Enseñanza Antigua De Un Arrebatamiento Antes De La Gran Tribulación
Enseñanza Antigua De Un Arrebatamiento Antes De La Gran Tribulación
POR JAMES C. MORRIS
Se ha afirmado ampliamente que la doctrina de un arrebatamiento antes de la tribulación no puede ser correcta, porque nunca se había enseñado antes del siglo XIX. Y quienes así piensan sostienen que cualquier cosa que la iglesia no haya enseñado en sus primeros dieciocho siglos no puede ser correcta.
Esto es falso en dos frentes. En primer lugar, leemos: “Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque Tus testimonios son mi meditación” (Salmo 119:99). En realidad, esto debería ser cierto de cada generación, pues cuando hemos aprendido todo lo que nuestros maestros pueden enseñarnos, nuestros estudios no han terminado. Más bien, nuestros verdaderos estudios apenas están listos para comenzar. Porque partimos del conocimiento que se nos ha puesto delante y edificamos a partir de ahí, meditando en los testimonios de Dios. Así que quién enseñó primero determinada doctrina, o cuánto tiempo se ha enseñado, es irrelevante. Lo único que cuenta es si las Escrituras realmente la enseñan o no.
Pero esta afirmación tiene otro error: sencillamente no es correcta. En la página 178 de su libro “Dispensationalism before Darby” [El dispensacionalismo antes de Darby], William C. Watson enumeró cerca de dos docenas de escritores que, en los siglos XVII y XVIII, enseñaron un arrebatamiento considerablemente anterior al regreso del Señor para juzgar al mundo por su maldad. Pero todos ellos llegaron tarde. Porque la doctrina de un arrebatamiento antes de la gran tribulación se enseñó —y a veces con mucha claridad— en tiempos antiguos, como veremos en este capítulo.
Para entender realmente las siguientes citas de estos escritores antiguos, y por qué en verdad enseñaban un arrebatamiento antes de la gran tribulación —aunque sus escritos incluían comentarios acerca de que “la iglesia” sufriría persecución bajo el Anticristo—, necesitamos tener presente un detalle.
Si examinamos con cuidado todos sus escritos, vemos que siempre asignan al tiempo del Anticristo tres años y medio, al que llaman la “gran tribulación”, como se verá más adelante. Este autor no ha encontrado ni una sola excepción a esta regla. Estos mismos escritores antiguos enseñaron claramente que la septuagésima semana de Daniel aún está por cumplirse en el futuro. Pero solo veían la gran tribulación como la segunda mitad de esa semana. Así que, como se hará evidente más adelante, solo enseñaban que la tribulación duraría tres años y medio, o media semana, en lugar de siete años, como comúnmente se enseña hoy. Por lo tanto, desde su punto de vista, su postura era verdaderamente pretribulacional, porque enseñaban un arrebatamiento antes de la “gran tribulación”. Pero lo que enseñaban era, en realidad, lo que hoy se llamaría un arrebatamiento a mitad de la tribulación.
Ireneo
El comentario cristiano más antiguo sobre la profecía bíblica, de cierta extensión, que ha sobrevivido hasta nuestros días son los últimos doce capítulos de “Contra las herejías”, de Ireneo. (Hubo comentarios de este tipo más antiguos, pero todos eran solo breves observaciones dentro de discusiones sobre otros temas, o se han perdido). Se cree que esta obra fue publicada entre los años 186 y 188 d. C., y dice:
“Sin embargo, a aquellas naciones que no alzaron por sí mismas los ojos al cielo, ni dieron gracias a su Hacedor, ni quisieron contemplar la luz de la verdad, sino que fueron como ratones ciegos escondidos en las profundidades de la ignorancia, la palabra con justicia las considera ‘como agua que escurre de un cubo, y como el contrapeso de una balanza; en suma, como nada’; útiles y provechosas para los justos solo en la medida en que la paja contribuye al crecimiento del trigo, y su rastrojo, mediante la combustión, sirve para trabajar el oro. Y por eso, cuando al final la Iglesia sea repentinamente arrebatada de aquí, se dice: ‘Habrá una tribulación tal como no ha acontecido desde el principio, ni acontecerá jamás’. Porque esta es la última contienda de los justos, en la cual, cuando venzan, serán coronados con la incorrupción”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 29, párrafo 1).
