Las Doctrinas de la Gracia y la Pasión para las Almas de los Hombres

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Las Doctrinas de la Gracia y la Pasión para las Almas de los Hombres
John A. Broadus

“Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos”.
Romanos 9:3

clip_image002La preocupación para la salvación de otros no es impedida por una creencia en lo que llamamos las doctrinas de la gracia; no es impedida al creer en la soberanía divina, la predestinación y la elección. Muchas personas tienen una aversión intensa de las ideas que se expresan mediante estas frases. Muchas personas se apartan y nunca aceptarlas, porque esas ideas están en sus mentes asociadas con una noción de indiferencia apática. Dicen que si la predestinación es cierta, entonces se deduce que un hombre no puede hacer nada por su salvación; que si él ha de salvarse él se salvará, y él no tiene nada que ver con eso, y no hay necesidad de preocuparse, ni necesita que alguien se preocupe por él.

Ahora, esto en absoluto es así, y probaré que no lo es, por el hecho de que Pablo mismo, el gran oráculo de esta doctrina en la Sagrada Escritura, haya pronunciado estas palabras de preocupación apasionada ardiente por la salvación de otros, muy cerca de los pasajes en los cuales él ha enseñado las doctrinas en duda. Mire de nuevo el texto, regrese unas cuantas frases y usted encontrará el mismo pasaje en el cual muchos tropiezan: “Y a los que predestinó” – hay personas que tiemblan ante estas mismas palabras – “a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.

Justo poco después de que él pronunció estas palabras de las cuales los hombres quieren argüir que el hombre que cree no necesita sentirse preocupado por su salvación o por la salvación de otros, simplemente un poco de después, vienen las palabras apasionadas del texto. Esto no es todo, pues usted encontrará simplemente después del texto, dónde él habla de Esaú y Jacob, que Dios hizo una diferencia entre ellos antes de que naciesen, y donde El habla de que Dios levantó a Faraón para poder mostrar su poder en él, y que el nombre de Dios pudiera ser declarado a través de toda la tierra. “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”. Algunas buenas personas medianamente tiemblan en la conclusión a esto, lo cual les parece ser inevitable de tal clase de lenguaje. Pero yo digo que la conclusión ha de estar mal, para el hombre inspirado que pronunció este lenguaje, sólo unos momentos antes había pronunciado estas palabras del texto.

Y cada vez que usted encuentre su corazón o el corazón de su amigo inclinado a echarse atrás de estas grandes enseñanzas de la Sagrada Escritura con respecto a la soberanía y la predestinación, entonces oro para que usted no argumente en contra de ello, sino que se vuelva a este lenguaje de preocupación por la salvación de otros, tan intensamente apasionado que los hombres se pregunten y piensan con seguridad que no puede querer decir lo que dice. El problema es que en este y en muchos casos sacamos conclusiones injustificadas de las enseñanzas de la Biblia, y luego echamos todo nuestro desprecio a esas conclusiones sobre las verdades de las cuales obtuvimos como conclusión. Ahora, digo que cualquier cosa que sea cierta, a favor o en contra de las doctrinas de la predestinación del apóstol y la soberanía divina sobre la salvación, no es verdad que harán que un hombre sea descuidado en lo que se refiere a su salvación o a la de los demás; en vista de que no tuvieron tal efecto en el mismo Pablo, sino que justo en medio de estos dos grandes pasajes vienen las palabras maravillosas del texto.

