«Hágase tu voluntad» como «Venga tu reino»
«Hágase tu voluntad» y «Venga tu reino»
Excurso para profundizar 4
Michael J. Svigel
Robert Yarbrough escribe: «Fundamental para el Padre Nuestro, y por implicación para toda oración cristiana, es el reconocimiento del reinado de Dios, el anhelo de verlo cumplirse y la comprensión de su reinado como la mismísima voluntad de Dios haciéndose en esta tierra precisamente tal como sabemos que se hace en su morada trascendente».^1 En consonancia con esta lectura, muchos han visto la tercera petición del Padre Nuestro, «hágase tu voluntad», en aposición a la segunda petición, «venga tu reino». Es decir, el reino de Dios viene cuando —y en la medida en que— la voluntad de Dios se cumple en la tierra y en el cielo.
Por ejemplo, Grant Osborne considera que la tercera petición resume las dos anteriores: en última instancia escatológica, pero con una aplicación presente. Escribe: «En el presente no podemos implantar su voluntad perfecta y guiar a la gente de este mundo a abrazarla. Pero podemos proclamar su nombre y guiar a quienes nos rodean a seguir su voluntad más plenamente. Esto preparará su consumación en el futuro, cuando Dios intervenga en la historia humana para conducir su creación hacia su voluntad consumada».^3 Aunque algunos comentaristas enfatizan más la aplicación personal, espiritual y realizable de la manifestación del reino al hacer la voluntad de Dios, incluso ellos reconocen que la respuesta plena a la oración aguarda una venida futura del reino escatológico.
La aplicación que hace Andrew Mitchell de un enfoque de «o lo uno o lo otro» (either/or) proporciona un correctivo útil a las lecturas del Padre Nuestro que enfatizan en exceso las facetas presentes, espirituales y realizables de las peticiones del reino, pero su rechazo de un enfoque de «ambos/y» (both/and) resulta injustificado dada la aplicación de otras peticiones de la oración a la vida presente y la enseñanza general del reino inaugurado y realizable en la era presente. Aunque Mitchell ofrece un útil examen de las interpretaciones sobre las peticiones del reino, parece dar a entender —quizás de manera involuntaria— que algunos comentaristas presentan una manifestación progresiva del reino en oposición a un cumplimiento futuro; de hecho, muchos de los autores que cita optan por un enfoque integrador («ambos/y»). Mitchell escribe: «La tercera petición es una oración para que los propósitos de Dios se cumplan. No es una oración para que aumente la obediencia a la voluntad moral de Dios».^6 Mitchell sí reconoce que estas no son mutuamente excluyentes cuando escribe: «La interpretación gradual no está reñida con la escatológica, ya que la obediencia es un componente del gobierno de Dios. Se considera que la segunda y la tercera petición son cointerpretativas, lo que demuestra la dinámica del «ya, pero todavía no» del reino. Por lo tanto, se consideran simultáneamente escatológicas y éticas».^7
La afirmación de algunos de que el imperativo aoristo debe referirse a un evento puntual y único en lugar de iterativo se ve matizada por el ejemplo de 2 Esdras 10:14: «En cuanto a aquel que ha tomado mujeres extranjeras, que vengan (ἐλθέτωσan) en los momentos apropiados según lo prescrito». La petición del Salmo 36:11 [LBLA/NBLA], para que no venga pie de soberbia, no pretende conjurar tal amenaza una sola vez, sino de forma continua. Compárense también las intenciones continuas e iterativas en los Salmos 55:15 y 119:77 [LBLA/NBLA]. El sentido del aoristo debe discernirse a través de su contexto.
El hecho de que la frase «hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» esté en aposición a «venga tu reino» parece muy probable por las siguientes razones:
El Evangelio de Lucas incluye únicamente la segunda petición de la oración: «venga tu reino». Si Lucas se basa en una versión mateana anterior y más extensa del Padre Nuestro, entonces Lucas pudo haber considerado que la única petición, «venga tu reino», era suficiente sin la tercera petición explicativa. O, si Mateo se basó en una versión más breve similar a la de Lucas, entonces la tercera petición de Mateo podría haberse añadido como una explicación de la segunda. Entender las frases en aposición explica la inclusión o exclusión de la cláusula en ambas versiones de la oración.
