Las Seis Principales Posturas sobre el Bautismo
Las Seis Principales Posturas sobre el Bautismo
Por Robb Brunansky
Existen varias maneras en las que podríamos dividir las diferentes posturas que diversas iglesias y denominaciones sostienen acerca del bautismo. Para mantener esto breve y sencillo, dividiremos este estudio en las seis principales posturas sobre el bautismo que existen hoy en la iglesia, con el fin de descubrir los receptores, el modo y el significado del bautismo en cada una de ellas.
La primera postura sobre el bautismo es la de la Iglesia Católica Romana.
En el catolicismo romano, los receptores del bautismo son los nuevos convertidos y sus hijos. El catolicismo romano practica predominantemente el bautismo infantil, llamado a veces paedobautismo, del término griego para infante. El modo del bautismo generalmente consiste en derramar agua sobre la cabeza de la persona que será bautizada.
El significado del bautismo en la Iglesia Católica Romana es complejo. Sin embargo, en resumen, podemos decir que enseña que el bautismo lava los pecados de una persona e incluye a esa persona como miembro de la iglesia. Por lo tanto, bajo el catolicismo romano, un pecador no puede ser salvo sin recibir el bautismo en agua. Según esta postura, la regeneración ocurre cuando alguien es bautizado en agua, la cual lava los pecados de esa persona, incluyendo el pecado original y los pecados personales.
Lo que hace eficaz al bautismo en la Iglesia Católica Romana es la obra misma del bautismo (a veces llamada ex opere operato). En el sistema de creencias católico romano, el bautismo por sí mismo logra estas cosas. Nosotros rechazamos estas creencias acerca del bautismo porque creemos que nuestros pecados son perdonados únicamente por medio de la fe en Cristo, y no por ser bautizados en agua.
La segunda postura sobre el bautismo que debemos entender es la de la Iglesia Ortodoxa en sus diversas divisiones geográficas.
La Iglesia Ortodoxa está estrechamente alineada con la Iglesia Católica Romana tanto en cuanto a los receptores como al significado del bautismo. Esta iglesia enseña que el bautismo debe aplicarse a nuevos convertidos y a infantes dentro de sus primeros cuarenta días de vida. Mediante el bautismo, el pecador también llega a ser miembro de la iglesia, es limpiado del pecado original y recibe el don del Espíritu Santo. En la ortodoxia, el bautismo es necesario para la salvación, aunque también afirman que es posible que una persona no bautizada sea salva de maneras conocidas solo por Dios. En la ortodoxia, el modo del bautismo es la triple inmersión, la cual casi siempre es innegociable.
Esta postura sobre el bautismo está plagada de los mismos problemas que el catolicismo romano, porque hace depender la salvación de una obra humana, es decir, el bautismo. Una vez más, reconocemos que la Iglesia Ortodoxa no solamente está en error acerca del bautismo, sino que sus creencias aquí son contrarias al evangelio mismo. Predican un falso evangelio de salvación por la obra del bautismo en lugar de la salvación únicamente por la fe en Cristo, basada exclusivamente en Su justicia justificadora.
Una tercera postura sobre el bautismo es la posición luterana (compartida por anglicanos y denominaciones similares).
Los receptores del bautismo en esta postura son los mismos que en el catolicismo romano y la ortodoxia, es decir, aquellos nuevos en la fe (y no bautizados) o infantes dentro de la iglesia. El modo del bautismo normalmente es la aspersión, aunque el derramamiento y la inmersión son considerados alternativas aceptables.
Sin embargo, ¿qué significa el bautismo según esta postura?
Según el catecismo de Lutero, el bautismo “obra el perdón de los pecados, rescata de la muerte y del diablo, y da salvación eterna a todos los que creen esto, tal como lo declaran las palabras y promesas de Dios”. El orden de la salvación en la teología luterana, entonces, es que el bautismo precede a la fe y es el medio por el cual Dios da el don de la fe. A diferencia del catolicismo romano, el bautismo en sí mismo no realiza la obra de lavar los pecados y otorgar perdón; la limpieza del pecado es por medio de la fe. Sin embargo, por medio del bautismo esa fe es dada al pecador. Por lo tanto, cuando un infante es bautizado, Dios imparte fe a ese infante, perdonando los pecados del niño y haciéndolo miembro de la iglesia. Podríamos llamar a esta postura regeneración bautismal, porque se cree que mediante el bautismo Dios regenera a quienes son bautizados y les concede el don de la fe. Esta postura tiene algunos problemas significativos que analizaremos en futuras publicaciones.
