¿Cumplió Josué 21 La Promesa De La Tierra A Israel?

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POR PETER GOEMAN

¿Deberíamos esperar que Dios traiga a Israel de regreso a la tierra prometida algún día? Algunos cristianos sostienen que Josué 21:43–45 resuelve la cuestión. Dios le dio a Israel toda la tierra que prometió, todo se cumplió y no hay razón para esperar un cumplimiento futuro de la promesa de la tierra.

He visto este argumento con frecuencia en debates por internet. Y entiendo por qué el pasaje puede parecer convincente en un principio. Josué utiliza un lenguaje exhaustivo sobre la fidelidad de Dios. Pero ¿significa eso que cada aspecto de la promesa de la tierra se agotó durante la conquista? Necesitamos examinar cuidadosamente tanto la promesa en sí como el contexto de Josué.

¿Qué le prometió Dios a Abraham?

La promesa de la tierra comienza en Génesis 12:7, donde el Señor le dice a Abram: «A tu descendencia daré esta tierra». Génesis 13:15 añade un detalle importante: la tierra pertenecería a Abraham y a su descendencia «para siempre».

Génesis 15:18 especifica los límites, extendiéndose desde el río de Egipto hasta el Éufrates. Dios también identifica a los pueblos cuya tierra sería entregada a los descendientes de Abraham, incluidos los jebuseos. Téngalos presentes. Llegarán a ser importantes cuando consideremos la conquista de Israel.

Luego Génesis 17:7–8 describe el pacto como perpetuo e identifica «toda la tierra de Canaán» como «posesión perpetua».

Dos observaciones son evidentes. Dios le prometió una tierra específica a Abraham y a sus descendientes, y describió esa posesión como perpetua. Esos detalles encajan de forma natural con la expectativa de que Israel todavía tiene un futuro en la tierra. Cualquier interpretación que afirme lo contrario debe dar cuenta tanto de la especificidad geográfica como de la naturaleza perdurable de la promesa.

¿Resuelve la cuestión Josué 21?

Los cristianos que rechazan una promesa futura de la tierra para Israel suelen responder de dos maneras. Algunos entienden a Canaán como un tipo que apunta hacia el mundo entero o la nueva creación. Bajo esa lectura, la promesa de la tierra encuentra su cumplimiento definitivo en algo mayor, compartido por todo el pueblo de Dios. Ese enfoque merece su propia discusión.

El argumento que estamos considerando aquí es diferente. Desde esta perspectiva, Dios ya cumplió la promesa de la tierra a través de Josué, por lo que no queda nada por cumplirse. Muchos han defendido esto, pero Gary DeMar es probablemente a quien he visto citado con mayor frecuencia.

Josué 21:43–45 dice que el Señor dio a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres. La poseyeron, habitaron en ella y el Señor les dio reposo en derredor de sus enemigos. El versículo 45 concluye: «No faltó ni una palabra de las buenas promesas que el Señor había hecho a la casa de Israel. Todas se cumplieron».

¡Ese es un lenguaje contundente! Para algunas personas, este lenguaje es absoluto y zanja el debate por completo. Pero debemos recordar que un lenguaje contundente sigue teniendo un contexto. Por ejemplo, aunque Filipenses 4:13 («Todo lo puedo en Cristo») se usa con frecuencia como una aseveración absoluta, se refiere al contentamiento del creyente, no a una habilidad todopoderosa. De manera similar, el lenguaje absoluto de Mateo 7:1 no prohíbe toda clase de juicio. El contexto circundante determina cómo entendemos esas declaraciones. Necesitamos tener el mismo cuidado con Josué 21.

Un pacto perpetuo continúa vigente

Antes de examinar el contexto de Josué, considere cómo se comunica Dios a través de Sus pactos. El pacto con Noé proporciona una comparación útil. En Génesis 9:15–16, Dios promete que nunca más habrá diluvio para destruir toda carne y llama a esto un pacto perpetuo.

¿Diríamos acaso que porque Dios ha guardado esa promesa durante miles de años, ahora ha cumplido Su obligación y es libre de inundar toda la tierra otra vez? Por supuesto que no. Su fidelidad en el pasado nos da la confianza de que Él continuará guardando Su palabra.

La misma consideración importa para el pacto abrahámico. La fidelidad de Dios al darle a Israel la tierra durante un período de la historia no anula un compromiso perpetuo. Incluso si Israel hubiera poseído cada centímetro del territorio prometido bajo Josué, todavía tendríamos que considerar el carácter perdurable de la promesa. Los pactos de Dios revelan Su fidelidad a través de las generaciones.

Josué y Jueces describen tierra que aún no había sido conquistada

Las dimensiones geográficas de la tierra resultan problemáticas para quienes dirían que la promesa ya se cumplió. Los límites debían extenderse hasta el Éufrates, un límite que se reitera en Josué 1:4. No podemos simplemente asumir que Israel poseía todo ese territorio al final de la vida de Josué.

De hecho, Josué 13:1 dice explícitamente: «todavía queda mucha tierra por poseer». Los versículos siguientes identifican regiones no conquistadas, incluidos el territorio de los filisteos y las áreas hacia el Líbano. Dios entonces instruye a Josué a repartir la tierra por heredad a Israel, al tiempo que promete expulsar a sus habitantes (Jos 13:6–7).

Note el orden. La tierra debía repartirse aun cuando partes significativas permanecían sin conquistar. Recibir una repartición y ocupar cada parte de ella eran realidades distinguibles.

