La Suficiencia de la Escritura – Parte 1

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La Suficiencia de la Escritura – Parte 1

Gary E. Gilley

(Agosto de 1995 – Volumen 1, Numero 10)

La infalibilidad es la creencia de que las Escrituras no contienen errores en el original. La infalibilidad garantiza la exactitud de los mensajes registrados contenidos en la Palabra.

Las Escrituras hoy están bajo ataque. Por supuesto, esto no es nada nuevo; podemos rastrear tales ataques hasta el Jardín del Edén. Lo que es nuevo en los círculos evangélicos es el paquete. Echemos un vistazo atrás a la historia reciente de la iglesia.

En los 1920 y 1930 las diferencias entre iglesias conservadoras y liberales encabezaron los Estados Unidos. Luego de esta controversia vinieron nuevas denominaciones, comunidades, escuelas, misiones, etc., que se separaron de aquellos que ya no creían en el cristianismo Bíblico. Estas organizaciones estaban fundadas por creyentes que querían mantenerse firmes y “contender ardientemente por la fe” (Judas 3). Uno de los grandes problemas en aquel entonces (al igual que hoy), es el desarrollar consensos en relación a lo  que es esencial en la fe. Es decir, ¿qué verdades doctrinales están más allá de la negociación? ¿Qué es lo que deben creer todos los cristianos que dicen ser ortodoxos, e inversamente qué es lo que puede dejarse a las convicciones individuales? En otras palabras, ¿qué es lo no negociable en la fe? Una serie de volúmenes, publicados originalmente en 1909, conocida como Los Fundamentos para Hoy (Fundamentals for Today) fue un intento de contestar estas preguntas. Escrito por algunos de los estudiosos conservadores más distinguidos y líderes de la iglesia del día, Los Fundamentos se ocuparon de las doctrinas de la Cristología y la Soteriología, pero casi la tercera parte de los ensayos se referían a la fiabilidad de la Escritura. Lo que emergió de esto fue lo que se vino a conocer como el movimiento fundamentalista. Un fundamentalista era uno que se apegaba a los fundamentos de la fe, primordialmente descritos en Los Fundamentos. Uno de aquellos fundamentos fue la creencia en una Biblia infalible e inerrante. Al pasar el tiempo aquellos conocidos como evangélicos se separaron completamente del fundamentalismo. Los evangélicos todavía se mantenían en los fundamentos de la fe, pero creían que había más lugar para negociar y trabajar con aquellos que negaban algo de lo esencial. Por supuesto, hoy hay muchos subgrupos bajo estos títulos, pero ese no es nuestro tema. Nuestro punto es que por definición, todo los fundamentalistas y evangélicos supuestamente se apegan a la creencia de que la Biblia es la misma Palabra de Dios, sin error en el original, y está en lo correcto en todo lo que afirma.

Sin embargo, mientras el campo fundamentalista ha continuado firmemente sosteniendo esta posición, ha habido cierta evidencia de debilitamiento en el lado evangélico. Por ejemplo, en 1976 Harold Lindsell, antiguo editor de Christianity Today y típico evangélico, escribió un libro llamado La Batalla por la Biblia. En este libro, él documentó la concesión que estaba teniendo lugar con respecto a la infalibilidad e inerrancia Bíblica en organizaciones evangélicas tales como el Seminario Fuller, la Convención Bautista del Sur, y la Iglesia Luterana –Sínodo Missouri. El libro no tuvo una buena acogida. Por ello, él continúo con La Biblia en la Balanza en un intento por mostrar el peligro que el mundo evangélico estaba enfrentando por su erosionada perspectiva de la Escritura. Él escribió, “hoy un número creciente de evangélicos no tienen el deseo de hacer a la inerrancia una prueba para la comunión” (p303). Su lamento a todo lo largo del libro es que el evangelicalismo estaba lentamente perdiendo su convicción de una Biblia inerrante. Sin embargo, él también creía que los fundamentalistas se mantenían firmes en las Escrituras. Pocos prestaron atención a las advertencias de Lindsell, y como consecuencia fue cada vez más difícil definir a un evangélico. Recientemente, en un esfuerzo inútil de definir el término, una publicación no admitio que un evangélico de hoy es alguien que dice serlo. Ya no hay más definiciones. Lindsell sugirió en 1979 que todos los cristianos que tienen el deseo de mantener una perspectiva ortodoxa de las Escrituras pueden querer regresar al término “fundamentalista” aun con todas sus connotaciones negativas (Ibid P320). Con esto felizmente estamos de acuerdo, si por el término queremos decir uno que sostiene lo esencial de la fe incluyendo una Biblia inerrante e infalible.

Sin embargo, nosotros que aceptamos la etiqueta fundamentalista tenemos nuestros problemas con relación a las Escrituras igualmente. Mientras firmemente sostenemos la infalibilidad e inerrancia, tristemente hemos transigido en la suficiencia. Por la suficiencia de la Escritura, queremos decir que la Biblia es adecuada para guiarnos a toda verdad relacionada con la vida y la santidad. Basados en pasajes tales como 2 Ped. 1:3; 2 Tim 3:15-4:2 y el Salmo 19 creemos que las Escrituras solas (a través del poder del Espíritu Santo) son capaces de enseñarnos cómo vivir la vida, cómo madurar en la santidad, cómo manejar los problemas y cómo conocer la verdad. La Biblia no necesita ayuda de la sabiduría y las experiencias de los hombres. Aún así, la inmensa mayoría tanto de evangélicos como fundamentalistas creen que las Escrituras son ya inadecuadas e incompletas en comunicar lo que el cristiano necesita saber para tratar con los asuntos de la vida. De esta forma creen que es necesario algo adicional a las Escrituras.

Una vez más, no hay nada nuevo acerca del pueblo de Dios creyendo que la Biblia es insuficiente para enfrentar sus necesidades. Col 2 describe una iglesia durante la era del NT que sintió que fue necesario añadirle varias cosas a las Escrituras para crecer hacia la madurez. La iglesia en Colosas aparentemente había caído bajo la influencia de las etapas iniciales del gnosticismo. El gnosticismo enseña que ciertos cristianos están al tanto de una fuente mística de conocimiento más allá de las Escrituras. Si uno quería avanzar hacia la madurez, según los gnósticos, tenía que contactarse con aquella fuente de conocimiento extra Bíblico a través de los métodos que enseñaban. Los colosenses, bajo esta influencia, estaban dejando atrás su instrucción inicial con respecto a la vida cristiana (v. 1-7) y estaban siendo engañados para añadir al menos cinco cosas a la Palabra de Dios:

LA FILOSOFÍA:

Colosenses 2:8-15 advierte del peligro de ser tomado cautivo a través de la filosofía y el engaño vano. “Filosofía” quiere decir “amor a la sabiduría” y el libro de Proverbios nos dice que el amor a la sabiduría es una búsqueda digna (Prov 4:6). Entonces, Dios no está en contra del amor a la sabiduría; Él está en contra del tipo de sabiduría errónea. Pablo advierte de una seudo-sabiduría que se identifica por tres características: 1) es de acuerdo a las tradiciones de los hombres. Es decir, ésta es una sabiduría que proviene de la mente de los hombres y no de la mente de Dios. 2) es de acuerdo a los principios elementales del mundo. Ésta es probablemente una referencia al intento de ganar sabiduría esotérica a través de un medio místico, algo que los gnósticos amaron (vea v.18). 3) No es de acuerdo a Cristo. La sabiduría verdadera es encontrada en Cristo, “en quién están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento” (v.3). Los Colosenses iban en busca de sabiduría en el lugar equivocado. Lo que estaban buscando lo encontrarían en Cristo, a través de la Palabra, no en las filosofías de los hombres. La iglesia de lo 1990 una vez más ha caído al pozo de la filosofía humana para descubrir cómo vivir la vida. Esto es más obvio en el intento por integrar la psicología humanística con las Escrituras. La así llamada psicología cristiana es la perspectiva de que la Biblia no es adecuada para satisfacer las necesidades personales y emocionales más profundas de las personas. La Biblia es suficiente para las preocupaciones espirituales y dificultades menores, pero las personas que tienen verdaderos problemas necesitan la ayuda de la psicología. Nos ocuparemos a fondo de este asunto en el futuro.

El LEGALISMO:

Todo el mundo piensa que sabe lo que es el legalismo, y nadie, incluyendo los fariseos, piensa que es legalista. Col. 2:16-17 describe el legalismo como especializarse en los menores. Es vivir de las sombras en lugar de la sustancia. Es la creencia de que el guardar ciertas reglas y rituales puede ganar el favor de Dios. Estas reglas y estos rituales casi siempre son cosas que no emergen directamente de la Palabra. Por consiguiente, el peligro recae en el hecho de que le hemos añadido nuestras ideas a las de Dios para madurar en la santidad. Nosotros, en esencia, declaramos que la Palabra de Dios es insuficiente para instruirnos sobre como vivir la vida; por lo tanto le debemos echar una mano.

El ASCETISMO:

El ascetismo se basa en un malentendido acerca de nuestros cuerpos humanos. Es la idea de que Dios quedará impresionado y nos haremos más santos si privamos nuestros cuerpos humanos de aun aquellas cosas que son buenas. La falla principal, como Pablo dice, es que es una “religión lograda por esfuerzo propio,” y así una vez más es una adición a la revelación de Dios (Col 2:20-23).

El PRAGMATISMO:

El pragmatismo no es específicamente mencionado en Col 2, pero no obstante impregna el pasaje entero. El pragmatismo es el error de determinar la verdad por lo que parece surtir efecto. Si algún método, o concepto parece ser exitoso, si las personas se sienten mejor, si responden al evangelio o van a la iglesia más a menudo, entonces debe ser de Dios. En lugar de que la Palabra de Dios determine cómo vivimos y lo que hacemos, el pragmatismo interviene y domina. Quizá, esto es más evidente en el movimiento de igle-crecimiento de hoy. Como John MacArthur dice, “los asistentes de la Iglesia son vistos como consumidores a los que tienen que vender algo que les agrade. Los pastores deben predicar lo que quieren las personas escuchar en vez de lo que Dios quiere que sea proclamado” (Nuestra Suficiencia en Cristo). Muchas más iglesias y líderes de iglesia están más preocupados acerca de qué es lo que funciona en vez de que es lo Bíblico.

El MISTICISMO:

La adición final a la Palabra de Dios es una acerca de la cual nos gustaría pasar más tiempo intercambiando opiniones. Pablo describe el misticismo/experiencia en Col 2:18,19. Los gnósticos enseñaron que ciertas elites habían recibido el don de inspiración directa a través del Espíritu Santo. Estos momentos de inspiración dieron lugar a las visiones, sueños, y encuentros con ángeles (vea Gnostic Gospels Pp49, 139-142, 163-166). Esto dividió la iglesia en dos clases, los ricos y los pobres (lo verdaderamente espirituales y lo no espirituales). Los paralelos con el movimiento moderno Carismático de nuestros días son difíciles de perder. Desde los 1960′s, la iglesia ha estado dividida en dos campos: Aquellos que poseen dones sobrenaturales y reciben revelación especial de Dios y aquellos que no los tienen. Mientras que hay numerosos errores en el movimiento Carismático, el corazón de sus problemas es encontrado directamente en estas palabras: Basan su teología en las experiencias en vez del fundamento de Jesucristo que es encontrado en Su Palabra. El resultado final es que tales personas son “defraudadas”. Pasan por alto la verdadera vida Bíblica debido a sus creencias. Desafortunadamente, la influencia del movimiento Carismático ha infiltrado a muchos que negarían cualquier participación en ese sistema. En nuestra siguiente carta, queremos documentar cómo la perspectiva de las Escrituras del movimiento Carismático sutilmente ha cambiado la perspectiva de la revelación de Dios de muchos evangélicos y fundamentalistas.

Infierno: El Horno de Fuego

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Infierno: El Horno de Fuego

por
John MacArthur
Mateo 13:47-52

Tomado de www.biblebb.com titulado Hell-the Furnace of Fire

Introducción

Nuestro Señor habló acerca del infierno; El dijo muchas cosas acerca la morada de los perdidos. Pero quizás la cosa más terrorífica que Jesús dijo acerca del infierno fue la que dijo a los líderes religiosos judíos en Mateo 23:33 “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Parece extraño para nosotros escuchar palabras como esas viniendo de la boca del Señor Jesucristo, puesto que no lo asociamos con el infierno como deberíamos. El habló más del infierno que del amor. El habló más acerca del infierno que otros predicadores en la Biblia combinados. Si debemos moldear nuestra predicación basándonos en esto, el infierno sería el tema de principal para todos nosotros.

Durante una entrevista que ví por televisión, un reportero preguntó a una joven envuelta en el rock punk, “¿Qué es lo que buscas con eso?” Ella dijo, “Estoy buscando la muerte” El reportero preguntó porqué, ella dijo: “¡Quiero morir para poder ir al infierno y tener diversión!”

¡Que decepción! El infierno no es diversión. Un escritor dijo: “No hay manera para describir el infierno, nada en esta tierra se le puede comparar. Ninguna persona que viva tiene una idea de lo que es. Ningún loco en un vuelo salvaje de demencia puede saber el horror. Ningún hombre en delirio puede imaginarse un lugar tan completamente terrible como este. Ninguna pesadilla que se atraviese por una mente febril puede producir jamás un terror que se asemeje al de un infierno suave. Ninguna escena de un asesinato sangriento y una herida grave puede sugerir una repulsión que pueda tocar el borde del terreno del infierno. Dejemos que el mas dotado escritor agote su habilidad en describir esta crepitante caverna de interminables llamas, y el no solo tocará levemente las orillas del infierno.”

En Mateo 13:47-52, nuestro Señor relata una parábola que advierte acerca del infierno. En las parábolas de Mateo 13, el Señor habla acerca del período de historia entre Su resurrección y Su regreso. El es el Rey, y El reina en el mundo. El permite que el bien y el mal crezcan juntos durante este período de tiempo, como lo aprendemos en la parábola del trigo y la cizaña. El está tolerando el mal en este período. Pero eventualmente habrá un tiempo de juicio. Vemos las parábolas que describen la naturaleza del Reino, el poder del Reino y la apropiación personal del Reino; ahora vamos a ver la última parábola, que advierte el juicio venidero. La parábola dice que en el fin, habrá una separación eterna de los condenados y de los redimidos. Hoy, cerca de cinco mil personas en Estados Unidos mueren a diario y entran a una eternidad, y la mayoría de ellos van al infierno. Veamos la imagen que el Señor traza en Su advertencia.

I. LA IMAGEN (vv. 47-48)

A. La Captura de la Colecta (v.47)

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar; recoge de toda clase de peces”

Las imágenes que Jesús da en la parábola, nos ayudan a comprender lo que El esta enseñando. La pesca era una actividad común en el tiempo del Señor. Algunos de los discípulos eran pescadores, así que ellos claramente comprendían lo que Jesús estaba hablando. Básicamente, había tres maneras de pescar en aquel tiempo. Los pescadores aun usan esos métodos en Israel el día de hoy en el Mar de Galilea. La primera manera era con…

1. EL USO DEL SEDAL CON ANZUELO

En Mateo 17, cuando Jesús le dijo a Pedro que pagara los impuestos de ambos, El dijo: “…ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero, tómalo y dáselo por mi y por ti” (v.27). En este incidente, se usó el método con sedal y el anzuelo para pescar.