[extracto de su sermón titulado, “La Preocupación Intensa por la Salvación de los Demás” en Sermons and Addresses ( Hodder & Stoughton : New York, 1886 )]

31 Días Para Orar por Su Pastor

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31 Días para Orar por Su Pastor

SC2009 En algunos lugares se reconoce en este mes el día del pastor. Sin duda los pastores tienen una importante y grandísima labor, pues se trata de la responsabilidad de predicar, enseñar y aplicar la Palabra del Dios Altísimo. Que Dios siga levantando pastores fieles a su Palabra esa es la gran necesidad que tienen las iglesias hoy. En relación a esto publico esta guía de oración tomada de la página Revive Our Hearts de la excelente autora Nancy Leigh Demoss, que Dios nos de un corazón intercesor por los pastores de nuestras iglesias. Dios les siga bendiciendo.
“Hermanos, orad por nosotros”

(1 Tes 5:25)

“Deje que el pensamiento llegue a lo profundo del corazón de cada iglesia, de que su ministro será tal como le hagan sus oraciones. . . Qué tan llena de riesgos es la condición de ese ministro. . . aquel cuyo corazón no esté alentado, cuyas manos cuyas manos no son fortalecidas, y quién no es sustentado por las oraciones de su pueblo! . . . “Es un temor desgastante que a los ministros se les permita entrar al púlpito sin antes ser precedido, acompañado, y seguido por las oraciones fervorosas de las iglesias. No es de extrañarse que el púlpito sea tan impotente, y los ministros muchas veces desalentados cuando hay tan pocos que sostengan en alto sus manos. . . . Cuando las iglesias dejan de orar por los ministros, los ministros ya no serán una bendición para las iglesias”.

Gardiner Spring (1785-1873)

No hay mayor regalo que usted pueda dar a su pastor y a los líderes espirituales de su iglesia que orar por ellos. Los pastores no pueden ganar la batalla a solas; Necesitan que intercesores comprometidos les levanten en oración ferviente y específica. Imagine cómo podría ser el poder de Dios liberado en nuestras iglesias si orásemos fielmente por nuestros pastores. ¡Los pastores son humanos – afrontan los mismos retos que su pueblo afronta, ¡con algunas cosas adicionales! Se cansan en el ministerio, son tentados a pecar, y puede ser difícil hallar un balance entre sus muchos papeles y responsabilidades. Necesitan el ánimo y el apoyo de aquellos a quienes guían. La oración por su pastor(es) es crucial para la salud espiritual de su pastor, su familia, y su iglesia. Dios recompensará sus esfuerzos por cubrirlo de oración. ¡Si usted quiere alentar a sus líderes espirituales (¡y a sus esposas!) Hágales saber que esta orando por ellos. Pregúnteles periódicamente sobre cualquier petición específica de oración y asegúreles que usted orará por consiguiente. Utilice la siguiente guía de oración acompañada de Textos Bíblicos, como sugerencias prácticas para orar por aquellos que proveen liderazgo espiritual al rebaño.

Día 1 Ore para que su pastor ame a Dios de todo corazón, alma, mente y fuerza. Pida que Espíritu de Dios obre en su corazón en el poder y que él valore y siga las prioridades bíblicas. (Deut. 6:5; Mat. 6:33)

Día 2 Ore para que su pastor cultive un carácter fortalecido e integridad inflexible. Ore para que su testimonio sea genuino, y que él nunca haga cualquier cosa de la cual tenga que esconder a los demás de otros. (1 Tim. 1:5, 3:7; Efes. 6:10-12)

Día 3 Ore por su andar personal con Dios – que su alma y su espíritu sean alimentados y fortalecidos en su tiempo de quietud con Dios, más allá de la preparación de su sermón. Ore para que él pase más tiempo en la Palabra de Dios que leyendo artículos y libros cristianos. (Mar. 1:35; 2 Tim. 2:15-16)

Día 4 Ore para que su pastor aconseje y enseñe con discernimiento a través del uso sabio de la Sagrada Escritura y que surta efecto la fe en el poder de Dios. Ore para que sea protegido de los efectos de actitudes pecaminosas o negativas que él encuentre cuando aconseje. (Mal. 2:7; Stgo. 1:5-6; Juan 17:15)

Día 5 Pida a Dios que proteja el matrimonio de su pastor y lo mantenga fuerte como un modelo de la relación de Cristo con la Iglesia. Ore para que su pastor tiernamente aprecie mucho y guíe a su esposa, y que ella respete y aliente a su marido, sometiéndose a su liderazgo. (Efes. 5:23-33) (Si su pastor no está casado, ore por sus relaciones con sus seres queridos y aquellos que les sean cercanos)

