Día: 18 junio 2008

Viniendo a Cristo

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Viniendo A Cristo

“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”

(Mateo 11:28).

Para creer, debe haber una convicción clara de pecado, y de los méritos de la sangre de Cristo, y del deseo de Cristo para salvar bajo esta consideración, esto es, que usted es un pecador.

Cuando venimos a Dios, no debemos traer nada sino a Cristo con nosotros. Cualesquiera ingredientes, o cualesquiera calificaciones previas de lo nuestro, envenenarán y corromperá la fe.

Creer es la cosa más maravillosa en el mundo. Poniendo algo de lo suyo, ya lo arruina. Cristo ni se prestará para mirar como algo que sirva para creer. Cuando usted cree y viene a Cristo, usted debe dejar detrás de usted mismo su propia justicia, y traer nada sino solo su pecado: (¡Oh, cuán duro es!) dejar detrás toda su santidad, santificación, deberes, miserias, o de otro modo Cristo no es apto para usted, ni usted para Cristo.

Cristo será un Redentor puro y Mediador, y usted debe ser un pecador deshecho, o Cristo y usted nunca podrán estar de acuerdo.

Desde aquí vea la naturaleza de la fe: es un venir tal como somos: pobres, estropeados, cojos, ciegos, y desnudos tal como somos, sin dilación y sin espera, para tener mejor calificaciones, las cuales nunca las tendremos hasta que venimos a Cristo por ellas.

Cualquier cosa que entra cuando usted va a Dios para la aceptación aparte de Cristo, llámelo anticristo; échelo fuera; haga solamente la justicia de Cristo triunfante. Todo lo demás es Babilonia, la cual tiene que caer para que Cristo permanezca, y usted se regocijará en el día de su caída, Isa. 14:4. Sólo Cristo ha pisado el lagar, y ninguno más estaba con Él, Isa. 63:3. Si une algo a Cristo, El lo hollará con furor e ira, y manchará Sus vestidos con la sangre extraña.

Usted debe tomar todo de la mano de Dios. Cristo es el regalo de Dios, Juan 4: 10. La fe es el regalo de Dios, Ef. 2:8. El perdón, un regalo gratuito, Isa. 45:22. Ah, como la naturaleza hace tormenta, agita, se enfurece por esto, que todo es un regalo y no puede comprar nada con sus hechos, lágrimas y deberes, que todo el hacer está excluido, y de ningún valor en el cielo.

Usted dice que no puede creer, no puede arrepentirse. Vaya a Cristo con toda su impenitencia e incredulidad, para recibir la fe y el arrepentimiento de Él; eso es glorioso. Diga a Cristo,

“Señor, no traje justicia, ni gracia por medio de la cual pueda ser aceptado, o justificado: Vengo por Ti, y debo tenerte.”

Usted puede ser traído bajo, aun al borde del infierno, listo para tambalearse dentro; usted no puede ser traído más bajo que el seno del infierno. Aún allí usted puede mirar hacia el templo santo, Jonás 2:4. A ese templo nadie puede entrar pero los que son purificados, y con una ofrenda también, Hechos 21:26. Pero ahora Cristo es nuestro templo, sacrificio, altar, sumo sacerdote, a quien nadie debe venir pero los pecadores, y eso sin ninguna ofrenda, pero Su propia sangre una vez ofrecida, Hebreos 7:27.

¡Pecador desesperado! Mire a su mano derecha y a su izquierda, diciendo, “¿Quién nos mostrará algo bueno?” Usted está tambaleándose en todas sus responsabilidades y profesiones para parchar una justicia para que lo salve. Vea a Cristo ahora; mire a Él y sea salvo todos los términos de la tierra. No hay otro más. Él es el Salvador, y no hay otro fuera de Él, Isa. 45:21,22. Mire a cualquier otro lugar y usted queda deshecho. Dios no mirará a nadie más que Cristo, y usted no debería mirar a nadie más. Cristo fue levantado arriba, como la serpiente de bronce en el desierto, para que los pecadores de todos los confines de la tierra, aun de grandes distancias, puedan ver a Él y mirar hacia Él. La más pequeña vista de ti será salvadora, el toque más pequeño será sanador para usted. Dios quiere que usted lo contemple a Él, porque Él lo ha puesto sobre un trono alto de gloria, en la vista abierta de todos los pobres pecadores que lo desean a Él. Usted tiene la razón infinita para contemplar a Él, ninguna razón de quitar su vista de Él: porque Él es manso y humilde de corazón, Mateo 11:29.

Él es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo,” Juan 1:29. Él ha bebido la copa más amarga y ha dejado la dulce; la condenación es removida. Cristo bebió toda la ira del Padre de una vez; y nada pero salvación quedó para usted, Lucas 13:33,34.

¡Vea que la herida que el pecado ha hecho en su alma es curada perfectamente por la sangre de Cristo! no cubierto superficialmente con deberes, humillaciones y extensiones.

Aplique todo lo que quiera en lugar de la sangre de Cristo, y envenenará la herida. Usted descubrirá que el pecado nunca fue mortificado verdaderamente, si usted no ha visto a Cristo derramar su sangre por usted en la cruz. Nada puede matar al pecado, sino solo el mirar a la justicia de Cristo.

