¿Cómo Describen Las Escrituras La Obra Del Espíritu Santo?

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ESJ-2019 0223-003

¿Cómo Describen Las Escrituras La Obra Del Espíritu Santo?

Por Scott Aniol

En última instancia, las expectativas actuales con respecto a la obra del Espíritu Santo en la adoración deben derivar, no de la experiencia, sino de las Escrituras. A fin de establecer tal fundamento bíblico, a continuación examinaré cómo la Biblia caracteriza ampliamente la actividad del Espíritu Santo, y luego limitaré el enfoque a la era de la iglesia y específicamente a la adoración corporativa.

La Escritura contiene aproximadamente 245 descripciones explícitas de las acciones del Espíritu Santo, 80 en el Antiguo Testamento, y 165 en el Nuevo Testamento.[1] De manera abrumadora, la acción dominante atribuida al Espíritu Santo en ambos Testamentos es el dar revelación (37 veces en el AT y 64 veces en el NT). Dios el Espíritu habla a través de profetas y apóstoles, y finalmente inspira las Sagradas Escrituras mismas (2 Tim 3:16, 2 Pedro 1:21).

El segundo en orden de frecuencia en el AT y el tercero en el NT es el poder especial dado a los líderes individuales a quienes Dios ha llamado a realizar un ministerio especial en su nombre, a menudo estrechamente asociado con el dar revelación. Este acto del Espíritu Santo ocurre 20 veces en el AT y 18 veces en el NT. Por ejemplo, el Antiguo Testamento describe al Espíritu Santo “sobre” Moisés y los ancianos de Israel (Números 11:17), Josué (Deuteronomio 34:9), jueces como Gedeón (Jueces 6:34) y Sansón (Jueces 13:25), y profetas como Elías (1 Reyes 18:12). Él también vino sobre los reyes de Israel, Saúl y David (1 Sam 16:13-14). Este acto del Espíritu Santo nunca fue permanente (1 Sam 16:14; cf. Salmo 51:11) y sólo fue dado a líderes especiales del pueblo de Dios, a menudo resultando en sabiduría única, fuerza física y revelación de Dios. Incluso se aplicó a los no creyentes en ocasiones (por ejemplo, Balaam, Números 24:2 y Saulo, 1 Sam 16:14). La profecía del AT también predice un poder similar dado por el Espíritu al Mesías venidero (Isaías 11:2, 42:1, 48:16, 61:1). No es sorprendente, entonces, que los primeros ejemplos de esto en el Nuevo Testamento se apliquen específicamente a Jesucristo, que aparece por primera vez cuando el Espíritu Santo desciende sobre él en su bautismo (Mateo 3:16, Marcos 1:10, Lucas 3:22, Juan 1:32). El Espíritu Santo también da poder a otros líderes espirituales en el NT, como Juan el Bautista (Lucas 1:15) y los apóstoles (Hechos 2:4, 4:31, 9:17, 13:9).

Las acciones del Espíritu Santo en el AT disminuyen considerablemente en frecuencia después de las dos categorías superiores. Pueden describirse de la siguiente manera: El Espíritu Santo participó en la creación (Génesis 1:2, Job 33:4, Sal 104:30), dotó a Bezalel y a Aholiab con habilidad para construir el tabernáculo (Éxodo 31:1-5, 35:30-35), y habitó en medio de Israel (Neh 9:20, Hag 2:5; cf. Éxodo 29:45).

En el NT, sin embargo, la segunda acción más frecuente del Espíritu Santo después de la revelación es la santificación de los creyentes, apareciendo por lo menos 24 veces. Esta obra del Espíritu caracteriza la llenura del Espíritu (Hechos 6:3, 11:24, Ef 5:18)[3] y describe la obra del Espíritu de producir progresivamente fruto santo en la vida de un creyente (por ejemplo, Romanos 15:16, Gálatas 5:22). En el NT el Espíritu Santo también mora (17 veces), regenera (13 veces), asegura (5 veces), retiene (2 veces) e ilumina (2 veces).

Hay algún debate, por supuesto, en cuanto a si con el bautismo del Espíritu (mencionado 11 veces en el NT), el Espíritu Santo es el agente del bautismo o el medio del bautismo. Si él es el agente, entonces el bautismo debe ser listado también como una acción del Espíritu Santo. Mientras que esta es una posibilidad gramatical en algunos textos, como el texto clave de 1 Corintios 12:13, las cuatro referencias más tempranas al bautismo del Espíritu (Mateo 3:11, Marcos 1:8, Lucas 3:16, Juan 1:33) predicen que Cristo es el que hace la acción de bautizar en el Espíritu, paralelamente a Juan bautizando en el agua, identificando así al Espíritu como el medio del bautismo. Sin embargo, para argumentar, en este documento consideraré incluso esto entre las acciones del Espíritu, e independientemente de si uno toma al Espíritu como el agente o el medio, los resultados están claramente articulados en 1 Corintios 12: El bautismo del Espíritu une a todos los creyentes a Cristo desde el momento de su salvación y para siempre.

Finalmente, Romanos 12 y 1 Corintios 12-14 discuten los dones que son dados a los creyentes; aunque ausentes en Romanos 12, 1 Corintios 12 explica que estos dones son dados “por el Espíritu” (v. 8) o “por el único Espíritu” (v. 9), y el capítulo 14 los llama “manifestaciones del Espíritu” (v. 12). Puesto que estos pasajes atribuyen explícitamente la entrega de estos dones al Espíritu Santo, otros pasajes que discuten tales dones también pueden ser atribuidos a una obra del Espíritu Santo (por ejemplo, 1 Timoteo 4:14, 2 Timoteo 1:6). Estos dones son habilidades sobrenaturales “dadas para el servicio dentro del ministerio y alcance de la iglesia local, “[2] incluyendo dones milagrosos, que involucran lo que Rolland McCune describe como “una suspensión, una omisión, o incluso una contravención directa del orden natural”[3] (por ejemplo: profecía, milagros, sanidad y lenguas), y dones no milagrosos, que Stitzinger describe como habilidades que “operan dentro del reino natural del orden, aunque la mano de la providencia de Dios esté involucrada”[4] (por ejemplo, evangelismo, enseñanza, misericordia, administración, etc.). Wayne Grudem, un continuista, los define de manera similar: “Un don espiritual es cualquier habilidad que es fortalecida por el Espíritu Santo y usada en cualquier ministerio de la iglesia.[5] Por supuesto, hay un amplio debate acerca de si y cuál de estos dones continúa hoy en día. Personalmente creo que los dones sobrenaturales del Espíritu han cesado en la era actual, cuya defensa está más allá del alcance de este documento. Sin embargo, en aras de este debate, asumiré una perspectiva amplia y continuista. En otras palabras, aun asumiendo la continuación actual de todos los tipos de dones espirituales mencionados en las Escrituras, la expectativa común de que la obra ordinaria del Espíritu en la adoración es una experiencia extraordinaria, es todavía sospechosa.

La próxima ocasión, sintetizaremos todos estos datos bíblicos en un intento de caracterizar la obra normal del Espíritu Santo a través de las Escrituras.

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