Vida Cristiana

¿Cómo Acercarse a Dios?

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clip_image002¿CÓMO ACERCARSE A DIOS?

Horatius Bonar

Hemos de ir a Dios con nuestros pecados, porque no tenemos nada más que llevar con noso­tros, que podamos decir que sea nuestro. Ésta es una de las lecciones que más nos cuesta apren­der; con todo, si no la aprendemos no podemos dar un paso correcto en lo que llamamos una vida religiosa.

El buscar algo bueno en nuestra vida pasada, o el hacer algo bueno ahora, si vemos que el pa­sado no contiene nada que sea bueno, es la pri­mera idea que tenemos cuando empezamos a inquirir acerca de Dios, con miras a resolver las diferencias que hay entre nosotros y Él en cuan­to al perdón de nuestros pecados.

«En su favor hay la vida»; y el estar sin este favor es ser desgraciado aquí, y ser excluidos del gozo del más allá. No hay vida digna de este nombre de no ser la que fluye de su amistad se­gura. Sin esta amistad, nuestra vida aquí es una carga penosa; pero con esta amistad no tememos ningún mal, y toda aflicción se transforma en gozo.

« ¿Cómo voy a ser feliz?» fue la pregunta de un alma atribulada que había probado cien maneras diferentes para llegar a la dicha y había fallado en todas.

«Asegúrate del favor de Dios», fue la respuesta inmediata de uno que había probado, él mismo, que «el Señor es bueno».

« ¿No hay ningún otro modo de ser dichoso?» «Ninguno, ninguno», volvió a contestar decidido el otro. «El hombre ha estado intentando seguir otros caminos para conseguirlo desde hace miles de años, y ha fallado completamente; ¿y tú, esperas conseguirlo?»

«No, no; no quiero seguir haciendo pruebas. Pero este favor de Dios me parece una cosa muy nebulosa; Dios está muy lejos, y no sé por dónde ir para llegar a Él.»

«El favor de Dios no es nebuloso ni es ninguna sombra; es mucho más real que las realidades que te rodean; y Él mismo está más cerca de ti que los objetos más cercanos, y su gracia no es menos segura que cercana.»

«Este favor de que me hablas, siempre me ha parecido algo intangible, algo que se me escapa de los dedos.»

«Di más bien que es como el sol, y que, la nube de que hablas, te lo esconde.»

«Sí, sí, creo lo que dices; pero ¿cómo voy a penetrar en esta nube y llegar al sol que hay detrás? ¡Parece muy difícil y requiere mucho tiempo!»

«Tú eres el que hace distante y difícil lo que Dios ha hecho simple, fácil y cercano.»

« ¿No hay dificultades? ¿Esto es lo que quiere decir?»

«En un sentido, las hay a miles; en otro, no hay ninguna.»

« ¿Qué quieres decir?»

« ¿Puso el Hijo de Dios alguna dificultad al ca­mino del pecador cuando dijo a la multitud:

«Venid, a mí, y os haré descansar?»

«No, eso no; lo que quería decir era que todos fueran al instante a Él, allí donde estaba, y don­de estaban ellos, y que Él les haría descansar.»

« ¿Si hubieras estado en aquel lugar, qué difi­cultades habrías hallado?»

«Ninguna, claro; el hablar de dificultad estan­do al lado del Hijo de Dios, habría sido una necedad, o peor.»

« ¿Sugirió el Hijo de Dios alguna dificultad para el pecador cuando Él estaba sentado junto al pozo de Jacob, al lado de la Samaritana? ¿No fue prevista o eliminada toda dificultad con estas maravillosas palabras de Cristo: «Lo que pidáis, esto os daré?»»

«Sí, sin duda; el pedir y el dar es todo lo que se menciona. Todo el negocio se termina aquí. El tiempo, el espacio; la distancia y la dificul­tad, no tienen nada que ver con el asunto; el dar iba a seguir al pedir como una cosa natural. Hasta aquí todo está claro. Pero quisiera pre­guntar: ¿No hay obstáculos ni barreras aquí?»

«Ninguna en absoluto, si el Hijo de Dios vino realmente a salvar a los pecadores; si hubiera venido sólo para aquellos que estaban perdido en parte, o que se podían salvar a sí mismos en parte, la barrera sería infinita. Esto lo admito; es más, insisto en ello.»

«El hecho de estar perdido, pues, ¿no es nin­guna barrera para poder ser salvo?»

«Esta pregunta es una pregunta sin sentido y la respuesta ha de ser una analogía. Si tienes sed, ¿va a ser esto un obstáculo para poder aceptar el regalo de un amigo?»

«Es verdad; es la sed lo que me hace apto para el agua, y mi pobreza, para el regalo.»

«Claro, el Hijo del hombre no vino para lla­mar al arrepentimiento a los justos, sino a los pecadores. ¡Si no eres del todo pecador, enton­ces aquí hay un obstáculo; pero, si lo eres del todo, entonces no hay ninguno!»

« ¿Pecador del todo, completamente? ¿Éste es mi carácter?»

«No lo pongas en duda. Si dudas ve y busca en la Biblia. El testimonio de Dios es que eres del todo un pecador, y los tratos que tengas con El han de ser como tal; y los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.»

«¡Totalmente pecador, bien!; pero ¿no he de quitarme algunos de los pecados antes de que pueda esperar bendición alguna de Él?»

«En modo alguno; sólo Él puede quitar de ti pecado alguno, aunque sea uno sólo; y tú tienes que acudir a Él con todo lo que tienes de peca­minoso, por mucho que sea. Si tú no fueras del todo un pecador, no necesitarías totalmente a Cristo, porque Él es un Salvador completo; Él no te ayuda a ti a salvarte, ni tú le ayudas a Él a que te salve. Él se hace cargo de todo o de nada. Una salvación a medias sólo tiene interés para los que no están completamente perdidos. «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo en el madero» (1 P. 2:24).

Cuando Lutero halló su camino a la paz y li­bertad de Cristo, se hallaba en una situación semejante a la descrita anteriormente. La historia de su liberación es instructiva, ya que muestra cómo las piedras de tropiezo de la justicia pro­pia son quitados por la exhibición plena del evangelio en su calidad de gratuito, como bue­nas nuevas del amor de Dios a los que no aman ni pueden ser amados, las buenas nuevas de perdón para el pecador; sin méritos y sin dine­ro, las buenas nuevas de la PAZ CON DIOS, sólo por medio de la propiciación de Aquel que hizo paz por medio de la sangre de su cruz.

Una de las primeras dificultades de Lutero fue que él creía que tenía que efectuar el arrepentimiento él mismo; y una vez realizado, ha­bía de llevar este arrepentimiento como una ofrenda de paz o como una recomendación a Dios. Si este arrepentimiento no podía ser presentado como una recomendación positiva, por lo menos podía ser alegado como atenuante para el castigo.

« ¿Cómo puedo creer en el favor de Dios —se decía— en tanto que no hay en mí una conver­sión real? Tengo que ser cambiado antes que Él pueda recibirme.»

La respuesta que se le dio fue la «conversión», o «arrepentimiento que tanto procuraba, no puede tener lugar en tanto que se considera a Dios como un Juez estricto y distante. Es la bondad de Dios que nos lleva al arrepentimien­to (Ro. 2:4), y sin reconocimiento de esta «bon­dad», no hay modo de que se ablande el cora­zón. Un pecador impenitente es el que desecha las riquezas de su bondad y paciencia, y longa­nimidad.

El consejero experimentado de Lutero le dice de modo simple y claro que tiene que poner de lado todas las penitencias y mortificaciones, y todos los preparativos de justicia propia que le procuren o le compren el favor divino.

Esta voz, nos dice Lutero de modo conmove­dor, le pareció como si viniera del cielo: «Todo arrepentimiento verdadero empieza con el co­nocimiento del amor perdonador de Dios.»

Cuando está escuchando se hace la luz, y le llena un gozo hasta entonces desconocido. ¡No hay nada entre él y Dios! ¡Nada entre él y el per­dón! ¡No hay bondad preliminar ni sentimientos preparatorios! Aprende la lección del apóstol: «Cristo murió por los impíos» (Ro. 5:6). «Dios justifica al impío» (Ro. 4:5). Todo el mal que hay en él no puede impedir esta justificación; y toda la bondad que pudiera haber en él (si la hubiera), no le puede ayudar a obtenerla. Tiene que ser recibido como pecador, o no puede ser recibido. El perdón que se le ofrece reconoce sólo su culpa; y la salvación que se le proporcio­na en la cruz de Cristo, le considera simplemen­te como perdido.

Pero el sentimiento de culpa es demasiado profundo para ser aquietado con facilidad. El temor regresa, y una vez más va a su anciano consejero clamando: «¡OH, mi pecado, mi peca­do!» como si el mensaje de perdón que había re­cibido recientemente fueran nuevas demasiado buenas para ser verdaderas, y como si pecados como los suyos, no pudieran ser perdonados de un modo tan fácil y simple.

« ¿Cómo? ¿Quieres decirme que sólo haces ver que eres un pecador, y que por tanto sólo necesitas a un Salvador que pretenda serlo?»

Así le contestó su venerable amigo y luego añadió solemnemente: «Sabe que Jesucristo es el Salvador de pecadores grandes y reales, que no merecen sino la peor condenación.»

«Pero ¿no es Dios soberano en su amor electi­vo? —dice Lutero— quizá yo no soy uno de los escogidos.»

«Mira las heridas de Cristo —fue la respues­ta— y ve en ellas la gracia que hay en la mente de Dios para los hijos de los hombres. En Cristo leemos el nombre de Dios, y aprendemos lo que Él es, y cómo Él ama; el Hijo es el que revela al Padre; y el Padre envió al Hijo para ser el Sal­vador del mundo.»

«Creo en el perdón de los pecados», dijo Lute­ro a un amigo, un día que estaba enfermo en cama; «pero ¿en qué me afecta esto?».

«Ah —dijo su amigo— ¿no incluye esto tus propios pecados? ¿Crees en el perdón de los pe­cados de David, en los pecados de Pedro, y por qué no en los tuyos propios? El perdón es tanto para ti como para David y Pedro.»

Así, Lutero halló descanso. El evangelio, creí­do de esta forma, le dio libertad y paz. Supo que estaba perdonado porque Dios había dicho que el perdón era la posesión inmediata y segura de todos los que creían las buenas nuevas.

En la resolución de esta gran cuestión entre el pecador y Dios, no tenía que haber considera­ción a precios ni regateos de ninguna clase. La base del acuerdo fue fijada hace diecinueve si­glos; y la gran transacción de la cruz hizo todo lo que se necesitaba en cuanto al precio. «Todo ha sido hecho» es el mensaje de Dios a los hijos de los hombres cuando inquieren: «¿Qué tenemos que hacer para ser salvos?» Esta transacción com­pleta hace innecesarios todos los esfuerzos del hombre para salvarse a sí mismo o ayudar a Dios a justificarse. Vemos a Cristo crucificado, y Dios en Cristo reconciliando al mundo a sí, no imputando a los hombres sus faltas; y esta no imputación es el resultado únicamente de lo que fue hecho en la cruz, donde la transferencia de la culpa del pecador al sustituto divino fue hecha de una vez y para siempre. Y es de esta transacción que el evangelio nos trae las «bue­nas nuevas», y todo aquel que cree, participa de todos los beneficios asegurados por aquella transacción.

«Pero ¿no estoy en deuda al Espíritu Santo por su obra en mi alma?»

«Indudablemente; porque ¿qué esperanza puede haber para ti sin el Espíritu Todopoderoso, que aviva a los muertos?»

«Si es así, ¿no tendría que esperar sus impul­sos, y teniéndolos, no puedo presentar los sentimientos que Él ha obrado en mí como razones de que he sido justificado?»

«En modo alguno. No estás justificado por la obra del Espíritu, sino sólo por la de Cristo; ni son las actividades del Espíritu en ti, la base de tu confianza, o las razones de que esperes per­dón del Juez de todos. El Espíritu obra en ti, no para prepararte para ser justificado, o para ha­certe apto para el favor de Dios, sino para lle­varte a la cruz, tal como eres. Porque la cruz es el único lugar donde Dios trata con misericor­dia al trasgresor.»

Es en la cruz que somos recibidos por Dios en paz y nos da su favor. Allí no sólo hallamos la sangre que nos limpia, sino también la justicia que nos viste y hermosea, de modo que a partir de entonces somos tratados por Dios como si nuestra propia injusticia hubiera desaparecido y la justicia de su propio Hijo fuera realmente la nuestra.

Esto es lo que el apóstol llama «justicia impu­tada» (Ro. 4:6, 8, 11, 22, 24), o justicia que es considerada por Dios de tal modo que por me­dio de ella tenemos a todas las bendiciones que esta justicia puede obtener para nosotros. La justicia que nosotros obtenemos, o que otro pone en nosotros la llamamos infusa, o imparti­da o inherente; pero la justicia que corresponde a otro y que es considerada por Dios como si fuera nuestra, la llamamos justicia imputada. Es de esta justicia que habla el apóstol, cuando dice: «Vestíos del Señor Jesucristo» (Ro. 13:14; Gá. 3:27). De modo que Cristo nos representa; y Dios trata con nosotros como siendo representa­dos por Él. La justicia dentro seguirá por nece­sidad y de modo inseparable; pero no hemos de esperar para tenerla antes de ir a Dios para la justicia de su único Hijo Jesucristo.

La justicia imputada tiene que venir primero. No puedes tener la justicia dentro hasta que tengas la justicia fuera; y el hacer tu propia jus­ticia el precio que tú das a Dios por la de su Hijo es deshonrar a Cristo y negar la cruz. La obra del Espíritu no es el hacernos santos a fin de que podamos ser perdonados, sino el mos­trarnos la cruz, donde pueden hallar el perdón de los no santos; de modo que, habiéndolo ha­llado, puedan empezar la vida de santidad a la que han sido llamados.

Lo que Dios presenta al pecador es un perdón inmediato: «No por obras de justicia que noso­tros hayamos hecho», sino por la gran obra de justicia cumplida por nuestro Sustituto. Lo que nos califica para obtener esta justicia es que seamos injustos, tal como lo que califica al en­fermo para que le vea el médico, es que está en­fermo.

El evangelio no dice nada de una bondad pre­via, o de un perdón preparatorio. De un estado preliminar de sentimiento religioso necesario como introducción a la gracia de Dios, el após­tol, no dice nada. Los temores, las dificultades, las preguntas que uno se hace, los clamores amargos pidiendo misericordia, los presenti­mientos de juicio, y las resoluciones de enmien­da, pueden haber precedido a la recepción de las buenas nuevas por parte del pecador, en cuanto al tiempo; pero no constituyen su apti­tud ni le califican. Habría sido bien recibido sin ellas igualmente. No hace su perdón más com­pleto, ni más gratuito, ni más por gracia. La ne­cesidad del pecador era todo su argumento. «Dios, ten misericordia de mí, pecador.» Necesi­taba salvación y fue a Dios para conseguirla, y lo obtuvo sin mérito y sin dinero. «Cuando no tenía con qué pagar, Dios le perdonó simple­mente.» Fue el hecho de que no tenía con qué pagar que ocasionó el perdón franco y simple. ¡Ah, esto es gracia! «El amor es esto, no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero a nosotros.» Él nos amó, aun cuando nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Él nos amó, no porque éra­mos ricos en bondad, sino porque El era «rico en misericordia»; no porque nosotros fuéramos dignos de su favor, sino porque Él se deleitó en su bondad. La bienvenida que nos dio procede de su gracia, no de que nosotros seamos dignos de ser amados. «Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» «¡Cristo invita a los cansados! Es este cansancio lo que nos hace aptos para Él, y Él para noso­tros. Aquí está nuestro cansancio, allí está nues­tro lugar de reposo.» Están uno al lado del otro. Dices: « ¿Este lugar de reposo no es para mí?»

¿Qué? ¿no es para el cansado? Dices: «Pero no puedo usarlo.» «¿Qué? ¿Quieres decir que estás tan cansado que no puedes descansar?» Si hu­bieras dicho: «Estoy tan cansado que no puedo estar de pie, que no puedo andar, que no puedo subir», te habría podido entender. Pero, dices: «Estoy tan cansado que no puedo descansar.» Esto es simplemente absurdo, o algo peor, por­que haces un mérito y una obra de tu descansar: parece que piensas que el descansar tiene algún mérito, que es hacer algo importante, que re­quiere un esfuerzo prolongado y prodigioso.

Escucha, pues, las graciosas palabras del Se­ñor: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva» (Jn. 4:10). Tú la habrías pedido y Él te la hubiera dado. Esto es todo. ¡Cuan real, cuan verdadero, cuan simple, cuan gratuito! O, escuchemos la voz del siervo en la persona de Lutero: «OH, mi querido hermano, aprende a conocer a Cristo y a Cristo crucificado. Aprende a cantar un nuevo canto; a dejar por inútil tu obra anterior, y a clamar a Él, Cristo Jesús: «Tú eres mi justicia y yo soy tu pecado. Tú has tomado sobre ti lo que es mío. Tú lo has pasado a ser, y para que yo pudiera ser lo que no era. Cristo habita sólo con los pe­cadores. Medita con frecuencia en este amor de Dios, y saborearás su dulzura.» Sí; perdón, paz, vida, todos ellos son dones, dones divinos de Dios, presentados personalmente a cada peca­dor necesitado por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. No han de ser comprados, sino recibidos; como los hombres reciben el sol, completamente gratuito. No han de ser ganados ni merecidos con esfuerzos o sufrimientos, u oraciones ni lágrimas; sino aceptados al instan­te como comprados por el trabajo y sufrimien­tos del gran Sustituto. No hay que esperar para conseguirlos, sino que han de ser aceptados al instante sin ninguna vacilación o desconfianza, como los hombres aceptan el don de amor de un amigo generoso. No han de ser reclamados a base de aptitud o de bondad, sino de necesidad y de inmerecimiento, de pobreza y de carencia total.

La Perspectiva Bíblica de la Autoestima

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La Perspectiva Bíblica de la Autoestima

por

Jay E. Adams

1 Amarás… ¿como a Ti mismo?

Los cristianos que han propagado estas enseñanzas de la “autoestima” hacen una exposición poco convincente al encontrar prácticas y principios de autoestima en la Biblia. Mientras que admitimos que fueron los psicólogos incrédulos los que tomaron la delantera, han hecho todo intento posible por obtener cierto apoyo bíblico. Las Escrituras son registradas de arriba abajo y los versículos son torcidos con el propósito de dar cierta clase de credibilidad bíblica a la teoría. Pero la Biblia es usada no para descubrir lo que Dios tiene que decir o lo que debemos creer; sino que, la perspectiva ya ha sido llevada a la Biblia cuando la búsqueda bíblica comenzó.

Esta metodología es siempre peligrosa. No obstante ha sido la especialidad de los cristianos que son psicólogos: adoptar un sistema pagano; luego se menciona la Biblia para apoyarla. Primero fue la perspectiva de Freud sobre la “identidad” que se suponía que se aproximaba a las enseñanzas de la Biblia sobre el pecado original. Luego, desde que Jung hizo declaraciones religiosas hoy y entonces, se dijo que el estaba “cercano” al cristianismo. (Por supuesto, que su pensamiento abiertamente se basaba en tales puntos de vista «religiosos» como aquellos encontrados en el Libro Tibetano de los Muertos fueron raras veces mencionados.) Luego, los puntos de vista de Carl Rogers sobre el escuchar y la aceptación fueron fácilmente comparadas a las ideas bíblicas (aun cuando declaraciones en Proverbios 18 y a otros lugares se oponían al pensamiento Rogeriano y a la práctica en ambas áreas). Luego el conductismo de Skinner fue conformado con declaraciones bíblicas acerca de la recompensa y el castigo (sin notar el hecho de que lo más reciente está condicionado por el programa de recompensa y castigo de Dios, y por consiguiente es totalmente diferente). Ahora, como la última moda pasajera, es el dogma de la autoestima que se dice ser similar o idéntico a la doctrina bíblica.

Esta inclinación por “encontrar” las últimas ideas psicológicas en las Sagradas Escrituras es peligrosa para varias razones:

1 La perspectiva extrabíblica recibe autoridad bíblica a los ojos de muchos cristianos. Para contestar la pregunta con la cual este capítulo comenzó, la razón por la que tantos cristianos son conducidos a la aceptación de puntos de vista psicológicos es que a estos puntos de vista se les da un molde bíblico y son apoyados por pasajes bíblicos que han sido torcidos fuera de su contexto y los han obligado a dar un servicio que nunca se pretendió que hicieran. Desafortunadamente, muchos cristianos son conducidos engañosamente a pensar que la Biblia realmente enseña cosas así.

2 Dios es tergiversado. Esto, claro está, es el hecho más peligroso de todo. Que los psicólogos cristianos (pocos de los cuales toman tiempo para volverse competentes en una exégesis seria) puedan utilizar la Palabra del Dios vivo en una moda tan arrogante como algunas veces lo hacen, y que cristianos sin discernimiento acepten fácilmente sus interpretaciones es tanto aterrador como abrumador. Los pasajes son distorsionados y malversados con descuido; a las Escrituras se les hacen decir lo que el intérprete quiere que ellas digan; y la Biblia, como si estuviera hecha de cera, es moldeada para que se ajuste a la última moda pasajera. Hay una cierta falta de reverencia evidente hacia Dios mismo en este proceso.

3 Cualquier sistema que se propone solucionar problemas humanos sin la Biblia y el poder del Espíritu Santo (como todos estos sistemas paganos lo hacen, incluyendo el sistema de la autoestima) es automáticamente condenado por la Sagrada Escritura misma. Ni Adler ni Maslow profesaron una fe cristiana. Ni su sistema depende en alguna manera del mensaje de salvación. Amor, gozo, paz, etc., son tratados como si no fueran fruto del Espíritu sino meramente el fruto de correctas perspectivas del yo que alguien puede lograr sin la Biblia o la obra del Espíritu en su corazón.

Por estas razones el sistema de la autoestima con sus correspondientes afirmaciones bíblicas debe ser rechazado. No proviene de la Biblia; los cristianos llamaron a la Biblia mucho después de que el sistema fuera desarrollado por otros que no tuvieron la intención de basar su sistema en la Palabra de Dios. Cualquier parecido entre la enseñanza bíblica y la enseñanza de los iniciadores de la autoestima son tanto inventados como accidentales.

Pero, debido a que los cristianos han tratado de hacer un caso bíblico para este substituto no bíblico de la forma en que Dios ayuda a los hombres, debemos tomar una postura firme sobre los pasajes principales que han sido metidos a la fuerza a disposición. Hay tres: 1) Mateo 22:36-40, 2) Romanos 6/Colosenses 3, y 3) Santiago 3:9.

Mateo 22:39b

Conjuntamente con estos versos, también tendremos necesidad de observar el pasaje paralelo en Lucas 10:25-37.

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. – Mateo 22:36-40

Para los propósitos de nuestro debate, el verso más importante es Mateo 22:39b: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Este es probablemente el verso más citado por los defensores de la enseñanza de la autoestima. Trobisch, por ejemplo, le llamó una “orden de amarse a usted mismo,” [1] y dice:

El autoestima es así el prerrequisito y el criterio para nuestra conducta hacia nuestro prójimo. [2]

¡Esa es una declaración asombrosa! ¡Trobisch no nos dice sólo que Jesús nos ordenó amarnos a nosotros mismos, sino que no podemos amar a nuestro prójimo correctamente a menos que primero aprendamos a amarnos a nosotros mismos porque el criterio, o estándar, por el que determinamos decidir cómo amar al prójimo es cómo nos amamos a nosotros mismos!

