El Concepto De Las Dispensaciones En El Siglo XVII

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POR WILLIAM WATSON

Recientemente, algunos portavoces reformados han comenzado a insistir en que el dispensacionalismo es algo nuevo, “que se remonta apenas al siglo XIX”, y en que la idea de dividir la historia sagrada en dispensaciones fue inventada por el evangelista británico John Nelson Darby.313 Incluso egresados de seminarios históricamente dispensacionalistas, como Craig Blaising, del Seminario de Dallas, afirman que “el dispensacionalismo tomó forma por primera vez en el Movimiento de los Hermanos, en la Gran Bretaña de principios del siglo XIX”.314 El presente capítulo mostrará que el concepto de las dispensaciones es mucho más antiguo: se remonta a la iglesia primitiva y estaba bien desarrollado en el siglo XVII, incluso entre los mismos antepasados puritanos a quienes veneran los pensadores reformados actuales que menosprecian el dispensacionalismo. Quizá no sea exactamente el esquema dispensacional de Darby, pero sin duda fue un precedente de lo que se desarrollaría más tarde.

La división de la historia en periodos aparece ya en la iglesia primitiva, en el pensamiento de Agustín de Hipona, Isidoro de Sevilla y Beda el Venerable, y continuó en la Edad Media, especialmente con Joaquín de Fiore.315 En los siglos XV y XVI, la palabra “dispensación” se usaba con mayor frecuencia para designar un permiso papal especial para matrimonios, divorcios y otras excepciones al derecho canónico. Numerosos autores protestantes de la época denunciaron su abuso, pero a principios del siglo XVII los autores puritanos comenzaron gradualmente a emplearla para referirse a los muchos dones y bendiciones de Dios a la humanidad.316 John Bale dividió la historia en siete edades, cada una con un ciclo de infidelidad y decadencia.317 Con mayor frecuencia, los autores de principios del siglo XVII se referían a los distintos periodos de la historia divina como fases del “sistema de la Economía de Dios”.318

En 1599, Robert Pont, “un anciano pastor de la Kirk de Escocia”, intentó dividir las edades de la historia. Citó a Agustín como defensor de seis edades: “la primera edad, de Adán a Noé; la segunda, de Noé a Abraham; la tercera, de Abraham a David; la cuarta, de David a la cautividad de Babilonia; la quinta, de la cautividad a Cristo; la sexta y última, bajo el Reino de Cristo, hasta el fin del mundo”.319 Pont, sin embargo, hizo su propia división, aproximadamente por milenios:

Los “grandes periodos” o “edades del mundo” según Robert Pont

El primer millar de años, contado desde la creación hasta Noé, aunque comprende 56 años más.

El segundo milenario, desde el nacimiento de Noé hasta el llamamiento de Abraham, aunque hay veintitrés años más.

El tercer milenario, desde el llamamiento de Abraham hasta la edificación del Templo por Salomón, aunque con 67 años menos.

El cuarto milenario, desde la edificación del Templo hasta Cristo, aunque hay cincuenta y dos años menos.

El quinto milenario, desde su natividad, se extiende hasta su año 1052…, cuando el reino papal anticristiano se manifestó en la persona de Silvestre II, quien… se hizo promover a papa…

El sexto milenario, en el cual estamos ahora, terminará cuando a Dios le plazca…

Podemos llamar a la primera edad la Edad Antigua, o la de Oro…

La segunda edad o milenario puede llamarse la edad renovada del mundo, y la poética edad de plata…

El tercer milenario o edad puede denominarse la edad de la Ley, o poéticamente la edad de bronce…

A la cuarta edad o milenario podemos llamarla la edad de las cuatro monarquías, y la poética edad de hierro…

Al quinto milenario o edad lo llamamos la edad de Cristo, y del retorno del mundo dorado…

A la sexta y última edad podemos llamarla la edad del Anticristo y de su reino. Porque en ella tanto Gog como Magog… el papa y Mahoma, con sus leyes perversas, han perturbado principalmente al mundo…320

Pont insistía en que “las edades se cuentan por sietes”, puesto que “el siete es un número perfecto”, lo cual “se conformaría al jubileo de los judíos”.321 Esa séptima edad sería el reino milenial de Cristo. Pont exhortaba a sus lectores:

no hay morada perpetua para nosotros en este mundo, sino que, después de un breve espacio de tiempo, todos necesariamente hemos de mudar nuestra morada…, porque acontecerá que el tiempo no será más, cuando el séptimo ángel comience a tocar su trompeta. Porque entonces (como dice Juan en su Apocalipsis) el misterio de Dios será consumado. No seamos, pues, como las vírgenes insensatas, sino que, cuando venga el esposo, tengamos nuestras lámparas preparadas con aceite para salir a recibirlo…322

En 1621, sir Henry Finch, miembro del Parlamento y serjeant-at-law (abogado de la Corona) durante los reinados de Isabel I y Jacobo I, aunque no empleó específicamente la palabra “dispensación”, dividió la historia sagrada en diez periodos:

Los periodos de la historia sagrada según Finch

“Primero, desde la Creación hasta el Diluvio…

Segundo, desde el Diluvio hasta la Promesa hecha a Abraham…

Tercero, desde la promesa hasta la entrega de la Ley…

Cuarto, desde la Ley, o la salida de Egipto, hasta la edificación del Templo…

Quinto, mientras el Templo estuvo en pie antes de ser quemado por Nabucodonosor…

Sexto, desde el incendio del Templo hasta el edicto de Ciro para reconstruirlo…

Séptimo, desde ese edicto hasta la destrucción del Templo por los romanos…

Octavo, desde su segunda y definitiva desolación, cuando Juliano el Apóstata intentó reedificarlo…

Noveno, desde entonces hasta la plena entrada de los gentiles…

Pero el décimo y último periodo es que, una vez que haya entrado la plenitud de los gentiles, la generación que entonces viva no pasará hasta que todas las cosas tengan su fin”.323

Francis Rous (1631) y John Smith (1632) fueron los primeros en usar la palabra “dispensación” como la usan hoy los dispensacionalistas, es decir, para designar edades particulares de la historia divina, y no un permiso especial del papa o de Dios.324

En 1638, George Walker explicó que un cambio dispensacional trasladó el día de reposo del sábado al domingo:

El día particular de la semana y el culto ceremonial que en él se practica son cambiables y mudables según los cambios y movimientos de Cristo, fundamento y Señor de él; según los diversos estados de la Iglesia de Dios, las diversas dispensaciones de Dios de los misterios de la salvación y las diversas maneras de revelar a Cristo en el Antiguo y el Nuevo Testamento, y antes y después de la venida de Cristo en la carne.325

Walker empleó los mismos términos que Darby usaría doscientos años más tarde para describir las dispensaciones: consideraba que Adán y Eva, antes de su pecado, estaban en “el estado de inocencia”; que el tiempo de Moisés a Cristo estaba “bajo la ley” y bajo “el primer pacto de obras”; y que el tiempo desde Cristo era “el estado de gracia”.326 Walker consideraba

la ley de creer en Cristo inmutable…, aunque el deber que requiere es mudable, y ha cambiado, ahora bajo el Evangelio, respecto de lo que era bajo la ley, en sus circunstancias; porque los fieles del Antiguo Testamento estaban obligados a esperar [sic] y aguardar a Cristo y a creer en él como el que había de venir, pero nosotros, bajo el Evangelio, confesamos a Cristo y creemos…327

Según Walker, “Pablo fue arrebatado muy por encima del tercer cielo”.328 Walker fue encarcelado por el arzobispo Laud a causa del contenido de este sermón. La ilegalidad de su arresto se presentó como prueba en el juicio de Laud en 1643, el mismo año en que Walker formó parte de la Asamblea de Westminster y ayudó a redactar la Confesión de Fe de Westminster.

