¿Por Qué La Profecía Mesiánica Es Importante?

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ESJ-2018 0108-002

¿Por Qué La Profecía Mesiánica Es Importante?

Por Michael Rydelnik

¿Por qué escribir un libro defendiendo la idea de que la Biblia hebrea es mesiánica?[1] Ya que Jesús les dijo a sus discípulos: “Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” (Lucas 24:44) , parecería obvio afirmar la naturaleza mesiánica de la Biblia hebrea. Pero este no es el caso. Aunque pocos evangélicos[2] negaría que hay algunas profecías mesiánicas directas en el Antiguo Testamento, cada vez es más popular rechazar la idea de que la Biblia hebrea tiene predicciones específicas del Mesías. En cambio, la erudición evangélica tiende a afirmar que las profecías mesiánicas son simplemente una forma de promesa general. Frank Thielman escribe que “la dificultad de ver tales textos como referencias al Mesías y las circunstancias de su vida parece exigir algún otro enfoque.” Luego continúa respaldando la “promesa” como opuesta a la predicción como la más válida.[3]

Thielman no es una voz solitaria. Hay un movimiento creciente por parte de los evangélicos de interpretar la Biblia hebrea como un libro mesiánico. En este capítulo, comenzaré por definir algunos términos significativos, tal como lo que quiero decir con la palabra Mesías y los términos interpretación histórica e interpretación literaria. Luego intentaré demostrar el cambio evangélico de interpretar las Escrituras hebreas como mesiánicas. Habiendo hecho eso, presentaré las razones por las cuales sigue siendo crucial mantener una comprensión mesiánica de la Biblia hebrea.

Las Definiciones De Los Términos Clave

Dado que este libro trata sobre la profecía mesiánica, es imperativo entender el significado de la palabra Mesías. Además, dado que se trata de cómo deben interpretarse los textos mesiánicos, también es esencial definir los términos interpretación histórica e interpretación literaria.

El Significado de “Mesías”

La palabra hebrea ( mashiach ) se traduce comúnmente y con precisión como “ungido.” Se usa 39 veces en la Biblia hebrea, generalmente con otro sustantivo, como “el sacerdote ungido.” La palabra también tiene un significado técnico, comúnmente traducido como “el Mesías” y definido por WH Rose como “una futura figura real enviada por Dios que traerá la salvación al pueblo de Dios y al mundo y establecerá un reino caracterizado por aspectos como la paz y la justicia.”[4] Se ha convertido en algo así como una opinión académica aceptada que el término técnico “Mesías” (el Ungido) no se desarrolló hasta el período del Segundo Templo.[5] Incluso si esto es correcto, como Rose señala, no es necesario “concluir sobre esta base que uno puede hablar de las expectativas mesiánicas correctamente solo después de que se usó una palabra en particular para referirse a la persona en el centro de estas expectativas.”[6]

Alternativamente, Walter C. Kaiser Jr. correctamente afirma que el Antiguo Testamento efectivamente usa la palabra “ungido” en su sentido técnico de “Mesías” al menos nueve veces de sus treinta y nueve usos, citando 1 Samuel 2:10,35 ; Sal 2:2; 20:6; 28:8; 84:9; Hab 3:13; Dan 9:25,26.[7] También agregaría 2 Sam 22:51; 23:1; y Sal 89:51 a la lista de Kaiser. Además, “Mesías” no es la designación única o más común para esta futura figura real. Algunos de los otros términos usados ​​para este rey incluyen “la Rama,” “el Santo” y “el Siervo del Señor.” En este trabajo, no estoy limitando la discusión del Mesías solo a aquellos pasajes que usan el término hebreo exacto masiah, pero incluyo todos los términos y pasajes relacionados con esa futura figura real como “mesiánico.”

