Legalismo y Salvación

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ESJ-2017 0320-002

Legalismo y Salvación

Lucas 10:25-28

Por Cameron Buettel / John Macarthur

¿Alguna vez te han llamado legalista? ¿O acaso le has dado esa etiqueta a alguien más? Es una palabra que se arroja con alarmante frecuencia en los círculos religiosos, siempre como peyorativo. Pero, ¿qué tan bien entendemos el legalismo? Una acusación tan punzante no debe ser usada imprudentemente, o ignorantemente.

En los días que nos ocuparemos examinaremos tres tendencias importantes del legalismo y lo que la Escritura tiene que decir sobre ellas. Van desde lo peligroso hasta lo condenable, pero no todos ellos son obvios. Usted puede ser más propenso de lo que piensa en caer en uno de ellos.

Del mismo modo, podría estar lanzarse el término de manera imprecisa, acusando e impugnando a personas que no han hecho nada malo. De cualquier manera, el legalismo -el legalismo verdadero- es un tema que exige nuestra atención.

Hoy, vamos a considerar la tensión más familiar y herética del legalismo: obras de justicia.

La Escritura es explícitamente clara con respecto a la relación entre nuestras buenas obras y nuestra salvación, no hay una. Tenemos una posición legal y correcta con Dios por gracia, por medio de la fe en Cristo, aparte de cualquier obra humana meritoria (Efesios 2:8-9). Pero el legalismo de obras de justicia ataca directamente esa doctrina básica del evangelio.

Justicia-propia

La justicia propia u obras de justicia, piensa que la salvación depende por completo de su capacidad para cumplir con los requisitos legales de Dios para una correcta posición ante Él. Insiste en que las buenas obras son la única causa de, o contribuyen a, la justificación ante Dios.

Esa teología era fundamental para el defectuoso sistema religioso ideado por los fariseos. En realidad creían que podían cumplir todos los requisitos de la ley mosaica si trabajaban lo suficiente. Muchos de ellos se enorgullecían de sus dedicados esfuerzos de autojustificación.

Jesús describió con exactitud sus creencias delirantes en una de sus parábolas, recitando una típica oración farisaica: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. "Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano.” (Lucas 18:11-12). Ese tipo de auto-justificación estaba implícito en muchos de los encuentros de Cristo con los fariseos. Es por eso que no podían entender el hecho de que Jesús convivió con los pecadores (Mateo 9:11).

Su fijación con ganar la salvación fue expuesta cuando uno de sus intérpretes de la ley preguntó a Jesús: "Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" (Lucas 10:25, énfasis añadido). Y Cristo respondió diciéndole exactamente lo que necesitaba hacer si quería ganar la vida eterna por medio de sus propios esfuerzos: “Has respondido correctamente; HAZ ESTO [guarda toda la Ley de Dios] Y VIVIRAS.” (Lucas 10:28). John MacArthur explica el punto que Cristo estaba haciendo en realidad:

Jesús, por supuesto, no estaba diciendo que había alguna gente en algún lugar que pudiera ser salvada guardando la ley. Por el contrario, señalaba la imposibilidad absoluta de hacerlo, ya que la ley exige lo imposible –una obediencia perfecta y completa (Santiago 2:10), y promete muerte física, espiritual y eterna a los que la desobedecen (Ezequiel 18:4, 20, Romanos 6:23). Esas realidades ponen a los pecadores en una situación desesperada. Están obligados a guardar la ley perfectamente, pero no son capaces de hacerlo, y como consecuencia enfrentan la muerte. La única manera de salir de ese dilema espantoso es reconocer el pecado de uno (Salmo 32: 5, Proverbios 28:13, 1 Juan 1: 9), clamar por misericordia (Lucas 18:13), y por la fe solamente (Juan 3:16, 36, 5:24, Hechos 15:9, Romanos 3:20-30, 4:5, 5:1, Gálatas 2:16, Efesios 2:8-9, Filipenses 3:9, 1 Pedro 1:9) abrazar al Señor Jesucristo como el Salvador y el único sacrificio por el pecado (Efesios 5:2, Hebreos 9: 24-28, 10:12). [1] John MacArthur, The MacArthur New Testament Commentary: Luke 6–10 (Chicago: Moody Press, 2011) 354.

Trágicamente, el intérprete de la ley fariseo no se dio cuenta de que realmente estaba hablando con Aquel cuya misión era cumplir la ley de Dios a favor de los pecadores (Mateo 5:17, 2 Corintios 5:21).

Gracia Más Obras

La resurrección y ascensión de Cristo no puso fin al legalismo judío. Más bien, fue re-empaquetado para infiltrarse en la iglesia primitiva. En lugar de ofrecer otro evangelio basado únicamente en la rectitud de las obras, una nueva ola de legalistas argumentó que el evangelio cristiano necesitaba ser complementado con obras añadidas.

Esa fue la herejía que Pablo luchó en su epístola a los Gálatas. Las personas que estaban celosas por la ley mosaica se habían infiltrado en la iglesia allí. En lugar de negar el evangelio de la gracia, aparte de las obras de la ley, estos judaizantes quisieron combinar ciertos requisitos legales mosaicos -especialmente la circuncisión- con el llamado a la fe salvadora en Jesucristo (Gálatas 3:3 y 4:9).

