¿Es Alice Cooper Cristiano?

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¿Es Alice Cooper Cristiano?

POR TIM CHALLIES

Probablemente no sea justo leer un libro en mis propios términos en lugar de los del autor, pero supongo que eso es lo que pude haber hecho con las nuevas memorias de Alice Cooper, Devil on My Shoulder. No estoy muy familiarizado con su música, tengo poco interés en saber cómo alcanzó la fama en el mundo del rock ’n’ roll y realmente no me importa conocer las historias detrás de sus canciones. Entonces, ¿por qué habría de leerlo?

Lo leí porque a lo largo de los años me ha llamado la atención escuchar repetidamente que Alice Cooper es cristiano. He oído de sus relaciones con líderes cristianos como R.C. Sproul, Alistair Begg y Greg Laurie. Siempre he querido saber si son ciertos los rumores de que él es, en efecto, creyente y, más aún, resolver esta tensión: ¿es posible que un hombre sea a la vez Alice Cooper y cristiano? Así que, cuando vi la noticia de su libro, decidí leerlo, sobre todo al ver que la fe sería uno de sus temas, tal como se describe en este texto promocional:

Quiero hablar de Dios. No se preocupen, no voy a golpearlos en la cabeza con una Biblia; solo quiero describir cómo fue que lo encontré morando en mí. Alice, ese mentiroso empedernido, fue durante tanto tiempo una voz en mi oído, susurrando mentiras y palabras dulces, fingiendo ser mi mejor conciencia y mi inspiración, fingiendo ser yo, que creo que lo justo es presentar ambos lados de la historia: el ángel en un hombro, el diablo en el otro.

Alice Cooper nació en Detroit en 1948 con el nombre de Vincent Furnier. Tanto su padre como su abuelo fueron líderes en La Iglesia de Jesucristo, una rama restauracionista del movimiento de los Santos de los Últimos Días a la que a menudo se le llama “bickertonita”. Esta es la explicación que el propio Cooper da de esa iglesia:

En 1844, después de que el fundador de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, Joseph Smith Jr., fuera asesinado por una turba, hubo una amarga disputa sobre quién debía sucederlo. Brigham Young llevó a sus seguidores, más tarde llamados los Pioneros Mormones, a Utah, mientras que algunos de los que se quedaron se separaron de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días y fundaron la Iglesia de Jesucristo (bickertonita). Así que compartimos las mismas raíces, pero (para confusión de los profanos), aunque aceptamos el Libro de Mormón como Escritura, ¡no somos mormones!

Descubrió la música rock ’n’ roll cuando era adolescente, formó una banda y comenzó a dejar su huella en la escena musical, primero en Phoenix y luego en Los Ángeles y Detroit. Con el tiempo, él y sus compañeros de banda comenzaron a presentarse bajo el nombre de Alice Cooper y, cuando la banda se disolvió, él quedó asociado exclusivamente con ese nombre, al grado de adoptarlo legalmente como propio. Cooper encabezó una de las primeras bandas de shock rock y, como tantos otros, pronto se hizo célebre por toda clase de excesos e inmoralidad. Pasó muchos años siendo mujeriego, bebiendo en exceso y adicto a las drogas. Mientras su carrera se disparaba, su vida comenzó a irse en picada, y abandonó por completo la fe de su juventud.

Entonces, ¿quién es Alice Cooper en relación con Vincent Furnier? Según entiendo, Alice es un personaje que Vince desarrolló, a través del cual podía explorar y expresar lo depravado y lo macabro. Vince tiene demasiado temor y respeto por lo demoníaco como para hacer de Alice una figura ocultista, pero ciertamente es una figura oscura y espeluznante, obsesionada con la muerte, el sufrimiento, el sexo, lo sangriento y las intersecciones entre ellos. Vince siempre ha insistido en que Alice es un alter ego que interpreta, e incluso en el que se convierte cuando se maquilla, pero que es muy distinto de él mismo. Incluso su cambio de nombre no se debió a que se hubiera convertido en Alice, sino simplemente a que estaba tan estrechamente asociado con él que, de todos modos, nadie lo llamaba Vince.

Con el tiempo, Cooper se casó con Sheryl Goddard, una de las bailarinas de sus espectáculos. Aunque al principio su matrimonio fue agradable, sus adicciones comenzaron a dominarlo, y solo cuando Sheryl decidió dejarlo él pidió ayuda. Por medio de contactos en el Moody Bible Institute, fueron referidos al psicólogo cristiano Kevin Leman, quien les brindó una consejería intensiva que salvó su matrimonio. Decidieron hacer de la iglesia parte de su vida y se integraron a Camelback Bible Church, pastoreada durante muchos años por Tim Savage (quien, curiosamente, fue miembro fundador del consejo de The Gospel Coalition).1 Desde entonces la han considerado su iglesia local.

