Por Qué los Niños Dejan la Fe

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ESJ-015 2016 1122-001

Por Qué los Niños Dejan la Fe

Por Tim Challies

Pocas cosas son más tristes de presenciar que personas que alguna vez profesaron fe, lo dejan todo atrás. Esto es especialmente cierto cuando esas personas fueron criadas en casas cristianas por padres temerosos de Dios. A estos niños se les dio toda oportunidad de poner su fe en Jesús, pero decidieron en cambio darle la espalda. ¿Por qué harían una decisión tan trágica?

Hace varios años Tom Bisset llevó a cabo un estudio de personas que habían dejado la fe. Deseando que esto fuera más que un análisis estadístico, en realidad se sentó con la gente para entrevistarlos y pedir información detallada sobre cuándo, por qué y cómo abandonaron su fe. Mientras compilaba su investigación llegó a las cuatro razones más prominentes de porque la gente criada en hogares cristianos eventualmente dejan atrás el cristianismo.

Se van porque tienen, preguntas sin respuesta preocupantes sobre la fe. Esencialmente, llegan a dudar que el cristianismo ofrece respuestas convincentes a las preguntas difíciles-preguntas relacionadas con la ciencia, el sufrimiento, la sexualidad y una serie de otros temas cruciales. Sus dudas pueden ser intelectuales o académicas, teológicas o prácticas. En cualquier caso, se convencieron de que el cristianismo no ofrece realmente la verdad a quienes la buscan, de que sus respuestas son irrazonables, irrealistas o sencillamente erróneas. Ya no están satisfechos con las respuestas y afirmaciones del cristianismo, optan por la "honestidad intelectual" y buscan en otra parte.

(Una solución a este problema es abordar las preguntas difíciles con nuestros hijos y demostrar que el cristianismo ofrece una cosmovisión coherente y convincente que explica la ciencia, el sufrimiento, la sexualidad y cualquier otra cosa que encontremos urgente o desconcertante. Incluso las preguntas más difíciles de nuestros hijos).

Se van porque su fe no está trabajando para ellos. Aunque intentaron y quizás incluso intentaron honesta y sinceramente, no pudieron encontrar la paz, la alegría o el significado que la fe cristiana pretende ofrecerles. Su experiencia personal del cristianismo nunca fue capaz de igualar lo que se les había enseñado a creer al respecto. Su experiencia nunca fue capaz de igualar lo que veían modelado por amigos, pastores o padres, personas que expresaban la alegría y realización que era suya a través de una relación con Cristo Jesús. Por desaliento abandonaron el cristianismo, seguros de que sus afirmaciones eran exageradas o sencillamente falsas.

(Una solución aquí es ser vulnerables con nuestros hijos, y expresar que nosotros también experimentamos momentos de duda e incredulidad, y que a veces nos quedamos deseando respuestas que Dios no nos dio. Debemos tener cuidado de no sobrecargar nuestra fe y no describir la vida cristiana como libre de toda dificultad. Después de todo, la Biblia enfatiza tanto las alegrías como el sufrimiento que llegan a los que creen.)

Se van porque han permitido que otras cosas tengan prioridad. Para algunas personas el cristianismo es rechazado y reemplazado por un sistema alternativo de creencias. Para otros, sin embargo, el cristianismo es meramente desplazado por pasiones, preocupaciones o énfasis en competencia. Pueden comprometerse al éxito en los negocios y permitir que la religión tome un asiento trasero, o pueden apasionadamente practicar deportes y encontrarlo más emocionante y satisfactorio que su fe. Algunos sufren tiempos de juicio o tormento y en medio de esos problemas encuentran que su fe ha caído en el camino. En cualquier caso, la fe, alguna vez una parte importante de su vida, cae en significado hasta que se desvanece lejos en el fondo. Es menos que estas personas rechazan su fe y más que pierdan interés en ella o incluso olvidarse de ella.

(Tal vez la solución aquí es que los padres hagan hincapié en la centralidad de la iglesia local en la vida cristiana, pero sin permitir que se incline hacia el legalismo.Esta comunidad de cristianos puede ofrecer amigos y mentores a los hijos, incluso los más ancianos, que pueden suplementar y complementar o incluso corregir el entrenamiento de los padres. Los hijos pueden aprender que ellos, al igual que sus padres, necesitan un lugar para pertenecer, un lugar donde puedan servir y ser servidos).

Se van porque nunca se apropiaron personalmente de su fe. Claro, estas personas crecieron asistiendo a la iglesia y pasaron por todos los movimientos de compromisos personales y grupos de jóvenes y devociones personales. Lo hicieron todo. Ellos jugaron el papel. Convencieron a otros y tal vez incluso se convencieron. Pero mientras tanto, si lo sabían o no, simplemente se conformaban a los deseos o expectativas de otras personas, de padres, compañeros o pastores. Nunca habían colocaron personalmente su fe en Jesucristo para salvación. Cuando crecieron suficientemente independientes para hacer su propio camino en la vida, com agrado – o tal vez de mala gana – dejaron atrás el cristianismo. Lo dejaron atrás primeramente porque nunca la habían poseído personalmente.

(Una solución aquí es predicar continuamente el evangelio a nuestros hijos y nunca asumir que son salvos simplemente porque están en un hogar cristiano. Como padres necesitamos pedirle regularmente a nuestros hijos si creen, expresar alegría cuando vemos evidencias de la gracia salvadora de Dios, y expresar preocupación cuando vemos desobediencia que puede contradecir su profesión.)

Dios nos dice que siempre habrá trigo y cizaña. Incluso entre los hijos nacidos de padres creyentes habrá algunos que rechazan todo lo que sus padres han enseñado. Algunos de estos se rebelarán por un tiempo y regresarán. Algunos no. Como padres debemos comprometernos en la tarea de educar a nuestros hijos en la disciplina e instrucción del Señor, enseñarles los hechos de la fe, mostrar cómo responde a nuestras preguntas y satisfacer nuestras necesidades, insistir en que las buenas nuevas del evangelio deben ser personalmente aprehendidas. Hacemos lo que Dios nos pide que hagamos, lo hacemos con lo mejor de nuestras capacidades, y confiamos los resultados -y nuestros hijos- a la buena providencia de Dios.

Obviamente el estudio de Bisset no es exhaustivo y hay muchos libros y estudios que ofrecen diferentes perspectivas. Sin embargo, destaca cosas que son verdad en mi experiencia. ¿Qué hay de usted? ¿Cuáles son los factores más prominentes para explicar por qué la gente abandona la fe de su niñez?

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