Vale la pena señalar que la guerra de Pablo no fue contra la circuncisión per se, sino más bien su uso como un medio suplementario de justificación.

De hecho, Pablo enfatizó que añadir algo la obra terminada de Cristo finalmente, niega Su obra terminada:

Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley. De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído. (Gálatas 5:2-4)

En resumen, las obras humanas no se mezclan con la obra terminada de Cristo para lograr la salvación. No es un esfuerzo colaborativo. A falta de cumplir perfectamente toda la ley mosaica, tú y yo no podemos hacer una contribución a nuestra posición correcta con Dios.

El Catolicismo Romano y la Herejía de Galacia

Los paralelos modernos abundan en la situación en Galacia. El catolicismo romano tiene un fuerte parecido con la herejía de los judaizantes. Las obras en las que insisten pueden ser diferentes (como es su definición de la gracia), pero la ecuación condenable es exactamente la misma -la gracia y las obras son iguales a la salvación:

Si alguno dijere, que el pecador se justifica con sola la fe, entendiendo que no se requiere otra cosa alguna que coopere a conseguir la gracia de la justificación; y que de ningún modo es necesario que se prepare y disponga con el movimiento de su voluntad; sea anatema. [2] Consejo de Trento, Cánones Sobre la Justificación, Canon IX.

Se oponen a la justificación por la fe sola, anatematizando a cualquiera que diga "nada más se requiere" excepto la fe. Su sistema religioso exige obras adicionales de justicia, realizadas por el creyente, que contribuyen a su justificación:

Si alguno dijere, que la justicia recibida no se conserva, ni tampoco se aumenta en la presencia de Dios, por las buenas obras; sino que estas son únicamente frutos y señales de la justificación que se alcanzó, pero no causa de que se aumente; sea anatema”. [3] Consejo de Trento , Cánones Sobre la Justificación, Canon XXIV.

El catolicismo romano es hostil a cualquier soteriología (doctrina de salvación) donde no se requieren buenas obras. Y su legalismo continúa sin cesar hasta nuestros días. El Concilio de Trento puede tener casi 500 años, pero sigue siendo obligatorio para todos los católicos. Su doctrina pone de relieve el absurdo absoluto de cualquier ocultación ecuménica hacia ellos. Las líneas de batalla que los reformadores trazaron con Roma sobre el evangelio no se han movido en medio milenio.

De hecho, el error de Roma fue tratado hace dos mil años, cuando Pablo volvió a la iglesia en Jerusalén después de su primer viaje misionero. Él trajo noticias de muchos gentiles convertidos a Cristo. Ese anuncio provocó un acalorado debate entre los primeros discípulos -que eran judíos- acerca de cuál de las leyes mosaicas deberían aplicarse a los nuevos creyentes gentiles. Hechos 15:1-29 se dedica exclusivamente a este asunto. El consejo de Pedro en aquella reunión debe ser escuchado por cualquiera que piense añadir obras al evangelio:

Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, de la misma manera que ellos también lo son. (Hechos 15:10-11)

El yugo al que se refirió Pedro era las exigencias justas de la ley de Dios y el continuo fracaso de Israel de mantenerlo a lo largo de su historia.

¿Cuál es el Propósito de la Ley de Dios?

Todos los legalistas discutidos arriba comparten dos puntos críticos de terreno común: han perdido el punto de la ley de Dios y fueron inconscientes de la gravedad del pecado.

La elección de cualquier camino de obras de justicia es someterse a todo el alcance y las exigencias de los requisitos legales de Dios (Gálatas 5: 2-4). Todo aquel que no cumple la ley en cada punto está bajo su maldición (Gálatas 3: 10-12). El juicio de Cristo sobre los fariseos es válido para todos los que se adhieren a cualquier forma de legalismo de obras de justicia: “y moriréis en vuestro pecado; adonde yo voy, vosotros no podéis ir” (Juan 8:21).

¿Qué debemos hacer entonces de los mandamientos de Dios? ¿Fue la ley dada con la esperanza de que podría ser una opción viable a través del cual los hombres podrían cumplir sus requisitos y alcanzar la vida eterna? ¿Era la ley algo malo porque nadie podía mantenerla? Pablo respondió a ambas preguntas con un enfático "no".

¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: NO CODICIARAS. (Romanos 7:7)

La ley de Dios juega el papel vital de exponer nuestra culpa. Eso, a su vez, nos señala nuestra necesidad desesperada de un Salvador (Gálatas 3:19). Pablo lo llama “nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por fe.” (Gálatas 3:24).

El legalismo de obras de justicia es antitético a eso. En lugar de exponer su culpa, los legalistas creen que la ley afirma su auto-justicia. Ese es un camino hacia la destrucción eterna que debemos evitar a toda costa.


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B170320
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Un comentario sobre “Legalismo y Salvación

    Legalismo y Santificación « escribió:
    22 marzo 2017 en 12:20 pm

    […] vimos la última vez , los fariseos creyeron que podían mantener la ley Mosaica a través de sus propios esfuerzos. […]

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