La Educación Sexual debe Comenzar en el Hogar Cristiano

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La Educación Sexual debe Comenzar en el Hogar Cristiano

Por Melissa Edgington

Cuando era un estudiante de segundo año en la escuela secundaria, una chica de un grado mayor se me acercó para hablarme de su experiencia sexual. Ella sabía que estaba hablando con alguien que era notoriamente ingenuo y sin experiencia, y me di cuenta de que ella disfrutó de la oportunidad de educarme en estos pocos minutos al final de una sala de estudio. Nunca la olvidaré diciéndome:

¡Por supuesto, no tenemos relaciones sexuales cuando estoy en mi periodo, porque no quiero quedar embarazada!

Sonreí y asentí con la cabeza, preguntándome cómo una niña puede llegar a ser de 18 años de edad y sexualmente activa con tan poca comprensión de cómo funciona realmente la procreación. Ella honestamente pensó que la semana de su período era su semana más fértil del mes. Por algún milagro, ella pudo salir de la escuela secundaria sin quedar embarazada, pero no fue porque ella estaba siendo inteligente al respecto. Era obvio que había sido mal informada, probablemente por otra chica o su novio, todo porque sus padres asumieron que los niños se enteran de cómo esto funciona en alguna parte y personalmente eran demasiado avergonzados como para sacar el tema con sus hijos.

Por si fuera poco, esta chica no tenía idea alguna de que lo que estaba haciendo podría ser algo que no debía. Desde luego no parecía pensar que tener relaciones sexuales con su novio era algo de lo que debía callarse. Estaba orgullosa de lo que estaba haciendo.

Eso fue en los años 90, que eran totalmente tiempos sanos en comparación con el mundo en que nuestros hijos están creciendo en. La pornografía en Internet ha cambiado todo acerca de nuestra cultura, y nuestros hijos son más vulnerables que nunca antes, de experimentar el abuso, un embarazo inesperado, la adicción al sexo, y de perspectivas poco saludables y dañinas del sexo.

Los hogares cristianos deben ser los lugares más abiertos, honestos y cómodos para los niños y adolescentes de aprender y hacer preguntas sobre el sexo. Quiero dejar mi argumento, padres cristianos. Si usted siente vergüenza de hablar con sus hijos sobre el sexo, supérelo. He aquí por qué.

El mundo ya está enseñando a nuestros hijos sobre el sexo.

Se les está enseñando que el sexo es casual. Egoísta. Se dice que el sexo es puramente físico. Eso no significa nada. Que se trata de sentirse bien y obtener lo que deseas, y nada más. El mundo le dice a nuestros hijos que son objetos sexuales. Que sólo valen tanto como el nivel de deseo sexual de la otra persona por ellos. Se dice que si no están teniendo relaciones sexuales son totalmente inútiles, y que si están teniendo relaciones sexuales, son rameras. Este mundo dice incluso a nuestros pequeños más jóvenes que se definen por sus atributos físicos. Se les dice que existen para el placer sexual y que incluso se identifican por qué tipo de deseos sexuales tienen.

Como padres cristianos tenemos que ser las primeras personas en la vida de nuestros hijos para educarlos sobre el sexo. Necesitamos explicar desde el principio lo que Dios creó que fuera. Sobre la belleza sagrada del matrimonio. Y, tenemos que trabajar para restar importancia a la obsesión sexual integral de nuestra cultura. La única manera en que podemos hacerlo es hablar honestamente sobre sexo con nuestros hijos, desde las edades más jóvenes de lo que usted piensa. Es nuestro trabajo colocar el sexo en el contexto adecuado, proporcionar a nuestros hijos de una visión centrada en Dios de sí mismos y de lo que el sexo fue creado que fuese. Si no enseñamos a nuestros hijos sobre el sexo, un montón de otras personas con un conjunto completamente diferente de valores y una cosmovisión opuesta estarán encantados de poder hacer el trabajo.

La pornografía está llegando para nuestros hijos.

