Día: 29 mayo 2013

¿Por Qué Cantamos “He Decidido Seguir a Cristo”?

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¿Por Qué Cantamos “He Decidido Seguir a Cristo”?

Por Jesse Johnson

George Beverly Shea

He decidido seguir a Cristo es un himno de polarización. Se hizo popular por las cruzadas de Billy Graham, es inseparable del concepto de los llamados al altar y súplicas emocionales. Para algunos, se erige como una especie de himno arminiano –un testimonio del poder de la voluntad humana y un ejemplo de todo lo que es malo en letras modernas cristianas. Para otros, es una canción que celebra la simplicidad de la conversión simple y sincera.

Pero cuando se conoce la historia detrás de la canción, se da cuenta de que no es una declaración sobre el libre albedrío, ni acerca de la facilidad de colocar su fe en Cristo. En realidad, es un monumento a la naturaleza internacional del evangelio, así como un llamado radical a sufrir y morir con Jesús.

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Cinco Mentiras que El Pecado Me Dice

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Cinco Mentiras que El Pecado Me Dice

Por Stephen Altrogge

MENTIRA: Este es un pecado menor y tan insignificante! En realidad no es gran cosa ante los ojos de Dios.

VERDAD: Todo pecado es una horrible ofensa a Dios. El pecado es la suma de todos los males, lo contrario de todo lo que es bueno, santo y hermoso. Incluso el más pequeño de mis pecados requirió la muerte del Hijo de Dios. No hay tal cosa como un pecado menor. Todo pecado es una traición cósmica.

MENTIRA: Voy a cometer pecado esta vez, luego entonces voy a dejarlo. Sólo tengo que sacarlo de mi sistema.

VERDAD: Cada vez que cedo al pecado se hace más difícil romper el poder de ese pecado. El pecado tiene una manera de hundir sus ganchos de púas más profundo dentro de mi corazón. No puedo simplemente pecar y alejarme ileso de él. Cuanto más cedo al pecado, más enredado me vuelvo. El pecado siempre deja cicatrices.

MENTIRA: Este pecado es parte de lo que soy. Yo siempre he luchado así y siempre voy a pecar de esta manera.

VERDAD: El pecado no define mi identidad! Soy una nueva creación en Cristo. Cristo me ha liberado del poder esclavizante del pecado. No tengo que obedecer absolutamente las pasiones pecaminosas que surgen a través de mí. Puede que haya luchado siempre así, pero mi pasado no define mi futuro.

MENTIRA: Necesito ceder a este pecado con el fin de ser feliz.

VERDAD: El pecado nunca proporciona la verdadera felicidad. Promete dulzura, pero finalmente, proporciona una capacidad de carga de destrucción, falta de satisfacción, relaciones arruinadas, y dureza de corazón.

MENTIRA: Dios quiere que yo sea feliz, por lo tanto, está bien para mí ceder al pecado.

VERDAD: Dios quiere que yo sea feliz. Sin embargo, mi felicidad sólo será tan alta como mi santidad. El pecado erosiona y destruye finalmente, la verdadera santidad y la verdadera felicidad.