DECLARACIÓN DE THE MASTER’S SEMINARY SOBRE HERMENÉUTICA

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ESJ_BLG_20260925_02 - 1DECLARACIÓN DE THE MASTER’S SEMINARY SOBRE HERMENÉUTICA¹

TMSJ 37/1 (primavera 2026) 171–183

Facultad de The Master’s Seminary

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Artículos I–X: Acerca de la Escritura
Artículos XI–XVII: Acerca de la hermenéutica
Artículos XVIII–XX: Acerca de los trasfondos históricos y los idiomas bíblicos
Artículos XXI–XXIV: Acerca de la exégesis
Artículos XXV–XXIX: Acerca de la teología bíblica
Artículos XXX–XXXIII: Acerca de la teología sistemática e histórica
Artículo XXXIV: Acerca del ministerio pastoral y la consejería
Artículo XXXV: Acerca de la exposición

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ACERCA DE LA ESCRITURA
ARTÍCULO I: LA NATURALEZA DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que la Escritura, los sesenta y seis libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, es la única revelación escrita de Dios al hombre.²

NEGAMOS que la Escritura sea meramente un testimonio de la revelación, que llegue a ser revelación solo cuando alguien se encuentra con ella, o que dependa de las respuestas de los hombres para su validez.³

ARTÍCULO II: LA INSPIRACIÓN DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que la Escritura es revelación objetiva y proposicional, y que, en su totalidad y en cada una de sus palabras, es inspirada por Dios en el texto que escribieron los profetas y los apóstoles, es decir, en los autógrafos originales.⁴

NEGAMOS que la inspiración pueda limitarse a la percepción humana o a estados elevados de conciencia, o que se refiera meramente a las ideas generales de la Escritura.⁵

ARTÍCULO III: LA DOBLE AUTORÍA Y EL SIGNIFICADO ÚNICO DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que Dios se reveló a Sí mismo en la Escritura mediante un proceso de doble autoría, en el cual el Espíritu Santo supervisó a los autores humanos de tal manera que lo que ellos mismos escribieron transmitió perfectamente la Palabra de Dios al hombre, sin error en el todo ni en las partes.⁶ Afirmamos que los escritores bíblicos, siendo así impulsados por Dios, se propusieron comunicar y revelaron verdad teológica en todo lo que escribieron, escribiendo para instruir tanto a su audiencia inmediata como a las posteriores.⁷ También afirmamos que todo lo que registraron es útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en justicia.⁸ Afirmamos además que esta intención armoniosa entre el autor divino y el autor humano constituye el significado único del texto bíblico.

NEGAMOS la legitimidad de cualquier metodología que reduzca la Escritura a un libro meramente humano, rechazándola así como revelación sobrenatural de la verdad divina. Negamos que Dios, al hacer que estos escritores usaran las mismas palabras que Él eligió, haya anulado sus personalidades, estilos literarios o maneras de expresarse.⁹ También negamos que el lenguaje humano esté tan limitado por nuestra finitud que sea incapaz de expresar adecuadamente la revelación divina.¹⁰

Aunque afirmamos que los autores bíblicos no siempre comprendieron la plena trascendencia de sus escritos,¹¹ negamos que algún autor bíblico haya ignorado el significado de lo que escribió. Negamos que Dios haya intentado comunicar un significado más profundo (es decir, un sensus plenior) que el que Él supervisó que el autor humano transmitiera. Negamos además que el significado intencionado de algún texto haya cambiado a medida que se fue dando revelación posterior.