Él tiene la temeridad para decir, “esto [el hallazgo de la psicología moderna de que el hombre debe procurar amarse a sí mismo] derrama luz nueva sobre el mandato que Jesús enfatizó colocándolo en el mismo orden de importancia que el amar a Dios”. En otras palabras, ¡Trobisch piensa que hasta que los psicólogos modernos descubrieron la verdad en otro lugar: este importante mandato bíblico – en este aspecto nuevo muy importante – estaba escondido y que no estaba correctamente comprendido! ¡Por casi 2000 años la iglesia había estado en tinieblas!

En verdad, el verso no dice nada sobre eso. Considere los hechos. Primero, que no hay ningún mandamiento aquí (o en cualquier otra parte de la Biblia) de amarse a sí mismo. ¿Le asombra eso? Escuchando hablar a los líderes de la imagen propia, usted pensaría que la Biblia contiene algo de eso. Pero de hecho no hay ningún mandamiento aquí o en otro lugar en la Escritura de amarse a sí mismo.

Cristo lo dejó perfectamente claro que él hablaba acerca de dos, y sólo dos mandamientos. En los versículos 39 y 40 El habla del “segundo” mandamiento y de “estos dos mandamientos”. No hay un tercer mandamiento. Toda la Sagrada Escritura puede ser colgada en dos clavijas: Amar a Dios y amar a su prójimo. ¡Pero las personas de la autoestima crean tres mandatos de Cristo de estos dos! No hay absolutamente ninguna excusa para tratar las Escrituras de esta manera.

Como si tal distorsión de la enseñanza francamente bíblica no fuese suficiente, van más allá y hacen los primeros dos mandatos depender de un supuesto «tercer” mandato. Según el grupo Adler/Maslow, las necesidades de bajo nivel deben ser satisfechas antes que las necesidades de nivel alto. Esto quiere decir que las necesidades de nivel 4 (la autoestima) deben ser suplidas antes que las necesidades de nivel 5 (auto-realización) lo puedan ser. O, para ponerlo en términos del versículo que está siendo forzado a entrar en el sistema Adler/Maslow, usted no puede amar a su prójimo (una actividad de nivel 5) hasta que usted primero aprenda a amarse a usted mismo (una actividad de nivel 4). Por esto es que Trobisch sostiene que “que el amor propio es así el prerrequisito” para amar a su prójimo. Él procede a decir:

Usted no puede amar a su prójimo, usted no puede amar a Dios a menos que usted primero se ame a sí mismo…Sin amor propio, no puede haber amor para los demás. [3]

Esta forma de pensar no es limitada a Walter Trobisch. Recuerde la declaración de Crabb sobre el asunto:

Para ser equilibrado, usted debe alcanzar la etapa de auto-realización. Para alcanzar esa etapa usted debe pasar primero a través de las otras cuatro etapas…. [4]

Ahora escuche a Philip Captain:

Realmente nuestra habilidad para amar a Dios y amar a nuestro prójimo es limitada por nuestra habilidad para amarnos a nosotros mismos. No podemos amar a Dios más de lo que amemos a nuestro vecino y no podemos amar a nuestro prójimo más de lo que nos amamos nosotros mismos. [5]

Captain aun pule la jerarquía con una distorsión suya: El amor hacia Dios está bajo la dependencia del amor hacia el prójimo, lo cual a su vez está bajo la dependencia del amor hacia uno mismo.

En cada una de estas construcciones el escritor está completamente convencido de que el amor hacia Dios y al prójimo es contingente en el amor hacia uno mismo. Pero en el pasaje bíblico no sólo no existe un tercer mandamiento, sino que ni siquiera existe una relación dependiente establecida entre los dos mandamientos. Ambas afirmaciones de la autoestima son llevadas al texto para cambiar la forma del mismo; entonces, en su forma cambiada, el texto es metido a la fuerza en el sistema.

Jesús realmente presupone un amor propio en este pasaje. Él dice, “amarás a tu prójimo como a ti mismo.” El mandato es amar a tu prójimo como tú ya mismo te amas. El verso podría ser traducido [del griego] literalmente, “tú debes amar a tu prójimo como tú ya mismo te amas”.

Ese mismo amor propio que es presupuesto por Jesús es asimismo presupuesto en el argumento de Pablo en Efesios 5:28, 29, dónde él insta a los maridos a amar a sus esposas “como a sus mismos cuerpos”. Él procede a decir:

Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia – Efesios 5:29

En otras palabras, todo el argumento de Pablo se conecta con el hecho de que ya exhibimos amor hacia nosotros mismos.

Lucas 10:29

Comparando Lucas 10:29 con Mateo 22:36-40, aparece una adición contextual importante. Lucas nos dice:

Pero él [el intérprete de la ley], queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Después de esto Jesús contó la parábola del Buen Samaritano.

¿Cuál fue el problema del intérprete de la ley? ¿Estaba el sufriendo una baja autoestima? Todo lo contrario. Lucas dice que “queriendo justificarse a sí mismo”. Esto es decir que la pregunta que él hizo, “¿Y quién es mi prójimo?” no fue realmente hecha para pedir información sino para confundir a Jesús. Y note que él quiso confundirlo a fin de que él pudiera justificar sus propios actos pecaminosos. Hizo la pregunta, por consiguiente, fuera de un interés propio. Él estaba a gusto en la condición en la que estaba y no quería dar su tiempo o dinero a su prójimo. Él deseaba permanecer absorto en sí mismo.

La parábola del Buen Samaritano ciertamente no fue diseñada para fomentar un mayor interés propio, sino justo lo contrario. El mismo punto de la parábola es que uno debe amar a su prójimo – o sea alguien necesitado – como a sí mismo. Él debe cuidar de las necesidades de los demás y aun debe tomarse muchas molestias por los demás. Jesús no dijo que con el fin de involucrarse en tal actividad de alto nivel como el samaritano hizo, uno primero debe llegar a un lugar donde todas sus necesidades en niveles inferiores fuesen satisfechas. ¿Qué del sacerdote y el Levita? ¿Estaban deprimidos? ¿Tenían baja autoestima? Claro que no. Probablemente se consideraban mucho mejores que el samaritano. Su problema era el mismo del intérprete de la ley: Se amaban tanto a sí mismos que no se tomarían muchas molestias por alguien más.

Trobisch nos dice que nuestro amor hacia nosotros mismos es el “criterio” así como también el prerrequisito para amar a los demás. Él explica esto diciendo: “es la vara medidora que Jesús nos da para amar a los demás.[6] Lo Que él afirma es que cuando Jesús dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, él quiso decir “Haz las mismas cosas a los demás que haces para ti mismo”. Pero eso no sería correcto por varias razones. Primero, los criterios para amar a los demás son los Diez Mandamientos que Jesús aquí resumía en dos:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” – Lucas 10:27

Al decir esto todos los libros de la Biblia (la ley y los profetas) podrían ser resumidos en esos dos mandamientos, él también señalaba las Escrituras como el ejercicio de los mandamientos en la vida diaria. En efecto, entonces, Jesús decía que los criterios para amar a Dios y a los demás han de encontrarse en la Biblia – y no en nosotros.

Claramente debemos amar a nuestro prójimo como la Biblia manda, y no haciendo las mismas cosas que hacemos a nosotros mismos. Fuera de un amor propio, no hacemos sólo buenas cosas, sino toda clase de cosas dañinas y pecaminosas a nosotros mismos: Cometemos adulterio, mentimos, cometemos robo, comemos demasiado, nos suicidamos, etc. Las cosas que hacemos para nosotros mismos, entonces, no son los criterios para amar a los demás.

Entonces ¿Qué quieren decir las palabras de Jesús “como a ti mismo”? No hay pensamiento de criterio en ellos, puesto que, explícitamente, los criterios han de ser encontrados en Los Diez Mandamientos y en su ejercicio en toda la Escritura. El pensamiento tiene que ver con intensidad, fervor, y cantidad de amor. Note cuidadosamente que Jesús dice que el segundo mandamiento es justo como el primero (Mateo 22:39). ¿Con respecto a que son semejantes? Primero, que ambos hablan de amar; ambos son mandamientos a amar. Pero esto no puede ser la semejanza principal de la cual Jesús señalaba; es demasiado obvio hacer este punto. Hay una segunda forma en la cual los dos mandatos son semejantes. El mandamiento de Jesús de amar a Dios “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (v 37) quiere decir con todo lo que usted es y todo lo que usted tiene. Quiere decir amar a Dios genuinamente y sinceramente, fervientemente e incondicionalmente. Es en relación a esto que los dos mandamientos “justamente” se parecen. ¡Cuando a usted se le manda amar a su prójimo como a “ti mismo,” quiere decir ¡amar tan incondicionalmente como usted se ama a usted mismo!

Ya tenemos un amor ferviente, dedicado, genuino, y sincero para nosotros mismos. Con los pecadores, este amor es casi siempre excesivo. Ahora, dice Jesús, extiende la misma cantidad de amor hacia tu prójimo: Ámele “como a usted mismo”. El argumento equivale precisamente a la argumento que Pablo hace para un marido amando a su esposa “lo mismo que” él ya ama su propio cuerpo. ¿Cómo debe hacerse eso? En lo misma actitud ferviente, sustanciosa, y de corazón con la cual un hombre cuida de él mismo (no necesariamente haciendo aquello mismo para su esposa que él se hace para sí mismo).

Es claro que Mateo 22, supuestamente el pasaje más firme que apoya la autoestima, es de hecho el pasaje que realmente señala al movimiento mismo. Cualquier consideración seria de este pasaje completamente repudia el tipo de enseñanza de amor propio que vemos hoy.

Para resumir este capítulo, debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Pero Mateo 22:39 no contiene un mandamiento de amarse uno mismo, puesto que no necesitamos preocuparnos en amarnos a nosotros mismos si verdaderamente amamos a Dios y a nuestro prójimo. Puesto que el cumplimiento de estos dos mandatos es el cumplimiento de todo, siempre haremos lo correcto para nosotros mismos. El amor, en la Biblia, es cuestión de dar: “De tal manera amó Dios al mismo, que ha dado…” (Juan 3:16); “Él me amó y se dio …” (Gal. 2:20); “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…” (Efes 5:25). Porque es de mayor bendición dar que recibir, los proponentes del autoestima (quiénes defienden el obtener de los demás y dar a si mismos antes que dar a Dios y los demás) substraen una bendición enriquecedora de aquellos que siguen su énfasis no bíblico. No hay necesidad de preocuparse en como amarse a uno mismo, por tanto tiempo como uno trata primero de amar a Dios y a su prójimo en un modo bíblico, todo el mórbido interés por sí mismo correcto aparecerá como un subproducto. Por esto es que la Biblia nunca nos ordena amarnos. Puesto que la Biblia guarda silencio al respecto, deberíamos hacerlo también.

2 ¿De un Valor Infinito?

Romanos 6:1-13/Colosenses 3:1-10

Ahora es tiempo de ver Romanos 6/Colosenses 3. Primero debemos pensar acerca de las secciones de las dos cartas de Pablo. En los pasajes paralelos encontrados en Romanos 6 y Colosenses 3 el creyente recibe instrucciones de “considerarse” a sí mismo muerto al pecado y vivo para Dios. A él se le asegura que él es una persona nueva a los ojos de Dios y que la vieja persona que el solía ser está legalmente muerta. Además, él es exhortado a ser, en la vida diaria, la persona nueva que él es tal y como es considerada a los ojos de Dios en Cristo.

Los teóricos de la imagen propia se han dado prisa en atacar estos pasajes, volviéndolos hacia sus propósitos y dándole poca o ninguna consideración a los propósitos para los cuales fueron escritos. Es claro aun que en una lectura superficial de los dos capítulos que Pablo no tuvo intención alguna de enseñar una doctrina de autoestima. Y ningún cristiano alguna vez ha encontrado tal enseñanza en estos pasajes por un período de 1900 años hasta que los psicólogos humanistas les “alertaron” de los dogmas que ellos ahora profesan de encontrar tan explícitamente lo que allí enseñan. No obstante, los defensores de la autoestima toman consuelo en lo que ellos piensan que pueden decir estos pasajes.

Un defensor celoso de las afirmaciones del sistema:

Nuestra imagen propia como cristianos, por consiguiente, debe ser de nosotros mismos como personas que han rechazado decisivamente la manera de vivir antigua que es llamada el hombre viejo, y permanentemente han adoptado el nuevo método de vivir el cuál es designado el hombre nuevo.

En apoyo a esto él se refiere a Romanos 6:11:

“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Luego, para establecer su punto, él insiste que:

Ésta es una declaración bíblica tan clara de la imagen propia cristiana como uno puede encontrar cualquier parte.[1]

Si el profesor que hizo esa declaración está en lo correcto, y si no hay una clara “declaración bíblica” de la doctrina supuestamente encontrada, entonces el movimiento está en un problema serio. La realidad es que no hay nada claro acerca de la imagen propia en el pasaje en absoluto.

De cierto, Colosenses 3 y Romanos 6 nos dicen que Dios nos ve a nosotros “en Cristo” que nuestra posición ante El como el Juez es perfecta; ninguna falla puede ser encontrada. Hemos sido completamente perdonados cuando creímos, y ahora Dios nos ve como personas completamente nuevas en Su Hijo. En El todos los antiguos caminos se han ido y los nuevos caminos se han quedado para siempre. Todo esto es asombrosamente claro. Pero lo que es también claro es que Pablo no nos dice a nosotros esto para “hacer que nos sintamos bien acerca de nosotros mismos” o «para apapacharnos” o «subir nuestra autoestima”. Su propósito es urgirnos a convertirnos en nuestro diario vivir lo que ya se nos es contado que somos en Cristo. En otras palabras, él quiere que nosotros veamos que en nosotros mismos nos quedamos mucho más cortos de lo que estamos en Cristo.

Escuche Romanos 6:1-2:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

¡El verso 2 suena más como una exhortación que como aun halago! El profesor que citó Romanos 6:11 fue selectivo; para dar el sentido completo, él debería haber citado los siguientes versos también. Versículos 12 y 13 continúan el pensamiento de Pablo:

No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Lo que es claro es que el propósito de Pablo al instarnos “a considerarnos” muertos al pecado y vivos para la justicia en Cristo debe obligarnos a vivir de una manera diferente. El “Así también” con el cuál el verso 12 empieza (en algunos textos griegos) introduce la conclusión a la que deberíamos llegar del hecho indicado en el verso 11. Pablo no dice, “por eso ustedes deben sentirse bien acerca de ustedes mismos”. Él dice: “en la vida diaria comiencen a vivir a la altura del estándar alto de su posición legal en Cristo”.

Pablo, escribiéndole a los Colosenses, indica:

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios… Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”. – Colosenses 3:3,5, 8-10

Otra vez, se afirma el hecho de que la vida antigua ha sido reemplazada por la vida nueva en Cristo. Y otra vez, justamente como lo fue antes, lo que Pablo hace de esto es que: puesto que esto es cierto en Cristo, comiencen a vivir en esta realidad en sus asuntos diarios. No hay ni siquiera una ligera insinuación en estos pasajes acerca de mirarnos a nosotros mismos como personas de gran valor o acerca de ganar una mejor imagen propia. Todo lo que él está haciendo es sostener en alto el ideal (nuestra posición perfecta en Cristo) e instarnos a aproximarnos más plenamente a ello en nosotros mismos.

¿Nos autorizan estos pasajes a decir alguna cosa como lo que el siguiente escritor cristiano dice?

…Debemos vernos a nosotros mismos como excepcionalmente maravillosos, inherentemente valiosos. 2

¡Seguramente no! El propósito de estos pasajes es mostrarnos la gran vacío que hay entre lo que somos contados o considerados en Cristo (la justificación) y lo que somos en realidad en nosotros mismos en nuestro diario vivir (la santificación), para instarnos a cerrar ese vacío. Ellos son diseñados no para mantenernos satisfechos con nosotros mismos a fin de que nos podamos aceptarnos como lo que somos, sino para destruir cualquier autosatisfacción que pueda existir y para motivarnos a hacer un mayor progreso en la vida cristiana. ¡Nada podría ser mejor diseñado para reducir a fondo cualquier sentido de orgullo, valía, o satisfacción para la cual pudiésemos aferrarnos y retrasar nuestra perfección en Cristo y luego pedirnos que comparemos nuestra función real con ella! Romanos 6 y Colosenses 3 eficazmente atacan la enseñanza de la autoestima mas que reforzarla.

Estos pasajes, entonces, no fueron escritos para hacernos sentir mejor acerca de nosotros mismos sino para mostrarnos cómo nos ve Dios en Jesús a fin de estimularnos a una vida cristiana más consistente. Hay un gran potencial en la vida nueva que tenemos en Cristo, pero nunca comenzaremos a darnos cuenta de eso si holgazaneamos pensando qué tan dignos somos.

Santiago 3:9

Ahora iremos a Santiago 3:9 y su trasfondo del Antiguo Testamento encontrado en Génesis 1:27 y 9:6:

Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios – Santiago 3:9

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó… El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. – Gen 1:27; 9:6.

Las palabras operantes en estos versos son “imagen” y “semejanza”. Los pensadores de imagen propia se dan prisa en señalar (correctamente) que en estos pasajes se dice que el hombre es hecho a la imagen de Dios no sólo antes de la caída sino también después. Puesto que Efesios 4:24 y en Colosenses 3:10 se nos dice que la imagen de Dios y la semejanza están siendo renovadas en el creyente, es cierto que la imagen completa y semejanza no permanecen después de la caída; no obstante algo que los escritores de Génesis 9 y Santiago 3 pueden llamar “la imagen” de Dios y “la semejanza” aun permanece. No es importante discutir las distinciones entre que es lo que se podría llamar la semejanza moral e intelectual del hombre y su semejanza constitucional en este punto, puesto que no contribuyen a nada a la pregunta en estudio. Lo que es seguro es que, en algún sentido, el hombre aun tiene la semejanza de Dios.

Más aún, nos deja observar que las penalidades y advertencias así como también las reprensiones y las exhortaciones son aducidas al hecho de que el hombre es el portador de la imagen de Dios. Aquellos que maldicen a otras personas o atentan contra sus vidas corren un gran peligro simplemente por ese hecho. Los proponentes de la autoestima han interpretado estas sanciones bíblicas en una manera inaceptable.

Escuche para algunos argumentos de la autoestima:

¿Significa esto (la caída del hombre) que el hombre ahora se convirtió en un ser de ningún valor? Nada puede estar más allá de la verdad. Aun después de que la caída del hombre era todavía considerado un ser de un valor infinito...Las Escrituras… afirman que aun el hombre caído aun es portador de la imagen de Dios. [3]

Otro escribe:

Aun los escritores del Nuevo Testamento reconocen la imagen de Dios en el hombre. Santiago advierte en contra de maldecir porque se hecho a la imagen de Dios.

Él cree que esto – es el fundamento para la autoestima. Somos creados por la mano de Dios y a Su imagen. [4]

Un tercero habla con entusiasmo acerca de – la nobleza, la singularidad, el significado, la valía y el significado del hombre.

Todos ellos, nos aseguran – a descansar en el ser hechos a la imagen de Dios. [5]

Es verdad que el hombre todavía está a la imagen de Dios en algún sentido (aunque la imagen moral e intelectual ha sido tan deformada que debe ser restaurada), pero ¿Qué es lo que quiere decir esto? El hecho mismo no dice absolutamente nada acerca de la autoestima. En ninguno de los contextos en el cuál la imagen de Dios en el hombre es mencionada hace que el escritor utilice ese hecho para enseñar las cosas que hemos estado leyendo en las citas de arriba. ¿Cómo puede ser posible extrapolar la idea de que el hombre es “de infinito valor” del hecho de que él fuese creado a la imagen de Dios? El solo concepto no sigue lógicamente al otro. Además, la naturaleza del hombre, la cual lleva la imagen de Dios, no es nunca sostenida como una razón para tener una alta autoestima.

Entonces ¿Por qué somos advertidos firmemente en contra de cometer agresión a Dios al agredir al hombre, el portador de imagen de Dios? Aquí está el punto crucial del asunto, y es aquí donde los escritores de la autoestima se pierden.

Considere esto: Le muestro una foto de mi esposa. ¡Si usted la maldice, se burla de ella, escupe en ella y la rompe – ¡usted tendrá que responderme!

“¿Por qué?” Usted preguntará. “Después de todo, es sólo una foto”.

¡Sí, pero es una foto de mi esposa! Eso es lo que marca la diferencia.

La foto misma – el papel y la tinta, etc.- No es de mucho valor. Vale sólo algunos centavos. Lo que me incumbe no es la foto misma sino lo que esta representa.

Inherentemente el hombre vale poco; él no es ciertamente de un “valor infinito”. Ningún ser finito creado, ya sea caído o no caído, no redimido o redimido, lo puede ser. Las advertencias de Génesis 9 y Santiago 3 no son debido al hecho del valor infinito del hombre; ¡Más bien, resultan del hecho del valor infinito de Dios! Deshonrar al hombre y maltratarle debe deshonrar y maltratar a Dios porque él es hecho a la imagen de Dios. Eso es lo que trae la advertencia y el castigo. Es la imagen y semejanza del Único o la que es portador lo que tiene importancia – no del hombre quien porta la imagen y semejanza. Él es meramente una foto.

Recientemente un estudiante del seminario le dijo a un criminal en prisión quien pensaba que él era “nadie”:

William, usted es alguien. Dios le hizo a Su imagen. Usted tiene es de un valor infinito a Sus ojos. [6]

¿Por qué no le dijo él que él es un pecador que esta en una condición desesperada, apartado de la gracia gratuita de Cristo, que el Dios infinito que se encarnó y murió en una cruz para pagar la pena de pecadores como él, y mediante la fe él ahora podría tener vida eterna?

Puesto que hemos encontrado tales declaraciones como “valor infinito” aplicada al hombre en más de un lugar, sigamos esa línea de pensamiento un poco más. Se hacen afirmaciones extrañas hacia el hombre, afirmaciones que uno esperaría escuchar sólo de panteístas o humanistas que colocan al hombre en el trono de Dios. Aquí hay simplemente unas cuantas:

… el ser humano es una criatura gloriosa, digna de un valor infinito. [7]

Dios quiere que nosotros nos veamos como un regalo suyo hacia el mundo. [8]

Somos algo precioso que Dios ha hecho. Somos algo exquisito que él ha planificado. [9]

¿Dónde está el precedente bíblico para usar tal lenguaje? Ciertamente nada como eso puede ser encontrado en toda la Biblia. ¿Esperaría usted que algún escritor, hablando en el nombre de Dios, que tuviese el cuidado de hablar como la Biblia lo hace? A estos escritores, y muchos más como ellos, parecen haberse quitado de encima toda cohibición en su deseo de glorificar al hombre.

Aquí hay lo que un tercer escritor opina:

Por la creación, cada ser humano es una persona única, de gran valor y dignidad. [10]

Dejaré estas declaraciones, todas hechas por profesantes evangélicos que están profundamente involucrados en propagar la enseñanza de la autoestima, hablar por ellos mismos. Cuando usted pueda encontrar alguna cosa como lo que están diciendo en las Escrituras usted debería tomarla en serio. Hasta entonces usted debería tachar sus palabras como totalmente equivocadas.

