El Evangelio es Insuficiente

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Por Carl Trueman

En un seminario que di la semana pasada, he utilizado el método probado y verdadero al enfrentar a una multitud fuera de mi zona de confort habitual. Tres puntos en los que nadie podría estar en desacuerdo, un cuarto punto que podría haber levantado algunas cejas y un quinto que sonó francamente herético. Siempre es bueno despertar a la fila de atrás al final de una larga conferencia. El quinto fue simplemente esto: el evangelio no es suficiente para asegurar la continuación del evangelio.

El punto es uno que surge claramente de la vida y el pensamiento de Martín Lutero. Lutero es interesante por toda una serie de razones, pero una de las más importantes es por su comprensión de los tiempos en que vivió. Esa es la clave para ver por qué es diferente en muchos puntos de otros reformadores.

Lutero era el heredero del agudo sentido de la expectativa del tiempo del fin que se encontraba en la iglesia de la Edad Media. Para él, la Reforma fue la recuperación del evangelio al final de los tiempos y está claro que esperaba llevar todo a su paso. Así, en 1520 (tal vez el año en el que parece haber tenido mayor confianza en público sobre su mensaje), su lenguaje rebosa con confianza. La cautividad babilónica de la iglesia se podía terminar, los grilletes por el cual el papado había atado al Imperio podía ser destruido y los cristianos podían ser verdaderamente libres. Simplemente dejó soltar la Palabra y todo estaría bien.

En 1525, por supuesto, la imagen empieza a verse más sombría: el protestantismo comienza a fracturarse, los protagonistas de la guerra de campesinos se apropian del lenguaje de democratización de la revolución teológica de Lutero y lo convierten en el grito de batalla de la agitación social violenta, y la simple declaración del evangelio llega a ser enlodada en las arenas movedizas de los asuntos humanos. Desde 1525 en adelante, un debe buscar mucho por el idioma del sacerdocio universal en los escritos de Lutero (o muchos otros reformadores para el caso). El evangelio por si solo sin una cuidadosa atención a la clase de contexto estructural defendido por Pablo, rápidamente, puede ser apropiado por las ambiciones caóticas y pecaminosas de los seres humanos caídos. Así, desde 1525 en adelante, Lutero cae en la retórica ambigua democrática y empieza a hablar más del orden de la iglesia y los oficios.

Esta insuficiencia del evangelio es, sin duda porque Pablo, cuando escribe a Timoteo, no se limita a decirle que predique el evangelio. Sí, él ciertamente no le dijo eso, pero mientras el apóstol envejecido ve el mundo que le rodea y se pregunta cómo el evangelio ha de ser conservado después que muera la primera generación de líderes encargados directamente por Cristo, él también dice a Timoteo que encuentre a hombres ordinarios para nombrar ancianos. En otras palabras, Pablo ve que la estructura de la iglesia, así como un mensaje de la iglesia, es vital para la salvaguardia y la propagación del evangelio.

Para Pablo, el evangelio no es en sí suficiente para garantizar la continuación del evangelio. Necesita hombres que lo prediquen, necesita de hombres, mujeres y niños para contarlo a sus amigos. Y debido a que todos estos agentes han caído, se necesita una estructura de la iglesia para ayudar a proteger su contenido.

Esto no quiere decir que la predicación del evangelio es astronautica. Un error que podemos hacer es asumir que sólo unos pocos individuos altamente calificados, pueden predicar el evangelio. El mundo está lleno de predicadores del evangelio muy buenos que, por una razón u otra, nunca nadie los ha esuchado hablar más allá de sus congregaciones locales. He disfrutado T4G la semana pasada, pero (sin faltarle el respeto a los hombres que intervinieron en las sesiones plenarias) Puedo nombrar una docena de hombres que son tan buenos en la exposición del evangelio, pero que nunca van a estar en un escenario gigante o predicarán a más de un máximo de unos pocos cientos de personas, a menudo mucho menos – en un domingo. La predicación no es una habilidad arcana dada sólo a una veintena de hombres en todo el mundo. Si así lo fuera, Pablo nos lo hubiera dicho. De hecho, él no dice a Timoteo: “Encuentra un puñado de hombres altamente calificados y con influencia en los medios y che la mano en ellos.” No, en absoluto. Lo que en esencia dice es que “encontremos a hombres en nuestra congregación que sean fieles y verdaderos, si tienen familias, dirijan que bien a sus hogares, que tengan un buen historial dentro de la iglesia, que sean respetados por los extraños y que sean idóneos para enseñar – y confiarles con el evangelio.”

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