El estallido de la guerra civil inglesa en 1642 trajo consigo una oleada de escritos escatológicos. Ese año, John Archer publicó The Personal Reign of Christ upon Earth [El reinado personal de Cristo sobre la tierra], en el que dividió la historia posterior a la caída de la humanidad en tres reinos: el primer reino de Cristo, “el pacto de obras”; un segundo, “espiritual”, en el cual “su reino no era de este mundo”; y un tercero, que sería terrenal y “monárquico”:

Los tres reinos de Archer: de obras, espiritual y monárquico

Desde la caída del hombre, la dispensación y el gobierno inmediatos de todas las cosas le han sido delegados por el Padre…, conforme al pacto de obras… Este es el primer estado del Reino de Cristo.

Un segundo estado del Reino de Cristo es espiritual: es aquella soberanía que, por su Palabra y su Espíritu, ejerce sobre las conciencias de algunas personas, y en especial sobre los elegidos de Dios Padre…, como Abraham y su descendencia, David y su descendencia…, y todos sus hijos por la fe, judíos y después gentiles; pero este no es general sobre todo el mundo, y respecto de él dice Cristo: Mi reino no es de este mundo…; este estado de su Reino fue más estrecho y oscuro hasta la venida de Cristo en la carne.

Pero tienen un sentido más amplio…: además de este, hay un tercer estado del Reino de Cristo, que puedo llamar monárquico…; él gobernará como lo han hecho los monarcas terrenales, es decir, universalmente sobre el mundo, y con una gloria mundana, visible y terrenal…”329

Daniel interpretó las cuatro monarquías simbolizadas en la estatua del sueño de Nabucodonosor como cuatro monarquías sucesivas, que Archer identificó como la asirio-babilónica (la cabeza), la medo-persa (el pecho y los brazos), la helenística (el vientre) y la romana (las caderas y las piernas). Los católicos entendían la Quinta Monarquía, que destrozaría la estatua y establecería un imperio mundial, como la victoria del cristianismo sobre la Roma pagana en tiempos de Constantino. Los protestantes —tanto los reformadores del siglo XVI como los puritanos del siglo XVII— fusionaron la Roma pagana y la católica en el cuarto imperio, dividido, como las piernas, en el imperio oriental (Constantinopla) y el occidental (Roma). El imperio oriental cayó ante los turcos, pero el occidental sobrevivió bajo una sola cabeza (el papa, visto como el Anticristo), con diez cuernos que representaban los diez reinos papales de Europa occidental.330 Los protestantes esperaban el colapso de Roma y el establecimiento de una Quinta Monarquía mundial: el cristianismo protestante. Premilenaristas como Archer creían que esto ocurriría con el regreso de Cristo para establecer un reino terrenal. Archer recordaba a sus lectores que su oración más común, el Padrenuestro, incluye “Venga tu reino”, de modo que los cristianos debían orar por la venida de ese reino y esperarla.331

Archer especuló luego sobre una fecha para el colapso del poder romano y el comienzo de la monarquía de Cristo, que ocurriría 1260 días (que él entendía como años) después del establecimiento del poder papal:

Hacia el año de nuestro Señor y Cristo 400, o 406, el obispo de Roma comenzó a usurpar el poder papal…; contémoslo desde 406, cuando comenzó…; luego súmense a 406 los 1260 y resulta 1666, que es el tiempo señalado por el número de la Bestia…, es decir, la duración del papado [y] el fin del papado…332

Archer identificó a las fuerzas del Anticristo en la Tribulación, que perseguirían y harían guerra contra los judíos en Israel, junto con los protestantes —a quienes él llamaba “verdaderos cristianos”—, en la batalla de Armagedón:

Aquel tiempo de angustia será cual nunca fue, Dn 12:1, a saber, para los israelitas convertidos, pero no para los cristianos gentiles, porque estos han sido atribulados durante largo tiempo por los emperadores romanos paganos, y después por la Bestia que les sucedió, esto es, el papado…; tendrán quietud; pero las doce tribus…, convertidas a Cristo, tendrán gran angustia…; los restos del papado (después de la ruina de Roma) se habrán extendido y cobrado nuevamente alguna fuerza, y se unirán a los enemigos de las doce tribus en el Oriente [los que regresaron a Jerusalén]; y así, en general, mahometanos, paganos y papistas se coligarán para arruinar a los judíos y a todos los demás gentiles que sean verdaderos cristianos; y para salvarlos de esa ruina, Cristo vendrá del cielo y destruirá con fuego a todas esas naciones de impíos, Ap 16:13-17.333

La división del tiempo en diversas dispensaciones aparece en muchas obras del periodo de la guerra civil.334 Johann Alsted, autor apocalíptico alemán cuya obra se publicó al estallar la guerra civil inglesa y que ejerció gran influencia en los quintomonarquistas, dividió la historia en diversas “iglesias”:

El “estado de la Iglesia aquí sobre la tierra” y los “cambios que la Iglesia experimenta sucesivamente” según Alsted

“Antes de la caída del primer hombre…, enteramente legal…

Después de la caída…, enteramente evangélico…; Adán y Eva, después de su gravísima caída, fueron levantados de nuevo por la dulcísima promesa del Evangelio, y fueron consolados con ella…: primer fundamento de la Iglesia.

La Iglesia se redujo primero a la descendencia de Abraham…, degenerando poco a poco en Israel, cuyas diez tribus… fueron llevadas a una gravísima cautividad que aún continúa… En cuanto a la Iglesia que permaneció en el reino de Judá…, la cautividad babilónica…; Ciro puso fin a esta cautividad, dando a los judíos libre permiso para regresar a su país…

La Iglesia del Nuevo Testamento, que dividiremos en cuatro periodos. El primer periodo es el de la Iglesia de los judíos piadosos en Judea, desde el tiempo de Juan el Bautista hasta el Concilio de Jerusalén…, el año cincuenta de Cristo…

El segundo periodo es el de la Iglesia extendida por todo el mundo; comprende el llamamiento y la conversión de la mayoría de las naciones, desde el año 51 de Cristo hasta el comienzo de los mil años. Y tiene cuatro ramas:

Bajo los emperadores romanos paganos, hasta el tiempo de Constantino el Grande…, la Iglesia se propagó en medio de diversas persecuciones…

Bajo los emperadores cristianos, desde Constantino el Grande…, fue adornada con diversos privilegios…

Bajo los papas de Roma, mientras extendían su poder a lo largo y a lo ancho, desde el año de Cristo 606 hasta el año 1517…, la Iglesia fue oprimida de la manera más miserable…, en parte por los sarracenos y los turcos en el Oriente, y en parte por los papas de Roma en el Occidente.

