El Desafío del Pragmatismo – 1ª Parte

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El Desafío del Pragmatismo – 1ª Parte

Escrito por Gary Gilley

(Abril del 2009 – Volumen 15, Tema 3)

Si hay una religión común que se encuentre dentro del mundo occidental seguramente es el pragmatismo – la religión de “¿qué es lo que funciona?” El pragmatismo no tiene catedrales; no sigue liturgia, no contrata a pastores y no puede ser encontrado en ninguna lista de denominaciones, pero está entretejido en la misma tela de la iglesia occidental. Si hablamos acerca los principales Pentecostales, Fundamentalistas, Emergentes u Ortodoxos, no se requiere mucha observación para darse cuenta de que el pragmatismo está entrelazado a todo lo largo de cada tradición. Tratar de remover el pragmatismo es jalar un hilo que muy bien podría desenredar la estructura entera de vida del Cristianismo y de la iglesia como la conocemos hoy, sin embargo tenemos que hacer ese tirón. El problema hasta allí es que muchos de nosotros estamos dispuestos a usar cualquier enfoque disponible para cumplir con nuestras metas, incluso si esos enfoques y/o objetivos no sean compatibles con la voluntad revelada de Dios. Nuestro credo es: “Si funciona debe ser de Dios” por que, después de todo, la bendición externa de Dios es el criterio por el cual a menudo medimos la aprobación de Dios. Utilizando el estándar del pragmatismo en vez de la Escritura, podemos con toda buena conciencia vivir vidas y podemos desarrollar ministerios que tienen la apariencia de sabiduría pero no obstante nos quedamos seriamente cortos del estándar de Dios. Haríamos bien en considerar cuidadosamente la advertencia encontrada en Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.”

Tome por ejemplo el ampliamente popular y completamente pragmático libro Blue Like Jazz (Azul Como el Jazz) de Donald Miller. La portada de Blue Like Jazz nos dice que fue escrito para “cualquiera que pregunte si la fe cristiana es aun relevante en una cultura postmoderna” y “para alguien sediento de un encuentro fresco con un Dios que es real.” Sin embargo, Miller no utiliza ninguna referencia o cita bíblica y solamente se la pasa menciona situaciones bíblicas proponiéndose conducirnos hacia un encuentro auténtico con Dios. Es por esta razón que él puede hacer elogios de uno de las universidades más depravadas en el mundo (por la propia admisión de Miller) al decirnos: “tuve más experiencias espirituales significativas en la Universidad Reed que la que alguna vez tuve en la iglesia.” [1]

Miller nos haría caso omiso de la guía del Salmo 1:1, “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado,” y lo reemplazaría con su consejo porque esta es “la experiencia” de él. Por ejemplo, Miller nos dice que él apenas puede estar de acuerdo con lo que dicen los cristianos acerca de la depravación (una enseñanza derivada de la Biblia, por cierto), no porque sea bíblico sino por su “experiencia” con su depravación.[2] Además, Milles habla de un tiempo en el estuvo viviendo con “hippies” que “fumaron una buena cantidad de marihuana [y] bebió una buena cantidad de cerveza,” siendo aparentemente inmoral y robando comida, pero “los alejé [los hippies] de mi cuando necesitaba ser recordado acerca de la bondad, acerca de la pureza y la benignidad.”[3]

No es la Escritura la que guía los pensamientos de Milles sino las situaciones que parecen funcionarle y parecen estar conformes con su experiencia. El pragmatismo domina el libro de Milles y resuena con millones de sus lectores. La comunidad cristiana ha crecido acostumbrada a este tipo de pensamiento que pocas se inmutan cuando los líderes cristianos, como Milles, construyen un plan entero de vida alrededor de lo que parece funcionarles a ellos.