Aquí encontramos una enseñanza clara de un arrebatamiento pretribulacional. Pero Ireneo también escribió:i
“Porque todas estas y otras palabras fueron dichas, sin lugar a dudas, en referencia a la resurrección de los justos, que tiene lugar después de la venida del Anticristo y de la destrucción de todas las naciones bajo su dominio”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 35, párrafo 1).
Aquí vemos a este mismo escritor antiguo decir de manera igualmente explícita que “la resurrección de los justos” “tiene lugar después de la venida del Anticristo”. A primera vista, esto parecería contradecir rotundamente su otra declaración. Pero no es así. En primer lugar, debemos notar que Ireneo no dijo que “la resurrección de los justos” tiene lugar después del reinado del Anticristo. Solo dijo que “tiene lugar después de la venida del Anticristo y de la destrucción de todas las naciones bajo su dominio”. Para ver la importancia de esto, debemos considerar otra declaración de este mismo documento antiguo:
“Pero cuando este Anticristo haya devastado todas las cosas en este mundo, reinará durante tres años y seis meses, y se sentará en el templo de Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y a los que lo siguen al lago de fuego, pero trayendo para los justos los tiempos del reino”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 30, párrafo 4).
Aquí encontramos, en primer lugar, una declaración precisa de que el Anticristo reinaría durante tres años y seis meses, pero también una declaración precisa de que esos tres años y seis meses serían después de que “este Anticristo haya devastado todas las cosas en este mundo”. Así vemos que, al situar “la resurrección de los justos” “después de la venida del Anticristo y de la destrucción de todas las naciones bajo su dominio”, Ireneo no estaba diciendo que el arrebatamiento sería después del reinado de tres años y medio del Anticristo. Más bien, situaba el arrebatamiento al comienzo de ese reinado de tres años y medio. Es decir, estaba diciendo que el tiempo de “una tribulación tal como no ha acontecido desde el principio, ni acontecerá jamás” era el reinado de tres años y medio del Anticristo.
Ireneo colocó muy claramente a la iglesia en al menos la primera parte del tiempo del Anticristo, como podemos ver en lo siguiente:
“‘Los diez cuernos que viste son diez reyes que todavía no han recibido reino, pero que por una hora reciben autoridad como reyes con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y autoridad a la bestia. Ellos pelearán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes’. Es manifiesto, pues, que de estos [potentados], el que ha de venir matará a tres y someterá al resto a su poder, y que él mismo será el octavo entre ellos. Y ellos asolarán a Babilonia, la quemarán con fuego, darán su reino a la bestia y pondrán en fuga a la Iglesia. Después de eso serán destruidos por la venida de nuestro Señor”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 26, párrafo 1).
Este es el único lugar en que Ireneo usó la palabra “iglesia” respecto a estos acontecimientos, aparte del pasaje donde dijo explícitamente: “cuando al final la Iglesia sea repentinamente arrebatada”, antes de “una tribulación tal como no ha acontecido desde el principio, ni acontecerá jamás”. Pero aquí usó la palabra “nosotros”, que ciertamente parece tener el mismo sentido:
“Pero él indica ahora el número del nombre, para que nosotros, cuando este hombre venga, lo evitemos, sabiendo quién es; el nombre, sin embargo, se calla, porque no es digno de ser proclamado por el Espíritu Santo”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 26, párrafo 1).