La industria de la pornografía quiere hacer que nuestros hijos se enganchen, al igual que lo fueron enganchados muchos chicos de mi generación. Es una enorme máquina, insidiosa que no quiere nada más que continuar ganándose miles de millones de dólares a expensas de las familias de todo el mundo. Si usted cree que sus hijos son inmunes, que "nunca mirarán eso", entonces usted está muy equivocado. Como padres cristianos, ya deberíamos estar hablando de pornografía antes de que nuestros hijos sean expuestos. Deberíamos advertir sobre los peligros de Internet, y hay que instalar filtros de Internet en todos los dispositivos que nuestras familias poseen. Si no estamos haciendo esto, estamos lanzando nuestros hijos directamente a las fauces de los pornógrafos.

Estamos a favor de la vida.

Podemos firmar cada petición pro-vida que se nos presente. Podemos predicar constantemente acerca de la santidad de la vida. Podemos donar dinero a un centro de crisis de embarazo. Pero, si no estamos hablando con nuestros hijos sobre el sexo (no sólo una vez, sino a lo largo de su infancia y adolescencia), entonces estamos realmente fallando en vivir nuestros puntos de vista pro-vida dentro de nuestra propia familia. No podemos enviar a nuestros hijos por ahí sin ningún sentido de para que fue diseñado el sexo y sin ningún conocimiento real de cómo funciona su cuerpo o cómo ocurre la reproducción. Debemos estar abiertos con nuestros hijos y reconocer qué tan fuerte es el deseo sexual y lo difícil que puede ser esperar hasta el matrimonio. Debemos inculcar en nuestros hijos una reverencia por el matrimonio y para su futuro cónyuge, y por encima de todo, debemos mostrar a nuestros hijos que la santidad es una búsqueda de por vida que incluye la dificultad de negarnos el placer sexual hasta el matrimonio. Una gran parte del movimiento pro-vida es y debe ser la educación sexual. Comienza con nosotros.

La orientación sexual no es algo dado.

En esta extraña cultura en la que nuestros hijos están creciendo, muchos comenzarán a cuestionar su orientación sexual o incluso se les dirá por otros que son homosexuales. Tienen que ser capaces de hablar con nosotros cuando estas preguntas surgen. Debemos estar allí para tranquilizarlos, para guiarlos a través de sus miedos, y de siempre transmitirles la palabra de Dios en su oído, siempre guiándolos de nuevo a la santidad y la bondad de Dios. La última cosa que quiero es que mis hijos se sientan como si yo no se a dónde pueden dirigirse si estas sensaciones surgen. Quiero ser el primer lugar a donde ellos huyan, y lo seré si tenemos una larga historia de hablar abiertamente sobre el sexo.

Si empezamos desde jóvenes, podemos mantener fácilmente la conversación.

Si su hijo es un adolescente y no se ha abierto una conversación sobre el sexo, sólo hágalo. Será incómodo y extraño, pero no se pierda la oportunidad de influir en él, aquí y ahora, mientras lo tenga en su casa. Invítelo a compartir sus luchas con usted, y darle orientación divina, incluso si él no actúa como si quisiera oírlo. Se necesita oírlo.

Pero, si usted tiene niños más pequeños, usted tiene una oportunidad de oro para abrir esta conversación durante una fase de la vida cuando no están cohibido y avergonzado. Empiece poco a poco en formas apropiadas para su edad, y comienza una platica abierta continua que deje mucho espacio para preguntas y conversación honesta. Y, no deje de hablar. Sólo manténgase en marcha. Verifique de vez en cuando. Haga preguntas sobre lo que ha escuchado. Averiguar si tiene preguntas que hacerle. Si está sintiendo especialmente incómodo al respecto, hable en el coche de modo que usted no tenga que mirarle a la cara. Es posible que ambos hablen más fácilmente de esa manera.

Como padres cristianos, queremos discipular a nuestros hijos y guiarlos en los caminos de Dios. No podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que la educación sexual no es una parte muy importante del discipulado. El pecado sexual es peligroso y desenfrenada, y siempre lo ha sido. No podemos ayudar a nuestros niños a tratar con la increíble fuerza del deseo sexual a menos que hablemos de ello. ¿Se sentirá incómodo? Tal vez, al principio. Sin embargo, no es nada que no podamos manejar. El sexo no debe ser una mala palabra en los hogares cristianos. Si queremos que nuestros hijos piensen bíblicamente sobre el sexo y sobre su propio valor, entonces tenemos que enseñarles lo que la Biblia dice acerca de ello, una conversación a la vez.

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