Día 6 Ore para que Dios proteja a la esposa de su pastor de resentimiento cuando su marido sea criticado. Ore para que su oración y su vida devocional sean consistentes, y que ella proteja su mente y corazón. (Heb. 12:15; Prov. 4:23)

Día 7 Ore para los niños de su pastor, y especialmente que las presiones del ministerio no los desalienten o los irriten. Ore para que su pastor no provea un liderazgo piadoso en la casa basado en el miedo al que piensen los demás, sino según la verdad bíblica. (Efes. 6:4; Col. 3:20-21) (Si su pastor no tiene hijos, pídale que Dios le dé muchos “hijos espirituales” cuando comparta el Evangelio.)

Día 8 Pida a Dios protección para su pastor de los estratagemas malvados de Satanás. Ore para que él no se corrompa cuando el roce sus hombros con el mundo en el transcurso del ministerio. (Juan 17:15; Is. 54:17; 2 Cor. 2:11; 1 Pedro 3:12; Prov. 9:9-10, 91:9-11)

Día 9 Ore para que Dios edifique un cerco de protección en el matrimonio de su pastor, y que él y su esposa sean conscientes del potencial de cualquier relación impropia. Ore para que su tiempo familiar sea protegido. (Ezeq. 22:30a; 2 Cor. 10:4-5; Mat. 19:6)

Día 10 Ore para que su pastor use el discernimiento en el uso de correos electrónicos, Internet, y los medios de comunicación. Pídale a Dios que proteja su corazón en relación al uso del tiempo libre. Ore para que se mantenga moralmente puro y que él lleve puesta la armadura de Dios a fin de que él no caiga en la tentación sexual. (Rom. 13:14; 1 Pedro 1:16; Efes. 6:10-18; 2 Cor. 10:4)

Día 11 Ore para que Dios traiga alentadores y amigos piadosos para su pastor y para su familia, para fortalecerlos en el ministerio y provea camaradería significativa en tiempos de descanso. (Fil. 2:19-25)

Día 12 Ore para que su pastor no sea humilde y auténtico en su fe debido al orgullo o la hipocresía. Ore para que él tenga motivos puros y dar a Dios la gloria por cada logro o victoria. (Miq 6:8; Gal. 6:14; Juan 7:17-18; 1 Cor. 10:13)

Día 13 Ore que su pastor haga elecciones sabias de estilo de vida para proteger su salud, especialmente en las áreas del ejercicio, comer moderadamente, y obteniendo suficiente descanso. Pida por tiempos de relajación y renovación que equilibren el estrés de ministerio. (Rom. 12:1-2; 1 Cor. 9:27, 10:13, 6:19-20; Stgo. 3:1-2)

Día 14 Ore para que su pastor enfoque la atención en la Palabra de Dios y camine en el temor del Señor como él – más que en el temor del hombre – cuando prepare sermones. Ore para que él trate de complacer a Dios en vez de a los hombres, y busque la santidad en vez de la alabanza de los hombres. (Hech. 6:4; Prov. 19:23; 2 Tim. 2:15; Heb. 11:6; 2 Tim. 4:1-2)

Día 15 Alabe a Dios por el liderazgo de su pastor y ore para que él tome decisiones piadosas. Ore para que él guíe con un corazón de pastor, y que él siempre hable la verdad en amor. (1 Retes 3:9 1 Pedro. 5:2; Rom. 12:6-8; Jer. 3:15)

Día 16 Ore para que su pastor sea valiente en el púlpito al proclamar a Cristo, y el confiado en el uso de la Palabra de Dios. Pídale a Dios para que le ayude a predicar con un entendimiento profundo, con transparencia y con humildad. (Col. 1:28, 4:3a; Efes. 6:19)

