Cuidando de los Padres Ancianos

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Por Jim Koerber

Reciba una guía en como caminar con familiares ancianos de una manera que les señale al glorioso Salvador.

La situación

¿Sabía que vivimos en un mundo que envejece rápidamente? De hecho, en los Estados Unidos las poblaciones de edad de más rápido crecimiento son los mayores de 80 años. Como resultado, ahora tenemos la «Generación Sándwich». La Generación Sándwich son aquellos entre las edades de 40 a 70 años que todavía se encuentran criando a sus hijos al mismo tiempo que cuidan de sus padres y parientes envejecidos. Este fue el caso de mis hermanas y yo hasta que el Señor llevó a nuestros padres a casa. Tal vez esta ha sido su experiencia o es actualmente su experiencia.

El proceso de envejecimiento trae desafíos y pérdidas que pueden desgastar a las personas como el sol abrasador. Las presiones en esta edad podrían ser una enfermedad, pérdida de las facultades, un conflicto con hijos adultos, la discriminación por edad o la pérdida de un cónyuge. Las presiones de la vida sacarán a la luz donde nuestros parientes que están envejeciendo ponen su esperanza. Jeremías 17:5-6 dice que estamos arraigados en la confianza del hombre o en la confianza en Dios. Para nuestros parientes ancianos, las pérdidas que experimentan se convierten en un laboratorio perspicaz para ayudar a identificar en dónde tienen puesta su confianza.

Las reacciones de nuestros aconsejados y las nuestras, a estas presiones en la vida nos ayudarán como sus consejeros a ver dónde está presente la idolatría: ¿Está la confianza depositada en un doctor o en el Gran Médico? Cuando las pérdidas producen ira o depresión, ¿qué es lo que los ha alejado del agradecimiento y el contentamiento? Eclesiastés 11:9-12:8 da una imagen sombría de estas presiones que vienen cuando nos acercamos al final de la vida.

  • Las «presiones de la vida» que vienen con el envejecimiento pueden incluir:
  • Una creciente conciencia de la mortalidad.
  • La aparición de enfermedades debilitantes, enfermedades terminales, enfermedades que afectan la mente y enfermedades que pueden persistir durante los años más largos que experimentamos.
  • Soledad en la soltería después de la muerte de un cónyuge.
  • Aumento de remordimiento al tener menos tiempo para resolver problemas.
  • Pérdida de ingresos (especialmente para los mayores de 90 años).
  • Pérdida de agudeza de los sentidos (audición, vista, tacto, gusto, olor).
  • Pérdida de fuerza y habilidades.
  • Pérdida de movilidad.
  • Pérdida de independencia.
  • Cambios en el mundo (a menudo acompañados por el deseo de volver a una visión romántica del pasado, «los buenos viejos tiempos»).
  • Miedos. («¿Qué sucederá si tengo Alzheimer o demencia?» «¿Y si mis seres queridos no creyentes mueren sin Cristo?» «¿Tendré que soportar el sufrimiento durante mucho tiempo?»)

¡Los nefastos efectos de la caída se ven en nuestros parientes envejecidos y en nuestros propios cuerpos en envejecimiento! Sin embargo, tales pérdidas son temporales para aquellos cuya esperanza está en el Señor. No podemos, ni debemos leer Eclesiastés 11 y 12 sin el conocimiento de que Cristo ha venido y ha vencido el pecado y la muerte.

Un frío día de febrero viajé por la ruta 26 de Lafayette a Kokomo, Indiana para visitar a mi padre. Pronto iría a reunirse con su oncólogo y anticipó la posibilidad de malas noticias. Él quiso compartir conmigo de su lectura bíblica esa mañana:

«Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» Romanos 8:38-39

Lágrimas antes no vistas estaban fluyendo por esta cara que había conocido durante 4 décadas. Él expresó una confianza en Cristo que salía desde su alma. Por cierto, la noticia fue buena ese día, pero el doctor estaba equivocado. Un poco más de un año después su cuerpo se unió al polvo de la tierra, pero entró en la presencia de su Dios amoroso.

