Tres Razones Para Nunca Decir “Nunca Haría Eso”

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Tres Razones Para Nunca Decir “Nunca Haría Eso”

Por Jordan Standridge

Recientemente pensé en cuántas veces he pensado o dicho: “Nunca haría eso”.

En nuestra época, es un sentimiento popular, especialmente cuando miramos hacia atrás en la historia para recordar cómo las personas han hecho cosas, y preguntamos en nuestras mentes qué estaban pensando.

Tenemos la tendencia a sentirnos orgullosos de que nuestra generación es mejor y más sabia, y descartamos a las generaciones pasadas debido a cosas que percibimos como creencias y acciones imperdonables. Pero, con suerte, este sentimiento no se abre camino en nuestras iglesias, y mucho menos en nuestros corazones.

Al mirar hacia atrás en la historia y en las personas que nos rodean, es bueno desear nunca participar en los pecados que vemos, pero es el colmo del orgullo pensar que somos mejores o que nunca pecaríamos de la misma manera.

Cuando miras a las personas que te rodean, especialmente a quienes crees que están pecando, es imperativo que nunca digas: “Nunca haría eso”. Gálatas 6 tiene en claro la importancia de nunca pronunciar tales palabras. Aquí hay tres razones por las que

Es Un Orgullo Contra Dios

Mantente atento a ti mismo “… Porque si alguno se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.”

Pablo, mientras da instrucciones sobre cómo ayudar a un hermano o hermana atrapado en el pecado, subraya la importancia de la humildad. Él advierte sobre el pensamiento orgulloso al mirar a un compañero cristiano en pecado. Esto también sería cierto con un incrédulo también. Pablo advierte al creyente que tenga una visión baja de sí mismo.

La vida cristiana es una vida de humildad. Es muy importante entender esto. Es la mentalidad de que “si no fuera por la gracia de Dios, sería capaz de un mal indecible.” Las personas que abrazan la fe por sí solas no deberían compararse en absoluto con los demás; eso es lo que hacen los falsos sistemas basados en obras que están impregnados de acciones orgullosas externas. En vez de eso, debemos pensar humildemente en nuestra propia carne y en nuestra habilidad para producir cualquier cosa justa.

Es Peligroso Para Tu Santificación.

“… mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

El orgullo viene antes de la caída.

Muchas veces me enojo increíblemente con la gente que me rodea por las mismas cosas que hago de manera constante. Cuando alguien me interrumpe en la calle, me siento tentado a pensar: “Este tipo ¡tiene que morir! ”Cuando interrumpo a alguien,“¡Se lo merecía!” Todos somos hipócritas potenciales y tenemos que ser muy cuidadosos al analizar los pecados de quienes nos rodean y de los que nos preceden.

Parte del problema es que tenemos ojos, conocemos la verdad bíblica y somos llamados a ser creyentes para ayudar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo en su santificación. Pero, hay que tener mucho cuidado. Mi tendencia es asumir lo peor de los demás mientras me concedo el beneficio de la duda, pero debería ser al revés.

Tener la perspectiva correcta de tu potencial para el pecado te ayudará en tu santificación.

Es Peyorativo Hacia Los Demás.

“Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre …”

Cuando te das cuenta de lo pecaminoso que eres y de lo peligroso que es el pecado, ahora tienes la perspectiva correcta al ayudar a quienes te rodean. La arrogancia y el desdén no son buenos ingredientes para una confrontación adecuada. No te llevará hacia la dulzura. Más bien, una perspectiva adecuada, una que espera lo mejor de quienes te rodean, te guiará hacia la claridad espiritual necesaria para ayudar adecuadamente a quienes te rodean.

Es simplemente absurdo mirar hacia atrás en la historia con una mirada orgullosa. Hay tanto que debemos a los que vinieron antes que nosotros. Hay mucho que aprender de la historia de la iglesia. Por supuesto, debemos aprender el equilibrio y debemos aprender de los errores. Pero debemos tener cuidado de hacer juicios radicales cuando tratamos con otras personas. Hay, por supuesto, problemas en blanco y negro en los que nunca debemos comprometernos, pero a veces permitimos que nuestras preferencias, o incluso nuestras perspectivas, enturbien nuestra comprensión. Debemos esforzarnos por entender o guardar silencio. También es peligroso mirar a las personas que nos rodean atrapadas en el pecado y pensarnos con orgullo. Nos impedirá ser capaces de ayudarlos realmente, y nos hará volvernos arrogantes y nos llevará a un gran peligro en nuestro caminar espiritual.

Humillémonos, agradezcamos a Dios por su misericordia al protegernos del pecado y por rodearnos con su palabra y su pueblo, y ayudarnos humildemente a los que nos rodean soportando sus cargas.

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