Es en este punto donde yo esperaría que el resto de su biografía expresara cómo supo que, como cristiano, ya no podía seguir interpretando a Alice, de modo que lo retiró y creó un nuevo personaje, o formó una nueva banda, o encontró una ocupación completamente distinta. Pero esa no es su historia. En cambio, siguió presentándose como Alice Cooper y descubrió que, en muchos sentidos, sus mayores éxitos estaban aún por venir. Siguió desarrollando a Alice como personaje y lo hizo tan depravado y macabro como siempre lo había sido. Siguió cantando canciones cuyos temas son de la clase que sin duda abarca Efesios 5:12: “porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto”. Sin embargo, ahora lo hacía como alguien que profesaba ser cristiano.

Y aquí es donde me quedé rascándome la cabeza. He leído cómo Cooper asistió a una conferencia de Ligonier Ministries y, tras toparse con R.C. Sproul en un campo de golf, disfrutó de una ronda de golf con él. Más tarde, R.C. le restó importancia al encuentro y dijo únicamente que, en su breve interacción, había encontrado a Cooper comprometido con su fe cristiana. Recuerdo a Alistair Begg entrevistándolo durante un servicio vespertino2 y Greg Laurie entrevistándolo en su programa no solo una vez, sino dos. Todo tipo de publicaciones cristianas han escrito sobre él y lo han descrito como creyente. Personas a quienes conozco y en quienes confío lo han confirmado.

Entonces, ¿qué hacemos con la fe de Alice Cooper? Bueno, hasta que solicite membresía en mi iglesia y me corresponda determinar si puedo o no recomendarlo a otros como hermano en Cristo, en cierto sentido no importa mucho. No me corresponde a mí determinarlo. Pero aquí hay algunas observaciones extraídas de Devil on My Shoulder.

Primero, a menudo se le describe como alguien que creció en el hogar de un pastor o evangelista y que fue criado como cristiano. Pero su familia era bickertonita y, aunque esa secta no es formalmente mormona, se consideran a sí mismos los verdaderos herederos de las enseñanzas de Joseph Smith. Aceptan el Libro de Mormón, sostienen una doctrina no ortodoxa de la Trinidad y añaden la necesidad de las obras a la fe. Esto significa que, en realidad, no fue criado en un hogar cristiano. Además, nunca distingue su crianza bickertonita de sus creencias actuales y, de hecho, usa el “nosotros” y el tiempo presente cuando describe lo que creen los bickertonitas. Expresa enojo hacia quienes pudieran sugerir que su padre en realidad no era salvo, y habla de amigos que murieron en total libertinaje, y aun así comparte su convicción de que están en el cielo o en algo parecido.

Segundo, aunque Cooper describe cómo llegó a ser asistente regular a la iglesia y relata muchas grandes transformaciones en su vida, su biografía no narra una experiencia de conversión ni de confianza en Cristo. Si bien su vida ciertamente ha cambiado, y aunque atribuye este cambio a la presencia de Dios en su vida, no cuenta que haya confiado solo en Cristo. Puede que, en efecto, lo haga, pero sus memorias no lo dejan claro.

Tercero, no expresa remordimiento por los pecados de su juventud, salvo por la manera en que pudieron haber afectado a otros. Tampoco se arrepiente de las formas en que pudo haber llevado a otros al pecado, incluida la naturaleza explícita de sus espectáculos, por no mencionar algunas partes de este libro. Incluso el aborto de su novia pasa sin que se le atribuya mucha importancia moral. En ningún momento hay indicio alguno de que él, como David, pudiera decir: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4). Tiene muchos remordimientos, pero también parece seguir deleitándose en buena parte del libertinaje de su juventud y lo describe aparentemente sin vergüenza. En un momento dice que, aunque cierta práctica sexual vil no le interesa, no tiene problema con que otros se entreguen a ella. En otro momento menciona cómo su hija solía interpretar a una dominatrix en sus espectáculos, como si eso fuera algo bueno y noble de lo cual un padre puede sentirse orgulloso. Aún hoy, está rodeado de personajes sexualizados en el escenario mientras canta sobre actos indecibles.

