La Grandeza de Juan Calvino

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La Grandeza de Juan Calvino

Por Burk Parsons

En el servicio diario de apacentar la grey de Cristo, a menudo me encuentro a mí mismo girando a mis antepasados ​​espirituales para obtener respuestas a las cuestiones más difíciles en la vida de la Iglesia y de la doctrina. A pesar de que nuestros padres están en casa con el Señor, por nuestra fe común nos proveen con palabras de consuelo, ánimo y cuidado. Al reflexionar sobre las dificultades doctrinales, eclesiásticas, y personales que enfrentaron, y tener en cuenta el trabajo sostenedor del Señor en sus vidas, me siento humilde y cuestionado por sus voces unidas, que nos parecen advertir de las mentiras sobre el cielo, instándonos a pelear la buena batalla, para ser fieles hasta el final, y honrar al Señor por sobre todo.

Entre las muchas voces fieles del pasado, parece que hay una que se eleva por encima de todos ellos. Es la voz de un hombre que desesperadamente quería oír no su propia voz, sino la voz de Dios en su Palabra. Es precisamente a causa de la humildad que el Señor había inculcado en la mente de Calvino que me siento atraído hacia él. De hecho, no hay una semana que pase que yo no piense en el ejemplo de Calvino dado a nosotros y a los cristianos de todas las generaciones. Y en la vida y ministerio, mientras he considerado Calvino el hombre, he observado lo siguiente: Calvino era un hombre que murió a sí mismo y trató de tomar su cruz cada día para que pudiera servir al Señor y al rebaño que Dios le había confiado a él (Lucas 9:23). Él era un hombre que no pensaba en sí mismo más alto de lo que debería, sino que vio a los demás como superiores a sí mismo (Rom. 12:3; Filipenses 2:3). Él era un hombre que no buscaba agradar a los hombres antes que nada, sino que trató de agradar a Dios en última instancia y por completo (Col. 1:10; 3:23). Él era un hombre que se esforzó por no vivir en su propio reino, sino para el reino de Dios (Mateo 6:33; 21:43). Él era un hombre que trató de ser fiel a los ojos de Dios, no tuvo éxito en los ojos del mundo (Apocalipsis 2:10). Él era un hombre que no deseaba su propia gloria, sino que se deseaba buscar la gloria de Dios en todo lo que hizo (1 Corintios 10:31; Col. 3:17). Él era un hombre que no trataba de desarrollar un sistema de teología que complementara la Palabra de Dios, sino que se esforzó por obtener su teología de la Palabra de Dios por la adoración correcta, el deleite y el amor de Dios.

Teniendo en cuenta todo esto, Calvino es uno de los más grandes hombres de todos los tiempos. Sin embargo, su grandeza, como BB Warfield reconoció, no estaba para servicio a sí mismo, sino en rendirse a Dios: “He aquí el secreto de la grandeza de Calvino y la fuente de su fuerza dada a conocer a nosotros. Ningún hombre tenía un sentido más profundo de Dios que él, ningún hombre se entregó sin reservas más a la dirección divina.” Esta es la grandeza de Calvino –su rendición final a Dios.. En esto consiste el legado de Calvino para aquellos de nosotros que no deseamos simplemente llevar la insignia de cinco puntos del calvinismo, sino que deseamos vestirnos de humildad en el poder del evangelio (1 Pedro 5:5). Que no seamos tan fácilmente satisfechos con una insignia simple de un calvinismo simplista, sino, vamos a cubrirnos con el calvinismo de Calvino, uno centrada en Cristo y en el poder del Espíritu, que glorifica a Dios, el evangelio impulsado por el calvinismo que resplandece tan brillantemente que las tinieblas engañosas del pecado sean conquistadas en nuestros corazones, para que, a su vez, puedan brillar como la luz de Jesucristo a este mundo oscuro –para Su reino y Su gloria.


Este extracto es una adaptación de la contribución Burk Parsons en John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology .

11 comentarios sobre “La Grandeza de Juan Calvino

    odalys escribió:
    24 octubre 2012 en 7:58 am

    COMO QUE MUCHA ADORACION A CALVINO ,NO ME PARECE BIEN,,,DIOS LOS BENDIGA….

    paulojarieu escribió:
    24 octubre 2012 en 8:05 pm

    Reblogged this on El teologiyo.

    logos77 escribió:
    24 octubre 2012 en 8:54 pm

    De acuerdo con odalys. Pablo criticó a los Corintios por decir: Yo soy de Pablo, o yo soy de Cefas, o de Apolos. No ensalcemos a ning’un hombre pues todos tienen sus fallos, y Calvino los tuvo igual, algunos de ellos fueron bien serios.

    hote escribió:
    25 octubre 2012 en 12:45 pm

    Bastante de acuerdo con los comentarios hechos, cuidado con poner los ojos en los hombres, primero y sobretodo Cristo. Por otra parte ¿quienes somos nosotros para decir que un hombre fue de los más grandes?¿conocemos los corazones?¿conocemos las vidas?¿conocemos a todos los hombres para hacer una comparación?¿conocemos lo que DIos piensa de Él?¿lo mediremos por los resultados que dejaron?¿acaso Dios mide de esa forma? Si Dios llamó y capacitó a alguien para servir, como paso con Pablo, debemos alabar a Dios por su obra, no al vaso de barro. Unos plantan, otros riegan, pero Dios da el crecimiento-
    Debemos ver el ejemplo del hermano y aprender de ello, como dice Hb, eso es correcto, pero no engrandecer a nadie, Dios es el grande =), Cristo es el grande de verdad.
    Pongamos nuestro ojos en Cristo, el autor y consumador de la fe

    Bendiciones

    julio rodriguez escribió:
    26 octubre 2012 en 8:42 am

    Que saludable es para el cristiano verdadero motarse em esos espejos.gente que se desembarazo de su yo. Y vivopara elSeñor

    […] señalaron sus errores. Lutero era un hombre preparado teológicamente hablando, también lo eran Calvino, Zwinglio y tantos otros que abandonaron las filas del catolicismo romano en aquella época de la […]

    Manuela Correa Avelllaneda escribió:
    4 junio 2013 en 12:24 am

    Juan Calvino fue un escogido de Dios como otros grandes reformadores que con la dirección y ayuda del Espíritu Santo trabajo arduamente para que la reforma se extendiera a muchas partes del mundo, y que ahora en estos tiempos podemos disfrutar de sus beneficios, aun los mismos que lo critican se burlan y hablan muy mal de el, disfrutan de los beneficios y bendiciones de la reforma, Gloria a Dios porque nunca deja sola a su Iglesia y si el cree que es necesaria otra reforma escogerá nuevamente a hombres dispuestos a trabajar en su obra sin esperan nada a cambio sin temor de perder el puesto en la iglesia y por ello permitir que los miembros vivan desordenadamente, antibiblicamente.
    Romanos 13:7: Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que HONRA, HONRA.
    Romanos 2:10: pero gloria y HONRA y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego;
    1 Corintios 12:26: De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe HONRA, todos los miembros con él se gozan.

    hoterix escribió:
    4 junio 2013 en 12:12 pm

    Estimada Manuela, gracias por tu comentario, sin embargo no estoy muy de acuerdo con el uso que das a los pasajes que nombras:
    Romanos 13:7 habla acerca de la honra que debemos a las autoridades civiles (Ro 13:1- 6), es decir nuestras responsabilidades/obligaciones sociales (tributo, impuesto, respeto, honra), no acerca de alabar a nuestros hermanos.
    Romanos 2:10: habla acerca de la honra que Dios da a los que lo buscan, por que el justo, no habla acerca de alabar a los hermanos y reconocer su servicio.
    1 Corintios 12:26: Habla acerca de los dones, no acerca de alabar a los hermanos. SI te fijas en el contexto, en el verso 24 indica que los miembros menos decorosos reciben mayor honra de DIos, así como nosotros cuidamos a nuestros miembros más débiles.
    Luego indica que Dios hizo esto para que como cuerpo seamos unidos. Y así si uno de nosotros padece, todos padecemos, y si uno es honrado, todos somos honrados. En ningún caso habla acerca de alabarnos entre nosotros.

    Mi idea no es simplemente discutir, espero que esto sea de edificación. DIos es bueno y el ha honrado a vasos de barro, como el hermano Calvino, para que así Dios sea glorificado.
    La palabra nos llama a ver a todos nuestros hermanos como superiores a nosotros mismos, no a algunos. Todos somos escogidos de Dios, nación santa, pueblo adquirido por Él. Calvino, Lutero, Pablo, Pedro, uds y yo solo somos lo que somos por que Dios es misericordioso.

    Q DIos nos guie

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