Estas dos últimas declaraciones dejan muy claro que Ireneo situaba el arrebatamiento por lo menos después de “la venida del Anticristo”. Ya hemos notado que, en sus declaraciones sobre acontecimientos anteriores al reinado de tres años y medio del Anticristo, usó las palabras “la iglesia” y “nosotros”. Pero en sus declaraciones sobre las persecuciones durante el reinado de tres años y medio del Anticristo, cambió esta terminología. Recordemos que, en su declaración sobre la Iglesia “repentinamente arrebatada”, llamó a la tribulación “la última contienda de los justos, en la cual, cuando venzan, serán coronados con la incorrupción”. Volvió a usar el término “los justos” cuando habló de los fieles de aquel tiempo en esta declaración:
“Porque aquella imagen que levantó Nabucodonosor tenía, en efecto, una altura de sesenta codos y una anchura de seis codos; por lo cual Ananías, Azarías y Misael, al no adorarla, fueron arrojados a un horno de fuego, señalando proféticamente, por lo que les sucedió, la ira contra los justos que se levantará hacia el [tiempo del] fin. Porque aquella imagen, tomada en su conjunto, era una prefiguración de la venida de este hombre, que decretará que solo él, sin duda alguna, sea adorado por todos los hombres”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 29, párrafo 2).
Recordemos que Ireneo usó este mismo término al hablar del comienzo del reino, diciendo: “trayendo para los justos los tiempos del reino”. También usó un segundo término para estos fieles durante ese tiempo, llamándolos “santos” en las siguientes declaraciones:
“También Daniel, mirando hacia el fin del último reino, es decir, los diez últimos reyes entre quienes se repartirá el reino de aquellos hombres, y sobre quienes vendrá el hijo de perdición, declara que de la bestia brotarán diez cuernos, y que otro cuerno pequeño surgirá en medio de ellos, y que tres de los primeros serán arrancados delante de él. Dice: ‘Y he aquí, este cuerno tenía ojos como los ojos de un hombre, y una boca que hablaba con mucha arrogancia, y su apariencia era mayor que la de sus compañeros. Mientras yo miraba, este cuerno hacía guerra contra los santos y prevalecía sobre ellos, hasta que vino el Anciano de Días y se hizo justicia a favor de los santos del Altísimo, y llegó el tiempo cuando los santos tomaron posesión del reino’. Luego, más adelante, en la interpretación de la visión, se le dijo: ‘La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, que superará a todos los otros reinos, y devorará toda la tierra, la pisoteará y la desmenuzará. Y sus diez cuernos son diez reyes que se levantarán; y después de ellos se levantará otro, que superará en malas obras a todos los que fueron antes de él, y subyugará a tres reyes; y proferirá palabras contra el Altísimo, y afligirá a los santos del Altísimo, e intentará cambiar los tiempos y la ley; y [todo] será entregado en su mano hasta un tiempo, tiempos y medio tiempo’, es decir, por tres años y seis meses, durante los cuales, cuando venga, reinará sobre la tierra”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 25, párrafo 3).
“Y entonces señala el tiempo que durará su tiranía, durante el cual los santos serán puestos en fuga, aquellos que ofrecen a Dios un sacrificio puro: ‘Y a la mitad de la semana’, dice, ‘serán quitados el sacrificio y la libación, y la abominación de la desolación [será llevada] al templo; y hasta la consumación del tiempo la desolación será completa’. Ahora bien, tres años y seis meses constituyen la media semana”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 25, párrafo 4).
Debemos notar que ambas declaraciones tratan del reinado de tres años y medio del Anticristo y, por lo tanto, hablan de un tiempo posterior al momento en que Ireneo situaba la “resurrección de los justos”. Y en estas declaraciones cambió las palabras “la iglesia” o “nosotros” por “los justos” o “los santos”.
¿Por qué son significativas las palabras exactas que usó Ireneo? Porque una doctrina de un arrebatamiento pretribulacional requiere palabras como “la iglesia” o “nosotros” en las declaraciones sobre los piadosos durante los acontecimientos que llegan hasta el momento en que “la Iglesia sea repentinamente arrebatada”, inclusive. Pero al hablar de los tiempos posteriores, es decir, después del arrebatamiento, los términos apropiados (y bíblicos) para las personas piadosas son “los justos” o “santos”. Además, la doctrina requiere un término diferente para quienes resucitan en el momento del arrebatamiento, porque esa resurrección incluye a los creyentes del Antiguo Testamento, que por tanto no eran miembros de la iglesia. Y esto es exactamente lo que hizo Ireneo, al llamar a esa resurrección por su nombre bíblico: “la resurrección de los justos”.
