Cómo Interpretar los Proverbios: 5 Principios para Guiar su Estudio

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Cómo Interpretar los Proverbios: 5 Principios para Guiar su Estudio

Por Brad Klassen

El libro de los Proverbios está concebido para comunicar la verdad de forma vívida y memorable, de modo que sus lectores puedan entender cómo vivir con éxito ante Dios en un mundo caído (Prov 1:1-7). Se diferencia de otros libros de “sabiduría” de la Biblia (Job, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares) en que, mientras esos libros comunican una sabiduría abstracta (luchando por cuestiones trascendentes como el problema del sufrimiento), el libro de los Proverbios comunica una sabiduría práctica. Se centra en cuestiones cotidianas, prescribiendo actitudes y comportamientos concretos para situaciones concretas de la vida.

Sin embargo, por muy práctico que sea el libro, llegar a una comprensión precisa de su contenido puede resultar difícil para los lectores alejados del entorno histórico del libro. Los siguientes cinco principios ayudan a superar este reto[1].


1. Interpreta cada proverbio dependiendo de la ayuda de Dios.

Interpretar el contenido de los Proverbios sin confiar de todo corazón en que Dios conceda el entendimiento es ignorar el propio lema del libro: “El temor del Señor es el principio del conocimiento” (1:7) y sus propias instrucciones explícitas para el aprendizaje: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” (3:5). El contenido de los Proverbios es tan inspirado y autoritativo como cualquier otra parte de la Escritura (2 Tim 3:16-17). El intérprete debe acercarse al libro de la misma manera que se acerca a Deuteronomio, al Salterio o a los Romanos: con una oración persistente y dependiendo de la ayuda divina. Aunque el libro describe muchas situaciones relacionadas, el intérprete debe resistir la tentación de leer sus instrucciones a través de la red de la intuición y la experiencia.

Como dice el refrán, “la actitud afecta a la interpretación.”


La actitud que se apoya en el Señor para comprender, desde el principio hasta el final del proceso interpretativo, es la única que puede marcar la trayectoria de un buen resultado.


2. Estudiar el contexto histórico y cultural del proverbio.

Salomón transmitió su sabiduría en una época y una cultura muy diferentes a las nuestras. Empleó analogías e imágenes de palabras que eran corrientes para su público inmediato, pero ajenas a nuestra era tecnológica. Habla de pesebres y bueyes. Los perros de su época eran carroñeros salvajes, no animales domésticos. Describe el comercio en términos de balanzas y pesos. Para él, los tejados de las casas eran planos y la máxima autoridad humana de la tierra era un rey.

El lector debe ser sensible a estas diferencias históricas. Siempre debe tener cuidado de no leer estos términos e imágenes de palabras a través del prisma de su propia experiencia. Siempre que un proverbio incluya un elemento relacionado con el comercio, la arquitectura, las prácticas agrícolas, las costumbres del vecindario, la administración cívica, etc., su primer instinto debe ser buscar recursos que describan esos antiguos usos y costumbres y familiarizarse con ese mundo. De lo contrario, será inevitable cometer graves errores de interpretación.

3. Examinar el contexto literario del proverbio.

Este análisis literario de cada unidad proverbial debe centrarse en tres dimensiones del contexto.

a. El Contexto inmediato. La sección inicial del libro (capítulos 1-9) está formada por proverbios discursivos: largas secciones dedicadas a temas concretos y compuestas por exhortaciones, ilustraciones, afirmaciones si/entonces, etc. La parte central del libro (capítulos 10-29) se compone de lo que solemos pensar cuando pensamos en los proverbios: enunciados de carácter sintético elaborados con diversas formas de paralelismo para provocar la contemplación y ser recordados en caso de necesidad. La última parte del libro (capítulos 30-31) se compone de una mezcla de proverbios enjundiosos, proverbios discursivos e incluso un poema acróstico ordenado según las letras del alfabeto hebreo (31:10-31)[2].

Los lectores suelen reconocer que los proverbios del discurso deben interpretarse como unidades completas. Sus enunciados individuales no pueden sacarse del contexto y tratarse como aforismos independientes. Por lo tanto, hay que determinar cuidadosamente los límites de estos proverbios instructivos y tratar todo lo que contienen como interdependiente.

Pero, ¿qué ocurre con las afirmaciones breves y concisas de los capítulos 10-29? Es importante señalar que, en ocasiones, algunos de estos enunciados están agrupados por una razón. El intérprete nunca debe escoger un proverbio de la página sin comprobar primero si los proverbios que lo rodean tratan el mismo tema. Si lo hacen, el lector puede estar seguro de que es necesario leerlos juntos para entenderlos correctamente.

