¿Enseña Gálatas 3 que la iglesia es Israel?

Posted on

ESJ_BLG_20260929_00¿Enseña Gálatas 3 que la iglesia es Israel?

PETER GOEMAN

¿Enseña Gálatas 3 que la iglesia es el verdadero Israel espiritual? Este es uno de los pasajes que la gente saca a relucir con mayor frecuencia cuando debato sobre el futuro de Israel. No importa qué parte de la Biblia estemos explorando. Las personas recurren de inmediato a Gálatas 3, diciendo que Israel no puede tener un futuro distintivo porque el lenguaje de Pablo es demasiado claro como para permitir una distinción continua entre Israel y la iglesia.

Entiendo por qué la gente encuentra esto convincente. Es un argumento simple, y muchos comentaristas y teólogos respetados lo sostienen. Pero creo que debemos detenernos y examinar lo que el texto realmente dice, junto con los presupuestos que traemos a él.

En Gálatas 3:7–9, Pablo identifica a quienes ejercen la fe como hijos de Abraham. El versículo 29 dice de manera similar: «Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham, herederos según la promesa». No hay desacuerdo aquí: los creyentes gentiles son descendencia de Abraham.

El paso controvertido viene a continuación. Dado que a Israel se le llama descendencia de Abraham en el Antiguo Testamento, algunos concluyen que los creyentes que reciben esa designación deben ser Israel. Otros recurren al versículo 16, argumentando que Cristo es la simiente en singular y que, por lo tanto, todo aquel incorporado en Él constituye el verdadero Israel. Luego se utiliza el versículo 28 para argumentar que las distinciones entre judío y gentil han desaparecido.

Como ejemplo de este tipo de argumentación, nótense los comentarios de George Eldon Ladd:

Si Abraham es el padre de un pueblo espiritual, y si todos los creyentes son hijos de Abraham, su descendencia, entonces se deduce que ellos son Israel, espiritualmente hablando.

— Ladd, “Historic Premillennialism”, 24.

Anthony Hoekema asimismo ve a la iglesia identificada como el verdadero Israel en este pasaje. Él señala lo siguiente:

«Lo que está inequívocamente claro aquí es que todos los creyentes del Nuevo Testamento, todos los que pertenecen a Cristo, todos los que han sido revestidos de Cristo (v. 27), son la simiente de Abraham; no en el sentido físico, por cierto, sino en un sentido espiritual. Nuevamente vemos la identificación de la iglesia del Nuevo Testamento como el verdadero Israel, y de sus miembros como los verdaderos herederos de la promesa hecha a Abraham».

— Hoekema, The Bible and the Future, 198–99.

Estos son teólogos influyentes cuyos argumentos merecen consideración. Mi inquietud es si la conclusión se deriva del lenguaje que Pablo realmente utiliza. ¿Es verdad que, a partir de Gálatas 3, la iglesia tiene que ser equiparada con el Israel espiritual? Quisiera ofrecer seis observaciones.

1. La carga de la prueba importa

El Antiguo Testamento establece una expectativa de que Dios cumplirá Sus promesas a la nación de Israel (en verdad hay demasiados pasajes para enumerar, pero consideremos Dt 4:25-30; Dt 30; Os 3:4-5; Am 9:11-15; Zac 14, etc.). Quien sostenga que el Israel nacional ya no tiene relevancia en el plan de Dios necesita demostrar cuándo y por qué cambió eso.

La iglesia no es una nación en el mismo sentido en que Israel es una nación, con tierra y fronteras. Incluso después de que comienza la iglesia, Pablo continúa distinguiendo entre Israel y los gentiles. Parte de la controversia en Gálatas gira en torno a si los creyentes gentiles necesitan someterse a la circuncisión.

Gálatas 3 podría, teóricamente, proporcionar evidencia de un cambio en la identidad o el significado de Israel. Eso es precisamente lo que estamos discutiendo. Pero debemos reconocer sobre quién recae la carga de la prueba. La expectativa del Antiguo Testamento respecto al futuro de Israel es clara, y la afirmación de que esa expectativa ha cambiado debe ser demostrada, no asumida.

