Por qué Rehusarse a Resolver el Conflicto Impide la Oración

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ESJ-2017 0728-003

Por qué Rehusarse a Resolver el Conflicto Impide la Oración

Por Paul Tautges

Algunos pecados son más pasivos que activos. Podemos llamar a estos pecados de omisión en lugar de pecados de comisión porque ellos son todo lo que no hacemos. Estos pecados implican descuidar (y algunas veces negarse) a hacer lo que es correcto en lugar de hacer voluntariamente lo que está claramente prohibido. En su Sermón del Monte, Jesús dio advertencias señaladas contra áreas de negligencia que son especialmente pertinentes a este asunto de la oración sin respuesta. El mal manejo de estas advertencias daña gravemente no sólo nuestras relaciones horizontales con los demás, sino también nuestra relación familiar con el Padre y consecuentemente la eficacia de nuestras oraciones. Una de esas áreas es el retraso de la resolución de conflictos.

Mientras vivamos este lado del cielo, continuaremos experimentando conflictos con otros, y seguiremos escuchando el llamado de Dios al arrepentimiento y un mayor crecimiento en medio del conflicto. El conflicto relacional, como todo lo que Dios pone en nuestro camino, es usado por él para nuestro bien. Cuando se responde con humildad, paciencia, gracia y perdón, tal conflicto lleva a relaciones más fuertes, y que honran más a Cristo. La gracia transformadora de Dios convierte lo que debilita las relaciones humanas en algo que las fortalece sustancialmente: el mal se convierte en bien y la maldición en bendición. Esto nos hace más como Jesús y nos equipa para ser mejores testimonios del poder redentor de Dios en un mundo que está desesperado por la gracia y la paz.

El Retraso de la Resolución de Conflictos

La Biblia es clara. Cada uno de nosotros es un pecador egoísta. Sin excepciones. Por lo tanto, el conflicto es simplemente inevitable. El conflicto es más que un simple desacuerdo. Ministerios Pacificador lo define como: “Una diferencia en opinión o propósito que frustra las metas y deseos de alguien.” En un conflicto, por lo menos una de las personas involucradas, si no ambas, se molesta porque teme no obtener lo que quiere -incluso si lo que quiere es simplemente que alguien vea una situación particular como el la ve. Santiago da en el corazón de esto cuando escribe: “¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?” (Santiago 4:1).

El cómo manejamos el conflicto revela la verdadera relación de nuestro corazón con el evangelio. Si somos ofensores u ofendidos, si decidimos retrasar la resolución de nuestros conflictos entre nosotros, entonces nosotros mismos cambiamos poco, impidiendo nuestro propio crecimiento espiritual y el de los demás. Resistir o descuidar la resolución del conflicto, especialmente entre usted y otro cristiano, es un pequeño pero real rechazo del propio evangelio. No es de extrañar que pueda obstaculizar nuestras oraciones. ¿Entonces qué hacemos al respecto?

Tener un Sentido de Urgencia

La Biblia nos exhorta a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para resolver el conflicto lo antes posible (Romanos 12:18). El llamado bíblico mas claro de este deber se encuentra en Mateo 5:23-24: “Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” Esas son palabras radicales. Los oyentes judíos originales fueron capaces de colocar estas palabras de Jesús en un contexto familiar. Para ellos, el Señor se refería al sacrificio de animales dentro del Templo. Este fue un acto de adoración y confianza solemne, sombrío y profundamente significativo que estaba en el corazón del Antiguo Pacto. Para nosotros, esto correspondería a nuestras interacciones más significativas con Dios como sus hijos, incluyendo la adoración privada a través de la oración personal, así como la adoración corporativa. Pero aquí Jesús está diciendo que hay una buena razón para detenerse justo en medio de todo, porque tienes otros asuntos más importantes.

¡Jesús considera que la resolución de conflictos entre los creyentes es una prioridad más elevada que nuestra adoración a Dios mismo! Él nos dice claramente que es mejor interrumpir o posponer nuestra adoración que involucrarse en ella bajo condiciones incorrectas. Este pasaje no dice explícitamente que el conflicto no resuelto es una causa de oración sin respuesta. Pero sí dice que Dios no está interesado en recibir nuestra adoración hasta que honestamente enfrentemos los errores que hemos cometido unos contra otros. Si bien es posible argumentar distinciones entre los dos, son distinciones sin ninguna diferencia real. Venir ante Dios consciente del conflicto no resuelto con otro cristiano, cuando está en nuestro poder buscar la resolución de ese conflicto, hace que nuestra adoración sea falsa e hipócrita. El conflicto no resuelto entorpece nuestra relación con Dios, y esto dificulta nuestras oraciones.

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