El Significado De La Interpretación Histórica Y Literaria

Los eruditos bíblicos abordan el tema de la interpretación desde una variedad de presuposiciones y enfoques. Mientras que la erudición crítica, en general, ha abandonado la inspiración bíblica y ha adoptado metodologías como la crítica de origen, la crítica de la forma y la historia de la tradición, la erudición evangélica ha mantenido un compromiso con la inspiración y la autoridad de la Escritura. En su lucha para determinar el significado de los textos bíblicos, algunos estudiosos evangélicos han adoptado una lectura histórica del texto que a menudo minimiza la profecía mesiánica directa. Al rechazar este tipo de interpretación histórica, no pretendo indicar que no hay una dimensión histórica en un texto bíblico o que los eventos históricos no sucedieron. Yo afirmo totalmente la historicidad de la Escritura. Más bien, a lo largo de este libro, lo que quiero decir con una lectura histórica o interpretación histórica es la interpretación bíblica que se ve obligada a encontrar los referentes de la profecía del Antiguo Testamento dentro de los límites históricos del propio tiempo del profeta.

En contraste con la interpretación histórica de la Biblia, hay un movimiento creciente entre algunos estudiosos bíblicos para abordar el texto de las Escrituras al enfocarse no en cómo el texto se desarrolló históricamente sino más bien en su forma canónica final. Como resultado de examinar cuidadosamente las estrategias compositivas de los mismos autores bíblicos y leer las Escrituras de acuerdo con su forma final y en conjunto con sus interpretaciones bíblicas internas, hay una tendencia creciente a ver el Antiguo Testamento como un texto escatológico y mesiánico. En mi opinión, este método toma un enfoque mucho más literario de un texto, buscando el significado de las palabras del autor. Como resultado, los textos proféticos bíblicos encuentran sus referentes en un futuro lejano, con un cumplimiento mesiánico o escatológico. Este método de interpretación literaria es el enfoque que intento adoptar en este libro.[8]

El Alejamiento de la Interpretación Mesiánica

Aunque la erudición evangélica todavía reconoce que hay algo mesiánico en la Biblia hebrea, en su mayor parte lo ve como una historia que encuentra su clímax en Jesús, no como las predicciones que cumplió Jesús de Nazaret. Como tal, cada vez es más común afirmar que los autores bíblicos no tenían un significado mesiánico intencional. Por ejemplo, el notable erudito evangélico del Antiguo Testamento Tremper Longman III escribe: “Es imposible establecer que cualquier pasaje en su contexto literario e histórico original tenga o deba ser entendido como una futura figura mesiánica.” [9]

Klyne Snodgrass, en su explicación del uso del Antiguo Testamento del Antiguo Testamento, escribe: “La iglesia primitiva le aplicó tales textos a Jesús debido a su convicción acerca de su identidad. La convicción sobre su identidad no deriva del Antiguo Testamento. Encontraron a Jesús y luego vieron cómo las Escrituras encajan con él.” Continúa diciendo que sería mejor ver a Jesús como el clímax en lugar del cumplimiento de las Escrituras.[10]

Larry W. Hurtado postula que a partir de la esperanza bíblica posterior al exilio de una nueva monarquía Davídica, los judíos comenzaron a buscar “un futuro agente (‘mesías’) enviado por Dios, generalmente para restaurar la independencia y rectitud de Israel.” Esta expectativa no se deriva de las predicciones de la Biblia hebrea, sino que surgió de las esperanzas de la era helenística post-bíblica. Sostiene que “investigaciones recientes sugieren, sin embargo, que las antiguas expectativas escatológicas judías de liberación y santificación de los elegidos no siempre incluían la anticipación explícita o prominente de un ‘mesías.’”[11]

La minimización de la predicción directa se refleja no solo en tales declaraciones generales, sino también en exposiciones específicas de textos que anteriormente se consideraban directamente mesiánicos. Por ejemplo, el erudito evangélico John H. Walton rechaza la interpretación mesiánica de Génesis 3:15, que habla de la simiente de la mujer que golpea la cabeza de la serpiente y la serpiente que golpea la simiente de la mujer. Aunque desde hace mucho tiempo se cree que habla de la derrota del enemigo por parte del Mesías y, por lo tanto, ha sido considerada la primera predicción mesiánica, Walton sostiene que el versículo solo afirma una lucha entre el bien y el mal que “continuará sin cesar.”[12] Si bien reconoce que esta no es la “interpretación tradicional del pasaje”[13] él procede a preguntar: “¿Cómo podemos identificar un pasaje como mesiánico si el contexto del Antiguo Testamento no ofrece tal apoyo ni conceptual ni textualmente, y el Nuevo Testamento sugiere que no hay conexiones de cumplimiento?”[14]

