Qué Esperar de la Consejería Bíblica
Qué Esperar de la Consejería Bíblica
POR JACOB WATSON
Muchas personas llegan a la consejería bíblica con expectativas que se ajustan a su propio entendimiento o a experiencias pasadas con la consejería. Dependiendo de su conocimiento o experiencia, quizá tengan en mente un episodio de Monk, donde Adrian Monk visitaba regularmente a su terapeuta tres veces por semana, o tal vez a ellos mismos los hayan referido a un psiquiatra para una “evaluación” única en la que de inmediato les recetaron medicamentos sin pasar por ningún examen físico. Existe toda clase de métodos entre estos dos ejemplos, pero mi punto es que muchas personas tienen una idea preconcebida de lo que es la consejería y, por lo tanto, fijan sus expectativas o metas para la consejería con base en esas ideas.
Mi propósito en este artículo es preparar a un posible aconsejado para que tenga expectativas correctas en la consejería bíblica. Quiero presentarte “Las tres A” de la consejería bíblica, tal como me las enseñó un amigo y colega consejero bíblico. He ampliado un poco las tres A para incluir un nivel de expectativa tanto dentro como fuera de la sala de consejería. Las tres A son: asistencia, actividad y asesoría.
Antes de entrar en estas tres A, quiero dejar claro que no ganamos nuestra salvación con base en un sistema de méritos. La salvación es un regalo gratuito de la gracia de Dios. La consejería bíblica no debe verse como un sistema meritorio. No es una lista de cosas por hacer para obtener la bendición de Dios, sino una gracia de santificación por medio de un discipulado intensivo.
Los aconsejados que no están comprometidos (o que posiblemente no son salvos) encontrarán que el cambio es difícil (o imposible). Por eso, los aconsejados deben considerar su motivación y sus metas para la consejería. Es difícil ser vulnerable con otra persona, confesar faltas o debilidades, e incluso confesar el pecado. Sin embargo, la Escritura abunda en bendiciones para quienes cruzan esta línea dolorosa. Somos llamados a salir del aislamiento como individuos pecadores y a entrar en el cuerpo comunitario de Cristo (Efesios 5:8). Aquí, en la comunión del cuerpo de Cristo, mejores son dos que uno (Eclesiastés 4:9–12), las debilidades glorifican el poder de Dios (2 Corintios 12:5–10) y los pecados confesados son perdonados (1 Juan 1:9). Cristo nos llama a calcular el costo de seguirle (Lucas 14:28–33), y esto se aplica también a la relación que se forja en la consejería de discipulado. Tu consejero necesitará libertad para ejercer “Las tres A” de una manera que no sea una carga, para que cada sesión sea fructífera y te edifique en fidelidad, ayudándote a conformarte a Cristo.
La meta de tu consejero en una sesión de consejería bíblica es acercar a Cristo a lo que sea que esté dividiendo tu corazón, para que la santificación se lleve a cabo. Estas tres A son simplemente una herramienta que resume cómo un consejero buscará que estés equipado para esa meta. La práctica de la consejería bíblica tiene el propósito de que el discipulado se dé en un entorno donde tanto el consejero como el aconsejado estén comprometidos a honrar a Cristo con sus vidas. Por lo tanto, un compromiso humilde con el cambio es necesario para que el aconsejado combata la doblez de ánimo y la inconstancia (Santiago 1:8) y se acerque a Dios, quien promete acercarse a él (Santiago 4:8).
Asistencia
La asistencia fuera de la sala de consejería no debe ser menos que congregarse semanalmente en una iglesia local que predique el evangelio (Hebreos 10:24–25). Es en esta reunión donde la mayor parte de la conformidad a Cristo se irá obrando en el corazón del pueblo de Dios. Mediante la predicación fiel de sermones semanales y la interacción con otros que escuchan esos sermones, el aconsejado tiene la oportunidad de que su corazón, su voluntad y sus afectos sean reorientados constantemente hacia su necesidad de Cristo. El descuido voluntario en esta área es desobediencia a lo que Dios nos ha llamado a hacer y es contrario a las prioridades que esperará cualquier buen consejero bíblico.