Mateo 6:26, 10:31; Lucas 12:7

¿Ocasionalmente el entusiasta de la autoestima se referirá a Mateo 6:26, “No valéis vosotros mucho más que ellas?” O Mateo 10:31, “más valéis vosotros que muchos pajarillos.” O Lucas 12:7, “más valéis vosotros que muchos pajarillos.” ¡El entusiasta luego establecerá el punto diciendo que “¡esta es una declaración acerca del gran valor del hombre!” Los pasajes se usan para mostrar el “el valor infinito” del hombre a Dios. ¿Pero es esto así?

Examínelos de cerca; note lo qué dice Jesús realmente. Hagamos dos preguntas: 1) ¿Cuánto valor se dice que debe tener el hombre? 2) ¿A Quién dice que le es de valor?

En los pasajes Jesús es explícito: Dos pajarillo son vendidos por un centavo, y cinco por dos centavos. Se dice que el hombre es más valioso que “muchos pajarillos”. Esto quiere decir que si “muchos” pajarillos significan 500 pajarillos, usted vale $2.50 a lo sumo; ¡Si quiere decir a 1000 pajarillos, su valor excede a $5.00! El punto no es el gran valor del hombre sino el gran alcance del cuidado providencial de Dios. Si se extiende hasta pajarillos, los cuales valen tan poco, entonces seguramente se extiende hacia el hombre, quien vale más.

La respuesta a la segunda pregunta, ¿A Quién dice que le es de valor? Emerge de la primera. Puesto que Jesús discute el valor en términos monetarios, es claro que él habla del valor del hombre (contra del valor de un pájaro) hacia otros hombres. El pájaro vale un tanto así para el hombre; un hombre vale más. El valor del hombre para Dios no está en cuestión. El argumento de menor hacia el mayor en la escala de la persona tiene que ver con la providencia de Dios y no con el valor del hombre. Si, en Su bondad infinita, Dios cuida pues de las aves del aire, ¿no cuidará El de usted?, ¿quién, a los ojos de los hombres vale más?

Si los entusiastas de la imagen propia desean decir que Dios cuenta el valor del hombre para El de manera monetaria, y que este valor tiene importancia en comparación a los pajarillos, el hecho es que ¡a duras penas hizo un cálculo para alentar la autoestima de uno! La comparación sólo puede servir para enfriar el entusiasmo, y no para alentarlo.

La realidad es que estos versos no enseñan nada acerca de la autoestima.

3 ¿Qué Enseña La Biblia?

Hasta ahora he intentado evaluar el movimiento de la autoestima bíblicamente y mostrar que, colocándolo en la balanza de Dios, se encuentra deficiente. Usted podría pensar que el libro terminara en este punto, llegando a una conclusión natural. Sin embargo, si lo dejara hasta aquí, todo lo que he logrado sería en vano. No es suficiente incendiar una casa; también hay que erigir otro su lugar. Esto es lo que ahora trataré de hacer.

¿Cuál es la alternativa bíblica para el enfoque de la autoestima? En una sección anterior discutí Mateo 6, en donde Jesús mismo colocó por adelante dos formas de vida contrastantes: La forma pagana y la forma cristiana. La forma pagana tuvo como su prioridad volviéndose segura y significativo a través de la acumulación de “cosas” para satisfacer “necesidades”. La forma cristiana pone a Dios y a Su imperio primero. Pero ¿cómo? ¿Qué es lo que marca la diferencia?

La auto-negación: 2 Timoteo 3:2, Mateo 16:24-25

Jesús expone la auto-negación en vez de la auto-afirmación como la forma para entrar en una relación correcta con Dios. Rara vez nosotros leemos en la literatura de la autoestima acerca de la auto-negación, el único énfasis es en el ego que fluye a través del Nuevo Testamento. Echaremos un vistazo en algunos de los pasajes cruciales referente a este énfasis bíblico e intentaremos comprender lo que dice Dios, relacionándolo todo al enfoque de la autoestima.

En 2 Timoteo 3:2 leemos de “amadores de sí mismos” (philautoi). Aquí esta la palabra enlistada junto con un montón de otras aberraciones pecaminosas que Timoteo tendrá que evitar durante los días de su próximo ministerio. La advertencia de Pablo es oportuna para los ministros hoy. Probablemente hay un tipo de amor propio que es claramente condenado en las Escrituras. Puesto que la palabra philautoi ocurre sólo en 2 Timoteo 3:2, en una lista, sin más explicación, no podemos descubrir nada acerca de su significado exacto en el contexto. Todo lo que podemos decir es que conserva una mala compañía con tales características: “avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios”

Una consideración prudente de la lista en 2 Timoteo 3 le guiará a la conclusión de que cada una de los elementos en ella (y es mucho más grande lo que he considerado aquí) se podría mencionar ya sea para tener un enfoque egocéntrico o para aumentar tal enfoque. Es fácil de ver los peligros del egocentrismo estudiándolo. Y nos debería afligir pensar acerca de los niños en Grand Rapids o de otro sitio estimulándolos a pensar que merecen una “palmadita en la espalda” y darles a entender que se “sientan buenos” acerca de ellos mismos, con lo cual los introduciría en la misma senda egoísta que Dios condena. Muchos de los problemas señalados en la lista 2 Timoteo 3 podrían aparecer en sus vidas más tarde como resultado de alentar, en vez de reprimir, las tendencias pecaminosas que son propias en la naturaleza humana caída (cf. Proverbios 22:15).

Lo correcto que se ha de promover, según la Palabra de Dios, es la auto-negación. El mandato para negar el ego ocurre seis veces explícitamente en los Evangelios, pero el concepto está en todas partes en las Escrituras. Eso es lo que el Señor daba a entender cuando El ordenó a Sus discípulos a olvidarse de sus intereses y poner Sus asuntos primero (“buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia”).

¿Qué dice Dios acerca del ego? Él dice, “niéguese a sí mismo”:

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. –Mateo 16:24,26

Esto no quiere decir que una persona deba negar de sí mismo alguna cosa en particular, como algunos erróneamente suponen (“dejaré la goma de mascar “para la cuaresma”), sino que quiere decir negar su propio ego (Literalmente “para decirse que no a usted mismo” o “repudiarse uno mismo”). Si alguna cosa pudiese estar en contraste conciso con el mandato de Cristo a negar el ego que el énfasis de auto-afirmación, auto complacencia del que hemos estado leyendo en la literatura de autoestima, yo no sé lo que es entonces.

Tal como Jesús puso por encima la forma Gentil en contra de la forma cristiana de la vida en Mateo 6, aquí también El contrasta dos caminos completamente diferentes e irreconciliables. El hecho interesante que no debería faltar es la forma antitética de Jesús de indicar este asunto: No hay lugar para el compromiso. Bastante opuesto de los integracionistas eclécticos, quienes quieren unir y mezclar tanto como se pueda lo que el mundo tiene que decir con las enseñanzas bíblicas, Jesús mismo se aparta de la forma de vida pagana (Mateo 6) y de aquellos que no niegan el ego y le siguen, sino que en lugar de eso quieren “salvar sus vidas”. Esta antítesis ocurre en cada uno de los relatos del Evangelio (Marcos 8:34-38; Lucas 9:23-25; Juan 12:25). Jesús dice, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” – Mateo 16:25. Es difícil de ver cómo pueden afrontar esto lo integracionistas.

Las palabras traducidas “vida” y “alma” (beauton y psuche) ambos significan “ego” y se refieren a lo mismo. De hecho, son usados de forma intercambiable. (Cf. Mateo 16:26 con Lucas 9:25. En Mateo se usa Psuche, considerando que en Lucas es beauton.) Cristo nos dice a nosotros no sólo que digamos no a nosotros mismos y sí a El (“sígame”), sino que El afirma que le debemos hacer morir el ego “tomando nuestra cruz” (Lucas agrega “cada día”). Llevar la cruz no quiere decir hacer algún sacrificio en particular, ni se refiere a alguna carga en particular (“mi marido es mi cruz”). En aquel día, alguien que leyera esas palabras, sabría explícitamente que llevar la cruz quería decir una y solamente una cosa: La ejecución de un criminal infame. Jesús, por tanto, esta diciendo: “usted debe tratarse a ustedes mismos, con todas sus formas pecaminosas, prioridades, y deseos, como a un criminal, y hacer morir su ego todos los días”. ¡Eso dice algo acerca de la imagen propia que Cristo espera que nosotros tengamos!

Esa es una medicina amarga para todos nosotros, y especialmente para los proponentes de la autoestima. Pero es la única cura para una iglesia que progresivamente se vuelve enferma – de sí misma. La paradoja aparente es que la persona que enfoca la atención en sí misma perderá todo lo que él quiera conservar para sí mismo, mientras que la persona que pone primero a Cristo y Sus intereses es el que gana todo lo que el otro pierde. Ésta es la misma verdad que Jesús enseñó en Mateo 6. Allí los gentiles celosos buscaban con cautela y preocupación (y nunca realmente encontraban satisfacción en ello) las cosas que el cristiano, quien se olvida de sus “necesidades” y pone a Cristo primero, encuentra por “añadidura”.

Un Contraste: Juan 12:25

En Juan 12:25 leemos esto:

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”

Aquí hay una advertencia fuerte. Ciertamente, la promoción de la autoestima es la misma advertida que se da en contra: “Cualquiera que ame el yo… lo perderá”. En lugar de amarse así mismo, Cristo dice, que en este mundo deberíamos eliminar el yo, o, como él le dice aquí, “aborrecerla,” para conservarlo para la eternidad.

Las dos palabras “perderá” y “aborrece” significan realmente la misma cosa y nos ayudan a interpretar una a la otra. Significan poner a un lado los deseos, intereses, y preocupaciones propias (aun las legítimas) para hacer cumplir el mandato de Cristo. “aborrecer” su vida quiere decir “amarla menos,” como explícitamente lo hace en Lucas 14:26:

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Sabemos que la palabra “aborrece” en todos estos pasajes tiene tal significado de frase paralela en Mateo 10:37, donde en lugar de “aborrecer” leemos:

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.

“Aborrecer” a otra persona o nuestro propio ser equivale a anteponer a Cristo y Su reino antes que a los demás ó a uno mismo.

Este punto de negar el yo no es un asunto periférico. Golpea duramente el corazón del pensamiento de la autoestima y el amor propio. En la enseñanza del amor propio la idea no es meramente que tanto Cristo y el yo pueden ser puestos en el mismo nivel de prioridad (de las palabras de Jesús es claro que aun esto es imposible; Él nos llama a escoger entre los dos), sino que antes de que podamos amar y servir a Cristo primero debemos ser servidos y amados, y nos debemos amar a nosotros mismos. ¿Puedo haber alguna enseñanza más explícitamente opuesta a lo que Jesús dijo?

Las consecuencias del dogma de la autoestima son muy serias. Estas palabras de Jesús dan advertencia de la privación eterna. Uno se pregunta cuántos jóvenes serán desviados del buen camino, guiado a apartarse del discipulado de Cristo, el cuál demanda que eliminar nuestro “yo,” porque se les dijo que “se sintieran bien acerca de ellos mismos” en vez de decirles que haya un criminal adentro de ellos que necesita ser ejecutado diariamente. El peligro es obvio según las palabras del psicólogo que argumentó en contra de las palabras de su cliente, diciéndole a ella que el “colocar la prioridad de aceptarse a sí mismo es el primer paso que muchos de nosotros necesitamos tomar” en vez de primero buscar el reino de Dios.

Dios quiere que nosotros “eliminemos” nuestro egoísmo en este mundo postrándonos mismos incondicionalmente a el servicio y amor de Cristo y de Su imperio. Habiendo realizado una obra teatral de niños satírica, “una palmadita en la espalda,” y alentándolos a escribir ensayos sobre lo que les agrada de ellos mismo, son actividades que dirigen toda la atención al yo. Tal énfasis tan equivocado puede ser devastador para la educación cristiana. [1]

El discipulado: Lucas 14:25-27

Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Déjeme decir una palabra más acerca del pasaje de Lucas 14:25-27. El discipulado, el tema en cuestión en todos los pasajes que hemos estado estudiando en este capítulo, significa el abandono de todas las ataduras – aun los seres más queridos y más cercanos en la vida. No siempre quiere decir que debamos abandonar a todos los demás para seguir a Cristo, sino que quiere decir que le debemos tener tal lealtad hacia El que debemos estar listos en todo momento, si nos llama a hacer eso. Jesús especialmente lo señala, como si ésta fuera la parte más difícil de todo lo que debemos hacer, que el discípulo debe renunciar “aun a su propia vida también”. El punto más grande que se ha de señalar a las personas es el agradar a Cristo, seguirle, y cumpliendo con Su voluntad. ¡Eso no confundirá a los niños – o a los demás – o les inducirá al mal camino! Alguien, incluyendo yo, que se interponga en medio del camino está equivocado.

No puede haber duda acerca del hecho de que Cristo se preocupó por el yo; no es como si El ignorara el tema. Ciertamente, él pensó que eso era tal importancia que El habló de ello en la conexión más cercana posible al discipulado y a las declaraciones definitivas hechas acerca de ello. Aún en todo esto El no dio indicación del gran valor del hombre, ni dio lugar para atenuar las circunstancias: “Usted puede renunciar a todas sus relaciones y me puede seguir después de que todas sus necesidades hayan sido satisfechas y usted haya aprendido a amarse a sí mismo”. ¡La misma idea suena ridícula cuando usted la coloca en la boca de Jesús! Anteponga A Cristo al yo.

2 Corintios 5:15, Romanos 14:7-8

Y por supuesto hay también otros pasajes que hablan de anteponer a Cristo al yo. Tome por ejemplo, 2 Corintios 5:15:

y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos

Allí lo tiene usted: Uno ya no debe vivir para sí, como él lo hizo antes de venir a Cristo. La forma de vida antigua fue postergada en Cristo, y ahora debe ser postergada en nuestras vidas. El centro de la vida ahora debe ser “para mí el vivir es Cristo” si bien una vez era “para mí el vivir es mi yo”. ¿Qué podría ser más claro?

Ahora considere Romanos 14:7-8:

Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

Otra vez, el punto central del pasaje es que Cristo debe llevar el lugar de yo en la vida del cristiano. No es que éste suceda en algún sentido sustantivo, por supuesto, pero en términos de los deseos y la voluntad y cosas por el estilo. Comer y guardar los días (v 6) no son un asunto en particular; afecta a otras personas, a otros incluyendo nuevos convertidos. Ningún cristiano debe vivir en consideración a sí mismo. “¿Qué hay del bienestar del reino y del honor de Cristo?” Es el tipo de pregunta que él debería hacerse. Su respuesta debe ser, “viviré en tal camino, cuando haya que tomar una decisión, gustosamente serviré a Cristo y a los demás primero”. Él debe vivir para Cristo, y, como Pablo dice: si fuera necesario, morir por El.

Interesantemente, la última parte del verso 7 habla convincentemente del asunto del suicidio: “ninguno muere para sí.” Liddon dice que estas palabras quieren decir –

Para darle la bienvenida o buscar la muerte como un alivio a los problemas de esta vida. De este egoísmo en la muerte, el suicidio es la expresión máxima. [2]

Las palabras de Liddon son importantes. Todo el punto de Pablo es que no debemos hacer nada – vivir o morir – por nuestro yo; todo debe hacerse para Cristo. Un suicidio muere para sí mismo; ningún suicidio podría hacerse por Cristo. Es debido a este verso que se sabe que el suicidio es un acto del hombre antiguo, del pensamiento egocéntrico, que aún a veces (entre los estoicos y algunos existencialistas modernos) se motivado a hacer.

Holliday, quien se pegó un tiro, y Wanda Williams, quien se ahorcó, ambos cometieron actos egoístas de homicidio. Le restaron importancia a los seres queridos, o los estudiantes, o a cualquier otro. Pensaban en ellos mismos como ciertamente sus notas suicidas indican. No fue la baja autoestima que los liquidó, sino una consideración demasiada alta por su yo. Dijeron, efectivamente, “soy demasiado bueno para ser tratado así. Ya no lo soportaré”.

Las Escrituras nos enseñan que los cristianos no poseen nada ni aun sus vidas, puesto que Cristo las ha comprado. ¡En el momento en que usted entienda mal ese hecho, y piense que cualquier cosa, aun su ego, es realmente suyo, usted no lo poseerá – sino que le posee!

La conclusión

El amor mismo es la misma cesación de la vida guiada por la voluntad propia, egoísta y egocéntrica. Por eso es que viviendo para Cristo y para los demás y amándoles nos alejará de nosotros mismos. Las búsqueda de la autoestima desvía la atención de uno hacia los demás y así destruir el amor cristiano. En vez de echar los cimientos del amor (estratos sobre los cuales edifican, como dice el esquema Adler/Maslow), erosionan todo lo que vale la pena. El amor – preocupación dirigida hacia los demás – a solas nos pone en libertad del yo.

En contra del énfasis moderno que hemos estado estudiando: la Biblia enseña que usted correctamente no puede llevarse bien con usted mismo (“encontrarse” o “salvarse”) hasta que usted aprenda a amar a los demás. Como siempre, el pensamiento pagano pone al revés el mandato de Dios.

Jesús deshizo el mito de que podemos amar a los demás sólo después de que primero nos hayamos amado a nosotros diciendo:

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.” (Lucas 6:32).

En efecto, refiriéndose a los “pecadores” (i.e., los enemigos de Dios), él tipificó, de una vez por todas, la postura de “yo te amo a ti, si tu primero me amas” como impía.

Para un cristiano, la alternativa para el amor propio, la autoestima, la valía propia, y cualquier otra enseñanza egocéntrica que pueda aparecer en el futuro es claramente la negación del yo. Cuando usted trata de ganarse a sí mismo, usted sólo lo perderá; cuando usted esté dispuesto a perderse para Cristo, usted se salvará. Es tan simple – y tan profundo.

Notas

¿Amarás… como a Ti Mismo?

1 Walter Trobisch, Love Yourself (Downers Grove: Inter-Varsity Press, 1976), page 11.

2 Ibid., p. 11.

3 Ibid.

4 Lawrence Crabb, Effective Biblical Counseling (Grand Rapids: Zondervan, 1977), p. 81.

5 Philip A. Captain, Eight Stages of Christian Growth (Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1984).

6 Trobisch, op. cit., p. 11.

¿De un Valor Infinito?

1 Anthony A. Hoekema, The Christian Looks at Himself (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), p. 45.

2 Robert Morey, Death and the Afterlife (Minneapolis: Bethany, 1985), p. 37.

3 Hoekema, op. cit., p. 22.

4 Bruce Narramore, You’re Someone Special (Grand Rapids: Zondervan, 1978), p. 23.

5 Morey, op. cit., p. 37.

6 Bruce Rathbun, un estudiante del Westminster Theological Seminary en Filadelfia. Reportó en El Presbyterian Journal, abril. 24 de 1985. El nuevo evangelismo de palmaditas de Schuller ha tenido éxito ampliamente. En un tratado evangelístico titulado: “Usted Es Especial” se lee: “¡Usted es especial ciertamente! ¡La Biblia revela el interés total de Dios en usted como un individuo… ¡sí!, ¡usted es de valor para Dios”! (Ted Grifiin, Good News Publishers, n.d., #6C04).

7 Robert H. Schuller, Self Steem: The New Reformation (Waco: Word Books, 1982), p. 151.

8 Rouner, Arthur, You Can Learn to Like Yourself (Grand Rapids: Baker Book House, 1978), p. 4.

9 Ibid., p. 5

10 Dennis J. De Haan, Daily Bread, feb. 1985.

¿Qué Enseña La Biblia?

1. Para información acerca de una programa escolar verdaderamente cristiano, en el cual el énfasis no sea en el yo sino en el ministerio a los demás en el nombre de Cristo, vea see my Back to the Blackboard (Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1982).

2. 2 H. P. Liddon, Explanatory Analysis of St. Paul’s Epistle to the Romans (London: Longman’s Green and Co., 1899), p. 262.

En La Perspectiva Bíblica de la Autoestima, Jay Adams responde a la influencia asombrosa de la “psicología cristiana” dentro de los círculos evangélicos de hoy. A pesar de la persuasión religiosa, muchas personas parecen oponerse a lo que perciben que es un enemigo compartido: La baja autoestima. ¡Pero nuestra búsqueda para las respuestas nos ha guiado demasiado lejos en la dirección equivocada, fuera de nuestra posición verdadera en Cristo, y hacia un énfasis peligroso en el yo! Adams examina los fundamentos Bíblicos con una exposición clara y aguda de las Sagradas Escrituras relevantes, y le ofrece a la Iglesia y a cada creyente una perspectiva verdaderamente Bíblica.

Jay Edward Adams se crió en Baltimore, Maryland. Él se especializó en el griego en la Johns Hopkins University, y ha estudiado en el Reformed Episcopal Seminary, Temple University School of Practical Theology, y en la Universidad de Missouri. Él ha pastoreado iglesias en Pensilvania y Nueva Jersey, dentro de varias denominaciones presbiterianas conservadoras. Él fuel miembro de la facultad de la Universidad de Missouri antes de unirse al Westminster Theological Seminary en Filadelfia, y luego al Christian Counseling and Educational Foundation. Él ahora pastorea una iglesia en Carolina del Sur. Sus libros sobre consejería Bíblica son bien respetados.

Traducción por Armando Valdez © 2008

Las Doctrinas de la Gracia y la Pasión para las Almas de los Hombres

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Las Doctrinas de la Gracia y la Pasión para las Almas de los Hombres
John A. Broadus

“Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos”.
Romanos 9:3

clip_image002La preocupación para la salvación de otros no es impedida por una creencia en lo que llamamos las doctrinas de la gracia; no es impedida al creer en la soberanía divina, la predestinación y la elección. Muchas personas tienen una aversión intensa de las ideas que se expresan mediante estas frases. Muchas personas se apartan y nunca aceptarlas, porque esas ideas están en sus mentes asociadas con una noción de indiferencia apática. Dicen que si la predestinación es cierta, entonces se deduce que un hombre no puede hacer nada por su salvación; que si él ha de salvarse él se salvará, y él no tiene nada que ver con eso, y no hay necesidad de preocuparse, ni necesita que alguien se preocupe por él.

Ahora, esto en absoluto es así, y probaré que no lo es, por el hecho de que Pablo mismo, el gran oráculo de esta doctrina en la Sagrada Escritura, haya pronunciado estas palabras de preocupación apasionada ardiente por la salvación de otros, muy cerca de los pasajes en los cuales él ha enseñado las doctrinas en duda. Mire de nuevo el texto, regrese unas cuantas frases y usted encontrará el mismo pasaje en el cual muchos tropiezan: “Y a los que predestinó” – hay personas que tiemblan ante estas mismas palabras – “a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.

Justo poco después de que él pronunció estas palabras de las cuales los hombres quieren argüir que el hombre que cree no necesita sentirse preocupado por su salvación o por la salvación de otros, simplemente un poco de después, vienen las palabras apasionadas del texto. Esto no es todo, pues usted encontrará simplemente después del texto, dónde él habla de Esaú y Jacob, que Dios hizo una diferencia entre ellos antes de que naciesen, y donde El habla de que Dios levantó a Faraón para poder mostrar su poder en él, y que el nombre de Dios pudiera ser declarado a través de toda la tierra. “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”. Algunas buenas personas medianamente tiemblan en la conclusión a esto, lo cual les parece ser inevitable de tal clase de lenguaje. Pero yo digo que la conclusión ha de estar mal, para el hombre inspirado que pronunció este lenguaje, sólo unos momentos antes había pronunciado estas palabras del texto.