El Fundamento Filosófico

Mientras que el pragmatismo es simplemente una forma de vida para la mayoría de la gente, es también un sistema filosófico. Un pensador cristiano nos recuerda que el filósofo Emmanuel Kant (1724-1804)

…puso intelectualmente de moda tanto dudar que podemos conocer la realidad como es y enfocarla en cosas prácticas, como la ética. Más tarde, esto se hizo se volvería a encontrar en el pragmatismo de John Dewey (1859-1952) y el neopragmatismo de Richard Rorty (1931) [uno de los autores de la filosofía posmoderna], y cuando ambos sugieren que no podemos conocer la realidad ni plena u concluyentemente; debemos identificarla como lo que hace.[4]

Pocas personas tienen una comprensión amplia de la filosofía pero no se requiere a un filósofo para reconocer que la actitud predominante de hoy, una actitud que ha invadido a la iglesia, es “acomodarse a lo que funciona” y no estar excesivamente preocupado por la verdad. Después de todo, los postmodernos creen que nunca podemos estar seguros de la verdad de ninguna manera; por eso el pragmatismo lo tendrá que hacer. Pero cuando cambiamos la verdad por lo que funciona, ó mejor dicho, lo que pensamos que funciona, elevamos nuestros pensamientos por encima de los de Dios. O como Gordon Clark advierte: “Puesto que Dios es verdad, un desprecio por la verdad es igualmente un desprecio por Dios”.[5]

Cualquier cosa que ronde en los círculos filosóficos normalmente logra encontrar camino en el pensamiento cristiano igualmente. J Gresham Machen dijo hace esto bien hace casi un siglo: “Lo que hoy es una cuestión de especulación académica, mañana comenzará a mover ejércitos y derribar imperios.”[6] Una de las especulaciones académicas que es popular por el momento es retratar al evangelicalismo moderno como un producto de la Iluminación, con su énfasis en el pensamiento de la ciencia, de la razón y del sistemático. Esto es especialmente cierto entre aquellos que abrazan una forma postmoderna de Cristianismo como los líderes de la iglesia Emergente. Por ejemplo, Robert Webber escribe:

Los conservadores siguieron el énfasis de la Iluminación en el individualismo, la razón, y la verdad objetiva para construir edificios de certeza tomando prestado de la consistencia interna de la Biblia, la doctrina de la infalibilidad, el uso apologético de la arqueología, la defensa a la crítica del texto bíblico, y otro tantos intentos de prueba racional … Este paradigma de Iluminación produjo tres convicciones distribuidas proporcionalmente por cristianos y personas no cristianas: El Fundamentalismo, el estructuralismo, y la noción de la meta-narrativa.[7]

Asociando cosas así como la infalibilidad, la apologética, el fundamentalismo y así sucesivamente con la Iluminación, los pensadores cristianos emergentes tratan de subvertir estos conceptos en los ojos de la iglesia moderna. Si estas ideas provienen de la filosofía de la Iluminación entonces pueden ser descartadas como sin valor alguno y podemos dar marcha atrás a otras filosofías, tales como las están siendo propuestas por el posmodernismo, o como el razonamiento continúe. Pero el asunto no es si algo que hemos aceptado parece estar de acuerdo, o en desacuerdo, con una línea particular de pensamiento, sino si lo que creemos está de acuerdo con la Escritura. Ciertamente hay elementos de verdad en las acusaciones hechas por cristianos postmodernos, si bien la mayoría de líderes evangélicos (tanto del pasado como del presente) y a su vez de filtrando hacia fuera las creencias mortíferas de la Iluminación al retener esas partes que fueron de ayuda, tales como el Cristianismo siendo una fe razonable, y la verdad siendo comprensible y capaz para ser analizada y sistematizada.

Aun la crítica es válida para que la teología pueda ser tan estandarizada como para remover la admiración de Dios, dejando atrás un contorno de doctrinas sin vida palpitando en sus venas. Innumerables creyentes pueden regurgitar sus creencias teológicas y sus versículos favoritos memorizados de la Escritura pero no sepa virtualmente y sin embargo no conocer prácticamente nada de la vida dinámica del cristiano. La memoria maquinal y la sana doctrina no equivalen a un amor apasionado y sincero amor a Cristo – pero tampoco son un equipaje extra. Los pensadores emergentes y los comunicadores proveen una corrección cuando es necesario demostrar que el conocimiento automáticamente no conduce a la vitalidad espiritual, pero van demasiado lejos cuando dicen que la vitalidad espiritual puede ser encontrada además de sólida comprensión de la verdad de la revelación de Dios. Esta ruta ha viajado antes, y no eso hace mucho tiempo, con resultados desastrosos.