ARTÍCULO IV: LA INERRANCIA DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que la Escritura, en sus autógrafos originales, estaba libre de afirmar cualquier cosa falsa o contraria a los hechos.¹²

NEGAMOS que la infalibilidad y la inerrancia de la Escritura se limiten a temas espirituales o religiosos.¹³ Negamos además que la inerrancia quede anulada por fenómenos bíblicos tales como la falta de precisión técnica moderna, irregularidades de gramática u ortografía, descripciones de la naturaleza basadas en la observación, el registro de falsedades, el uso de hipérboles y números redondeados, la disposición temática del material, la selección variada de material en relatos paralelos o el uso de citas parafraseadas.¹⁴

ARTÍCULO V: LA CLARIDAD Y SENCILLEZ DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que, debido a que Dios se reveló a Sí mismo en la Escritura por medio del lenguaje humano, el significado de toda la Escritura es accesible a quienes han sido regenerados e iluminados por el Espíritu Santo.¹⁵ Afirmamos además que el creyente no depende de la pericia de maestros y eruditos bíblicos para entender la Escritura.¹⁶

NEGAMOS que el significado de la Escritura sea simplista, o que el significado de cada pasaje sea igual de fácil de discernir que el de cualquier otro.¹⁷ Negamos además que el creyente deba desatender el fruto del estudio de los pastores y maestros que Dios ha dado para la edificación de la iglesia.¹⁸

ARTÍCULO VI: LA AUTORIDAD Y SUFICIENCIA DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que, debido a que solo la Escritura es a la vez infalible e inerrante, es también la autoridad suficiente y final para todo lo que concierne a la vida y a la piedad, incluyendo todas las empresas y conceptos intelectuales humanos.¹⁹ Afirmamos que, si bien la Escritura no trata ni aporta conocimiento sobre todos los asuntos del saber o la experiencia humana, sí capacita y guía dichas búsquedas.

NEGAMOS que cualquier tradición o experiencia humana sea igual a la Escritura.²⁰

ARTÍCULO VII: EL CANON DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que los sesenta y seis libros del Antiguo y del Nuevo Testamento son el registro escrito completo de la revelación de Dios que Él se propuso dar a Su pueblo, y ante el cual este rinde cuentas. Afirmamos además que cada uno de estos libros es canónico porque cada libro fue escrito por un profeta o por un apóstol.²¹

NEGAMOS que en algún momento la iglesia, algún concilio o alguna institución humana haya decidido qué libros habían de formar parte del canon.

ARTÍCULO VIII: EL PODER DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que la Escritura, por la acción del Espíritu Santo, siempre cumple el propósito que Dios le ha asignado, ya sea la salvación de los escogidos o la condenación de los pecadores. Afirmamos que la Escritura es activa, cierta, poderosa, viva, purificadora, nutritiva, transformadora y santificadora.²²

NEGAMOS que la Escritura sea semejante a cualquier otra obra de la literatura humana, todas las cuales son finitas y falibles. Negamos además que el hecho de que el oyente no responda al significado de la Escritura disminuya la eficacia de esta.

ARTÍCULO IX: LA PRESERVACIÓN DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que la inspiración y la inerrancia se aplican únicamente a los escritos originales de la Escritura. Afirmamos que Dios, comenzando con Sus instrucciones específicas de preservar Su Palabra,²³ ha asegurado providencialmente que ninguna de las lecturas originales de la Escritura se haya perdido, sino que cualquier porción del texto puede ser identificada comparando entre sí las copias manuscritas.²⁴

NEGAMOS que todo manuscrito sea necesariamente una copia perfecta del original. Negamos además que alguna tradición textual o traducción sea necesariamente una réplica perfecta del original. También negamos que algún elemento de la fe cristiana se vea afectado por la ausencia de los autógrafos.²⁵

ARTÍCULO X: LA PALABRA ESCRITA Y LA PALABRA ENCARNADA

AFIRMAMOS que Cristo mismo, la Palabra de Dios encarnada, afirmó que la Escritura es inspirada, inerrante, clara, autoritativa y poderosa.²⁶ Afirmamos que Él declaró que todo el Antiguo Testamento es la Palabra de Dios, reconociendo su preservación. Afirmamos que Él preautenticó el Nuevo Testamento como Escritura.²⁷ También afirmamos que la autoridad normativa de la Escritura es la autoridad de Dios mismo, tal como la atestigua Jesucristo, el Señor de la iglesia.²⁸

NEGAMOS la legitimidad de separar la autoridad de Cristo de la autoridad de la Escritura, o de oponer la una a la otra.²⁹ Negamos además que el carácter humano de la Escritura corrompa su infalibilidad o inerrancia divinas, así como la naturaleza humana de Cristo no corrompe Su divinidad ni pone en duda Su impecabilidad.