Un ejemplo de esto es Proverbios 26:4, ” No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él.” Si el intérprete tomara sólo esa afirmación, concluiría naturalmente que sería inapropiado responder a las afirmaciones hechas por los opositores a la verdad. Pero esto no sería el objetivo del compilador. La siguiente afirmación dice: ” Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos.” (26:5). El vocabulario y la gramática de ambas afirmaciones son tan similares que resulta evidente que las dos deben entenderse juntas.

b. Contexto del libro. No basta con considerar el contexto inmediato de cada proverbio. Cada unidad, ya sea un discurso largo o una declaración concisa, debe leerse en el contexto de todo el libro.

Es útil considerar el origen del contenido del libro. La mayoría de los dichos de Proverbios provienen del rey Salomón (1:1; 10:1; 25:1). En respuesta a su plegaria de entendimiento para gobernar Israel con destreza (1 Reyes 3:5-9), Dios lo bendijo con una gran sabiduría (1 Reyes 4:29-35).

Originalmente, esta sabiduría fue pronunciada por Salomón (1 Reyes 4:32, 33, 34). Sus proverbios fueron pronunciados oralmente en diferentes momentos en respuesta a diferentes necesidades. Posteriormente, se memorizaron y tal vez se registraron por escrito y se difundieron a diversos públicos. Pero el propio Salomón reconoció la necesidad de recopilar la mayoría de sus dichos en una sola fuente (Prov 1-9; 10:1-22:16). Los escribas del rey Ezequías adjuntaron otros dichos de Salomón no incluidos por él (25:1-29:27). Algunos dichos de otros sabios también fueron añadidos por superintendencia divina (22:17-24:34; 30:1-33; 31:1-31).
Es importante señalar que el plan de Dios no era dejar este tesoro de sabiduría en unidades solitarias. Él movió a los hombres a recopilarlos para que formaran un “manual de instrucciones” que sirviera de referencia, comparación y sistematización a las generaciones futuras. En otras palabras, el contenido del libro de los Proverbios estaba destinado a ser leído como una colección. El conjunto del libro debía utilizarse como clave interpretativa de sus partes.

¿Cómo afecta esto a la interpretación? Implica que cuando se busca la sabiduría práctica sobre un tema determinado, o cuando se lee el libro secuencialmente, el intérprete no puede citar un solo proverbio como la clave de todo el asunto. Debe buscar en el contenido de todo el libro para ver toda la amplitud de la enseñanza de Proverbios sobre el tema. Aunque cada proverbio es verdadero en sí mismo, lo es en la medida en que trata un aspecto particular del tema más amplio que aborda. Como escribe Bruce Waltke, “Los proverbios individuales expresan la verdad, pero, restringidos por la exigencia de brevedad del aforismo, no pueden expresar toda la verdad”[3] Gordon Fee y Douglas Stuart afirman de forma similar: “Una apreciación de los contextos completos de los proverbios individuales ayudará a interpretarlos y aplicarlos bien.”[4]

Esta importancia de leer cada proverbio a la luz de todo el libro es especialmente evidente con un proverbio como el 22:6, “Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.” Independientemente de cómo se exagere el lenguaje hebreo de esta afirmación (y es un proverbio difícil de descifrar lingüísticamente), su mensaje debe interpretarse en el contexto de los demás proverbios sobre la crianza de los hijos que se encuentran en Proverbios.

Lo mismo ocurre con cualquier otro tema abordado en el libro. Peter Steveson lo resume bien: “El marco organizado de un estudio temático revela la enseñanza completa del libro sobre un solo tema. Cuando consideramos los proverbios individuales, nos dan ideas únicas, de alcance restringido. Pero cuando ordenamos sistemáticamente los proverbios, nos dan una enseñanza más completa sobre la amplia gama del tema.”[5]

c. El contexto revelatorio. El “contexto revelatorio” se refiere aquí específicamente a la revelación anterior en particular: la revelación especial que Dios dio antes de la época de Salomón. Puesto que Dios reveló su conocimiento progresivamente a lo largo de la historia, este conjunto de literatura inspirada proporciona la teología que informa el contenido de los Proverbios[6], ya que se presupone en el texto, no debe ser descuidado por el lector.