De la Filosofía a la Teología

En realidad, creo que lo que vemos hoy adentro mucho del evangelicalismo popular no es el residuo de la Iluminación sino del Romanticismo. El historiador David Bebbington nos cuenta que en el siglo diecinueve surgió un nuevo método para ver el mundo (el Romanticismo) surgió para desafiar y de alguna manera suplantar el pensamiento de Iluminación. Bebbington observa, “En Lugar de exaltar la razón como la Iluminación lo hizo, aquellos conmovidos por el espíritu nuevo de las épocas en que colocaron su énfasis en la voluntad, el espíritu y la emoción. Quisieron librarse de la estructura ajustada del pensamiento impuesto por el enfoque racional con el fin de respirar aire más libre.”[8]

Bebbington nos informa que fue Horace Bushnell, alrededor de la mitad del siglo diecinueve, quien popularizó las ideas Románticas a fin de que comenzasen a colarse en la teología del evangelicalismo. Bushnell escribiría: “Todas las fórmulas de doctrina deberían celebrarse en un cierto espíritu de adaptación. No pueden ser presionadas a la letra por la muy suficiente razón de que la letra nunca es verdadera.”[9] Bushnell argumentó que la verdad cristiana debería apelar al “sentir y a la razón imaginativa,” y no a “la comprensión natural.”[10]

Si esta clase de lenguaje suena familiar lo debería. Los Postmodernos, incluyendo aquellos que se encuentran dentro de la iglesia, se sentirían muy en casa con el Romanticismo, puesto que el pensamiento postmoderno es similar. Por consiguiente debería ser cuidadosamente notado hacia donde el Romanticismo condujo a los evangélicos durante los 1800s – directamente al liberalismo teológico. Durante la parte más reciente del siglo diecinueve virtualmente todas las doctrinas cardinales de la fe fueron desafiadas o negadas por el liberalismo creciente (derivadas en su mayor parte del Racionalismo Alemán y la Alta Crítica) la cual amenazó a la iglesia evangélica. Desde la Divinidad a la necesidad de la salvación, a la existencia del infierno, a la expiación, a la inspiración de la Escritura, al significado del evangelio, cada doctrina sostenida valiosamente por la comunidad evangélica fue pulverizada del significado bíblico e infundidas con ideas que convenían a los tiempos.

El historiador de la iglesia y teólogo, Iain Murray, documenta que Friedrich Schleiermacher (1768-1834), considerado como el padre del liberalismo teológico, “adoptó el Romanticismo de Rousseau y el panteísmo de otros filósofos contemporáneos…[y] continuaron en afirmar primordialmente que la religión no es cuestión de doctrina sino más bien de sentir, de intuición y de experiencia.”[11] “Vida y no teología” se convirtió en el lema de guerra de la iglesia Romántica y liberal de los 1800s. Como resultado los temas de creencias fueron considerados de poca consecuencia; lo que era importante es la vida y la experiencia. Orto-práctica (la práctica o vida correcta) fraguó la ortodoxia (la doctrina correcta). Ésta fue una reacción excesiva de una comunidad cristiana que había sido suavizada por la infiltración del Romanticismo. El Cristianismo verdadero y bíblico siempre ha confirmado la necesidad de la vida y la experiencia. Ninguno de los líderes de la iglesia que conozco están contentos con desarrollar personas cuyas cabezas están llenas de conocimiento pero cuyas vidas están llenas de pecado. Pero la argumentación de creyentes conservadores siempre ha sido que la vida emerge de la sana doctrina; la vida correcta no se forma nunca en un vacío de verdad. Joel Beeke lo hizo vindicar cuando escribió: “la Doctrina debe producir vida, y la vida debe adornar la doctrina.”[12]

