3. Dependa de la Fortaleza de Dios

4. Imite el amor de Dios

5. Sea Genuino

6. Sea Sacrificado

7. Sea Diligente

  • El predicador debe ser cuidadoso de que los puntos del bosquejo no sean demasiado complicados y que los puntos principales sean claros.
  • Deberá tratar de mantener los puntos iguales siempre que sea posible.
  • Cualesquier puntos subordinados deberían guardar relación con el punto central.
  • Demasiados subpuntos son difíciles.

Paso 13: El Flujo (Parte 1)

Desarrollando los Puntos

Resumen: Con un bosquejo diseñado, el expositor debe desarrollar cada punto en una manera que sea lógica y precisa al pasaje bíblico. Tal desarrollo usualmente requiere cinco elementos: 1) observación, 2) explicación, 3) argumentación, 4) aplicación, e 5) ilustración. Desarrollando cada punto de esta manera, el expositor comienza con el texto bíblico como su autoridad, y termina explicando y aplicando la verdad absoluta a su audiencia.

Habiendo identificado cuales serán sus puntos, el predicador no puede simplemente detenerse sin añadirle la carne a los huesos. Hay al menos cinco partes claves de este proceso para el desarrollo (adaptado de Tom Pennington). Los primeros dos de estos elementos han sido combinados porque fueron detallados en la sección de “exégesis” del Constructor de Sermón.

La Observación y la Explicación. Con cada punto de su bosquejo, el expositor debe empezar por señalar y explicar la información exegética pertinente – los datos que él recabó durante su estudio. Haciendo esto, él le dice a su audiencia tanto lo que el texto dice como lo que quiere decir. Ésta es la carne del sermón, el fundamento sobre el cual el bosquejo es desarrollado. Si el expositor debe dar marcha cualquiera de los pasos del proceso de construcción del sermón, esto no debe ser momento.

La argumentación. El propósito de la argumentación es decirle a la audiencia por qué deberían creer la interpretación que están recibiendo del predicador – “para convencer al oyente que su interpretación se conforma el resto de la Escritura y deberían aceptarla como la verdad” (Pennington).

Las herramientas que el expositor utilice para apoyar sus afirmaciones primordialmente deberían constar de pasajes paralelos de la Escritura y otras referencias cruzadas que apoyen el punto que se este estableciendo. Las herramientas secundarias podrían incluir comentarios, teologías sistemáticas, historia de la iglesia, y aun deducciones lógicas.

La ilustración. El flujo del sermón consiste no sólo en transiciones suaves, sino que también en ilustraciones pertinentes – los retratos hablados y las anécdotas que le ayuden a la audiencia a entender mejor la verdad que está siendo dada. Las ilustraciones proveen un descanso mental para la audiencia, por consiguiente auxilian tanto en su atención como en comprensión.

Mientras que la premisa o principio básico de cualquier sermón seguramente no debería ser historias, las ilustraciones no obstante sirven para un papel secundario importante. De hecho, las ejemplificaciones funcionan en diferentes formas. Por ejemplo, ayudan a hacer de la verdad interesante y concreta así como también memorable. Ayudan a la audiencia a guardar relación a lo qué de otra manera podría ser aparentemente conceptos abstractos. Al clarificar, humanizar, o enfatizar ciertos conceptos, las ilustraciones proveen al expositor de una herramienta comunicativa poderosa. Con esto en mente, John Broadus escribió:

Las buenas ilustraciones son más fáciles de recordarse que los dichos brillantes del argumento. No es una experiencia rara en los predicadores encontrarse con que sus frases más finas y la mayoría de las observaciones profundas fácilmente se borran de la memoria, mientras alguna anécdota aparentemente trivial o una ilustración permanecen. Si estos pueden ser hechos tan apropiados como necesariamente para recordar el argumento o línea de pensamiento, tanto mejor.

Las ilustraciones mismas incluyen todo desde imágenes verbales y alusiones históricas hasta anécdotas y experiencias personales. Pueden ser encontrados en la Biblia misma, de la observación de todos los días, en periódicos y libros, y aun de la imaginación del expositor. Las ilustraciones son ventanas dentro del sermón, dejando a los oyentes visualizar lo que oyen. Ayudan a que la audiencia a vea lo que el orador está diciendo.