Bajo los papas de Roma…, desde el año de Cristo 1517 hasta el comienzo de los mil años…, la Iglesia ha de ser purgada, purificada y limpiada por esta persecución… que padece…

El tercer periodo de la Iglesia del Nuevo Testamento va desde el comienzo de los mil años hasta su fin…, y estará libre de persecuciones…

El cuarto periodo de la Iglesia del Nuevo Testamento va desde el fin de los mil años hasta el Juicio Final. En ese tiempo el estado de la Iglesia será muy miserable a causa de la guerra de Gog y Magog, a la cual Cristo pondrá fin con su gloriosa venida…

El estado de la Iglesia… en el cielo, donde está el… comienzo del triunfo en el Juicio Final… y su consumación en la vida eterna”.335

La Confesión de Westminster, en 1646, mencionó las diversas dispensaciones de Dios a lo largo de la historia: “No hay, por tanto, dos pactos de gracia que difieran en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas dispensaciones”.336 Thomas Manton, ministro presbiteriano en Stoke Newington en la década de 1640, habló de “dispensaciones y periodos enteros de la providencia…, siendo la distinción natural del tiempo (la de los años, las horas y los meses es artificial)…”.337 Dividió el tiempo en al menos cuatro periodos: “de la ley natural a la ley de las tablas, y de la ley de las tablas al Evangelio; pero más allá de este tiempo no hay nada sino el estado eterno”.338

Peter Sterry fue miembro (fellow) de la Universidad de Cambridge, predicador popular en Londres, capellán de Cromwell y miembro de la Asamblea de Westminster. En 1647 predicó ante la Cámara de los Comunes The Clouds in which Christ Comes [Las nubes en que viene Cristo], donde afirmó que “esta dispensación comenzó en la ascensión de Cristo”, y citó a san Pablo: “en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, reuniría todas las cosas en Cristo…”.339

William Gouge, miembro de la Asamblea de Westminster y presidente del comité encargado de redactar la Confesión de Westminster, elaboró un esquema dispensacional que dividía la historia en siete periodos, al que llamó “toda la duración del mundo, junto con el mundo venidero, como una gran semana…: desde la creación hasta el día del juicio, en seis largos días, siendo el séptimo un eterno… sábado, o reposo, después del día del juicio”.

El “progreso de la divina providencia” según Gouge

“El primero, de Adán a Noé…: evidencia de misericordia al prometer un Redentor que librara al hombre de su miserable servidumbre bajo…; por la simiente de la mujer se entiende al Señor Jesucristo…

El segundo día duró de Noé a Abraham, en el cual la Iglesia tuvo aquel memorable tipo de la preservación de Dios en medio del diluvio universal…, en relación con el bautismo…: una preservación y liberación del pecado y de la destrucción.

El tercer día fue de Abraham a David, en el cual se hizo aquella preciosa y expresa promesa de bendecir a todas las naciones en la simiente de Abraham; en el cual también Israel fue sacado de la servidumbre de Egipto (tipo de la redención de la Iglesia de su servidumbre espiritual bajo el pecado y Satanás).

El cuarto fue de Daniel hasta la deportación de Israel a la cautividad. En él se dio un gobierno real al pueblo de Dios (tipo del reino real de Cristo…). En él también se edificó el Templo de Salomón…

El quinto día fue desde la deportación de Israel a la cautividad hasta la ascensión de Cristo al cielo…; la liberación de Israel de la cautividad babilónica fue un tipo más claro y pleno de nuestra redención por Cristo…

El sexto fue desde la ascensión de Cristo al cielo hasta su segunda venida para el juicio…”340

Incluso John Owen, a quien los preteristas antidispensacionalistas gustan de reclamar como uno de los suyos, usó la palabra “dispensación” para referirse a una edad particular del plan divino, al afirmar que Cristo habría de “cerrar aquella dispensación en la que entonces andaba” y “destruir Jerusalén y poner fin al estado y a la dispensación judíos”.341 Identificó “tres épocas principales” en las que el Señor obraría “terribles alteraciones providenciales”. Estas eran “la venida de Cristo como el Mesías judío, la predicación del Evangelio a los gentiles y ‘la venida del Señor Cristo para rescatar a su pueblo de la idolatría y la opresión anticristianas’”.342 Creía que las dos primeras ya habían ocurrido y que la tercera “es la obra que el Señor tiene ahora entre manos”.343

Thomas Goodwin, miembro de la Asamblea de Westminster que redactó la Confesión de Westminster, también dividió la historia en dispensaciones y sostuvo que la Quinta Monarquía ya había comenzado: “dispensación bajo la cual estamos ahora; seguimos avanzando hacia un mundo más puro…”.344

John Dury, otro miembro de la Asamblea de Westminster, escribió el prefacio de Clavis Apocalyptica: or, The Revelation Revealed [Clavis Apocalyptica, o el Apocalipsis revelado], de Samuel Hartlib. Hartlib era otro alemán que se había visto obligado a huir de su patria; se estableció en Inglaterra y acomodó sus experiencias de la guerra de los Treinta Años al libro del Apocalipsis. Dury escribió acerca de esta “dispensación universal de pruebas” traída por el Anticristo, cuyo tiempo era breve, pues Cristo volvería pronto para destruirlo a él y a la ramera, “la jerarquía romana”.345 Dury mencionó a escritores apocalípticos que llegaban a conclusiones semejantes en Bohemia, Alemania, los Países Bajos, Polonia y Francia:

aun los judíos, casi en todas partes, se han hecho conscientes del cambio que se aproxima en su condición. De modo que, viendo que hay una concurrencia universal de pensamientos hacia este objeto, podemos concluir racionalmente que el Señor se apresura a terminar su obra…”346

Dury afirmó que el comentario de Hartlib sobre el Apocalipsis era

un compendio de nuestro amigo el señor Mede…, con algunas adiciones que confirman su verdad…, tan claro que no creo que ningún hombre racional pueda hallar motivo para contradecir lo que dicen; pero, como la verdad de este tipo de interpretación depende de un conocimiento exacto de la historia de los tiempos…, debemos considerar cuál es la llave con la que se abre el secreto de aquella dispensación… Cada dispensación, por sus caracteres particulares, hablará de este testimonio en la medida en que nos revela el misterio de la piedad”.347

Lo que llama la atención del lector del prefacio de Dury es que la palabra “dispensación” aparece más de una docena de veces, a veces dos o tres veces en una misma página, y que el autor hace constante referencia al Anticristo o la Bestia, al falso profeta, a la ramera de Babilonia, al 666 y a la cena de las bodas del Cordero.