La segunda manera de pescar era por…

2. EL USO DE ECHAR LA RED

Cuando el Señor vino con Pedro y Andrés en Mateo 4, verso 18 dice que ellos estaban “echando la red en el mar”. Echar la Red (Gr. Amphiblestron) era una red especial. Era circular y tenia peso en su perímetro. Un pescador podía echar su red sobre sus hombros, caminar a la orilla y arrojar la red. La red caería al agua a lo largo, en circulo abierto y sus pesas en sus extremos traerían la red hacia abajo sobre todos los peces que hay en el área. Luego los pescadores jalarían la cuerda atada a su mano para acercar la red al saco, y traer lo capturado a la orilla.

El Señor tenía la red en mente cuando el llamó a los discípulos a ser pescadores de hombres (Mat.- 4:19). El buscó a los discípulos para que arrojaran la red, y capturar hombres para Cristo.

El tercer método de pescar, con que el Señor se refirió en Mateo 13:47, envuelve…

3. EL USO DE UNA RED DE ARRASTRE (RED BARREDERA)

Esta es una red completamente diferente, como indica el uso de la palabra Griega sagene. La red de arrastre es también conocida como una “red de jorro” o “red barredera”. Es una red muy larga. El comentarista bíblico R.C.H. Lenski dice que algunas de esas redes cubrían media milla. Por su largo, no podían ser usadas por un solo hombre.

Cuando se usaba, una orilla de la red era atada a la costa, y la otra era atada al bote. El bote podía irse al mar y la red se extendía. Después que la red era extendida, el bote comenzaba a moverse en círculos. Debido a que el borde de arriba de la red flotaba y el borde de abajo tenía peso, se movía a través del mar como una pared vertical. Al completarse el círculo el bote volvía hacia donde estaba atado la red en la orilla, toda la vida del mar que estaba en el circulo que el bote hacía era capturado dentro de las paredes de la red.

Cuando el Señor habló de echar la red, El se refería en una manera positiva; El usaba esta ilustración de los discípulos pescando hombres para Cristo (Mat. 4:19). Cuando El habló de esta (red barredera) Red, estaba hablando acerca de la reunión de los hombres en el juicio.

El Señor enfatizó dos importantes cosas en el verso 47: el tamaño de la red era inmenso, y en la captura estaban todos incluidos. La red arrastraba toda criatura viva o muerta, así como algas marinas y otras cosas. Captura toda forma de vida en el área que la red abarcaba.

Eso nos lleva al verso 48

B. La Pesca Clasificada (v. 48)

“y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera”

Esa era una escena muy común en aquellos días. El pescador seleccionaba la pesca colocando las cosas buenas dentro de un cesto. Si ellos iban a transportar algo, lo mantenía vivo en una cesta conteniendo agua. Y arrojaban lo que no les servía.

Ahora comprendamos la ilustración, miremos…

II. EL PRINCIPIO (v. 49)

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,

A. El Enfoque de la Parábola

Hay muchas cosas que podríamos decir de la parábola, pero el Señor se esta enfocando en un elemento: el proceso de separación que los pescadores hacían al atravesar la orilla. El enfatizó ese aspecto de la parábola como una ilustración de los ángeles separando a los buenos de los malos en el juicio.

Durante esta era en que el bien y el mal existen juntos, Dios tolera el mal. Pero vendrá un tiempo cuando El separará a aquellos que son súbditos de su Rey de aquellos que no lo son. Poco a poco, sin llamar la atención y silenciosamente, la red de Dios se esta moviéndose a través del mar del tiempo y trayendo todo hombre a las orillas de la eternidad para esta inevitable separación. La red arroja todo tipo de peces; esto sin discriminación. Así que el verso 47 dice: el Reino de los Cielos es como una red que se mueve silenciosamente a través del mar de la vida. Con el tiempo las personas despertarán a lo que Dios esta haciendo, ellos estarán listos para ser llevados a las orilla para ser separados.

La única aplicación espiritual que el Señor hace de la parábola es la del proceso de separación en la orilla. El no comenta nada más. Yo creo que podemos enfocarnos solo en esa cosa, y aprender de la parábola lo que el Señor intentó enseñar.

1. EL TIEMPO DE LA SEPARACION

El verso 49 dice que la separación será “al fin del siglo”. El juicio del hombre ocurrirá cuando Jesús regrese a la tierra para establecer su reino glorioso. Jesús no estaba tratando de señalar cronológicamente cada elemento del juicio cuando El dijo esto. El nunca especificó aquí lo que significa el Juicio del Gran Trono Blanco, la separación de las ovejas y los cabritos, o el Juicio del bema (cuando los creyentes serán recompensados después del Rapto.) El solo estaba estableciendo en forma general que al final todas las personas en el mundo serán llevadas en la red del juicio.

2. LOS AGENTES DE LA SEPARACION

Notemos que el verso 49 dice que los ángeles son los que separarán a los buenos de los malos. Ellos son mencionados también como separadores en la parábola del trigo y la cizaña (Mat 13:41). La Biblia deja claro que los ángeles son los agentes del juicio de Dios (Mat, 24:31; 25:31; Apoc. 14:18-19)

Dios tolerará el bien y el mal creciendo juntos en Su Reino desde ahora, pero el tiempo de la separación se esta acercando cada día. Jesús también habló de la separación de los creyentes de los incrédulos en Mateo 25:31-34 donde El dice: Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. En Juan 5:25-29 Jesús dijo que el regresará en la resurrección de todos los hombres: algunos “a resurrección de vida” otros a “resurrección de condenación”. En esa final separación, Dios determinará el destino eternal de cada alma que ha vivido.

B. La Funciones de la Parábola

Algunas personas se preguntan porqué Jesús dio la parábola de la red, que habla acerca de la separación de los buenos y los malos, cuando El ya había hablado acerca de esa separación en la parábola del trigo y la cizaña. Una razón que el usó esto es porque la parábola del trigo y la cizaña enfatiza la coexistencia del bien y el mal, y no la separación del bien y el mal. Otra razón porque Jesús habló sobre la parábola de la red fue debido a su compasión por el hombre, El quiere advertirnos acerca del infierno. El dijo: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.” (Mat. 25:13; cf. Mar. 13:35). Jesús amonestó a la gente a no tomar sus pecados con ligereza porque inevitablemente que serán contados delante de Dios. El dijo que vendría un tiempo en que los hombres vivirán como en los tiempos de Noe y el juicio vendría después (Luc. 17:26-27). A través de Su profeta Juan el Bautista, el dijo que el vendría quemar a los perdidos “en fuego que nunca se pagará” (Mat. 3:12)

Cuando Jesús miro a la gente alrededor de El en Mateo 9:35-38, el vio la cosecha moviéndose a través del juicio. Su corazón estaba lleno de compasión por la gente en camino a la condenación. Jesús mostró Su corazón compasivo por los hombres advirtiéndoles de la inevitable separación en la parábola de la red.

Dios no tiene placer en ver a los perdidos perecer. El “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2ª Ped. 3:9). Primera Timoteo 2:3-4 dice que Dios, nuestro Salvador: Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” Jesús lloró por Jerusalén diciendo: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mat 23:37) El también dijo a los judíos: “…y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn. 5:40) Jesús advierte a los hombres porque El los ama.

El Reino de los Cielos es como una red. La red se mueve a través del mundo invisible. Cuando la red toca la parte de atrás del pez, la criatura simplemente nada más hacia adelante, disfrutando lo que parece ser una libertad permanente. Los hombres se mueven en este mundo imaginándose así mismos siendo libres, satisfaciendo sus propios deseos, con un poco de conocimiento de que la red del juicio se acerca mas y mas. Cada vez que los hombres son tocados por la red, ellos se mueven un poco mas adelante. Eventualmente ellos chocarán con la parte de la red delante de ellos. Ellos harán una carrera salvaje para escapar, pero finalmente se rendirán totalmente a la red. Finalmente, ellos serán llevados a la orilla, sacudiéndose al entrar a la muerte.

Los hombres no pueden ver a Dios moviéndose en el mundo, pero El se esta moviendo. Cuando ellos son tocados por el evangelio de Jesucristo, o se asusten cuando sean llevados a juicio, serán lanzados a la libertad que ellos piensan que tienen. Pero tarde o temprano, ellos se encontrarán capturados en la red que se mueve hacia ellos hacia el juicio. El Reino finalmente tragará a todos los hombres, y Dios los separará con Su ángeles.

III. EL PELIGRO (v. 50)

“y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Ese es un versículo horrible. Si hubiera una doctrina en la Biblia que pudiera ser no deseada, sería la doctrina del infierno. Pero el infierno no puede ser eliminado de la Biblia. Los perdidos serán echados al “horno de fuego” estas terribles palabras de nuestro Señor. El hablo del infierno más que cualquier otra cosa en la Biblia, y por una buena razón. La gente probablemente no escucharía a alguien que tratara de enseñarles acerca del infierno. Cristo tendría que ser el único que hablara sobre el infierno. No podemos concebir la condenación eterna. Cristo enfatizó el infierno en Su predicación. Si piensas que es cierto, entonces debes prestar atención en Su ministerio.

A. La Discusión del Infierno

1. MATEO 5:22, 29-30

Lee lo que Jesús dijo acerca del infierno en Mateo 5: En el verso 22, El dice: “…y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”. Y Luego dice en los versos 29-30: Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

2. MATEO 8:12

Aquí, el Dijo que: “mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

3. MATEO 11:20-24

“Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo” Jesús condenó a la gente que no se arrepintió de su pecado y dijo que ellos irían al infierno (vv. 21-24). Estas son palabras serias de nuestro Señor.

4. MATEO 12:36-37

Jesús dijo: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado

El Señor constantemente habló del infierno. El hablo acerca de ello en Mateo 23:14-15, 33 25:29-30, 41,46; Marcos 9:43-48; Lucas 6:24-26 y 12:5. En Lucas 16:19-31, Jesús contó una historia acerca de un hombre rico que murió y fue llevado al infierno. El hombre estaba en tal tormento que gritaba a Abraham que enviara a Lázaro con agua para refrescar su lengua (v.24)

Basado en el ejemplo de Cristo, el énfasis en predicar sería sobre el infierno. Pero la gente no hace esto el día de hoy. Estoy convencido de que hablamos muy poco acerca del infierno. La verdad acerca del infierno es tan terrible y horrenda que si el Señor no hablara sobre el infierno, no creeríamos que existiera.

B. La Descripción del Infierno.

¿Que es el infierno? Déjeme dar cuatro verdades acerca del infierno que creo que responderá a esta pregunta:

1. EL LUGAR DEL CASTIGO

El Infierno es un lugar de absoluto tormento y miseria horrible. La Biblia lo define las tinieblas de afuera (Mat. 8:12; 22:13). Es un lugar de oscuridad impenetrable sin luz. ¿Has estado en la oscuridad en la noche y esperando la luz del día, o estar en un cuarto oscuro sin ninguna luz? La Oscuridad rodea a aquellos que serán llevados al infierno para la eternidad; no habrá esperanza de ver la luz.

La Biblia también dice que el infierno es un lugar de fuego (Mat. 25:41). El fuego del infierno es como un fuego cuando se usa para quemar algo. Dios usa la palabra fuego para describir el infierno como un lugar de tormento, un lugar donde no habrá alivio para el sufrimiento. Dios usa la oscuridad y el fuego para describir el tormento de los condenados.

La Biblia nos da dos elementos de cómo las personas responderán al infierno. Uno es en la parábola que el Señor relata en Lucas 16, donde el hombre que fue llevado al infierno clamaba: “Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.” (v.24). la otra es la declaración que frecuentemente Jesús hizo, diciendo que el en el infierno: “allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mat 8:12; 22:13; 24:51; 25:30; Luc 13:28). El infierno no será un lugar de diversión; sino que será un lugar de lloro, gritos, crujir de dientes y de tormento sin alivio.

2. LOS DETALLES DEL CASTIGO

El infierno es un lugar de tormento sin alivio para el alma y el cuerpo. Cuando un incrédulo muere, su alma deja la presencia de Dios, y se va al infierno. Su alma probablemente no es llevada al lago de fuego donde todos los incrédulos serán arrojados después del Juicio del Gran Trono Blanco (porque un cuerpo es requerido para soportar el fuego), pero aun irá a un lugar de tormento (como es ilustrado por el hombre rico que murió y fue llevado al infierno en Lucas 16).

Cuando las personas no salvas mueran, sus almas descenderán al infierno. En el futuro, habrá la resurrección de los cuerpos de los condenados, y en este tiempo a los condenados les serán dados un cuerpo trascendente para que ellos puedan ser arrojados al lago de fuego. Los cristianos serán resucitados en ese tiempo, y les serán dados un trascendente y glorificado cuerpo para habilitarlos para que vivan eternamente en el cielo. Aquellos que son condenados al infierno serán resucitados para darles nuevos cuerpos para el solo propósito de ser castigados para siempre en esos cuerpos (Jn. 5:25-29; Apoc. 20:11-15). Por esto Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:28). Algunas personas piensan que el infierno será experimentado solo en sus conciencias. Pero el infierno será experimentado en el cuerpo, también. Transcendentes cuerpos eternos son los que serán dados a los condenados; ellos sufrirán en esos cuerpos para siempre. Los cuerpos de los hombres no están habilitados hoy para pasar por el infierno porque ellos serán consumidos en un momento.

¿Como sabemos que los condenados tendrán cuerpos en el infierno? Primero, el Señor dijo que el infierno es un lugar donde “el gusano de ellos no muere” (Marcos 9:44; 46,48). Cuando el cuerpo es llevado a la tumba, los gusanos comienzan a consumirlo, una vez que el cuerpo es consumido, los gusanos mueren. Pero en el infierno, los gusanos que consumen los cuerpos nunca morirán porque los cuerpos nunca serán totalmente consumidos. En otras palabras, lo que el Señor esta diciendo es que el tormento sin alivio del cuerpo será para siempre en el infierno. Segundo, el Señor describió el infierno como un lugar donde “el fuego nunca se apaga” (Marc., 9:44, 46,48). Un fuego siempre se apaga cuando nada la da el combustible. Pero porque el fuego del infierno nunca terminará su combustible, nunca terminará. El infierno será un lugar de tormento sin alivio para el cuerpo y el alma.

3. LOS GRADOS DE CASTIGO

Los tormentos sin alivio en el infierno serán experimentados por diferentes personas en grados diferentes. El infierno será horrible para cada uno, pero algunas personas sufrirán más que otras. Hebreos 10:29 dice: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pactoj en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? En otras palabras, aquellos que recibieron mas conocimiento de lo que Cristo hizo por ellos pero aun le rechazan, recibirán un castigo mas severo en el infierno.

En Mateo 11, cuando Jesús condenó a las personas en la ciudades que lo rechazaron, El dijo: Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.” (v.24). El Infierno no será tolerable para nadie, pero Jesús estaba diciendo que será mas tolerable paras personas de Sodoma (quienes no vieron los milagros ni oyeron de Sus palabras) mas que aquellos que fueron testigos de Sus milagros y escucharon Sus palabras. En una parábola acerca de su Segunda Venida, Jesús dijo: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lucas 12:47-48)

Asi que, el infierno será un lugar de tormento sin alivio del cuerpo y el alma en varios grados. John Gerstner dijo: “El Infierno tendrá tales grados de castigos severos que un pecador si pudiera, daría todo el mundo para que sus pecados fueran menos”.