ACERCA DE LA HERMENÉUTICA
ARTÍCULO XI: LA OBRA REGENERADORA E ILUMINADORA DEL ESPÍRITU SANTO

AFIRMAMOS que, aunque la Escritura es clara, debido a que el hombre detiene con injusticia la verdad, la obra regeneradora del Espíritu Santo es necesaria para que el lector discierna con precisión y abrace genuinamente el mensaje de la Escritura. Afirmamos además que el Espíritu Santo capacita a los creyentes para discernir el significado de la Escritura y para apropiársela y aplicarla a su vida.³⁰

NEGAMOS que la Escritura sea lingüísticamente incoherente para el hombre.³¹ Negamos además que la revelación general sea insuficiente para revelar ciertas verdades, como la existencia, el poder y la naturaleza de Dios, incluso a quienes culpablemente detienen esas verdades con injusticia.³²

ARTÍCULO XII: LA NATURALEZA DEL SIGNIFICADO ÚNICO

AFIRMAMOS que, dada la naturaleza confluente de la inspiración, el significado expresado en cada texto bíblico es único, definido, estático y está fijado a la intención del autor humano. Afirmamos además que la intención de un autor incluye lo que escribió, la ocasión y el propósito de su escrito, y los efectos que deseaba que su escrito produjera en sus lectores.³³

NEGAMOS que la doble autoría de la Escritura produzca múltiples significados. Negamos además que el reconocimiento de este significado único elimine la variedad de sus aplicaciones o implicaciones, es decir, su trascendencia.³⁴

ARTÍCULO XIII: LA HERMENÉUTICA LITERAL-GRAMATICAL-HISTÓRICA

AFIRMAMOS que, debido a que Dios movió a hombres a revelar Su mensaje en lenguaje humano y en contextos de tiempo y espacio, el significado de la Escritura ha de hallarse mediante el método de interpretación literal-gramatical-histórico, bajo la iluminación del Espíritu.

NEGAMOS que sea necesario algún método adicional a la hermenéutica literal-gramatical-histórica para determinar la intención autoral de la Escritura.

ARTÍCULO XIV: EL PRINCIPIO LITERAL

AFIRMAMOS el sentido literal de la Escritura, que es la intención del autor humano tal como fue supervisada por el Espíritu Santo. Afirmamos además que dicha intención se expresa mediante la gramática normativa del texto, su contexto literario y conforme a su marco histórico, tomando en cuenta todas las figuras retóricas y formas literarias que se encuentran en el texto.

NEGAMOS que una interpretación pueda considerarse válida meramente porque sea lingüísticamente posible. Negamos además que el significado de la Escritura sea determinado de alguna manera por la preferencia del lector o por la tradición de una comunidad.

ARTÍCULO XV: EL PRINCIPIO GRAMATICAL

AFIRMAMOS el sentido gramatical de la Escritura, es decir, que las palabras de la Escritura deben entenderse conforme a las reglas normales del lenguaje humano tal como se usaba en el tiempo en que se escribió el texto.

NEGAMOS la legitimidad de cualquier método que viole las reglas del lenguaje humano.

ARTÍCULO XVI: EL PRINCIPIO HISTÓRICO

AFIRMAMOS el sentido histórico de la Escritura, es decir, que la Escritura debe entenderse a la luz de los hechos de la historia tal como el autor apeló a ellos y los dio por sentados en su escrito.

NEGAMOS que la información histórica extrabíblica pueda prevalecer sobre lo que el autor expresó gramaticalmente, ya sea en su intención, en sus afirmaciones históricas o en sus implicaciones.