Deuteronomio 18:15-19, un pasaje que habla de un futuro profeta como Moisés, es otro ejemplo de un pasaje que durante mucho tiempo se ha considerado directo, o al menos progresivamente mesiánico, pero que en los últimos años ha sido rechazado como tal por eruditos evangélicos. Daniel I. Block argumenta que “el contexto literario de Deut. 18:15 no da ninguna pista de que los oyentes originales de Moisés deberían haber entendido su predicción de un profeta como él, ya sea escatológicamente o mesiánicamente.” Tampoco encuentra ningún apoyo para la interpretación mesiánica en el epitafio de Moisés escrito en Deut 34:10-12 o en el Nuevo Testamento. En cambio, sostiene, “es preferible interpretar este texto principalmente como una predicción de la existencia continuada de la institución de la profecía o una sucesión de profetas, más que como una predicción de un profeta mesiánico escatológico.”[15] Longman coincide con esta opinión cuando escribe: “Deuteronomio 18 entendido dentro de su contexto antiguo puede ser perfectamente explicable en términos del surgimiento del movimiento profético y profetas como Samuel, Elías, Eliseo, Isaías, etc.”[16]

Otro caso donde la erudición evangélica parece haber cambiado es con el Salmo 110, en el que David anuncia: “Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies,” y que “el Señor ha jurado [a “mi Señor”] y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.” (Salmo 110:4). En tiempos pasados, Delitzsch llamó a este salmo “profético-mesiánico” y afirmó que “el futuro Mesías se encuentra objetivamente ante la mente de David.”[17] Sin embargo, el erudito evangélico Herbert W. Bateman IV ha rechazado la idea de que David habló del futuro Mesías como su Señor, sino que ha argumentado que el salmo está dirigido al hijo de David, Salomón. Él escribe: “Por lo tanto, parece razonable que el Salmo 110 se refiera a la segunda coronación de Salomón en 971 aC cuando David abdicó su trono a su hijo Salomón” y que “David no pronunció el salmo al Mesías, el Señor divino.”[18]

Solo un ejemplo más será suficiente para demostrar esta tendencia de interpretación. Uno de los pasajes más conocidos sobre el nacimiento del Mesías divino es Isa 9:6-7. Describe el nacimiento del Hijo de David, anuncia sus títulos de trono como “Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” y promete que él gobernará desde el trono de David por un reino eterno de justicia y paz. El erudito evangélico Paul D. Wegner entiende esto no como refiriéndose a los títulos divinos del Hijo de David sino más bien como indicando un nombre teofórico. Él declara, “El nombre sería traducido como ‘un planificador maravilloso [es] el Dios poderoso; el Padre de la eternidad [es] un príncipe de paz [o de bienestar].’ ” Aunque Wegner reconoce que Isaías está hablando de un futuro libertador, no obstante, alega que, “Este libertador no se corresponde exactamente con el concepto posterior del Mesías, que incluía una restauración de la dinastía davídica y una perspectiva escatológica.”[19]

Podrían haberse presentado muchos más ejemplos porque la erudición evangélica ha rechazado tan fácilmente las predicciones directas del Mesías en la Biblia hebrea. En un ensayo reflexivo, Gordon McConville ha articulado el tema en cuestión. Según McConville: “la erudición moderna del Antiguo Testamento ha sido ampliamente informada por la creencia de que las interpretaciones mesiánicas cristianas tradicionales de los pasajes del Antiguo Testamento han sido exegéticamente indefendibles.”[20] Él remonta esto a S. Mowinckel, el erudito del Antiguo Testamento que argumentó que los “significados originales no tenían nada que ver con la esperanza de la liberación de un Mesías escatológico.”[21] Mowinckel postuló que no había mesianismo preexílico en Israel, un reclamo rechazado por algunos pero aceptado por muchos otros, incluidos los evangélicos. Pero, como ha argumentado McConville, la crítica canónica ha “traído nuevas posibilidades contextuales a la interpretación.”[22] ¿Podría ser que los antiguos escritores e intérpretes se acercaran a las Escrituras de esta manera canónica en oposición a las lecturas atomistas y no mesiánicas actualmente en boga? Si es así, produciría un enfoque más mesiánico del Antiguo Testamento. Este giro hacia una lectura canónica de la Biblia hebrea que produce una comprensión mesiánica parece esencial para permanecer consistentes con los datos bíblicos. Por lo tanto, es necesario discutir las razones por las cuales una interpretación mesiánica es tan importante.