4. LA DURACION DEL CASTIGO

El infierno será un lugar de tormento sin alivio para el cuerpo y el alma en varios grados, y será sin fin. Los gusanos nunca morirán; el fuego no se apagará; la luz nunca resplandecerá y el alivio dulce de la muerte no vendrá. La única razón de que algunas personas soportarán esta vida con todos sus sufrimientos y enfermedades es porque creen que la muerte les traerá alivio. Pero no es así. Porque el infierno es eterno, la gente se volverá loca. Usted dirá: “¿Esta seguro de que el infierno es para siempre?” Si, porque Jesús dice que los perdidos “irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat,. 25:46). Infierno y Cielo son eternos.

Dios nunca dijo que el infierno era para las personas. El lo hizo para el diablo y sus ángeles. Pero las personas escogieron ir al infierno al rechazar a Cristo. Algunas almas están sufriendo el tormento ahora mismo, y están esperando sus cuerpos resucitados por miles de años. Pero aun cuando ellos reciban cuerpos trascendentes, ellos no están cerca del fin del eterno castigo que cuando ellos entraron al principio al infierno. ¡Por esto Jesús tuvo que enseñar acerca del infierno!

El gran santo John Bunyan escribió: “en el infierno no tendremos compañía que la de las almas condenadas, con la compañía de innumerables demonios, para mantener esa compañía. Mientras se encuentre en este mundo, el pensamiento del Diablo es aparecérsele, hacer que su carne tiemble de miedo, y hacer que se le paren los cabellos de su cabeza. Pero lo que marchitará eso, no solo es la aparición del diablo, sino la real sociedad de todos los demonios del infierno que estarán acompañándolos, aullando, rugiendo y con alaridos en una manera horrorosa que agudizará su fin aun mas. Y estará más loco por la angustia y los tormentos. Si después de 10 mil años un fin debe venir, habrá alivio. Pero aquí es la miseria, aquí usted debe estar para siempre, para siempre. Cuando usted esté con la compañía de innumerables rugidos de demonios, debe pensarlo bien, esta es mi porción eterna. Cuando este en el infierno tantos miles de años como las estrellas del firmamento o como las gotas del mar, o en las granos de arena de las orilla del mar, usted estará allí para siempre. ¡Oh, esta será una palabra que siempre atormentará el alma!”

Muchas personas están en la red y moviéndose hacia el inevitable horno de fuego.

Podemos ver la ilustración el principio, y el peligro. Veamos ahora…

IV. LA PROCLAMACION (vv. 51-52)

A. La Comprensión del Mensaje

1. LA OBSERVACION (v. 51a)

Jesús dijo a sus discípulos en el verso 51, “¿Habéis entendido todas estas cosas? El les estaba diciendo: “Lo han pensado bien en sus mentes toda la información de las parábolas? ¿Entienden que en la era de la Iglesia el bien y el mal coexistirán, aun el bien continuará creciendo en influencia? ¿Entienden que para llegar a ser parte del Reino es para comprar todo lo que Cristo ha renunciado y les ha dado todo lo que ahora tienen? ¿Pueden ver como en el fin, habrá una inevitable separación del bien y del mal?

2. LA RESPUESTA (v.51b)

Los discípulos dijeron “Si, Señor” para confirmar que ellos entendieron todo lo que Jesús les dijo. Yo creo que Jesús aceptó su afirmativa respuesta, sin embargo, El pudo haberles dicho lo que les dijo en el verso 52. ¿Por qué les preguntó a los discípulos si le entendieron? En Mateo 9:36-38, cuando Jesús vio al mundo como una cosecha que Dios pronto juzgaría, El dijo: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (v.38). En Mateo 10, El llamó a los discípulos, y en los capítulos 11 y 12 El los entrenó. Aquí en Mateo 13, El les dijo a sus discípulos acerca del misterio del Reino. Luego les preguntó en el verso 51, “¿Entendieron lo que les dije? Están listos para ir afuera a la cosecha y advertir a las personas del juicio venidero?” Los discípulos dijeron: “Entendimos lo que dijisteis, estamos listos”

B. La Conclusión del Mensaje

1. LA OBSERVACION (v. 52a)

El les dijo: Por eso todo escriba (Gr grammateus= aprendiz, maestro, o interprete del a ley) docto (Gr. Matheteuo= discípulo) en el reino de los cielos es…

Jesús ha instruido a los discípulos acerca del Reino de los cielos. El les dijo: “ahora están discipulados, maestro bíblico”. Eso es lo que un escriba es: un estudiante e intérprete de la Escritura, un teólogo, doctor de la ley, un predicador. Algunos eran miembros del Sanedrín. Un escriba era una autoridad en el Antiguo Testamento y tradición, y llamado “Rabí”. Ellos eran influyentes. Jesús estaba diciendo que justo así como los líderes judíos entrenaban a sus escribas, El había entrenado a los discípulos para ser maestros bíblicos,

2. LA COMISION (v. 52b)

“…semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.”.

Jesús entrenó a sus discípulos para ser obreros en la mies y advertir a los hombres acerca del juicio venidero. El dijo aquí a los discípulos que ahora eran como un padre de familia que provee de su tesoro las necesidades de las personas. Si alguien necesita ropa, comida o cuidado, el padre de familia se lo dará.

El padre de familia era también suficientemente sabio para administrar las cosas nuevas y viejas, así que las cosas viejas serán finalmente sin uso. El será un sabio Administrador de todo lo que posee.

Los discípulos son ahora los padres de familia con un tesoro lleno de cosas nuevas y viejas. En otras palabras, ellos sabían el Antiguo Testamento y sabían acerca de los misterios del Reino. Ellos no solo enseñarían acerca del Antiguo Testamento y la tradición de los escribas Judíos. Todo lo que los escribas sabían del Antiguo Testamento. Pero los discípulos tenían el conocimiento de las cosas viejas y las cosas nuevas cosas en perfecto balance. Dios los ha llamado y los ha entrenado, y ahora quiere que repartan su conocimiento.

El termino “sacar” cerca del final del verso significa “arrojar afuera, dispersión al exterior”. Jesús está diciendo: “Ahora tiene todo este tesoro, así que sáquenlo fuera”. El les esta diciendo que sean liberales con las riquezas que tienen: “Ahora que han sido entrenados como maestros bíblicos, den lo que Dios les ha dicho en el pasado y lo que se les ha dicho acerca del Reino”.

Jesús vio hombres en su camino al infierno (Mat. 9:36-38). Por eso es que dijo a sus discípulos acerca del Reino. El dijo que el bien y el mal coexistirán por un tiempo, pero viene una separación inevitable y juicio. Jesús quería que proclamaran esta verdad.

C. La Continuación del Mensaje

Debemos proclamar el mismo mensaje que los discípulos proclamaron: Las personas del mundo están van rumbo al infierno. En Mateo 22, el Señor dio una parábola similar ala parábola en Mateo 13:47-50. En esa parábola, un rey tuvo una fiesta de bodas. Muchas personas asistieron. Cuando el rey llegó y vio a sus invitados, el vio a un hombre que no estaba vestido de bodas. (el hombre era como un pez atrapado en la red de arrastre de el Reino) El rey dijo: “Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?…” (v.12). El hombre sin vestido de boda enmudeció. Entonces el rey dijo a sus sirvientes: “Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.” (vv. 13-14).

La red del Reino capturará a muchas personas, pero no todas las capturadas pertenecerán al Reino. Desde que conocemos los misterios del Reino, tenemos la responsabilidad de hacerlos conocer a los demás. Pablo dijo en 2ª Corintios 5:11: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres..” si estamos preocupados sobre el hecho de que las personas están muriendo y yéndose al infierno, entonces somos egoístas. Los cristianos de hoy parecen haber perdido su preocupación por los no salvos.

D. La Circunscripción del Mensaje

Recientemente, un programa de una organización “cristiana” me envió una carta con una lista de cosas que ellos no querían discutir en sus programas. La carta decía que ellos querían ser buenos vecinos en su variedad de oyentes; por tanto, cuando preparaban el material para sus estaciones, algunos tópicos debían ser omitidos: critica a otras religiones, conversión, misioneros, creyentes, incrédulos, el Antiguo Pacto, El Nuevo Pacto, La Iglesia, la cruz, la crucifixión, Calvario, Cristo, la sangre de Cristo, salvación solo a través de Cristo, redención solo a través de Cristo, el Hijo de Dios, Jehová, y la vida cristiana. Entonces la carta decía: “nuestros oyentes están hambrientos de palabras de alivio. Pedimos que te limites a estas restricciones de manera que la Palabra de Dios pueda continuar adelante. Por favor ayúdenos a mantener nuestra posición de traer paz y alivio a aquellas personas que están sufriendo.”

¡Eso no es alivio, eso es maldición! Un falso alivio maldice a las personas. Debemos hablar a las personas la verdad.

Centrándose En Los Hechos

1. Si vamos a usar la predicación de Cristo como un ejemplo de como debemos predicar, ¿cual sería nuestro tema principal?

2.¿Que nos dice la parábola en Mateo 13?

3.¿Cuáles son las tres maneras de pescar en el tiempo de Jesús? ¿Dónde encontramos ejemplo en el Nuevo Testamento de las primeras dos clase de pesca?

4.¿Que nos ilustra la red de bastidor? ¿Qué nos ilustra la red de arrastre?

5.¿Cuales son las dos cosas que enfatiza Jesús en Mateo 13:47?

6.¿Que elemento de la parábola de la red de arrastre enfocó nuestro Señor? ¿qué hace ese cuadro del elemento?

7.¿Cuando ocurrirá el juicio del hombre? ¿Quienes serán los agentes del juicio de Dios? (Mat. 13:49)

8.¿Porqué enseñó Jesús la parábola de la red de arrastre?

9.¿Que siente Dios al ver a los perdidos morir?

10.Describe las tinieblas del infierno. ¿Qué significa la palabra “fuego” cuando es usad apara describir el infierno?

11.Da dos elementos de como las personas responden en el infierno.

12.¿Que les sucede a los incrédulos cuando mueren? ¿Qué le spasará en el futuro?

13.¿Porque Dios les da a los incrédulos un cuerpo trascendente en la resurrección de los condenados? ¿Cómo podeos saber que los condenados tendrán cuerpos eternos en el infierno?

14.¿Como sabemos que hay diferentes grados de castigos en el infierno?

15.¿Cuanto tiempo estará la gente castigada en el infierno?

16.¿Que les preguntó Jesús a sus discípulos en Mateo 13:51a? ¿Por qué les hizo esa pregunta a sus discípulos?

17.¿Que esta diciendo Jesús en Mateo 13:52a? ¿qué significa “escriba” en ese verso?

18. Ahora que los discípulos estaban instruidos acerca del Reino de los Cielos, ¿Como se mostraron? (Mat. 13:52)

19.¿Que quiso decir Jesús cuando el describió a los discípulos como padre de familia con un tesoro lleno con cosas viejas y cosas nuevas? (Mt. 13:52)

20.¿Qué implica el término “sacar” en lo que los discípulos debían hacer con su tesoro? (Mt. 13:52b)

21. Debido a que conocemos los misterios del Reino, tenemos que ___________ para hacerlos conocer a __________

22.¿Que es lo que hace el falso alivio? ¿Qué debemos decirle a los demás?

Reflexionando en los Principios

1. Cuando Jesús miró hacia el mundo en Mateo 9:36-38, El tuvo compasión sobre la multitud de hombres encaminados al juicio. ¿Qué actitud tenemos acerca de los perdidos? Aunque es correcto odiar el pecado, ¿nos libra eso de la obligación de ser compasivos con los incrédulos? Jesús vino al mundo “no a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento” (Marc. 2:17b). Pensemos en algunos ejemplos de la compasión de Jesús por los no salvos. ¿Muestras la misma clase de compasión hacia los perdidos? ¿Pide a Dios que te de un corazón que continuamente exprese la misma compasión de Jesús hacia los incrédulos, y que pase por alto la necesidad de que sea quitado el pecado en las vidas de las personas.

2. La Biblia enseña que las personas no salvas irán al infierno (Mat. 25:41), y que el infierno es eterno (Mat. 25:46) Lea Juan 12:48, Romanos 2:3-6; Colosenses 3:25 y Apocalipsis 20:12-15. ¿Escapará alguno del juicio? No sabemos cuando vendrá el juicio de Dios al hombre; todo lo que sabemos es que es inevitable. Jesús no quiere que todos los hombres que mueran, sabe la importancia de dejar al hombre saber que el podía haber sido redimido. El dios a sus discípulos todo lo que necesitaban saber en Su obra de llamar a los pecadores al arrepentimiento. Jesús tenía una estrategia: En Mateo 10, El llamó a sus discípulos. En los capítulos 11 y 12, El los entrenó. En el capítulo 13 El les dijo acerca del misterio del Reino, y del juicio venidero a todo hombre. Luego El envió a sus discípulos a predicar el mensaje de salvación, y a entrenar a otros a llevar ese mensaje. ¿Tienes una estrategia para alcanzar a las personas no salvas que conoces? Si no, has una lista de personas a las te gustaría compartir el evangelio; luego decide como lo vas realizar. Ora por esas personas. ¿Sabes como testificar a una persona no salva? Si no, pregunta a un cristiano con conocimiento o consulta un libro que explique como compartir el evangelio con personas no salvas. Busca que versículos usar. Haz un compromiso de memorizar esos versículos.

Tony Capoccia
Bible Bulletin Board

El Evangelismo del Llamado al Altar

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clip_image002 El Evangelismo del Llamado al Altar

Por Paul Alexander

Por lo que podemos ver desde nuestra percha pequeña aquí en DC, el método de invitación de llamado al altar está aún en uso hoy. Es decir, no es casi tan prominente como solía estar en la cumbre de las cruzadas de Billy Graham. Algunos han dejado de llamar a las personas a recorrer el pasillo y hacer una decisión pública por Cristo porque piensan que su teología insinúa que invitar a las personas a responder a Cristo es innecesario. Otros han dejado de llamar a las personas a pasar al frente porque piensan que todos los que alcanzan a oír ya son salvos.

Aún, hay muchas iglesias por ahí que cantan la última estrofa de Have Thine Own Way solo un vez más como para esperar al pecador convicto a que salga de la banca hacia una relación nueva con Cristo. Pero si bien esto es todavía algo popular, pensamos que el sistema de invitación ha hecho más daño que bien entre muchas iglesias evangélicas. No implementamos un llamado al altar en ningún servicio aquí en Capitol Hill Baptist, y desalentaríamos a otras iglesias a hacerlo también. Pero no nos abstenemos porque somos hiper-calvinistas o universalistas. Así que ¿Por qué menospreciar una tradición avalada por el tiempo?

1. El llamado al altar con demasiada facilidad confunde el acto físico de “pasar al frente” (caminando por un pasillo) con el acto espiritual de “venir a Cristo” (el arrepentimiento y la fe). Las personas son instadas a responder al llamado como si ese pasar al frente fuese el elemento crítico de convertirse. Pero lo que se requiere para la salvación no es caminar por el pasillo. Es arrepentimiento de pecado y fe en Jesucristo (Marcos 1:15). El arrepentimiento inicial y la fe – la conversión – pueden ocurrir dondequiera, en el banco de la iglesia o en el bar.