DeMar sostiene que debido a que Josué 21 viene después de las descripciones de los límites y de la tierra no conquistada, debemos entender que la tierra ya había sido poseída para ese punto. Sin embargo, los capítulos intermedios describen principalmente la distribución de las asignaciones tribales. No narran una nueva campaña militar en la que se haya conquistado todo el territorio restante. El orden de los capítulos no puede establecer algo que la narrativa jamás relata. Es un enorme argumento del silencio.

Además, Jueces hace que el problema sea aún más evidente. El libro comienza tras la muerte de Josué (y después de Josué 21) con Israel preguntando quién debería subir a pelear contra los cananeos (Jue 1:1). Luego nos encontramos con una descripción reiterada del fracaso de Israel en expulsar a los habitantes.

Benjamín no expulsó a los jebuseos de Jerusalén (Jue 1:21). Recuerde que ellos fueron incluidos específicamente en Génesis 15. Manasés, Efraín, Zabulón, Aser y Neftalí tampoco lograron expulsar a varios pueblos (Jue 1:27–33).

La situación de Dan fue especialmente reveladora. Los amorreos forzaron a la tribu hacia la región montañosa y no la dejaron descender al llano (Jue 1:34). Eso resulta difícil de conciliar con la afirmación de que Israel ya gozaba de la posesión total de cada región prometida.

Por otra parte, Dios había dicho explícitamente que la conquista se desarrollaría de manera gradual: «Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra» (Éx 23:30). Deuteronomio 7:22 explica que desalojar a los habitantes demasiado rápido permitiría que las fieras del campo se multiplicaran contra Israel.

Una victoria militar inicial seguida de un proceso de ocupación más prolongado era coherente con el plan establecido por Dios. Debemos leer Josué 21 con esa expectativa en mente.

La Ley anticipaba el exilio y la restauración

Existe otro problema al tratar a Josué 21 como un cumplimiento exhaustivo de cada promesa. Antes de que Israel entrara en Canaán, la ley ya anticipaba la desobediencia nacional, el exilio y la restauración (Lv 26:40–45; Dt 4:25–30; 30:1–10).

Deuteronomio 30 es especialmente claro. Dios reuniría a Su pueblo disperso, lo traería a la tierra que sus padres poseyeron y circuncidaría sus corazones para que lo amaran.

¿Había sucedido todo eso para cuando llegamos a Josué 21? Israel ni siquiera había experimentado el exilio anticipado, y mucho menos la restauración que le seguiría. Estas promesas ya eran parte de la revelación de Dios, pero su cumplimiento aún estaba por delante.

Por consiguiente, la frase «todas se cumplieron» no puede significar que cada promesa que Dios había hecho en cuanto al futuro de Israel estaba ya consumada. La declaración debe entenderse dentro de las circunstancias particulares que Josué está describiendo.

Los profetas aún esperaban la restauración de Israel

Los profetas confirman que la conquista no agotó las promesas de Dios con respecto a Israel y la tierra.

En Jeremías 33:23–26, Dios responde a quienes afirman que Él ha desechado a Su pueblo. Apela a Su orden establecido para el día y la noche y promete misericordia y restaurar la suerte de los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Siglos después de Josué, los compromisos del pacto de Dios seguían vigentes.

Amós 9:14–15 es todavía más explícito. Israel reedificaría las ciudades asoladas, las habitaría, plantaría viñas y disfrutaría de su fruto. Dios declara entonces: «Los plantaré en su tierra, y no serán arrancados jamás de la tierra que les he dado».

Esa es una promesa de una restauración futura y perdurable en la tierra, pronunciada mucho después de la conquista de Josué. Alguien podría intentar explicarla mediante una interpretación tipológica, pero eso nos devuelve a un debate aparte. Apelar únicamente a Josué 21 no resuelve lo que Amós promete.

¿Qué significa Josué 21?

No basta con explicar lo que un pasaje no puede significar. También necesitamos explicar lo que sí significa.

Josué 21 celebra la total fidelidad de Dios al haber llevado a Israel hasta ese punto. Él los había introducido en la tierra, había derrotado a las fuerzas opositoras en la conquista y les había permitido establecerse en su heredad. Cada parte de ese éxito daba testimonio de Su confiabilidad.

Piense en la conquista en dos etapas. Las campañas iniciales quebraron la principal oposición militar y establecieron a Israel en Canaán. Luego, las tribus debían ocupar sus reparticiones individuales y expulsar a los habitantes restantes. Dios había cumplido fielmente lo que prometió al guiarlos a través de la primera etapa. Su fidelidad proporcionaba toda razón para confiar en Él a medida que avanzaban.

Esta línea de razonamiento explica por qué Josué puede celebrar un éxito tan amplio y, al mismo tiempo, describir territorio que sigue sin ser conquistado. El resumen evalúa la fidelidad de Dios en lo que sucedió; no borra la labor que la narrativa circundante afirma explícitamente que aún quedaba por hacer.

Reconocemos la necesidad de interpretar el lenguaje exhaustivo de forma contextual en pasajes como el Salmo 121:7, que promete protección contra «todo mal». De allí no concluimos que los creyentes jamás experimentarán sufrimiento. De igual manera, debemos entender el lenguaje de Josué sobre la fidelidad de Dios a la par de todo lo demás que el texto nos dice.

Josué 21 le dio a Israel (y a nosotros) una maravillosa razón para confiar en Dios. Guardó Su palabra a Israel a través de la conquista, tal como dijo que lo haría. Y continuaría haciéndolo si ellos respondían en obediencia y continua fidelidad. Desafortunadamente, Israel no continuó de esa manera, por lo que nunca conquistaron por completo la tierra que se les había prometido. Esa promesa todavía aguarda el futuro.

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