Una Hermenéutica de Rendición
Una hermenéutica de rendición
Brad Klassen
Pocas máximas son tan conocidas como «las acciones valen más que las palabras». Es uno de los principios de conducta ética más ampliamente aclamados en cualquier ámbito de la vida. Como era de esperar, incluso se encuentra entretejido en varias de las antiguas fábulas de Esopo (c. 620-564 a. C.), incluida la de «El viajero jactancioso»:
Cierto hombre que visitó tierras extranjeras no podía hablar de otra cosa cuando regresó a su hogar, salvo de las maravillosas aventuras que había vivido y las grandes hazañas que había realizado en el extranjero. Una de las proezas que relató fue un salto que había hecho en una ciudad llamada Rodas. Aquel salto fue tan extraordinario, dijo, que ningún otro hombre podría saltar siquiera cerca de esa distancia. Muchísimas personas en Rodas lo habían visto hacerlo y confirmarían que lo que decía era verdad. «No hacen falta testigos», dijo uno de los oyentes. «Supón que esta ciudad es Rodas. Ahora muéstranos qué tan lejos puedes saltar».
Sí, las acciones valen más que las palabras. Leer el resto de esta entrada »
Refinando el discurso dispensacional: Reconsiderando cuatro expresiones comunes
Refinando el discurso dispensacional: Reconsiderando cuatro expresiones comunes
Por Mark Snoeberger
(Publicado en el Detroit Baptist Seminary Journal 27, 2022)
Introducción
Hace quince años, mi difunto mentor Rolland McCune me pasó una estafeta: su clase de teología dispensacional. El Dr. McCune enseñaba rutinariamente que al dispensacionalismo le faltaba todavía un buen siglo para alcanzar el estatus de un sistema completamente asentado, y nos animaba a nosotros, a quienes llamaba «los jóvenes novatos», a formar parte de ese desarrollo continuo. Es con ese estímulo que escribo este artículo.
Mi objetivo no es apartar sustancialmente el sistema dispensacional de lo que históricamente ha sido. Eso ocurrió, creo yo, con el desarrollo del dispensacionalismo progresivo en la década de 1990. No digo esto para abrir una línea de combate con quienes adoptan ese enfoque, sino simplemente para asegurar a mis lectores que no he abandonado, en las sugerencias que expongo a continuación, lo que Charles Ryrie denominó «dispensacionalismo normativo», o lo que ha llegado a conocerse más ampliamente como «dispensacionalismo tradicional». Creo, sin embargo, que el dispensacionalismo tradicional puede afinar algunas de sus expresiones habituales para que el sistema sea expresado con mayor cuidado y comprendido con mayor exactitud, tanto por sus defensores como por sus detractores. Ese es el propósito de este ensayo. Leer el resto de esta entrada »
El apocalipticismo inglés de los siglos XVII y XVIII
El apocalipticismo inglés de los siglos XVII y XVIII
(DISPENSACIONALISMO ANTES DE DARBY)
William C. Watson
I. Introducción
A menudo se sostiene que el sionismo cristiano y el dispensacionalismo son doctrinas de origen reciente [2], gestadas fundamentalmente a lo largo de la era victoriana. Me cuesta trabajo aceptar tal premisa a la luz de los continuos hallazgos realizados durante décadas de investigación en torno al clero inglés de los siglos XVII y XVIII. Nadie pone en duda la presencia de milenaristas en el seno de la Reforma protestante del siglo XVI, aun cuando con frecuencia se les circunscriba a los márgenes anabaptistas radicales. Asimismo, figuraron de manera prominente entre los puritanos del siglo XVII; no obstante, multitud de académicos modernos alegan que el puritanismo se adscribía al historicismo (entendiendo que se hallaban inmersos en una serie de eventos apocalípticos desplegados a lo largo de la historia eclesiástica), al preterismo (alegando que los sucesos proféticos tuvieron lugar casi enteramente en el pasado) o al posmilenarismo (confiando en que la Iglesia misma inauguraría una era utópica). Leer el resto de esta entrada »
El poder de predicar a Cristo crucificado, Parte 1
El poder de predicar a Cristo crucificado, Parte 1
por Robb Brunansky
Hemos llegado a un nuevo capítulo en 1 Corintios, donde el apóstol Pablo continúa abordando las divisiones en la iglesia de Corinto. En 1 Corintios 1:18-25, vimos cómo la naturaleza del evangelio, en y por sí misma, es contraria a los caminos y a la sabiduría del mundo. Luego, Pablo muestra en los versículos 26-31 que esta descripción del evangelio de Cristo crucificado como la sabiduría y el poder de Dios concuerda con la experiencia de salvación de los corintios.