Y cada vez que usted encuentre su corazón o el corazón de su amigo inclinado a echarse atrás de estas grandes enseñanzas de la Sagrada Escritura con respecto a la soberanía y la predestinación, entonces oro para que usted no argumente en contra de ello, sino que se vuelva a este lenguaje de preocupación por la salvación de otros, tan intensamente apasionado que los hombres se pregunten y piensan con seguridad que no puede querer decir lo que dice. El problema es que en este y en muchos casos sacamos conclusiones injustificadas de las enseñanzas de la Biblia, y luego echamos todo nuestro desprecio a esas conclusiones sobre las verdades de las cuales obtuvimos como conclusión. Ahora, digo que cualquier cosa que sea cierta, a favor o en contra de las doctrinas de la predestinación del apóstol y la soberanía divina sobre la salvación, no es verdad que harán que un hombre sea descuidado en lo que se refiere a su salvación o a la de los demás; en vista de que no tuvieron tal efecto en el mismo Pablo, sino que justo en medio de estos dos grandes pasajes vienen las palabras maravillosas del texto.

[extracto de su sermón titulado, “La Preocupación Intensa por la Salvación de los Demás” en Sermons and Addresses ( Hodder & Stoughton : New York, 1886 )]

31 Días Para Orar por Su Pastor

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31 Días para Orar por Su Pastor

SC2009 En algunos lugares se reconoce en este mes el día del pastor. Sin duda los pastores tienen una importante y grandísima labor, pues se trata de la responsabilidad de predicar, enseñar y aplicar la Palabra del Dios Altísimo. Que Dios siga levantando pastores fieles a su Palabra esa es la gran necesidad que tienen las iglesias hoy. En relación a esto publico esta guía de oración tomada de la página Revive Our Hearts de la excelente autora Nancy Leigh Demoss, que Dios nos de un corazón intercesor por los pastores de nuestras iglesias. Dios les siga bendiciendo.
«Hermanos, orad por nosotros»

(1 Tes 5:25)

“Deje que el pensamiento llegue a lo profundo del corazón de cada iglesia, de que su ministro será tal como le hagan sus oraciones. . . Qué tan llena de riesgos es la condición de ese ministro. . . aquel cuyo corazón no esté alentado, cuyas manos cuyas manos no son fortalecidas, y quién no es sustentado por las oraciones de su pueblo! . . . “Es un temor desgastante que a los ministros se les permita entrar al púlpito sin antes ser precedido, acompañado, y seguido por las oraciones fervorosas de las iglesias. No es de extrañarse que el púlpito sea tan impotente, y los ministros muchas veces desalentados cuando hay tan pocos que sostengan en alto sus manos. . . . Cuando las iglesias dejan de orar por los ministros, los ministros ya no serán una bendición para las iglesias”.

Gardiner Spring (1785-1873)

No hay mayor regalo que usted pueda dar a su pastor y a los líderes espirituales de su iglesia que orar por ellos. Los pastores no pueden ganar la batalla a solas; Necesitan que intercesores comprometidos les levanten en oración ferviente y específica. Imagine cómo podría ser el poder de Dios liberado en nuestras iglesias si orásemos fielmente por nuestros pastores. ¡Los pastores son humanos – afrontan los mismos retos que su pueblo afronta, ¡con algunas cosas adicionales! Se cansan en el ministerio, son tentados a pecar, y puede ser difícil hallar un balance entre sus muchos papeles y responsabilidades. Necesitan el ánimo y el apoyo de aquellos a quienes guían. La oración por su pastor(es) es crucial para la salud espiritual de su pastor, su familia, y su iglesia. Dios recompensará sus esfuerzos por cubrirlo de oración. ¡Si usted quiere alentar a sus líderes espirituales (¡y a sus esposas!) Hágales saber que esta orando por ellos. Pregúnteles periódicamente sobre cualquier petición específica de oración y asegúreles que usted orará por consiguiente. Utilice la siguiente guía de oración acompañada de Textos Bíblicos, como sugerencias prácticas para orar por aquellos que proveen liderazgo espiritual al rebaño.

Día 1 Ore para que su pastor ame a Dios de todo corazón, alma, mente y fuerza. Pida que Espíritu de Dios obre en su corazón en el poder y que él valore y siga las prioridades bíblicas. (Deut. 6:5; Mat. 6:33)

Día 2 Ore para que su pastor cultive un carácter fortalecido e integridad inflexible. Ore para que su testimonio sea genuino, y que él nunca haga cualquier cosa de la cual tenga que esconder a los demás de otros. (1 Tim. 1:5, 3:7; Efes. 6:10-12)

Día 3 Ore por su andar personal con Dios – que su alma y su espíritu sean alimentados y fortalecidos en su tiempo de quietud con Dios, más allá de la preparación de su sermón. Ore para que él pase más tiempo en la Palabra de Dios que leyendo artículos y libros cristianos. (Mar. 1:35; 2 Tim. 2:15-16)

Día 4 Ore para que su pastor aconseje y enseñe con discernimiento a través del uso sabio de la Sagrada Escritura y que surta efecto la fe en el poder de Dios. Ore para que sea protegido de los efectos de actitudes pecaminosas o negativas que él encuentre cuando aconseje. (Mal. 2:7; Stgo. 1:5-6; Juan 17:15)

Día 5 Pida a Dios que proteja el matrimonio de su pastor y lo mantenga fuerte como un modelo de la relación de Cristo con la Iglesia. Ore para que su pastor tiernamente aprecie mucho y guíe a su esposa, y que ella respete y aliente a su marido, sometiéndose a su liderazgo. (Efes. 5:23-33) (Si su pastor no está casado, ore por sus relaciones con sus seres queridos y aquellos que les sean cercanos)

Día 6 Ore para que Dios proteja a la esposa de su pastor de resentimiento cuando su marido sea criticado. Ore para que su oración y su vida devocional sean consistentes, y que ella proteja su mente y corazón. (Heb. 12:15; Prov. 4:23)

Día 7 Ore para los niños de su pastor, y especialmente que las presiones del ministerio no los desalienten o los irriten. Ore para que su pastor no provea un liderazgo piadoso en la casa basado en el miedo al que piensen los demás, sino según la verdad bíblica. (Efes. 6:4; Col. 3:20-21) (Si su pastor no tiene hijos, pídale que Dios le dé muchos “hijos espirituales” cuando comparta el Evangelio.)

Día 8 Pida a Dios protección para su pastor de los estratagemas malvados de Satanás. Ore para que él no se corrompa cuando el roce sus hombros con el mundo en el transcurso del ministerio. (Juan 17:15; Is. 54:17; 2 Cor. 2:11; 1 Pedro 3:12; Prov. 9:9-10, 91:9-11)

Día 9 Ore para que Dios edifique un cerco de protección en el matrimonio de su pastor, y que él y su esposa sean conscientes del potencial de cualquier relación impropia. Ore para que su tiempo familiar sea protegido. (Ezeq. 22:30a; 2 Cor. 10:4-5; Mat. 19:6)

Día 10 Ore para que su pastor use el discernimiento en el uso de correos electrónicos, Internet, y los medios de comunicación. Pídale a Dios que proteja su corazón en relación al uso del tiempo libre. Ore para que se mantenga moralmente puro y que él lleve puesta la armadura de Dios a fin de que él no caiga en la tentación sexual. (Rom. 13:14; 1 Pedro 1:16; Efes. 6:10-18; 2 Cor. 10:4)

Día 11 Ore para que Dios traiga alentadores y amigos piadosos para su pastor y para su familia, para fortalecerlos en el ministerio y provea camaradería significativa en tiempos de descanso. (Fil. 2:19-25)

Día 12 Ore para que su pastor no sea humilde y auténtico en su fe debido al orgullo o la hipocresía. Ore para que él tenga motivos puros y dar a Dios la gloria por cada logro o victoria. (Miq 6:8; Gal. 6:14; Juan 7:17-18; 1 Cor. 10:13)

Día 13 Ore que su pastor haga elecciones sabias de estilo de vida para proteger su salud, especialmente en las áreas del ejercicio, comer moderadamente, y obteniendo suficiente descanso. Pida por tiempos de relajación y renovación que equilibren el estrés de ministerio. (Rom. 12:1-2; 1 Cor. 9:27, 10:13, 6:19-20; Stgo. 3:1-2)

Día 14 Ore para que su pastor enfoque la atención en la Palabra de Dios y camine en el temor del Señor como él – más que en el temor del hombre – cuando prepare sermones. Ore para que él trate de complacer a Dios en vez de a los hombres, y busque la santidad en vez de la alabanza de los hombres. (Hech. 6:4; Prov. 19:23; 2 Tim. 2:15; Heb. 11:6; 2 Tim. 4:1-2)

Día 15 Alabe a Dios por el liderazgo de su pastor y ore para que él tome decisiones piadosas. Ore para que él guíe con un corazón de pastor, y que él siempre hable la verdad en amor. (1 Retes 3:9 1 Pedro. 5:2; Rom. 12:6-8; Jer. 3:15)

Día 16 Ore para que su pastor sea valiente en el púlpito al proclamar a Cristo, y el confiado en el uso de la Palabra de Dios. Pídale a Dios para que le ayude a predicar con un entendimiento profundo, con transparencia y con humildad. (Col. 1:28, 4:3a; Efes. 6:19)

Día 17 Ore para que su pastor sea un «un hombre de la Gran Comisión» – comprometido al evangelismo personal y preparando a los santos para buscar a los perdidos. Ore para que él tenga un buen corazón para desarrollar un programa próspero de misiones en su iglesia. (Rom. 10:15; Mat. 28:19-20; Lucas 19:10)

Día 18 Ore para que su pastor sea un hombre de oración y adoración, y que él lleve el dirija con el ejemplo – enseñándole a la congregación a cómo andar en una relación cercana con el Padre. (1 Tes. El 5:17; Hechos 1:14a; Mat. 4:10; Marc 1:35; Lucas 22:46)

Día 19 Ore para que su pastor use el tiempo de una manera sabia, y que él busque la perspectiva de Dios para su horario, protegiendo su tiempo en interrupciones innecesarias. (Efe. 5:15-16; Col. 4:5 ; Sal. 90:12; Juan 9:4)

Día 20 Ore por una divina unción fresca en el ministerio de su pastor. Pídale que la obra de Dios sea poderosamente evidente tanto en su vida personal y como en la vida espiritual de la congregación. (1 Cor. 9:27; 2 Tim. 1:7; Rom. 15:18-19a)

Día 21 Ore para que su pastor no ceda al desánimo, sino que trate con conflicto y la crítica inevitable sometiéndose a las manos de Dios, quien juzga con justicia. (1 Ped. 2:23)

Día 22 Ore para que su pastor practique el liderazgo del siervo, edificando a la congregación con sabiduría y sirviendo con el amor «agape» de Dios. (Gal. 5:13b; Efes 6:7; Lucas 10:43b 45, 9:23-24; Juan 13:5-9; Fil. 2:3-4)

Día 23 Ore para la unidad espiritual entre el personal de la iglesia y el liderazgo espiritual de la iglesia (ancianos, diáconos, etc.). Ore para que el enemigo no se le permita crear divisiones, contiendas, o mal entendidos entre los líderes de la iglesia. (Rom. 14:19; 1 Cor. 12:25)

Día 24 Ore para que Dios le de a su pastor una visión clara y bíblica de lo que su iglesia puede y debería ser para Su gloria, y que él comunique esa visión claramente y confiadamente a la iglesia. (Prov. 29:18; Juan 15:16, 17:17; 2 Tim. 3:5; Mal. 3:11)

Día 25 Ore para que su pastor busque a Dios para un avivamiento personal, y un avivamiento en su iglesia y la comunidad. (2 Cron.7:14; Sal. 69:32)

Día 26 Ore que su pastor piense bíblicamente, con la mente de Cristo. (1 Cor. 2:16; Col. 2:6 8; Efes. 4:17)

Día 27 Ore para que él busque seriamente la voluntad de Dios y esté comprometido a la obediencia inmediata y total – preparado para que Dios obre poderosamente a través de su ministerio. (2 Cor. 10:3-5; Lucas 9:23-24)

Día 28 Ore para que él luche por la excelencia personal y crea a Dios en todo lo él quiera hacer en la congregación. (2 Pedro 1:3; Col. 3:23-24)

Día 29 Ore para que su pastor sea un hombre de fe y de amor apasionado para con Dios, sin entregarse a las preocupaciones, miedos, o a un espíritu tenso y ansioso. (1 Juan 4:18; Prov. 3:5-6)

Día 30 Pida a Dios que provea las necesidades financieras de su pastor y su familia. Ore para que él sea un mayordomo sabio de sus finanzas personales y de los fondos de la iglesia. (Fil. 4:19; Heb. 13:5; 1 Tim. 6:11; Sal. 37:25)

Día 31 Pida a Dios que sane cualquier daño que su pastor haya sufrido en el ministerio. Ore para que él sirva al Señor con gozo, y motive a la congregación a adorar a Dios en un espíritu rendido y gozoso. (Isa. 61:3)

¡Prediquemos A Cristo!

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¡Prediquemos A Cristo!

Let Us Preach Christ!

(Por Charles Spurgeon)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image002El post de hoy proviene de un sermón de 1884 por Spurgeon. Sin embargo a pesar de un siglo de antigüedad, su punto es tan relevante hoy como cuando fue predicado por primera vez.

Ustedes (como predicadores) no tienen ni un medio mas para hacer el bien, excepto la salvación de Jesús, y no hay nada más digno de mencionar.

Escuché el otro día acerca de una congregación que era tan pequeña que apenas alguien venía a escuchar al predicador. En lugar de echarse la culpa, y predicar mejor, el ministro dijo que él pensaba que él no estaba haciendo mucho bien por medio de sermones y reuniones de oración, y por eso él fundaría un club, y si las personas entraban, y jugaban damas, eso les podría hacer bien. ¡Cuánto de este tipo de cosas se está siendo intentado el día de hoy! ¿Vamos a convertir almas en un sistema nuevo, – debemos? ¿Debemos nosotros también tener a un substituto para el pan? – ¿Y una bebida más sana que agua pura? . . .

Tener esperanza de alguna vez llevar a pecadores a la santidad y al cielo por cualquier enseñanza y no por la que empieza y termina en Jesucristo es desviarse del rumbo. Ninguno otro nombre es dado entre los hombres por medio del cual puedan salvarse. Si usted tiene que tratar con personas altamente instruidas y educadas, nada es tan bueno para ellas como el predicarles a Jesucristo; y si las personas son ignorantes e impuras, nada es mejor para ellas que la predicación de Jesús.

El otro día un joven dijo a otro: “yo voy a predicar a tal lugar, ¿Qué clase de personas son? ¿Qué clase de doctrina les convendrá?” Habiendo escuchado esto, le aconsejé, – “Usted predica a Jesucristo, y eso les convendrá, estoy seguro, si son personas instruidas les vendrá bien; si son ignorantes les vendrá bien – Dios les bendecirá”.

Cuando el gran crítico Bíblico, Bengel, se estaba muriendo, él envió por un joven estudiante de teología, a quién él dijo: “ando de capa caída en espíritu; dígame algo bueno para animarme”. “Muy señor mío,” dijo el estudiante, “yo soy una persona tan insignificante, qué le puedo decir a un “gran hombre” como usted?” “Pero si usted es un estudiante de teología,” dijo Bengel, “usted debe tener una buena palabra para decirle a un hombre moribundo; dígalo sin temor”. “pues bien, Señor,” dijo él, “¿qué le puedo decir a usted, excepto que la sangre de Jesucristo le limpia de todo pecado?” Bengel dijo, “joven, déme su mano; esa es la misma palabra que quería oír”.

Un texto simple del evangelio es la palabra que cada hombre necesita el cual está en temor a la ira divina, y él puede estar sentado justo a su lado en este momento, o él está en la misma oficina con usted, y necesita que usted le cuente sobre Cristo. Haga eso, y bendiga su alma. Usted puede comprender las Escrituras en esta manera, y Dios puede hacer de usted una gran bendición para los que le rodean.

¿Deberían los Cristianos Jugar a la Lotería?

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¿Deberían los Cristianos Jugar a la Lotería?

Should Christians Play the Lottery?

(Por John MacArthur)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image002El “post” de hoy es adaptado de una copia de una sesión de preguntas y respuestas de hace algunos años atrás en la Iglesia Grace Community.

Personalmente, no veo que el jugar juegos de azar como una expresión legítima de mi mayordomía de lo que Dios me ha dado.

No hay un versículo en la Biblia que explícitamente dice, “no jugarás juegos de azar”. (Alguien siempre dice [refiriéndose a Hechos 1], “pues bien, digo, aun los discípulos echaron suertes”. Correcto. Esa fue una manera por la cual pudieron determinar la voluntad de Dios porque Dios habló a través de ese método – eso es un poco diferente.)

Pero no creo que la Biblia permita el jugar juegos de azar (incluyendo la Lotería) como una forma de mayordomía. También opino que en su fin social, la Lotería es un desastre y le diré por qué. Las personas que compran los boletos son personas que pueden darse el lujo de comprar los boletos. Personas de mediana clase ya están literalmente consumiendo esas cosas. Caen de lleno en las manos de personas que necesitan aprender a trabajar productivamente y no aferrarse a la esperanza. Es otra expresión de “los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas”.

La Biblia apoya ganar dinero por herencia, por trabajar duro, y por una inversión sabia, pero nunca apoya enriquecerse jugando juegos de azar o por dinero rápido. La Lotería no es una forma legítima de ganarse la vida o invertir para el futuro, ni es una buena costumbre de mayordomía; y no es una forma legítima de financiar la educación a expensas de personas ya pobres que van a desperdiciar su manutención en ello.

¿Responde Dios las Oraciones de los Incrédulos?

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¿Responde Dios las Oraciones de los Incrédulos?

Does God answer the prayers of unbelievers?

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image002Dios es soberano y puede elegir responder cualquier oración que a El le plazca. Pero la Escritura claramente indica que Dios no escucha o responde cualquier oración. De hecho, la Escritura da al menos quince razones para una oración sin respuesta. Dios no responde la oración de aquellos:

1. Quienes tienen motivos personales o egoístas.

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites (Santiago 4:3).

2. Quienes guardan iniquidad en su corazones.

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado (Sal. 66:18).

3. Aquellos que permanecen en pecado.

Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. (Isaías 59:2).

Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. (Juan 9:31).

4. Aquellos que ofrecen un servicio indigno a Dios.

En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio,(C) ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos (Malaquías 1:7-9)

5. Aquellos que le dan la espalda a Dios.

Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados. Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia. (Jeremías 14:10-12)

6. Aquellos que rechazan el llamado de Dios

Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi reprensión no quisisteis… Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán. (Proverbios 1:24-25, 28)

7. Aquellos que no prestan atención a la ley de Dios.

El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable (Proverbios 28:9).

Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos (Zacarías 7:11-13)

8. Aquellos que hacen oídos sordos al lamento del pobre.

El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído. (Proverbios 21:13).

9. Aquellos que son violentos.

Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. (Isaías 1:15; vea también 59:2-3).

10. Aquellos que adoran ídolos.

Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré. E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal. Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusiste los altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal. Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su aflicción clamen a mí. (Jeremías 11:11-14; vea también Ezequiel 8:15-18)

11. Aquellos que no tienen fe.

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (Santiago 1:6-7)

12. Aquellos que viven en hipocresía.

Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. (Lucas 12:1).

13. Aquellos que son orgullosos de corazón.

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Santiago 4:6; 1 Pedro 5:5).

14. Aquellos que son arrogantes.

El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido (Lucas 18:11-14).

15. Aquellos que maltratan al pueblo de Dios.

Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, Para que yo destruya a los que me aborrecen. Clamaron, y no hubo quien salvase; Aun a Jehová, pero no los oyó. (Sal. 18:40-41).

Vosotros que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla. Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras. (Miqueas 3:2-4)

Así que, ¿Dios responde las oraciones de los incrédulos? Responder estrictamente si o no es difícil sin antes considerar la respuesta en varias maneras. Sin embargo, es notable que los principios arriba mencionados representen algunas de las características clave de un incrédulo. Así en forma segura podemos decir que, en general, Dios no responde las oraciones de un incrédulo.

Por Qué Es Importante la Membresía (Parte 2)

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Por Qué Es Importante la Membresía (Parte 2)

Why Membership Matters (Part 2)

Tomado de Pulpit Magazine

clip_image001 Este artículo es una continuación de la discusión de ayer sobre la membresía de la iglesia. Ayer consideramos el ejemplo de la iglesia primitiva. Hoy consideraremos a) la existencia del gobierno de la iglesia, b) el ejercicio de la disciplina de la iglesia, y c) la exhortación para a mutua edificación.

La Existencia del Gobierno de la Iglesia

El patrón coherente a todo lo largo del Nuevo Testamento es que una pluralidad de ancianos supervise cada cuerpo local de creyentes. Los deberes específicos dados a estos ancianos presuponen un grupo claramente definido de miembros de la iglesia que están bajo su cuidado.

Entre otras cosas, estos hombres piadosos son responsables pastorear al pueblo de Dios (Hechos 20:28; 1 Ped. 5:2), para trabajar diligentemente entre ellos (1 Tes. 5:12), para estar a cargo de ellos (1 Tes. 5:12; 1 Tim. 5:17), y para el cuidado de sus almas (Heb. 13:17). La Escritura enseña que los ancianos darán cuenta a Dios pues los individuos asignados a su cargo (Heb. 13:17; 1 Ped. 5:3).

Esas responsabilidades piden que haya una membresía distinguible, mutuamente sobreentendida en la iglesia local. Los ancianos pueden pastorear a las personas y rendir cuentas a Dios para su bienestar espiritual sólo si saben quiénes son; pueden proveer supervisión sólo si conocen aquellos por quienes son responsables; Y pueden cumplir con su deber de pastorear el rebaño si saben quién es parte del rebaño y quién no es.

Los ancianos de una iglesia no son responsables del bienestar espiritual de cada individuo que visita la iglesia o que asiste esporádicamente. Más bien, son primordialmente responsables de pastorear a aquellos que se han sometido al cuidado y autoridad de los ancianos, y esto se hace a través de la membresía de la iglesia.

Por el contrario, la Escritura enseña a los creyentes que deben someterse a sus ancianos. Hebreos 13:17 dice, “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos”. La pregunta a cada creyente es: “¿quiénes son sus líderes”? El que ha rehusado a unirse a una iglesia local y encomendarse al cuidado y autoridad de los ancianos no tiene líderes.

Para esa persona, la obediencia de Hebreos 13:17 es imposible. Para ponerlo de una manera simple, este verso significa que cada creyente sabe a quién se debe someter, el cuál, a su vez, asume una membresía de la iglesia claramente definida.

El Ejercicio de la Disciplina de la Iglesia

En Mateo 18:15-17, Jesús esboza la forma en que la iglesia debe buscar la restauración de un creyente que ha caído en pecado – un proceso de cuatro pasos comúnmente conocido como la disciplina de la iglesia. Primero, cuando un hermano peca, este debe ser confrontado de manera privada por un individuo solamente (v. 15). Si él se rehúsa a arrepentirse, ese individuo debe tomar a uno o dos creyentes para confrontarle otra vez (v. 16). Si el hermano en pecado se rehúsa a escuchar a lo dos o tres, entonces deben decirlo a la iglesia (v. 17). Si aun así no hay ningún arrepentimiento, el paso final es expulsar a la persona de la asamblea (v. 17; Cf. 1 Cor. 5:1-13).