La Importancia De La Predicción Mesiánica

La principal razón para ver la Biblia hebrea como un documento mesiánico es que esta parece ser la mejor manera de explicar la evidencia de las Escrituras mismas. James Hamilton observa que la extensa especulación mesiánica del período intertestamentario, el judaísmo del Segundo Templo y el Nuevo Testamento indicaría que estas especulaciones tienen sus raíces en la Biblia hebrea. Deja de lado “la posibilidad de que los antiguos fueran estúpidos, lo que parece ser una suposición implícita de una buena cantidad de erudición moderna.” En su lugar, plantea la mejor explicación para la congruencia de todas estas fuentes antiguas citando que los mismos pasajes bíblicos como mesiánicos es que todos fueron realmente mesiánicos en su intención y significado. Él es exacto al postular “que el Antiguo Testamento es un documento mesiánico, escrito desde una perspectiva mesiánica, para sustentar una esperanza mesiánica.”[23] Esto es similar a la conclusión de John Sailhamer, cuando escribe:

El impulso mesiánico del Antiguo Testamento fue toda la razón por la cual los libros de la Biblia hebrea fueron escritos. En otras palabras, la Biblia hebrea no fue escrita como la literatura nacional de Israel. Probablemente tampoco fue escrita a la nación de Israel como tal. Fue más bien escrito, en mi opinión, como la expresión de la profunda esperanza mesiánica de un pequeño grupo de profetas fieles y sus seguidores.[24]

Para decirlo claramente, parece que la mejor manera de entender la Biblia como un todo es ver el Antiguo Testamento como una predicción de la venida del Mesías y del Nuevo Testamento que lo revela como el Jesús de Nazaret. Un compromiso con la exégesis fiel de la Biblia hebrea debería producir una interpretación mesiánica.

Una segunda razón para tratar la Biblia hebrea como un documento mesiánico es que proporciona la más apologética bíblica para Jesús como el Mesías. Sin la evidencia del Tanak,[25] sería imposible identificar a Jesús como el Prometido. Consistentemente, los apóstoles sostuvieron que Jesús de Nazaret era “el Mesías. . . . . el único sobre el cual Moisés escribió en la Ley (y también lo hicieron los profetas)” (Juan 1:41,45). Esta fue la perspectiva que aprendieron de Jesús mismo cuando dijo que “que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” (Lucas 24:44).[26] Afirmar la esperanza mesiánica es la clave apologética en el Nuevo Testamento para probar que Jesús es ciertamente el Mesías prometido. Por esta razón, los apóstoles, los padres de la iglesia, los eclesiásticos medievales, los teólogos bíblicos, los apologistas y los misioneros han reconocido la importancia de la profecía mesiánica.[27]

Además de la importancia de la profecía mesiánica como una apología bíblica, una tercera razón por la cual es crucial tratar la Biblia hebrea como mesiánica es que permite a los seguidores de Jesús tener confianza en la Biblia como la Palabra inspirada de Dios. Los cumplimientos específicos de las predicciones mesiánicas confirman la afirmación de la Biblia de que es un libro inspirado. Los profetas hebreos no podrían haber predicho la vida, el ministerio, la muerte y la resurrección de Jesús aparte de la inspiración del Espíritu Santo. Por lo tanto, el reconocimiento de las predicciones mesiánicas de la Biblia hebrea fortalecerá la confianza en la Biblia como un libro unificado e inspirado que revela a Jesús de Nazaret verdaderamente como el Mesías prometido de Israel y del mundo.

Una cuarta razón por la cual la profecía mesiánica es tan esencial es que es fundamental para identificar a Jesús como el verdadero Mesías. Cuando Juan el Bautista estaba en prisión y luchaba con dudas sobre Jesús, envió a sus discípulos a Jesús con una pregunta. Preguntaron: “¿Eres tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?” (Mateo 11:3). Jesús respondió (Mateo 11:4-5) al referirse a Su cumplimiento de las predicciones de Isaías sobre el Mesías (Isa 35:5-6 y 61:1-4). Fundamental para nuestra confianza y salvación en la persona y la obra de Jesús, el Mesías, es que sí cumplió las palabras de los profetas. Aunque la erudición evangélica contemporánea continúa reconociendo a Jesús como el Señor y el Mesías, no ven la importancia que Jesús mismo le dio a la profecía mesiánica como prueba de Su propia identidad.