Ahora bien, algunos querrán descartar cualquier afirmación de que Ireneo usaba intencionalmente una terminología bien escogida en estas declaraciones. Pero él usó la misma precisión en sus comentarios sobre cómo reconocer al Anticristo cuando apareciera. Porque, como ya hemos notado, cuando hablaba de los verdaderos creyentes dijo: “Pero él indica ahora el número del nombre, para que nosotros, cuando este hombre venga, lo evitemos”. En cambio, cuando hablaba de hombres que podrían ser engañados por el Anticristo, se refería a ellos sistemáticamente con las palabras “aquellos”, “estos”, “ellos” y “los”, como vemos en las siguientes declaraciones:
“Además, otro peligro, de ningún modo pequeño, alcanzará a aquellos que falsamente presumen conocer el nombre del Anticristo. Porque si estos hombres suponen un [número], cuando este [Anticristo] venga teniendo otro, serán fácilmente arrastrados por él, suponiendo que no es el esperado, de quien hay que guardarse”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 30, final del párrafo 1).
“Estos hombres, por tanto, deben aprender [cuál es realmente el estado del asunto] y volver al verdadero número del nombre, para que no sean contados entre los falsos profetas. Más bien, conociendo el número seguro declarado por la Escritura, es decir, seiscientos sesenta y seis, que esperen, en primer lugar, la división del reino en diez; luego, en segundo lugar, cuando estos reyes estén reinando y comiencen a poner en orden sus asuntos y a extender su reino, [que aprendan] a reconocer que el que vendrá reclamando el reino para sí, y aterrorizará a aquellos hombres de quienes hemos estado hablando, teniendo un nombre que contiene el número mencionado, es verdaderamente la abominación de la desolación”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 30, comienzo del párrafo 2).
Así vemos que Ireneo usó una terminología precisa que distinguía claramente entre estos dos grupos. De nuevo usó las palabras bíblicas “los que”, junto con “ustedes” y “el que”, en lugar de sus propias palabras, al hablar de la necesidad de que los habitantes de la tierra de Judea huyan cuando vean la abominación de la desolación:
“Por tanto, cuando ustedes vean la abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo, y el que lea que entienda, entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no baje a sacar las cosas de su casa; porque habrá entonces una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 25, párrafo 2).
Finalmente, Ireneo hizo una declaración más que toca este asunto, diciendo:
“¿Ha venido el Verbo para la ruina y para la resurrección de muchos? Para la ruina, ciertamente, de aquellos que no creen en Él, a quienes también ha amenazado con una condenación mayor en el día del juicio que la de Sodoma y Gomorra; pero para la resurrección de los creyentes y de aquellos que hacen la voluntad de Su Padre que está en los cielos”. (“Contra las herejías”, de Ireneo, libro V, capítulo 27, párrafo 1).
En este pasaje Ireneo vuelve a cambiar las palabras “la iglesia” por “los creyentes”, y los llama “aquellos”, en lugar de “nosotros”. Y da a entender que el día del juicio para los incrédulos y la resurrección de los creyentes son simultáneos. Algunos supondrán que este último detalle prueba que no estaba diciendo que el arrebatamiento será antes de la tribulación. Pero esto está en pleno acuerdo con la doctrina del arrebatamiento pretribulacional. Porque habrá personas que se volverán a Dios durante el tiempo de la tribulación, y serán perseguidas y muertas por su fe. Pero quienes enseñan un arrebatamiento pretribulacional sostienen que estos “santos de la tribulación” no son parte de la iglesia. Estos resucitarán aproximadamente al mismo tiempo en que Cristo venga con poder y gloria para juzgar al mundo. (Las Escrituras no dicen que su resurrección ocurra cuando Él venga. Pero Apocalipsis 20:4 dice: “Volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años”. Así que sabemos que su resurrección tiene lugar, por lo menos, aproximadamente al mismo tiempo en que Él viene).