El ejercicio de disciplina de la iglesia según Mateo 18 y otros pasajes (1 Cor. 5:1-13; 1 Tim. 5:20; Tito 3:10-11) presupone que los ancianos de una iglesia saben quién son sus miembros. Por ejemplo, los ancianos de la Iglesia Grace Community no tienen responsabilidad ni autoridad para disciplinar a un miembro de la iglesia que esta en la otra calle. Tristemente, la falta generalizada de entendimiento de la membresía de la iglesia ha hecho necesaria para nuestros ancianos disciplinar no sólo a miembros formales sino también a aquellos que regularmente tienen compañerismo en Iglesia Grace Community. Sin embargo, la enseñanza de la Biblia sobre la disciplina de la iglesia asume una membresía de la iglesia.

El Exhortación a la Edificación Mutua

El Nuevo Testamento enseña que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y que Dios ha llamado cada miembro a una vida dedicada al crecimiento del cuerpo. En otras palabras, la Escritura exhorta a todos los creyentes a edificar a los otros miembros practicando lo “el uno al otro” del Nuevo Testamento (e.g., Heb. 10:24-25) y ejercitando sus dones espirituales (Rom. 12:6-8; 1 Cor. 12:4-7; 1 Ped. 4:10-11). La edificación mutua sólo puede tener lugar en el contexto del cuerpo corporativo de Cristo.

Las exhortaciones para esta clase de ministerio presuponen que los creyentes se hayan comprometido a otros creyentes en una asamblea local específica. La membresía de la iglesia es simplemente la manera formal de hacer ese compromiso.

Conclusión

Experimentar un compromiso hacia una iglesia local implica muchas responsabilidades: Ilustrando un estilo de vida piadoso en la comunidad, ejercitando los sones espirituales de uno en el servicio diligente, contribuyendo financieramente a la obra del ministerio, dando y recibiendo amonestación con mansedumbre y en amor, y participando fielmente del culto corporativo. Mucho se espera, pero mucho está en riesgo. Porque sólo cuando cada creyente es fiel a esta clase de compromiso, la iglesia es capaz de estar a la altura de su llamado como el representante de Cristo aquí en la tierra. Para ponerlo de manera simple, la membresía tiene importancia.

Los Cristianos y el Día de Reposo

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Los Cristianos y el Día de Reposo

Christians and the Sabbath

Tomado de Pulpit Magazine

¿Están las leyes del Día de Reposo Atando a los Cristianos de Hoy?

clip_image001 Creemos la observancia de las leyes del Antiguo Testamento sobre la observancia del día de reposo (Sabbath) son ceremoniales y no aspectos morales de la ley. Como tal, ya no está en vigencia, sino que ha dejado de existir con el sistema sacrificatorio, el sacerdocio Levítico, y todos los demás aspectos de la ley de Moisés que se figuró de anunciaban con antelación a Cristo.

Aquí están las razones por las que mantenemos este punto de vista:

 

  • En Colosenses 2:16-17, Pablo explícitamente se refiere al sábado como una sombra de Cristo, lo cual es ya no es obligatorio puesto que la sustancia (Cristo) ha venido. Es realmente claro en esos versos que el día de reposo semanal está incluido, con la frase “o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” refiriéndose a los días santos anuales, mensuales, y semanales del calendario judío (cf. 1 Crónicas 23:31; 2 Crónicas 2:4; 31:3; Ezequiel 45:17; Oseas 2:11).
  • El día de reposo era la señal para Israel del Pacto Mosaico (Exodo 31:16-17; Ezequiel 20:12; Nehemías 9:14). Puesto que estamos ahora bajo el Nuevo Pacto (Hebreos 8:7-13), ya no estamos obligados a observar la señal del Pacto Mosaico.
  • El Nuevo Testamento nunca ordena a los cristianos que observen el día de reposo. Por otra parte, cada uno de los otros nueve mandamientos son reiterados en el Nuevo Testamento.
  • En nuestro único destello de un servicio de adoración de la iglesia temprana en el Nuevo Testamento, la iglesia se reunía en el primer día de la semana (Hechos 20:7).
  • En ninguna parte del Antiguo Testamento se les ordena a las naciones Gentiles a observar el día de reposo o se les condena para no guardarlo. Esto es extraño si la observancia del día de reposo se pretendiera que fuese un principio moral eterno.
  • No hay evidencia en la Biblia de alguien guardando el día de reposo antes del tiempo de Moisés, ni hay algún mandato en la Biblia de guardar el sábado antes de que se diera la ley en el Monte Sinaí.
  • Cuando los Apóstoles se reunieron en el concilio de Jerusalén (Hechos 15), no impusieron guardar el día de reposo en los creyentes gentiles.
  • El apóstol Pablo advirtió a los gentiles sobre muchos pecados diferentes en sus epístolas, pero quebrantar el día de reposo no está nunca incluido entre ellos.
  • En Gálatas 4:10-11, Pablo reprende a los Gálatas por pensar que Dios esperaba que ellos observara los días especiales (incluyendo el día de reposo).
  • En Romanos 14:5, Pablo prohíbe a aquellos que observaban el día de reposo (éstos sin duda eran creyentes judíos) por condenar a aquellos que no lo guardaban (creyentes gentiles).

Los padres de la iglesia primitiva, desde Ignacio hasta Augustín, enseñaron que el día de reposo del Antiguo Testamento había estado abolido y que el primer día de la semana (domingo) era el día cuando los cristianos deberían reunirse para adorar (contrario a las afirmaciones de muchos séptimo sabatistas del séptimo día que afirman que el culto dominical no fue instituido hasta el siglo cuarto).

El domingo no ha reemplazado sábado como el día de reposo. Más bien el Día del Señor es un tiempo cuando los creyentes se reúnen para conmemorar Su resurrección, lo cual ocurrió en el primer día de la semana. Todos los días para el creyente es un día de reposo, puesto que ha cesado nuestra labor espiritual y estamos descansando en la salvación del Señor (Hebreos 4:9-11).

Así es que mientras todavía seguimos el patrón de designar un día de la semana un día en que el pueblo del Señor se reúne en adoración, no nos referimos a ello como “el día de reposo”.

Juan Calvino tomó una posición similar. Él escribió:

Hubo tres razones para dar este [cuarto] mandamiento: Primero, con el séptimo día de reposo el Señor deseaba darle al pueblo de Israel una imagen de reposo espiritual, por medio del cual los creyentes debían cesar de sus obras para dejar al Señor trabajar en ellos. En segundo lugar, él deseaba que hubiera un día establecido en el cual los creyentes podrían reunirse para oír sus Leyes y adorarle. En tercer lugar, él quería que un día de descanso se les concediera a los sirvientes y a aquellos que viven bajo el poder de otros a fin de que pudieran tener un descanso de su trabajo. Lo último, sin embargo, es más bien deducible que una razón principal.

En lo que se refiere a la primera razón, no hay duda que cesó en Cristo; porque él es la verdad por la presencia de la cual todas las imágenes desaparecen. Él es la realidad de cuyo advenimiento todas las sombras se disipan. Por ello San Pablo (Col. 2:17) que el sábado ha sido una sombra de una realidad que aún es. Y él declara en otro lugar su verdad cuándo en la carta a los romanos, cap. 6:8, él nos enseña que estamos sepultados con Cristo con el propósito de que mediante su muerte que pudiésemos morir a la corrupción de nuestra carne. Y esto no se hace en un día, sino durante todo el curso de nuestra vida, hasta que muramos por completo, podemos llenarnos de la vida de Dios. Por lo tanto, la observancia supersticiosa de días debe quedar lejos de los cristianos.

Las dos últimas razones, sin embargo, no deben ser contadas entre las sombras de lo antiguo. Más bien, son igualmente válidas para todas las edades. Por lo tanto, aunque el sábado es abrogado, ocurre que entre nosotros todavía nos reunimos en asamblea en ciertos días para escuchar la Palabra de Dios, para el rompimiento del pan (místico) de la Cena, y ofrecer oraciones públicas; y, además, con el fin de que cierto descanso de su trabajo sea dado a los sirvientes y a los obreros. Como nuestra debilidad humana no permite tales asambleas a reunirnos todos los días, el día observado por los judíos ha sido substraído (como un buen dispositivo para eliminar la superstición) y otro día ha ido destinado para este uso. Esto fue necesario para asegurar y mantener el orden y la paz en la Iglesia.

Por consiguiente al darse la verdad a los judíos bajo una figura, así para nosotros por el contrario la verdad es mostrada sin sombras con el fin, ante todo, de que meditamos toda nuestra vida en un perpetuo sábado de nuestras obras a fin de que el Señor pueda obrar en nosotros por su espíritu; en segundo lugar, para que observemos el orden legítimo de la Iglesia para escuchar la Palabra de Dios, para administrar los sacramentos, y para las oraciones públicas; en tercer lugar, para que no oprimamos inhumanamente con trabajo a aquellos que nos están sujetos. [Tomado de Instruction in Faith, Calvin ‘s own 1537 digest of the Institutes, sec . 8, “The Law of the Lord”].

Lea además los sermones sobre este tema:

¿Requiere Dios que yo dé un diezmo de todo lo que gano?

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clip_image002[10]¿Requiere Dios que yo dé un diezmo de todo lo que gano?

Hay dos tipos de ofrenda que se enseñan consistentemente en las Escrituras: ofrendar al gobierno (que siempre fue obligatorio), y ofrendar a Dios (que siempre fue voluntario).

Sin embargo, este tema ha sido confundido en gran manera por aquellos que malinterpretan el motivo de los diezmos del Antiguo Testamento. Las ofrendas no fueron principalmente regalos para Dios, sino impuestos para financiar el presupuesto nacional de Israel.

Como Israel era una teocracia, los sacerdotes Levíticos actuaban como el gobierno civil. Así que la ofrenda Levítica (Levítico 27:30-33) fue el precursor de los impuestos de hoy, como lo era también la segunda ofrenda anual que Dios requería para el financiamiento del festival nacional (Deuteronomio14:22-29). Impuestos de menos cantidades también fueron requeridos de la gente por la ley (Levítico 19:9-10; Éxodo 23:10-11). Así que el total de las ofrendas requeridas de los Israelitas no fue diez por ciento, sino quizás más del 20 por ciento. Todo ese dinero se usaba para que funcionara la nación.

Toda la ofrenda que se daba, aparte de lo que era requerido para la nación, era totalmente voluntaria (vea Éxodo 25:2; 1 Crónicas 29:9). Cada persona ofrendaba lo que estaba en su corazón ofrendar; ningún monto fue especificado.

A creyentes del Nuevo Testamento nunca se les ordeno que ofrendaran. (Mateo 22:15-22 y Romanos 13:1-7) nos relatan, sobre la única ofrenda que fue requerida durante el tiempo de la iglesia, y esa era para pagar impuestos al gobierno. Es interesante que hoy, tanto en Estados Unidos como en otros países de l mundo, pagamos entre el 20 a 30 por ciento de nuestros ingresos al gobierno—una figura muy similar al requisito bajo la teocracia de Israel.

La directriz para nuestra ofrenda a Dios y Su obra se encuentra en 2 Corintios 9:6-7: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará. Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.”

Para estudio más profundo: Henry Tolopilo, El modelo Bíblico para ofrendar (serie en casetes).

© 2006 Grace to You –La enseñanza Bíblica de John MacArthur

La Persectiva Bíblica de la Imagen Propia

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 La Perspectiva Bíblica de la Imagen Propia

The Biblical View of Self-Image

(September 1996 – Volume 2, Issue 11)

Tomado de www.svchapel.org

La realidad es que el movimiento de la imagen propia no es ni Bíblico ni científico. Es una moda pasajera que eventualmente pasará después de hacer un daño increíble en nuestra sociedad y desafortunadamente en muchas iglesias. Por la gracia de Dios y la verdad de Su Palabra, los creyentes necesitan no dejarse engañar por las mentiras de Satanás. ¡Podemos elegir vivir de acuerdo con la infalible e inmutable Palabra de Dios!

Pocos estarían en desacuerdo con la siguiente declaración: Cómo piensan las personas de sí mismas en alto grado determinará el cómo pensarán acerca de otros, cómo pensarán acerca de Dios, cómo obtendrán y mantendrán todas sus relaciones, y cómo tomarán decisiones. No hay un área de la vida que no sea directa o indirectamente afectada por la forma en que nos veamos a nosotros mismos. Sin embargo, hay dos puntos de vista vastamente diferentes en el asunto de la imagen propia:

La Perspectiva Anti-bíblica de la Imagen Propia, La Autoestima, y La Valía Personal

La enseñanza básica en la psicología popular de hoy es que las personas en general tienen una baja autoestima, baja imagen propia, bajo ego, etc. No piensan que son muy buenas, no se aman a si mismos, no se aceptan en la forma que son, les falta confianza en sí mismos, etc. Las personas se comportan pobremente porque se miran de esta manera. Si las personas pudiesen mejorar su imagen propia, entonces se sentirían mejor acerca de ellos mismos y actuarían mejor en la vida. Todo el mundo, claro está, tiene una imagen propia mala, hay sin embargo, varios grados. También, puesto que las personas no quieren que los otros sepan qué tan mal se perciben, tienden a esconder su pobre imagen propia con métodos diferentes: Una cierta cantidad de timidez – a fin de que las personas no perciban qué tan malas realmente son. Otros pueden presumir intentando probar que ellos están realmente bien.

Para obtener una percepción de lo que realmente está siendo enseñado, veamos lo que algunos de los  proponentes de la imagen propia de hoy , tanto en círculos seculares como en cristianos, están diciendo:

“Si pudiese escribir una receta para las mujeres del mundo, proveería a cada uno de ellas una sana dosis  de autoestima y de valor personal… No tengo duda de que ésta es su máxima necesidad (James Dobson, What Wives Wish Their Husbands Knew About Women, p35).

“Sentirse bien acerca de nosotros mismos de hecho, puede ser la piedra angular de todo nuestro bienestar” (Barnett, Baruch and Rivers, “The Secret of Self Esteem,” The Ladies Home Journal, Feb. 1984, p54).

“Las madres que eligen abortar lo hacen por una muy pequeña autoestima, no por demasiada autoestima” (Philip A. Captain, Eight Stages of Christian Growth).

“La falta de autoestima realmente puede extinguir el deseo de seguir viviendo (James Dobson, High or Seek, p80).

“Una vez que una persona cree que él es un ‘pecador indigno’ es dudoso que él  pueda honestamente aceptar la gracia salvadora que Dios ofrece en Cristo” (Robert Schuller, Self-Steem, p98).

“La depresión siempre tiene una pérdida de autoestima en primer plano….Sea cuidadoso en dirigir a una persona deprimida a la Sagrada Escritura…. Sin predicación. Yo recomendaría un receso de la iglesia si hay predicación en la iglesia” (Jeff Boer, “Is Self-Esteem Proper for a Christian?” The Journal of Pastoral Practice, Vol 5, #4, p78).

“Bajo la influencia de los psicólogos humanistas como Carl Rogers y Abraham Maslow, muchos de nosotros  los cristianos hemos comenzado a ver nuestra necesitad de autoamor y autoestima” (Bruce Narramore, You’re Someone Special, p22).

“El autoestima es el prerrequisito y el criterio para nuestra conducta hacia nuestro prójimo… Sin autoestima no puede haber amor hacia los demás…Usted no puede amar a su prójimo, usted no puede amar a Dios a menos que usted primero se ame a sí mismo” (Walter Trobishch, Love Yourself, p11).

“Realmente, nuestra capacidad para amar a Dios y amar a nuestro prójimo es limitada por nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismo. No podemos amar más a Dios de lo que amemos a nuestro prójimo y nosotros no podemos amar más a nuestro prójimo de lo que nos amamos a nosotros mismos”(Captain, Eight Stages of Christian Growth, p157).

“Una baja autoestima puede conducir a la depresión y a otras enfermedades emocionales y físicas, abuso de sustancias, promiscuidad sexual, e incluso al suicidio” (Shirley Sherrif, Contact, Vol. II #1; Enero. 1991).

“Usted tiene que pensar que usted es alguien si quiere mantener una buena salud mental” (Arthur Rounder, You Can Learn To Like Yourself, p3).

“La autoestima o el orgullo existente en un ser humano es la única y máxima necesidad que enfrenta la raza humana el día de hoy” (Robert Schuller, Self-Steem, p19).

“Las personas tienen una necesidad personal básica que requiere dos clases de imputación para su satisfacción. La necesidad más básica es un sentido de valor personal, y la aceptación de uno mismo como una persona completa y verdadera” (Lawrence Crabb, Effective Biblical Counseling, p80).

Según los proponentes de la imagen propia: La promiscuidad sexual, el suicidio, el crimen, el aborto, la depresión, la pobre salud mental, el estrés, la infelicidad, la falta de éxito en la vida, la incapacidad para amar a Dios y aceptar Su regalo gratuito de la salvación, la incapacidad para amar a los demás, y la incapacidad de amarse así mismo, son todos resultados de una pobre imagen propia o una baja autoestima.

¿Cuál es la cura entonces para todos estos problemas? Según los defensores de la imagen propia, es construir una buena imagen propia (y un sentido fuerte de autoestima) en las vidas de todas las personas. Si lo que dicen es cierto, entonces nosotros como cristianos deberíamos dar un salto al partido triunfador de la imagen propia. De hecho, si las personas son incapaces de amar a Dios y a los demás por una pobre imagen propia, entonces construir una autoestima en nuestros niños, nuestros conyugues, nuestros amigos no salvos, en nosotros y en el mundo entero debería convertirse en una meta primaria de la iglesia.

La Perspectiva Bíblica de la Imagen propia, Autoestima, y la Valía Personal

El poder de la mente humana para engañarse parece infinito. Necesitamos orar el Salmo 139:23,24 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” ¡a menudo! Un estudio de doscientos criminales reveló que ninguno de esos criminales creía que fuera malo. Cada criminal pensaba acerca de sí mismo que era básicamente una buena persona incluso en el momento en que planeaban un crimen (El Washington Star, agosto. 15, 1976).

Una de las metas principales de la Biblia es corregir la perspectiva elevada del hombre acerca de sí mismo; no obstante,  ahora es interpretado por líderes cristianos para probar justo lo contrario. ¿Cómo pueden las criaturas a quienes constantemente se les dice (en la Palabra de Dios) que tienen un demasiado alto concepto de sí mismos, ser convencidos de que su problema está de hecho en su baja autoestima? Dejados a nuestras observaciones y nuestras imaginaciones tal cosa es posible (Jer. 17:9: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas…”), Pero la Biblia no alimenta nuestro engaño, sino que trata de corregirlo.

C.S. Lewis, escribiendo antes de que la moda pasajera de la autoestima despegara, hizo esta interesante observación, “el niño que es palmeado al dorso por hacer una lección bien, la mujer cuya belleza es alabada por su amante, el alma salvada de quien Cristo dice, ‘bien hecho,’ está agradecida y debería. Pues aquí el placer recae no en lo que usted es sino en el hecho de que usted ha complacido a alguien a quien usted quería (y correctamente quiso) complacer. El problema comienza cuando usted pasa de pensar, ‘le he complacido; todo está bien,’ a pensar, ‘qué buena persona debo ser para haber hecho eso.’” Si Lewis escribiera tales palabras hoy, ¿serían bien recibidas? ¡Lo dudo!

¿Qué tienen que decir las Escrituras sobre como nos vemos a nosotros mismos?

Jesús enseñó la virtud de la humildad (Luc 18:14), y la importancia de la auto-negación, en vez del auto-amor (Mat. 16:24).

Las epístolas están fuertemente de acuerdo con las palabras de Jesús (cp. 1 Tim. 1:15; Rom. 7:24; 12:3; y Filip. 2:3-8). De hecho, en ninguna parte de la Biblia nos advierte sobre no pensar menos de nosotros mismos de lo que deberíamos. Pero, debería haber muchas Sagradas Escrituras si nuestro problema fuera la falta de autoestima. Hay, sin embargo, cinco hojas y media en la Biblia de Tópicos Nave acerca del orgullo, incluyendo a Prov. 16:5,18 y 19. Además, hay tres páginas sobre la autonegación. No hay referencias a la imagen propia o a cualquier palabra que pretenda decir algo semejante. Sólo 2 Tim. 3:2 hace aparecer el concepto del autoamor, y es un vicio (ver abajo). Claramente, la Biblia no presenta la autoestima como el problema del hombre. De hecho, lo opuesto a la autoestima, el orgullo, es ciertamente indicado como un problema.

En el Nuevo Testamento, ni Juan el Bautista (Luc. 3:16) ni el hijo Pródigo (Luc. 15:21) fueron corregidos cuando se  declararon a sí mimos como indignos. Pero Norman Wright dice, “el merecimiento es un sentimiento de ‘yo soy bueno.’”Si esto es cierto, entonces ¿que haremos con la declaración de Jesús,: ‘no hay ninguno bueno sino solo Dios.’?

Note los ejemplos del Antiguo Testamento sobre Gedeón (Jud. 6:15); Isaías (Isa. 6:5); Amos (Amos 7:14); Job (Job 42:6); y Moisés (Exod. 3:11; 4:10-13). Cada uno de estos hombres fue usado por Dios cuando reconocieron la grandeza del Señor y su propia insignificancia. 2 Cor. 12:9,10 también nos enseña que encontramos la fortaleza de Dios sólo cuando reconocemos nuestra debilidad.

2 Tim. 3:16,17 y 2 Pedro 1:3 explica que la Palabra de Dios es suficiente para equiparnos para ser personas piadosas, y que todo lo concerniente a la vida y a la piedad  se encuentra en Su Palabra. Siendo este el caso, debemos hacer la pregunta: “¿por qué no hay mención alguna de la autoestima en toda la Escritura?”

La respuesta a esa pregunta seguramente recae en el hecho de que nuestra relación con Dios no se basa en nuestra rectitud o nuestro valor hacia El, sino en Su gracia (Tito 3:4-7). Más bien, somos pecadores que no podemos hacer nada para impresionar o agradar a Dios (Rom. 3:23; 5:6-8).

(Esta gráfica sin duda fue tomada prestada de una fuente, la cuál no puedo localizar. Mis disculpas para el autor.)

DIFERENCIAS CLAVE ENTRE LA IMAGEN PROPIA Y LA IMAGEN BÍBLICA:

DIOS EN SU PALABRA:

  1. Ame a Dios y a los demás (Mt. 22:37)
  2. Edifique a los demás (Heb. 10:24,25)
  3. Nadie es justo (Rom. 3:23)
  4. El Corazón es engañoso (Jer. 17:9)
  5. Ponga otros primero (Filip. 2:1-4)
  6. Sea Humilde (Rom. 12:3)
  7. Somos pecadores (Rom. 3:10,11)
  8. Camine en el Espíritu (Gal. 5:16)
  9. Niéguese a Sí Mismo (Mt. 16:24-26)
  10. Ponga su confianza en Dios (Fil. 4:13)
LOS DEFENSORES DE LA IMAGEN PROPIA DICEN:

  1. Ámese a usted mismo
  2. Edifique su autoestima
  3. Usted es bueno
  4. Crea en usted mismo
  5. Póngase usted primero
  6. Tenga Un Alto Concepto de sí mismo
  7. Usted es de gran valor
  8. Haga lo que usted quiera hacer
  9. Encuéntrese a sí mismo
  10. Tenga confianza en sí mismo

RESPUESTA A ALGUNOS ENGAÑOS

Nos debemos amar a nosotros mismos

Los defensores de la imagen propia afirman que la Sagrada Escritura nos ordena que nos amemos. El verso principal que usan para apoyar esta afirmación es Mateo 22:39b que dice, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Basado en una interpretación defectuosa de este pasaje muchos maestros – de la teoría de la imagen propia – ven esto como un mandato Bíblico evidente para que nosotros nos amemos a nosotros mismos. Sin embargo, en ninguna parte de este pasaje (Mat. 22:36-40) existe una orden del Señor para que nosotros nos amemos a nosotros mismos.