He aquí algunos consejos prácticos para usar ilustraciones:

1. Una ilustración debería ilustrar un punto, no sólo debería ser una historia aleatoria.

2. Una ilustración debería dirigir la atención a la idea detrás de ella, no hacia sí misma.

3. Una ilustración debe tener sentido si ha de ser efectiva.

4. Una ilustración debería ser convincente, aun si la situación es imaginaria.

5. Una ilustración debería ser interesante, no aburrida u abusar.

Tom Pennington enlista varios malos usos y escollos de las de ilustraciones.

Malos usos:

1. Manipular las emociones de los oyentes

2. Conmocionar al oyente

3. Relatar una historia interesante aún cuando no tiene nada que ver con el punto del sermón

4. Para rellenar un mensaje pobremente preparado

5. Simplemente para hace reír

Escollos:

1. Incluir demasiados

2. Incluir hechos inexactos

3. Anunciar que una ilustración viene (en vez de simplemente empezar la ilustración)

La Aplicación. Finalmente, cada punto del sermón debería ser aplicado a la audiencia, queriendo decir que el predicador debería decir a sus oyentes qué hacer con la verdad que han escuchado. Después de todo, Dios pretende que la enseñanza de Su Palabra sea aplicada (Rom. 4:23-24; 15:4; 1 Cor. 9:9-10; 10:6, 11).

Pennington da los siguientes consejos prácticos para aplicarle los puntos de un sermón:

La definición de la aplicación (de John Broadus):

· Enfocando las afirmaciones de la verdad – la aplicación correcta, en la cual uno muestra al oyente como las verdades de un sermón se aplican a el.

· Sugiriendo formas y medios – la conclusión del mensaje en Sal. 119; la conclusión de 1 Cor. 12; – sugerencias prácticas con respecto al mejor modo y la medios para realizar el deber urgido.

· Persuadiendo a la respuesta vital – la persuasión en el sentido de súplica moral y espiritual para la respuesta correcta.

Los principios orientadores de la aplicación:

1. Debería fluir del propósito del autor.

2. Debería ser apropiado para la audiencia.

3. Debería estar colocado en el mensaje donde mejor sea apropiado para el texto.

Las fuentes para la aplicación:

1. Aclare la aplicación en el texto mismo.

2. Sus propias experiencias espirituales (cf. 1 Cor. 10:13).

3. La observación de su audiencia.

4. La observación de la cultura.

5. Los comentarios y otros recursos.

Paso 14: El Flujo (Parte 2)

Estudiar las Transiciones

Resumen: Con los puntos del bosquejo desarrollado, el expositor, al menos, debería pensar detenidamente cómo efectuará una transición de un punto a otro. Las tangentes aleatorias, una falta de paralelismo entre los puntos, y las ilustraciones que no tienen aplicación lastimarán el flujo lógico del mensaje. Pensar detenidamente en las transiciones con anticipación minimizará las distracciones innecesarias durante la entrega del sermón.

Si el bosquejo es la estructura, y la investigación provee las tablas, entonces las transiciones son los clavos. Pegan todo. Sin buenas transiciones el sermón sonará como a una conglomeración agitada de ideas inconexas, y la audiencia se encontrará perdida y confundida mientras se preguntan: “¿De dónde vino eso?”

Con respecto a la importancia de las transiciones suaves, John Broadus escribió:

La transición puede ser formalmente definida como tanto el acto y el medio de moverse de una parte del sermón hacia otra, de una división hacia otra, y de una idea hacia otra. Las transiciones son para los sermones lo que las coyunturas son para los huesos del cuerpo. Son los puentes del discurso y por ellos las maniobras del predicador de punto por punto.

Aquí hay algunos consejos útiles para recordar cuándo pensamos detenidamente en las transiciones de un sermón:

· Asegúrese de que los puntos de su bosquejo son paralelos. Si no lo son, será difícil de efectuar una transición entre ellos de una manera clara.

· Sea creativo en la manera en que usted efectúa una transición. No diga repentinamente: “punto 2” e inicie un pensamiento nuevo. Más bien, las buenas transiciones son claras, en lo referente a que un punto nuevo está claramente siendo discutido y evidentemente sutil, en lo referente a que no son desagradables para la audiencia.

· Asegúrese de que la transición retroceda en círculo a atraer a alguien en la audiencia que pudo haberse distraído y pudo haber perdido el flujo de pensamiento durante el último punto.

· Asegúrese de que su transición se relacione de manera lógica a todo su discurso. (i.e. Si usted inicia un punto central nuevo, debería relacionarse de vuelta con su tesis de manera lógica. Si usted está comenzando un sub-punto nuevo, lógicamente debería relacionarse con el punto central de manera lógica en el cual está.)