2. Esta confusión engaña a las personas acerca de su estado espiritual. Alienta a las personas a pensar que han respondido al evangelio salvándose de corazón solamente porque han respondido al llamado externamente y le han pedido que haga una oración en el altar. Pero esto no es necesariamente cierto. Simplemente no es el caso que solamente porque alguien responde al llamado después del sermón, este ha respondido al evangelio en arrepentimiento y fe. Hebreos 6 advierte que existen personas que no solo no han respondido al llamado, sino que “es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero” quien, a pesar de estas pruebas aparentemente convincentes, no gustan “de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación” (Heb 6:4-5, 9; Para un tratamiento histórico, vea a Evangelicalism Divided Carlisle, PA: Banner Of Truth, 2000 de Iain Murray). En otras palabras, hay un tipo de experiencia espiritual verdadera del Espíritu Santo, un oír verdadero de la palabra, y aun una observación del poder de Dios, no obstante esto no es salvación. ¿No es esto también el punto de la parábola del Sembrador (Marcos 4:1-20)? El movimiento espiritual temporal, externo y emocional no necesariamente implica una conversión interna.

3. Esta confusión a menudo obscurece los requisitos del arrepentimiento y la fe. Esto es a menudo como las personas son conducidas engañosamente a pensar que son cristianos cuando de hecho no lo son. Miles de sermones han sido predicados que han fracasado para presentar el arrepentimiento y la fe (Marcos 1:15) como la forma no negociable de responder al evangelio en salvación. Entonces las personas reciben instrucciones de responder al llamado para “aceptar a Jesús” (un lenguaje no encontrado en ninguna parte de la Biblia), y son alentadas sobre esa base a sentirse seguras de su salvación y aun alentadas a unirse a la membresía de la iglesia local, nunca se les dice que deben arrepentirse de sus pecados y que deben creer en el evangelio si han de ser perdonadas. Y aun si el arrepentimiento y la fe fueron predicados en el sermón, a menudo a las personas que pasan al frente no se les advierte que ellos individualmente– deben arrepentirse de sus pecados y deben depositar su confianza en Jesucristo y deben llevar fruto bueno y duradero que confirme la autenticidad de su profesión inicial; (Mat. 7:15-27 Juan 15:8, 16). Solo son alentados a responder al llamado y “tomar una decisión por Cristo” o “aceptar a Jesús en su corazón”. Estas personas son así amablemente pero dañinamente engañadas en pensar que se salvan porque respondieron al llamado, hicieron una oración, y fueron recibidas en la membresía de una iglesia local en el acto. Sin arrepentimiento, sin fe, sin santidad confirmada – aunada a la falta de salvación.

4. Esta confusión alienta a las personas a basar su seguridad en un antiguo acontecimiento.  El caminar por el pasillo o la oración hecha se convierte en una piedra falsa de recuerdo que se evoca para asegurarse de ello a pesar de su falta de crecimiento o el estilo de vida manifiestamente pecaminoso. Pero la Biblia nos dice a nosotros que no basemos nuestra seguridad en una oración hecha o en el caminar por un pasillo en el pasado cada vez más distante. Nos dice que miremos nuestro amor presente y creciente hacia los demás (1 Juan 4:8,20)), la santidad presente y creciente de nuestros estilos de vida; (Mat. 7:15-27, 1 Juan 3:7-8, Heb 12:14), y la ortodoxia presente y creciente de nuestra doctrina (Gal. 1:6-9; 2 Tim 4:3; 1 Juan 4:2-3; 15). 

5. Esta confusión llevan a los falsos convertidos a una falsa seguridad en la membresía de la iglesia. Esto es terrible individualmente porque la persona piensa que él se salva pero no lo es.  Y es terrible colectivamente porque estos creyentes falsos son bienvenidos como miembros, comprometiendo la pureza de las listas de membresía de la iglesia y continuando en el pecado en maneras que comprometen la pureza del testimonio corporativo de la iglesia local en la comunidad. La iglesia es el programa de evangelismo de Dios (Juan 13:34-35). Darles la bienvenida a miembros no convertidos por el uso de métodos de evangelismo confusos es cederle el campamento al enemigo, haciendo del evangelismo algo más difícil.

6. El llamado al altar hace que la conversión parezca como una obra del hombre, cuándo de hecho es una obra de Dios. El arrepentimiento y la fe son dones de gracia que Dios otorga sobrenaturalmente, no por obras meritorias que los hombres realicen pasando al frente o haciendo una oración (Hechos 11:18; Efes 2:8-9; 2 Pedro 1:1).

7. El llamado al altar confunde a las personas con respecto a un lugar santo. Hace que la parte frontal de la iglesia parezca como el único lugar para verdaderamente “negociar” con Dios.  Pero una teología bíblica del lugar santo prohíbe tales nociones.  El interior de un edificio de la iglesia no es más sagrado que cualquier otro sitio ahora que Jesús ha resucitado y ha enviado a Su Espíritu en nuestros corazones. Mientras que la presencia de Dios solía ser localizada de manera representativa en el tabernáculo o en el templo del Antiguo Testamento, el nuevo pacto introduce al corazón de cada creyente a la presencia de Dios. Nuestros cuerpos humanos son los templos del Espíritu Santo, no nuestros edificios de la iglesia (1Cor 3:16-17; 6:18-20; Vea esp. 2 Cor 6:16). 

8. El llamado al altar confunde “el pasar al frente” con el bautismo. Confunde el “pasar al frente” como la profesión de fe pública inicial que Dios requiere.  Según la Biblia, el bautismo es la forma inicial en la cual nos identificamos nosotros públicamente con el pueblo de Dios (Mat. 28:18-20; Rom 6:1-6).

9. El llamado al altar distrae a los cristianos del punto central del servicio. La reunión semanal principal de la iglesia está dirigida a la edificación de los creyentes (1Cor 14:3, 4, 5, 6, 12, 17, 26). Pero llevar cabo el llamado al altar es a menudo para alentar al cristiano a aplicar el mensaje a los incrédulos y no a ellos mismos. En lugar de auto-examinar sus propios corazones, el llamado al altar a menudo deja a los cristianos examinar los corazones de otros – y salen afuera sintiéndose mejor de lo que debiesen acerca de sí mismos.

¿Pero nuestra reticencia para extender llamado al altar significa que nuestro celo evangelístico ha dejado de fluir? No. Siempre deberíamos invitar incrédulos a una relación con Cristo, ya sea en el domingo por la mañana en iglesia o en la tarde del sábado por los alrededores. ¡No limitemos nuestras invitaciones evangelísticas para los domingos al mediodía! Pero debemos ser precavidos en cómo los invitamos para que tanto nuestro mensaje y la respuesta requerida sea clara.

Al invitar a las personas a una relación con Cristo en el contexto de una reunión de la iglesia, primero debemos tener el cuidado de presentar el evangelio claramente – Dios, hombre, Cristo, respuesta. Dios es nuestro Creador santo y nuestro Juez justo. Todas las personas han pecado en contra de él, tanto en Adán como nuestro representante corporativo, y en nuestras vidas individualmente. Ese pecado merece muerte eterna – la separación de Dios en el Infierno. Pero Dios envió a Jesucristo a morir la muerte que merecíamos por nuestro pecado y nos reconciliemos con El. Y El requiere que nos arrepintamos de nuestros pecados – alejarnos de él – y creer en la divina justicia y el sacrificio substituto de Jesucristo. Cuándo los hacemos – y sólo entonces – Dios nos acredita la justicia de Cristo, y comienzan a llevar nuestro carácter en conformidad con Su Santidad.

Una vez que hemos presentado el evangelio claramente, necesitamos asegurarnos de que ninguna otra respuesta puede ser confundida con la respuesta correcta de la fe y el arrepentimiento verdadero, y perseverante. Para hacer eso, podemos necesitar suspender llamar a las personas al altar, o aun dejar de pedir la oración del pecador a las personas puesto que nunca encontramos a Pablo o a Pedro o a Jesús haciendo eso, ni ordenándonos a que hagamos eso. Si nuestra situación de la iglesia es tal que el pastor es incapaz de descontinuar tales prácticas sin hacer estragos en la unidad de la iglesia, entonces lo menos que debería hacerse es que el pastor explique públicamente que el pasar al frente o realizar una oración no deberían confundirse con la respuesta salvadora hacia el Evangelio. El arrepentimiento y la fe es la única respuesta de salvación – si importar si haya pasado al frente o haya hecho una oración.

Luego, sería sabio dirigir entrevistas individuales de membresía en las cuáles los miembros potenciales, los nuevos o antiguos convertidos, se les pide que den una explicación breve del evangelio y la respuesta correcta correspondiente, junto con algunas pruebas afirmativas de ese arrepentimiento en un estilo de vida piadoso en un período de tiempo. Esta práctica, a la vez potencialmente intimidante, lo vale, porque asegurará que los miembros potenciales hayan entendido y respondido al evangelio bíblicamente en salvación, y evidencia su sinceridad en un estilo de vida converso. Este cuidado los protegerá a las personas de un autoengaño espiritual, conservará la pureza de la membresía de la iglesia local, y protegerá la pureza del testimonio de la iglesia local en la comunidad al rechazar en la membresía a aquellos que no tienen el poder del evangelio para abandonar su pecado.

Para Lectura Adicional

Si a usted le gustaría leer más acerca del método en el evangelismo, vaya Mark 5 sobre Evangelismo en 9 Marks Ministries. Para más sobre el sistema de invitación, contacte a Christian Communicators Worldwide  para su folleto titulado Los Peligros del Sistema de Invitación, por Jim Ehrhard, o lea el folleto de Iain Murray titulado El Sistema de Invitación, publicado por Estandarte de la Verdad. Para un tratamiento histórico del método evangelístico y su papel en el movimiento ecuménico en los últimos 50 años, lea Evangelicalism Divided de Iain Murray (Carlisle, Pensilvania: El Estandarte de la Verdad, 2000). Si usted está interesado en las raíces históricas del sistema de invitación, lea Revival and Revivalism de Iain Murray (Carlisle, Pensilvania: El Estandarte de la Verdad, 1994).

Traducido por Armando Valdez

La Esperanza y el Dinero

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La Esperanza y el Dinero

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(Por John MacArthur)

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos (1 Tim. 6:17)

Un verdadero peligro que afrontan los cristianos estadounidenses es la tentación en centrar su esperanza en la incertidumbre de las riquezas. Basar su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, en lugar de Dios, es absurdo. Proverbios 11:28 advierte que “El que confía en sus riquezas caerá”. Proverbios 23:4–5 añade: “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.”

En vez de confiar en las riquezas, los creyentes deben centrar su esperanza en Dios, quien ricamente nos suple de todas las cosas para disfrutar. Dios provee mucho más seguridad que cualquier inversión terrenal. Salmo 50:10–12 describe Su riqueza incalculable: “Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud.” Dios no es un tacaño; Él ricamente suple a Sus hijos de todas las cosas para disfrutarlas. Eclesiastés 5:18–20 se lee:

“He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios. Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.”

La forma más alta de alegría para el creyente debe traer gloria hacia el Señor. La felicidad verdadera, entonces, se origina cuando los creyentes le prestan atención a las palabras de Jesús en Mateo 6:19–21:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Más tarde, en ese mismo pasaje, Jesús da la orden tres veces para no estar ansiosos (vv. 25, 31, 34). Cuando confiamos en Dios en lugar de las riquezas, no tenemos razón para preocuparnos.

El post de hoy es adaptado del comentario de John sobre 1 Timoteo. (Moody, 1995).

El Antídoto Divino Contra la Impureza Sexual

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EL ANTÍDOTO DIVINO CONTRA LA IMPUREZA SEXUAL

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Por

Albert N. Martin

Cuando el evangelio llegó al mundo greco-romano en el primer siglo, arribó a un mundo que estaba lleno de nocivo y amargo fruto del paganismo y de la adoración idolátrica. Una de las extensiones más abominables de este amargo fruto del paganismo fue la impureza sexual y la inmoralidad. Parte del ritual de adoración en muchos de los templos paganos involucraba entrar en actos sexuales ilícitos con aquellos que habían sido apartados para esta dimensión de la llamada “adoración de los dioses”.

Siendo estos los hechos, no debe sorprendernos la atención que se presta en el cuidado pastoral de la iglesia primitiva, como aparece en Hechos y en las epístolas, al tema de la impureza sexual. En otras palabras, en la mente de los apóstoles no existía la idea de que este problema de la inmoralidad, impureza y desviación sexual sería automáticamente resuelto doquiera que el evangelio se enraizara en el corazón de un hombre o en medio de un grupo de hombres y mujeres que se constituyeron en una iglesia de Cristo. Antes bien, ellos atacaron el tema directamente en el lenguaje más explícito y con una multitud de perspectivas por las cuales armar al pueblo de Dios para resistir la tremenda presión de avanzar en esta característica dominante de la vida y la religión pagana, llamada impureza sexual.

Por ejemplo, cuando hubo un concilio en Jerusalén en el que la iglesia y sus líderes se reunieron con los delegados de la iglesia de Antioquía, juntamente con los apóstoles, le envió un decreto a todas las iglesias. Estas eran las palabras que tenían que ir a las iglesias de todo el mundo greco-romano: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación [término general para cualquier forma de impureza sexua]; de las cuales cosas sí os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15:28-29).

Nos suena extraño que a estas iglesias infantes se tuviera que dirigir una regulación, no sólo acerca de la libertad cristiana y cosas indiferentes (carne ofrecida a ídolos, animales estrangulados), sino que también necesitaban una directriz específica con respecto a la prohibición de la fornicación. Se tenía que mandar un mensaje a todas las iglesias para que se abstuvieran de la impureza sexual. Tan torpe se habían convertido las conciencias de los hombres de esa generación como fruto de la religión pagana y de la adoración de los ídolos, que el concepto de que la impureza sexual es algo ofensivo a Dios se había borrado de la conciencia de ellos.

Más aún, vemos en un pasaje como 1 Tesalonicenses que aunque Pablo estuvo en la ciudad por un breve tiempo (aproximadamente tres semanas), una de sus notas dominantes mientras estuvo allí dando instrucciones prácticas en cuanto a los frutos del evangelio fue este tema:

“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor (4:1-4).

Vemos que Pablo no se pasó de fastidioso hablando de este tema; no tomó el punto de vista de que el asunto iba a surgir automáticamente bajo la impresión general y el poder del evangelio; antes bien, y como ya hemos indicado, enfrentaron el tema directa y explícitamente.

En un sentido muy real, nosotros, en esta civilización occidental del siglo XXI, hemos degenerado al nivel de las antiguas perspectivas y prácticas paganas como existían en el mundo greco-romano del primer siglo. Y por tanto, como pueblo de Dios, necesitamos desesperadamente tener nuestras mentes y perspectivas apegadas a las Escrituras en este tema de la pureza sexual. Por un lado, todo el sistema del mundo está en contra del criterio de Dios, y no necesito hablar de los detalles para demostrar esa declaración. Vivimos con las evidencias innegables de la verdad de esa aseveración. Sin embargo, al reaccionar en contra de la impureza del mundo, la iglesia del primer siglo fue vulnerable a una perspectiva igualmente impía: el ascetismo. Somos siempre víctimas de los extremos, y en la reacción en contra del hedonismo y la entrega a la sensualidad en el primer siglo, una de las primeras herejías calificada como “doctrina de demonios” fue la idea de que la sexualidad humana era esencialmente impura y que el camino para ser santo era vivir por encima de la expresión de la sexualidad. Por ende, desde una perspectiva pastoral he estado interesado en dirigirme a ustedes con este tema para que nosotros, como pueblo de Dios, podamos estar armados con todo principio y motivación bíblicos posibles que nos guarden de ser absorbidos por la arrolladora corriente de la inmoralidad en nuestros días, y que podamos, por el otro lado, ser guardados de la perspectiva que igualmente deshonra a Dios llamada el ascetismo, que nos introduciría en las llamadas doctrinas de demonios que rebaja todas las facultades y apetitos que Dios nos ha dado.