Una Mirada Hacia Adelante

En este primer capítulo, he intentado demostrar por qué la profecía mesiánica es importante para una interpretación sólida de la Biblia hebrea y, de hecho, de toda la Biblia. El contenido de los siguientes capítulos es el siguiente.

Capítulo 2 aborda  cómo los intérpretes contemporáneos se acercan a la esperanza mesiánica  en la Biblia hebrea. Para ubicar este libro en contexto, es vital comprender los diversos intentos de explicar cómo la Biblia hebrea es mesiánica. Si bien la mayoría de los autores afirman que el Antiguo Testamento es de hecho mesiánico de alguna manera, pondrían muy poco valor en la profecía mesiánica directa. Este capítulo describe estos diferentes enfoques de interpretación.

El Capítulo 3 comienza a presentar argumentos para leer la Biblia hebrea como mesiánica aduciendo evidencia de texto crítico. Este es el primero de cinco capítulos que defiende la idea de que la Biblia hebrea es de hecho mesiánica y que las profecías son con frecuencia predicciones directas. Para empezar, es necesario que los intérpretes examinen la crítica textual porque en varios lugares la esperanza mesiánica es más clara en las lecturas variantes y, a menudo, estas variantes con matices mesiánicos son de hecho las mejores lecturas. Este capítulo evalúa ocho lecturas diferentes para mostrar que la lectura mesiánica es la mejor opción. Por lo tanto, los intérpretes bíblicos a veces encontrarán más fácilmente al Mesías en el aparato crítico.

El Capítulo 4 examina la evidencia interna bíblica  para una lectura mesiánica de la Biblia hebrea. Frecuentemente se acusa que solo el Nuevo Testamento lee el Antiguo Testamento mesiánicamente o incluso que la esperanza mesiánica solo se desarrolló en el período inter-testamentario. El propósito de este capítulo es mostrar que incluso la Biblia hebrea se lee de manera mesiánica. Se logra tomando tres pasajes del Pentateuco y examinándolos internamente. Tras el examen, quedará claro que los autores bíblicos posteriores leyeron los anteriores como mesiánicos.

El Capítulo 5 reúne la evidencia canonica para un Antiguo Testamento mesiánico. Muestra que la forma canónica final de la Biblia hebrea revela una comprensión mesiánica del texto hebreo. Esto es evidente en la forma final del canon del Antiguo Testamento, así como en los libros que se incluyeron en el canon. Se verá que el canon fue diseñado para presentar la esperanza mesiánica.

El Capítulo 6 presenta evidencia del Nuevo Testamento  para una Biblia hebrea mesiánica. Con frecuencia se afirma que el Nuevo Testamento enseña que los escritores del Antiguo Testamento no sabían que estaban escribiendo sobre el Mesías. Por lo tanto, los escritores del Nuevo Testamento estaban agregando una interpretación inspirada que agregaba un significado más completo a las Escrituras hebreas. Este capítulo examina las palabras de Jesús y los apóstoles para mostrar que también creían que los escritores del Antiguo Testamento realmente sabían que estaban escribiendo sobre el Mesías.

El capítulo 7, titulado: “Descifrando La Biblia Hebrea: Cómo El Nuevo Testamento Lee Al Antiguo,” estudia la variedad de formas en que el Nuevo Testamento usa el Antiguo. El Nuevo Testamento comprende en gran medida la esperanza mesiánica de manera directa, pero no exclusivamente. Es importante reconocer los diversos métodos que emplea el Nuevo Testamento para explicar la esperanza mesiánica de las Escrituras hebreas. Este capítulo considera a Mateo 2 y su uso cuádruple (cumplimientos directos, típicos, aplicativos y sumarios) del Antiguo Testamento como un prototipo de las cuatro formas en que todo el Nuevo Testamento usa la Biblia hebrea.