Hay una cosa más de la que Pablo quiere hablar a este respecto: su propio ministerio personal entre ellos. Comenzó a hablar de esto en 1:17, pero hizo una pausa para resaltar la naturaleza del evangelio. Ahora está listo para explicar su ministerio entre los corintios y el ejemplo que dio. La naturaleza del evangelio, la experiencia de los corintios y la predicación de Pablo exponen la jactancia de ellos como la necedad que en verdad es. Leer el resto de esta entrada »
¿Apelar a mi propia justicia?
¿Apelar a mi propia justicia?
por Dan Crabtree
¿Debemos orar al Señor pidiéndole que nos trate conforme a nuestra propia justicia? ¿Deberíamos pedir: «Padre, por favor ayúdame porque soy inocente en esto»? ¿Podemos decir humildemente: «Oh Dios, por favor dame lo que merezco»?
Nuestro impulso cristiano inmediato, bueno y humilde es decir: «No, por supuesto que no. Debo orar para que Dios me trate según la justicia de Cristo, la cual es mucho mayor de lo que merezco». Amén a eso. Como ora David en el Salmo 143:2: «Y no entres en juicio con Tu siervo, / Porque no es justo delante de Ti ningún ser humano». Leer el resto de esta entrada »
Qué Es La Sana Doctrina Y Por Qué La Iglesia No Puede Perderla

Qué Es La Sana Doctrina Y Por Qué La Iglesia No Puede Perderla
Por Gary Gilley
Sentado en mi sala de estar, conversaba con un matrimonio joven después de haber compartido una buena comida y de disfrutar de una plática centrada en el último año o dos de sus vidas. Luego, la conversación derivó hacia el tema de la iglesia. Habiendo conocido a esta joven pareja y habiéndoles ministrado durante años, en ese momento ya no estaban bajo mi pastoreo ni eran miembros de nuestra iglesia. Cuando se presentó la oportunidad de profundizar en el tema, les pregunté a qué iglesia estaban asistiendo. No me sorprendió cuando respondieron que a ninguna. Habían estado saltando de congregación en congregación, pero nada cumplía con sus criterios, si es que tenían alguno. Lo que sí captó mi atención fue la afirmación de que habían madurado como cristianos después de haber dejado de asistir a la iglesia. La esposa estaba satisfecha con un estudio bíblico ocasional junto a un par de amigas; y el esposo simplemente estaba complacido, o tal vez una palabra más acertada sería apático. La enseñanza teológica sana no era, al parecer, necesaria para su andar con Dios, ni tampoco lo eran la comunión, el ministerio o la vida en el cuerpo. Su actitud era: «¿quién necesita la iglesia?».
Leer el resto de esta entrada »Falsa lógica: La Insensatez De Afirmar Que Se Necesita El NT Para Interpretar Correctamente El AT (Parte 3)

Falsa lógica: La Insensatez De Afirmar Que Se Necesita El NT Para Interpretar Correctamente El AT (Parte 3)
Por PAUL M HENEBURY
La doctrina de la suficiencia de las Escrituras es probablemente la más vulnerada de todas las doctrinas del cristianismo bíblico. Como la Palabra de Dios —la única palabra proveniente de fuera del ámbito humano—, debería ser apreciada, obedecida y seguida.