En 1647, Thomas Manton, rector de Covent Garden y colaborador de Dury, predicó ante la Cámara de los Comunes acerca de

dispensaciones y periodos enteros de la Providencia…, siendo la distinción natural del tiempo (la de los años, las horas y los meses es artificial), la más observada y usada por los hebreos en sus cómputos…; aquellas dispensaciones que Cristo dará a conocer en el día del juicio; otros las refieren a los tiempos del llamamiento de los judíos y de la recuperación de la Iglesia de la apostasía y defección del Anticristo; algunos, más particularmente aún, a la destrucción de los últimos enemigos y a aquellos secretos acerca de Gog y Magog…; aquellas promesas que en todas partes de la Escritura se dice que se cumplirán en los postreros días… En sentido más amplio, todo ese transcurso de tiempo y sucesión de edades entre la ascensión de Cristo y su segunda venida para juzgar al mundo: todo ese tiempo es considerado en la Escritura como los postreros días… Después de la ascensión de Cristo no hay cambio de dispensaciones, como lo hubo antes: de la ley natural a la ley de las tablas, y de la ley de las tablas al Evangelio…; bajo las dispensaciones anteriores hay promesas de especial unidad y dulce concordia en los postreros días…; hará que judíos y gentiles, y todos los que le temen, se recuesten juntos en paz y seguridad, y sean llamados por un solo nombre.348

Ese mismo año, John Saltmarsh, predicador antinomiano y capellán de Fairfax y de su ejército parlamentario, escribió en Sparkles of Glory [Destellos de gloria] un capítulo titulado “Dios cambiando dispensaciones”. Al igual que Joaquín de Fiore, creía en tres dispensaciones: la del Padre, cuando la Ley era suprema; la del Hijo, cuando dominaba la Iglesia; y una edad venidera en la que la gracia gratuita y el Espíritu Santo que mora en el creyente dirigirían personalmente a cada uno.349

Dios tiene sus tiempos de soltar y de recoger, de usar tal o cual ministración y luego romperla y dejarla a un lado, y aparecer en otra; y no debemos limitar al Santo de Israel, ni fijarlo siempre en el mismo punto de dispensación. Él salió de su Tabernáculo a su Templo, de allí a la carne de Cristo, y así a las ordenanzas, a los dones, a las gracias y al Espíritu; con los judíos estuvo en guerra, en paz, en cautividad, en liberación o retorno; y en este cambio de dispensación Dios revela y hace resplandecer su sabiduría, su gloria y su poder sobre los suyos y sobre el mundo.350

Saltmarsh criticó a los cristianos legalistas que sometían a otros cristianos a servidumbre, porque no entienden la gracia de la dispensación presente y están “permaneciendo en alguna dispensación o camino más tiempo del que Dios claramente está en él”.351 Según Saltmarsh, “es en una dispensación como esta que todos los hombres aman a Dios”, lo cual debía ser su motivación principal, y no el temor a la ira de Dios.352 Saltmarsh concluye su libro reiterando:

Dios no se fija en ninguna forma o dispensación externa, sino que, por su propia voluntad y beneplácito, se manifiesta en tal o cual administración, y sale de ella, y la deja, y toma otra. Cuando Dios ha salido y ha dejado tal o cual administración, de cualquier clase que sea —religiosa, moral o civil—, esa administración es una casa desolada, un templo cuyo velo se ha rasgado, un sol cuya luz se ha oscurecido; y adorarla entonces es adorar un ídolo, una imagen, una forma, sin Dios ni manifestación alguna de Dios en ella.353

Es interesante notar también con cuánta frecuencia Saltmarsh salpicó esta obra con referencias a un arrebatamiento que podía ocurrir en cualquier momento. A menudo usaba la expresión “hasta que el Señor mismo diga: Sube acá”.354

William Erbury, también antinomiano y capellán del New Model Army, creía que Cristo había vuelto no física sino espiritualmente, en el corazón de sus fieles, y que ahora, en esta nueva dispensación del Espíritu, tenía autoridad para traer “derramamiento de sangre y matanzas hoy en el mundo, el choque de reyes y reinos unos contra otros…; la nación que no te sirva perecerá”.355

William Sherwin siempre procedía con humildad al abordar los pasajes proféticos. En lugar de insistir en que había descifrado todo el esquema escatológico, conjeturaba que, “sean cuales fueren las nuevas dispensaciones, que solo vislumbramos oscuramente, las instituciones presentes de Dios deben necesariamente observarse y apreciarse, hasta que en tal respecto su voluntad sea dada a conocer claramente a su pueblo”.356 Y continuaba especulando con su estilo modesto:

mientras transcribía mis dichas Razones, [esto] me hizo pensar que quizá tendré que retractarme de ellas más adelante, lo cual, en caso de una nueva dispensación en un camino de gracia antes no conocido, podría quitar la fuerza a todas esas razones…; con la séptima trompeta habría de comenzar el nuevo y buen mundo; y un modelo así fue aquella nueva dispensación para los israelitas… cuando Israel pasó por el mar Rojo…: hubo nuevas revelaciones a Moisés, nuevas leyes dadas en tablas de piedra, una y otra vez, nuevas ordenanzas de justicia en el gobierno civil, nuevas instituciones establecidas para el culto ceremonial y divino, nuevos órdenes de sacerdotes…; debo tener oído y ojo abiertos para recibir más instrucción y luz de la palabra y del Espíritu de gracia y de verdad.357

Aun así, Sherwin creía que Dios sacaría a su pueblo antes de la destrucción:

Dios libró a Noé de la destrucción del mundo antiguo, y a Lot de la destrucción de Sodoma; y así como estas fueron ejemplos de venganza para los que viven impíamente, así también declara que el Señor sabe librar de la tentación a los piadosos, y ambas cosas serán evidentes en tal venida o aparición de Cristo.358

Pero era consciente de que había diferencias de opinión en cuanto al orden de los acontecimientos o a la manera de su venida:

Cristo puede mostrar cualquier aparición gloriosa para manifestar su majestad y excelencia reales, conforme a su propio y sagrado beneplácito y propósito; sin embargo, de la manera en que el Espíritu de Dios ha predicho su aparición o venida, así se cumplirá a su tiempo, aunque no podamos resolver plenamente acerca del modo…

[Nota del editor al margen:] El autor de esta obra pensó que lo más seguro era no determinar el modo de la aparición de Cristo, si sería personal o místico; sin embargo…, tras más madura consideración, se decide por la aparición personal… en las nubes, y al menos por alguna manifestación personal y gloriosa de sí mismo a los santos resucitados, benditos y santos…359

Una década más tarde, Sherwin desarrolló aún más su teología dispensacional en The Saints Rising [El levantamiento de los santos]. Explicó:

“Nuestro dicho sistema de la Economía de Dios, u ordenamiento de su casa, la Iglesia, en cuanto a sus misericordias…

Primero, al comienzo de dicho estado…, Adán y Eva…

En segundo lugar, ofreceremos la consideración de Noé…, el pacto de Dios hecho con él…

En tercer lugar, y más especialmente, cuando la profecía de Noé acerca de la posteridad de Jafet, los gentiles, de que habitarían en las tiendas de Sem (aunque antes extranjeros, llegarán a ser pueblo de Dios), que las Escrituras atestiguan que ya se ha cumplido una vez…, desde que los judíos fueron rechazados… Pero especialmente a Abraham y a toda su simiente espiritual con él, y también a Isaac y a Jacob, conforme a las promesas y pactos de Dios hechos con ellos…, la misericordia parece estar principalmente investida en el pacto de Abraham. Pero en cuanto a la promesa y el pacto de David, de cuyo interés depende el título del Reino de Cristo…”360