Una cuarta postura sobre el bautismo es la de los presbiterianos, llamada a veces la postura calvinista o reformada.
En esta postura, los sujetos del bautismo son los mismos que en las otras posturas: nuevos convertidos adultos e infantes dentro de la iglesia. Los presbiterianos también están de acuerdo con los luteranos en que el modo no tiene gran importancia, de manera que la aspersión, el derramamiento y la inmersión son formas válidas de bautizar a alguien.
El centro de la diferencia entre presbiterianos y luteranos está en el significado del bautismo. En la comprensión presbiteriana, el bautismo no imparte gracia, sino que es una señal y sello de la gracia ya otorgada. El bautismo, entonces, confirma la promesa de Dios a quienes son bautizados, según esta teología. El punto clave del bautismo infantil presbiteriano es que la promesa de Dios en el Nuevo Pacto debe extenderse no solamente al creyente, sino también a sus hijos.
Cuando entendamos la enseñanza bíblica acerca del bautismo, así como lo que la Escritura dice acerca de las promesas del Nuevo Pacto, veremos que la postura presbiteriana no puede sostenerse bajo principios de sana interpretación bíblica.
Una quinta postura sobre el bautismo es la del Movimiento de Restauración.
Este movimiento, llamado a veces Movimiento Stone-Campbell, comenzó a inicios del siglo XIX. Sus adherentes creen que los receptores del bautismo no deben ser los creyentes y sus hijos, o infantes dentro de la iglesia, sino solamente aquellos que han hecho una profesión de fe en Cristo. El modo del bautismo en el Movimiento de Restauración es únicamente por inmersión.
Sin embargo, la creencia principal que distingue a este movimiento de la teología bautista es su comprensión del significado del bautismo. En el Movimiento de Restauración, el bautismo en agua es necesario para la salvación; la fe sola en Cristo no es suficiente. Muchos dentro de este movimiento también creen que las personas deben ser bautizadas en una de sus asambleas locales para ser salvas. Esta postura sobre el bautismo es problemática porque compromete el evangelio mismo, afirmando que la fe sola no es suficiente para la justificación.
La postura final que debemos considerar es la que simplemente llamaremos la postura bautista.
Los bautistas creen que los receptores del bautismo deben limitarse a aquellos que han hecho una profesión de fe creíble. La posición bautista también puede describirse como bautismo de creyentes, o credobautismo (del término latino para creer). Aunque los bautistas reconocen que no son infalibles al determinar la autenticidad de la profesión de fe de alguien, la intención es bautizar solamente a verdaderos creyentes en Jesús. Admitidamente, los bautistas algunas veces bautizan sin intención a alguien que con el tiempo demuestra ser incrédulo, pero la diferencia entre cuando un bautista bautiza a un incrédulo y cuando los paedobautistas bautizan incrédulos es que los bautistas procuran bautizar solamente a quienes son verdaderamente seguidores de Cristo, mientras que los paedobautistas conscientemente bautizan personas que no son salvas.
En segundo lugar, los bautistas creen que el modo del bautismo debe ser por inmersión. Todos los bautistas están de acuerdo en que la inmersión es el método bíblico respecto al bautismo, y que el derramamiento o la aspersión son modos inadecuados para quienes desean conformar su doctrina y práctica del bautismo a la Escritura.
En tercer lugar, los bautistas rechazan la naturaleza sacramental del bautismo, argumentando que el bautismo no salva ni regenera a nadie, no lava los pecados, no une a alguien con Cristo, no hace a las personas miembros del cuerpo de Cristo, ni las libra de la muerte y del diablo. Además, los bautistas insisten en que el bautismo no es necesario para la salvación. El bautismo no añade nada a la salvación ni es parte de la justificación. Somos justificados únicamente por la fe aparte de cualquier obra que podamos realizar o en la cual podamos cooperar, incluyendo el bautismo.
Para los bautistas, el bautismo es primeramente un acto de obediencia a nuestro Señor, quien manda a Sus discípulos ser bautizados. También es una señal externa de lo que el Espíritu ha obrado dentro de nosotros, identificándonos públicamente en nuestra unión con Cristo ante la iglesia y el mundo.
En las próximas publicaciones, recorreremos las Escrituras para ver por qué el bautismo de creyentes es la única postura bíblica sobre el bautismo.