ARTÍCULO XVII: EL PRINCIPIO SINTÉTICO

AFIRMAMOS que, debido a que la Escritura es inerrante, ninguna interpretación correcta de un texto puede contradecir la interpretación correcta de otro texto de la Escritura. Afirmamos que, si un estudiante de la Escritura llega a una comprensión de un pasaje que contradice otro pasaje de la Palabra de Dios, esa interpretación no puede ser correcta. También afirmamos que los textos de la Escritura que hablan de los mismos acontecimientos o conceptos pueden armonizarse.

NEGAMOS que todo pasaje de la Escritura sea igualmente fácil de interpretar, o que un pasaje pueda anular el significado de otro pasaje de la Escritura.³⁵

ACERCA DE LOS TRASFONDOS HISTÓRICOS Y LOS IDIOMAS BÍBLICOS
ARTÍCULO XVIII: LA UTILIDAD DE LOS TRASFONDOS HISTÓRICOS

AFIRMAMOS que la Escritura contiene un registro inerrante de acontecimientos, discursos y dichos, todos los cuales corresponden a hechos históricos.³⁶ Afirmamos además que, debido a que la Escritura está anclada en la historia, los trasfondos históricos de diversa índole pueden ser útiles para explicar e ilustrar lo que el autor describió.

NEGAMOS que la presentación que la Escritura hace del trasfondo histórico sea inexacta o engañosa. Negamos además que la información histórica extrabíblica pueda sustituir o corregir lo que la Escritura comunica gramaticalmente, ya sea en su intención, en sus afirmaciones históricas o en sus implicaciones.

ARTÍCULO XIX: LA IMPORTANCIA DE LOS IDIOMAS BÍBLICOS

AFIRMAMOS que la inspiración y la inerrancia de la Escritura se refieren a sus autógrafos originales, los cuales fueron escritos en hebreo, arameo y griego. Afirmamos la utilidad de estudiar estos idiomas para alcanzar mayor precisión en la comprensión de un pasaje. Afirmamos además que se cometen falacias exegéticas cuando la redacción original se interpreta fuera de los límites de la intención autoral y del contexto.

NEGAMOS que los énfasis de la Escritura se pierdan inherentemente en la traducción, y que el conocimiento de los idiomas originales sea indispensable para la comprensión básica del significado de la Escritura. Negamos que la simple apelación a los idiomas originales garantice una interpretación correcta de la Escritura.

ARTÍCULO XX: EL USO DE LAS TRADUCCIONES DE LA BIBLIA

AFIRMAMOS que, dado que el Nuevo Testamento traduce porciones del Antiguo Testamento, la Escritura misma afirma la legitimidad de la traducción; es decir, que las traducciones de la Escritura pueden comunicar la intención divina de la Escritura. Afirmamos además que las traducciones, en la medida en que expresan la redacción y el significado del texto original, poseen la exactitud y la autoridad derivadas del texto original.

NEGAMOS que el significado de algún texto bíblico esté tan ligado a la cultura de la cual surgió que sea imposible comprender ese mismo significado en otras culturas.³⁷

ACERCA DE LA EXÉGESIS
ARTÍCULO XXI: LA NATURALEZA DE LA EXÉGESIS

AFIRMAMOS que la exégesis es la aplicación hábil de la hermenéutica literal-gramatical-histórica al texto bíblico en los idiomas originales, con el fin de discernir el significado que el autor se propuso comunicar.

NEGAMOS la legitimidad de cualquier tratamiento del texto bíblico, o de cualquier búsqueda de fuentes que supuestamente estén detrás de él, que conduzca a relativizar, deshistorizar o desestimar su enseñanza, o a rechazar sus afirmaciones en cuanto a su autoría.³⁸

ARTÍCULO XXII: EL RECONOCIMIENTO DE LAS FORMAS LITERARIAS

AFIRMAMOS que el conocimiento de los géneros literarios y de los estilos de los autores es provechoso para una exégesis adecuada.

NEGAMOS que las narraciones bíblicas que se presentan como fácticas puedan entenderse como alguna forma literaria que niegue la historicidad de dichas narraciones. Negamos que las formas literarias puedan usarse para argumentar contra las afirmaciones históricas, milagrosas y sobrenaturales de la Escritura. Negamos además que el lenguaje humano haya sido demasiado limitado para que Dios comunicara Su mensaje en la Escritura de manera clara y adecuada.³⁹ También negamos que el género suspenda la hermenéutica literal-gramatical-histórica.