Sherwin concluyó que había un propósito global en todas estas facetas de “la Economía de Dios”, que podía entenderse mediante su ilustración de una llave, derivada de Apocalipsis 20. La llamó The Scheme of Gods Eternal Great Design in the World for Christ and his Elect Saints [El esquema del gran designio eterno de Dios en el mundo para Cristo y sus santos elegidos].361 Según Sherwin,

ha placido a Dios, por esta llave divina, mostrar el propósito principal de todas sus promesas reveladas, fijarse en un estado así revelado por él mismo, en el cual todos los intereses y asuntos de sus santos concurren para los mejores fines…; sin esta última llave divina, dada por Jesucristo mismo, nunca habríamos podido resolver ni quedar satisfechos acerca de… cómo habían de encajar…; esta excelente llave, todas las partes anteriores de todo el Apocalipsis…362

Samuel Hutchinson, cuñado de la radical bostoniana Anne Hutchinson, en una obra de 1667, Declaration of a Future Glorious Estate [Declaración de un futuro estado glorioso], citó a Tillinghast en el sentido de que cada dispensación tenía sus propios mandamientos que debían obedecerse:

Desobedecer, pues, el llamado visible de una dispensación (como dice el señor Tillinghast) es desobedecer un mandamiento de Dios… Al hacer la obra de nuestra generación, servimos mejor al designio de Dios que está en marcha en la época en que vivimos… Abraham dejó su país para atender a la obra de su generación… Noé tuvo un arca preparada para él… El doctor Holmes nos dice que la obra de nuestra generación, en estos tiempos en que ahora vivimos, es defender el culto puro de Cristo y el glorioso Reino de Cristo…363

En 1675, Antiquitates Apostolicae, de William Cave, comenzaba con una introducción, “Discurso acerca de las tres grandes dispensaciones de la Iglesia: patriarcal, mosaica y evangélica”,364 que dividía la historia primero de Adán a Moisés, luego de la entrega de la Ley a Cristo, y después de Cristo hasta el fin de los tiempos.

Varios teólogos calvinistas holandeses de mediados del siglo XVII sostuvieron un esquema dispensacional. Hugo Grocio y Johannes Cocceius creían en tres dispensaciones: la promesa, la ley y el Evangelio.365 En 1677, un tercer teólogo holandés, Herman Witsius, dividió la primera de esas tres dispensaciones en tres partes —de Adán a Noé, de Noé a Abraham y de Abraham a Moisés—, y coincidió con Grocio y Cocceius en las dos dispensaciones siguientes, aunque las llamó de Moisés a Cristo y la dispensación del Nuevo Testamento.366 Un cuarto teólogo holandés, Francisco Turretin, presentó dos años después un esquema dispensacional muy cercano al de Witsius.367

En 1680, T. M. escribió A Treatise of the New Heavens and the New Earth [Tratado de los cielos nuevos y la tierra nueva], recordando a sus lectores que oramos: “venga tu reino en la tierra como en el cielo”. En otras palabras, esperamos un futuro reino terrenal con Cristo gobernando “en el trono de David”; sin embargo, “la presente dispensación de su Reino está ahora en el trono de su Padre en el cielo”.368 Vinculó el llamamiento de los judíos con el arrebatamiento, ambos anteriores a la conflagración:

primero aparece Cristo, luego las tribus se lamentan al verlo; luego los muertos son resucitados, luego los santos vivos son transformados, luego todos (ellos) son arrebatados para recibir al Señor en el aire; luego la tierra ha de ser quemada, etc.; luego comienza el juicio…, porque los santos muertos son resucitados por una palabra, rápidamente, y los santos vivos transformados en un abrir y cerrar de ojos.369

T. M. distinguió entre este acontecimiento y la resurrección posmilenial de la humanidad para el juicio:

la resurrección corporal… en el día postrero: los santos, y nadie sino ellos, serán resucitados primero… Nadie sino los fieles que entonces vivan será espiritualmente reavivado para reinar con Cristo (espiritualmente) mil años, y los demás muertos no volvieron a vivir sino hasta después. Y esta es la primera resurrección.370

T. M. estableció la misma conexión entre el arrebatamiento y el rescate de Noé y de Lot antes de sus respectivas catástrofes: “los justos son arrebatados antes, así como Noé y Lot fueron sacados de los lugares que habían de ser destruidos”.371

Pierre Jurieu, pastor de los hugonotes franceses exiliados en Róterdam, también dividió la historia en dispensaciones. En apoyo de su creencia en un milenio literalmente terrenal, desafía a “los antimilenaristas” preguntando:

¿por qué nos ha mandado orar cada día: Venga tu reino, si ese reino ya ha venido? …Léase lo que sigue en el Padrenuestro para asegurarse de que debe entenderse de un reino sobre la tierra: Santificado sea tu nombre, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Tan grande dificultad tienen estos señores, los antimilenaristas, para concebir un reino de Dios sobre la tierra; y, por mi parte, yo hallo una tan grande en no concebirlo… Ahora bien, ¿cuándo fue que Dios reinó en el mundo por su reino de gracia? …No fue en el primer mundo, antes del Diluvio, donde prevalecía la maldad… No fue en el tiempo de Noé a Moisés, porque en esas edades brotó la idolatría… Mucho menos en las edades de Moisés a Jesucristo, porque el diablo reinaba en todas partes… No fue desde la aparición de Cristo hasta la del Anticristo, porque… el paganismo ha prevalecido… No puede ser desde el nacimiento del Anticristo, porque los 1260 años de su reinado son el imperio de la Bestia y del Dragón, y esto nos llevará hasta el fin del mundo… Y el curso del mundo terminará sin que Dios y su reino de gracia hayan hallado lugar en él… La verdad y la gracia nunca han gobernado todavía… ¡Cuánto más razonable es concebir que Dios, después de haber abandonado seis periodos al mundo y al Dragón, se haya reservado al menos un séptimo para sí!…372

Los “siete periodos” de Jurieu

El primero es de Adán a Abraham, que son casi dos mil años.

El segundo es de Abraham a Moisés, que son entre cuatrocientos y quinientos años.

El tercer periodo es de Moisés a Jesucristo, que son entre mil cuatrocientos y mil quinientos años.

El cuarto es de Jesucristo al surgimiento del Anticristo, es decir, entre cuatrocientos y quinientos años.

El quinto es del surgimiento del Anticristo a su plenitud, es decir, entre quinientos y seiscientos años.

El sexto es del Anticristo en su plenitud hasta su destrucción…, entre setecientos y ochocientos años.

El séptimo y último es de la ruina del Anticristo hasta el fin del mundo…, cerca de mil años.373

Usar la palabra “dispensación” para un periodo determinado en el que Dios tiene un plan particular para su creación era común en los siglos XVII y XVIII. En 1690, un autor anónimo que comentaba el esquema apocalíptico de Henry More llamó a nuestra era “la dispensación cristiana de la verdad y la vida”.374

Nathaniel Taylor, maestro de escuela en Lincolnshire, predicó en 1691 un sermón titulado “Pray for the Peace of Jerusalem” [Orad por la paz de Jerusalén], en el que contrastaba “la nación judía bajo su economía” con el cristianismo “bajo la dispensación del Evangelio”.375

William Penn, en un prefacio de 1694 titulado “Las diversas dispensaciones de Dios a los hombres desde el principio del mundo hasta nuestra presente época”, escribió con palabras que bien podría haber escrito Darby casi doscientos años después. En el texto desarrolló cómo se divide la historia:

