Artículo

El Escándalo de los Semicongregados

Traducción:

Por Kevin DeYoung

Kevin DeYoung

Kevin DeYoung es pastor principal de Christ Covenant Church (PCA) en Matthews, Carolina del Norte, y profesor asociado de teología sistemática en Reformed Theological Seminary.

Esta es una de esas publicaciones que he querido escribir desde hace tiempo, pero no estaba seguro de cómo decir lo que creo que hay que decir. El peligro del legalismo y de la falsa culpa es muy real. Pero también lo es el peligro de la desobediencia y del autoengaño.

Quiero hablar de los miembros que asisten a su iglesia local con gran irregularidad. No son personas sin iglesia, ni personas que dejaron la iglesia, ni personas poco congregadas. Son semicongregados. Se presentan algunas veces, pero no cada semana. Van y vienen, entran y salen; están aquí un domingo y desaparecen los dos siguientes. Ese es el escándalo de los semicongregados. De hecho, Thom Rainer sostiene que la razón número uno del descenso en la asistencia a la iglesia es que los miembros no van a la iglesia con la misma frecuencia que antes.

Hemos tenido cristianos de Navidad y Semana Santa probablemente desde que existen la Navidad y la Semana Santa. Algunas personas siempre serán intermitentes en su asistencia a la iglesia. No hablo de cristianos nominales que se asoman a la iglesia una o dos veces al año. Hablo de personas que se tomaron la molestia de hacerse miembros de una iglesia, a quienes les gusta su iglesia, que no tienen ningún problema particular con ella y que, aun así, solo cruzan sus puertas una o dos veces al mes. Si hay iglesias cuyas listas de membresía son mucho más grandes que su asistencia promedio del domingo, entonces tienen pastores negligentes en sus deberes, miembros infieles en los suyos, o ambas cosas.

Ya sé que «nosotros somos la iglesia y no vamos a la iglesia», pero ser quisquillosos con nuestro lenguaje no cambia la exhortación de Hebreos 10:25. No debemos dejar de congregarnos, «como algunos tienen por costumbre». Reunirnos cada día del Señor con nuestra familia de la iglesia es uno de los pilares del cristianismo maduro.

Así que hazte algunas preguntas.

1. ¿Has establecido la asistencia a la iglesia como un hábito inquebrantable en tu familia?

¿Sabes cómo te levantas en la mañana y piensas: «Tal vez hoy salga a correr» o «Tal vez prepare pan francés esta mañana»? Así no debería ser la asistencia a la iglesia. No debería depender de «si tengo ganas». Siempre estaré agradecido de que mis padres trataron la asistencia a la iglesia (en la mañana y en la tarde) como un patrón inamovible. No estaba a discusión. No dependía de circunstancias atenuantes. Nunca fue un «tal vez». Íbamos a la iglesia. Eso era lo que hacíamos. Eso hacía que la decisión de cada domingo fuera sencilla, porque en realidad no había ninguna decisión que tomar. Salvo por una enfermedad grave, íbamos a estar ahí. Darle a tu familia ese mismo hábito es un regalo que no apreciarán ahora, pero que por lo general te agradecerán después.

2. ¿Planeas con anticipación el sábado para poder hacer de la iglesia una prioridad el domingo?

Todos somos personas ocupadas, así que llegar a la iglesia puede ser difícil, sobre todo con una casa llena de niños. Nunca aprovecharemos al máximo nuestros domingos a menos que nos preparemos para ellos el sábado. Eso probablemente signifique terminar la tarea, acostarse a tiempo y renunciar a un poco de fútbol americano. Si la iglesia es algo de último momento, no pensarás en ella sino hasta que sea demasiado tarde.

3. ¿Organizas tus planes de viaje de modo que reduzcas al mínimo tus ausencias de la iglesia en domingo?

No quiero ser legalista con esta pregunta. He viajado en domingo antes (aunque trato de evitarlo). Tomo vacaciones y permisos de estudio, y falto 8 o 9 domingos al año a la iglesia. Entiendo que vivimos en una cultura de mucha movilidad. Entiendo que la gente quiera visitar a sus hijos y nietos el fin de semana (¡y vaya que estoy agradecido cuando los nuestros vienen a visitarnos!). Atrás quedaron los días en que la gente estaba en su ciudad entre 50 y 52 semanas al año. Viajar es demasiado fácil. Nuestras familias están demasiado dispersas. Pero escucha: esto no significa que no podamos hacer un esfuerzo real por estar presentes el domingo. Quizá te convenga tomar el viernes libre para ir a visitar a los hijos y así poder regresar el sábado por la noche. Quizá debas pensarlo dos veces antes de invertir en una segunda casa que te alejará de tu iglesia una docena de fines de semana cada año. Quizá debas reevaluar tu suposición de que, desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la noche, el tiempo es tuyo para hacer lo que quieras donde quieras. Es casi imposible crecer en amor por tu iglesia y servir eficazmente en ella si con regularidad no estás ahí.

4. ¿Estás dispuesto a hacer sacrificios para reunirte con el pueblo de Dios a adorar cada domingo?

«Pero no esperarás que cancele mis planes del sábado por la noche, ¿verdad? No hay manera de que reorganice mi horario de trabajo. Este empleo me exige trabajar todos los domingos; tendría que conseguir otro trabajo si quisiera asistir con regularidad a la iglesia. Los domingos son mi día para relajarme. No terminaré todo el trabajo del jardín si voy a la iglesia cada semana. Mis hijos no podrán jugar fútbol si no vamos a los partidos del domingo. Si tengo que terminar mi tarea para el domingo, no podré descansar el viernes por la noche ni todo el sábado. ¡Seguramente Dios no querría que sacrifique demasiado solo para presentarme en la iglesia!». No es precisamente el camino de la cruz, ¿verdad?

5. ¿Has considerado que quizá no seas cristiano?

Quién sabe a cuántas personas Dios salva «así como a través del fuego» (1 Co 3:15). ¿Ir a la iglesia cada semana te hace cristiano? En absoluto. ¿Faltar a la iglesia 35 domingos al año te hace no cristiano? Ciertamente plantea la pregunta. El pueblo de Dios ama estar con el pueblo de Dios. Ama cantar alabanzas. Ama participar del banquete en la Mesa. Ama ser alimentado con las Escrituras. La asistencia infrecuente a la iglesia —y me refiero a no asistir a ninguna en absoluto— es, en el mejor de los casos, señal de inmadurez y, en el peor, de incredulidad. Porque cada vez que Dios llama a las personas a salir de las tinieblas, las llama a la iglesia. Si el culto dominical es la comunidad de los redimidos, ¿qué le sugiere a Dios tu patrón semanal acerca de a dónde perteneces realmente?


Fuente

Traducido al español por Armando Valdez para evangelio.blog.

Deja una respuesta