El estado de ánimo de nuestro actual momento postmoderno, sin embargo, al igual que los Románticos y los liberales de los 1800s, es minimizar la doctrina al punto de ser no esencial y de maximizar la vida y la experiencia divorciándola del corazón teológico. Brian McLaren, un líder prominente en el movimiento Emergente (la versión del liberalismo antiguo del siglo 21), escribe: “colocamos menos énfasis en cuyo linaje, ritos, doctrinas, estructuras, y terminología son correctas y más énfasis en aquellas acciones, servicio, alcance, bondad, y efectividad son buenas.”[13] McLaren no afirmaría que todas las doctrinas estén mal, pero puesto que nunca podemos estar seguros de cuáles doctrinas están en lo correcto debemos practicar lo que él llama “ortodoxia abundante,” la cuál es algo diferente para decir que todo el mundo está en lo correcto y todo el mundo está equivocados, así es que déjenos solamente ir y amar a todo el mundo. McLaren parece que no se preocupa de es prácticamente imposible determinar lo bueno a menos que primero conozca lo que es correcto.

El pastor emergente Rob Bell está de acuerdo con el énfasis de McLaren: “Quizá una mejor pregunta que ¿quién está en lo correcto?, es ¿quién vive correctamente?”[14] Bell entonces ilustra sus convicciones a través del uso de un trampolín. En la ilustración de Bell el resorte que sujeta la lona son las doctrinas cristianas e incluso las doctrinas sagradas (resortes) son dispensables. Él ofrece como ejemplo la doctrina de la encarnación, sugerir que si pudiera ser probado que Jesús no fuera hijo de una virgen, no afectaría en ningún sentido la fe cristiana.[15] La pregunta grande para Bell no es lo que sea verdad. En lugar de eso él quiere saber: “¿Es el camino de Jesús todavía el mejor camino posible para vivir?”[16] Esta pregunta pragmática es una condición de Bell para la vida cristiana. Bell está “mucho más interesado en saltar que en…. discutir acerca de cual trampolín es mejor.”[17] En Otras Palabras, lo que tiene importancia es cómo vivimos y no lo que creemos. Estos hombres no ven conexión vital entre lo que creemos y el cómo vivimos, entre la ortodoxia y ortopraxia. Habiendo aceptado esto se desconectan y continúan elevando la ortopraxia exluyendo la ortodoxia. Las creencias correctas están simplemente de más. El cómo vivimos es todo lo que tiene importancia. El pragmatismo reina.

Probablemente, si Bell o McLaren encontrase una mejor “forma para vivir,” se desharían del Cristianismo y adoptarían esa mejor forma. Esto podría explicar por qué Bell fue un participante oficial en la Semilla de la convención de Compasión en abril de 2008 con líderes hindús, musulmanes, judíos, budistas, y sijes, y presentando a “Su Santidad el Dalai Lama.”[18] Según su sitio Web “la sesión final de Semillas de Compasión fue Juventud y Diálogo de Conexión Espiritual. Los luminares globales, nacionales y locales representando las creencias de todas partes del mundo se reunirán para discutir y nutrir la juventud con espiritualidad.”[19] Quizá Bell, quién fue uno de los “luminares” y no quiere discutir sobre creencias, ha encontrado un mejor trampolín sobre que rebotar. Si la juventud puede ser nutrida mejor por el Dalai Lama o un Imám Muslim o un Maestro Budista Zen entonces la e trampolín parecería apropiado, puesto que la gran pregunta por Bell, como lo ha indicado, no es qué es la verdad, sino, “Es e camino de Jesús aun el mejor camino posible para vivir?” Si una mejor forma puede ser encontrada entonces el trampolín de Jesús necesitaría ser reemplazado por un modelo mejor y de más rebote. Puesto que finalmente todo lo que importa es que es lo que nos da un rebote más alto entonces lo que creamos es insignificante y lo que el Dalai Lama tiene que ofrecer podría ser superior.

