Doctrina Bíblica y Terminología Extrabíblica

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ESJ-2018 0702-003

Doctrina Bíblica y Terminología Extrabíblica

por Mike Riccardi

Durante la controversia arriana del siglo IV, los arrianos emplearon muchos argumentos en contra de las doctrinas de la Trinidad y la Deidad de Cristo. Tal vez uno de los argumentos más populares fue que hombres como Atanasio estaban usando terminología no bíblica para describir la naturaleza de Dios y la persona de Cristo. La famosa palabra homoousios, es decir, “la misma sustancia”, que indica que el Hijo era de la misma sustancia del Padre, no meramente de sustancia similar, no se encontraba en las Escrituras, mientras que los arrianos insistían en el “sentido común” de textos como Juan 14:28, donde Jesús confiesa, “ya que el Padre es mayor que yo.” En el siglo dieciséis, los socinianos antitrinitarios establecieron este mismo argumento contra la ortodoxia histórica. “Trinidad” era una palabra que estaba ausente de la Biblia. Los ortodoxos reformados simplemente estaban absorbiendo la tradición hecha por el hombre, mientras que (los socinianos) tenían como objetivo ser fieles a la Escritura mediante el uso de un lenguaje estrictamente bíblico.

John Owen lo vio como una vocación personal para responder a las numerosas herejías del socinismo, y la iglesia ha sido más rica por sus esfuerzos. Al principio de su “Breve declaración y Reivindicación de la Doctrina de la Trinidad,” Owen responde a esta objeción común y explica por qué emplear términos extrabíblicos como “sustancia,” “subsistencia” y “Trinidad” no solo es permisible sino necesario para la interpretación bíblica fiel y la discusión teológica. El escribe:

“Y aquí [es decir, al hablar de la Trinidad, como en la aplicación de todas las demás verdades divinas y misterios, sea cual sea, sí, de todos los deberes ordenados por la moral, se deben usar las palabras y expresiones que puedan ser no literales y formalmente contenidas en la Escritura; pero solo son, según nuestras concepciones y aprehensiones, expositivas de lo que está tan contenido.

Y negar la libertad, sí, la necesidad de esto, es negar toda interpretación de la Escritura, todos los esfuerzos por expresar el sentido de las palabras de la misma a la comprensión de unos a otros; que es, en una palabra, hacer que la Escritura misma sea totalmente inútil.

“Porque si me es ilegal hablar o escribir lo que concibo que es el sentido de las palabras de la Escritura, y la naturaleza de que significa y se expresa por ellos, es ilegal para mí, también, pensar o concebir en mi mente lo que es el sentido de las palabras o la naturaleza de las cosas; lo que es decir, hacernos tontos, y frustrar el diseño entero de Dios al darnos el gran privilegio de su palabra.

“Por lo tanto, en la declaración de la doctrina de la Trinidad, podemos legítimamente, o mejor dicho, necesariamente, hacer uso de otras palabras, frases y expresiones de lo que está literal y silábicamente contenido en las Escrituras, pero no enseñar otras cosas.”

“Además, independientemente de lo que se revela en la Escritura no es menos verdadero y divino en cuanto a lo que necesariamente le sigue, es decir lo que se revela principalmente y se expresa directamente. Porque hasta donde se trazan y extienden las líneas, de la verdad nada puede seguir sino lo que es verdadero también; y eso en la misma verdad de la que se deriva y deduce. Porque si la afirmación principal es una verdad de revelación divina, también lo es todo lo que está incluido en ella, y que correctamente puede ser resumida de allí en adelante.

“De esto se desprende, que cuando las Escrituras revelan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios, viendo que necesaria e inevitablemente se deduce que ellos son uno en esencia (en donde solo es posible que puedan ser uno), y tres en sus distintas subsistencias (en donde solo es posible que puedan ser tres), esto no es menos revelación divina que el primer principio de donde estas cosas resultan.”

Varios comentarios valen la pena.

Necesario Para La Refutación Del Error

En primer lugar, Owen señala que, no solo en las discusiones trinitarias, sino en “todas las demás verdades divinas y misterios”, es necesario utilizar una terminología que no aparece en las Escrituras para explicar con precisión lo que la Escritura significa y lo que no significa mediante la terminología que se usa. Tan pronto como un maestro de error invierte la terminología bíblica con un significado que las Escrituras no intentan, han hecho necesario que los defensores de la verdad usen un lenguaje que no se utilice en las Escrituras para distinguir el genuino sentido bíblico de los términos en cuestión.

