Día: 16 noviembre 2012

Cómo Derrotar el Pecado

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Cómo Derrotar el Pecado

Por Wyatt Graham

La verdad es que todos pecamos. Pero también es cierto que tenemos el poder para vencer el pecado. Considere el argumento de Pablo en Romanos 6. Él nos dice que hemos muerto al pecado (Romanos 6:2) y que el cuerpo del pecado ha sido reducido a la nada (Romanos 6:6). Sostiene, además, que somos libres del pecado (Rom 6:7) y que el pecado no tendrá dominio sobre nuestros cuerpos (Rom. 6:14). Esto ocurrió, dice Pablo, cuando creímos en Cristo. Por lo tanto, nosotros morimos con él en una muerte como la suya y resucitados en una resurrección como la suya (Romanos 6:3-5). En pocas palabras, el pecado murió cuando usted creyó.

Sin embargo, nadie está libre de pecado (1 Juan 1:10; cf Rom 7). Cabe destacar que vivimos con el poder para vencer el pecado y aun peleamos diariamente con el pecado. La tensión entre estos dos principios opuestos no va a desaparecer de este lado de la eternidad. El pecado y el poder para vencer por medio del Espíritu (Rom 8:4) describen toda nuestra vida dual. Esta tela áspera del pecado frota contra nuestra carne, creando todo tipo malestar y dolor. Al mismo tiempo, la suave seda de la santidad es un bálsamo y refrigerio para nosotros. Llevamos una prenda cosida con ambos lienzos, aunque nosotros, los creyentes verdaderos sólo deseamos el vestido de la santidad.

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Los 3 Tiempos del Evangelio

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Los 3 Tiempos del Evangelio

Por Derek Thomas

Nunca podemos dejar pasar el evangelio. Lo que nos salvó en el pasado, cuando estábamos todavía en nuestros pecados —hijos caídos de Adán por naturaleza— fue la gracia de Dios en el evangelio. En ninguna parte es esto visto de manera más sucinta que en Efesios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. Y esto no es de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Pero el Nuevo Testamento también puede hablar de nuestra salvación en tiempo presente —“sois salvos” (1 Cor 1:18; 2 Cor 2,15)— así como en el tiempo futuro— “seremos salmos” (Rom. 5:9).

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