Día: 13 octubre 2008

La Esperanza y el Dinero

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La Esperanza y el Dinero

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(Por John MacArthur)

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos (1 Tim. 6:17)

Un verdadero peligro que afrontan los cristianos estadounidenses es la tentación en centrar su esperanza en la incertidumbre de las riquezas. Basar su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, en lugar de Dios, es absurdo. Proverbios 11:28 advierte que “El que confía en sus riquezas caerá”. Proverbios 23:4–5 añade: “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.”

En vez de confiar en las riquezas, los creyentes deben centrar su esperanza en Dios, quien ricamente nos suple de todas las cosas para disfrutar. Dios provee mucho más seguridad que cualquier inversión terrenal. Salmo 50:10–12 describe Su riqueza incalculable: “Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud.” Dios no es un tacaño; Él ricamente suple a Sus hijos de todas las cosas para disfrutarlas. Eclesiastés 5:18–20 se lee:

“He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios. Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.”

La forma más alta de alegría para el creyente debe traer gloria hacia el Señor. La felicidad verdadera, entonces, se origina cuando los creyentes le prestan atención a las palabras de Jesús en Mateo 6:19–21:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Más tarde, en ese mismo pasaje, Jesús da la orden tres veces para no estar ansiosos (vv. 25, 31, 34). Cuando confiamos en Dios en lugar de las riquezas, no tenemos razón para preocuparnos.

El post de hoy es adaptado del comentario de John sobre 1 Timoteo. (Moody, 1995).