Así que ahora nos enfrentamos a dos opciones. Podemos suponer que Ireneo fue sumamente descuidado en su redacción y que sencillamente no quiso decir lo que dijo. O podemos suponer que la precisión de su redacción no fue una mera coincidencia, sino que escogió sus palabras exactas con cuidado e intención. En ese caso, nos vemos obligados a concluir que Ireneo quiso decir exactamente lo que dijo cuando escribió:
“Y por eso, cuando al final la Iglesia sea repentinamente arrebatada de aquí, se dice: ‘Habrá una tribulación tal como no ha acontecido desde el principio, ni acontecerá jamás’”.
Victorino
Llegamos ahora a Victorino,[i] de quien se cree que escribió su comentario sobre el Apocalipsis (la Revelación) alrededor del año 240 d. C.
Victorino dijo respecto a Apocalipsis 6:14:
“‘El cielo desapareció como un pergamino que se enrolla’. Que el cielo sea enrollado significa que la Iglesia será quitada. ‘Y todo monte e isla fueron removidos de su lugar’. Los montes y las islas removidos de su lugar dan a entender que en la última persecución todos se apartaron de sus lugares; es decir, que los buenos serán removidos, procurando evitar la persecución”.
Debemos notar aquí que Victorino no puso estas cláusulas en voz activa, diciendo “la iglesia se irá” o “los buenos huirán”. En cambio, ambas cláusulas están en voz pasiva: que la iglesia “será quitada” y que los buenos “serán removidos”. Así que esta no es, como algunos alegan, una declaración de que la iglesia huirá de la sociedad para esconderse en lugares desiertos.
Además, dijo respecto a Apocalipsis 15:1:
“‘Entonces vi otra señal en el cielo, grande y maravillosa: siete ángeles que tenían siete plagas, las últimas, porque en ellas se ha consumado el furor de Dios’. Porque la ira de Dios siempre hiere al pueblo obstinado con siete plagas, es decir, de manera perfecta, como se dice en Levítico; y estas serán en el último tiempo, cuando la Iglesia haya salido de en medio”.
Esto, por estar en voz activa, podría referirse a una huida. Pero, tomado en conexión con la declaración anterior, vemos que no era esto lo que Victorino estaba diciendo.
Algunos protestarán que estas no son realmente las palabras de Victorino, porque son diferentes en la versión presentada en “The Early Church Fathers, Ante-Nicene Fathers”, volumen 7. Quienes protestan así piensan que Victorino era amilenarista y que, por tanto, sus comentarios no podían haber contenido estas palabras. Pero no saben que la copia reproducida en “The Early Church Fathers” no es el documento real escrito por Victorino, sino una versión reescrita producida por Jerónimo. La propia declaración de Jerónimo acerca de su revisión de esta obra se encuentra en su carta a Anatolio, que está en el prólogo de su revisión del Comentario sobre el Apocalipsis de Victorino. En esa carta, Jerónimo dijo:
“Quienes cruzan los mares peligrosos encuentran diversos peligros. Si una tormenta de vientos se ha vuelto violenta, es un terror; si el aire sereno ha calmado el lomo de los elementos, mientras yacen en calma, temen trampas. Así se ve en este libro que me has enviado, que parece contener la explicación del Apocalipsis por Victorino. Además, es peligroso, y expone a los ladridos de los detractores, juzgar las obras breves de hombres eminentes. Porque ya antes Papías, obispo de Hierápolis, y Nepote, obispo de regiones de Egipto, entendieron el reino de los mil años igual que Victorino. Y puesto que en tus cartas me lo suplicas, no quiero demorarme, pero tampoco quiero desdeñar tu ruego. De inmediato desenrollé los libros de los grandes, y lo que hallé en sus comentarios acerca del reino de los mil años lo añadí a la pequeña obra de Victorino, borrando de allí aquellas cosas que él entendía según la letra.
“Desde el comienzo del libro hasta la señal de la cruz, hemos corregido cosas que son corrupciones debidas a la inexperiencia de los copistas. Sabe que desde allí hasta el final del libro es añadido. Ahora te toca a ti juzgar y confirmar lo que te agrade. Si nuestra vida se alarga y el Señor nos da salud, por ti nuestro ingenio, muy capaz, sudará sobre este libro, queridísimo Anatolio”.