2. El lenguaje compartido no establece una identidad compartida

Consideremos la lógica: a Israel se le llama descendencia de Abraham, y a los creyentes del NT se les llama descendencia de Abraham; por lo tanto, los creyentes del NT son Israel.

Esa conclusión no es lógicamente necesaria. Dos grupos pueden compartir una descripción sin convertirse en el mismo grupo.

Por ejemplo, a Jesús se le llama «hijo del hombre», y a Ezequiel también se le llama «hijo del hombre». ¡Nadie concluye que Jesús sea Ezequiel! La expresión «hijos de Dios» de igual manera se aplica a diferentes grupos, incluyendo a creyentes y a ángeles. El contexto determina cómo funciona el lenguaje.

Existe un problema similar cuando tomamos el significado de una palabra en un pasaje e imponemos a la fuerza ese significado en cada una de sus apariciones. Reconocemos esto fácilmente en la comunicación cotidiana. Un banco guarda tu dinero, pero en un parque te sientas en un banco. El significado de un uso contextual no determina el otro.

El mismo cuidado es necesario con «hijos», «simiente» y «descendencia». Llamar a los creyentes descendencia de Abraham no nos dice automáticamente cómo debe entenderse cada referencia del Antiguo Testamento a la descendencia de Abraham. Necesitamos examinar cada contexto.

3. La Escritura utiliza la «simiente» o descendencia de Abraham de varias maneras

Hay al menos cuatro categorías para considerar cuando la Escritura habla de la descendencia de Abraham.

Primero, están sus descendientes físicos a través de Israel. Génesis 13:15 conecta la descendencia de Abraham con la promesa de la tierra, y el Salmo 105:6 identifica a la descendencia de Abraham como los hijos de Jacob. Las referencias a la descendencia física pueden incluir a israelitas tanto fieles como infieles.

Juan 8:37 es especialmente útil. Al hablar a judíos incrédulos que se le oponen, Jesús reconoce explícitamente que son descendientes de Abraham. Jesús reconoce su linaje físico aun mientras confronta su incredulidad. No podemos introducir a la fuerza en esa declaración una definición que incluya únicamente a creyentes.

Segundo, Abraham tiene descendientes físicos fuera de la línea de la promesa del pacto. Estos incluyen a los hijos de Cetura y descendientes como Esaú. La descendencia física de Abraham no establece, por sí misma, la participación en la línea prometida.

Tercero, Cristo mismo es la simiente de Abraham. Este es el punto de Pablo en Gálatas 3:16. Creo que Génesis 22:17–18 también presenta una interacción entre los muchos descendientes y un descendiente individual que los representa. Dios promete descendientes tan numerosos como las estrellas y la arena, al tiempo que habla de una descendencia que poseerá la puerta de sus enemigos. Entiendo esto último como una referencia a un individuo que representa al grupo mayor. Los usos individuales y corporativos encajan juntos dentro de la promesa.

Cuarto, hay una descendencia espiritual, la cual incluye a los gentiles que comparten la fe de Abraham. Gálatas 3 y Romanos 4 describen esta relación.

Todos estos usos deben ser reconocidos. Cristo es la simiente de Abraham, y los creyentes son descendencia de Abraham mediante la fe. Pero ninguna de las dos verdades elimina los otros usos del término. El contexto es el rey.

4. Abraham es singularmente idóneo para ser el padre de los creyentes, tanto judíos como gentiles

¿Se ha preguntado alguna vez por qué a los creyentes gentiles se les llama hijos de Abraham en lugar de hijos de Isaac o de Jacob? La experiencia de Abraham ayuda a explicar por qué Pablo se enfoca en él.

Abraham le creyó a Dios, y su fe le fue contada por justicia antes de ser circuncidado. Pablo expone este punto de forma explícita en Romanos 4:9–11. Posteriormente, la circuncisión sirvió como señal y sello de la justicia que Abraham ya poseía por la fe.

Esa secuencia es la razón por la cual Abraham encaja tan bien con los gentiles. Abraham conoció la vida tanto antes como después de la circuncisión. Como explica Pablo, esto lo convierte en padre de aquellos que creen sin estar circuncidados. Por tanto, su relación con los creyentes incluye tanto a judíos como a gentiles.