El capítulo 8 investiga la influencia de Rashi en la interpretación bíblica. Si la Biblia hebrea es mesiánica, ¿por qué tantos han abandonado esta idea? Este capítulo estudia al gran intérprete judío Rashi (el rabino Shlomo Yitzchaki) y su influencia en la interpretación cristiana de la Biblia hebrea. Explica por qué los intérpretes abandonaron en gran parte la profecía directa para el doble cumplimiento, la profecía típica y otras interpretaciones no directas.

El capítulo 9, titulado “Un Ejemplo De La Ley: Interpretando Génesis 3:15 Como Una Profecía Mesiánica,” es el primero de tres capítulos que estudia pasajes que fueron vistos como mesiánicos en el pasado, pero que ahora raramente se ven de esa manera. Tradicionalmente, Gen 3:15 se ha entendido como el Protoevangelio  o “primer evangelio.” Muchos ahora leen este pasaje como una promesa de un conflicto perpetuo entre la humanidad y las serpientes o el bien y el mal. Este capítulo plantea el caso de que Génesis 3:15 no debe leerse de manera atomista, sino más bien dentro del contexto del libro de Génesis, toda la Torá y el resto de las Escrituras hebreas. Esto resulta en la lectura mesiánica que Moisés pretendió.

El capítulo 10 estudia un ejemplo de los profetas, a saber, Isa 7:14. Aunque Isa 52:13-53:12 es ciertamente la profecía más significativa del Mesías en los Profetas, los intérpretes evangélicos en general no han abandonado la interpretación mesiánica de este pasaje crucial en la medida en que han abandonado a otros. Por el contrario, Isaías 7 se ha convertido en una de las profecías más controvertidas en toda la Biblia hebrea. Las dificultades van desde el significado de la palabra ‘almãh’ (“mujer joven” o “virgen”) a su relación con el contexto. La interpretación mesiánica directa ha sido prácticamente abandonada. Este capítulo hace el argumento para traducir ‘almãh’ como “virgen” o “doncella” y para una interpretación mesiánica del pasaje.

El Capítulo 11 considera un ejemplo del libro de los Salmos, a saber, el Salmo 110. Este salmo se considera con frecuencia una oda escrita al Rey David, o si fue escrita por él, como dirigida a alguna otra figura no mesiánica. Sin embargo, leerlo en su forma canónica final muestra claramente que es un oráculo real sobre el futuro Mesías.

El Capítulo 12, el capítulo final, llama a un retorno a una interpretación mesiánica de la Biblia hebrea al leerla con un enfoque holístico y orientado al texto que produce un propósito mesiánico. Un enfoque de este tipo fortalecerá nuestra comprensión de toda la Biblia y reafirmará su uso en el método apologético clásico de Jesús y los apóstoles.

Una Perspectiva Personal

A los efectos de la revelación completa, necesito revelar por qué este tema es tan importante para mí personalmente. La profecía mesiánica fue el medio que Dios usó para llevarme a la fe en Jesús el Mesías. Mis padres fueron sobrevivientes del Holocausto y me criaron en un hogar judío tradicional. Éramos ortodoxos en nuestras creencias y prácticas judías y, como tal, sí creía en el futuro de un Mesías personal. Aun así, no era un tema central de mi vida. Sin embargo, eso cambió cuando mi madre anunció que creía en Jesús. Esto llevó a mi padre a divorciarse de ella y a un cambio radical en mi vida.

Decidí estudiar las profecías mesiánicas de la Biblia hebrea y probar que mi madre estaba equivocada al atribuir su cumplimiento a Jesús de Nazaret. Aunque inicialmente estaba bastante seguro de mi opinión, con el tiempo me sorprendí al ver que había mucha más credibilidad en la mesianidad de Jesús de lo que había anticipado. Después de lidiar con mis temores de ostracismo de la comunidad judía, basado en mi nueva convicción de que las Escrituras predijeron a un Mesías sufriente que sería rechazado por su propio pueblo y proporcionar el perdón a través de su muerte y resurrección, puse mi confianza en Jesús como Mesías y Señor. Me convencí (y sigo siendo así) de que mi fe en el Mesías judío, Jesús, quien cumplió las predicciones de la Biblia hebrea, es una fe intrínsecamente judía. Nunca hubiera tomado esta decisión aparte de estudiar la profecía mesiánica. De hecho, aparte de la predicción y cumplimiento mesiánico, Jesús no podía ser identificado como el Mesías de Israel, y si no fuera así, entonces no podría ser el Mesías del mundo. Es por esta razón, unida a mi compromiso con la precisión exegética, que creo que es esencial entender la Biblia hebrea como mesiánica.