El fundamento del libro de los Proverbios es el Pentateuco; no puede entenderse adecuadamente sin él. Más de ochenta veces en los Proverbios se hace referencia a Dios por su nombre personal Yahvé (“Señor”), un nombre que tiene conexiones inequívocas con sus pactos con Israel (cf. Éxodo 20:1-2). O considere cómo los proverbios exponen los Diez Mandamientos (cf. Éxodo 20:3-17). Las instrucciones de los proverbios sobre el temor a Dios presuponen los tres primeros mandamientos; sus advertencias de prestar atención a las instrucciones de los padres presuponen el quinto mandamiento; su llamado a resistir la ira presupone el sexto mandamiento; su petición de mantener la pureza sexual presupone el séptimo mandamiento; su llamado al trabajo diligente y ético presupone el octavo mandamiento; su enseñanza sobre el uso de la lengua presupone el noveno mandamiento; y sus dichos sobre la justicia presuponen el décimo mandamiento. El libro en su conjunto contiene inconfundibles alusiones y ecos de textos del Pentateuco. Hay que reconocerlos y explorarlos adecuadamente en la búsqueda de una comprensión precisa de los Proverbios.

Como escribe Thomas Long: “Escuchar un proverbio sin oír al mismo tiempo su trasfondo de pacto es arrancar una joya de su marco”[7] Así pues, cualquier buen intérprete tendrá en cuenta cómo el proverbio que está interpretando se apoya en una revelación anterior. Tener en cuenta los textos anteriores relacionados con el proverbio resultará muy valioso para la interpretación del mismo.

4. Considera cómo el proverbio incorpora la revelación general.

El apóstol Pablo afirmó que “desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.” (Rom 1:20). Este conocimiento es el centro de Proverbios, ya que presupone no sólo la revelación propositiva contenida en el Pentateuco, sino también la revelación no propositiva contenida en la obra de Dios.

El libro de los Proverbios muestra que la propia creación comunica sabiduría. De las hormigas, los tejones, las langostas y las lagartijas se pueden extraer principios vitales fundamentales (Prov. 6:6-11; 30:24-28). Las propias estaciones enseñan que el tiempo de la siembra debe preceder al tiempo de la cosecha y, por lo tanto, que el disfrute de la recompensa debe venir después de la temporada de trabajo diligente. Todas las analogías e imágenes de palabras extraídas del mundo natural demuestran que hay un orden moral evidente en la creación que señala al único Dios verdadero -el Dios de Israel- y muestra su carácter moral, su sabiduría y su poder.

Así, el estudiante de Proverbios debe estar siempre atento para considerar cómo las leyes no escritas de la creación están siendo referidas directamente o asumidas sutilmente en las enseñanzas del libro. Así, cuando Salomón afirma: “Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos, y sé sabio.” (6:6), el intérprete debe seguir su ejemplo.

5. Analyze the proverb’s internal structure.

Los proverbios utilizan diferentes formas literarias para enseñar la verdad. La variedad de estructuras utilizadas ayuda a que las verdades que comunican sean memorables y contundentes.

Los proverbios de sabiduría se expresan generalmente en cuatro tipos de afirmaciones paralelas:

a. Paralelismo sinónimo, en el que las líneas del proverbio comunican la misma idea pero con diferente terminología en cada línea (por ejemplo, 16:18).

b. Paralelismo antitético, donde las líneas del proverbio comunican un contraste que demuestra el mundo blanco y negro de la sabiduría bíblica (p. ej., 10:12).

c. Paralelismo emblemático, donde ambas líneas del proverbio comunican la misma idea, pero una línea es figurativa y la otra es literal (p. ej., 25:14).

d. Paralelismo sintético, una forma menos directa de paralelismo en la que la segunda línea avanza la idea de la primera (p. ej., 20:4)

Cada tipo de paralelismo tiene su propia función y debe interpretarse en consecuencia. Por ejemplo, sería erróneo enfatizar la diferencia de significado entre los sinónimos en los proverbios que expresan un paralelismo sinónimo, pero en los proverbios expresados en un paralelismo emblemático, las diferencias deben mantenerse. Unos buenos comentarios dedicados a explicar estas diferentes funciones según su uso original en hebreo resultarán inmensamente útiles. En general, estas variaciones de forma evitan que los proverbios se vuelvan monótonos o predecibles.

Para complementar estos cinco principios interpretativos, hay que reforzar tres advertencias.

1.     No trates un proverbio como un resumen exhaustivo de la realidad.

Aunque un proverbio bíblico es una expresión inspirada de la verdad (cf. 2 Tim 3:16), recuerde que está expresando una parte de esa verdad. Es un segmento que apunta al todo, no el todo en sí. Esto es cierto porque una característica importante de un proverbio es la brevedad. Un proverbio es lo que es porque es corto y dulce. Esta brevedad no permite que el proverbio aborde todas las salvedades y excepciones. La “letra pequeña” se deja a menudo para que la revelen otras Escrituras. Como afirma Ted Hildebrandt: “No pretende describir toda la realidad, sino sólo un segmento de ella”[8] O como escribe Dan Phillips: “Un proverbio es un dicho, no una disertación”[9].