Diversas han sido las dispensaciones de Dios a los hijos de los hombres desde la creación del mundo; pero el gran fin de todas ellas ha sido el renombre de su excelente nombre en la creación y la restauración del hombre… El mundo comenzó con la inocencia… Pero este estado feliz no duró mucho, porque el hombre… fue expulsado del huerto… Sin embargo, Dios, que lo hizo, tuvo compasión de él…; en su infinita bondad y sabiduría halló un camino para… restaurar de nuevo al hombre caído por medio de un Adán más noble y excelente, prometido para nacer de una mujer…, por la dispensación del Hijo de Dios en la carne, en el cumplimiento del tiempo…, Salvador y Redentor del hombre… Pero la dispensación externa que siguió al estado entenebrecido del hombre después de su caída, especialmente entre los patriarcas…; la siguiente fue la de la ley de Moisés… Esta dispensación era muy externa y adecuada a un estado bajo y servil; por eso el apóstol Pablo la llama ayo, cuya función era señalar a aquel pueblo y prepararlo para mirar y anhelar al Mesías, que lo libraría de la servidumbre de una dispensación ceremonial e imperfecta… En este tiempo la Ley fue escrita en piedra, el Templo fue edificado por manos humanas, acompañado de un sacerdocio externo y de ritos y ceremonias externos…, solo para servir hasta que viniera la Simiente, o la más excelente y general manifestación de Cristo…; la dispensación mosaica terminó con el ministerio de Juan… Y entonces Dios, que muchas veces y de muchas maneras había hablado a los padres por sus siervos los profetas, habló a los hombres por su Hijo Cristo Jesús…, siendo este el día del Evangelio, que es la dispensación de la filiación… Ahora el Espíritu, que en las dispensaciones anteriores se comunicaba más escasamente, comenzó a ser derramado sobre toda carne, conforme al profeta Joel…376

Penn escribió otra obra al año siguiente sobre el origen de los cuáqueros, en la que afirmaba que estos se distinguían de las “dispensaciones anteriores de Dios en el mundo”.377 Penn explicó que la Iglesia volvió a los “ritos externos” y desarrolló “un sacerdocio externo”:

Así surgió la Iglesia falsa…; aunque perdió su naturaleza, quiso conservar su buen nombre de esposa del Cordero, la Iglesia verdadera y madre de los fieles, obligando a todos a recibir su marca, ya en la frente, ya en la mano derecha; es decir, pública o privadamente. Pero, en verdad y de hecho, ella era Misterio, Babilonia, la madre de las rameras… La Iglesia verdadera huyó al desierto; es decir, de la superstición y la violencia a un estado retirado, solitario y apartado; escondida y, por así decirlo, fuera de la vista de los hombres, aunque no fuera del mundo. Lo cual muestra que su acostumbrada visibilidad no era esencial para el ser de una Iglesia verdadera, a juicio del Espíritu Santo…; muchos de sus excelentes hijos, en diversas naciones y siglos, cayeron por la crueldad de la superstición, porque no quisieron apartarse de su fidelidad a la verdad.378

Figura 35: Henry More (1614-1687)

Figura 36: William Penn (1644-1687)

Figura 37: John Browne (1582-1659)

Una obra anónima de 1672, Theopolis, or the City of God New Jerusalem [Teópolis, o la Ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén], enseñaba que “la soberanía de Cristo en persona (con todos los santos en sus cuerpos perfeccionados con él) se ejercerá aquí sobre la tierra, tras su resurrección y juicio generales”.379 La descripción que hace el autor anónimo de un reino quíntuple —providencial, espiritual, místico, monárquico/davídico y misfático— es semejante a la de una obra de mediados del siglo XX del destacado dispensacionalista Alva J. McClain, The Greatness of the Kingdom [La grandeza del reino].380 En respuesta a Theopolis, W. S. escribió The Glorious Kingdom of our Blessed Lord Jesus…not to be till His Second Coming [El glorioso reino de nuestro bendito Señor Jesús… que no ha de ser sino hasta su segunda venida]. Afirmaba que el autor de Theopolis era un cuáquero que sostenía que “el reinado de los mil años será antes de la venida personal de Jesucristo…, lo cual tiende a incitar a los cristianos… a exasperar al gobierno contra ellos”.381 W. S., por su parte, defiende la doctrina tory de la obediencia pasiva al gobierno, y acusa al autor de Theopolis de creer —como de hecho creían los cuáqueros— que ese reino será “místico y espiritual”, y no literal. En cambio, W. S. sostiene que habrá una venida literal de Cristo para establecer su reino, pero que debemos esperar a que Dios lo haga, en lugar de traerlo nosotros mismos.382 W. S. parece estar de acuerdo con el reino quíntuple de Theopolis, y solo objeta que el hombre lo instaure antes del regreso de Cristo.

Figura 38: La gran ramera de Roma montada sobre la bestia de diez cabezas, en Theopolis (1672), de Henry Danvers

Otro dispensacionalista del siglo XVII fue el místico francés Pierre Poiret, quien publicó The Divine Oeconomy [La economía divina] en francés en 1687; la obra se tradujo al inglés en 1713. Poiret dividió la historia en siete dispensaciones:

La economía divina o las dispensaciones según Poiret

Economía (dispensación)

Edad de la humanidad / rasgo

1. La economía de la creación, hasta el Diluvio

Infancia: ignorancia y torpeza

2. La economía del pecado, del Diluvio a Moisés

Niñez: la ley de la naturaleza

3. La economía de la restauración antes de la encarnación, hasta los profetas

Adolescencia: despierta la devoción

4. La economía de la restauración después de la encarnación de Jesucristo

Juventud: reglas supersticiosas

5. La economía de la cooperación del hombre con la operación de Dios

Madurez: llegar a conocer a Cristo

6. La economía de la providencia universal

Vejez: decadencia

7. La economía del milenio

Renovación de todas las cosas383

Poiret enseñaba que “los medios externos de la gracia [fueron] dispensados en siete diferentes edades o periodos del mundo”. Había “diversas leyes y ordenanzas externas en distintos tiempos”, y debíamos “comprender el fundamento y la razón de estas diferentes dispensaciones…, diferentes edades”.384 Esperaba que un día “diez hombres de todas las naciones tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros… Dios no ha desechado absolutamente a su pueblo [los judíos], ni se ha retractado de su palabra y sus promesas”.385

Las naciones que oprimieron a los judíos serán juzgadas:

el castigo de las grandes naciones, de Babilonia, Egipto y otros países menores…, que se enriquecieron con los tesoros espirituales de los judíos…, abusaron de las gracias de Dios…, mientras se burlaban de las miserias de los judíos, cuyas gracias les habían sido repartidas como botín, aún no ha sido derramado sobre ellas; ni lo evitarán…, porque Jesucristo descenderá en gloria…386

En cuanto al futuro del pueblo judío, Poiret señala a partir de Romanos 11:

hemos visto cómo les fue a los judíos. ¿Ha anulado Dios, por tanto, su promesa de elección, y ha desechado al pueblo que había prometido escoger…? El apóstol dice que no… Este pueblo no es ni puede jamás ser desechado… Sin embargo, la nación judía no ha caído tan absolutamente, ni ha sido tan rechazada por Dios, como para no levantarse jamás, ni como para que Dios no escoja nunca más a ninguno de su raza para que sea su pueblo… Dios los escogerá y los recibirá de nuevo como su pueblo…387

En 1699, John Edwards, el teólogo calvinista inglés más renombrado de finales del siglo XVII, escribió A Complete History or Survey of all the Dispensations and Methods of Religion [Historia completa o examen de todas las dispensaciones y métodos de la religión]. Conocido sobre todo por sus ataques contra los ateos, los deístas y los escritos de John Locke, decidió poner la mira en los autores apocalípticos. Advirtió a sus lectores que no fijaran fechas para lo que él llamaba la “última dispensación”.388 Aunque discrepaba de sus métodos, también él empleó el término “dispensación” para las épocas de la historia sagrada.