ARTÍCULO XXIII: LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO

AFIRMAMOS que el contexto es necesario para que el estudiante de la Escritura capte la intención legítima del autor. Afirmamos que el contexto puede incluir el trasfondo histórico de un pasaje, su contexto literario inmediato y el contexto intertextual tal como lo construyó el autor. Afirmamos que la revelación previa puede informar el significado de la revelación posterior, y que la revelación posterior puede mostrar la plena trascendencia de la revelación previa.

NEGAMOS que el contexto pueda socavar o contradecir las afirmaciones de cualquier pasaje dado. Negamos la legitimidad de emplear el contexto de la revelación posterior para redefinir el significado de la revelación anterior. Sin embargo, también negamos que sea ilegítimo emplear el contexto de la revelación posterior para comprender la trascendencia completa de la revelación anterior.

ARTÍCULO XXIV: EL USO DE LAS HERRAMIENTAS DE LA CRÍTICA TEXTUAL

AFIRMAMOS que las técnicas de la baja crítica, particularmente en lo relativo a la gramática, la lexicografía y la crítica textual, pueden ser útiles para determinar la redacción original del texto y su significado.⁴⁰

NEGAMOS cualquier técnica de la alta crítica que cuestione la verdad o la integridad del significado expresado por el escritor o de cualquier otra enseñanza bíblica.⁴¹

ACERCA DE LA TEOLOGÍA BÍBLICA
ARTÍCULO XXV: LA REVELACIÓN PROGRESIVA DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que la revelación de Dios en la Escritura fue progresiva y acumulativa, revelando verdad divina cada vez más abundante a lo largo del tiempo, muchas veces y de muchas maneras, y hablando finalmente por medio de Su Hijo.⁴²

NEGAMOS que cada detalle de toda la revelación divina haya sido necesariamente dado o conocido en cada punto del desarrollo de la revelación divina. También negamos que la revelación progresiva excluya necesariamente la presencia de ciertas verdades en la revelación anterior. Negamos que la revelación posterior, que puede cumplir la revelación anterior, alguna vez la corrija, la contradiga o la reinterprete. Negamos además que se haya dado alguna revelación normativa desde que se completaron los escritos del Nuevo Testamento.⁴³ Negamos que el significado de algún texto de la Escritura evolucione o cambie con el tiempo, puesto que todo texto de la Escritura es inmutable.

ARTÍCULO XXVI: LA UNIDAD DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS la unidad, armonía y coherencia de la Escritura, que proporciona una revelación cohesiva, interconectada, acumulativa y completa del carácter y del plan de Dios. Afirmamos que la Escritura es su propia mejor intérprete, pues conserva e incorpora la revelación anterior mientras progresivamente saca a la luz implicaciones adicionales y entreteje temas que abarcan todo el canon.⁴⁴

NEGAMOS que la revelación completa de Dios que se encuentra en la Escritura agote todo lo que hay en Dios o en Su plan.⁴⁵ Negamos además que la Escritura pueda interpretarse de tal manera que sugiera que un pasaje corrige o reinterpreta a otro. Negamos además que los escritores posteriores de la Escritura hayan interpretado mal pasajes anteriores de la Escritura al citarlos o al hacer referencia a ellos.⁴⁶ Negamos además la legitimidad de conexiones intertextuales ajenas a la intención del autor.

ARTÍCULO XXVII: EL USO DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN EL NUEVO TESTAMENTO

AFIRMAMOS que, si bien los escritores del Nuevo Testamento identifican y extraen trascendencia adicional de ciertos textos del Antiguo Testamento, lo hacen de una manera coherente con el significado único y la intención autoral original de los escritores del Antiguo Testamento.

NEGAMOS que los autores del Nuevo Testamento hayan cambiado el significado de algún texto del Antiguo Testamento.