Los arrianos insistieron en que la descripción de la Escritura del Hijo como “engendrado” y “primogénito” significaba que el Hijo tenía un comienzo, ya que, con respecto a las relaciones humanas, el “sentido simple” de estos términos implica originen. Para explicar por qué ese no era el caso, Atanasio, Agustín y otros emplearon terminología extrabíblica para explicar el significado genuino de los términos bíblicos. Engendramiento, para las relaciones eternas entre el Padre y el Hijo, no implicaba originen, sino la comunicación eterna del Padre de la esencia divina para la subsistencia personal del Hijo. La Escritura no habla de “esencia” y “subsistencias” de ninguna manera explícita, pero estos términos se emplean para captar mejor lo que dice la Escritura y distinguirlo de la enseñanza falsa.

Esta Es Simplemente La Tarea De La Interpretación

En segundo lugar, observe cómo esta práctica es absolutamente esencial para cualquier interpretación bíblica. “Y negar la libertad, sí, la necesidad de esto, es negar toda interpretación de la Escritura.” Si emplear terminología extrabíblica para describir la verdad bíblica de alguna manera siempre es contaminar la pureza de la exégesis con el “razonamiento humano” de la “teología” entonces tendríamos que deshacernos no solo de nuestros libros de teología, sino también de nuestros comentarios bíblicos, fuentes históricas y léxicos, y prohibir a nuestros pastores que digan cualquier cosa desde detrás del púlpito más allá de la lectura de las Escrituras. Cualquier comentario sobre la verdad bíblica implica el uso de palabras no utilizadas en el texto.

Anclado al texto

En tercer lugar, observe cómo Owen está explícitamente preocupado por el hecho de que uno ancla la terminología extrabíblica en el texto de la Escritura misma. Aunque es posible que estos términos no se encuentren explícitamente en el texto, no obstante son “expositivos de lo que está contenido”. Nuestro objetivo es expresar “el sentido de las palabras” de las Escrituras. Usamos palabras distintas a las que están en las Escrituras, pero que “no enseñan otras cosas” que las que están en las Escrituras. Owen no es un sistemático que hace caso omiso del texto bíblico; si nada más, su comentario exegético de dos millones de palabras sobre el libro de Hebreos debería calificarlo como un exegeta. No, es su amor por las Escrituras y su genuina preocupación de que la intención del autor se mantenga prístina es lo que le impulsa a esta práctica. La deducción teológica siempre debe estar amarrada al texto.

La Legitimidad De La Deducción

En cuarto lugar, hace la excelente observación de que las implicaciones lógicas de una verdad divinamente revelada no son menos divinamente reveladas ni menos verdaderas que el principio del que se deduce. Algunos intérpretes que tienden a desconfiar de la legitimidad de la teología sistemática se inquietan si hay demasiados niveles de discusión o inferencia a partir de una verdad particular de la Escritura. Si hay más de tres declaraciones de si-entonces en un argumento teológico, no debe ser bíblico. Pero eso simplemente no es verdad. Si se prueba que A es una verdad bíblica, y si el resto del testimonio bíblico junto con las leyes de la lógica exigen que A implica B, y B implica C, y así sucesivamente hasta Z, Z no es menos bíblico que A. O , como lo expresa la Confesión de Westminster, “ El consejo completo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en las Escrituras, o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia (1.6). Lo que se deduce “por una buena y necesaria consecuencia” no es menos bíblico que el que está “expresamente expuesto en las Escrituras.”

* * * * *

Y así, la doctrina ortodoxa de la Trinidad, que se resume en la confesión de que Dios es uno, y que este Dios eternamente subsiste en tres personas co-iguales y consustanciales, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que personas , aunque distintas una de la otra, cada una posee por completo la esencia divina indivisa, no es un brebaje no bíblico ideado por el razonamiento humano y la especulación filosófica. Es bíblico , aunque las palabras “Trinidad” y “esencia” y “subsistencia” no aparecen en las Escrituras. Al enseñar que Dios es uno, y que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu es Dios, las Escrituras nos lleva al Trinitarianismo. Que tengamos que tomar prestado un lenguaje metafísico para explicar las realidades escriturales hace que esas realidades no sean menos escriturales.

Al interpretar las Escrituras y tratar de unir fielmente las partes en un todo coherente, no se deje atrapar en el vulgar biblicismo de personas como los arrianos y los socinianos, porque, irónicamente, eso no sería bíblico.

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