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Lógica Falsa: La Necedad de Afirmar que el NT es Necesario para Interpretar Correctamente el AT (Pt. 2)
Paul Martin Henebury
Los Primeros Cristianos No Podían Interpretar el AT con el NT Porque No Poseían un NT Completo
Está muy bien sentarnos cómodamente en nuestros sillones acolchados con nuestras computadoras portátiles o tabletas sobre las rodillas mientras tomamos un café con leche y escribimos descuidadamente la línea: “el AT debe entenderse a través del NT”. Es fácil de hacer. Pero aquí hace falta un baño de realidad. En nuestro mundo del siglo XXI, donde tantas cosas están a un solo clic de distancia y donde podemos consultar una gran variedad de traducciones bíblicas en segundos, sería un ejercicio saludable hacerse una pregunta básica: “¿Qué tipo de acceso tenía el cristiano promedio a los libros del NT, y mucho menos a todo el NT?”.
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Firmes en la Claridad
Gary Gilley
Volumen 32
Llegué al Señor alrededor de los siete años y crecí asistiendo a una pequeña iglesia de campo, la cual ponía un énfasis sustancial en la lectura de la Biblia. El pequeño santuario tenía un tablero de estadísticas de madera al estilo antiguo, exhibido prominentemente en el frente. Cada semana, la asistencia tanto de la escuela dominical como del culto de adoración se colocaba en el tablero, junto con los números de las ofrendas de la semana anterior. Pero algo único en mi iglesia, o al menos así me parecía, era una categoría titulada “Capítulos”. Cada domingo, todos, adultos y niños, reportaban el número de capítulos de la Biblia que habían leído durante la semana; luego, esos números se contabilizaban y se colocaban en el tablero. En consecuencia, crecí creyendo que era importante para los creyentes estar diariamente en la Palabra. Era simplemente lo que hacían los cristianos (pospondremos cualquier debate sobre la motivación o la sabiduría de reportar nuestros capítulos para otra ocasión). Además, los sermones y las enseñanzas de la escuela dominical en mi iglesia estaban impregnados de las Escrituras. Mis maestros de la infancia desgastaban sus figuras de franelografo mientras nos guiaban de manera clara, sencilla y sistemática a través de la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Durante mis años de adolescencia, nuestros líderes continuaron con el patrón, llevándonos a través de la Biblia usando una hermenéutica simple (una palabra que no había escuchado en ese momento), la cual seguía la estrategia: si el texto tiene un sentido claro, no busque ningún otro sentido. En otras palabras, se nos enseñó que la Biblia tenía sentido; que podía entenderse; que sus enseñanzas eran claras. Claro que había partes difíciles, pero incluso estas se podían comprender con un estudio cuidadoso o dejarse para otro día. Lo que este entorno saturado de la Biblia logró en mis años formativos fueron dos cosas:
- Una sólida comprensión de las Escrituras. Descubriría años más tarde que para cuando salí de la escuela secundaria, se me había dado un conocimiento bíblico de la Palabra que rivalizaría con el de la mayoría de los graduados de un instituto bíblico.
- En segundo lugar, y quizás de mayor importancia, tenía un amor por la Biblia. Quería leerla, conocerla y, eventualmente, enseñarla. Aunque se me había inculcado mucho conocimiento bíblico y teología, fue el amor y el deleite en la Palabra lo que moldeó toda mi vida.
Por lo tanto, fue asombroso para mí cuando entré al ministerio descubrir que muchos cristianos rara vez abrían sus Biblias. Estos eran creyentes que amaban al Señor, asistían regularmente y a menudo ministraban en la iglesia, y exhibían evidencia del fruto del Espíritu, pero rara vez leían las Escrituras. Cuando lo hacían, por lo general usaban un enfoque de brincos y saltos en el que abrían sus ejemplares de la Palabra al azar y leían cualquier pasaje que tuvieran delante. Muchos lamentaban su falta de lectura bíblica, ofrecían excusas y de vez en cuando hacían resoluciones de mejorar, solo para recaer en sus antiguos patrones en unos pocos días o semanas. Algunos de los convencidos de convertirse en estudiantes de la Biblia a menudo tropezaban con obstáculos prácticos que tenían soluciones muy viables, tales como la falta de tiempo, la somnolencia, los pensamientos vagabundos y las interrupciones, las cuales podían manejarse desarrollando nuevos patrones: reservar un tiempo y un lugar para contemplar la Palabra, eliminar distracciones, leer en voz alta, etc. Ajustes simples como estos hacen maravillas para muchos, pero parece que hay otras barreras más sustanciales que bloquean a un número considerable de aspirantes a lectores de la Biblia.