El salmista (ciertamente consciente de las pérdidas del envejecimiento) escribió:

«El justo florecerá como la palma,

Crecerá como cedro en el Líbano.
Plantados en la casa del Señor,
Florecerán en los atrios de nuestro Dios.
Aun en la vejez darán fruto;
Estarán vigorosos y muy verdes,
Para anunciar cuán recto es el Señor;
Él es mi Roca, y que en Él no hay injusticia.»

Salmo 92:12-15

Nuestro deseo es caminar junto a nuestros padres envejecidos, tías, tíos, amigos para ayudarles a dar fruto, a estar siempre vigorosos y muy verdes. No para que puedan experimentar su mejor vida ahora. Más bien, para que puedan señalar a un Salvador glorioso quien es recto e inamovible.

Orientación Bíblica

Art era mi maestro de la Escuela Dominical, maestro de la Escuela Secundaria, y más tarde en la vida un amigo y pastor colega. Una vez le pregunté qué Escrituras le sostenía en estos últimos años. Sin dudarlo, dijo: «Todos los versículos que me sostuvieron en mis años más jóvenes». ¡Eso fue muy refrescante! Al considerar ayudar a nuestros parientes mayores, tengamos en cuenta estas Escrituras fundamentales.

«Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.» Mateo 22:37-40

«Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos.» 1 Tesalonicenses 5:14

«El amor es paciente, es bondadoso.» 1 Corintios 13:4

Estos pasajes son relevantes independientemente de si aconsejamos a un niño de 9 años o a alguien de 90 años. Un amor que se preocupa y confronta con paciencia, bondad y humildad siempre debe caracterizar nuestro consejo. A lo largo de los años he notado que muchas familias que cuidan de parientes mayores luchan particularmente en el área de amar con la paciencia y la bondad que se requiere cuando los cuerpos responden más lentamente (¡mis hijos me dicen que estoy conduciendo más lento ahora!), y las decisiones reflejan una agudeza mental cada vez menor. Esto va a requerir tomarse el tiempo para escuchar bien (Proverbios 18:13).

¿Cómo puede demostrar paciencia y bondad? Comience ajustando las expectativas que tiene de ellos para adaptarse a su ritmo de vida. Considere las pérdidas (véase la lista anterior) que les están afectando particularmente en su vida diaria. Compre una Biblia de letra tamaño grande y léala con ellos. Tómese su tiempo para escuchar y tratar de entender la lógica de por qué están haciendo lo que están haciendo. Presénteles la verdad bíblica al confrontar el comportamiento equivocado con gracia y tolerancia.

Otra forma de expresar cuidado es haciendo preguntas sobre su vida. ¿Cuáles fueron sus mayores alegrías en la vida? ¿Cuáles fueron sus mayores decepciones en la vida? ¿Dónde encontraron más esperanza? ¿Qué querrían que supiera? Las respuestas a estas preguntas le darán una comprensión de su relación con Cristo y una comprensión de las verdades de las Escrituras con las que necesitan ser desafiados o por las cuales pueden ser alentados.

Todo esto requiere de consideración. Con mentes renovadas (Romanos 12:1-2) podemos adorar a Dios por medio de nuestra obediencia a Él para superarnos los unos a otros al mostrar honor (Romanos 12:9). Amado, tomemos esta tarea con amor genuino y el deseo de superar a nuestro familiar envejecido con honor. Tenga la mente de Cristo (Filipenses 2:1-11) al considerar las pérdidas que están experimentando ahora, y con gozo regréselos al incentivo de adorar a Cristo en cuerpos resucitados con mentes claras (¡sin Alzheimer!) y cuerpos que están enteros (¡sin artritis!).

Al caminar con aquellos a quienes les han llegado «los días malos» (Eclesiastés 12:1), es posible que esté (probablemente lo vaya a estar) tentado a la impaciencia y a la falta de comprensión. Ore por sabiduría (Dios promete ser generoso en esta provisión, Santiago 1:5), practique el amor bíblico y tenga la seguridad de que este también es el medio de Dios para santificarlo, y Él es fiel para lograrlo (1 Tesalonicenses 5:23-24).

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