“¿Es el camino de Jesús aun el mejor camino posible para la vida?” Depende de cómo define usted “la vida.” Bíblicamente no hay duda – “Jesús es el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Cuando la Escritura habla de vida espiritual está hablando de unidad con Dios y, por consiguiente, cuándo Jesús dice: “nadie viene al Padre sino por Mí” (Juan 14:6) El nos esta diciendo que la vida espiritual verdadera es lo contrario de la muerte espiritual, lo cual es separación de Dios. La vida significa ser llevado a una relación salvadora con Dios. En ocasiones es esto experimentalmente significa que estamos sobrecogidos por la grandeza de Dios y las alegrías de la vida cristiana. En otras veces, la vida en este planeta, aun para el creyente más fuerte, puede ser una gran lucha con las fuerzas de mal, un mundo pecaminoso y nuestra propia carne.

La Escritura nunca minimiza estas experiencias, si bien las redime (e.g. Romanos 5:1-10). Lo que la Palabra no hace es invitarnos al Padre a través del Hijo de Dios para experimentar una existencia más feliz (un rebote superior) y luego intercambiarla si podemos encontrar algo mejor. En lugar de eso la invitación para conocer a Dios se basa en la verdad de que Dios es verdadero y Jesús es el único camino para la unión con el Padre (Hechos 4:12). El asunto no es si Jesús es el mejor camino de vivir la “buena vida,” sino que Jesús es la vida y el único camino para la vida verdadera definida como una relación con Dios. Si seguimos la fórmula de Bell de que una mejor forma podría parecer surgir muy a menudo. Si entendemos la fórmula bíblica tal alternativa no es posible. Cuando Jesús le preguntó a los apóstoles si ellos se dejaría llevar por la corriente y abandonarle también, Pedro contestó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). Pedro vio que Jesús fue la única opción si alguien buscara la verdad que guía a la vida eterna.

[1] Donald Miller, Blue Like Jazz, (Nashville: Thomas Nelson, 2003), p. 42.

[2] Ibid., p. 23.

[3] Ibid., pp. 207-208.

[4] Brian Morley, “Understanding Our Postmodern World,” Think Biblically, Gen. ed. John MacArthur ( Wheaton: Crossway, 2003), p.140.

[5] Gordon H. Clark, A Christian Philosophy of Education (Jefferso Md.: Trinity Foundation, 1988), p. 158.

[6] Comoe s citado en George M. Marsden, Fundamentalism and American Culture, (Oxford: Oxford University Press, 1982), p. 137.

[7] Robert Webber, Ancient-Future Faith (Grand Rapids: Baker Books, 1999), p. 19.

[8] David Bebbington, The Dominance of Evangelicalism (Downers Grove: InterVaristy Press, 2005), p. 148.

[9] Ibid., p. 164.

[10] Ibid.

[11] Iain H Murray, Evangelicalism Divided (Edinburgh: Banner of Truth, 2000), p. 5.

[12] Joel R. Beeke and Ray B. Lanning, “The Transforming Power of Scripture,” Sola Scriptura!, Gen ed. Don Kistler (Morgan, PA: Soli Deo Gloria Publications, 1995), p. 253.

[13] Brian McLaren, A Generous Orthodoxy, (El Cajon, Ca: Youth Specialties Books, 2004), p. 223 (emphasis in the original).

[14] Rob Bell, Velvet Elvis (Grand Rapids: Zondervan, 2005), p. 21.

[15] Ibid., p. 26.

[16] Ibid.

[17] Ibid.

[18] http://www.seedsofcompassion.org/involved/interreligious_day.asp.

[19] Ibid., énfasis en el original.

Un comentario sobre “El Desafío del Pragmatismo – 1ª Parte

    Alechurch escribió:
    22 junio 2009 en 3:44 pm

    La verdad q me pareció excelente este escrito. Hace rato andaba pensando en esto del pragmatismo. Una amiga me había preguntado q significa “pragmatismo” y cuando lo busque bien en el diccionario vi que era una corriente filosifica q toma como verdad lo sirve, por decir así. Me sorprendió ver eso y me dejó pensando. Eso lo vi en varias formas de pensar, incluso en mí.

    Gracias por traducirlo. Me edificó mucho.

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