Conclusión

Ver el Antiguo Testamento como un texto mesiánico no es simplemente una cuestión de interpretaciones diferentes. Por el contrario, tiene una importancia crucial. Cómo se ve la profecía mesiánica finalmente afectará la comprensión evangélica de la inspiración y la interpretación de las Escrituras, la defensa del evangelio y la identificación de Jesús como el Mesías prometido. Walter Kaiser captó la importancia crítica de reconocer la esperanza mesiánica de la Biblia hebrea: “Este tema de la interpretación del Mesías en el Antiguo Testamento podría ser un momento decisivo para la erudición evangélica y finalmente para la visión de la Iglesia sobre la forma en que consideramos las Escrituras.”[28] Él agrega la razón por la cual la profecía mesiánica es tan fundamental: “Pero si no está en el texto del AT, ¿a quién le preocupa como los escritores ingeniosos posteriores están en su capacidad de volver a recargar el texto del Antiguo Testamento con verdades que nunca afirmó o reveló? El problema es más que hermenéutica; ¡es la autoridad y el contenido de la revelación misma![29]

Tomado de “The Messianic Hope: Is the Hebrew Bible Really Messianic?”


Michael Rydelnik es profesor de Estudios Judíos en el departamento de Misiones y Evangelismo del Instituto Moody Bible en Chicago, Illinois. Tiene títulos de Moody (diploma), Azusa Pacific University (B.A.), Dallas Theological Seminary (Th.M.) y Trinity Evangelical Divinity School (D.Miss.) Y también contribuyó a The Apologetics Study Bible.


NOTAS

1. Los términos “Biblia hebrea” y “Antiguo Testamento” son sinónimos para mí y serán tratados de esta manera a lo largo de este libro.

2. RV Pierard define el evangelicalismo como un movimiento cristiano moderno que “enfatiza la conformidad con los principios básicos de la fe.” Él caracteriza a los evangélicos como aquellos que creen en el evangelio, definido como “el mensaje de que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó.” También señala que “los evangélicos consideran las Escrituras como el registro divinamente inspirado de la revelación de Dios, la guía infalible y autoritativa para la fe y la práctica.” Otras doctrinas que Pierard asocia con el evangelicalismo son la depravación total de la humanidad, la expiación sustitutiva de Cristo, justificación por gracia a través de la fe sola, y el regreso personal y visible de Jesucristo a este mundo (RV Pierard, “Evangelicalismo”, en el Diccionario Evangélico de Teología, ed., ed. WA Elwell [Grand Rapids: Baker, 1984], 379–80).

3. F. Thielman, “Jesus B.C.” (review of D. E. Holwerda, Jesus and Israel: One Covenant or Two? ; C. J. H. Wright, Knowing Jesus through the Old Testament ; and W. C. Kaiser Jr., The Messiah in the Old Testament ), ChrT , March 4, 1996, 58–61. Para un ejemplo de la visión que apoya la esperanza mesiánica como promesa en lugar de predicción, véase Wright, Knowing Jesus through the Old Testament (London: Marshall Pickering, 1992).

4. WH Rose, “Messiah,” DOTP, 566.

5. Ibid.

6. Ibid.

7. WC Kaiser Jr., 7. WC Kaiser Jr., The Messiah in the Old Testament El Mesías en el Antiguo Testamento (Grand Rapids: Zondervan, 1995), 16. (Grand Rapids: Zondervan, 1995), 16.

8. Además, afirmo el principio de la Reforma de la interpretación histórica, gramatical y léxica. Sin embargo, lo que los reformadores entendían por interpretación histórica no era el uso de los antiguos orígenes del Cercano Oriente para explicar textos bíblicos, simplemente porque no tenían acceso a esos antecedentes. Más bien, lo que querían decir con la interpretación histórica era utilizar los textos históricos de la Biblia como antecedentes para otros textos de las Escrituras. Como tal, la interpretación histórica en este sentido, es esencialmente un ejercicio de interpretación bíblica interna.