Día 17 Ore para que su pastor sea un “un hombre de la Gran Comisión” – comprometido al evangelismo personal y preparando a los santos para buscar a los perdidos. Ore para que él tenga un buen corazón para desarrollar un programa próspero de misiones en su iglesia. (Rom. 10:15; Mat. 28:19-20; Lucas 19:10)

Día 18 Ore para que su pastor sea un hombre de oración y adoración, y que él lleve el dirija con el ejemplo – enseñándole a la congregación a cómo andar en una relación cercana con el Padre. (1 Tes. El 5:17; Hechos 1:14a; Mat. 4:10; Marc 1:35; Lucas 22:46)

Día 19 Ore para que su pastor use el tiempo de una manera sabia, y que él busque la perspectiva de Dios para su horario, protegiendo su tiempo en interrupciones innecesarias. (Efe. 5:15-16; Col. 4:5 ; Sal. 90:12; Juan 9:4)

Día 20 Ore por una divina unción fresca en el ministerio de su pastor. Pídale que la obra de Dios sea poderosamente evidente tanto en su vida personal y como en la vida espiritual de la congregación. (1 Cor. 9:27; 2 Tim. 1:7; Rom. 15:18-19a)

Día 21 Ore para que su pastor no ceda al desánimo, sino que trate con conflicto y la crítica inevitable sometiéndose a las manos de Dios, quien juzga con justicia. (1 Ped. 2:23)

Día 22 Ore para que su pastor practique el liderazgo del siervo, edificando a la congregación con sabiduría y sirviendo con el amor “agape” de Dios. (Gal. 5:13b; Efes 6:7; Lucas 10:43b 45, 9:23-24; Juan 13:5-9; Fil. 2:3-4)

Día 23 Ore para la unidad espiritual entre el personal de la iglesia y el liderazgo espiritual de la iglesia (ancianos, diáconos, etc.). Ore para que el enemigo no se le permita crear divisiones, contiendas, o mal entendidos entre los líderes de la iglesia. (Rom. 14:19; 1 Cor. 12:25)

Día 24 Ore para que Dios le de a su pastor una visión clara y bíblica de lo que su iglesia puede y debería ser para Su gloria, y que él comunique esa visión claramente y confiadamente a la iglesia. (Prov. 29:18; Juan 15:16, 17:17; 2 Tim. 3:5; Mal. 3:11)

Día 25 Ore para que su pastor busque a Dios para un avivamiento personal, y un avivamiento en su iglesia y la comunidad. (2 Cron.7:14; Sal. 69:32)

Día 26 Ore que su pastor piense bíblicamente, con la mente de Cristo. (1 Cor. 2:16; Col. 2:6 8; Efes. 4:17)

Día 27 Ore para que él busque seriamente la voluntad de Dios y esté comprometido a la obediencia inmediata y total – preparado para que Dios obre poderosamente a través de su ministerio. (2 Cor. 10:3-5; Lucas 9:23-24)

Día 28 Ore para que él luche por la excelencia personal y crea a Dios en todo lo él quiera hacer en la congregación. (2 Pedro 1:3; Col. 3:23-24)

Día 29 Ore para que su pastor sea un hombre de fe y de amor apasionado para con Dios, sin entregarse a las preocupaciones, miedos, o a un espíritu tenso y ansioso. (1 Juan 4:18; Prov. 3:5-6)

Día 30 Pida a Dios que provea las necesidades financieras de su pastor y su familia. Ore para que él sea un mayordomo sabio de sus finanzas personales y de los fondos de la iglesia. (Fil. 4:19; Heb. 13:5; 1 Tim. 6:11; Sal. 37:25)

Día 31 Pida a Dios que sane cualquier daño que su pastor haya sufrido en el ministerio. Ore para que él sirva al Señor con gozo, y motive a la congregación a adorar a Dios en un espíritu rendido y gozoso. (Isa. 61:3)

¡Prediquemos A Cristo!

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¡Prediquemos A Cristo!