Hoy en día, parece haber poco apetito por la lectura y el estudio de la Palabra de Dios, tal como predijo 2 Timoteo 4:3-4. A modo de evidencia, la Sociedad Bíblica Estadounidense (American Bible Society) publicó recientemente el resultado de una alarmante encuesta en la que afirmaban que la lectura de la Biblia cayó drásticamente en 2022, disminuyendo un 39 por ciento. Eso significa que 26 millones de estadounidenses dejaron de leer la Escritura a raíz de la pandemia de COVID-19.[1] Aún más alarmante que esta caída en la lectura de la Biblia es la identificación de los «lectores de la Biblia» como aquellos que leen la Escritura simplemente tres veces al año.
Si alguien es considerado un lector de la Biblia por abrir la Palabra tres veces al año, ¿es de extrañar que EE. UU. esté enfrentando una hambruna en la tierra por la Palabra de Dios y que incluso los evangélicos se estén volviendo más ignorantes bíblicamente día a día? Con este tipo de estadísticas, era predecible que el analfabetismo bíblico se convirtiera en una epidemia, y así ha sido. Esta anemia no es solo “una lástima”, es mortal para las almas de los individuos y destructiva para las iglesias en todo el país.
¿Por qué tan pocos de los que afirman ser cristianos, que incluso darían crédito a que la Biblia es la Palabra de Dios, realmente leen la Biblia? Aparte de los obstáculos prácticos mencionados anteriormente, aquí hay algunas preguntas más fundamentales y preocupantes con las que luchan los cristianos modernos.
¿Se puede confiar en la Biblia?
Aunque la mayoría de los estadounidenses afirman de labios para afuera que la Biblia es la Palabra de Dios, a la hora de la verdad se echan para atrás. Incluso si 2 Timoteo 3:16 proclama que «Toda la Escritura es inspirada por Dios», ¿significa eso realmente que es una guía confiable para nuestras vidas? ¿Es realmente capaz de enseñarnos, reargüirnos, corregirnos y entrenarnos en una vida de justicia como afirma? Tales aseveraciones siempre han estado bajo ataque pero, desde la Ilustración, el mundo occidental se subió al barco en su negación de la verdad de la inspiración. Como resultado, muchos cuestionan la autoría divina de la Escritura. Tal vez estas son meramente palabras de hombres disfrazadas como palabras de Dios. Pero considere esto: si hay un Dios, cabría esperar que Él se comunicara con Su creación. ¿Por qué el Señor del universo dejaría a aquellos creados a Su imagen en la oscuridad sobre los temas más importantes de la vida: la salvación, el propósito, la muerte, la eternidad, etc.? Solo tiene sentido que Él revelara la verdad a la humanidad, y la mejor manera de hacerlo sería de forma escrita, accesible para todos. Una revelación escrita es el medio perfecto de comunicación de Dios a Su creación. La creencia de que el Señor ha empaquetado Su verdad en un formato escrito accesible, y que esa verdad está disponible para todos los que se toman la molestia de interactuar con ella, debería ser una poderosa motivación para la lectura de la Biblia.
¿Puede la Biblia realmente cumplir lo que promete?
En términos teológicos, nos referimos a la inerrancia y la suficiencia de la Escritura. La Biblia puede ser inspirada y puede prometer beneficios significativos, como hemos visto, pero ¿puede realmente cumplir su promesa de equiparnos para «toda buena obra» (2 Timoteo 3:17)? Incluso si la Escritura es inspirada por Dios, ¿es suficiente para concedernos todo lo que necesitamos para «la vida y la piedad» (2 Pedro 1:3)? Sin duda, muchos afirmarían que necesita ser complementada por otras fuentes y disciplinas. Los principales contendientes como complementos bíblicos incluyen: el misticismo (Dios revela Su verdad a través de visiones, sueños y otros medios extrarracionales); la experiencia (después de todo, a menudo se nos dice que la experiencia es el mejor maestro); el pragmatismo (si funciona, debe estar bien); y la psicología (la Biblia puede ser valiosa para la salvación y los problemas relativamente simples de la vida, pero para las preocupaciones reales, necesitamos las percepciones terapéuticas de quienes han estudiado la mente y entienden sus complejidades). La mayoría de los autores, predicadores y conferencistas evangélicos afirmarán de labios para afuera el valor de la Escritura, pero en realidad, muchos a menudo recurren a estos complementos anteriores, o intentan integrarlos con la Escritura para guiar a su audiencia. Pero cuando el polvo se asienta, la palabra final se le está dando a otras fuentes en lugar de a la Escritura. En efecto, este enfoque común socava no solo la autoridad de la Biblia, sino también la confianza en la Palabra. ¿Por qué acudir a las Escrituras cuando casi todos dicen que hay mejores respuestas en otros lugares?