Paso 15: Los Toques Finales

Escribiendo la Introducción y la Conclusión

Resumen: Sólo después de que el cuerpo del mensaje haya sido completado el expositor está en condición de componer su introducción y su conclusión. La razón de porque hasta que él termine el cuerpo de su sermón, él no sabe correctamente lo que él estará introduciendo o concluyendo.

El paso final en el proceso de construcción del sermón es la adición de una introducción y una conclusión. Con el cuerpo del mensaje terminado, el expositor está ahora en condición de escribir tanto una conclusión como una introducción apropiada para su sermón.

La Introducción. En su nivel más básico, la introducción debería hacer al menos dos cosas. Primero, debería asegurar el interés de la audiencia con respecto al tema que este tratando. A través de una ilustración interesante, estadística, o algún otro medio, la introducción del expositor debería convencer a su audiencia de que el resto de su mensaje es digno de escuchar. En segundo lugar, debería presentar un plan hacia dónde el mensaje se dirige. Usualmente, esto es algo tan simple como indicar la proposición, aunque puede incluir una visión general del bosquejo entero.

Tom Pennington da varios consejos útiles para las introducciones:

· Debe ser diseñado para lograr tres cosas:

o Capte la atención del oyente y obtenga su interés – pero evite el sensacionalismo

o Cree una necesidad; ¿Por qué le debería escuchar?

o Introduzca el tema del pasaje y el cuerpo del sermón

· Debería hacer una impresión dominante a través de un foco estrecho en un solo tema.

· Si es una serie, la introducción debería hacer la conexión con mensajes previos.

· Se sacó de: Las situaciones y las experiencias de la vida, los trasfondos históricos, las biografías, los hechos noticiosos, las citas, las referencias de literatura, geografía, cultura, costumbres, materiales de trasfondo, anécdotas, incidentes humorísticos, declaraciones sorprendentes.

· Es importante hacer una transición suave para la proposición…y la proposición necesita ser determinada con precisión.

· La introducción debería terminar con la proposición y la frase de transición.

· Debería ser de una longitud apropiada – tan resumido como sea posible….tan largo como sea necesario.

· En la mayoría de los casos, es mejor redactar la introducción (pero trate de no simplemente leer la introducción).

La Conclusión. En contra de lo que algunos puedan pensar, la conclusión debería ser el clímax del sermón (y no simplemente una declaración resumida etiquetada agregada hasta el fin). Mientras que ciertamente incluye un resumen total del mensaje, también debería incluir una llamado a poner en acción – recordándole a la audiencia que, basado en el peso de la evidencia en el sermón, cierta aplicación es requerida. ¿En otras palabras, la conclusión debería proveer a la audiencia de un final y culminante, “¿y ahora que?”

Aquí hay algunos consejos útiles para una conclusión apropiada:

o Nunca debería ser espontánea, sino siempre cuidadosamente preparada.

o Debería ser un final natural para el sermón, no un alto abrupto.

o Debería ser personal en su meta – la meta es alcanzarle e impactarle a cada uno y a todo individuo de la audiencia.

o El llamado a la acción debería ser el clímax del sermón.

o La conclusión no debería salir a la luz, no sea que los oyentes no dejen de escuchar la conclusión completa.

o Normalmente debería incluir una súplica para que los incrédulos se arrepientan.

o Debería ser una súplica evidente, enérgica, y natural del predicador hacia su congregación, emergiendo de y basándose del cuerpo de su sermón.

o El predicador siempre debería intentar tener la última línea de su conclusión escrita (a fin de evitar innecesario desvarío).

Etapa 4: La Presentación

Consejos Prácticos para la Entrega del Sermón

El resumen: Con el estudio completado y el sermón construido, el expositor está todavía sin acabar con su tarea. Permanece otro aspecto crucial para el sermón para completar el proceso de construcción – a saber, la entrega. Al comunicarse eficazmente, al menos siete cosas esenciales deberían ser consideradas: La preparación, la perspicuidad, el equilibrio, la proyección, ayudas visuales, los parámetros, y la pasión.

El sermón no está realmente terminado hasta que sea entregado. Ciertamente, la presentación no es el paso más importante durante el proceso. Si la exégesis es incorrecta o la exposición pobremente elaborada, la presentación fracasará. Aún, al mismo tiempo, el expositor constantemente debe tratar de ser un comunicador excelente – no con el objeto de asombrar a las personas con su habilidad, sino más bien que la verdad de la Palabra de Dios pueda ser claramente expresada al pueblo de Dios.