La consejería bíblica tiene el propósito de acompañar a la iglesia local que predica el evangelio, ofreciendo sesiones de consejería centradas en el evangelio. La asistencia dentro de la sala de consejería es la expectativa razonable de todo aconsejado que reconoce que necesita ayuda en su andar cristiano. Esperar que un consejero, especialmente un consejero laico, haga tiempo para reunirse debe corresponderse con un deseo igual de presentarse a las sesiones de consejería con la sincera expectativa de crecer con humildad.
Actividad
La actividad fuera de la sala de consejería no debe ser menos que un compromiso con el estudio bíblico y la oración regulares. Este compromiso es el fundamento esencial de la vida cristiana. El cristiano entiende que la Palabra de Dios es la revelación de Dios que contiene Su ley, testimonio, preceptos, mandamientos, temor limpio y juicios justos, los cuales amonestan y recompensan a Sus siervos (Salmo 19:7–11). Descuidar un regalo tan maravilloso de Dios es rechazar una gracia muy necesaria. El aconsejado que descuida la Palabra de Dios siempre fallará en ponerla en práctica.
La actividad dentro de la sala de consejería debe verse como un compromiso con tareas basadas en la meditación de la Escritura. La meditación cristiana es la práctica de llenarnos de la Palabra de Dios para la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:1–2). Esta práctica debe ser un hábito regular fuera de la sala de consejería, pero las tareas asignadas en una sesión de consejería bíblica pueden parecer desafiantes al principio para el aconsejado que aún no la ha practicado. La razón por la que la Escritura nos llama a meditar es que la Palabra de Dios nos da vitalidad para dar fruto en cada temporada (Salmo 1). La Escritura es quirúrgica al tratar con nuestro corazón (Hebreos 4:12–13), para que podamos tener discernimiento y ser preservados de las soberbias (Salmo 19:11–14).
Asesoría
La asesoría fuera de la sala de consejería comienza con un compromiso con la Escritura misma como la Palabra de Dios clara, autoritativa, inerrante y suficiente. Las directrices basadas en la Escritura son las enseñanzas, advertencias, exhortaciones e imperativos claros de la Escritura misma, como los diez mandamientos (Éxodo 20:1–21) y el resumen que Jesús hizo de los mandamientos (Mateo 22:37–40; Marcos 12:29–31; Lucas 10:27–28). Estos mandamientos son el fundamento de muchas otras directrices claras de la Escritura. El compromiso con un cambio semejante a Cristo se ve como un compromiso con las propias convicciones de Cristo acerca de la Escritura como la Palabra de Dios.
Aunque la Escritura es la Palabra de Dios clara, autoritativa, inerrante y suficiente, no contiene cada detalle de cada decisión que se deba tomar. La asesoría dentro de la sala de consejería será el resultado práctico de una buena consejería bíblica cuando esta toma como fundamento las directrices basadas en la Escritura. Es la aplicación específica, concreta y práctica de las directrices bíblicas. El énfasis de la Escritura es nuestra necesidad de una relación con Dios y cómo Cristo reconcilia esa relación a nuestro favor para traernos de vuelta a Él en una paz duradera. La Escritura no agota cada prueba y circunstancia que podamos experimentar, pero sí provee todo recurso que necesitamos para vivir una vida piadosa, aun si sufrimos. La conformidad a Cristo y el cambio son bendiciones que fluyen de la sabiduría de Dios en Cristo, aplicada por Su Espíritu que mora en el creyente que se entrega a Él. El Espíritu obra en cada creyente para que entienda y aplique la sabiduría de Dios a su vida personal. La consejería bíblica es una expresión de esa gracia en una relación de discipulado, y los consejeros buscan aplicar con sabiduría principios bíblicos que beneficien a los aconsejados. La Escritura nos dice que el hierro con hierro se aguza (Proverbios 27:17) y que estamos llenos del Espíritu Santo, con el conocimiento para amonestarnos unos a otros (Romanos 15:14).
Conclusión
Un compromiso humilde con el cambio es lo único que se puede esperar que el aconsejado abrace para asegurar una temporada de consejería bíblica fructífera y de crecimiento. Con dependencia en la oración y confianza en la obra de Cristo, Dios puede usar estas tres A para bendecir tanto al aconsejado como al consejero.
Fuente: https://biblicalcounseling.com/resource-library/articles/what-to-expect-from-biblical-counseling/