ARTÍCULO XXVIII: LA INTERPRETACIÓN DE LA PROFECÍA BÍBLICA

AFIRMAMOS que el método de interpretación literal-gramatical-histórico debe aplicarse de manera consistente a la profecía bíblica.

NEGAMOS que la revelación progresiva reinterprete profecías anteriores, restando valor a su cumplimiento literal y físico. Negamos que el género profético suspenda la hermenéutica literal-gramatical-histórica.

ARTÍCULO XXIX: LA CENTRALIDAD DE CRISTO

AFIRMAMOS la centralidad de la Persona y la obra de Cristo en la Escritura.⁴⁷ Afirmamos que todo pasaje de la Escritura se conecta en última instancia con Cristo, en el sentido de que todo pasaje de la Escritura revela algún aspecto del plan redentor de Dios, el cual culmina en Cristo.

NEGAMOS que todo pasaje de la Escritura, debidamente interpretado, se refiera directamente a la Persona y la obra de Cristo.

ACERCA DE LA TEOLOGÍA SISTEMÁTICA E HISTÓRICA
ARTÍCULO XXX: REVELACIÓN GENERAL Y REVELACIÓN ESPECIAL

AFIRMAMOS la armonía de la revelación especial con la revelación general y, por lo tanto, de la enseñanza bíblica con los hechos de la naturaleza.⁴⁸ Afirmamos además la prioridad autoritativa de la revelación especial sobre la revelación general, en cuanto que la creación está caída y sujeta a la maldición, mientras que la Escritura es infalible.

NEGAMOS que algún hecho científico genuino, debidamente entendido, sea incompatible con el verdadero significado de algún pasaje de la Escritura.⁴⁹ Negamos además que el razonamiento, las experiencias o las observaciones del hombre deban prevalecer sobre la intención autoral de algún pasaje de la Escritura.⁵⁰

ARTÍCULO XXXI: REVELACIÓN Y TEOLOGÍA

AFIRMAMOS que la verdadera teología incluye no solo lo que se expone expresamente en la Escritura, sino también lo que se deriva de las implicaciones legítimas de la Escritura, de la síntesis de las proposiciones explícitas de la Escritura y de las presuposiciones teológicas de los autores bíblicos.

NEGAMOS que la verdadera teología pueda derivarse de algo distinto a la revelación divina. Negamos que la prioridad de la revelación especial incapacite a la revelación general para revelar verdad teológica.⁵¹ Negamos además la validez de considerar una implicación plausible como si fuera una implicación necesaria.

ARTÍCULO XXXII: LA ESCRITURA Y LA TRADICIÓN CRISTIANA

AFIRMAMOS el principio protestante de sola Scriptura: que solo la Escritura es la regla última, absoluta e infalible de fe y práctica, la única norma normante que no es normada.

NEGAMOS la caricatura de sola Scriptura que niega la existencia de normas subordinadas legítimas, las cuales a su vez son normadas por la Escritura.

AFIRMAMOS que todas las demás formas de autoridad espiritual, incluidos los credos históricos, las confesiones doctrinales, los pastores de las iglesias locales, los maestros y los comentaristas bíblicos, están sujetas a la Escritura.

NEGAMOS que algún credo, confesión, pastor, maestro o comentarista sea igual o superior a la Escritura.

AFIRMAMOS que, aunque la Escritura es la gobernante suprema y el árbitro final de la doctrina y el deber cristianos, los credos y confesiones de la historia de la iglesia pueden ayudar a proteger a los creyentes de desviarse hacia la herejía y la falsa enseñanza.

NEGAMOS que tal uso de los credos y confesiones esté en conflicto con la doctrina de sola Scriptura.

AFIRMAMOS que, en la medida en que los credos antiguos (es decir, el Credo de los Apóstoles, el Credo Niceno, el Credo Atanasiano y el Credo de Calcedonia) representan con exactitud la verdad bíblica, poseen una autoridad derivada que históricamente ha definido los límites de la ortodoxia cristiana. Afirmamos además el uso ministerial de la historia de la iglesia: aunque está subordinada a la Escritura, es valiosa para guiar fielmente a los creyentes, particularmente en la defensa de la sana doctrina.

