Día: 15 mayo 2014

Los Falsos Maestros: Teresa de Ávila

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clip_image001Los Falsos Maestros: Teresa de Ávila

Por Tim Challies

Hace unas semanas comencé una serie de artículos a través de la cual estoy escaneando la historia de la iglesia -desde sus primeros días hasta la actualidad – para examinar algunos de los más notables de los falsos maestros de la cristiandad y para examinar la falsa doctrina que cada uno de ellos representa. En el trayecto que hemos visto figuras como Joseph Smith (mormonismo), Ellen G. White (adventismo), Norman Vincent Peale (pensamiento positivo) y Benny Hinn (Sanidad por Fé). Hoy nos dirigimos a una monja pos-Reforma, cuyo misticismo ha permanecido influyente a través de los siglos. Ella representa a la falsa enseñanza del misticismo.

Teresa of Avila Teresa de Ávila

Teresa de Jesús nació el 28 de marzo de 1515, en una familia que pronto serían doce en número doce. Lamentablemente, la madre de Teresa murió en 1529 y contra la voluntad de su padre, entró al convento carmelita de la Encarnación en Avil. Muy rápidamente se encontró con importantes problemas de salud y consideró inválida durante tres años. Fue durante este tiempo que ella descubrió y desarrolló un amor por la oración. Sin embargo, una vez que se recuperó su salud, esta dedicación a la oración pronto se desvaneció. En ese momento, y en esa zona, los Carmelitas eran un orden tranquila y viva ya que una monja era sencilla, respetable, y podría ser hasta encantadora a veces.

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Una Receta para el Discernimiento, 3ª. Parte

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clip_image002 Una Receta para el Discernimiento, 3ª. Parte

Por John MacArthur

El verdadero discernimiento bíblico no es desarrollado por ósmosis. Se cultiva con el tiempo, mientras un creyente madura en la fe. En los últimos días, hemos estado considerando los ingredientes esenciales para el discernimiento, incluyendo la oración constante, la búsqueda de la sabiduría de Dios, la integridad moral, y la necesidad de la enseñanza fiel de la Biblia y de los maestros. Pero ninguno de esos elementos puede funcionar correctamente, aparte de la presencia del Espíritu Santo.

Depender del Espíritu Santo

El Espíritu de Dios es en última instancia el verdadero Discernidor. Es Su papel guiarnos a toda verdad (Juan 16:13). Primera de Corintios 2:11 dice: “Nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios.” Pablo continua escribiendo:

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