Si les preguntara cuál es el gran capítulo del amor, espero que ustedes me refirieran a 1 Corintios 13. Si les preguntara cuál es el gran capítulo de la resurrección, espero que me dijeran, 1 Corintios 15. Si fuéramos a hablar del capítulo que traza el panorama de la salvación desde la elección hasta el sello del Espíritu, espero que supieran que es Efesios 1. Pero si les preguntara qué sección de la Palabra de Dios es la cuenca más rica en el NT sobre principios que nos guarden de la impureza sexual, ¿cuál sería su respuesta? Confío que su respuesta sería 1 Corintios 6:12-20. Esta es la destilación más rica de la mente del Espíritu de Dios con referencia al tema de la pureza sexual.

En esta sección de su Palabra, Dios nos da una gran colación de los principios que de ser guardados siempre en oración ante nosotros, pueden ser usados por Dios para ayudarnos a alcanzar una vida de pureza en medio de una época impura.

Cuando Pablo escribió este pasaje, no lo hizo en el vacío. Todo lo que dijo en este capítulo con respecto a cómo podemos huir de la fornicación está unido a la doctrina general de la sexualidad humana. Todas las cosas específicas de los versículos del 12 al 20 encajan dentro del marco general de la enseñanza bíblica respecto a la sexualidad humana. Por ello debemos ver, aunque sea brevemente, este marco general, para así evitar tener una visión distorsionada de lo que el apóstol está diciendo en este pasaje.

TRES REALIDADES FUNDAMENTALES SOBRE LA SEXUALIDAD HUMANA:

Pablo asume tres realidades fundamentales sobre la sexualidad humana:

1. Nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, se origina en Dios y no en el diablo.

Esto lo sabemos de los primeros capítulos de Génesis.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo” (1:27).

Todo lo que está incluido en la masculinidad y feminidad, con toda la capacidad del placer sexual, se originó en la mente de Dios y vino a existencia por la actividad creadora de Dios. Y por ende, el primer capítulo concluye con estas palabras: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (v. 31). Esto incluye al hombre como hombre, con su masculinidad distintiva y sus capacidades masculinas distintivas para el placer sexual, e incluye a la mujer en toda su feminidad y toda su capacidad para el placer sexual. De ello Dios dijo: “Es bueno, me gusta lo que he hecho”.

Si nosotros no comenzamos cualquier discusión de la pureza sexual con este punto, terminaremos en algún error en el camino. Nuestra sexualidad tuvo su origen en Dios y no en el diablo. Esto que leímos en Gn. 1:27 es precisamente amplificado en el capítulo 2. Dios vio al hombre en toda su masculinidad sin su contraparte y dijo: “Le haré ayuda idónea para él” (v. 18). Obviamente Dios hizo a Adán con sus órganos sexuales y su capacidad para el placer sexual; y cuando dijo que iba a hacer su contraparte, no hizo una criatura asexual o andrógena, hizo una mujer con todo lo que constituye una mujer, incluyendo su sexualidad distintiva y capacidad para el placer sexual.

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó al hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (vv. 22-25).

Ellos se vieron a sí mismos como habiendo venido de la mano de su creador en toda la sexualidad plenamente desarrollada de masculinidad y feminidad. Más aún, el relato de la creación no termina poniendo una cortina sobre ellos por su desnudez, sino quitándola. Y esta es la última palabra de la creación prístina y gloriosa: que Adán y Eva se amaban maritalmente sin avergonzarse, y Dios aún sonriendo dijo: “Es bueno, me gusta lo que he hecho”.

Permíteme preguntarte: ¿Tienes algún problema con eso? ¿Te sonrojas y arden tus oídos al escuchar al predicador hablando de esa manera? Todo lo que he hecho es exponer la Biblia brevemente. Si eres más quisquilloso que Dios, necesitas ordenarte; en algún punto tienes manías en tu sique y en tu forma de pensar sobre la dignidad y, reverentemente añado, la majestad de la sexualidad humana.

Todo lo que Pablo dice para ayudarnos a huir de la fornicación en 1 Corintios 6 asume este primer elemento del mayor general de la enseñanza bíblica: que nuestra sexualidad, incluyendo nuestra capacidad para el placer sexual, tiene su origen en Dios y no en el diablo. Por tanto, nunca debemos tomar la posición de que el placer sexual es sucio y malo o que es el trato necesario para preservar la raza humana.

En la medida en que ustedes, jóvenes, crecen y se desarrollan, Dios ha ordenado que las muchachas lleguen al punto que digan: “¡Varones, mm!” y los muchachos: “¡Hembras, mm!” Esa percepción y deseo en desarrollo hasta su cumplimiento en la intimidad sexual que emerge de su sexualidad humana, no viene del infierno, ni del abismo, ni del diablo. Viene de Dios, que te hizo a su imagen y semejanza.

2. El Dios que nos concibió en su mente y nos creó con nuestra sexualidad es el único que tiene el derecho de regular sus funciones legítimas.

Antes que el pecado entrara, el hombre no tenía la libertad de regularse por sus impulso y anhelos. Dios les ordenó con revelación proposicional explícita: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Gn. 1:28). Ellos debían tener intimidad sexual, concebir y tener hijos por mandamiento divino. En el capítulo 2 se presenta que fueron unidos en la intimidad total de la unión sexual por la misma mano de Dios. Él es el único que tiene derecho de regular las funciones legítimas de nuestra sexualidad. No debemos regular sus funciones por el consenso de la sociedad ni la opinión de los llamados “expertos”. Él ha expresado claramente, tanto en los relatos de la creación como en la economía mosaica, que él tiene el derecho de regular la actividad sexual del hombre. Vemos en todas las regulaciones levíticas cómo Dios metía sus narices en toda la vida sexual de su pueblo, dándoles directrices específicas sobre muchos detalles acerca de cómo debían conducirse. Muchas de esas cosas no tienen aplicación para nosotros; eran parte de su sistema de tipos y sombras. Pero el principio es éste: Cuando Dios hizo pacto con su pueblo, él dice que parte de ese arreglo pactual es: “Yo tengo el derecho de regular los detalles de sus actividades sexuales”. Por eso vemos en el decálogo la expresa prohibición: “No cometerás adulterio” (Ex. 20:14). Solo el Dios que nos hizo tiene el derecho de regular las funciones legítimas de nuestra sexualidad.

3. El Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea consumada gozosamente en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio.

Pablo presenta esto abundantemente claro en 1 Corintios 7. Comienza diciendo que “el marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido” (v. 3). Debe haber respeto de las necesidades mutuas. Dentro de los límites del matrimonio tiene que haber esa autoentrega frecuente que satisface esas necesidades.

“Sea bendita tu fuente, y regocíjate con la mujer de tu juventud, amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (Pr. 5:18-19; Biblia de las Américas).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla” (He. 13:4)

La Escritura enseña claramente que el Dios que creó nuestra sexualidad generalmente tiene el propósito de que sea gozosamente consumada en deliciosa autoentrega dentro de los límites del matrimonio. Si tienes problemas con mis palabras, hay algo extraño en tus pensamientos sobre la sexualidad humana. ¡Gozosamente consumada! No el mero cumplimiento de un deber para que el hombre no vaya a otra mujer. Esa es la perspectiva de algunas mujeres cristianas: “Si me quieres, aquí estoy, así que si vas y persigues a otra mujer, no me culpes”. Ese no es el concepto de la Biblia. Lee Cantar de los Cantares, y también Proverbios 5.

Dije también “generalmente”. Algunas veces nuestra sexualidad debe ser sublimada en soltería impuesta sobre nosotros por la providencia divina. Algunas veces debe ser subyugada para fines más elevados (1 Corintios 7 habla de esto). Por eso hablé de “generalmente”. Usé mis palabras cuidadosamente y con propósito.

Con esos conceptos fundamentales condicionando todo lo que sigue, comencemos a considerar siete trompetazos que nos llaman a una vida de pureza sexual. Para cambiar la ilustración, miremos a las siete murallas que por la gracia de Dios podemos construir a nuestro alrededor para mantenernos limpios de una vida de impureza sexual.

SIETE MURALLAS CONTRA LA IMPUREZA SEXUAL:

1. Debo tener la convicción de que un patrón o estilo de vida de impureza sexual me excluirá del cielo.

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:9-11).

“No os dejéis engañar”, cualquiera cuyo estilo de vida esté marcado por impureza sexual de cualquier tipo está excluida del cielo. ¿Cómo podemos permanecer firmes? Tenemos que poseer esta convicción grabada en la profundidad de nuestra alma por el poder del Espíritu Santo: El patrón o estilo de vida de impureza sexual, me excluirá del cielo y me arrojará al infierno. Debes comenzar con este principio fundamental.

Pido a los jóvenes que me escuchen. Todos a su alrededor están diciendo: “Todos lo hacen; no hay nada de malo en ello”. Alguno dirá: “Si el predicador está enseñando que mi sexualidad es un don de Dios y que no es sucio, ¿por qué debo esperar cuatro, cinco, seis, ocho y diez años hasta que Dios me dé un esposo o una esposa?” Te diré por qué – porque el Dios que te hizo dice que debes hacerlo. Si te entregas a un patrón de impureza sexual y continúas impenitente en ese estado, éste te llevará directamente al infierno.

Cuando ustedes, muchachos, llenos de curiosidad sobre cómo luce una mujer, vayan a la tienda a buscar algo para sus padres, y vean esas revistas satinadas con mujeres, ¡no se acerquen a esa suciedad y asquerosidad! Escuchen a su pastor. Ese puede ser el primer estirón de brazo, la primera visión de pornografía que puede ser el anzuelo con que el diablo puede eventualmente atarte con cadenas y causar que tenga una vida cristiana miserable. Aun si no eres cristiano, dí “¡no! no tengo nada que ver con ello.” Huye de eso como si huyeras del infierno mismo.

Si alguien se acerca a ustedes, muchachas, y les dice: “Mira, esta novela romántica es tremenda, debes leer esto” – novelas llenas de descripciones de besos apasionados y todo lo demás, que parecen tener romances inocentes; no es así, están calculadas para despertar en ti deseos y apetitos que están empezando a emerger en tu mente, alma y cuerpo juvenil; y no debes tenerlos despiertos, porque así te harás más vulnerable. Oh, jóvenes y preciosas vírgenes, deseo que tengan el gozo que mi hija tendrá dentro de veinte días, parándose ante la iglesia como una virgen pura para entregarse a su marido. Deseo que tus padres sientan el gozo que tendrá al entregar una hija que ha sido guardada. Eso no quiere decir que los de ustedes que pasaron por el camino del libertinaje son rechazados por nosotros. El próximo versículo dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (v. 11). Hay algunos de aquí que dirán: “Oh, si hubiera oído esa advertencia antes. Fui ciado en un hogar en el que se me decía que el sexo es sucio, y en mi curiosidad y pubertad me metí en cosas en las que nunca debí meterme. No puedo dar marcha atrás. ¿Hay esperanza para mí?” Sí, había corintios que llegaron a introducirse en los templos y participaron de esa adoración de los dioses paganos donde hombres se asociaban con prostitutas del templo: mujeres con mujeres, mujeres con hombres. Había personas sentadas en la iglesia cuando Pablo escribió la epístola que sabían muy bien en qué consistía esa adoración pagana. “Y esto erais algunos”.

Y si en este momento está inmerso en un curso de impureza sexual de cualquier tipo, escucha: “No os dejéis engañar” (Biblia de las Américas). No te dejes engañar por lo que el mundo está diciéndote: “Todo está bien”. No te dejes engañar por lo que muchas llamadas iglesias cristianas están diciéndote: “Todo está bien”. Las preferencias sexuales no son un asunto de libertad. El curso de actividades sexuales contrarias a la voluntad de Dios sin arrepentimiento te llevará directo al infierno. Necesitamos cargar nuestras conciencias con esa verdad día tras día. Nunca la quites de tu conciencia hasta que llegues al cielo. Allá podrás no temer de la impureza sexual. Pero hasta que llegues allá, continúa cargando tu conciencia con esa verdad. Pablo sabía que los corintios la necesitaban; y estaba escribiendo a una iglesia de personas que profesaban ser discípulos.

No jueguen, jóvenes. No digan: “Yo sé hasta dónde llegar”. Si comienzas a jugar con tus pasiones y a debatir con tus hormonas, vas a perder el debate; y todo lo que obtendrás será una conciencia sangrante y la pérdida de la pureza, y en muchos casos, una esclavitud miserable. Si tuviera libertad de hablarte sin vergüenza ni indiscreción, no creerías lo que puedo narrarte sobre lo que he tenido que escuchar en mi estudio en el curso de los años, sobre la horrible esclavitud de la pornografía y perversiones de todo tipo. Le he dicho más de una vez a mi esposa: “Oh, querida, si pudiera regresar a la inocencia de mis veinte”. El cuarto de consejería ha sido una horrible educación sobre lo que pasa cuando los cristianos se descuidan y no cargan sus conciencias con esta tremenda verdad fundamental. “Ese camino lleva al infierno. Yo voy al cielo. No voy a caminar en él, ni a mirar en su dirección, ni a jugar con él; le daré la espalda. Mi rostro mira a Dios, a Cristo, al cielo, a la pureza y a la santidad”. Como hombre casado puedo disfrutar a plenitud la gozosa entrega del amor marital santificado. Como mujer cristiana puedo disfrutar la gozosa entrega de amor con el esposo que Dios me dio. Y si estoy desprovisto en este momento de un esposo o esposa, puedo conocer la consoladora promesa de Dios: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Co. 10:13, Biblia de las Américas).

Nadie necesita ser sexualmente impuro por la razón de que tenga impulsos sexuales. El camino a la pureza no es negar la realidad de esos impulsos; es encontrar gracia en Jesucristo para encausarlos por los canales ordenados por el Dios vivo.

2. Debo tener la convicción de que mi cuerpo, incluyendo mis partes y capacidades sexuales, existe para el servicio del Señor.

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Co. 6:12-13).

Algunas personas dicen: “Tengo un estómago; le da hambre; Dios hizo los alimentos para satisfacer esa necesidad, por ello las viandas son para el vientre y el vientre para las viandas. Así también tengo un cuerpo, el cual tiene apetitos y capacidades sexuales, por tanto tengo que satisfacer esos apetitos del modo que yo escoja, ¿no es así?”