De hecho, no hay ningún lugar en las Escrituras dónde se nos diga que debemos amarnos a nosotros mismos. En lugar de eso, siempre se asume que ya nos amamos a nosotros mismos (Nota: “como a ti mismo” en el pasaje en estudio). No obstante, se nos dice que lo que Jesús quiso decir es que tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos primero, antes de que podamos amar a otros. En otras palabras, hay realmente tres mandatos dados aquí (aún cuando Jesús dijo que hay “dos”). Se nos ordena a amar a Dios y nuestro prójimo; luego, Jesús llega a una conclusión diciendo: “De estos dos mandamientos depende toda la Ley. . .” Si Jesús dice que hay dos mandamientos aquí ¡cómo es que nos atrevemos a afirmar que hay tres!

Efesios 5:28,29 es otro pasaje usado por los maestros de la filosofía de la imagen propia para promover la autoestima. Se nos dice que primero debemos aprender a amarnos nosotros mismos antes de que podamos amar a nuestro cónyuge, pero el pasaje claramente manifiesta que nunca ha existido una persona que no se ame a sí misma. Nuestro problema nunca ha sido la falta de autoestima, sino la mucha preocupación por el ego. Hay sin embargo una vez en las Escrituras donde la autoestima es mencionada: 2 Tim. 3:2. Allí encontramos el amor al ego en el primer lugar de una lista de pecados que caracterizarán a los postreros días. Es interesante notar, igualmente, que la palabra griega utilizada para el amor en este verso (phileo) habla de amor emocional a diferencia del amor abnegado (agapao) en otros pasajes. En otras palabras, el único verso en el Nuevo Testamento que habla de amarnos a nosotros mismos emocionalmente (sintiéndonos bien acerca de nosotros mismos, etc.) es una advertencia de que éste es un pecado que debemos evitar.

Somos dignos del Amor de Dios

William Kirwin en Biblical Concepts of Christian Christian Counseling (p107) dice: “Pareciera que Cristo hubiera dicho, ustedes son de tal valor para mí que voy a morir; aun experimentaré el infierno a fin de que ustedes puedan ser adoptados como mis hermanos y hermanas”. Donna Faster escribió: “Por supuesto que la demostración más grande del valor  de una persona para Dios fue mostrada al darnos a Su Hijo” (Building a Child’s Self-Steem, p6). Incorrecto, el envío del Hijo de Dios no es una comprobación de nuestro valor, sino la máxima comprobación del amor, la gracia, la misericordia y la bondad de nuestro Dios. La verdad es que Dios no nos salva porque él vea alguna cosa de valor en nosotros, sino que a pesar de que no hay nada en nosotros digno de salvar (Rom. 5:6-10; Tito 3:4-7; Efes. 2:4-9). Tal declaración hiere nuestro orgullo, pero no obstante es cierto.

Los defensores de la autoestima destruyen el concepto de la gracia. La misma definición de gracia es que Dios nos da lo que no merecemos. Si somos dignos de Su salvación entonces la vida eterna no es un regalo de la gracia sino una recompensa basada en nuestro valor, o las buenas obras. Éste es un concepto completamente refutado en la Sagrada Escritura (Efes. 2:8,9). Para que una persona venga a Cristo, primero debe reconocer su necesidad de la salvación. Enseñarles que son dignos a los ojos de Dios es cometerles una injusticia terriblemente cruel y no bíblica. Entre más nos veamos bíblicamente a nosotros mismos, más precioso se vuelve el amor, la gracia y la misericordia de nuestro Dios. Si nos consideramos dignos de cualquiera de las bendiciones de Dios habremos groseramente abaratado Su regalo gratuito de amor y de gracia.

A Satanás Le gusta Cuando Tenemos una Mala Imagen de Nosotros Mismos

A los maestros de la imagen propia les gustaría que nosotros creyésemos que debemos tener una buena imagen propia o de lo contrario el diablo tendrá un punto de apoyo firme en nuestra vida. Creen que una pobre imagen propia nos impedirá reconocer nuestro valor para Dios y por consiguiente no aceptaremos Su regalo de salvación. En verdad a Satanás no le importa lo que pensamos acerca de nosotros mismos con tal de que estamos preocupados con el EGO. Si él puede mantenernos atrapados en nuestro ego él nos puede mantener sin estar ocupados en Dios y en los demás tal y como se nos instruye en las Escrituras (Fil. 2:3-8).

El problema del hombre siempre ha sido el orgullo. Desde el principio el hombre ha querido ser como Dios (Gen. 3:5). El diablo mismo, es el autor del orgullo pecaminoso (Isa. 14:13,14). Esta clase de actitud y opinión elevada de sí mismo no sólo echó fuera a Satanás del cielo y condenó al castigo eterno, sino también se convirtió en su herramienta favorita para abstenerse de confiar en Dios.

LA PERSPECTIVA BIBLICA DEL EGO

Jay Adams en The Biblical View of Self-Steem, Self-Love and Self-Image dice: “mientras no hay una preocupación evidente en la Biblia acerca del tener muy poca autoestima, y por consiguiente ninguna instrucción para elevar la autoestima, Dios señala que él quiere que nosotros nos evaluemos – hasta donde sea posible hacerlo – correctamente” (p113). En Romanos 12:3 Pablo instruye a sus lectores sobre como evaluarse con respecto a los diferentes dones que Dios les ha dado. Al hacer esto, él provee el principio que deberíamos usar para evaluarnos a nosotros mismos con respecto a cada área de nuestras vidas. En ese pasaje, “un juicio sano” quiere decir (y demanda) que un juicio razonable, basado en la evidencia, sea hecho. Note que la advertencia de Pablo va en contra tener un concepto demasiado alto de nosotros mismos. Él no dice nada acerca de cuidarse de no pensar en bajo concepto de nosotros mismos, puesto que éste nunca es un problema discutido en la Sagrada Escritura.

Cuando nos evaluamos a nosotros mismos de acuerdo a un sano juicio ¿qué encontramos? ¡Como creyentes nos encontraremos con que Dios se ha acercado a nosotros completamente por gracia para salvar a pecadores indignos, haciéndonos verdaderamente hijos de Dios! Hemos sido hecho dignos por Dios (cp Apoc. 3:4), no porque lo merezcamos sino por el amor de Dios. También ahora conocemos, por las Escrituras, que Dios únicamente nos ha equipado para servir y ministrar para Él en este mundo y en Su iglesia. Nuestro valor no se basa en una comparación de nosotros mismos con los demás (de hecho eso está prohibido, 2 Cor. 10:12), sino en la posición que tenemos en Cristo y en los dones con los cuales él nos ha equipado para vivir para él.

Como cristianos, ¿se supone que debemos pensar mal acerca de nosotros mismos? ¡De ningún modo! La posición Bíblica es que debemos enfocar la atención en Dios y en los demás, no en nosotros mismos (Mat. 22:36-40; Fil. 2:3-8). Cualquier preocupación por el ego (ya sea en pensar demasiado elevado o demasiado bajo), es una respuesta no bíblica a la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura comienza desde la posición de que ya nos amamos a nosotros mismos y nos ordena a amar a los demás de igual forma. De hecho, debemos anteponer los intereses de los demás al de los nuestros (Fil. 2:3,4).

INVESTIGACION

La mayoría asumiría que como  los segmentos seculares y cristianos de nuestra sociedad se han subido al tren de la imagen propia, aparentemente la investigación científica ha revelado que la baja autoestima se ha extendido y la necesidad de edificar una buena imagen propia es de suprema importancia. Tal no es el caso. De hecho, la mayoría de la investigación ha mostrado que tanto niños como adultos en nuestra sociedad realmente se estiman demasiado así mismos. Además, parece no haber correlación entre la imagen propia y el comportamiento. Lo siguiente son algunos de tales ejemplos:

* Las conclusiones del Consejo Universitario (a través de las encuestas tomadas de millones de estudiantes de la escuela secundaria que tomaron sus pruebas) se encontraron con que setenta por ciento se evaluaba así mismo por encima del promedio; dos por ciento por debajo del promedio. Sesenta por ciento de veían por encima del promedio en “habilidad atlética”; sólo seis por ciento dijeron que se veían así mismos por debajo del promedio. En “habilidad para llevarse bien con los demás” cero por ciento se evaluó por debajo del promedio; sesenta por ciento se evaluó a sí mismo en el diez por ciento superior y veinticinco se veía sí mismos en el uno por ciento superior (The Inflated Self, p.23,24).

* En un estudio, noventa y cuatro por ciento de los miembros de la facultad universitaria se creen mejor que su colega promedio (“A New Look At Pride” en You Better Self, p.90).

* En una publicación reciente de Phychological Review, hecha por la Asociación Psicológica Americana, un artículo fue escrito con el subtítulo: “El Lado Oscuro de la Elevada Auto-estima”. Los autores indicaron, después de estudiar numerosos estudios empíricos serios: “en nuestro punto de vista, los beneficios de una opinión propia favorable se incrementan primordialmente para el ego, y son, si algo,  una carga y problema potencial para todos los demás”. (Registrado en Fortune, 29 de abril de 1996, pp. 211-212). Newsweek afirmó que aunque más de diez mil estudios científicos sobre la autoestima se han realizado, los expertos aun no pueden estar de acuerdo en lo que es (Newsweek, feb. 17, 1992, “Hey, I am Terrific,” pp. 48-51).

* Quizás el estudio más integral en su género fue el que se hizo por la California State Task Force sobre la Autoestima. U.S. News and World Report (2 de abril, 1990), dice con respecto a este estudio: “La era del Presidente Bush resultó en un tiempo perfecto para los programas sobre autoestima. Cuestan poco. Ofrecen la luz del optimismo expuesto al sol de California en un tiempo de gran pesimismo. Son simples – comprendidos fácilmente, extendidos fácilmente. Y en los sistemas de escuelas públicas rotos por grupos de presión irreconciliables, no tenían enemigos naturales. Tienen sólo un desperfecto: Son una idea terrible. Ante todo, a pesar de los informes de primera mano de muchos maestros, no hay casi ninguna prueba de investigación de que estos programas funcionan. El libro Social Importante of Self-Steem, elcuál es básicamente toda la investigación levantada por la fuerza de trabajo de California, dice francamente, ‘Uno de los aspectos decepcionantes de cada capítulo en este volumen… es qué tan baja es la asociación entre la autoestima y el problema potencial a todos los demás” (Reportado en la Fortune, 29 de abril, 1996, pp211-212).

Por Gary E. Gilley

¿Oras?

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¿ORAS?

 J.C. RYLE

«También les refería Jesús una parábola sobre necesidad de orar siempre. » (Lucas 18: l.)

«Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar.» (1ª  Timoteo 2:8.)»

Te presento una pregunta para que la consideres seriamente. Es la que encabeza la página. Contiene una palabra: ¿Oras?

Sólo tú puedes contestarla. Si asistes a los cultos lo puede decir el pastor. Si tenéis oración en la familia, lo saben tus parientes. Pero si oras en privado, es algo que sólo lo sabéis tú y Dios.

Lector, no te ofendas por lo directo de la pregunta. Si tienes el corazón en regla para con Dios, no tienes por qué asustarte de ella. No desvíes la pregunta diciendo que «repites tus oraciones». Una cosa es recitar oraciones y otra orar. No me digas que la pregunta es innecesaria. Escúchame v voy a mostrarte las razones por las que la pregunto.

II. Te pregunto si oras, porque la oración es absolutamente necesaria para la salvación del hombre.  

Digo absolutamente necesaria y lo digo con razón. No hablamos de niños o débiles mentales. No nos referimos al problema de los paganos. A quien se le da poco, poco le es requerido. Hablo especialmente de los que se llaman cristianos en países cristianos. Y aquí, ninguna persona puede esperar salvarse si no ora.

Defiendo la salvación por la gracia. Yo ofrecería de buena gana perdón pleno y gratuito al mayor pecador que ha existido. No vacilaría en decirle en su lecho de muerte: «Cree en el Señor Jesucristo, ahora, y serás salvo.» Pero no veo en la Biblia que un hombre pueda salvarse sin pedir la salvación, sin tan sólo levantar su corazón interiormente y decir: «Señor Jesús sálvame.» Esto no se halla en la Biblia. No puedo hallar que nadie vaya a salvarse por sus oraciones, pero tampoco que pueda salvarse sin oración. 

No es absolutamente necesario que un hombre lea la Biblia para salvarse. Puede que no sepa leer o que sea ciego y, con todo, tener a Cristo en su corazón. No es absolutamente necesario que oiga la predicación pública del Evangelio, pues puede vivir donde no se predique, o ser sordo, o estar imposibilitado en la cama. Pero, con la oración, ya es distinto: es absolutamente necesario para salvarse que el hombre ore.

Hay cosas que no las puede hacer una persona por otra. Todo el mundo sin excepción tiene que atender a las necesidades de su propio cuerpo o su mente. Nadie puede comer o dormir por cuenta ajena. Ni aprender a leer. Todas estas cosas las tiene que hacer cada uno por sí mismo. 

Tal como ocurre con la mente y el cuerpo, ocurre con el alma. Hay ciertas cosas absolutamente necesarias para la salud del alma. Cada uno debe efectuarlas por sí mismo. Tiene que arrepentirse. Tiene que suplicar el favor de Cristo él mismo. Debe hablar a Dios y orar. 

¿Cómo puedes esperar ser salvo por un Dios «no conocido»? ¿Cómo puedes conocer a Dios sin orar? Para conocer a las personas, en el mundo, tienes que hablar con ellas. No puedes conocer a Dios, en Cristo, a menos que le hables en oración. Si quieres ir al cielo tienes que ser su amigo en la tierra. Para serlo, debes orar.

Lector, habrá muchos a la diestra de Cristo en el último día. Los 5antos, congregados de los cuatro puntos cardinales, serán una multitud que nadie podrá nombrar. El cántico de victoria que brotará de sus gargantas, cuando su redención sea por fin completa será verdaderamente glorioso. Será más fuerte que las muchas aguas, y los truenos poderosos. Pero no habrá discordia alguna en este canto. La experiencia común a todos ellos será que habrán creído. Todos habrán sido lavados por la sangre de Cristo. Todos habrán nacido de nuevo. Todos habrán orado. Hemos de pasar por la escuela de la oración, si hemos de ser aptos para el festival de alabanza. 

Lector, el no orar es estar sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin esperanza y sin cielo. No te maravilles, pues, de la pregunta: ¿Oras?

II. Te pregunto de nuevo si oras, porque el hábito de la oración es una de las marcas seguras del verdadero cristiano.  

Todos los hijos de Dios en la tierra son iguales a este respecto. Desde el momento que su religión pasa a ser viva N, real, oran. Es como el primer signo de vida de un niño cuando nace, que es el respirar; el que nace de nuevo, ora.

Esta es una de las marcas comunes de todos los elegidos de Dios: «Claman a é1 día y noche.» (Lucas 16: l.) El Espíritu Santo, que los hace nuevas criaturas obra en ellos el sentimiento de adopción, y hace que exclamen: «Abba, Padre.» (Romanos 8:15.) El Señor Jesús, que los vivifica, les da voz y lengua para que no se queden mudos. Dios no tiene hijos mudos. El orar es parte de su naturaleza, como la del niño es llorar. Ven su necesidad de misericordia y gracia, su vaciedad y debilidad. Sólo pueden orar. 

He considerado cuidadosamente las vidas de los santos de Dios en la Biblia. No he hallado uno sólo que no fuera un hombre de oración. Veo que se menciona como una característica de las personas piadosas que «invocan al Padre», que «invocan el nombre del Señor Jesucristo». Hallo que la característica de los malos es que «no llaman al Señor» (I Pedro 1: 17; I Corintios 1: 2; Salmo 14: 4).

He leído sobre las vidas de muchos cristianos eminentes desde los días bíblicos. Los había de todas clases y denominaciones. Algunos enamorados de la liturgia y otros sin interés en ella. Pero todos tenían una cosa en común. Eran hombres de oración. 

Los informes de las sociedades misioneras de nuestros días nos dicen que hay paganos que reciben el Evangelio en varias partes del globo. Hay conversiones por todo el mundo. Las personas que se convierten son muy distintas en muchos aspectos. Pero observo que todos ellos son personas que oran. 

Lector, no niego que un hombre puede orar sin poner en ello el corazón, sin sinceridad. No digo que el mero hecho de que una persona ore demuestre algo sobre su alma. Como en otras partes de la religión, aquí también hay engaño e hipocresía. 

Pero esto puedo decir, que el no orar es una prueba clara de que el hombre no es un cristiano todavía. No puede realmente sentir sus pecados. No puede amar a Dios. No puede sentirse deudor a Cristo. No puede anhelar la santidad. No puede desear el cielo, Todavía tiene que nacer de nuevo. Tiene que ser hecho una nueva criatura. Es posible que se jacte de su confianza en ser uno de los elegidos, de tener gracia, fe, esperanza y conocimiento, y engañar a las personas ignorantes. Pero puedes estar seguro que todo esto son palabras vanas, si no ora. 

Y además, diré que de todas las evidencias de la obra real del Espíritu, se puede considerar un sano hábito de oración privada como uno de los más satisfactorios. Un hombre puede predicar por motivos deficientes. Puede escribir libros y hacer discursos elocuentes, y parecer diligente en buenas obras y, con todo, ser un Judas Iscariote. Pero un hombre raramente va a su aposento, y derrama su alma delante de Dios en secreto, a menos que lo haga en serio. El Señor mismo dio su sello a la oración como la mejor prueba de la verdadera conversión. Cuando envió a Ananías a Saulo, que estaba en Damasco, le dio como única evidencia de su cambio de corazón: «He aquí él ora.» (Hechos 9: 1 l.)

Sé que pueden haber ya muchas cosas en la mente de un hombre antes de ser conducido a orar. Puede que ten-Ea muchas convicciones, deseos, sentimientos, intenciones, resoluciones, esperanzas y temores. Pero todas estas cosas son una evidencia muy incierta. Se hallan a veces en personas no piadosas y, con frecuencia, quedan en nada. En muchos casos no son más duraderas que una nube de verano, o el rocío matutino. Una oración sana, sincera, sentida, de un espíritu contrito y quebrantado, vale más que todas estas otras cosas juntas. 

Sé que los elegidos por Dios han sido escogidos para la salvación desde toda la eternidad. Sé que el Espíritu Santo, que los llama a su debido tiempo, en muchos casos los conduce muy lentamente al conocimiento de Cristo. Pero el ojo del hombre sólo puede juzgar por lo que ve. No puedo decir que nadie esté justificado hasta que cree. No me atrevo a decir que alguien cree hasta que ora. No puedo comprender una fe muda. El primer acto de la fe es hablar con Dios. La fe es para el alma lo que la vida es para el cuerpo. La oración es a la fe lo que el respirar a la vida. No se puede comprender que un hombre viva sin respirar, pero tampoco puedo comprender que alguien crea y no ore. 

Lector, nunca te sorprendas si oyes a los ministros del Evangelio que hacen mucho énfasis sobre la oración. Este es el punto que queremos hacer ver, queremos asegurarnos de que oras. Tus puntos de vista sobre la doctrina puede que sean correctos. Tu amor al protestantismo es cálido, es indiscutible. Pero esto puede ser sólo conocimiento intelectual y espíritu de partido. Lo que falta saber es si estás en tratos con el trono de la gracia y si puedes hablar con Dios, no sólo hablar de Dios. 

Lector, ¿quieres descubrir si eres un verdadero cristiano? Si quieres, ten la seguridad que mi pregunta es de importancia capital: ¿ORAS? 

III. Te pregunto si oras, porque no hay deber en la religión que sea descuidado tanto como la oración privada.   

Vivimos en unos días de abundantes manifestaciones de carácter religioso. Hay más lugares de culto público que nunca antes. Hay más personas que asisten a ellos que en el pasado, por lo menos en nuestro país. Y con todo, a pesar de toda esta religión pública, creo que la oración privada es muy descuidada. 

Esto no lo habría dicho hace unos pocos años. Creía, tiempo atrás, que la mayoría de los cristianos oraban de modo regular. Pero luego he visto que me equivocaba. Hoy he llegado a la conclusión que un gran número de cristianos profesos no oran en absoluto.

Sé que esto es algo que apena, y a muchos les va a asombrar oírlo. Pero estoy convencido que la oración es simplemente una de las cosas que se considera como «natural», y que como muchas cosas semejantes es tenida en gran descuido. Es una de las transacciones privadas que tienen lugar entre Dios y el alma, oculta a la vista, y por ello hay la tentación de pasarla por alto, y dejarla sin hacer. 

Creo que hay millares que nunca dicen una palabra en oración. Comen y beben y hacen todo lo demás necesario al sostén del cuerpo. Respiran el aire de Dios, disfrutan de su sol y gozan de su misericordia. Tienen cuerpos mortales y les espera el juicio y la eternidad. Pero nunca hablan con Dios. Viven como si carecieran de alma. No tienen una palabra que decir al que tiene la vida de ellos en sus manos, y de cuya boca van a recibir la sentencia de su destino eterno. ¡Cuán espantoso es esto! Pero, ¡cuán común 

Creo que hay millones, para los cuales las oraciones no son más que una mera fórmula, una serie de palabras repetidas de memoria, prácticamente sin significado alguno. Algunos repiten unas cuantas frases aprendidas en la infancia. Algunos se contentan con repetir el Credo, sin acordarse de que no hay ninguna petición en él. Algunos añaden el Padrenuestro, sin el menor deseo de que las solemnes peticiones que con él se expresan, sean concedidas. 

Muchos, aun los que usan formas adecuadas, repiten sus oraciones una vez se han metido en la cama; o las van diciendo mientras se lavan o se visten por la mañana. Los hombres pueden pensar lo que quieran, pero a la vista de Dios esto no es oración. Las palabras dichas sin pensar son completamente inútiles para el alma, como el batir un tambor ante un ídolo, como hace el pagano. Donde no hay el corazón sólo hay servicio de labios, pero esto no lo escucha Dios: no es oración. Saulo dijo muchas oraciones antes de encontrar al Señor en el camino de Damasco. Pero no fue hasta que su corazón estaba quebrantado que el Señor dijo: «He aquí él ora.» 

Lector, ¿te sorprende el oír esto? Escúchame y te mostraré que no hablo sin motivos. ¿Crees que mis afirmaciones son exageradas? Préstame atención. 