Let Us Preach Christ!

(Por Charles Spurgeon)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image002El post de hoy proviene de un sermón de 1884 por Spurgeon. Sin embargo a pesar de un siglo de antigüedad, su punto es tan relevante hoy como cuando fue predicado por primera vez.

Ustedes (como predicadores) no tienen ni un medio mas para hacer el bien, excepto la salvación de Jesús, y no hay nada más digno de mencionar.

Escuché el otro día acerca de una congregación que era tan pequeña que apenas alguien venía a escuchar al predicador. En lugar de echarse la culpa, y predicar mejor, el ministro dijo que él pensaba que él no estaba haciendo mucho bien por medio de sermones y reuniones de oración, y por eso él fundaría un club, y si las personas entraban, y jugaban damas, eso les podría hacer bien. ¡Cuánto de este tipo de cosas se está siendo intentado el día de hoy! ¿Vamos a convertir almas en un sistema nuevo, – debemos? ¿Debemos nosotros también tener a un substituto para el pan? – ¿Y una bebida más sana que agua pura? . . .

Tener esperanza de alguna vez llevar a pecadores a la santidad y al cielo por cualquier enseñanza y no por la que empieza y termina en Jesucristo es desviarse del rumbo. Ninguno otro nombre es dado entre los hombres por medio del cual puedan salvarse. Si usted tiene que tratar con personas altamente instruidas y educadas, nada es tan bueno para ellas como el predicarles a Jesucristo; y si las personas son ignorantes e impuras, nada es mejor para ellas que la predicación de Jesús.

El otro día un joven dijo a otro: “yo voy a predicar a tal lugar, ¿Qué clase de personas son? ¿Qué clase de doctrina les convendrá?” Habiendo escuchado esto, le aconsejé, – “Usted predica a Jesucristo, y eso les convendrá, estoy seguro, si son personas instruidas les vendrá bien; si son ignorantes les vendrá bien – Dios les bendecirá”.

Cuando el gran crítico Bíblico, Bengel, se estaba muriendo, él envió por un joven estudiante de teología, a quién él dijo: “ando de capa caída en espíritu; dígame algo bueno para animarme”. “Muy señor mío,” dijo el estudiante, “yo soy una persona tan insignificante, qué le puedo decir a un “gran hombre” como usted?” “Pero si usted es un estudiante de teología,” dijo Bengel, “usted debe tener una buena palabra para decirle a un hombre moribundo; dígalo sin temor”. “pues bien, Señor,” dijo él, “¿qué le puedo decir a usted, excepto que la sangre de Jesucristo le limpia de todo pecado?” Bengel dijo, “joven, déme su mano; esa es la misma palabra que quería oír”.

Un texto simple del evangelio es la palabra que cada hombre necesita el cual está en temor a la ira divina, y él puede estar sentado justo a su lado en este momento, o él está en la misma oficina con usted, y necesita que usted le cuente sobre Cristo. Haga eso, y bendiga su alma. Usted puede comprender las Escrituras en esta manera, y Dios puede hacer de usted una gran bendición para los que le rodean.

¿Deberían los Cristianos Jugar a la Lotería?

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¿Deberían los Cristianos Jugar a la Lotería?

Should Christians Play the Lottery?

(Por John MacArthur)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image002El “post” de hoy es adaptado de una copia de una sesión de preguntas y respuestas de hace algunos años atrás en la Iglesia Grace Community.

Personalmente, no veo que el jugar juegos de azar como una expresión legítima de mi mayordomía de lo que Dios me ha dado.

No hay un versículo en la Biblia que explícitamente dice, “no jugarás juegos de azar”. (Alguien siempre dice [refiriéndose a Hechos 1], “pues bien, digo, aun los discípulos echaron suertes”. Correcto. Esa fue una manera por la cual pudieron determinar la voluntad de Dios porque Dios habló a través de ese método – eso es un poco diferente.)