2. No des por sentado que un proverbio es una garantía absoluta.

Dado que los proverbios bíblicos no pretenden ser resúmenes exhaustivos de la verdad, un solo proverbio no puede tomarse instantáneamente como una ley férrea e incontrovertible. Ciertamente, el libro de los Proverbios describe lo que suele ocurrir en el universo ordenado de Dios, de causa y efecto, de modo que el oyente puede esperar cosechar lo que siembra. Además, cada vez que los proverbios dan testimonio del carácter de Dios, siempre hablan con garantía (p. ej., Pr 3:5-6; 11:1; 12:22; 15:3; 16:2, 33; 22:2). Pero cuando observan el mundo -un mundo en el que operan tanto la maldición como la redención- hay que dejar espacio para las excepciones.

Por ejemplo, aunque el libro de los Proverbios generalmente atribuye la pobreza a las decisiones insensatas (por ejemplo, 10:4; 20:13; 21:17), también reconoce que la pobreza en sí no es necesariamente consecuencia del pecado (por ejemplo, 19:1). Además, aunque un hombre puede haber tomado muchas decisiones insensatas desde la infancia que lo impulsan por el camino de la insensatez, la revelación y la gracia de Dios siempre pueden cambiar el rumbo del insensato. Como afirma Greg Parsons, “los proverbios nos dicen lo que generalmente ocurre sin hacer una regla irreversible que se ajuste a todas las circunstancias”[10].

3. Reconoce que algunos proverbios ven la vida como es, no como debería ser.

En relación con el énfasis del libro en la vida práctica, a veces se hacen observaciones sobre el funcionamiento de las cosas en un mundo manchado por el pecado fuera del Jardín del Edén, sin afirmar cómo deberían funcionar realmente las cosas a la luz de la revelación de Dios. Un ejemplo excelente de esto es la enseñanza del libro sobre los regalos a los que tienen autoridad. Mientras que los sobornos se condenan cuando pervierten la justicia (Prov. 17:23; 29:4), se describen como útiles cuando los utiliza quien apela a alguien con autoridad con una petición (17:4). La mera descripción de tales realidades no debe tomarse como una aprobación general.


[1] Además de mis deberes en el Master’s Seminary, tengo el privilegio de enseñar en “Men of the Word”, el ministerio masculino de los miércoles por la noche en Grace Community Church. This past May (2021) He terminado un estudio temático de veintiséis partes del libro de los Proverbios titulado “Sabiduría: Vivir con Éxito en un Mundo Traicionero” (Wisdom | Grace Community Church (gracechurch.org). Estos cinco principios hermenéuticos fueron las reglas que implementé en mi propio estudio de esta maravillosa porción de las Escrituras.

[2] Véase Mark F. Rooker, “The Book of Proverbs,” en The World and the Word: An Introduction to the Old Testament, ed. Eugene H. Merrill, Mark F. Rooker, and Michael A. Grisanti (B&H, 2011), 531.

[3] Bruce Waltke, “Does Proverbs Promise Too Much?” Andrews University Seminary Studies 34.2 (1996), 325.

[4] Gordon D. Fee and Douglas Stuart, How to Read the Bible for All Its Worth, 4th ed. (Zondervan, 2014), 246.

[5] Peter A. Steveson, A Commentary on Proverbs (BJU Press, 2001), xxiii–xxiv.

[6] Walter Kaiser se refiere a la revelación antecedente como “teología informante”, es decir, la teología que informaba al orador/escritor del texto y que debía ser asumida también por el público. Véase Walter C. Kaiser, Jr., Toward an Exegetical Theology: Biblical Exegesis for Preaching and Teaching (Baker, 1981), 161.

[7] Thomas G. Long, Preaching and the Literary Forms of the Bible (Fortress, 1989), 58–59.

[8] Ted A. Hildebrandt, “Proverb” Cracking Old Testament Codes: A Guide to Interpreting Literary Genres of the Old Testament (Baker, 1995), 248.

[9] Dan Phillips, God’s Wisdom in Proverbs (Kress Christian Publications, 2011), 17.

[10] Greg W. Parsons, “Guidelines for Understanding and Proclaiming the Book of Proverbs,” Bibliotheca Sacra 150 (April–June, 1993), 159.


El Dr. Brad Klassen sirve como Profesor Asociado de Exposición Bíblica y Director de Estudios ThM en The Master’s Seminary.

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