Literal y Simbólico – Un Rápido Recorrido por Apocalipsis (1ª. Pte.)
Literal y Simbólico – Un Rápido Recorrido por Apocalipsis (1ª. Pte.)
Por Paul Henebury
Esta es una parte del nuevo libro que no utilicé (o la mayor parte). Pensé que sería mejor utilizarla aquí que descartarla por completo
Tratar de entender la mezcla de símbolos del libro del Apocalipsis no es tarea fácil. Los símbolos crean una imagen visual en la mente del lector. La pregunta es: ¿cuándo los símbolos son literales y cuándo no lo son? Profundicemos en esta cuestión.
Cuando Juan contempla a Jesús glorificado en el capítulo 1, ve a una persona real; un Hombre que pone Su mano sobre Juan (Apoc. 1:17). Sin embargo, se dice que la mano derecha de Cristo contiene siete estrellas, y que Cristo tiene una espada que sale de su boca (Ap. 1:16). Esta espada es representada más tarde como el instrumento con el que Él hiere a las naciones (Apoc. 19:15). ¿Qué significa esto? Aquí vemos un artefacto simbólico (la espada) combinado con la imagen literal de un hombre. El fajín de oro que lleva le muestra noble (Apoc. 1:13). Su cabello blanco y sus ojos llameantes (Ap. 1:14), por no mencionar sus pies de bronce resplandeciente (Ap. 1:15), pueden tentarnos a inferir que es antiguo, sabio y penetrante en conocimiento. Por otro lado, puede ser que el Jesús glorificado realmente se vea así, ¡ya que no se da ninguna explicación de Su apariencia! Resulta instructivo que justo después de decirle a Juan que escriba “las cosas que has visto, las que son y las que sucederán después de esto,” descifre el significado de las estrellas y los candelabros (Ap. 1:19-20). Ello parece indicar la forma en que procederá la revelación: una visión de algo extraño seguida de algunas observaciones explicativas.
Por supuesto, esto sólo es cierto en parte. Cuando uno lee las cartas a las siete iglesias, se mencionan de pasada una serie de cosas sobre las que nos encantaría conocer más detalles. Entre ellas se encuentran los «nicolaítas» en las cartas a Éfeso (Ap. 2:6) y Pérgamo (Ap. 2:15); «la sinagoga de Satanás» de la que se habla en las dirigidas a Esmirna (Ap. 2:9) y Filadelfia (Ap. 3:9); y la identidad de «Jezabel» en Tiatira (Ap. 2:20). Me gustaría tener más información sobre el Libro de la Vida en Apocalipsis 3:5[1], y me gustaría saber con seguridad si «la hora de la prueba que vendrá sobre el mundo entero» (Ap. 3:10) se refiere a la Tribulación, o a una parte de ella, o a nada de ella.
Pasando de las cartas a las siete iglesias, no podemos identificar con certeza a los veinticuatro ancianos ante el trono de Dios (Apoc. 4:4), aunque podemos observar cómo David organizó veinticuatro órdenes sacerdotales en 1 Crónicas 24:4 y 25:9-3.[2] ¿Son los mismos que los «vigilantes» de los que habla Daniel (Dan. 4:17)? Posiblemente. ¿Quién lo sabe con certeza? Dado que aparecen de forma bastante prominente en la narración (Ap. 4:4, 10; 5:8, 14; 11:16; 19:4), hay muchas razones para pensar que el número veinticuatro es literal.
Los cuatro jinetes de Apocalipsis 6 fueron vistos por Juan, pero dudo que sean vistos por nadie más. El efecto de sus misiones es la devastación de la tierra, trayendo enfermedades, hambre, calamidades naturales y desorden social. Son los efectos de su trabajo los que verán los desafortunados habitantes de la tierra. En Apocalipsis 6:13 se nos dice que todas las estrellas cayeron. En Apocalipsis 8:12 todavía hay estrellas, lo que significa que Apocalipsis 6:13 es posterior a Apocalipsis 8:12.
Ya he comentado en otro lugar sobre los 144.000 de Apocalipsis 7, pero los intérpretes amilenaristas creen que el número y la descripción que de ellos hace el autor inspirado no son literales. Por otro lado, creen que la multitud que nadie podría contar de todos los pueblos es literal. Los 144.000 israelitas de Apocalipsis 7 proceden de doce tribus de la tierra que están claramente nombradas (Apocalipsis 7:1-8), y son vírgenes varones según Apocalipsis 14:4. Por tanto, los premilenaristas dispensacionalistas afirman con razón que ambos grupos deben entenderse literalmente, lo que significa que no son lo mismo[3].