¿Has olvidado que no es «natural» que nadie ore? La mente carnal es enemiga de Dios. El deseo de la carne es mantenerse alejado de Dios, y no tener nada que ver con él. El sentimiento que muestra hacia él no es amor, sino temor. Como podría orar un hombre si no posee un sentido real de pecado, de necesidades espirituales, no tiene convicción sobre las cosas invisibles, y no tiene deseo de santidad o del cielo? Todas estas cosas, la gran mayoría de personas, no las conocen ni las sienten. Las multitudes andan por el camino ancho. No puede olvidarse esto. Por ello insisto en que pocos oran.

¿Has olvidado que no está de moda orar? Es una cosa de la que muchos se avergonzarían. Muchos preferirían desafiar una tempestad a declarar públicamente que tienen el hábito de la oración. Muchos se, avergonzarían de orar ante otro al irse a dormir en la misma habitación en una posada y preferirían meterse en la cama sin orar. El vestir elegante, ir a bailes y conciertos, todo esto se considera estimable y está de moda, pero no el orar. Por ello creo que los que no oran son la mayoría. 

Hay que recordar también la clase de vidas que vive la gente. ¿Es posible suponer que oran contra el pecado noche y día, cuando se lanzan al mismo con entusiasmo, Podría decirse? ¿Podemos suponer que oran contra las asechanzas del mundo cuando se dejan atraer por él? ¿Podemos pensar que piden realmente gracia a Dios para servirle, cuando ni tienen el menor deseo de hacerlo? ¡Oh, no!, es más claro que el agua que la gran mayoría no oran, y si lo hacen, no dan ningún sentido a lo que dicen. El orar y pecar no pueden ir juntos. 0 la oración consume el pecado, o el pecado ahoga la oración. Por esto creo que pocos oran. 

Recuerda también la hora de la muerte de muchos. Muchos al llegar la hora de su muerte parecen totalmente extraños a Dios. No sólo no conocen su Evangelio, sino que carecen incluso del poder de hablar a Dios. Se sienten terriblemente desconcertados, tímidos cuando tienen que acercarse a Él. Se ve que no tienen la costumbre de hacerlo. Recuerdo haber oído a una señora que estaba ansiosa de que hubiera un ministro del Evangelio a su lado en su última enfermedad. Deseaba que orara por ella, pero cuando el ministro le preguntó qué es lo que quería que pidiera a Dios, la anciana no supo contestar. Ni tan sólo tenía idea de que había de pedirle a Dios la salvación de su ¡alma. Daba la impresión que todo lo que quería era la fórmula de las oraciones del ministro. Puedo comprender esto, porque el lecho de muerte es un gran revelador de secretos. Yo mismo he visto a muchos enfermos y moribundos. Esto me conduce a creer que son pocos los que oran. 

IV. Te pregunto si oras, porque la oración es el acto en  la religión al que más se nos estimula. 

Dios trata de hacer la oración fácil, si el hombre quiere hacer uso de ella. Todo está dispuesto por parte de Él. Ha previsto todas las objeciones y dificultades. El camino quebrado ha sido allanado y, por tanto, no queda ninguna excusa para el hombre que no ora. 

Hay un camino por el que todo hombre, incluso el más pecador e indigno, puede acercarse a Dios el Padre. Jesucristo ha abierto este camino por medio del sacrificio que hizo en la cruz. La santidad y la justicia de Dios no tienen que asustar al pecador y mantenerle lejos. Sólo los que invocan a Dios en el nombre de Jesús, sólo los que se acogen a la sangre expiatoria de Jesús, hallarán a Dios en el trono de la gracia, dispuesto a escucharlos. El nombre de Jesús es un pasaporte infalible para nuestras oraciones. En este nombre, un hombre puede acercarse a Dios con confianza, y pedir con osadía. Dios se ha comprometido a escucharle. Lector, recuérdalo. ¿No te anima esto? 

Hay un Abogado o Intercesor siempre esperando para presentar las oraciones de aquellos que le emplean. Este abogado es Jesucristo. Él mezcla nuestras oraciones con el incienso de su propia todopoderosa intercesión. Unidas así asciende su suave fragancia delante del trono de Dios. Aunque son pobres de por sí, son poderosas en las manos de nuestro Sumo Sacerdote y hermano mayor. Un cheque sin firma al pie carece de valor: es un pedazo de papel. Unos rasgos con la pluma le dan todo su valor. La oración de un pobre hijo de Adán es una cosa muy endeble, pero endosada por la mano del Señor Jesús, vale mucho. Había un empleado en la ciudad de Roma que estaba designado para que tuviera las puertas siempre abiertas, para recibir a cualquier ciudadano romano que solicitara ayuda. De la misma manera el oído del Señor Jesús está siempre abierto para todos los que quieren gracia y misericordia. El cargo que tiene es para ayudarles. Se deleita en oír sus oraciones. Lector, al pensar esto, ¿no te sientes animado? 

Hay el Espíritu Santo que siempre está dispuesto a ayudarnos en nuestras debilidades en la oración. Una parte de sus oficios especiales es ayudarnos en nuestros esfuerzos para hablar con Dios. No tenemos por qué estar abatidos y afligidos por el temor de no saber lo que tenemos que decir. El Espíritu nos dará palabras con sólo que busquemos su ayuda. Él nos suplirá «pensamientos que respiren y palabras que ardan». Las oraciones de los que pertenecen al Señor son inspiradas por el Espíritu del Señor: la obra del Espíritu Santo que mora en ellos como el Espíritu de gracia y de súplica. Sin duda los hijos de Dios esperan ser escuchados. No es ya que ellos oren, simplemente, sino que el Espíritu Santo ruega en ellos. Lector, Piensa en esto. ¿No te da ánimos? 

Hay grandes y abundantes promesas para los que oran. Esto lo vernos cuando consideramos las palabras del Señor- Jesús: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad ~ se os abrirá. Porque, todo aquel que pide, recibe; Y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.» (Mateo 7: 7, S.) «Si tenéis fe… todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.» (Mateo 21:22.) «Cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, la haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.» (Juan 14:13, 14.) ¿Qué quería decir el Señor cuando les refirió a los discípulos las parábolas del amigo a medianoche, y de la viuda importuna? (Lucas 11: 5, 18: 1). Lector, piensa en estos pasajes. Son sin duda un estímulo a la oración, o no tienen sentido. 

Hay maravillosos ejemplos en la Escritura sobre el poder de la oración. No hay nada que parezca demasiado grande, o demasiado difícil para que lo pueda realizar la oración. Ha obtenido cosas que parecían inalcanzables, imposibles. Ha ganado victorias sobre el fuego, el aire, la tierra y el agua. La oración abrió paso a los israelitas a través del mar Rojo. Trajo agua de la roca y pan del cielo. La oración hizo parar al sol: trajo fuego del cielo sobre él sacrificio de Elías. La oración trastornó el ejército de Senaquerib. Bien podía decir María, reina de Escocia, que «temía más las oraciones de John Knox que un ejército de diez mil hombres». La oración ha curado enfermos, ha resucitado muertos. La oración ha procurado la conversión de almas. «El hijo de muchas oraciones -dijo la madre de Agustín- nunca perecerá.» La oración, y la fe lo consiguen todo. Nada parece imposible para el hombre que tiene el espíritu de adopción. «Déjame», es la notable respuesta de Dios a Moisés, cuando Moisés estaba tratando de interceder por los hijos de Israel. (Éxodo 32: 10.) La versión caldea dice: »Deja de orar.» En tanto que Abraham siguió pidiendo clemencia por Sodoma, el Señor fue cediendo. Nunca cesó de hacerlo, hasta que Abraham dejó de pedir. Piensa esto, lector. ¿No te da ánimo para orar? 

¿Qué más se necesita para inducir a un hombre a tomar cualquier paso en religión, que las cosas que acabo de decir sobre la oración? ¿Qué más puede hacerse para facilitar el acceso al propiciatorio, o eliminar toda ocasión de tropiezo en el camino del pecador? Si los demonios en el infierno tuvieran una puerta abierta así delante de ellos, saltarían de contento. 

Pero, ¿dónde va a esconder el hombre su cabeza al fin de la edad si descuida estos gloriosos estímulos? ¿Qué puede decirse en descargo del hombre que muere sin oración. 

Sin duda, lector, tienes por qué sentirte ansioso de no pertenecer a ellos. Sin duda, hago bien preguntándote: ¿ORAS? 

V. Te pregunto si oras. porque la diligencia en la oración es el secreto de la santidad.   

Es evidente que hay una gran diferencia, individualmente, entre los cristianos. Un inmenso intervalo entre la vanguardia v la retaguardia de las huestes de Dios. 

Todos luchan en la misma batalla; pero, los unos pelean con más ardor que los otros. Todos hacen la obra del Señor; pero, algunos trabajan más. La luz de unos brilla más que la de otros. Algunos corren más rápido que otros en la misma carrera. Todo el mundo puede ver estas cosas. 

Hay algunos, que nunca parecen progresar después de su conversión. Han nacido de nuevo, pero permanecen como niños recién nacidos toda la vida. Aprenden en la escuela de Cristo, pero no progresan más allá del A B C en sus estudios. Todos pertenecen al mismo redil, pero algunos se echan y ya no andan más adelante. Año tras año, se les ve cometiendo los mismos pecados. Su apetito espiritual es escaso, y son remilgados y difíciles: sólo aceptan leche, no se les puede dar carne espiritual fuerte: les sienta mal. Siempre en la infancia, débiles, con la mente poco desarrollada y el corazón angosto: les falta interés más allá de su pequeño círculo, como diez años atrás. Lamento tener que decirlo, pero es así. 

Hay otros que siempre están progresando. Crecen como hierba después de la lluvia, como Israel en Egipto. Siempre van añadiendo gracia sobre gracia, fe sobre fe, esfuerzo a esfuerzo. Su estatura espiritual crece. Aumenta su fuerza. Cada año saben más, ven más, creen más y sienten más. Hay en ellos no sólo buenas obras para probar la realidad de su fe, sino que son celosos de las mismas. No sólo hacen bien, sino que no se cansan de hacer bien. Intentan hacer cosas grandes, y las hacen. Si fracasan, lo intentan otra vez. Y si caen, pronto se levantan. Y con todo, se consideran siervos inútiles. Son ellos los que hacen parecer la religión deseable a los ojos de los extraños. Incluso los no convertidos tienen que alabarlos. Cuando los ves te da la impresión que, como Moisés, acaban de salir de la presencia de Dios. Cuando te separas de ellos tienes la impresión que en su compañía, tu alma ha estado junto al fuego. Sé que no hay muchos de esta clase, aunque podría haber más. 

Ahora bien, ¿cómo explicar la diferencia entre estos dos tipos descritos? ¿Por qué algunos creyentes brillan más y son más santos que otros? Creo que la diferencia, en casi todos los casos, procede de sus hábitos de oración privada, que son diferentes. Creo que los que viven una vida santa oran mucho y los otros, oran poco. 

Temo que esta opinión pueda sobresaltar a algunos lectores. Es indudable que muchos creen que la santidad sobresaliente es una especie de don, y que sólo unos pocos pueden aspirar al mismo. Lo admiran a distancia, en los libros. Creen que es hermoso cuando ven un ejemplo cerca. Pero nunca se les ha ocurrido que pueda tratarse de algo que todos pueden alcanzar, no un monopolio concedido sólo a unos pocos creyentes favorecidos. 

Yo creo que ésta es una equivocación peligrosa. Creo que la grandeza, tanto espiritual como natural, depende mucho más del uso de medios que están al alcance de cualquiera, que de nada más. Naturalmente, no digo que tengamos el derecho a esperar una concesión milagrosa de dones intelectuales. Pero sí digo esto, que cuando un hombre se ha convertido a Dios, el que rebose en él la santidad o no, depende principalmente de su propia diligencia en el uso de los medios designados. Afirmo confiadamente que el medio principal por el que la mayoría de los creyentes pueden llegar a ser grandes en la Iglesia de Cristo, es el hábito de la oración privada diligente.

Considera las vidas de los siervos de Dios más notables y útiles, sea en la Biblia o fuera de ella. Ve lo que se ha escrito de Moisés, de David, de Daniel y de Pablo. Nota lo que se ha escrito de Lutero, de Bradford, de los reformadores. Observa lo que se nos dice de las devociones privadas de hombres como Whitefield, Cecil, Venn, Bickersteth v M’Ches,ne. Dime de uno solo de la compañía de santos y mártires que no tuviera esta marca de modo prominente: era un hombre de oración. Lector, puedes estar seguro de ello, la oración es poder! 

La oración consigue nuevos y continuos derramamientos del Espíritu Santo. Sólo Él empieza la obra de gracia en el corazón del hombre. Sólo Él puede hacerla progresar. Pero el Espíritu quiere que se le suplique. Y aquellos que piden más, siempre serán los que son más influidos por Él. 

La oración es el remedio más seguro contra el diablo y la tentación. Nunca puede permanecer adherido y resistirse un pecado contra el que se ora con fervor. Si invocamos al Señor para que le eche, el diablo nunca va a tener un largo dominio sobre nosotros. Pero hemos de presentar nuestro caso delante del Médico Celestial, si nos ha de conceder alivio. Hemos de arrastrar a los diablos que nos acosan a los pies de Cristo y pedirle que los empuje al abismo.

 

Lector, ¿quieres crecer en la gracia y ser un cristiano santo? Puedes estar seguro que nunca se te puede hacer una pregunta más importante que ésta: ¿ORAS? 

VI. Te pregunto si oras, porque el descuido de la oración es una de las principales causas de que los cristianos se vuelvan atrás. 

Hay algo que es volverse atrás en la religión, después de haber hecho una buena profesión de fe. Personas que van bien durante una temporada, como los gálatas, pero que luego se desvían para seguir a falsos maestros. Hombres que dan testimonio en voz muy alta, cuando sus sentimientos arden, pero que luego, como Pedro, niegan al Señor en la prueba. Personas que pierden el primer amor, como los cristianos de Efeso. Personas cuyo celo para hacer el bien se enfría, como Marcos, el compañero de Pablo. Hombres que siguen al apóstol un tiempo y, luego, como Dimas, se vuelven al mundo. Todo esto pasa. 

Es muy triste ser un apóstata. Quizás es una de las peores cosas que puede sucederle a un hombre. Un barco sin timón, un arpa sin cuerdas, una iglesia en ruinas, o un jardín lleno de malas hierbas, todo esto son cosas tristes, pero un apóstata es algo más triste aún. La verdadera gracia nunca se extingue, y la verdadera unión con Cristo nunca se rompe, de esto no me cabe duda. Pero un hombre puede apartarse tanto, que pierde de vista su propia gracia y desespera de su salvación. Y si esto no es el infierno, es lo que más se le parece. Una conciencia herida, una memoria llena de reproches, un corazón atravesado por las flechas del Señor, esto es un anticipo del infierno. 

¿Cuáles son las razones de este volverse atrás? Creo que, como regla general, el motivo principal es el descuido de la oración. Esta es mi opinión como ministro de Cristo, y estudioso del corazón humano. 

Cuando se lee la Biblia sin oración, o se escuchan sermones, o se contrae matrimonio, o se hacen viajes, en fin, se hacen toda clase de actividades sin oración, estamos descendiendo peldaños hacia la condición de parálisis espiritual, y se llega al punto en que Dios permite que esta persona haga una tremenda caída. 

Éste es el proceso que vemos en el contemporizador Lot, el inestable Sansón, el apasionado Salomón, el inconsistente Josafat, y el de tantos que podemos hallar en la Iglesia de Cristo. Con frecuencia, la historia de estos casos es simple: descuidaron la oración privada. 

Lector, puedes estar bien seguro que los hombres caen primero en privado antes de caer en público. El problema fue que no doblaron las rodillas. Como Pedro, descuidaron el aviso del Señor de velar y orar y, por ello, sin fuerzas, en la hora de la tentación negaron al Señor. 

El mundo toma nota de su caída y se mofa. Pero el mundo no sabe nada de la verdadera razón. Los paganos consiguieron que el anciano cristiano, Orígenes, ofreciera incienso a un ídolo cuando le amenazaron con un castigo peor que la muerte. Fue un gran triunfo para ellos el hacerle caer en la cobardía y la apostasía. Lo que los paganos no sabían y que nos cuenta el mismo Orígenes, es que aquella mañana se había levantado y dejado su cuarto de prisa, sin haber terminado sus oraciones acostumbradas. 

Lector, si eres un verdadero cristiano, confío que nunca caerás en la apostasía. Pero, si no quieres hacerte atrás, recuerda la pregunta: ¿ORAS? 

VII. Te pregunto, finalmente, si oras, porque la oración es una de las mejores recetas para conseguir felicidad y contento.   

Vivimos en un mundo en que abundan las penas. Éste es el estado del mundo desde que el pecado entró en él. No hay pecado sin aflicción. Y hasta que el pecado sea expulsado del mundo, es en vano intentar escapar de las penalidades. 

Para algunos, la copa de penas que han de beber es mayor que para otros. Pero pocos son los que se escapan de ellas. Nuestros cuerpos, propiedades, familias, hijos, amigos, vecinos, todo ello es una posible fuente de cuidados y desazón. Enfermedades, muertes, separaciones, ingratitudes… todo esto es común. Cuanto mayores son nuestros afectos, más profundas serán nuestras aflicciones, y cuanto más amor, más lágrimas. 

Y ¿cuál es la mejor receta para procurarse el contento en un mundo así? ¿Cómo podemos cruzar este valle de lágrimas con un mínimo de dolor? No conozco mejor receta que el hábito de llevarlo todo a Dios en oración. 

Éste es el simple consejo que da la Biblia, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo. ¿Qué dice el Salmista? «Llámame en el día de la angustia, y yo te libraré, y tú me glorificarás.» (Salmo 1:15.) «Echa tu carga sobre Dios y Él te sustentará: No, no dejará para siempre caído al justo.» (Salmo 55:22.) ¿Qué dice el apóstol Pablo? «Por nada os inquieteis, sino que sean presentadas vuestras peticiones delante de Dios mediante oración y ruego con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6, 7.) ¿Qué dice el apóstol Santiago? «¿Hay alguno afligido entre vosotros? Que ore.» 

Esta fue la práctica de todos los santos cuya historia registra la Escritura. Fue lo que hizo Jacob cuando temía el encuentro con Esaú. Lo que hizo Moisés cuando el pueblo estaba a punto de apedrearle en el desierto. Lo que hizo Josué cuando Israel fue derrotado en Hay. Esto es lo que hizo David cuando estaba en peligro en Keila; Ezequías, cuando recibió las cartas de Senaquerib. Esto es lo que hizo la Iglesia cuando pusieron a Pedro en la cárcel, y Pablo cuando fue echado a la mazmorra de Filipos. 

El único modo de ser realmente feliz en un mundo así es echar siempre todos los cuidados sobre Dios. Es el tratar de llevar las propias cargas lo que entristece a los creyentes. Si le presentaran sus cuitas a Dios, podrían llevarlas con más facilidad que Sansón llevó las puertas de Gaza. Si quieren acarrearlas sobre sus hombros están siempre abrumados. 

Hay un amigo que está esperando siempre para ayudarnos, si queremos abrirle el pecho cuando estamos afligidos. Un amigo que se compadecía de los pobres, enfermos y afligidos cuando estaba sobre la tierra; un amigo que conoce el corazón del hombre, pues anduvo treinta y tres años entre nosotros, un amigo que llora con los que lloran, experimentado en quebrantos, un amigo que puede ayudarnos, pues no hay mal para el que no pueda ofrecer remedio. Este amigo es Jesucristo. El camino de la felicidad es tener siempre abierto nuestro corazón a Él. ¡Oh!, si todos fuéramos como el pobre cristiano negro a quien amenazaron castigarle: «Voy a contárselo al Señor», respondió. 

Jesús puede hacer feliz a aquellos que confían en Él e invocan su nombre, cualesquiera que sean sus condiciones externas. P-1 puede darles paz en el corazón aunque estén en una cárcel, contento en medio de la pobreza, consuelo en la desolación, gozo al borde de una tumba. Hay plenitud en Él para los miembros que creen, una plenitud que está dispuesto a derramar sobre todo aquel que se lo pide en oración. ¡Oh, si los hombres quisieran entender que la felicidad no depende de las circunstancias exteriores, sino del estado del corazón! 

La oración puede aligerar una cruz, por pesada que sea. Puede poner a nuestro lado a Aquel que nos ayudará a llevarla. La oración puede abrir puertas que a nosotros nos parecen cerradas a piedra y lodo. Puede traernos a Aquel que dice: «Éste es el camino, anda por él.» La oración puede dejar pasar un rayo de esperanza a través de las tinieblas más densas. Puede hacernos oír las palabras: «No te desapararé ni te dejaré.» La oración puede aliviarnos cuando se van aquellos a quienes amamos. Puede llenar los huecos de nuestro corazón y hacer que sus olas agitadas se calmen. ¿Por qué los hombres no se darán cuenta, como Agar, de que tienen a su lado el pozo del que pueden sacar agua en abundancia, en tanto que se están muriendo de sed? 

Lector, quiero que seas feliz. Lo mejor que puedo hacer para conseguirlo es preguntarte: ¿ORAS? 

Y ahora, tengo que terminar. Espero que te he hecho notar cosas que debes considerar seriamente. Ruego a Dios que bendiga tu alma. 

1. Sólo voy a decir unas pocas palabras a aquellos que no oran. Algunos que leen estas páginas no pertenecerán al grupo de los que oran. Quiero darles el mensaje que Dios ha puesto en mis manos para ellos. 

Lector que no oras. Quiero advertirte, y muy solemnemente. Estás en grave peligro. Si mueres en tu estado presente tu alma será perdida. Te volverás a levantar, pero será para un estado de miseria eterna. Quiero decirte que de todos los cristianos profesos, tú eres el que tiene menos excusas. No hay una sola buena excusa para que vivas sin oración. 

Es inútil decir que no sabes orar. La oración es el acto más simple en toda la religión. Es simplemente orar a Dios. No se necesita sabiduría ni conocimientos especiales para empezar. Lo que se requiere es corazón y voluntad. El niño más débil llora cuando tiene hambre, y el mendigo más pobre extiende la mano y no pide con lenguaje adornado. El hombre más ignorante tiene palabras para dirigir a Dios; basta con que quiera decirlas. 

Es inútil decir que no hallas lugar apropiado para hacerlo. Cualquier sitio es apropiado. Nuestro Señor oraba en una montaña; Pedro en un terrado; Isaac en el campo; Natanael bajo una higuera; Jonás en el vientre de una ballena. Cualquier sitio puede ser un aposento, un oratorio, un Betel, para ponernos delante de la presencia de Dios. 

Es inútil decir que no tienes tiempo. Hay tiempo en abundancia, si se quiere usar. Puede que no sobre, pero siempre basta. Daniel se cuidaba del reino v oraba tres veces al día. David era rey de una poderosa nación Y, con todo, decía: «Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y Él oirá mi voz.» (Salmo 55:17.) Cuando se quiere tener tiempo, se encuentra. 

Es inútil decir que no puedes orar hasta que tengas fe y un nuevo corazón, y que tienes que aguardar hasta poseerlos. Esto es añadir más pecado al pecado anterior. Es malo no convertirse e ir al infierno. Pero aún es peor decir: «Lo sé, pero no pediré misericordia.» Éste es un tipo de argumento que no se halla respaldado en la Escritura. «Llamad a Jehová en tanto que está cercano», dice Isaías (55:6). «Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle … » (Oseas 14:2.) «Arrepiéntete… y ruega a Dios», le dijo Pedro a Simón el Mago (Hechos 8:22). Si quieres tener fe y un nuevo corazón, ve al Señor y pídeselos. El mismo intento de orar ha significado el avivamiento de muchas almas muertas. ¡Ay, no hay diablo tan peligroso como un diablo mudo! 