NEGAMOS el uso magisterial de la tradición y rechazamos cualquier sistema que coloque la tradición en un nivel de autoridad superior o igual a la Palabra de Dios.⁵² Negamos además la idea de que la historia de la iglesia no tenga valor para los creyentes de hoy.

ARTÍCULO XXXIII: EL PRINCIPIO DE VERIFICACIÓN

AFIRMAMOS que, si bien ninguna época de la historia de la iglesia está libre de fallas, los estudiantes de la Escritura deben considerar si su interpretación del texto bíblico concuerda o no con las conclusiones de creyentes fieles a lo largo de la historia de la iglesia. El estudiante de la Escritura debe mostrarse suspicaz ante la adopción de interpretaciones novedosas y conclusiones exegéticas que nunca han sido sostenidas, o que solo han sido sostenidas por quienes se habían apartado de la ortodoxia.

NEGAMOS que la tradición de la iglesia sea inerrante o determinante del significado de la Escritura. Negamos además que una enseñanza que no se encuentre en una tradición eclesiástica específica quede automáticamente descalificada.

ACERCA DEL MINISTERIO PASTORAL Y LA CONSEJERÍA
ARTÍCULO XXXIV: LA SUFICIENCIA, LAS IMPLICACIONES Y LAS APLICACIONES DE LA ESCRITURA

AFIRMAMOS que, aunque cada pasaje de la Escritura tiene un solo significado, habrá muchas aplicaciones. Si bien ciertas aplicaciones pueden variar en distintos contextos, algunas aplicaciones son obligatorias para todas las generaciones. Afirmamos además que la autoridad y la suficiencia de la Escritura hacen de ella la norma suprema para llevar a cabo fielmente toda forma de ministerio del evangelio, y el medio principal de la santificación de los santos.

NEGAMOS que los hombres deban jamás erigirse en jueces de la Escritura. Negamos que la distinción entre los mandatos universales y los mandatos particulares de la Escritura pueda determinarse meramente por factores culturales y circunstanciales. Negamos además que los mandatos universales puedan jamás tratarse como relativos a la cultura o a la situación.⁵³ Negamos además que los modelos de psicología o sociología de base secular sean herramientas adecuadas para la consejería pastoral.

ACERCA DE LA EXPOSICIÓN
ARTÍCULO XXXV: LA ESCRITURA Y LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA

AFIRMAMOS que la predicación expositiva es exigida por la naturaleza misma de la Escritura y es la culminación del proceso exegético, pues comunica el mensaje que Dios se propuso transmitir en sus detalles inspirados e inerrantes, en su contexto histórico y literario, en su profundidad y coherencia teológicas, y en sus implicaciones y aplicaciones intrínsecas.⁵⁴ Afirmamos además que el único tipo de predicación que comunica suficientemente la revelación divina y su debida aplicación a la vida es aquella que expone fielmente el texto de la Escritura como la Palabra de Dios.⁵⁵

NEGAMOS que el predicador tenga mensaje alguno de parte de Dios aparte del texto de la Escritura.⁵⁶

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LA FACULTAD DE THE MASTER’S SEMINARY

Nosotros, la facultad de The Master’s Seminary, por medio de la presente afirmamos la Declaración de TMS sobre Hermenéutica.

Lucas Alemán · Brian Biedebach · Nathan A. Busenitz · Abner Chou · Josiah Grauman · Michael A. Grisanti · Carl Hargrove · Brad Klassen · Nathan LeMaster · James R. Mook · Bryan J. Murphy · Michael Riccardi · Roberto Sánchez · Paul Twiss · Iosif J. Zhakevich · Mark Zhakevich · Philip Zhakevich · Kevin D. Zuber

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NOTAS

¹ Algunas porciones de este documento están tomadas o adaptadas de las Declaraciones de Chicago sobre la inerrancia bíblica y sobre la hermenéutica bíblica. Las oraciones marcadas con «tomado de» son citas, con cambios menores en raras ocasiones. Las oraciones marcadas con «adaptado de» conservan gran parte de la redacción original, pero con ciertas palabras cambiadas o añadidas para mayor precisión y claridad de expresión. Véase «The Chicago Statement on Biblical Inerrancy», Journal of the Evangelical Theological Society 21, n.º 4 (diciembre 1978): 289–96; y «The Chicago Statement on Biblical Hermeneutics», Journal of the Evangelical Theological Society 25, n.º 4 (diciembre 1982): 397–401.