Pero no creo que la Biblia permita el jugar juegos de azar (incluyendo la Lotería) como una forma de mayordomía. También opino que en su fin social, la Lotería es un desastre y le diré por qué. Las personas que compran los boletos son personas que pueden darse el lujo de comprar los boletos. Personas de mediana clase ya están literalmente consumiendo esas cosas. Caen de lleno en las manos de personas que necesitan aprender a trabajar productivamente y no aferrarse a la esperanza. Es otra expresión de “los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas”.

La Biblia apoya ganar dinero por herencia, por trabajar duro, y por una inversión sabia, pero nunca apoya enriquecerse jugando juegos de azar o por dinero rápido. La Lotería no es una forma legítima de ganarse la vida o invertir para el futuro, ni es una buena costumbre de mayordomía; y no es una forma legítima de financiar la educación a expensas de personas ya pobres que van a desperdiciar su manutención en ello.

¿Es Injusta la Elección Divina?

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¿Es Injusta la Elección Divina?

Is Divine Election Unfair?

(Por John MacArthur)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image001 A pesar de la claridad con la cuál la Escritura se ocupa de este tema, muchos cristianos profesantes de hoy luchan en su aceptación de la soberanía de Dios – especialmente en lo que se refiere a Su obra de elección en la salvación. Su protesta más común, claro, es que la doctrina de la elección es injusta. Pero tal objeción proviene de una idea humana de justicia, en vez un entendimiento objetivo y divino de la justicia verdadera. Con el fin de ocuparnos correctamente del asunto de la elección, debemos dejar a un lado todas las consideraciones humanas y en lugar de eso, debemos enfocar la atención en la naturaleza de Dios y Su estándar justo. La justicia divina es donde el debate debe comenzar.

¿Qué es la justicia divina? Afirmándolo de manera simple, es un atributo esencial de Dios por medio del cual El infinitamente, perfectamente, e independientemente hace exactamente lo que él quiere hacer cuando y cómo quiere El hacerlo. Porque El es el estándar de Justicia, por definición, entonces cualquier cosa que El haga es intrínsecamente justa. Como William Perkins dijo, hace muchos años: “no debemos pensar que Dios hace algo porque es bueno y correcto, sino más bien ese algo es bueno y justo porque Dios lo determinó y lo hizo”.

Por esto Dios nos define lo que es la justicia, porque El es por naturaleza justo, y lo que él hace refleja esa naturaleza. Su misma libre voluntad y nada más está detrás de Su justicia. Esto quiere decir que cualquier cosa que El quiera, es justa; y es justa, no por algún estándar externo de Justicia, sino simplemente porque El lo determina.

Debido a que la justicia de Dios es una emanación de Su carácter, no está sujeta a las suposiciones humanas caídas de lo que la justicia debería ser. El Creador no está en deuda con la criatura, ni aun lo que El en su gracia le place dar. Dios no actúa a causa de obligación y compulsión, sino de Su prerrogativa independiente. Eso es lo que quiere decir ser Dios. Y porque él es Dios, Sus acciones libremente determinadas son inherentemente correctas y perfectas.

Decir que la elección es injusta no es sólo equivocado, fracasa en reconocer la misma esencia de justicia verdadera. Aquello que es justo, y bueno, es aquello que Dios está dispuesto a hacer. Así, si Dios está dispuesto a escoger a aquellos que El salvará, es intrínsecamente justo para El hacer eso. No podemos imponer nuestras ideas de justicia encima de nuestra comprensión de cómo obra Dios. En lugar de eso, debemos ir a las Escrituras para ver cómo Dios Mismo, en Su rectitud perfecta, decide actuar.

Traducido por Armando Valdez

¿Responde Dios las Oraciones de los Incrédulos?

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¿Responde Dios las Oraciones de los Incrédulos?

Does God answer the prayers of unbelievers?