Además, la oración de la segunda petición, pidiendo que venga el reino de Dios, presupone un origen celestial. Dios el Padre, tal como se establece en la invocación inicial, está «en los cielos». Y a lo largo de todo Mateo, el reino de Dios es de origen celestial. Por lo tanto, orar la tercera petición para que la voluntad de Dios se haga en la tierra y en el cielo cobra pleno sentido como una explicación de la venida del reino: una extensión de la perfecta voluntad celestial de Dios hacia la esfera terrenal. Robinson señala acertadamente: «La frase, pues, simplemente explica las palabras previas, y ya sea que el Reino de Dios se introduzca mediante el rasgar de los cielos y el estallido de la tierra, o que se desarrolle lentamente a través de un proceso de iluminación moral y espiritual en la humanidad, su naturaleza es la misma: el dominio supremo de la voluntad de Dios».^8
Muchos comentaristas consideran que la segunda y la tercera petición —e incluso la primera— apuntan todas en la misma dirección escatológica. Del mismo modo, Spurgeon mantiene la tensión entre la consumación escatológica definitiva y la realización potencial en el presente: «Anhelamos la venida del Rey Jesús; pero entretanto clamamos a nuestro Padre: «Venga tu reino. Deseamos que la suprema voluntad se haga en la tierra, con una obediencia alegre, constante y universal como la del ‘cielo’. Quisiéramos que la voluntad del Señor se lleve a cabo, no solo mediante las grandes fuerzas físicas que jamás dejan de ser obedientes a Dios, sino por espíritus afectuosamente activos; por hombres en otro tiempo rebeldes, pero renovados por gracia»».^9
Los estudios académicos han demostrado desde hace mucho tiempo que el Padre Nuestro comparte ciertas similitudes con las oraciones judías de su época y, como tales, sitúan el sentido original del Padre Nuestro en un marco escatológico: «Tanto en el Kaddish como en el Padre Nuestro, las peticiones dirigidas a Dios poseen un matiz escatológico. Le piden a Dios que marque el comienzo de la era de salvación del tiempo del fin, en la que toda la vida reflejará los propósitos divinos».^10 En este sentido, es apropiado contemplar el «reino de Dios» o «reino de los cielos» con aspectos tanto eternos/celestiales como temporales/terrenales. En esta última forma, el reino de los cielos se manifiesta cuando la voluntad de Dios se lleva a cabo en los ámbitos personal, colectivo, social, cultural e incluso político. Por consiguiente, se puede y se debe hablar de que el reino de Dios está más o menos «presente» a medida que la voluntad de Dios se cumple en la tierra.
En última instancia, la petición de que venga el reino y de que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo es escatológica: señala el momento en que la voluntad divina para los individuos, la sociedad, el gobierno y toda la creación se cumpla de manera definitiva. No obstante, esta esperanza escatológica se realiza parcialmente en el pasado y en el presente a través de creyentes individuales que se someten al señorío de Dios en sus propias vidas, y en la medida en que esta sumisión a la voluntad divina transforma familias, vecindarios y a la sociedad en general. Lenski lo expresa de la siguiente manera:
Este reino es el reinado y gobierno celestial de Dios por medio de Cristo en el evangelio de la gracia. Dondequiera que esté Cristo, allí está este reino y gobierno, y, desde luego, también aquellos que por medio de Él participan en las bendiciones de este gobierno y reino: los reyes y sacerdotes para Dios. «Venga» significa por su propio poder inherente, y el aoristo es ingresivo/efectivo… Este aoristo no es una razón para pensar únicamente en la consumación, el reino de la gloria. Esta consumación engloba todo lo que le antecede en el régimen de la gracia, el cual finalmente vendrá a ser el régimen de la gloria.^11
Gardner también advierte la relación lógica existente entre la segunda y la tercera petición, así como su doble aplicación (presente y futura): «Cuando el gobierno de Dios quede plenamente establecido, entonces la solicitud de la tercera petición también será concedida: La voluntad de Dios se hará en la tierra como en el cielo. La voluntad de Dios puede referirse tanto al propósito divino para la historia (cf. Is 46:10, 13; 1 Mac 3:60; Mt 26:42) como a la voluntad de Dios para nuestras vidas en un sentido ético (cf. Sal 40:8; Mt 12:50). Aquí de nuevo es probable que se apunte a ambos significados».^12