Tanto el texto original de Victorino como el prólogo de Jerónimo pueden leerse íntegramente en cualquiera de los dos sitios web indicados en la primera nota. Así que Victorino ciertamente enseñó “que la Iglesia será quitada” y que “los buenos serán removidos, procurando evitar la persecución”; y que en el último tiempo “la Iglesia [habrá] salido de en medio”. Esto, con toda certeza, parece ser una enseñanza de un arrebatamiento antes de la gran tribulación.
El sermón del Pseudo-Efrén
Además, existe un antiguo sermón titulado “Sobre los últimos tiempos, el Anticristo y el fin del mundo”.[ii] La mayoría de las copias que se conservan de este sermón dicen que fue escrito por Efrén, pero una dice que su autor fue Isidoro de Sevilla. Con base en los acontecimientos que el sermón presentaba como inminentes, diversos eruditos han estimado su fecha desde el año 373 d. C. hasta el 627 d. C. Paul J. Alexander ofreció el que parece ser el análisis más satisfactorio de su fecha, y concluyó que el original tuvo que haberse escrito en el siglo IV o cerca de él, pero que los copistas añadieron otro material alrededor del siglo VII.[iii] Según Alexander, dos de las copias que se conservan de este sermón datan de mediados a finales del siglo VIII, y una ha sido fechada en el siglo VIII o IX.[iv] Como los eruditos no creen que el autor desconocido haya podido ser el famoso Efrén el Sirio (también conocido como Efrén de Nísibis), llaman al autor desconocido de este sermón Pseudo-Efrén. El sermón estaba dividido en diez párrafos, y en el párrafo 2 decía:
“¿Por qué, pues, no desechamos todo afán por las acciones terrenales y nos preparamos para el encuentro con el Señor Cristo, para que Él nos saque de la confusión que abruma a todo el mundo? Créeme, queridísimo hermano, porque la venida (el advenimiento) del Señor está cerca; créeme, porque el fin del mundo está a las puertas; créeme, porque es el último tiempo. ¿O no crees a menos que lo veas con tus ojos? Procura que no se cumpla entre ustedes esta sentencia del profeta, que declara: ‘¡Ay de los que ansían el día del SEÑOR!’. Porque todos los santos y escogidos de Dios son reunidos antes de la tribulación que ha de venir, y son llevados al Señor para que no vean la confusión que ha de abrumar al mundo a causa de nuestros pecados”.[v]
Sería difícil hacer una declaración más clara de la doctrina del arrebatamiento pretribulacional. Pero aun así, algunos todavía niegan que fuera pretribulacional, debido a una interpretación que dan al párrafo 10 del mismo sermón, que decía:
“Y cuando se hayan cumplido los tres años y medio, el tiempo del Anticristo, durante el cual habrá seducido al mundo, después de la resurrección de los dos profetas, en la hora que el mundo no conoce, y en el día que el enemigo, el hijo de perdición, no conoce, vendrá la señal del Hijo del Hombre; y, avanzando, el Señor aparecerá con gran poder y mucha majestad, con la señal del madero de salvación yendo delante de Él, y también con todos los poderes de los cielos, con todo el coro de los santos, con los que llevan la señal de la santa cruz sobre sus hombros, mientras la trompeta angélica lo precede, la cual sonará y proclamará: ¡Levántense, oh durmientes, levántense, salgan al encuentro de Cristo, porque ha llegado Su hora del juicio! Entonces Cristo vendrá y el enemigo será confundido, y el Señor lo matará con el espíritu de Su boca”.[vi]
Estas personas afirman que el arrebatamiento está en este párrafo, y no en el párrafo 2, por las palabras “¡Levántense, oh durmientes, levántense, salgan al encuentro de Cristo, porque ha llegado Su hora del juicio!”. Pero este es un error grave. ¿Hemos de pensar que este escritor desconocido no conocía Juan 5:24, donde Jesús dijo: “En verdad les digo: el que oye Mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación (a juicio), sino que ha pasado de muerte a vida”? La “hora del juicio” no es para los santos de Dios; es para los pecadores. Estas personas no habrían cometido este error si hubieran notado quiénes, según este párrafo, estarán con el Señor cuando Él venga. Son “todos los poderes de los cielos, con todo el coro de los santos, con los que llevan la señal de la santa cruz sobre sus hombros”. Así vemos a los santos de Dios, previamente arrebatados, viniendo con el Señor cuando Él viene a juzgar al mundo. Esto se dice dos veces: primero llamándolos “todo el coro de los santos”, y luego “los que llevan la señal de la santa cruz sobre sus hombros”. Era completamente coherente situar el arrebatamiento antes de que “todo el coro de los santos” viniera con el Señor cuando Él viene “con gran poder y mucha majestad” para “Su hora del juicio”.