- ¿Por qué hacer el arduo trabajo de estudiar la Palabra si podemos confiar en nuestros sentimientos o en un sueño?
- ¿Qué me puede enseñar la Escritura que la experiencia no pueda?
- Si algo de lo que estoy haciendo parece funcionar, ¿por qué examinarlo a la luz de la Biblia?
- Claro que el texto sagrado es útil para asuntos simplistas, pero ¿no debería acudir a los verdaderos expertos de la vida —los psicólogos que han estudiado científicamente el comportamiento humano— cuando me enfrento a luchas complejas?
El valor o las limitaciones de estos complementos no son el punto de este artículo. Baste decir que hay mucho debate entre los evangélicos sobre este tema. El asunto en cuestión es que estas otras formas de guía han invadido tanto el lugar de la Biblia que muchos acuden a ella al último, si es que lo hacen, al determinar cómo se debe vivir la vida. La idea es que la Escritura podría ser inerrante cuando y donde habla, pero que no aborda los problemas importantes que enfrentan los creyentes. Y la Biblia puede ofrecer ideas valiosas que podríamos agregar a nuestra colección de otras ideas, pero no posee la autoridad final. Puede ser útil, pero no es suficiente. Si esta es la perspectiva que uno tiene de la revelación escrita de Dios, no es probable que acudamos a ella con mucha frecuencia.
¿Se puede entender realmente la Biblia?
Incluso si creemos que las Escrituras son inspiradas por Dios, teniendo Su autoridad, e incluso si creemos que son muy útiles para guiarnos a lo largo de la vida, muchos las ven como demasiado difíciles de entender. ¿No están llenas de palabras y conceptos arcaicos que son ininteligibles para la mayoría de los lectores modernos?
Muchos cristianos evitan la lectura de la Biblia porque temen que sea difícil de comprender. Sin embargo, aunque hay nombres, lugares y algunas palabras que no son comunes, la gran mayoría de la Palabra es comprensible para la mayoría de las personas, incluso para aquellas con escasas habilidades de lectura. En cierto sentido, la idea de que la Biblia podía ser entendida por el cristiano normal (en oposición únicamente al clero y a los teólogos) fue central para la Reforma. Los Reformadores defendieron la doctrina de la “perspicuidad” de la Escritura, del latín, que significa clara, transparente y evidente por sí misma. En asuntos de importancia, la Biblia era clara. El catolicismo romano insistía en que solo la iglesia podía interpretar adecuadamente la Escritura, y que los laicos debían mantenerse en su lugar y dejar la Biblia a los profesionales. Lutero y otros Reformadores insistieron en lo contrario, afirmando que el cristiano promedio podía interpretar y aplicar la Escritura. Lutero se puso a trabajar de inmediato traduciendo la Biblia al alemán. Siguieron otras traducciones, en particular la traducción al inglés de Tyndale, que le costó la vida, especialmente después de su desafío al liderazgo católico: “Si Dios me perdona la vida, antes de muchos años haré que un niño que guía el arado sepa más de la Escritura que tú”. Es indiscutible que fue la creencia en la autoridad suprema de Dios descansando en la Escritura en lugar de en la iglesia lo que impulsó la Reforma. La predicción de Tyndale se hizo realidad, y con el tiempo, los “muchachos del arado” y muchos otros no considerados altamente educados por el mundo estaban leyendo y siendo transformados por las claras enseñanzas de la Escritura.
