No seas un cristiano desalentador
No seas un cristiano desalentador
por Melissa Edgington.
Al igual que muchos seres humanos en la cultura actual, los cristianos podemos caer fácilmente en la idea de que nuestros pensamientos, sentimientos y opiniones deben expresarse tan pronto como nos llegan. Nuestro mundo idolatra la opinión personal y, si las redes sociales sirven de indicio, los cristianos somos tan idólatras como el resto de la humanidad. Amamos nuestras «opiniones polémicas» y las formas orgullosas en las que señalamos la paja en el ojo ajeno.
Pero las redes sociales son solo una parte de la ecuación. De hecho, este modo de comunicación a menudo se convierte en parte de nuestras interacciones diarias con personas de la vida real, ¿y por qué no habría de ser así? Cuando permitimos que nuestros corazones idolatren nuestras propias opiniones, no es como si pudiéramos apagar mágicamente ese deseo al soltar el teléfono y observar el mundo que nos rodea. Nos reafirmamos en esa sensación de que nuestras opiniones necesitan ser escuchadas y tomadas en cuenta, y el resultado es que nos convertimos en personas desalentadoras con quienes estar.
El corazón de un cristiano está destinado a ser un lugar de bondad, paciencia, gentileza y dominio propio. Estamos llamados a soportarnos los unos a los otros, pero eso no solo significa que debemos soportar a quienes nos desalientan; significa que nosotros no debemos ser los que desalientan.
Es fácil convertirse en uno. La negatividad es contagiosa, y es probable que un desalentador cree dos o tres más solo a través de conversaciones casuales. Dudo que muchos de nosotros nos propongamos desmoralizar a otros al despertar por la mañana, pero es muy probable que suceda a menos que estemos cultivando los frutos del Espíritu en nuestro interior. No podemos ser luces en el mundo si estamos demasiado ocupados siendo personas apáticas y sin ánimo; por eso mismo debemos buscar al Señor diariamente y pedirle que nos ayude a ser alentadores. Debemos orar por oportunidades para edificar, para ser alegres, amables y de corazón abierto, y luego, cuando Él nos dé esas oportunidades, debemos humillarnos y vivir como Jesús. Un momento a la vez. Una palabra dulce a la vez. Un comentario cálido y edificante en el momento oportuno.
Simplemente no creo que Jesús tuviera la intención de que viajáramos por este mundo señalando cada pequeña cosa que sucede y que no nos gusta. Él dijo que estamos aquí para poner el reflector sobre Él, no sobre nuestros propios sentimientos y opiniones. Si los cristianos insisten en ser los desalentadores, ¿quién sostendrá a los desesperanzados? ¿Quién verá las necesidades y las cubrirá? ¿Quién amará más de lo que condena? ¿Quién hará discípulos?
El desaliento y la negatividad son veneno para el alma. Corramos hacia la Luz y mostremos al mundo cómo es el amor real, soportándonos unos a otros con mucha mansedumbre y gracia. Cada palabra de aliento que pronunciemos nos elevará también a nosotros, sacándonos del fango de la negatividad hacia la belleza de esa vida abundante de la que habló Jesús. El mundo necesita la Luz de Jesús, no nuestras opiniones glorificadas.