² 1 Co 2:7–14; 2 Ti 3:16–17; 2 P 1:20–21.

³ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo III.

⁴ 2 Ti 3:16.

⁵ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo VII.

⁶ 2 P 1:21; véase Ec 12:9–11.

⁷ Sal 22:30–31; 102:18; Ro 15:4; 1 P 1:12.

⁸ 2 Ti 3:16.

⁹ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo VIII.

¹⁰ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo IV.

¹¹ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XVIII. Véase 1 P 1:10–11.

¹² Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo XI.

¹³ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo XII. Cf. Is 55:11; 2 Ti 3:16–17; 2 P 1:3–4.

¹⁴ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo XIII.

¹⁵ Dt 30:11–14 (cf. Ro 10:6–8); Ro 1:18–19; 1 Co 2:14–15.

¹⁶ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XXIV.

¹⁷ 2 P 3:16.

¹⁸ Ef 4:11–12.

¹⁹ Dt 6:6–7; Sal 19:7–11; Zac 7:12; Mt 5:18; 24:35; Jn 10:35; 16:12–13; 17:17; 1 Co 2:13; 2 Ti 3:15–17; Heb 4:12; 2 P 1:3, 20–21; Ap 3:8.

²⁰ 2 P 1:19.

²¹ Heb 1:1–2; 2:2–3; 2 P 3:2; véase Ro 1:1–2; Lc 11:49; 1 Ti 5:18.

²² Sal 19:7–9; Is 55:10–11; Lc 16:17; Jn 6:63; 17:17–19; Ro 1:16–17; 1 Co 1:18; Ef 5:26; 1 Ts 2:13; 2 Ti 3:16–17; Heb 4:12; 1 P 1:23; 2:2.

²³ Éx 17:14; 24:4; 34:27–28; Dt 17:18–22; 31:9, 22; Mt 5:18; 24:35; Lc 16:17.

²⁴ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo X. Cf. Is 40:8; Mt 4:4; 5:18; Lc 4:4; 16:17; 21:33; 1 P 1:23–25.

²⁵ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo X.

²⁶ Mt 5:18–19; Lc 16:17.

²⁷ Jn 16:12–15.

²⁸ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo I.

²⁹ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo I.

³⁰ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo V; Ro 1:18–21; 1 Co 2:14.

³¹ Mt 12:3, 5; 19:4; 22:31; Mr 12:10, 26; Lc 6:3.

³² Ro 1:18–21.

³³ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo VII.

³⁴ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo VII.

³⁵ 2 P 3:15–16.

³⁶ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XIV.

³⁷ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XI.

³⁸ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo XVIII.

³⁹ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo X.

⁴⁰ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XVI.

⁴¹ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XVI.

⁴² Heb 1:1–2.

⁴³ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica», artículo V.

⁴⁴ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XVII.

⁴⁵ Dt 29:29.

⁴⁶ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XVII.

⁴⁷ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo III.

⁴⁸ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XXI.

⁴⁹ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XXI; Ro 1:18–19; 1 Co 2:14–16.

⁵⁰ 2 P 1:16–21.

⁵¹ Sal 19:1–6; Ro 1:18–21.

⁵² Cf. Mr 7:1–13.

⁵³ Adaptado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo VIII.

⁵⁴ Neh 8:5–8; Hch 5:20; 20:27; 2 Ti 2:15; 4:1–2.

⁵⁵ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XXV.

⁵⁶ Tomado de la «Declaración de Chicago sobre la hermenéutica bíblica», artículo XXV.

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