9. T. Longman III, “The Messiah: Explorations in the Law and Writings,” en The Messiah in the Old and New Testaments El Mesías en el Antiguo y Nuevo Testamento, ed. , SE Porter (Grand Rapids: Eerdmans, 2007), 13.

10. K. Snodgrass, “The Use of the Old Testament in the New,” in The Right Doctrine from the Wrong Texts? ed. G. K. Beale (Grand Rapids: Baker, 1994), 39, 41.

11. L. W. Hurtado, “Christ,” DJG 107.

12. J. H. Walton, Genesis , NIVAC (Grand Rapids: Zondervan, 2001), 233.

13. Ibid.

14. Ibid., 235. TD Alexander cuestiona la sustancia de la interpretación de Walton cuando escribe: “Visto únicamente dentro del contexto del cap. 3, es virtualmente imposible sostener una interpretación mesiánica de 3:15. Considerado, sin embargo, a la luz del Génesis como un todo, una lectura mesiánica de este versículo no solo es posible sino altamente probable. “Messianic Ideology in Genesis,” en The Lord’s Anointed ed. PE Satterthwaite, RS Hess, and GJ Wenham [Grand Rapids: Baker, 1995], 32). Aunque Walton no ve una posible interpretación mesiánica, G. Wenham sostiene que al interpretar Génesis 3:15 “sería erróneo sugerir que esto (es decir, la interpretación mesiánica) era la propia comprensión del narrador,” pero que es posible verlo mesiánicamente a través de la “revelación posterior” ( Génesis, WBC [Waco, TX: Word, 1987], 1:80).

15. D. I. Block, “My Servant David,” in Israel’s Messiah in the Bible and the Dead Sea Scrolls , ed. R. S. Hess and M. D. Carroll R. (Grand Rapids: Baker, 2003), 29–31.

16. Longman, “The Messiah: Explorations in the Law and Writings,” 28.

17. F. Delitzsch, Psalms: Biblical Commentary on the Old Testament, trans. A. Harper (Grand Rapids: Eerdmans, 1982), 5:183–88.

18. H. W. Bateman, “Psalm 110:1 and the New Testament,” BSac 149 (1992): 452–53.

19. P. D. Wegner, “A Re-examination of Isaiah IX 1–6,” VT 42 (1992): 111–12.

20. J. G. McConville, “Messianic Interpretation in Modern Context,” in The Lord’s Anointed, ed. Satterthwaite, Hess, and Wenham, 2.

21. Ibid., 3. McConville cites Mowinckel, He That Cometh (Oxford: Blackwell, 1959) e incluye los siguientes textos como no mesiánicos: Gen 3:15; los salmos reales; otros salmos incluyendo Sal 22, Num 24:25–29, y Gen 49:8–12.

22. Ibid., 16–17. 22. Ibid., 16-17.

23. J. Hamilton, “The Skull Crushing Seed of the Woman: Inner-biblical Interpretation of Genesis 3:15,” SBJT 10 (2006): 44.

24. JH Sailhamer, “The Messiah and the Hebrew Bible,” JETS 44 (2001):23.

25. Tanak se refiere a la Biblia hebrea. Las tres consonantes hebreas que comprenden la palabra significan las tres divisiones del Antiguo Testamento: T para la Torá (el Pentateuco); N para Nevi’im (Profetas); K para Ketuvim (Escritos).

26. Esto será tratado más extensamente en el capítulo 6: “Perspectivas Del Nuevo Testamento Sobre La Profecía Mesiánica.”

27. La evidencia de la profecía mesiánica es lo suficientemente significativa como para que los capítulos sobre el tema se incluyan en obras apologéticas de J. McDowell, Evidence That Demands a Verdict (San Bernadino: Campus Crusade for Christ, 1972), 147–84; JW Montgomery, ed., JW Montgomery, ed., Evidence for Faith (Dallas: Probe Books 1991), 203–14; y T. Cabal et al., The Apologetics Study Bible (Nashville: B&H, 2007), xxviii–xxix..

28. W. C. Kaiser, “The Lord’s Anointed: Interpretation of Old Testament Messianic Texts,” JETS 42 (1999): 102.

29. Ibid., 101.

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