Los jinetes infernales de la sexta trompeta (Ap. 9:16-19) están numerados. ¿Por qué señalar su número si son irreales? ¿Acaso no vieron Eliseo y su criado caballos sobrenaturales de fuego y carros de fuego en las colinas que los rodeaban (2 Re 6:17)? ¡Estaban allí! Estos avistamientos reales no deben ser barridos por el término mágico «apocalíptico»[4].
En el capítulo 12 se nos dice sin rodeos que el dragón de siete cabezas es «el Diablo y Satanás» (Ap. 12:9). El dragón persigue a una «mujer vestida del sol, con una corona de doce estrellas en la cabeza y la luna bajo sus pies» (Ap. 12:1). ¿Quién es esta mujer? Un detalle más puede ayudarnos. Estaba embarazada (Ap. 12:4), y su hijo «había de regir a todas las naciones con vara de hierro». (Ap. 12:5. Cf. Sal. 2:8-9; Ap. 19:15). El niño no puede ser otro que Cristo, que es «la raíz de David» (Ap. 5:5; cf. 22:6) – un israelita. La identidad del niño se corrobora aún más cuando Juan nos dice «Y su Niño fue arrebatado para Dios y su trono.» (Ap. 12:5b).
Esta no puede ser la Iglesia, porque la Iglesia aún no está casada con Cristo (véase Ap. 19:6, 9). Ergo, ¡la Iglesia no puede ser representada como una mujer embarazada! La Iglesia tampoco engendró a Cristo. Cristo engendró a la Iglesia mediante su resurrección. Como el Apocalipsis está repleto de alusiones al Antiguo Testamento, ¿ha insertado Juan aquí una relacionada con la mujer? La respuesta es sí:
Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?». – Génesis 37:9-10 (énfasis mío).
La reprensión de Jacob a José demuestra que entendía el sueño como una referencia a él, a Raquel (la madre de José – Gn. 35:24) y a los once hermanos de José. No hace falta ser un genio para añadir José a las once estrellas y formar las doce tribus de Israel, con Jacob representado como el sol y Raquel como la luna. La razón de las imágenes femeninas es el nacimiento del Hijo Varón (Ap. 12:4-5). Beale cree que la mujer representa a la totalidad de los santos de antes y después del primer advenimiento[5], lo cual es extraordinario para alguien que se ha hecho un nombre buscando e identificando alusiones al Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento. La Teología del Pacto de Beale le impide separar a Israel de la Iglesia. Apocalipsis 12 no dice nada sobre la espiritualidad de la mujer; eso sencillamente no es importante. Al menos en mi opinión, cualquier interpretación de Apocalipsis 12:1 que acabe convirtiéndola en algo distinto de Israel es un circunloquio.
[1] Estar en este «Libro de la Vida» le da a uno acceso a la Nueva Jerusalén (Ap. 21:27), mientras que no tener su nombre en el Libro de la Vida lo expone a uno a la ira (Ap. 20:15). Sin embargo, existe la amenaza de que algunos de los nombres escritos en el Libro sean eliminados (Ap. 3:5; 22:19). Cuando Pablo se refiere a ello en Fil. 4:13 no menciona esta amenaza, probablemente porque no es una amenaza para los que están en la Iglesia (Ro. 8:28-39). Esto puede deberse a que el Apocalipsis habla de los que están en la Tribulación después de la eliminación de la Iglesia, y que los santos de la Tribulación deben «soportar» (por ejemplo, no recibiendo la marca de la bestia). Si no soportan sus nombres son borrados del Libro del Cordero. (Véanse aquí mis observaciones sobre «Hebreos como carta de la tribulación» más arriba). Esta manera de presentar las cosas puede no ser cómoda de pensar, pero creo que al menos tiene el beneficio de ser textualmente honesta. Sólo intento comprender lo que dice el texto y darle sentido sin recurrir a tergiversar las palabras de Juan.
[2] «La mayor parte del simbolismo apocalíptico utilizado por Juan en el Apocalipsis encuentra su raíz en el Antiguo Testamento, que a menudo proporciona la clave interpretativa necesaria para entender la imaginería». – H. Hall Harris, «A Theology of John’s Writings», 173 n. 11. Yo redactaría esta frase de forma ligeramente diferente, pero el punto principal está bien planteado.
[3] Buist M. Fanning, Revelation, 265-267.
[4] En mi opinión, los cristianos occidentales no se toman suficientemente en serio el ámbito sobrenatural.
[5] G. K. Beale, Revelation, 625-627.