Hoy tenemos el privilegio de contar con numerosas traducciones e increíbles ayudas para permitir que todos lean, entiendan y pongan en acción las maravillosas verdades que se encuentran en la Palabra de Dios. Hace muchos años leí un libro muy sencillo sobre métodos de estudio bíblico. Lo que más se me quedó grabado de este libro fue su título: El gozo del descubrimiento. Qué maravilloso concepto. La Biblia no debe ser vista como una tarea rutinaria o una obligación, como comer coles de Bruselas porque se supone que son buenas para la salud. Más bien, no solo la Biblia es buena para su salud espiritual, sino que también es un gran gozo que trae mucho deleite. Como declara el Salmo 19: «Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón… Son más deseables que el oro, sí, más que mucho oro fino; más dulces que la miel y que el destilado del panal» (Salmo 19:8, 10).
[1] “Take and Read” (Christianity Today, enero/febrero, 2023), p. 17.
Principios Hermenéuticos Y La Historia Bíblica: Un Enfoque Dispensacional
Principios Hermenéuticos Y La Historia Bíblica: Un Enfoque Dispensacional
Michael J. Vlach
Shepherds Theological Seminary, Cary, NC¹
Este artículo aborda el asunto de los principios de interpretación para entender la historia bíblica desde una perspectiva dispensacional. Las cuestiones específicas que se tratan son: (1) el uso consistente de la hermenéutica gramático-histórica en toda la Escritura; (2) la interpretación contextual consistente de las profecías del Antiguo Testamento; (3) la prioridad del pasaje; y (4) Jesús como el medio del cumplimiento del Antiguo Testamento. La aplicación de estos principios conduce a una comprensión correcta de la gran narrativa de la Biblia, desde Génesis 1 hasta Apocalipsis 22.
Introducción
La historia bíblica y la hermenéutica están intrínsecamente conectadas. Como bien señala Mark Yarbrough: «Al enseñar la historia de la Biblia, las personas inevitablemente preguntan, y con razón, acerca de la hermenéutica, es decir, sobre la naturaleza de la interpretación».² Esto significa que «uno debe proponerse contar la historia de la Biblia con apego a los principios básicos de la interpretación».³ Yarbrough tiene razón. Leer el resto de esta entrada »
Lógica falsa: La necedad de afirmar que el NT es necesario para interpretar correctamente el AT — Parte 1
Lógica falsa: La necedad de afirmar que el NT es necesario para interpretar correctamente el AT — Parte 1
POR PAUL MARTIN HENEBURY
“Solo se permiten nuestras interpretaciones del NT”
Entre quienes gustan de criticar el premilenialismo dispensacional, uno se encuentra con un mantra popular: que el AT necesita ser interpretado por el NT. La lógica parece bastante directa. Puesto que el NT presenta a Jesucristo, y los escritos apostólicos desarrollan la doctrina de Cristo, entonces uno debe volver al AT con la enseñanza del NT en mano para así descubrir el significado de Dios.
Este razonamiento parece tan evidente para sus promotores que, según ellos, una persona tendría que ser un “troglodita teológico” para estar en desacuerdo. Y, sin embargo, yo sí estoy en desacuerdo.
No Naciste Gay
No naciste gay
Por Kendall Lankford
Uno de los eslóganes más influyentes de la historia moderna es también uno de los más engañosos: «Nací así».
Esas dos palabras han hecho más por normalizar la homosexualidad en el Occidente moderno que quizás cualquier político, activista, celebridad, corporación, universidad, decisión de la Corte Suprema o movimiento social. El eslogan parece compasivo. Suena científico. Se siente liberador. Sin embargo, oculto en su interior hay una suposición tan enorme que la mayoría de la gente nunca se detiene a examinarla. El eslogan no se limita a describir una experiencia; intenta resolver un argumento moral. El razonamiento funciona así: Si nací así, entonces Dios debe haber de esa manera. Si Dios me hizo de esa manera, entonces esto debe ser bueno. Si esto es bueno, entonces cualquiera que lo cuestione debe estar cuestionando a Dios mismo. Leer el resto de esta entrada »
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