“No”, dice Pablo. Ese paralelismo es incorrecto. El cuerpo no se hizo para la impureza sexual, sino para el servicio de Dios, y el Señor es para el cuerpo. El paralelismo no es apetito sexual-fornicación, fornicación-apetito sexual, sino apetito sexual canalizado para el servicio del Señor y el Señor comprometido con el cuidado y la preservación del cuerpo, incluyendo sus partes y capacidades sexuales. ¿Y cómo sabemos eso? “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder”

(v. 14). A Dios le servimos en el cuerpo ahora y en el mundo venidero. De lo que sé de las Escrituras, nuestro cuerpo no es para la fornicación, sino para el servicio del Señor.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1)

¿Le has dicho al Señor: “Oh, Señor Jesucristo, quiero que este cuerpo sea para tu servicio. Quiero que todas sus facultades, capacidades, fuerza y energía se gasten haciendo tu voluntad”? No pongas entre paréntesis tus facultades sexuales. No debemos pensar como paganos, sino como cristianos. Presenta todo tu cuerpo. Debes tener la convicción de que tu cuerpo, incluyendo sus capacidades y órganos sexuales, existen para el servicio de Dios. Encontrarás como un gran medio de la gracia el desarrollar el hábito cada día de consagrar ante él todos los miembros de tu cuerpo, especialmente a la hora del baño, estando en completa desnudez entre tú y Dios. “Señor, toma mis ojos; que sólo miren las cosas que te agradan. Toma mis oídos; así como los limpio ahora con agua y jabón, límpialos de todo lo que han escuchado que no debieron. Toma mis manos para que hagan tu voluntad”. Y así presentas a Dios todo lo que eres y desarrollas el pensamiento de que el cuerpo sirve para el servicio de Señor, incluyendo sus capacidades sexuales.

¿Pueden ver, jovencitas, qué gran incentivo es éste para que se mantengan puras? Puede que un joven empiece a mostrar interés en ti; y quizás él no esté bien instruido en las Escrituras. [La gracia no niega la existencia de las hormonas]. Cuando él vaya a tomar libertades que no le son debidas, dile con misericordia: “Juan, Pedro, Miguel (cualquiera sea su nombre)…este cuerpo existe para el servicio del Señor. Esas partes que tú deseas tocar y tentar son territorio prohibido. Están guardadas para la hora en que en el servicio a Cristo pueda entregarlas gozosamente al hombre que Dios me dé como esposo”.

¿Has encontrado eso ofensivo? ¿Encuentras chocante que alguien te hable así en una asamblea cristiana? A Pablo aparentemente no. Porque en el contexto de urgirles a huir de la fornicación, les dio este tremendo segundo incentivo; el conocimiento y la convicción de que sus cuerpos, incluyendo sus partes sexuales, existen para el servicio del Señor.

¿Ven lo contrario que es esto al pensamiento del mundo? El mundo dice: “Ese cuerpo es mío; es mi propio terreno de juego, y es asunto mío el cómo lo use”. Esa es la filosofía del mundo; pero no es cierta. Dios hizo el cuerpo; es su dueño por creación, y como dice al final del pasaje, le pertenece a Dios por redención. Necesitas pensar como Dios dice que eres en realidad.

3. Debo tener la convicción de que mi unión con Cristo incluye mi cuerpo, y que no es cancelada ni suspendida en una experiencia sexual ilícita.

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo” (v. 15).

Pablo está aseverando y asumiendo que la doctrina de la unión del creyente con Cristo incluye el cuerpo. Tú y yo, que somos el pueblo de Dios, unidos a Cristo por la fe, estamos unidos a él en la totalidad de nuestra humanidad – cuerpo y alma – de una forma que no podemos entender ni expresar con precisión. Nota lo que Pablo dice: “¿No sabéis que vuestros cuerpos [incluyendo esas partes que son empleadas en las relaciones sexuales] son miembros de Cristo?” ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo [los que están en unión con el puro y santo Hijo de Dios en el privilegio redentor] y los haré miembros de una ramera?” ¡Tal pensamiento es detestable! Cuando un creyente tiene una experiencia sexual ilícita, su unión con Cristo, incluyendo su cuerpo, no es cancelada ni suspendida. Ese es el horror de la impureza sexual. Cuando un creyente cae en este tipo de pecado, una de las marcas de su caída es que él quitó deliberadamente en su mente el pensamiento de esta realidad.

El tener tal pensamiento ante nosotros nos impedirá entrar al templo pagano, pasar quince minutos con las prostitutas y quitarnos los miembros de Cristo y hacerlos miembros de una ramera. Alimenta tu alma de la realidad de tu unión con Jesucristo. Es sólo cuando te olvidas de esa realidad que eres vulnerable a los pecados de la impureza sexual.

4. Debo tener la convicción de que no existe la actividad sexual casual y sin compromiso.

“¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”

(vv. 16-17).

No olvidemos las implicaciones. La idea del sexo recreativo, casual y sin compromiso no es algo que comenzó ahora; es una reversión del concepto greco-romano que regía en los días de Pablo. Pero su enseñanza aquí enfatiza que tal cosa no existe. Si pasas quince minutos con las prostitutas del templo, vienes a ser un solo cuerpo con ella; se efectúa una atadura misteriosa con esa intimidad sexual.

¿De dónde sacas eso, Pablo? Lo obtuve de la institución original de la sexualidad humana en Génesis

2:24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Cuando dos personas, en compromiso mutuo, consumen, celebran y demuestran sacramentalmente ese compromiso en el acto sexual inicial, esa es la consumación del matrimonio; y dentro de la relación matrimonial cada encuentro sexual entre el esposo y la esposa debe ser una afirmación de ese contexto total.

Pablo, al repetir la última frase, está diciendo que aun la intimidad sexual que se sostiene fuera del contexto del compromiso mutuo de por vida, no niega de ninguna manera el nivel misterioso que está involucrado en la intimidad sexual. Si vamos a ser guardados de la presión que nos rodea en el área de la inmoralidad sexual, debemos tener la convicción de que no hay tal cosa como actividades sexuales recreativas, casuales y sin compromiso. Tal cosa es imposible.

Queridos jóvenes, escúchenme. Hay muchos adultos en esta congregación que hubieran deseado creer esto antes de creer en la mentira de que podían dar rienda suelta al sexo recreativo, casual y sin compromiso, porque los fantasmas de esas intimidades estarán con ellos hasta la tumba. Y aunque sepan, el v. 11, que han sido lavados, santificados y justificados, nunca pueden borrar a plenitud los remanentes de la unión que ocurre en las intimidades sexuales ilícitas, porque Dios ha ordenado que esas relaciones nunca sean recreativas, casuales y sin compromiso. Y no hay libros ni charlas que puedan cambiar esa institución divina.

5. Debo tener la convicción de que la impureza sexual es una forma única de autodestrucción.

“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (v. 18).

La declaración “cualquier otro pecado está fuera del cuerpo” no debe ser tomada en abstracción como una aseveración absoluta. La codicia no es cometida fuera del cuerpo, sino en el corazón. El orgullo, la envidia y los celos no están fuera del cuerpo. Lo que creo que Pablo está diciendo es que toda forma de pecado que sea de manera particular un pecado fuera del cuerpo, viene de fuera del cuerpo. ¿Cuáles son esos pecados? Las borracheras, ese pecado que hace tanto daño al cuerpo, vienen de fuera del él. La Biblia pone la glotonería en el mismo tipo de pecado que la borrachera, y lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Las personas cavan su propia tumba con los dientes, por los resultantes paros cardíacos, hipertensión arterial y todos los demás frutos físicamente destructivos de la glotonería. Pecan contra sus propios cuerpos por la comida que viene fuera de éste. La glotonería es altamente destructiva para el cuerpo.

Pero lo que Pablo está diciendo es que, entre los pecados que destruyen el cuerpo, el de la impureza sexual es único. Son sus propios apetitos y órganos sexuales los que involucrados en un uso ilegítimo se convierten en su propia destrucción. Las mismas capacidades dadas por Dios vienen a ser nuestros asesinos y destructores.

Salomón advirtió a su hijo de uno de los resultados de acercarse a una ramera: su cuerpo quedaría consumido (Pr. 5:11). No se puede hablar de las “víctimas” del sida, la gonorrea y la sífilis, sino de los justos recipientes del juicio de Dios. Amigo, aunque no seas cristiano, es de tu interés personal evitar la impureza sexual. Y si tú, hijo de Dios, quieres, al igual que Pablo, que Cristo sea magnificado en tu cuerpo, debes orar para ser librado de la impureza sexual.

6. Debo tener la convicción de que mi cuerpo es el santuario mismo de Dios por un acto soberano de la gracia y el poder de Dios.

“O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios?” (v. 19a)

En este versículo hallamos dos verdades: (a) El cuerpo es el santuario mismo de Dios, y (b) éste ha sido constituido así por la actividad soberana y la gracia de Dios.

Cuando Dios intervino redentoramente en nuestras vidas no dijo que habitaría en todo nuestro cuerpo, excepto en las partes privadas y órganos sexuales. El Espíritu Santo mora en la totalidad de tu humanidad redimida; el cuerpo es convertido en el santuario de Dios. Dondequiera que vayas, allí va Dios, porque eres el lugar de su morada. Él ha prometido que habitaría en el corazón del humilde y contrito de espíritu. La bendición que corona el nuevo pacto es que quitaría nuestro corazón de piedra, nos daría uno de carne y colocaría su Espíritu dentro de nosotros. ¿Y de quién obtuvieron esto? “El cual tenéis de Dios.” Esto es así porque Dios vino a ti cuando tu cuerpo y alma no eran otra cosa que el santuario y hogar de las influencias demoníacas del paganismo. “Esto erais algunos”, con sus cuerpos y almas ardiendo con pasiones ilícitas; entregados a un curso de autodestrucción que les dirigiría al infierno. ¿Y qué pasó? Dios hizo que el evangelio llegara a ustedes, abrió sus ojos enceguecidos y sus sordos oídos, y les capacitó para abrazar a su Hijo, y al hacerlo, puso el Espíritu de adopción dentro de ustedes, “el cual tenéis de Dios”, en gracia y misericordia.

¡Qué profanación tan horrible del templo santo! ¿Ven cómo la motivación de la gracia es más poderosa que cualquier mandamiento? El apóstol hubiera podido simplemente presentar las implicaciones del séptimo mandamiento, pero no hace eso. Utiliza un antídoto lleno de motivaciones evangélicas y realidades redentoras.

Tú y yo necesitamos aprender a vivir con esa convicción; decirnos a nosotros mismos cada mañana al levantarnos; “Este cuerpo es el santuario de Dios, y es así por la gracia soberana de Dios”.

7. Debo tener la convicción de que mi cuerpo, incluyendo mis órganos sexuales, es la propiedad adquirida de Cristo.

¿… Y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio” (vv. 19b-20a).

Ahora Pablo toma la cruz y la planta justo en medio de este problema de inmoralidad en Corinto. “No sois vuestros”, no solamente porque fueron creados por otro, sino porque fueron comprados. Tal es el lenguaje de la redención. El precio nos lo dice Pedro: “No con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

El apóstol les dice: “¿Cómo podéis acercarse al templo donde están esas prostitutas, ustedes que invocan a Cristo?” En lenguaje actual; “¿Cómo podéis estar en el asiento trasero de un automóvil y utilizar sus cuerpos como terreno de juego?”

O tú, hombre de negocios, ¿cómo puedes convencerte de tener sexo recreacional ante la excusa de que “Dios entiende que todos los hombre tienen necesidades”? ¿Cómo puedes hacerlo, sabiendo que todo lo que eres es propiedad del Dios encarnado? ¡Qué implicaciones tiene esto!

Jóvenes, entienda esto: la gracia no neutraliza las hormonas. La gracia batalla contra el pecado, no contra la naturaleza. Cuando en la providencia de Dios tienes el privilegio de comenzar a desarrollar una relación con un joven o una joven, y encuentran que sus intereses comunes son el deseo de agradar a Cristo; y entonces comienzan a ver que hay otros intereses comunes por los que se atraen, es inevitable (a menos que por algún lado haya un corto circuito y algo tenga que ser enmendado) que habrá una búsqueda por los primeros niveles de intimidad: el tocarse, agarrase las manos, los brazos, los besos. Luego surgirán los anhelos por plenas y largas expresiones de intimidad. ¿Qué es lo que les librará del sexo prematrimonial? El hecho de que seas cristiano no es una garantía en sí misma, porque hubo cristianos en Corinto que cayeron en este pecado. Lo que te librará, por la gracia de Dios, será esta convicción: SOY PROPIEDAD REDIMIDA DE CRISTO.

Cuando el joven, en su debilidad, permite que sus deseos naturales dados por Dios se exceden de los límites de una conducta decorosa y comienza a manosear donde no debe, tu responsabilidad es decirle: “Juan, Pedro (cualquiera sea su nombre), tú sabes que creo haber empezado a amarte, y que busco a honrar a Dios en nuestra relación, lo que buscas tocar no es tuyo ni mío, estos senos fueron comprados en la cruz de Cristo para ser guardados hasta el día de bodas, cuando pueda con gozo presentárselas a mi esposo; y si ése eres tú, quiero ser capaz de hacerlo con buena conciencia. Son propiedad de Cristo; no tengo ningún derecho de dártelos”.

Y si una joven te dice; “Tú no confirmas tu amor en la manera en que los otros lo hacen”. Necesitas decirle a la jovencita María: “No hay nada que ame más que abrazarte, besarte y tocarte, pero mis manos no son mías, fueron compradas por precio. Mis labios no son míos, fueron comprados por precio. Y los estoy preservando conforme a las directrices del dueño, hasta que los pueda entregar a la esposa escogida de Dios. Y hasta ese día no voy a violar los derechos del dueño.”

¿Suena eso cruel e irracional? ¿De qué otra forma podemos interpretar el pasaje? “No sois vuestros”. ¿Cuál es el contexto? No es una lección general sobre santificación o dedicación, sino el del antídoto contra la impureza sexual. Es el reconocimiento de que no soy mío, de que fui comprado por precio, lo que Dios utiliza para preservarme. Eso es lo que guardará a una pareja a través de todas las vicisitudes de una larga vida juntos, aun cuando es perfectamente posible que parejas felizmente casadas experimenten infatuación con otras personas y tener las hormonas procurando profundamente “carne extraña”. La gracia no te inmuniza contra ese fenómeno peculiar llamado infatuación.

¡Cuánto se necesita tener la convicción de haber sido comprados por Cristo en esta generación que piensa que si algo se desea entonces es correcto! Una vez me haya comprometido con un esposo o esposa, debo mantener sagrada toda dimensión de erotismo para ser canalizada sola, total, plena y gozosamente a mi esposo o esposa, pero a ellos y sólo a ellos. No debe haber fantasías de la mente dirigidas a ninguna otra mujer u hombre, NADA QUE CONLLEVE ESTIMULACIÓN ERÓTICA. Todo debe ser guardado 100% al cónyuge dado por Dios.

Planta la cruz en medio de tus hormonas y ora que Dios haga que la cruz crezca y florezca en medio de ellas.