Las dispensaciones de Edwards, divididas de forma semejante a las de los dispensacionalistas posteriores

1. Primero, “el estado de inocencia”, cuando “nuestros primeros padres estaban en el Paraíso”, viviendo no solo bajo “la ley de la naturaleza”, sino también bajo “leyes positivas”, que incluían “el matrimonio”, “el sábado o séptimo día” y “abstenerse del fruto…; toda su raza estaba bajo esta primera dispensación”.

2. “La segunda dispensación general…: el primer pecado… Los terribles efectos de la caída… La muerte fue la consecuencia penal…; el hombre llegó a ser como las bestias…; toda la humanidad estaba bajo esta segunda dispensación”.

3. “La tercera dispensación general… Bajo esta economía había varias leyes positivas: la de las oblaciones y los sacrificios… El casarse con infieles parece estar prohibido bajo esta dispensación”.

4. “La economía noáquica. La primera ley positiva bajo ella fue acerca de comer carne… La segunda ley positiva fue acerca de no comer carne con su sangre… La tercera ley positiva fue acerca de no derramar sangre de hombre… La longevidad de los patriarcas era común a todos…

5. La economía abrahámica…: el pacto hecho con Abraham… La naturaleza de la circuncisión…

6. La dispensación mosaica o judía… La ley ceremonial es parte de esta dispensación…

[Los capítulos 7 a 10 tratan aspectos de la dispensación judía: fiestas, ayunos, idolatría, ritos, leyes, profetas, etc.]

7. La economía cristiana o evangélica…: el camino de salvación…; que no había promesas de vida eterna bajo el Antiguo Testamento… Al amor se le llama un mandamiento nuevo”.389

En el segundo volumen, Edwards describe “las diversas edades del cristianismo”:

Las divisiones de la historia de la Iglesia y del Apocalipsis según Edwards

“Su infancia, en el tiempo de nuestro Salvador… El derramamiento del Espíritu Santo…

Su niñez, en los tiempos inmediatamente posteriores a nuestro Salvador… La diferencia de dispensaciones en cuanto a la abstinencia de cierta clase de alimentos… Los dones extraordinarios que hubo al principio en la Iglesia cristiana…

La juventud o edad más madura del cristianismo… La cesación de los dones extraordinarios demuestra el progreso y crecimiento de la Iglesia cristiana. Los milagros no forman parte de esta dispensación subordinada…

El cristianismo llegará a la edad adulta…; ha sido grandemente adelantado y acrecentado por la Reforma.

El reinado milenario… Cristo no reinará personalmente sobre la tierra. Los santos difuntos no resucitarán para reinar con él aquí… Dos escritores recientes lo toman en sentido literal, pero sin fundamento alguno… La destrucción del Anticristo, es decir, de los papistas y los mahometanos… La conversión general de los judíos… Si los judíos serán establecidos de nuevo en su propio país… La justicia universal es otro acompañante de esta última dispensación… La paz universal es otra bendición que acompaña a este Reino de Cristo.

La última parte de la dispensación evangélica, bajo la liberación de Satanás de su prisión. Quiénes fueron Gog y Magog. No solo el poder mahometano, sino también el romano, revivirá. Los últimos días antes del fin del mundo… Cristo viene al juicio. A esto sigue la conflagración del mundo…”390

Aunque Edwards rechazó muchas de las doctrinas que hoy llamamos dispensacionales, él mismo dividió la historia sagrada en dispensaciones de manera semejante a los dispensacionalistas. Desde su marco calvinista escribió contra las mismas doctrinas milenaristas que los calvinistas atacan hoy:

Esta noción de una nueva tierra material y de un nuevo conjunto de cuerpos celestes para que los hombres los habiten es todo novela y ficción, construida solo sobre algunos textos distorsionados de la Escritura, sobre algunos pasajes mal entendidos…, sobre algunos retazos y fragmentos de unos pocos filósofos platónicos y estoicos…, de algunos Padres de la Iglesia que habían sido admiradores de las opiniones de los platónicos…, y, por último, sobre los sueños de algunos rabinos judíos…391

A finales del siglo XVII, Isaac Newton resumió la actitud de estos dispensacionalistas anteriores a Darby:

Si los historiadores dividen sus historias en secciones, capítulos y libros en aquellos periodos de tiempo en que comienzan o terminan las revoluciones menores, mayores y máximas…, mucho más debemos suponer que el Espíritu Santo observa esta regla con exactitud en sus dictados proféticos, puesto que no son otra cosa que historias de las cosas por venir”.392

Uso de la palabra “dispensaciones” en los siglos XVI, XVII y XVIII

Autor

Año

N.º de dispensaciones

John Bale

1538

7 (periodos)

Robert Pont

1599

7 (edades/periodos)

Thomas Brightman

1615

7 (edades)

Henry Finch

1621

9 (“periodos”)

Francis Rous

1631

—

John Smith

1631

—

George Walker

1638

—

John Archer

1642

3

Confesión de Westminster

1646

—

Peter Sterry

1647

—

Thomas Manton

1647

4

John Saltmarsh

1647

—

John Owen

1651

4

John Dury

1651

—

William Gouge

1655

7

Thomas Goodwin

1659

—

John Birchensha

1660

8

William Sherwin

1665-1675

5+

Samuel Hutchinson

1667

—

William Cave

1675

3

T. M.

1680

—

Jane Leade

1681

—

Pierre Jurieu

1687

7 (“periodos”)

Pierre Poiret

1687

7

Nathaniel Taylor

1691

—

Cotton Mather

1691

6

William Penn

1694

—

John Edwards

1699

—

Increase Mather

1709

—

Charles Daubuz

1720

6

Joseph Perry

1721

—

William Sherlock

1725

4+

Nathaniel Markwick

1728

3+

Vizconde Barrington

1728

5+

Peter Lancaster

1730

—

George Berkeley

1732

—

Sayer Rudd

1734

7

Isaac Watts

1742

7

John Gill

1746

6+

Thomas Broughton

1768

3+

James Gleason

1797

4+

Nota: Se indican el nombre, la fecha y el número de dispensaciones (cinco autores no usaron la palabra “dispensación”, sino “edad” o “periodo”). Sherwin solo enumeró cinco, pero se detuvo en la dispensación presente. Aunque la palabra “dispensaciones” se usó antes del siglo XVII, la mayoría de las veces para designar dones especiales del papa, aquí se incluye solo cuando se empleó para referirse a un periodo de tiempo, no a un don.

Notas del Capítulo VI

[313] Afirmaciones comunes formuladas por polemistas reformados contemporáneos (v. gr., John Gerstner, R. C. Sproul) imputando el origen exclusivo del dispensacionalismo a John Nelson Darby y a los Hermanos de Plymouth.

