5 Maneras en Que Crecemos

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Por Tim Challies

Casi todo cristiano ha aprendido de memoria los versículos finales de Gálatas y la descripción de Pablo del fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Este es el carácter del hombre o la mujer que ha sido justificado por la gracia mediante la fe.

Sin embargo, al revisar la lista y, especialmente, al revisar con calma y con oración, podemos encontrarnos cada vez cansados y desanimados por lo poco fruto que vemos. Incluso estamos enojados a veces, todavía luchando con el auto-control, todavía no tan benignos como Jesucristo fue y lo es.

La metáfora del "fruto" del Espíritu de Pablo nos puede ayudar, sin embargo. Aquí hay cinco cosas que son verdad de los árboles frutales y, por lo tanto, la verdad del fruto del Espíritu.

1.. El Crecimiento es Gradual. Somos un pueblo impaciente acostumbrados a la gratificación instantánea. Pero el fruto crece lentamente. Un árbol frutal que crece poco a poco y durante muchos años de cultivo cuidadoso y deliberado. Si usted compra un árbol manzano joven hoy, un árbol joven que ya es de más de un año de edad y bien establecido, y si se planta en la zona de clima adecuado y en tierra fértil, y si hay otros árboles cerca que puede ayudar a polinizarlo , y si usted se preocupa por él exactamente como se debe, probablemente pasaran cerca de 5 años antes de que vea la primera manzana que cuelga del extremo de una rama y muchos años más allá de eso antes de que su máxima producción, triga el mayor y mejor fruto. Los árboles son atendidos cuidadosamente, podados deliberadamente y amados pacientemente hasta que éstos lleven el mejor fruto. Nuestro crecimiento en el carácter también es mucho más gradual de lo que parece, pero la paciencia que marca nuestras vidas primero marcan a Dios a sí mismo, el es paciente para con nosotros a medida que crecemos hacia la madurez.

2. El Crecimiento Es Inevitable. Un árbol de fruto sano que se ha tendido con amor dará sus frutos. Es inevitable. Asimismo, es inevitable que el cristiano habitado por el Espíritu Santo desea y deba dar sus frutos. No importa como sea la vida del cristiano cuando se salva primeramente, ese fruto va a crecer y manifestarse. La inevitabilidad de la fruto desafía a cada persona que profesa la fe para examinar su vida a preguntarse si el fruto del Espíritu está presente allí. A pesar de que somos salvos por fe y no por el fruto, lo cierto es que la fe produce necesariamente fruto. El crecimiento es inevitable donde hay vida.

3. El Crecimiento es Interno. Los árboles frutales crecen y dan fruto cuando están profundamente arraigados en buena tierra, y cuando el árbol es internamente fuerte. El fruto no puede crecer en ramas muertas unidas a un tronco muerto y raíces muertas. No es el fruto lo que hace vivo el árbol, sino el árbol vivo que produce el fruto. De la misma manera la manifestación exterior del fruto del Espíritu depende de la vida interna. No es el talento – incluso lo que podrían ser los dones espirituales – lo que prueba que el cristiano está vivo, sino el fruto. El fruto del Espíritu es la prueba de una profunda salud interna y crece esa salud profunda e interna.

4. El Crecimiento es Simétrico. Un árbol frutal sano no crece fruto en sólo una de sus ramas, sino en todas ellas. Hay una simetría a un árbol de fruta sano y próspero con el propósito de que el todo el árbol hace una reverencia al peso de todo el fruto. El crecimiento del cristiano es similar. Cuando nos fijamos en el fruto del Espíritu tenemos que reconocer que la palabra fruto es singular, no plural. El fruto es la lista completa, no los rasgos de carácter individual. Esto nos dice que este fruto también crece junto con una especie de simetría. Estos rasgos están tan inevitablemente vinculados que no podemos tener uno sin el otro. Es imposible amar de verdad sin ser paciente y bondadoso. Es imposible mostrar dominio propio hacia otra persona sin el gozo que Dios les ha dado.

5. El Crecimiento es Invisible. Puedes estar de pie junto a un árbol frutal durante todo el día y toda la noche y usted nunca realmente ver crecer el fruto. Nadie ha visto jamás a una manzana visiblemente haciéndose más grandes. Las manzanas crecen, por supuesto, pero no de una manera que se puede medir, en tiempo real. De la misma manera, el crecimiento de los cristianos se mide mejor después de hayan pasado el tiempo y circunstancias difíciles. Es después de momentos de gran dolor o dificultad que se puede decir: “Yo solía responder a una situación como esta con ira y arremeter, pero ayer respondí con gozo y dominio propio.” El crecimiento ha sido invisible, pero real .

El agricultor sabio cuida su huerto con paciencia y amor, esperando que cuando sus árboles se han atendido adecuadamente, efectivamente darán sus frutos. El Espíritu Santo nos tiende con la misma paciencia y amor, sabiendo que también nosotros llevaremos fruto que dará fe de su presencia y de gloria al Padre.

Nota: He encontrado los rimeros cuatro títulos de Tim Keller Gálatas Para Usted .

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