Una Palabra al Impenitente

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UNA PALABRA AL IMPENITENTE
JOHN COLQUHOUN (1748-1827)

    “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30,31).

    Las siguientes direcciones como obtener un arrepentimiento evangélico las quiero ofrecer ahora para el pecador impenitente.

    1. Mírelo como un regalo de Cristo, y confíe que sus iniquidades fueron puestas sobre El, y que El fue traspasado por ellas (Zac. 12:10). Confíe también en El para un arrepentimiento verdadero, y en Dios por medio de Él, para la misericordia perdonadora y la gracia renovadora. Usted debería atentar a creer, para ejercer el arrepentimiento evangélico, y debería fiar en la gracia de Dios en Cristo para las influencias renovadoras de Su Santo Espíritu.

    2. Escoja a Dios en Cristo para su Dios de pacto y posición, y entonces usted estará tanto dispuesto y animado a volver a El. Para volver a Dios como el Señor su Dios es la esencia del arrepentimiento evangélico (Isaías 55:7).

    3. Sea frecuente e insistente en oración a Él por el regalo del arrepentimiento, diciendo con Efraín, “Conviérteme, y seré convertido, porque tu’ eres Jehová mi Dios” (Jer. 31:18). Ore en fe para la realización de esta promesa absoluta para usted: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezeq.36:26).

    4. Esfuércese a ver el pecado en sus propios colores odiosos, para ver que cosa mala y amarga es (Jer. 2:19). Para ver el pecado de su corazón y vida en su excesiva pecaminosidad y odiosidad sería el medio para que usted huya de ello con un profundo aborrecimiento. Y si usted podría discernir espiritualmente la odiosa deformidad del pecado, considere la infinita majestad y santidad de Dios que son insultadas por el pecado, las buenas cosas que la impenitente continuación en pecado le priva a usted, los horrorosos males a los cuales le exponen a usted, la ira infinita de Dios que le espera a usted si vive y muere impenitente, y la obligación infinita bajo la cual usted se encuentra para guardar todos Sus mandamientos.

    5. Estudie para ver y ser afectado proporcionadamente con la depravidad profunda o el pecado de su naturaleza, como también con las innumerables transgresiones de su vida; y llámese a cuentas a usted mismo cada día de sus pecados de omisión y comisión de cada día; y esto, para ver que gran razón usted tiene para arrepentirse de ellos.

    6. Medite frecuente y atentamente sobre la angustia terrible y la muerte asombrosa del Señor Jesús, para que usted pueda ver la pecaminosidad excesiva del pecado, y el castigo eterno que merece el pecador.

    7. Medite mucho sobre los pensamientos de la muerte y del juicio que ha de venir. Considere seriamente cuan incierta es la continuación de su vida en este mundo. Asegúrese que si la muerte le sorprende en incredulidad e impenitencia, usted para siempre está deshecho. Piense también del temible tribunal de aquel justo e inexorable Juez, cuyos ojos son como una flama de fuego, ante el cual usted tiene que comparecer; donde cada impenitente pecador finalmente, de acuerdo a los deméritos de sus obras hechas en el cuerpo, será sentenciado al castigo eterno. ¡Oh, cuan tremenda, cuán irresistible será la sentencia pronunciada sobre el impenitente, “Apartaos de mi, malditos al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles!” (Mat. 25:41). Oh considere esto, y por fe y arrepentimiento huya rápidamente de la ira venidera.

    Si usted dice, ‘No puedo arrepentirme,” esto no será una excusa; porque el arrepentimiento verdadero es parte de la salvación, ofrecida y prometida en el Evangelio, y la oferta y la promesa son dirigidas a usted (1 Juan 5:11; Hechos 2:38, 39). Si usted dice, “No puedo creer esas ofertas y promesas aplicadas a mí,” ni esto será aceptada como excusa, porque la oferta y la promesa de fe a creerlas son también dirigidas a usted (Apoc. 22:17; Mat. 12:21; Heb. 4:1). Confíe en Cristo Jesús entonces, sobre la base de la oferta, para la gracia del arrepentimiento verdadero; y en la fe de la promesa, atente a ejercitarla frecuentemente.

    Oh sea usted persuadido, mientras todavía es el día, para arrepentirse y volver de todas sus transgresiones; para que la iniquidad no sea su ruina. ~Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis?” (Ezcq. 31:11). ‘Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mi con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (Joel 2:12,13). ¡Oh cumpla con estas compasivas, y tiernas invitaciones! Y si usted va a volver al Señor para un arrepentimiento verdadero, crea para arrepentirse. Crea, aplicándose a usted mismo, los mandamientos y las maldiciones de la ley como un pacto de obras violado, para que obtenga verdadera convicción de su pecado y miseria. Y luego crea aplicando particularmente las declaraciones, ofertas y promesas del evangelio bendito; para obtener tal vista de fe de la misericordia de Dios en Cristo, la cual dispondrá y animará a usted a ejercitar ese arrepentimiento evangélico que será aceptable a Él. Confíe en el Redentor, ese exaltado Príncipe y Salvador, para el arrepentimiento para vida; y ore en Su nombre al Dios de toda gracia por “el Espíritu de gracia y de suplicaciones,” para hacerle, capaz de mirar a El a quien tú has traspasado, y te condoleres por El.