La Claridad de las Escrituras, 4a. Parte

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ESJ-2019 0216-001

La Claridad de las Escrituras, 4a. Parte

Por: John MacArthur

La exclusividad del evangelio cristiano es un tema inconfundible que se extiende por toda la Escritura. En el Antiguo Testamento, el Señor dijo claramente al pueblo hebreo:

3 No tendrás otros dioses delante de mí. 4 No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No los adorarás ni los servirás; porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. (Éxodo 20:3-6; cf. 20:23; 23:24; 34:14; Levítico 19:4; Josué 23:7; 2 Reyes 17:35)

En el Nuevo Testamento, el mensaje es igualmente claro. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14,6). El apóstol Pedro proclamó a una audiencia hostil: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). El apóstol Juan escribió: “…pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.” (Juan 3:36). Una y otra vez, las Escrituras enfatizan que Jesucristo es la única esperanza de salvación para el mundo. “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre.” (1 Timoteo 2:5) Sólo Cristo puede expiar el pecado, y por lo tanto sólo Cristo puede proveer la salvación. “Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1 Juan 5:11-12).

Por supuesto, esas verdades son antitéticas al principio central del posmodernismo. Hacen afirmaciones de verdad exclusivas y universales, declarando autoritariamente a Cristo el único camino verdadero al cielo y a todos los demás sistemas de creencias erróneos. Eso es lo que la Escritura enseña. Es también lo que la verdadera iglesia ha proclamado a lo largo de su historia. Es el mensaje del cristianismo. Y simplemente no se puede ajustar para acomodar las sensibilidades e inmoralidades postmodernas.

Hay algunos, sin embargo, que rechazan rotundamente el simple exclusivismo de las Escrituras. En su versión de la ortodoxia, los cristianos deben ver a los miembros de otras religiones y no religiones no como enemigos sino como semejantes amados, compañeros de diálogo e incluso colaboradores. A la luz de esa aparente apertura a las religiones no cristianas, no es sorprendente que algunos consideren que todas las religiones cristianas en general también son igualmente válidas.

Sin duda, la afirmación de la Biblia de que la salvación está sólo en Cristo por la fe, ciertamente no está en armonía con la noción de “tolerancia”. Pero después de todo, es justo lo que la Biblia enseña claramente.

La Biblia es marcadamente negativa hacia la adoración falsa, la adoración de ídolos, en lugar del verdadero Dios. Las labores misioneras de Pablo no sólo fueron positivas, sino también negativas: apartar a los gentiles de sus ídolos para servir a Cristo (como en Hechos 17:29-31, 1 Tesalonicenses 1:9).

Sólo haciendo la vista gorda a las claras enseñanzas de la Biblia, se puede entretener con entusiasmo a un ecumenismo amplio.

Este artículo es una adaptación de un artículo de John MacArthur de The Master’s Seminary Journal.

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