Finalmente, estas mismas personas afirman también que el sermón sitúa a la iglesia todavía en el mundo en el tiempo del Anticristo, porque el sermón dice además, al final del párrafo 8:
“Pero los que vagan por los desiertos, huyendo de la presencia de la serpiente, doblan sus rodillas ante Dios, como corderos junto a las ubres de sus madres, sustentados por la salvación del Señor; y mientras vagan por lugares desolados, comen hierbas”.[vii]
Pero este argumento se basa en otro error. Estas personas interpretan toda referencia a personas que se vuelven a Dios como si se refiriera a la iglesia. Pero quienes creen que el arrebatamiento será antes de la tribulación siempre han enseñado que algunos se arrepentirán y se volverán a Dios después de que la iglesia haya sido quitada. Recordemos que Ireneo se había referido a ellos al decir que esta tribulación “es la última contienda de los justos, en la cual, cuando venzan, serán coronados con la incorrupción”. Así que el hecho de que el sermón presente a algunos doblando “sus rodillas ante Dios” mientras huyen “de la presencia de la serpiente” de ninguna manera prueba, ni siquiera implica, que enseñara que la iglesia todavía estaría en el mundo en ese tiempo.
Así que no hay razón alguna para siquiera poner en duda que el escritor desconocido de este sermón quiso decir realmente lo que tan claramente dijo: que “todos los santos y escogidos de Dios son reunidos antes de la tribulación que ha de venir, y son llevados al Señor para que no vean la confusión que ha de abrumar al mundo a causa de nuestros pecados”.
Así vemos que la doctrina de un arrebatamiento antes de la gran tribulación se remonta hasta el comentario cristiano más antiguo sobre la profecía bíblica (de cierta extensión) que ha sobrevivido hasta el día de hoy, y que se siguió enseñando por lo menos hasta cerca del final del siglo IV.
[i] Todas las citas de Victorino en este libro provienen de “In Apocalypsin”, de Victorino, según la presentación en línea de Biblicalia en http://www.bombaxo.com/blog/patristic-stuff/victorinus-in-apocalypsin/, y que también se encuentra en línea en http://www.preteristarchive.com/StudyArchive/v/victorinus-of-petau.html.
[ii] Entre los maestros de profecía modernos, este documento fue descubierto originalmente por Grant Jeffrey y luego difundido ampliamente por Thomas Ice.
[iii] “Byzantine Apocalyptic Tradition”, por Paul J. Alexander, University of California Press, Berkeley, CA, 1985, p. 137.
[iv] Ibíd., misma página.
[v] “On the Last Times, the Antichrist, and the End of the World” [Sobre los últimos tiempos, el Anticristo y el fin del mundo], autor desconocido, llamado Pseudo-Efrén, párrafo 2. Traducción al inglés de Cameron Rhoades, profesor de latín del Tyndale Theological Seminary, a partir de C. P. Caspari, Briefe, Abhandlungen und Predigten aus den letzten zwei Jahrhunderten des kirchlichen Alterthums und dem Anfang des Mittelalters (Christiania, 1890), pp. 208-220, obra citada por Alexander en la nota 2, p. 137. Esta traducción está disponible en línea en: http://www.according2prophecy.org/lastimes.html.
[vi] Ibíd., párrafo 10.
[vii] Ibíd., párrafo 8.