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image002Dios es soberano y puede elegir responder cualquier oración que a El le plazca. Pero la Escritura claramente indica que Dios no escucha o responde cualquier oración. De hecho, la Escritura da al menos quince razones para una oración sin respuesta. Dios no responde la oración de aquellos:

1. Quienes tienen motivos personales o egoístas.

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites (Santiago 4:3).

2. Quienes guardan iniquidad en su corazones.

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado (Sal. 66:18).

3. Aquellos que permanecen en pecado.

Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. (Isaías 59:2).

Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. (Juan 9:31).

4. Aquellos que ofrecen un servicio indigno a Dios.

En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio,(C) ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos (Malaquías 1:7-9)

5. Aquellos que le dan la espalda a Dios.

Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados. Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia. (Jeremías 14:10-12)

6. Aquellos que rechazan el llamado de Dios

Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi reprensión no quisisteis… Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán. (Proverbios 1:24-25, 28)

7. Aquellos que no prestan atención a la ley de Dios.

El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable (Proverbios 28:9).

Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos (Zacarías 7:11-13)

8. Aquellos que hacen oídos sordos al lamento del pobre.

El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído. (Proverbios 21:13).

9. Aquellos que son violentos.

Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. (Isaías 1:15; vea también 59:2-3).

10. Aquellos que adoran ídolos.

Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré. E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal. Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusiste los altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal. Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su aflicción clamen a mí. (Jeremías 11:11-14; vea también Ezequiel 8:15-18)

11. Aquellos que no tienen fe.

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (Santiago 1:6-7)

12. Aquellos que viven en hipocresía.

Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. (Lucas 12:1).

13. Aquellos que son orgullosos de corazón.

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Santiago 4:6; 1 Pedro 5:5).

14. Aquellos que son arrogantes.

El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido (Lucas 18:11-14).

15. Aquellos que maltratan al pueblo de Dios.

Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, Para que yo destruya a los que me aborrecen. Clamaron, y no hubo quien salvase; Aun a Jehová, pero no los oyó. (Sal. 18:40-41).

Vosotros que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla. Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras. (Miqueas 3:2-4)

Así que, ¿Dios responde las oraciones de los incrédulos? Responder estrictamente si o no es difícil sin antes considerar la respuesta en varias maneras. Sin embargo, es notable que los principios arriba mencionados representen algunas de las características clave de un incrédulo. Así en forma segura podemos decir que, en general, Dios no responde las oraciones de un incrédulo.

Por Qué Es Importante la Membresía (Parte 2)

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Por Qué Es Importante la Membresía (Parte 2)

Why Membership Matters (Part 2)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image001 Este artículo es una continuación de la discusión de ayer sobre la membresía de la iglesia. Ayer consideramos el ejemplo de la iglesia primitiva. Hoy consideraremos a) la existencia del gobierno de la iglesia, b) el ejercicio de la disciplina de la iglesia, y c) la exhortación para a mutua edificación.

La Existencia del Gobierno de la Iglesia

El patrón coherente a todo lo largo del Nuevo Testamento es que una pluralidad de ancianos supervise cada cuerpo local de creyentes. Los deberes específicos dados a estos ancianos presuponen un grupo claramente definido de miembros de la iglesia que están bajo su cuidado.

Entre otras cosas, estos hombres piadosos son responsables pastorear al pueblo de Dios (Hechos 20:28; 1 Ped. 5:2), para trabajar diligentemente entre ellos (1 Tes. 5:12), para estar a cargo de ellos (1 Tes. 5:12; 1 Tim. 5:17), y para el cuidado de sus almas (Heb. 13:17). La Escritura enseña que los ancianos darán cuenta a Dios pues los individuos asignados a su cargo (Heb. 13:17; 1 Ped. 5:3).

Esas responsabilidades piden que haya una membresía distinguible, mutuamente sobreentendida en la iglesia local. Los ancianos pueden pastorear a las personas y rendir cuentas a Dios para su bienestar espiritual sólo si saben quiénes son; pueden proveer supervisión sólo si conocen aquellos por quienes son responsables; Y pueden cumplir con su deber de pastorear el rebaño si saben quién es parte del rebaño y quién no es.