CONCLUSIÓN

Este es el antídoto Pablo ofrece con sus siete ingredientes mezclados. Y en medio de ellos incluye dos imperativos: uno es negativo y el otro positivo. En el v. 18 dice: Huid de la fornicación”. Algunas partes de la Biblia nos llaman a resistir ciertas cosas. Pero cuando se habla de impureza sexual, Dios dice CORRE. Ni siquiera permanezcas debatiendo el asunto. Conocemos el ejemplo clásico: José. Creo que fue en cierto modo ingenuo. La primera vez que la esposa de Potífar le sugirió algo, debió ir donde su esposo y decirle: “Tu mujer puso sus ojos en mí, y antes de que algo suceda y quede atrapado en una situación embarazosa, habla con ella o trasládame a otro lugar”. Creo que fue ingenuo en dejar que las cosas pasaran día tras día tras día. El hecho es que no sucumbió; huyó y fue puesto en prisión. [Es mejor ir a la prisión con una buena conciencia que caer en el corazón de una relación ilícita, porque la Escritura dice que el pecado te seguirá y te hallará]. “El que encubre sus pecados, no prosperará” (Pr. 28:13). Huye de la impureza sexual – eso incluye todo lo que alimente los deseos eróticos.

Alguno dirá: “Pero es que si huyo de todo, la gente pensará que estoy loco. Ni siquiera podré ver televisión, porque encuentro que hasta los comerciales son eróticos. Me avergüenzo aun decírselo a mi esposa”. Amigo, avergüénzate y díselo, si así tienes que hacer lo que la Biblia dice de huir de la fornicación: “No puedo ni siquiera ver la revista Time. Pues no lo veas. No andes quejándote de tus fracasos, ¡huye de la fornicación! Si tienes que evitar personas, evítalas. El hecho es que el antídoto de este texto sólo funciona mientras se está corriendo.

Huir es el mandamiento negativo. El apóstol concluye entonces en el positivo: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”. No es suficiente llegar simplemente al final de la semana y decir: “Lo logré, ninguna fornicación”. Debe ser un compromiso positivo con la glorificación de Dios en mi cuerpo. La mejor manera de vencer un pecado es encaminarnos en dirección opuesta por la senda de justicia. El que tenga ese compromiso será el menos vulnerable a las actividades sexuales ilícitas.

Glorificar a Dios en nuestro cuerpo significa que aceptamos la descripción divina del origen de nuestra sexualidad. No nos avergoncemos de ella. Si no tienes la visión divina de la sexualidad no vas a presentar el asunto en oración a Dios. Te avergonzaría el hacerlo.

Preséntale tu cuerpo como un sacrificio vivo (Ro. 12:1). Preséntale tus mismos miembros a Dios (Ro. 6:19). Desde la cabeza hasta los pies, presenta toda la facultad en consagración sagrada y pídele que guarde tus miembros de ser utilizados para la injusticia. Eso es lo que significa glorificar a Dios en el cuerpo.

Si eres casada, harás lo que dice en 1 Corintios 7 y Proverbios 5, con gozo te entregarás a tu marido, porque eres un gran preservativo contra la impureza sexual, y si retienes lo que le es debido, vivirá en vulnerabilidad.

E igualmente ustedes, maridos, aprendan a entender las necesidades de la esposa. Comunícate con ella con respecto a su sexualidad. ¿Estás satisfaciendo sus necesidades? Discute esto libre y abiertamente; oren juntos sobre ello. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos.

A los que no están casados, vayan a Dios y digan: “Señor, me hiciste con estos deseos y apetitos, pero en tu providencia no me has dado el canal de la realización normal. Dame gracia para contenerme y ser puro. Dame gracia para no aceptar la filosofía del mundo”. Eso es lo que significa glorificar a Dios en tu cuerpo.

Esto que hemos visto es la aplicación del evangelio al problema de la impureza sexual. Enfatizo esto porque si no eres cristiano, si no eres alguien en quien mora el Espíritu Santo, si no eres unos a quien el pensamiento de Cristo crucificado es una fuerte motivación para resistir todas las presiones del mundo y de tu propia carne, hay pocas probabilidades de que puedes mantenerte sexualmente puro en esta era. Si un creyente necesita todas las motivaciones y dinámicas del evangelio para poder hacerlo, ¿qué esperanza hay para ti si no eres cristiano? Huye a Cristo para que seas de él, para que puedas ser guardado del estilo de vida que te llevará al infierno.

Y tú, hijo de Dios, “el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Si piensas que no necesitas todos los ingredientes de este antídoto, Dios te puede hacer aprender hasta las amarguras de tu alma lo insensato que eres. Que Dios nos ayude a brillar como luz en medio de una generación inmoral, mostrando que el antídoto de Dios es suficiente para guardarnos puros en una época impura.

El autor es pastor de

Trinity Baptist Church Montville, New Jersey

¿Cómo Acercarse a Dios?

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clip_image002¿CÓMO ACERCARSE A DIOS?

Horatius Bonar

Hemos de ir a Dios con nuestros pecados, porque no tenemos nada más que llevar con noso­tros, que podamos decir que sea nuestro. Ésta es una de las lecciones que más nos cuesta apren­der; con todo, si no la aprendemos no podemos dar un paso correcto en lo que llamamos una vida religiosa.

El buscar algo bueno en nuestra vida pasada, o el hacer algo bueno ahora, si vemos que el pa­sado no contiene nada que sea bueno, es la pri­mera idea que tenemos cuando empezamos a inquirir acerca de Dios, con miras a resolver las diferencias que hay entre nosotros y Él en cuan­to al perdón de nuestros pecados.

«En su favor hay la vida»; y el estar sin este favor es ser desgraciado aquí, y ser excluidos del gozo del más allá. No hay vida digna de este nombre de no ser la que fluye de su amistad se­gura. Sin esta amistad, nuestra vida aquí es una carga penosa; pero con esta amistad no tememos ningún mal, y toda aflicción se transforma en gozo.

« ¿Cómo voy a ser feliz?» fue la pregunta de un alma atribulada que había probado cien maneras diferentes para llegar a la dicha y había fallado en todas.

«Asegúrate del favor de Dios», fue la respuesta inmediata de uno que había probado, él mismo, que «el Señor es bueno».

« ¿No hay ningún otro modo de ser dichoso?» «Ninguno, ninguno», volvió a contestar decidido el otro. «El hombre ha estado intentando seguir otros caminos para conseguirlo desde hace miles de años, y ha fallado completamente; ¿y tú, esperas conseguirlo?»

«No, no; no quiero seguir haciendo pruebas. Pero este favor de Dios me parece una cosa muy nebulosa; Dios está muy lejos, y no sé por dónde ir para llegar a Él.»

«El favor de Dios no es nebuloso ni es ninguna sombra; es mucho más real que las realidades que te rodean; y Él mismo está más cerca de ti que los objetos más cercanos, y su gracia no es menos segura que cercana.»

«Este favor de que me hablas, siempre me ha parecido algo intangible, algo que se me escapa de los dedos.»

«Di más bien que es como el sol, y que, la nube de que hablas, te lo esconde.»

«Sí, sí, creo lo que dices; pero ¿cómo voy a penetrar en esta nube y llegar al sol que hay detrás? ¡Parece muy difícil y requiere mucho tiempo!»

«Tú eres el que hace distante y difícil lo que Dios ha hecho simple, fácil y cercano.»

« ¿No hay dificultades? ¿Esto es lo que quiere decir?»

«En un sentido, las hay a miles; en otro, no hay ninguna.»

« ¿Qué quieres decir?»

« ¿Puso el Hijo de Dios alguna dificultad al ca­mino del pecador cuando dijo a la multitud:

«Venid, a mí, y os haré descansar?»

«No, eso no; lo que quería decir era que todos fueran al instante a Él, allí donde estaba, y don­de estaban ellos, y que Él les haría descansar.»

« ¿Si hubieras estado en aquel lugar, qué difi­cultades habrías hallado?»

«Ninguna, claro; el hablar de dificultad estan­do al lado del Hijo de Dios, habría sido una necedad, o peor.»

« ¿Sugirió el Hijo de Dios alguna dificultad para el pecador cuando Él estaba sentado junto al pozo de Jacob, al lado de la Samaritana? ¿No fue prevista o eliminada toda dificultad con estas maravillosas palabras de Cristo: “Lo que pidáis, esto os daré?”»

«Sí, sin duda; el pedir y el dar es todo lo que se menciona. Todo el negocio se termina aquí. El tiempo, el espacio; la distancia y la dificul­tad, no tienen nada que ver con el asunto; el dar iba a seguir al pedir como una cosa natural. Hasta aquí todo está claro. Pero quisiera pre­guntar: ¿No hay obstáculos ni barreras aquí?»

«Ninguna en absoluto, si el Hijo de Dios vino realmente a salvar a los pecadores; si hubiera venido sólo para aquellos que estaban perdido en parte, o que se podían salvar a sí mismos en parte, la barrera sería infinita. Esto lo admito; es más, insisto en ello.»

«El hecho de estar perdido, pues, ¿no es nin­guna barrera para poder ser salvo?»

«Esta pregunta es una pregunta sin sentido y la respuesta ha de ser una analogía. Si tienes sed, ¿va a ser esto un obstáculo para poder aceptar el regalo de un amigo?»

«Es verdad; es la sed lo que me hace apto para el agua, y mi pobreza, para el regalo.»

«Claro, el Hijo del hombre no vino para lla­mar al arrepentimiento a los justos, sino a los pecadores. ¡Si no eres del todo pecador, enton­ces aquí hay un obstáculo; pero, si lo eres del todo, entonces no hay ninguno!»

« ¿Pecador del todo, completamente? ¿Éste es mi carácter?»

«No lo pongas en duda. Si dudas ve y busca en la Biblia. El testimonio de Dios es que eres del todo un pecador, y los tratos que tengas con El han de ser como tal; y los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.»

«¡Totalmente pecador, bien!; pero ¿no he de quitarme algunos de los pecados antes de que pueda esperar bendición alguna de Él?»

«En modo alguno; sólo Él puede quitar de ti pecado alguno, aunque sea uno sólo; y tú tienes que acudir a Él con todo lo que tienes de peca­minoso, por mucho que sea. Si tú no fueras del todo un pecador, no necesitarías totalmente a Cristo, porque Él es un Salvador completo; Él no te ayuda a ti a salvarte, ni tú le ayudas a Él a que te salve. Él se hace cargo de todo o de nada. Una salvación a medias sólo tiene interés para los que no están completamente perdidos. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo en el madero» (1 P. 2:24).

Cuando Lutero halló su camino a la paz y li­bertad de Cristo, se hallaba en una situación semejante a la descrita anteriormente. La historia de su liberación es instructiva, ya que muestra cómo las piedras de tropiezo de la justicia pro­pia son quitados por la exhibición plena del evangelio en su calidad de gratuito, como bue­nas nuevas del amor de Dios a los que no aman ni pueden ser amados, las buenas nuevas de perdón para el pecador; sin méritos y sin dine­ro, las buenas nuevas de la PAZ CON DIOS, sólo por medio de la propiciación de Aquel que hizo paz por medio de la sangre de su cruz.

Una de las primeras dificultades de Lutero fue que él creía que tenía que efectuar el arrepentimiento él mismo; y una vez realizado, ha­bía de llevar este arrepentimiento como una ofrenda de paz o como una recomendación a Dios. Si este arrepentimiento no podía ser presentado como una recomendación positiva, por lo menos podía ser alegado como atenuante para el castigo.

« ¿Cómo puedo creer en el favor de Dios —se decía— en tanto que no hay en mí una conver­sión real? Tengo que ser cambiado antes que Él pueda recibirme.»

La respuesta que se le dio fue la «conversión», o «arrepentimiento que tanto procuraba, no puede tener lugar en tanto que se considera a Dios como un Juez estricto y distante. Es la bondad de Dios que nos lleva al arrepentimien­to (Ro. 2:4), y sin reconocimiento de esta «bon­dad», no hay modo de que se ablande el cora­zón. Un pecador impenitente es el que desecha las riquezas de su bondad y paciencia, y longa­nimidad.

El consejero experimentado de Lutero le dice de modo simple y claro que tiene que poner de lado todas las penitencias y mortificaciones, y todos los preparativos de justicia propia que le procuren o le compren el favor divino.

Esta voz, nos dice Lutero de modo conmove­dor, le pareció como si viniera del cielo: «Todo arrepentimiento verdadero empieza con el co­nocimiento del amor perdonador de Dios.»

Cuando está escuchando se hace la luz, y le llena un gozo hasta entonces desconocido. ¡No hay nada entre él y Dios! ¡Nada entre él y el per­dón! ¡No hay bondad preliminar ni sentimientos preparatorios! Aprende la lección del apóstol: «Cristo murió por los impíos» (Ro. 5:6). «Dios justifica al impío» (Ro. 4:5). Todo el mal que hay en él no puede impedir esta justificación; y toda la bondad que pudiera haber en él (si la hubiera), no le puede ayudar a obtenerla. Tiene que ser recibido como pecador, o no puede ser recibido. El perdón que se le ofrece reconoce sólo su culpa; y la salvación que se le proporcio­na en la cruz de Cristo, le considera simplemen­te como perdido.

Pero el sentimiento de culpa es demasiado profundo para ser aquietado con facilidad. El temor regresa, y una vez más va a su anciano consejero clamando: «¡OH, mi pecado, mi peca­do!» como si el mensaje de perdón que había re­cibido recientemente fueran nuevas demasiado buenas para ser verdaderas, y como si pecados como los suyos, no pudieran ser perdonados de un modo tan fácil y simple.

« ¿Cómo? ¿Quieres decirme que sólo haces ver que eres un pecador, y que por tanto sólo necesitas a un Salvador que pretenda serlo?»

Así le contestó su venerable amigo y luego añadió solemnemente: «Sabe que Jesucristo es el Salvador de pecadores grandes y reales, que no merecen sino la peor condenación.»

«Pero ¿no es Dios soberano en su amor electi­vo? —dice Lutero— quizá yo no soy uno de los escogidos.»

«Mira las heridas de Cristo —fue la respues­ta— y ve en ellas la gracia que hay en la mente de Dios para los hijos de los hombres. En Cristo leemos el nombre de Dios, y aprendemos lo que Él es, y cómo Él ama; el Hijo es el que revela al Padre; y el Padre envió al Hijo para ser el Sal­vador del mundo.»

«Creo en el perdón de los pecados», dijo Lute­ro a un amigo, un día que estaba enfermo en cama; «pero ¿en qué me afecta esto?».

«Ah —dijo su amigo— ¿no incluye esto tus propios pecados? ¿Crees en el perdón de los pe­cados de David, en los pecados de Pedro, y por qué no en los tuyos propios? El perdón es tanto para ti como para David y Pedro.»

Así, Lutero halló descanso. El evangelio, creí­do de esta forma, le dio libertad y paz. Supo que estaba perdonado porque Dios había dicho que el perdón era la posesión inmediata y segura de todos los que creían las buenas nuevas.

En la resolución de esta gran cuestión entre el pecador y Dios, no tenía que haber considera­ción a precios ni regateos de ninguna clase. La base del acuerdo fue fijada hace diecinueve si­glos; y la gran transacción de la cruz hizo todo lo que se necesitaba en cuanto al precio. «Todo ha sido hecho» es el mensaje de Dios a los hijos de los hombres cuando inquieren: «¿Qué tenemos que hacer para ser salvos?» Esta transacción com­pleta hace innecesarios todos los esfuerzos del hombre para salvarse a sí mismo o ayudar a Dios a justificarse. Vemos a Cristo crucificado, y Dios en Cristo reconciliando al mundo a sí, no imputando a los hombres sus faltas; y esta no imputación es el resultado únicamente de lo que fue hecho en la cruz, donde la transferencia de la culpa del pecador al sustituto divino fue hecha de una vez y para siempre. Y es de esta transacción que el evangelio nos trae las «bue­nas nuevas», y todo aquel que cree, participa de todos los beneficios asegurados por aquella transacción.