Stuart Weber escribe: «Esta oración no es únicamente por la venida futura de Cristo (aunque esto pueda incluirse), sino también por la extensión del reino de Dios por todo el mundo a través de los siervos de su reino. Por lo tanto, es una oración para que nosotros, sus siervos, seamos fielmente obedientes y eficaces al vivir los principios de su reino en nuestras propias vidas, propagando luego el reino a través de nuestras acciones y palabras».^13 Respecto a la tercera petición, observa: «Esta súplica presupone que la voluntad de Dios se hace en el cielo, pero todavía no en la tierra (de la misma forma plena). El pecado y la rebelión brillan por su ausencia en el cielo, mas en la tierra existen estorbos. Esta es otra súplica por la extensión del gobierno del reino de Dios en la tierra, fundamentalmente por mediación de la iglesia como agente del reino».^14
Definir el reino de Dios como «la voluntad de Dios hecha en la tierra como en el cielo» no nos exime de desentrañar las diversas formas en que esto se cumple parcialmente en el pasado y en el presente, y se cumplirá plenamente en el porvenir. De hecho, esta sencilla definición nos insta a abrazar todas las variadas maneras en que Dios cumple su voluntad en la tierra a lo largo del relato de la creación, la caída, la redención y la restauración final. Esto no dista mucho de la definición general que formula Alva McClain sobre el reino como «el gobierno de Dios sobre Su creación»,^15 pero concebir aposiciónalmente que «la voluntad de Dios sea hecha en la tierra como en el cielo» tiene la ventaja de reflejar un pasaje de las Escrituras que por sí mismo define (o al menos describe) el reino de Dios y da cabida a la dinámica de una manifestación terrenal más o menos visible de dicho reino. «Hacerse la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo» se ajusta asimismo a la definición que da Hoekema del reino de Dios como «el reinado de Dios dinámicamente activo en la historia humana a través de Jesucristo, cuyo propósito consiste en la redención del pueblo de Dios del pecado y de los poderes demoníacos, así como en el establecimiento definitivo de los cielos nuevos y la tierra nueva».^16
Notas al pie
[1] Robert W. Yarbrough, «The Kingdom of God in the New Testament: Matthew and Revelation», en The Kingdom of God, ed. Christopher W. Morgan y Robert A. Peterson, Theology in Community (Wheaton, IL: Crossway, 2012), 114.
[2] Grant R. Osborne, Matthew, Exegetical Commentary on the New Testament, vol. 1, ed. Clinton E. Arnold (Grand Rapids: Zondervan, 2010), 228.
[3] Osborne, Matthew, 229. Cf. Robert H. Mounce, Matthew, Understanding the Bible Commentary Series (Grand Rapids: Baker, 1991), 56.
[4] Ej., R. T. France, The Gospel of Matthew, The New International Commentary on the New Testament, ed. Gordon D. Fee (Grand Rapids: Eerdmans, 2007), 246-47.
[5] Ver Andrew Mitchell, «Your Kingdom Come, Your Will Be Done: A Study of Matthew 6:10», BBR 30.2 (2020): 208-230.
[6] Mitchell, «Your Kingdom Come», 209-10.
[7] Mitchell, «Your Kingdom Come», 214.
[8] Theodore H. Robinson, The Gospel of Matthew, ed. James Moffatt, Moffatt’s New Testament Commentary (Nueva York; Londres: Harper and Brothers, 1928), 50-51.
[9] C. H. Spurgeon, The Gospel of the Kingdom: A Commentary on the Book of Matthew (Londres: Passmore and Alabaster, 1893), 34.
[10] Richard B. Gardner, Matthew, Believers Church Bible Commentary (Scottdale, PA: Herald, 1991), 119.
[11] R. C. H. Lenski, The Interpretation of St. Matthew’s Gospel (Minneapolis: Augsburg, 1961), 266-67.
[12] Gardner, Matthew, 119.
[13] Stuart K. Weber, Matthew, vol. 1, Holman New Testament Commentary (Nashville: B&H, 2000), 82.
[14] Weber, Matthew, 1:82. Cf. R. T. France, Matthew: An Introduction and Commentary, vol. 1, Tyndale New Testament Commentaries (Downers Grove, IL: IVP, 1985), 139.
[15] Alva J. McClain, The Greatness of the Kingdom: An Inductive Study of the Kingdom of God (Chicago: Moody, 1968), 19.
[16] Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future (Grand Rapids: Eerdmans, 1994), 45. (Edición en español: La Biblia y el futuro).