Para comunicarse eficazmente, hay varios aspectos de entrega que deberían ser considerados.

La preparación. Habiendo estudiado correctamente para su sermón, el predicador también debe afirmar su mensaje con oración, debe asegurarse para iniciar el proceso lo suficientemente temprano para no sentirse apresurado, asegúrese de obtener un buena descanso la noche anterior, y revisar sus notas de antemano a fin de sentirse cómodo con ellas al predicar. Preparándose correctamente (mentalmente, físicamente, y espiritualmente), el expositor estará mucho más en condición de comunicarse eficazmente.

La perspicuidad. La claridad de pensamiento y palabra es la parte más importante de la entrega – expresando la verdad de la Palabra de Dios en una manera en que la audiencia pueda comprender. Esto, claro está, fluyen de tener un buen bosquejo y las buenas transiciones. Sin embargo, el expositor también debería conocer a su audiencia: Usando un lenguaje con el cual les sea familiares e ilustraciones con las cuales puedan tener relación.

El orador también debería hablar en voz alta y claramente. Él no debería temer o distraerse por el micrófono. Y él debería adiestrarse a evitar errores verbales comunes, como utilizar la palabra “mm,” apresurar su discurso, o hablar entre dientes.

El equilibrio. El predicador debe presentarse decentemente y con dignidad, no en una manera envanecida o arrogante, sino en una manera tal que ni su oficio o el mensaje sea trivializado o desdeñado en su relato. Su postura debería ser correcta y su contacto visual directo. Su entrega debería hacerse con confianza y convicción, siendo dada en una manera organizada y natural. Además, el expositor debería abstenerse de degradar o exaltarse por sí mismo, ya sea a través de sus palabras, sus acciones, o su vestir (la ropa debería estar limpia, y apropiada para la ocasión). El mensaje mismo es lo que es importante. Con un equilibrio correcto, el mensaje es comunicado eficazmente sin el excesivo enfoque colocado en el mensajero.

La proyección. La predicación debería ser natural – en lo referente a que no sea falsa o forzada, sino más bien una ampliación de estilo normal de comunicación del orador. Sin embargo, cada parte del mensaje (como la intensidad, el volumen, la expresión facial, y los movimientos de la mano) debe ser ampliado (especialmente para audiencias grandes) a fin de que cada individuo en la congregación reciba el mensaje.

Ayudas visuales. En algunas ocasiones, es apropiado para el expositor utilizar ciertas ayudas visuales para auxiliar en la comunicación de su mensaje. Esto puede ser algo tan simple como o una proyección de PowerPoint del bosquejo. Cualquier ayuda visual, por muy simple o complicada que sea, el expositor debe asegurarse de que está en su lugar y en condiciones antes de que él comience su mensaje. Nada es más divertido o bochornoso que una ayuda visual que deja de funcionar.

Los parámetros. Dependiendo donde y cuando el sermón sea dado, el expositor se adapta dentro de los parámetros de cualquier situación en particular. Tales límites incluyen cuánto lenguaje corporal y expresión usará, qué tan largo será el sermón que dará, las palabras que él elegirá decir, etcétera. Por ejemplo, los chistes pueden ser apropiados para introducir un mensaje a la juventud en una noche de miércoles, pero no serían apropiados durante un discurso en un funeral. Los expositores que saben los límites de cada situación podrán maximizar su comunicación dentro de esa esfera dada.

La pasión. El expositor debe predicar apasionadamente si él espera que su congregación responda apasionadamente. Después de todo, si el predicador mismo no puede entusiasmarse acerca de lo que él ha estado estudiando, por qué las personas deberían entusiasmarse acerca de eso. En cuanto que su mensaje exactamente refleje las Escrituras, el expositor puede estar confiado de que su mensaje conlleva la autoridad de Dios. Así, habiéndolo aplicado a sí mismo, él puede aplicarlo a los demás con la verdad que ya ha impactado su propia vida.

En cada una de estas áreas, es importante que el expositor continuamente evalúe sus técnicas de comunicación – siempre tratando de mejorar para la gloria de Dios y la claridad del mensaje.

Después de predicar, el expositor también debe proteger su corazón – siempre esforzándose por mejorar en su efectividad, siempre huyendo del pecado de orgullo, y siempre dejando al Espíritu Santo cumplir con su trabajo.

Bibliografía

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Traducido por Armando Valdez