Quizá lo más preocupante es que sigue interpretando a Alice. Para ser claros, Alice no es un personaje que necesite interpretar, sino un personaje que elige interpretar y presentar al mundo. Ha cambiado a Alice desde que comenzó a asistir a la iglesia, pero sigue siendo tan aborrecible y repulsivo como puede ser. “Todavía se da un festín en un bufé de profanación de tumbas, [otra cosa demasiado malvada como para siquiera mencionarla], borracheras y apuestas, obligando a diabéticos a comer bastones de caramelo, descuartizando bebés, cortando gargantas, arrancando corazones, volando escuelas en pedazos, cuestionando la autoridad de los padres y, en general, enfureciendo a los ciudadanos decentes en todas partes como un psicópata sanguinario y bubónico, pero nunca te dirá una grosería. ¡Eso no sería de caballeros! Alice tiene su propia moral, y yo tengo la mía. Estamos separados por el bien de la salud de ambos.”

Creo que, en cierto sentido, todos queremos tener un Alice: una persona a través de la cual podamos dar rienda suelta a nuestros intereses y fantasías depravados, y hacerlo sin atribuirles peso moral. Y luego queremos tener un Vince, por así decirlo: una persona moral, recta y digna de respeto, que representa a quienes creemos que realmente somos. Pero el llamado de Dios sobre nuestras vidas tiene el propósito de impactarnos a tal grado que no tenemos derecho a dividirnos de esa manera. En realidad, no existe tal cosa como un alter ego, sino solo un yo que a veces se debate entre querer pecar y querer honrar a Dios. Solo existe un yo que está llamado a huir de toda apariencia de pecado, y ciertamente no a retozar en él, deleitarse en él y regocijarse en él. Puede que todos queramos tener un Alice, pero entendemos que no podemos ni debemos, porque Alice en realidad seríamos nosotros.

Al escribir sobre cierto tipo de persona religiosa —de las cuales sospecho que yo soy una—, Cooper dice esto: “¡Nada ni nadie es lo suficientemente santo para esta gente! Pero de eso no deberían tratarse los cristianos. Los verdaderos cristianos no juzgan. Los verdaderos cristianos no odian. Jesús dice: ‘Si vas a representarme, ten mucho cuidado. Si vas a ser maestro, ten mucho cuidado. Porque me estás representando, serás juzgado con más rigor’. Por eso nunca me burlo de la religión, porque voy a tener que rendirle cuentas cuando todo esto termine. Desafortunadamente, siempre habrá fundamentalistas exagerados. Los que odian, van a odiar. Yo simplemente no soy uno de ellos.”

No soy de los que odian y me encantaría saber que Cooper es creyente, pero si un hombre va a profesar ser cristiano, y serlo con una plataforma pública, no debería sorprenderse, consternarse ni ofenderse cuando otros se interesen en la naturaleza de su fe. Él elige ser una influencia sobre otros, ¡y además una influencia espiritual! Tampoco es justo frenar toda crítica pintando a quienes se preocupan como meros fundamentalistas que juzgan. De hecho, un verdadero creyente debería recibir con agrado la mirada atenta de hermanos y hermanas en el Señor que lo aman y solo quieren lo mejor para él.

Así que volvamos a la pregunta que motivó este artículo: ¿Es Alice Cooper cristiano? No lo sé, y no me corresponde a mí determinarlo. Pero al terminar de leer Devil on My Shoulder, esto es lo que me encontré meditando: en el día del juicio, el Señor le pedirá a Vincent Furnier que rinda cuentas de su vida. El gran tema y logro de su vida, el que él creó, el que ha cultivado, por el que es conocido, el que lo ha enriquecido y del que se enorgullece es Alice Cooper. Yo no soy Vincent Furnier, pero sé que temería acercarme al Señor, presentarle a Alice y decirle: “Esto es lo que hice con todo lo que me confiaste”.

  1. Esto explica por qué el libro de Savage sobre el matrimonio incluía este respaldo: “No Ordinary Marriage explica cómo el matrimonio tiene el propósito de glorificar a Dios. El Dr. Tim Savage no escribe con un espíritu de condenación, sino de ánimo, al pintar un cuadro de lo que el matrimonio realmente debe ser. Al leer este libro, Sheryl ―mi esposa por casi 36 años― y yo nos sentimos desafiados e inspirados a depender de Dios como el centro de nuestro matrimonio. ¡Oramos para que el Señor inspire a Tim a escribir su próximo libro: Cómo sobrevivir a adolescentes hormonales!”
  2. Desafortunadamente, la grabación ya no está disponible.

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