Los ancianos de una iglesia no son responsables del bienestar espiritual de cada individuo que visita la iglesia o que asiste esporádicamente. Más bien, son primordialmente responsables de pastorear a aquellos que se han sometido al cuidado y autoridad de los ancianos, y esto se hace a través de la membresía de la iglesia.

Por el contrario, la Escritura enseña a los creyentes que deben someterse a sus ancianos. Hebreos 13:17 dice, “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos”. La pregunta a cada creyente es: “¿quiénes son sus líderes”? El que ha rehusado a unirse a una iglesia local y encomendarse al cuidado y autoridad de los ancianos no tiene líderes.

Para esa persona, la obediencia de Hebreos 13:17 es imposible. Para ponerlo de una manera simple, este verso significa que cada creyente sabe a quién se debe someter, el cuál, a su vez, asume una membresía de la iglesia claramente definida.

El Ejercicio de la Disciplina de la Iglesia

En Mateo 18:15-17, Jesús esboza la forma en que la iglesia debe buscar la restauración de un creyente que ha caído en pecado – un proceso de cuatro pasos comúnmente conocido como la disciplina de la iglesia. Primero, cuando un hermano peca, este debe ser confrontado de manera privada por un individuo solamente (v. 15). Si él se rehúsa a arrepentirse, ese individuo debe tomar a uno o dos creyentes para confrontarle otra vez (v. 16). Si el hermano en pecado se rehúsa a escuchar a lo dos o tres, entonces deben decirlo a la iglesia (v. 17). Si aun así no hay ningún arrepentimiento, el paso final es expulsar a la persona de la asamblea (v. 17; Cf. 1 Cor. 5:1-13).

El ejercicio de disciplina de la iglesia según Mateo 18 y otros pasajes (1 Cor. 5:1-13; 1 Tim. 5:20; Tito 3:10-11) presupone que los ancianos de una iglesia saben quién son sus miembros. Por ejemplo, los ancianos de la Iglesia Grace Community no tienen responsabilidad ni autoridad para disciplinar a un miembro de la iglesia que esta en la otra calle. Tristemente, la falta generalizada de entendimiento de la membresía de la iglesia ha hecho necesaria para nuestros ancianos disciplinar no sólo a miembros formales sino también a aquellos que regularmente tienen compañerismo en Iglesia Grace Community. Sin embargo, la enseñanza de la Biblia sobre la disciplina de la iglesia asume una membresía de la iglesia.

El Exhortación a la Edificación Mutua

El Nuevo Testamento enseña que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y que Dios ha llamado cada miembro a una vida dedicada al crecimiento del cuerpo. En otras palabras, la Escritura exhorta a todos los creyentes a edificar a los otros miembros practicando lo “el uno al otro” del Nuevo Testamento (e.g., Heb. 10:24-25) y ejercitando sus dones espirituales (Rom. 12:6-8; 1 Cor. 12:4-7; 1 Ped. 4:10-11). La edificación mutua sólo puede tener lugar en el contexto del cuerpo corporativo de Cristo.

Las exhortaciones para esta clase de ministerio presuponen que los creyentes se hayan comprometido a otros creyentes en una asamblea local específica. La membresía de la iglesia es simplemente la manera formal de hacer ese compromiso.

Conclusión

Experimentar un compromiso hacia una iglesia local implica muchas responsabilidades: Ilustrando un estilo de vida piadoso en la comunidad, ejercitando los sones espirituales de uno en el servicio diligente, contribuyendo financieramente a la obra del ministerio, dando y recibiendo amonestación con mansedumbre y en amor, y participando fielmente del culto corporativo. Mucho se espera, pero mucho está en riesgo. Porque sólo cuando cada creyente es fiel a esta clase de compromiso, la iglesia es capaz de estar a la altura de su llamado como el representante de Cristo aquí en la tierra. Para ponerlo de manera simple, la membresía tiene importancia.