«Pero ¿no estoy en deuda al Espíritu Santo por su obra en mi alma?»

«Indudablemente; porque ¿qué esperanza puede haber para ti sin el Espíritu Todopoderoso, que aviva a los muertos?»

«Si es así, ¿no tendría que esperar sus impul­sos, y teniéndolos, no puedo presentar los sentimientos que Él ha obrado en mí como razones de que he sido justificado?»

«En modo alguno. No estás justificado por la obra del Espíritu, sino sólo por la de Cristo; ni son las actividades del Espíritu en ti, la base de tu confianza, o las razones de que esperes per­dón del Juez de todos. El Espíritu obra en ti, no para prepararte para ser justificado, o para ha­certe apto para el favor de Dios, sino para lle­varte a la cruz, tal como eres. Porque la cruz es el único lugar donde Dios trata con misericor­dia al trasgresor.»

Es en la cruz que somos recibidos por Dios en paz y nos da su favor. Allí no sólo hallamos la sangre que nos limpia, sino también la justicia que nos viste y hermosea, de modo que a partir de entonces somos tratados por Dios como si nuestra propia injusticia hubiera desaparecido y la justicia de su propio Hijo fuera realmente la nuestra.

Esto es lo que el apóstol llama «justicia impu­tada» (Ro. 4:6, 8, 11, 22, 24), o justicia que es considerada por Dios de tal modo que por me­dio de ella tenemos a todas las bendiciones que esta justicia puede obtener para nosotros. La justicia que nosotros obtenemos, o que otro pone en nosotros la llamamos infusa, o imparti­da o inherente; pero la justicia que corresponde a otro y que es considerada por Dios como si fuera nuestra, la llamamos justicia imputada. Es de esta justicia que habla el apóstol, cuando dice: «Vestíos del Señor Jesucristo» (Ro. 13:14; Gá. 3:27). De modo que Cristo nos representa; y Dios trata con nosotros como siendo representa­dos por Él. La justicia dentro seguirá por nece­sidad y de modo inseparable; pero no hemos de esperar para tenerla antes de ir a Dios para la justicia de su único Hijo Jesucristo.

La justicia imputada tiene que venir primero. No puedes tener la justicia dentro hasta que tengas la justicia fuera; y el hacer tu propia jus­ticia el precio que tú das a Dios por la de su Hijo es deshonrar a Cristo y negar la cruz. La obra del Espíritu no es el hacernos santos a fin de que podamos ser perdonados, sino el mos­trarnos la cruz, donde pueden hallar el perdón de los no santos; de modo que, habiéndolo ha­llado, puedan empezar la vida de santidad a la que han sido llamados.

Lo que Dios presenta al pecador es un perdón inmediato: «No por obras de justicia que noso­tros hayamos hecho», sino por la gran obra de justicia cumplida por nuestro Sustituto. Lo que nos califica para obtener esta justicia es que seamos injustos, tal como lo que califica al en­fermo para que le vea el médico, es que está en­fermo.

El evangelio no dice nada de una bondad pre­via, o de un perdón preparatorio. De un estado preliminar de sentimiento religioso necesario como introducción a la gracia de Dios, el após­tol, no dice nada. Los temores, las dificultades, las preguntas que uno se hace, los clamores amargos pidiendo misericordia, los presenti­mientos de juicio, y las resoluciones de enmien­da, pueden haber precedido a la recepción de las buenas nuevas por parte del pecador, en cuanto al tiempo; pero no constituyen su apti­tud ni le califican. Habría sido bien recibido sin ellas igualmente. No hace su perdón más com­pleto, ni más gratuito, ni más por gracia. La ne­cesidad del pecador era todo su argumento. «Dios, ten misericordia de mí, pecador.» Necesi­taba salvación y fue a Dios para conseguirla, y lo obtuvo sin mérito y sin dinero. «Cuando no tenía con qué pagar, Dios le perdonó simple­mente.» Fue el hecho de que no tenía con qué pagar que ocasionó el perdón franco y simple. ¡Ah, esto es gracia! «El amor es esto, no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero a nosotros.» Él nos amó, aun cuando nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Él nos amó, no porque éra­mos ricos en bondad, sino porque El era «rico en misericordia»; no porque nosotros fuéramos dignos de su favor, sino porque Él se deleitó en su bondad. La bienvenida que nos dio procede de su gracia, no de que nosotros seamos dignos de ser amados. «Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» «¡Cristo invita a los cansados! Es este cansancio lo que nos hace aptos para Él, y Él para noso­tros. Aquí está nuestro cansancio, allí está nues­tro lugar de reposo.» Están uno al lado del otro. Dices: « ¿Este lugar de reposo no es para mí?»

¿Qué? ¿no es para el cansado? Dices: «Pero no puedo usarlo.» «¿Qué? ¿Quieres decir que estás tan cansado que no puedes descansar?» Si hu­bieras dicho: «Estoy tan cansado que no puedo estar de pie, que no puedo andar, que no puedo subir», te habría podido entender. Pero, dices: «Estoy tan cansado que no puedo descansar.» Esto es simplemente absurdo, o algo peor, por­que haces un mérito y una obra de tu descansar: parece que piensas que el descansar tiene algún mérito, que es hacer algo importante, que re­quiere un esfuerzo prolongado y prodigioso.

Escucha, pues, las graciosas palabras del Se­ñor: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva» (Jn. 4:10). Tú la habrías pedido y Él te la hubiera dado. Esto es todo. ¡Cuan real, cuan verdadero, cuan simple, cuan gratuito! O, escuchemos la voz del siervo en la persona de Lutero: «OH, mi querido hermano, aprende a conocer a Cristo y a Cristo crucificado. Aprende a cantar un nuevo canto; a dejar por inútil tu obra anterior, y a clamar a Él, Cristo Jesús: «Tú eres mi justicia y yo soy tu pecado. Tú has tomado sobre ti lo que es mío. Tú lo has pasado a ser, y para que yo pudiera ser lo que no era. Cristo habita sólo con los pe­cadores. Medita con frecuencia en este amor de Dios, y saborearás su dulzura.» Sí; perdón, paz, vida, todos ellos son dones, dones divinos de Dios, presentados personalmente a cada peca­dor necesitado por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. No han de ser comprados, sino recibidos; como los hombres reciben el sol, completamente gratuito. No han de ser ganados ni merecidos con esfuerzos o sufrimientos, u oraciones ni lágrimas; sino aceptados al instan­te como comprados por el trabajo y sufrimien­tos del gran Sustituto. No hay que esperar para conseguirlos, sino que han de ser aceptados al instante sin ninguna vacilación o desconfianza, como los hombres aceptan el don de amor de un amigo generoso. No han de ser reclamados a base de aptitud o de bondad, sino de necesidad y de inmerecimiento, de pobreza y de carencia total.

Liderazgo Bíblico de Ancianos

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Liderazgo Bíblico de Ancianos

clip_image002Desde el punto de vista bíblico, el centro de atención del liderazgo de toda iglesia es el anciano. Un anciano es parte de la pluralidad de hombres bíblicamente calificados que pastorean y supervisan en conjunto la iglesia local. La palabra tra-ducida “anciano” se usa cerca de veinte veces en Hechos y las epístolas en referencia a este grupo único de líderes que tienen la responsabilidad de supervisar al pueblo de Dios.

La Posición de Anciano

Como numerosos pasajes en el Nuevo Testamento indican, las palabras anciano (presbuteros), obispo (episkopos) y pastor (poimen) hacen referencia a la misma responsabilidad. En otras palabras, los obispos y pastores no son distintos de los ancianos; simple-mente los términos son diferentes maneras de identificar a la misma gente. Las calificaciones para un obis-po (episkopos) que se encuentran en 1 Timoteo 3:1-7, y las de un anciano (presbuteros) en Tito 1:6-9 son inconfundiblemente paralelas. De hecho, en Tito 1, Pablo usa ambos términos para referirse al mismo hombre (presbuteros en el v. 5 y episkopos en el v. 7). Estos términos se usan de manera intercambiable en Hechos 20. En el versículo 17, Pablo reúne a los ancianos (presbuteros) de la iglesia de Efeso para darles un mensaje de despedida. En el versículo 28 dice: “mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (episkopos), para apacentar (poimaino) la iglesia del Señor”. Primera de Pedro 5:1-2 también usa los tres términos en el mismo contexto. Pedro escribe: “Ruego a los ancianos (presbuteros) que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad (poimaino) la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando (episkopeo) de ella, no por fuerza, sino voluntariamente”. Los diferentes términos, entonces, indican varias características en el ministerio, sin variar los niveles de autoridad o separar las responsabilidades, como algunas iglesias proponen.

Una Pluralidad de Ancianos

El patrón constante que se observa a través del Nuevo Testamento es que cada congregación local de creyentes estaba pastoreada por una pluralidad de ancianos establecidos por Dios. Es decir, este es el único modelo para el liderazgo de la iglesia dado en el Nuevo Testamento. En ningún lugar de las Escrituras se encuentra una asamblea local regida por la opinión de la mayoría ó un solo pastor.

El Apóstol Pablo dejó a Tito en Creta y le dió instrucciones de “establecer ancianos en cada ciudad” (Tito 1:5). Santiago dió instrucciones a sus lectores de “llamar a los ancianos de la iglesia” para orar por aquellos que estuvieran enfermos (Santiago 5:14). Cuando Pablo y Bernabé estaban en Derbe, Listra, Iconio y Antioquía, “constituyeron ancianos en cada iglesia” (Hechos 14:23). En la primera epistola de Pablo a Timoteo, el apóstol hace referencia a “los ancianos que gobiernan bien” en la iglesia en Efeso (1 Timoteo 5:17; ver también Hechos 20:17, donde Pablo se dirige a “los ancianos de la iglesia” en Efeso). El libro de los Hechos indica que había “ancianos” en la iglesia de Jerusalén (Hechos 11:30; 15:2, 4; 21:18).

Una y otra vez, se hace referencia a una pluralidad de ancianos en cada una de las iglesias. De hecho, en cada lugar del Nuevo Testamento donde se usa el término presbuteros (“anciano”) se hace en plural, excepto donde el apóstol Juan lo usa en referencia a sí mismo en 2 y 3 de Juan y donde Pedro lo usa en referencia a si mismo en 1 Pedro 5:1. En ningún lugar del Nuevo Testamento hay una referencia a una congregación dirigida por un solo pastor. Puede ser que cada anciano en la ciudad tuviera un grupo específico al que supervisaba de una manera especial, pero la iglesia era vista como una, y las decisiones se tomaban a través de un proceso colectivo y en referencia al grupo, y no a las partes individuales.

En otros pasajes, se hace referencia a una pluralidad de ancianos, incluso cuando la palabra presbuteros no se usa. En la salutación de la epístola a los Filipenses, Pablo se refiere a los “obispos (plural de episkopos) y diáconos” en la iglesia de Filipos (Fil. 1:2). En Hechos 20:28, Pablo advirtió a los ancianos de la iglesia de Efeso, “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (plural de episkopos)”. El escritor de Hebreos llamó a sus lectores a obedecer y someterse a los “líderes” que tienen cuidado de sus almas (Hebreos 13:17). Pablo exhorta a sus lectores en Tesalónica a “reconocer a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan” (1 Tesalonicenses 5:12); una referencia clara a los obispos en la asamblea de Tesalónica.

Se puede decir mucho de los beneficios de un liderazgo compuesto por una pluralidad de hombres piadosos. Su consejo y sabiduría en conjunto ayudan a asegurar que las decisiones no son la voluntad ó están al servicio de un sólo individuo (cf. Proverbios 11:14). Si hay división entre los ancianos a la hora de tomar decisiones, todos los ancianos deberían estudiar, orar y buscar la voluntad de Dios conjuntamente hasta que se alcance el consenso. De esta forma, la unidad y armonía que el Señor desea para la iglesia comenzará con aquellos que ha escogido para pastorear Su rebaño.

Los Requisitos de los Ancianos

La identidad y eficacia de cualquier iglesia están directamente relacionadas a la calidad de su liderazgo. Esto es por lo que las Escrituras remarcan la importancia de un liderazgo de la iglesia calificado y marca estándares específicos para evaluar a aquellos que sirvan en esta posición.

Los requisitos para los ancianos se encuentran en 1 Timoteo 3:2-7 y Tito 1:6-8. De acuerdo con estos pasajes, el anciano debe de ser irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad, no un neófito, que tenga buen testimonio de los de afuera, dueño de si mismo, sensible, capaz de exhortar en sana doctrina y de rebatir a aquellos que la contradicen, irreprensible como administrador de Dios, que no sea iracundo, sobrio, amante de lo bueno, justo y santo. (Para una explicación más amplia de estos requisitos, vea las páginas 215-33 de The Master’s Plan for the Church de John MacArthur.)

El requisito global que es apoyado por el resto es que sea “irreprensible”. Es decir, debe de ser un líder que no pueda ser acusado de nada pecaminoso, ya que tiene una reputación sin mancha. El anciano debe ser irreprensible en su vida matrimonial, su vida social, su trabajo y su vida espiritual. De esta manera, tiene que ser un modelo de piedad, para que así pueda legítimamente llamar a la congregación a seguir su ejemplo (Filipenses 3:17). El resto de los requisitos, excepto tal vez la habilidad de enseñar y administrar, únicamente desarrollan esta idea.

Además, la posición de anciano está limitada a los hombres. Primera de Timoteo 2:11-12 dice, “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” En la iglesia, las mujeres deben estar bajo la autoridad de los ancianos, excluidas de enseñar a los hombres o de tener posiciones de autoridad sobre ellos.

Las Funciones de los Ancianos

Cuando la época apostólica llego a su fin, la posición de anciano emergió como el máximo cargo dentro del liderazgo de la iglesia local, por lo que llevaba una gran responsabilidad. No había un tribunal de apelación superior, ni mejor recurso para conocer la mente y el corazón de Dios con respecto a los asuntos de la iglesia.

La responsabilidad principal de un anciano es la de servir en la administración y el cuidado de la iglesia (1 Timoteo 3:5). Esto conlleva un gran número de obligaciones específicas. Como supervisores espirituales del rebaño, los ancianos tienen que determinar la política de la iglesia (Hechos 15:22); supervisar la iglesia (Hechos 20:28); ordenar a otros (1 Timoteo 4:14); gobernar, enseñar y predicar (1 Timoteo 5:17; cf. 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 3:2); exhortar y refutar (Tito 1:9); y actuar como pastores, siendo un ejemplo para todos (1 Pedro 5:1-3). Estas responsabilidades ponen a los ancianos en el corazón del trabajo de la iglesia del Nuevo Testamento.

Debido a la herencia de valores democráticos y su larga historia de gobierno congregacional en la iglesia, los evangélicos norteamericanos modernos a menudo ven el concepto del gobierno de ancianos con sospecha. Sin embargo, la enseñanza clara de la Biblia demuestra que la norma bíblica para el liderazgo de la iglesia es una pluralidad de líderes ordenados por Dios, y solamente siguiendo este patrón bíblico la iglesia maximizará su fruto para la gloria de Dios.

Adaptado de John MacArthur, The Master’s Plan for the Church (Chicago: Moody Press, 1991). Para un estudio más amplio del liderazgo bíblico de ancianos, consulte esta fuente.

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