Oh, lector que no oras! ¿Quién eres tú que no vas a pedirle nada a Dios? ¿Has hecho un pacto con la muerte y el infierno? ¿No tienes pecados para que te sean perdonados? ¿No le temes al tormento eterno? ¿No tienes deseo de ir al cielo? ¡Ojalá despertaras de tu presente locura! ¡Que consideraras tu fin! ¡Que te levantaras y acudieras a Dios! ¡Ay, llega un día en que muchos dirán: «Señor, Señor, ábrenos»!, pero será tarde: en que muchos dirán a las rocas que los cubran, y a los collados que los escondan; lo dirán aquellos que nunca invocaron el nombre de Dios. Lector, con afecto te aviso. Evita este fin para tu alma. La salvación está cercana. No te pierdas ir al cielo por no pedirlo. 

2. Una palabra, ahora, para aquellos que tienen verdaderos deseos de salvación, pero que no saben los pasos que han de seguir o cómo han de empezar. Deseo que muchos de mis lectores se hallen en este estado mental, Y aunque fuera para uno sólo, diría estas palabras de aviso y ánimo. 

Hay que dar el primer paso en todo viaje. Tiene que haber un cambio que venza la inercia de estar quieto. El viaje de Egipto a Canaán duró cuarenta años para Israel, y fue largo y penoso; por fin atravesaron el Jordán; pero tuvieron que dar el primer paso. ¿Cuándo da el hombre el primer paso para salir del mundo y el pecado? Lo da el primer día en que ora de todo corazón. 

En todo edificio hay que poner la primera piedra. Noé tardó 120 años en construir el arca, pero tuvo que dar el primer golpe de hacha. El templo de Salomón era un edificio glorioso, pero hubo que colocar la primera piedra. ¿Cuándo empieza a aparecer el edificio del Espíritu en el corazón del hombre? Empieza, por lo que podemos juzgar, el primer día que derrama su corazón a Dios en oración. 

Lector, si deseas ser salvo y quieres saber lo que tienes que hacer, te advierto que vayas hoy mismo a Jesucristo, y en el primer lugar aparte que encuentres, le pidas en oración que salve tu alma. 

Dile que has oído que recibe a los pecadores, y que ha dicho: «Al que a mí viene no le echo fuera.» Dile que eres un vil pecador, y que acudes a P-1 por fe en su invitación. Dile que te pones enteramente en sus manos, que te sientes ruin, impotente y sin esperanza en ti, y que a menos que él te salve, no puedes ser salvo. Pídele que te libre de tu culpa, del poder y las consecuencias del pecado. Pídele que te perdone y te limpie con su propia sangre. Pídele que te dé un nuevo corazón y ponga el Espíritu Santo en tu alma. Pídele que te dé gracia, fe y la voluntad y poder de ser su discípulo y siervo el resto de tu vida y para siempre. Lector: ve este mismo día, y dile estas cosas al Señor Jesucristo, si piensas seriamente en tu alma.

 

 

Díselo con tus propias palabras, como le dirías a un médico dónde te duele si lo necesitaras. Si tu alma se siente enferma, puedes decírselo a Cristo.

 

No dudes, por el hecho de que eres un pecador, de su buena voluntad para salvarte. Ésta es su misión, salvar a los pecadores. De sí mismo dice: «No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento. » (Lucas 5:32.)

 

No esperes a sentirte digno. No esperes nada ni a nadie. El esperar es del diablo. Tal como estás, ve a Cristo. Cuanto peor te consideres, más necesitas ir a él y pedirle ayuela. Por más que lo intentes tú nunca vas a mejorarte por tu cuenta sin ir a Él.

 

No temas, aunque tu lenguaje sea pobre, tu lengua débil N, tartamuda. Jesús te entiende, como una madre entiende al niño que balbucea. Jesús puede leer un suspiro o un gemido.

 

No te desanimes si no recibes respuesta inmediata. Mientras estás hablando, Jesús te escucha. Si demora la respuesta es por razones de prudencia, y para ver si eres sincero. Sigue pidiendo, y la respuesta no tardará mucho en llegar. Aunque se demore algo, llegará al fin.

 

Lector, si tienes deseo de ser salvo, recuerda este consejo. Obra con sinceridad y serás salvo.

 

3. Voy a decir algo, finalmente, a los que oran. Espero que algunos que leen este libro saben bien lo que es la oración y tienen el espíritu de adopción. A los tales ofrezco unas palabras de exhortación y fraternal consejo. El incienso ofrecido en el tabernáculo tenía que ser preparado en una forma especial. No se podía usar cualquier clase de incienso. Del mismo modo, seamos cuidadosos en la forma y fondo de nuestras oraciones.

 

Hermano que oras, sí, yo conozco el corazón del cristiano, sé que muchas veces estás cansado de tus propias oraciones. Cuando estás de rodillas es cuando te das más cuenta de las palabras del apóstol: «Quisiera hacer el bien, pero hallo que el mal está en mí.» Puedes comprender las palabras de David: «Los pensamientos vanos aborrezco.» Puedes simpatizar con el pobre hotentote convertido que decía: «Señor, líbrame de todos mis enemigos, especialmente de esta mala persona que soy yo.» Pocos son los hijos de Dios que no encuentran a menudo la hora de oración una hora de conflicto. El diablo se llena de coraje contra nosotros cuando nos ve de rodillas. Y con todo, creo que las oraciones que no nos cuestan conflicto, deben ser consideradas con alguna sospecha. Creo que juzgamos pobremente de la bondad de nuestras oraciones, y que la oración que menos nos complace es la que más complace a Dios. Permíteme decirte, pues, como compañero en la milicia cristiana, unas palabras de exhortación. En un punto somos de un mismo sentir: hemos de orar. No podemos dejar de hacerlo.

 

Insisto, pues, en la importancia de la reverencia y humildad en la oración. No olvidemos quiénes somos y cuán solemne es hablar con Dios. Nada de prisas en su presencia, nada de descuido o liviandad. Digámonos a nosotros mismos: «El lugar en que estoy es tierra santa. No es nada menos que la puerta del cielo. Si digo lo que no siento, estoy jugando con Dios. Si abrigo iniquidad en mi corazón, el Señor no me va a escuchar.» Recordemos las palabras de Salomón: «No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra.» (Eclesiastés 5:2.) Cuando Abraham habló a Dios, dijo: «Soy polvo y ceniza.» Cuando Job lo hizo, exclamó: «Soy vil.» Haz tú lo mismo.

 

En segundo lugar, te recuerdo la importancia de orar espiritualmente. Quiero decir que debes esforzarte siempre para tener la ayuda directa del Espíritu en tus oraciones, y abstenerte de formas hueras. No hay nada tan espiritual que no pueda, con el tiempo y rutina, transformarse en una forma o molde, y esto es especialmente verdad de la oración privada. Podemos entrar en la costumbre de usar las palabras más apropiadas, y ofrecer las peticiones más escriturales y, con todo, hacerlo todo por rutina, sin sentimiento, e ir dando vueltas, como un caballo en la noria. Deseo mencionar este punto con cuidado y delicadeza. Sé que hay algunas cosas que queremos diariamente, y que no hay nada formalístico en pedirlo con las mismas palabras. El mundo, el demonio y nuestro corazón son los mismos, cada día iguales. Por necesidad, pues, tenemos que pasar por terreno trillado. Pero, como dije, hemos de ser muy cuidadosos en este punto. Si el armazón de nuestras oraciones se vuelve por hábito una fórmula, esforcémonos por vestir y llenar las oraciones, en tanto que sea posible, con el Espíritu. En cuanto a orar leyendo palabras de un libro, no lo puedo aprobar. Si le podemos decir al médico el estado de nuestro cuerpo sin un libro, deberíamos poder decirle a Dios el estado de nuestra alma. No tengo nada en contra de que después de una fractura de la pierna el individuo use muletas. Es mejor usar muletas que no poder moverse. Pero si veo a estas personas en muletas toda su vida, no será una situación de la que podamos felicitarle. Lo deseable es que se ponga bastante fuerte para tirar las muletas.

 

Te recomiendo, luego, la importancia de hacer de la oración un asunto regular de la vida. Podría decir algo sobre el valor de las horas regulares, durante el día, para la oración. Dios es un Dios de orden. Las horas para el sacrificio matutino y vespertino en el templo judío estaban fijadas con un propósito. Uno de los frutos más visibles del pecado es el desorden. Pero no quisiera poner a nadie una camisa de fuerza. Sólo digo que es esencial para la salud del alma orar como un asunto importante durante el día, cada día. Tal como dedicamos cierto rato a comer, dormir o a los negocios, debemos dedicarlo a la oración. Escoge tú mismo las horas y ocasiones. Por lo menos, tienes que hablar con Dios por la mañana, antes de hablar con el mundo: tienes que hablar con Dios por la noche, después de haberlo hecho con el mundo. Pero deja establecido en tu mente que la oración es una de las cosas importantes a hacer durante el día, cada día. No se trata de usar un rato perdido y ocioso, que así se aprovecha, sino que se trata de un asunto muy importante y necesita su tiempo designado.

 

Te recomiendo, luego, la importancia de perseverar en la oración. Una vez has empezado el hábito, no renuncies a él. Tu corazón puede decir: «Ya tengo las oraciones con la familia; ¿qué daño puede causarme si dejo las oraciones privadas?» 0 bien tu cuerpo puede decirte: «Estás fatigado, soñoliento; no tienes por qué orar hoy.» 0 tu mente dirá: «Tienes un asunto muy importante que atender: haz las oraciones más cortas.» Todas estas sugerencias proceden directamente del diablo. Es como si dijéramos: «Descuida tu alma.» No digo que todas las oraciones tengan que ser de la misma duración; pero sí que no tienes excusa para dejar de orar. «Orad sin cesar», dice Pablo. No quería decir que hemos de estar constantemente de rodilla, como alguien ha defendido en el pasado. Lo que quería decir era que nuestras oraciones tenía que ser como el holocausto continuo: algo en que hemos de perseverar cada día, que debe ser como la rotación permanente de siembra y siega, verano e invierno; algo que se hace de modo regular, como el fuego del altar, que no siempre consume sacrificios, pero que nunca se apaga. No olvides que puedes unir las devociones de la mañana y de la noche con oraciones cortitas durante el día. Incluso en compañía de otros, en los negocios, en la calle, puedes estar enviando mensajeros alados, en silencio, a  la presencia de Dios, como hizo Nehemías en la misma presencia de Artajerjes. Y no pienses nunca que el tiempo que dedicas a Dios es perdido. Una nación no se vuelve más pobre porque pierde un año de trabajo cada siete, al guardar el Día de Reposo. El cristiano nunca hallará que pierde, a la larga, por el hecho de perseverar en la oración.

 

Luego, te recomiendo la importancia de la sinceridad y simplicidad en la oración. No es necesario gritar, ni aun hablar alto, para demostrar que se es sincero. Pero es deseable fervor y sinceridad. Hemos de asegurarnos si realmente estamos interesados en lo que hacemos. La oración «eficaz del justo, tiene mucha fuerza». Una oración no es eficaz cuando es indiferente, perezosa, indolente. Esta es la lección que nos enseñan las expresiones usadas en las Escrituras sobre la oración. Se usan palabras como «luchar, trabajar, esforzarse, clamar, llamar». Esta es, también, la lección de los ejemplos de la Escritura. Jacob lo hizo. Le dijo al ángel en Penuel: «No te dejaré si no me bendices.» (Génesis 22:26.) Daniel también. Oigamos cómo ruega a Dios: «¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, presta atención y actúa! ¡No tardes más, por amor de ti mismo, Dios mío!» (Daniel 9:19.) Nuestro Señor Jesucristo es otro: «En los días de su carne, habiendo ofrecido ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas … » (Hebreos 5:7.) ¡Cuán distintas son muchas de nuestras súplicas, cuán tibias y apáticas! Es muy probable que Dios diga de muchos: «¡No quieres realmente lo que estás pidiendo!» Tratemos de corregir esta falta. Llamemos con más energía a la puerta de la gracia, como Misericordia, en El Peregrino, como si tuviéramos que perecer si no nos oyen. Hemos de dejar claro en nuestra mente que las oraciones frías son como un sacrificio sin fuego. Recordemos la historia de Demóstenes, el gran orador, a quien un individuo visitó para pedirle que defendiera su causa. El gran orador le escuchó con displicencia y sin prestar mucha atención, pues el otro le relataba su historia mostrando poco celo o afecto. El hombre se dio cuenta del desinterés de Demóstenes y, alarmado, le dijo gritando con ansiedad que todo era verdad. «¡Ah! -contestó Demóstenes- Ahora ya empiezo a creerte.»

 

Luego, te recomiendo que ores con fe, pues es muy importante. Deberíamos esforzarnos en creer que nuestras oraciones siempre son oídas, y que si pedimos cosas conforme a la voluntad de Dios, siempre serán contestadas. Ésta es la simple orden de nuestro Señor Jesucristo: «Por eso os digo que todo cuanto rogáis y pedís, creed que lo estás recibiendo, y lo tendréis.» (Marcos 11:24.) La fe es a la oración como la pluma a la flecha: sin ella no dará en el blanco. Deberíamos cultivar el hábito de reclamar promesas en nuestras oraciones. Deberíamos tomar una promesa y decir: «Señor, aquí has dado tu palabra. Haz por nosotros tal como has dicho.» Ésta era la costumbre de Jacob, de Moisés y de David. El Salmo 119 está lleno de peticiones «conforme a tu Palabra». Sobre todo, deberíamos tener la costumbre de esperar respuestas a nuestras oraciones. Deberíamos hacer como el mercader que envía sus barcos al mar: no deberíamos estar satisfechos hasta que vemos que regresan. Los cristianos suelen quedarse cortos en este punto. La Iglesia de Jerusalén oraba sin cesar para Pedro en la prisión; pero cuando recibieron respuesta a la oración, les costó trabajo creerlo. (Hechos 12: 15.) «Es una marca segura de no tomar la oración seriamente el descuido en cuanto a lo que se recibe de la misma.»

 

Es necesario insistir, también, en la importancia de la osadía confiada en la oración. Algunas veces se ora de un modo familiar que me parece impropio. Pero la santa osadía es muy de desear. Con esta expresión quiero decir la actitud de Moisés, el cual, cuando suplicaba a Dios que no destruyera a Israel, dijo: «¿Por qué han de hablar los egipcios diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira Y arrepiéntete de ese mal contra tu pueblo.» (Exodo 32:12.) Quiero decir atrevimiento como el de Josué, cuando los hijos de Israel fueron derrotados en Haí, que dijo: « … ¿Qué harás tú a tu gran nombre.)» (Josué 7:9.) Es la osadía con que oraba Lutero. Alguien que le había oído orar dijo: «¡Qué espíritu, qué confianza había en sus expresiones! Con qué reverencia suplicaba, como quien pide a Dios, pero al mismo tiempo con tal confianza y seguridad, como el que habla con un padre amoroso o un amigo.» Ésta es la osadía que caracterizaba a Bruce, el gran predicador escocés del siglo xvii. Se dice que sus oraciones eran «como dardos disparados al cielo». Aquí me temo que también nos quedamos cortos. No comprendemos bastante bien los privilegios del creyente. No pedimos con la frecuencia que deberíamos: «Señor, ¿no somos tu pueblo? ¿No es para tu gloria que debemos ser santificados? ¿No es en tu honor que el Evangelio ha de prosperar?»

 

Te recomiendo, luego, la importancia de la plenitud y abundancia en la oración. No olvido que nuestro Señor nos advierte contra el ejemplo de los fariseos, que hacían largas oraciones para hacerse ver; y que nos manda que no usemos vanas repeticiones al orar. Pero, por otra parte, aprueba actos de devoción a fondo, pues Él mismo se pasa toda la noche orando a Dios. En todo caso, en nuestros días, no es probable que caigamos en el error de orar demasiado. ¡Lo que deberíamos temer es que muchos oren demasiado poco! ¿No son hoy día muy pocos los cristianos que se dedican a la oración? Temo que las devociones privadas de muchos sean escasas y raquíticas, sólo lo suficiente para demostrar que se está vivo, nada más. Parece que tienen poco a confesar, a pedir o de qué dar gracias. Todo esto está mal. No hay nada más común que oír a creyentes que se quejan de que no progresan. Nos dicen que no crecen en la gracia como deberían. ¿No será porque muchos no la piden? Tienen tanta gracia como piden. Si tienen poca es porque piden poca.

 

La causa de su debilidad se halla en que sus oraciones son minúsculas, contraídas, apresuradas, estrechas, atrofiadas. No tienen porque no piden. ¡Oh, lector! No estamos en apuros por culpa de Cristo, sino por culpa nuestra. El Señor dice: «Abre tu boca y la colmaré de bienes.» Somos como el rey de Israel que golpeó el suelo tres veces y se paró, cuando debería haber dado seis o más golpes.

 

Te recomiendo, luego, la importancia de ser específico en la oración. No deberíamos estar contentos con peticiones generales. Deberíamos especificar nuestras necesidades delante del trono de la gracia. No basta con confesar que somos pecadores, deberíamos mencionar aquello de que la conciencia nos dice que somos culpables. Deberíamos mencionar las gracias de las que carecemos o tenemos en escasez. No basta con decir al Señor que estamos atribulados, hemos de decir lo que nos aflige con todas sus particularidades. Esto es lo que hizo Jacob cuando temía la ira de su hermano Esaú. Le dice al Señor exactamente lo que teme. (Génesis 32: 1 l.) Es lo que hizo Eliezer, cuando fue a buscar esposa para el hijo de su amo. Presenta delante de Dios exactamente lo que quiere (Génesis 24:12). Esto es lo que hizo Pablo cuando tenía la espina en la carne. Presentó su súplica clara al Señor (2.a Corintios 12:8). Esto es verdadera fe y confianza. Deberíamos creer que no hay nada demasiado pequeño para ser nombrado delante de Dios. El paciente le dice al médico, no sólo que está enfermo, sino que entra en detalles. ¡Oh, lector! Cristo es el Esposo del alma, el Médico del corazón, el Padre de su pueblo. Mostrémosle lo que pensamos y sentimos, no teniendo reservas en nuestra comunicación con él. No le escondamos nada. Abrámosle el corazón.

 

Te recomiendo, luego, la importancia de la intercesión en nuestras oraciones. Todos somos egoístas por naturaleza, y nuestro egoísmo es muy capaz de persistir en nosotros aun después de convertidos. Hay la tendencia en nosotros a pensar sólo en nuestras almas -nuestro propio conflicto espiritual, nuestro progreso religioso- y a olvidar a otros. Para contrarrestar esta tendencia tenemos que vigilar y esforzarnos, y aún más, orar. Deberíamos esforzarnos a poner a otros delante de nosotros ante el trono de la gracia. Deberíamos llevar en nuestro corazón la carga de todo el mundo, los paganos, los judíos, los católicos, el cuerpo de verdaderos creyentes, incluidas las iglesias protestantes, el país en que vivimos, la congregación a que pertenecemos, nuestra casa, los amigos y parientes con quienes nos relacionamos. Deberíamos orar por todos ellos. Esta es la caridad más elevada. El que me ama más, me ama en sus oraciones. Esto es para la salud de nuestra alma. Amplía nuestras simpatías y corazones. Es para el beneficio de la Iglesia. Las ruedas de la maquinaria para extender el Evangelio son lubricadas por la oración. El que intercede, como Moisés en el monte, por la causa de Dios, hace tanto como el que lucha como Josué en lo más reñido del combate. Esto es ser como Cristo. £1 lleva los nombres de los suyos en su pecho y hombros, como su Sumo Sacerdote delante del Padre. ¡Oh, qué privilegio el ser como Jesús! Esto es ayudar verdaderamente a los ministros del Evangelio. Si he de poder escoger una congregación, dadme gente que ore.

 

Te recomiendo, además, la importancia del agradecimiento en la oración. Sé bien que un cosa es pedir a Dios, Y que el alabar y agradecer es otra. Pero veo en la Biblia una relación tan íntima entre la oración y la alabanza, que me atrevo a decir que la verdadera oración lleva siempre consigo la alabanza. No es en vano que Pablo dice: «Presentad vuestras peticiones delante de Dios mediante oración y ruego con acción de gracias.» (Filipenses 5:6.) «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.» (Colosenses 4:2.) Es por su misericordia que no estamos en el infierno. Por ella tenemos esperanza del cielo. Por ella vivimos en un país con luz espiritual. Por su misericordia hemos sido llamados por el Espíritu, y no abandonados para que cosechemos el fruto de nuestros actos. Por misericordia todavía vivimos y tenemos oportunidades de glorificar a Dios de modo activo o pasivo. Sin duda deberíamos pensar en esto cuando hablamos con Dios. Nunca deberíamos abrir los labios en oración sin bendecir a Dios por esta gracia gratuita por la que vivimos, y por su longanimidad que permanece para siempre. Nunca hubo un santo que no estuviera lleno de agradecimiento. Hombres como Whitefield en el pasado siglo, y Bickersteth en el nuestro, nunca se quedaron cortos en agradecimiento. Oh, lector, si queremos que nuestras lámparas brillen en nuestros días, hemos de albergar un espíritu de alabanza. Y sobre todo, hemos de hacer de nuestras oraciones acciones de gracias.

 

Te recomiendo, finalmente, la importancia de velar en tus oraciones. La oración es un punto en que hay que vigilar de un modo especial. Aquí es donde empieza la verdadera religión, donde florece o se marchita. Dime lo que son las oraciones de un hombre y te diré cuál es el estado de su alma. La oración es el pulso espiritual. Por él se pone a prueba la salud espiritual. Por medio de ella sabemos lo que hay recto o torcido en nuestros corazones. ¡Oh, vigilemos nuestras oraciones privadas constantemente! Aquí se halla el tuétano y la médula del cristianismo práctico. Los sermones, los libros, los tratados, las reuniones de comités, la compañía de personas piadosas, todo es bueno a su manera, pero no compensan el descuido de la oración privada. Vigila las situaciones, circunstancias, relaciones que desconectan tu corazón de la comunión con Dios y hacen que tus oraciones se arrastren. Hay que estar alerta. Observa qué amigos u ocupaciones dejan a tu alma en la mejor actitud para hablar con Dios. A éstos tienes que adherirte. Lector, si cuidas tus oraciones, te aseguro que nada irá mal en tu alma.

 

Lector, te ofrezco estos puntos para tu consideración privada. Lo hago con humildad. Yo soy el que tiene que recordarlos más. Pero creo que es la verdad de Dios, y todos hemos de tenerlos presentes.

 

Quiero que oremos. Quiero que los cristianos de nuestros días sean cristianos que oren. Quiero que la Iglesia de nuestra época sea una Iglesia que ore. El deseo que hay en mi corazón, al escribir estas páginas, es incrementar y propagar el espíritu de oración. Quiero que aquellos que nunca han orado se levanten e invoquen el nombre de Dios, y que, los que ya lo hacen, vean que no oran en vano.

 

Y ahora, si alguien empieza a orar, u ora con más fervor como resultado de la lectura de este volumen, le pediré que haga un favor a su autor: que le recuerde en sus oraciones.