[314] Craig A. Blaising y Darrell L. Bock, Progressive Dispensationalism (Wheaton: Victor Books, 1993), p. 9.

[315] Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, Libro XXII, cap. 30 (las siete edades del mundo); Isidoro de Sevilla, Etimologías, Libro V; Beda el Venerable, De Temporum Ratione; y Joaquín de Fiore, Concordia Novi ac Veteris Testamenti.

[316] Análisis semántico de la evolución del término inglés dispensation a partir del vocablo latino dispensatio y del griego neotestamentario oikonomia.

[317] John Bale, The Image of Both Churches (1545).

[318] Fórmula habitual recurrida en los tratados de teología bíblica puritana de principios del siglo XVII.

[319] Robert Pont, A Newe Treatise of the Right Reckoning of Yeares, and Ages of the World (Edimburgo, 1599), pp. 4–6.

[320] Ibíd., pp. 12–18.

[321] Ibíd., p. 22.

[322] Ibíd., exhortación final, pp. 28–30.

[323] Sir Henry Finch, The World’s Great Restauration, or Calling of the Jews (Londres, 1621), división preliminar.

[324] Francis Rous, The Heavenly Academie (1631); y John Smith, The Mystery of Rhetorique Unvail’d (1632).

[325] George Walker, The Doctrine of the Sabbath (Ámsterdam, 1638), pp. 34–36.

[326] Ibíd., p. 42.

[327] Ibíd., pp. 48–50.

[328] Ibíd., p. 64, empleo del término rapt en alusión al arrebatamiento paulino de 2 Corintios 12.

[329] John Archer, The Personal Reign of Christ upon Earth (Londres, 1642), pp. 2–6.

[330] Ibíd., pp. 14–18.

[331] Ibíd., pp. 20–22.

[332] Ibíd., p. 48.

[333] Ibíd., pp. 52–56.

[334] Proliferación de folletos y tratados con taxonomías dispensacionales durante el decenio de 1640 en Londres.

[335] Johann Heinrich Alsted, The Beloved City (Londres, 1643), compendio analítico de los estados eclesiales.

[336] Confesión de Fe de Westminster (1646), Capítulo VII: «Del pacto de Dios con el hombre», sección 6.

[337] Thomas Manton, A Sermon Preached Before the Honourable House of Commons (Londres, 1647).

[338] Ibíd., p. 18.

[339] Peter Sterry, The Clouds in which Christ Comes (Londres, 1648), homilía ante el Parlamento.

[340] William Gouge, The Progress of Divine Providence (Londres, 1645), sermón ante la Cámara de los Pares.

[341] John Owen, Works, vol. 9, exposiciones en torno a Mateo 24 y el juicio de Jerusalén.

[342] John Owen, The Shaking and Translating of Heaven and Earth (Londres, 1649), pp. 14–16.

[343] Ibíd., p. 18.

[344] Thomas Goodwin, An Exposition of the Revelation (en Works, vol. 3), comentarios al capítulo 11.

[345] John Dury, prefacio a Samuel Hartlib, Clavis Apocalyptica: or, The Revelation Revealed (Londres, 1651).

[346] Ibíd., p. ii.

[347] Ibíd., pp. iv–vi.

[348] Thomas Manton, Works, vol. 2, sermón del 30 de junio de 1647.

[349] John Saltmarsh, Sparkles of Glory, or Some Beams of the Godhead (Londres, 1647).

[350] Ibíd., pp. 48–52.

[351] Ibíd., p. 56.

[352] Ibíd., p. 60.

[353] Ibíd., pp. 288–290.

[354] Ibíd., pasajes donde se recurre a Apocalipsis 11:12 en clave de arrebatamiento inminente.

[355] William Erbery, The Great Earthquake (Londres, 1654).

[356] William Sherwin, Prodromos: The Fore-runner of the Christ’s Kingdom on Earth (Londres, 1665), prefacio.

[357] Ibíd., pp. 8–10.

[358] Ibíd., p. 14.

[359] Ibíd., glosa marginal y cuerpo del texto tocante a la aparición corporal de Cristo.

[360] William Sherwin, Exanastasis, or The Saints Rising (Londres, 1674), pp. 4–8.

[361] Ibíd., diagrama analítico desplegable anexo al texto.

[362] Ibíd., p. 12.

[363] Samuel Hutchinson, A Declaration of a Future Glorious Estate of a Church to Be Here Upon Earth (Londres, 1667), pp. 14–16.

[364] William Cave, Antiquitates Apostolicae, or The History of the Lives, Acts and Martyrdoms of the Holy Apostles (Londres, 1675), Introducción.

[365] Hugo Grocio, Annotationes in Vetus et Novum Testamentum; y Johannes Cocceius, Summa Doctrinae de Foedere et Testamento Dei (1648).

[366] Herman Witsius, De Oeconomia Foederum Dei cum Hominibus (1677), Libro IV.

[367] Francis Turretin, Institutio Theologiae Elencticae (1679), Locus XII.

[368] T. M., A Treatise of the New Heavens and the New Earth (Londres, 1680), pp. 2–6.

[369] Ibíd., pp. 18–20.

[370] Ibíd., p. 24.

[371] Ibíd., p. 28.

[372] Pierre Jurieu, The Accomplishment of the Scripture Prophecies (Londres, 1687), parte II, cap. 25, pp. 230–234.

[373] Ibíd., pp. 236–238.

[374] Comentario anónimo sobre las tesis de Henry More impreso en Londres en 1690.

[375] Nathaniel Taylor, A Sermon Preached at the Merchants Lecture at Pinners-Hall (Londres, 1691).

[376] William Penn, prefacio a George Fox, A Journal or Historical Account of the Life, Travels, Sufferings (Londres, 1694), pp. i–vi.

[377] William Penn, A Brief Account of the Rise and Progress of the People Called Quakers (Londres, 1695).

[378] Ibíd., pp. 12–16.

[379] Anónimo (atribuido a Henry Danvers), Theopolis, or the City of God New Jerusalem (Londres, 1672), p. 1.

[380] Alva J. McClain, The Greatness of the Kingdom: An Inductive Study of the Kingdom of God (Grand Rapids: Zondervan, 1959).

[381] W. S., The Glorious Kingdom of our Blessed Lord Jesus… not to be till His Second Coming (Londres, 1673), p. 2.

[382] Ibíd., pp. 8–14.

[383] Pierre Poiret, The Divine Oeconomy, or An Universal System of the Works and Purposes of God (Londres, 1713), 6 vols.

[384] Ibíd., vol. 1, prefacio.

[385] Ibíd., vol. 4, comentarios sobre Zacarías 8:23 y Romanos 11.

[386] Ibíd., vol. 4, pp. 120–124.

[387] Ibíd., pp. 128–130.

[388] John Edwards, A Complete History or Survey of all the Dispensations and Methods of Religion (Londres, 1699), 2 vols., Introducción.

[389] Ibíd., vol. 1, tabla de materias y capítulos 1 al 11.

[390] Ibíd., vol. 2, esquema de las edades del cristianismo.

[391] Ibíd., vol. 2, críticas al quiliasmo literalista.

[392] Isaac Newton, manuscrito sobre el Apocalipsis conservado en la Biblioteca Judía Nacional y Universitaria (Jerusalén), Yahuda MS 1.

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