La Reprensión de Jesús a los Abusadores Espirituales (7ª. Parte)

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ESJ_BLG_2021109_01La Reprensión de Jesús a los Abusadores Espirituales (7ª. Parte)

POR DAVE DUNHAM

Esta serie está en medio de la exploración de las características de los abusadores espirituales a través de la lente de la reprensión de Jesús a los fariseos en Mateo 23. En este capítulo, Jesús confronta y desafía a los líderes religiosos en una serie de comportamientos hipócritas y opresivos. Sus fuertes palabras contra los abusadores espirituales pueden ser un estímulo para las víctimas y un desafío para los opresores. En los versículos 25 y 26, en particular, cuestiona los motivos de sus comportamientos. Los abusadores espirituales suelen caracterizarse por la codicia y la autocomplacencia.

Jesús ya ha señalado la obsesión del abusador espiritual por la apariencia externa (v. 5-7). Habla con más fuerza en los versículos 27-28, donde compara a los líderes religiosos con tumbas blanqueadas pero llenas de «huesos de muertos e impurezas». Lo vuelve a señalar en los versículos 25-26:

!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. !Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.

Los líderes religiosos limpian el exterior de la copa, pero el interior está lleno de suciedad. La copa parece tan prístina y limpia. Parece la copa de la que querrías beber… siempre y cuando no la inclines hacia tu cara. Por dentro es cualquier cosa menos limpia. Habiendo abordado ya la superficialidad, estos versículos destacan los motivos que impulsan esta hipocresía: la codicia y la autocomplacencia.

Muchos abusadores espirituales son impulsados por la codicia. Esa codicia puede ser puramente financiera, como la de tantos falsos maestros que usan el miedo para inducir a la gente a darles dinero, o puede ser una codicia de favores, poder o influencia. Los abusadores ávidos de poder manipulan a otros para mantener el control sobre los demás, para aumentar su plataforma e influencia. Están ávidos de poder. La codicia busca activamente más. Ansía y persigue un mayor beneficio personal. En las relaciones abusivas, los que tienen todo el poder lo usarán para mantener su ganancia personal y avanzar, y a menudo a un gran costo para los que están bajo su control.

Los abusadores espirituales usarán las Escrituras o la doctrina para justificar o promover su codicia. En Mateo 23 ya hemos visto cómo los líderes religiosos utilizan el conocimiento espiritual para eximirse de tener que dar sacrificios o cumplir sus palabras. Ellos juraron, pero no por el oro del templo (v. 16), por lo tanto no tienen que cumplir su juramento. La codicia lleva al abusador espiritual a manipular, controlar, justificar, condenar y degradar. Ellos pueden ser codiciosos de ganancias financieras o posesiones, o pueden ser codiciosos de poder e influencia. De cualquier manera, parecerán limpios por fuera, pero están llenos de codicia por dentro.

Los abusadores son fundamentalmente personas egoístas, y su comportamiento abusivo es utilizado para que todos los demás alimenten ese egoísmo. Así, un esposo espiritualmente abusivo notará que las Escrituras llaman a las esposas a «respetar» a sus esposos y usará esto para argumentar que sus preferencias importan más que las de cualquier otra persona en la familia. Respetar a su marido significa ceder a sus deseos en todo. Por lo tanto, se espera que las esposas preparen la comida que sus esposos quieren, apoyen todas las actividades recreativas que sus esposos quieren, limpien la casa como ellos quieren que se limpie, y se vistan y luzcan como ellos quieren que luzca una esposa. Sus preferencias son de suprema importancia en la familia y él usará las Escrituras para insistir en que su esposa alimente su egoísmo. Algunos maestros cristianos modernos hoy en día perpetúan estas ideas afirmando que los maridos tienen el derecho de esperar que sus preferencias sean honradas, y las esposas tienen la responsabilidad de honrar esas preferencias. Así, Martha Peace sostiene que las esposas deben someterse a las normas de su marido en cuanto a los platos lavados («La sumisión de la burbuja de jabón»), Emily Jensen sostiene que si su marido quiere un desayuno caliente cada mañana, entonces una buena esposa debe levantarse temprano y prepararle el desayuno («Las esposas se someten a las preferencias de sus maridos»). Sin embargo, eso no es lo que dice el texto y no hace nada para proteger a las víctimas de abuso de ser controladas y manejadas por sus esposos.

Las Escrituras llaman a los maridos a «morir a sí mismos» como Cristo murió por el bien de su esposa, la iglesia (Ef. 5:25). Los deseos, las exigencias y las expectativas de un esposo deben sacrificarse por el bien de su esposa. El matrimonio no consiste en servir a las preferencias egoístas del marido. Se trata de honrar conjuntamente al Señor. Sea como sea que hablemos de la sumisión en el matrimonio – y debemos hablar de ella ya que está en las Escrituras – nunca debemos enmarcarla de una manera que promueva el egoísmo y la auto-indulgencia del marido.

Los abusadores espirituales son impulsados por el egoísmo y la codicia. Cristo llama a los esposos a modelar su auto-sacrificio. Si un hombre nunca se niega a sí mismo, nunca se sacrifica por el bien de los demás, siempre justifica sus demandas porque es «lo mejor para la familia», entonces está revelando motivos que Jesús reprende. La Iglesia debería reprender también esos motivos.

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