Esto encaja de forma natural con Gálatas 3. Abraham es el ejemplo de confiar en Dios, y quienes comparten su fe son sus hijos. Nada en esa relación exige la desaparición de las distinciones entre judíos y gentiles. Su fe compartida explica su relación con Abraham.

5. La representación que Cristo hace de Israel garantiza sus promesas

Otro argumento se formula así: Jesús es el verdadero Israel, los creyentes están incorporados en Él y, por lo tanto, el Israel nacional ya no tiene relevancia.

Concuerdo en que Jesús representa a Israel. Amén y amén. Pero la conclusión de que el Israel nacional ya no tiene relevancia no se desprende automáticamente de esa premisa.

¿Por qué la representación que Cristo hace de Israel habría de eliminar el futuro de Israel? Su función como representante de Israel puede, por el contrario, garantizar que las promesas dadas a la nación se cumplirán. Esa es una forma lógicamente coherente de entender la relación, y creo que también da cuenta de los pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento que anticipan el futuro de Israel.

La cuestión no puede resolverse simplemente afirmando que Cristo es el verdadero Israel. También debemos establecer lo que Su representación significa para el pueblo al que representa. Cualquier explicación que adoptemos debe dar cuenta de las promesas que Dios ya ha comunicado.

6. Gálatas 3:28 no puede borrar la distinción funcional

Uno de los versículos más citados que la gente utiliza para mostrar que no existe un papel especial para el judío se encuentra en Gálatas 3:28: «No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos son uno en Cristo Jesús».

A veces la gente cita este versículo a la ligera como si zanjara toda la discusión. Pero si «no hay judío ni griego» elimina toda distinción funcional entre judíos y gentiles, ¿qué ocurre con «no hay hombre ni mujer»?

Muchos de los que utilizan la primera expresión para borrar las distinciones entre Israel y los gentiles defienden con razón las distinciones entre hombres y mujeres. Afirman el liderazgo masculino y responsabilidades distintas dentro del matrimonio. Sin embargo, su argumento acerca de Israel emplea el mismo razonamiento que otros utilizan para negar esas distinciones entre hombres y mujeres.

Debemos ser coherentes. Si la unidad en Cristo permite roles diferenciados entre hombres y mujeres, también puede permitir distinciones entre judíos y gentiles.

¿No es eso lo que deberíamos procurar en nuestro acercamiento a la Escritura? No podemos simplemente cambiar nuestro enfoque interpretativo cuando pasamos de una discusión teológica a otra.

El énfasis de Pablo es nuestra posición común en Cristo. Ya sea que alguien sea judío o gentil, hombre o mujer, la salvación solo viene por medio de la fe en Cristo. No hay dos caminos de salvación, uno para judíos y otro para gentiles. Todos vienen a Dios a través de Cristo. Sin embargo, ese acceso compartido no borra cada distinción en el programa de Dios. Sería muy difícil sostener ese argumento con solidez.

Pensamientos finales

Amo Gálatas, y no veo ninguna dificultad en entender el capítulo 3 junto con las promesas del Antiguo Testamento. Zacarías 12–14 anticipa el duelo de Israel por Aquel a quien traspasaron, la misericordia de Dios hacia la nación y el reinado del Mesías desde Jerusalén. Esas expectativas merecen ser tomadas en serio. El Nuevo Testamento mismo respalda aún más la expectativa de un futuro exclusivo para Israel (cf. Mt 19:28; Hch 1:6; 3:19-21; Ro 9–11, etc.).

Dada la inspiración e inerrancia de la Escritura, debemos buscar una interpretación que armonice el Antiguo y el Nuevo Testamento. Gálatas 3 nos da todas las razones para celebrar la participación de los gentiles en la bendición de Abraham (cf. Gn 12:3). Pero no debemos hacer un mal uso de este pasaje para aplicarlo más allá de su propósito original. No creo que Gálatas 3 nos dé una razón para abandonar las promesas que Dios le hizo a Israel.

¿Interesado en ver o escuchar un debate sobre este tema?

Deja un comentario