Contando Tus Bendiciones

Posted on

ESJ-2019 0929-001

Contando Tus Bendiciones (1 Pedro 2:3)

Por John F. Macarthur

Es fácil dar por sentadas las bendiciones de Dios. Es aún más fácil ignorar a muchas de ellas. Pero las Escrituras llaman a todos los creyentes a hacer un inventario regularmente. Eso es lo que el apóstol Pedro señala cuando -con un toque de sarcasmo- pregunta a sus lectores “si es que habéis probado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:3).

Por supuesto que los creyentes a los que escribía habían “probado la benignidad del Señor”; conocían bien su bondad y gracia a través de su conversión y de las bendiciones diarias que derramaba en sus vidas.

Nosotros como creyentes debemos hacer el hábito de contar la benignidad, la bondad y la misericordia del Señor en nuestras vidas. Debemos recordar, como Pablo escribe con entusiasmo, que,

Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Efesios 2:4–7)

Deberíamos alegrarnos de que:

… cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, (Tito 3:4-5)

Los que pertenecemos a Cristo tenemos, en palabras del salmista, “[Probado] y [visto] que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia!” (Salm 34:8). El nos “ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efes 1:3). Sabemos de primera mano que “Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad!” (Lam. 3:22–23).

Independientemente de las pruebas y dificultades temporales, la Escritura es clara en que los creyentes viven vidas bendecidas en la bondad y la abundante provisión de Dios. La Biblia está repleta de ejemplos de Su amor, paciencia, misericordia, gracia y fidelidad a pecadores indignos. No debemos cansarnos de leer el relato de Su bondad constante a través de Su Palabra. Tampoco debemos descuidar alabarle por las abundantes bendiciones que Él nos proporciona fielmente.

En caso de que sus lectores se esforzaran por recordar la fidelidad y bondad de Dios para con ellos, Pedro continúa relatando muchos de los privilegios espirituales concedidos a aquellos que conocen y aman al Señor:

4 Y viniendo a El como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, 5 también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Pues esto se encuentra en la Escritura: He aqui, pongo en Sion una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en El no será avergonzado. 7 Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creéis; pero para los que no creen, La piedra que desecharon los constructores, esa, en piedra angular se ha convertido, 8 y, piedra de tropiezo y roca de escandalo; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados. 9 Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.” (1 Ped 2:4-10)

No tenemos espacio aquí para desempacar completamente las riquezas de este pasaje, pero podemos vislumbrar brevemente los privilegios espirituales que Pedro quiere que apreciemos. Comienza con la frase “Y viniendo a Él” (1 Pedro 2:4). Tenemos acceso a Dios. Sólo eso distingue a la fe cristiana de las religiones falsas, incluidas las religiones dominantes del mundo del primer siglo. No necesitamos un intermediario, no tenemos que pasar por un sacerdote, un místico o los santos de antaño. No tenemos que pedirle a María que llame la atención del Señor. A través del Espíritu Santo residiendo en nosotros, tenemos acceso instantáneo e ininterrumpido al Creador y Sustentador del universo. Vivimos en Su presencia constante.

Además, disfrutamos de esta comunión constante con “una piedra viva” (1 Pedro 2:4), y no sólo con una roca tallada u otro ídolo muerto. En pocas palabras, nuestro Dios no está muerto como una piedra: Él vive. Él tiene una presencia activa en nuestras vidas, convenciéndonos del pecado, haciéndonos crecer en Su semejanza, y usándonos mientras Él soberanamente orquesta la obra de Su reino.

El versículo 5 continúa: ” también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo.” Ser piedras vivas es estar unidos con Cristo, nuestra piedra angular. Esta es la gloriosa realidad de la relación que Pablo describió en su carta a los Efesios:

19 Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, 21 en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, 22 en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. (Efes 2:19-22)

Los creyentes tienen el privilegio de la unidad con Cristo en la obra continua de Dios mientras continúa edificando Su iglesia.

Dentro de la “casa espiritual” que Dios está construyendo, Él nos ha apartado como “un sacerdocio santo” (1 Pedro 2:5). Considere esto: Los creyentes tienen mayor acceso inmediato a Dios que el que cualquiera de los sacerdotes de Israel jamás haya disfrutado. Sólo el sumo sacerdote podía entrar en la presencia de Dios en el Lugar Santísimo, e incluso entonces sólo una vez al año. En cambio, podemos acercarnos “con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.” (Hebreos 4:16). Después, el escritor de Hebreos explica por qué podemos acercarnos a Dios: “tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús” (Hebreos 10:19). El sistema de sacrificios de Israel era insuficiente para salvar; señalaba a Cristo y a la redención que sólo Él podía proporcionar. Sólo en este lado de la cruz podemos acercarnos confiada y constantemente a Dios, porque nuestra seguridad no está en nosotros mismos, sino en la obra completa de Su Hijo.

Como sacerdocio santo de Dios, hemos sido llamados “a ofrecer sacrificios espirituales” (1 Pedro 2:5). ¿Qué es un sacrificio espiritual? Pablo nos lo describe en su epístola a los Romanos:

1 Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto. (Rom 12:1-2)

Somos sacrificios espirituales: nuestras mentes, cuerpos, obras, palabras y todo lo demás que nos rodea debe ser sacrificado para alabanza y gloria de Dios. No nos preocupamos por expresar nuestra individualidad o por hacer alarde de nuestra “autenticidad” (trágicamente, esto se ha convertido en un sinónimo en la iglesia para alardear de nuestro pecado). Más bien, sacrificamos nuestras vidas y voluntades, esforzándonos por obedecer y servir al Señor por nuestro deseo de ser conformes a Su imagen. Como Su santo sacerdocio, no podríamos dar nada mejor que esto, y es un privilegio entregarnos por causa de Su reino.

En 1 Pedro 2:6-8, Pedro continúa identificando los abundantes privilegios del creyente. Tenemos seguridad en Cristo: Porque esto está contenido en la Escritura: “He aqui, pongo en Sion una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en El no será avergonzado.” (1 Pedro 2:6). A diferencia del mundo incrédulo, tenemos afecto por Cristo:

Este precioso valor, pues, es para vosotros los creyentes; pero para los incrédulos, “La piedra que desecharon los constructores, esa, en piedra angular se ha convertido,” y “piedra de tropiezo y roca de escandalo;” porque tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y a esta perdición también fueron nombrados. (1 Pedro 2:7-8)

Pedro usa varias frases cortas para resaltar más de nuestros privilegios en el versículo 9: “Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Siguiendo el pensamiento inspirado del apóstol, hemos sido bendecidos a través de la obra de elección de Dios, apartándonos para la salvación antes de la fundación del mundo (cf. Efesios 1:4-5). Esperamos con interés nuestro dominio futuro con Cristo en Su reino (Apocalipsis 5:10; 20:6). Hemos sido llamados y separados de la corrupción de este mundo (cf. Romanos 6:4-6; 2 Corintios 5:17). Hemos sido comprados por el sacrificio de Cristo, y ahora somos las posesiones permanentes de Dios (Juan 10:28-29; 1 Pedro 1:18-19). Al salvarnos y separarnos, Dios nos ha puesto a proclamar Su glorioso evangelio (Mateo 28:19-20; Colosenses 3:16-17). Y conocemos de primera mano el poder de su Evangelio, que nos ha iluminado y transformado (Salmo 119:105; Colosenses 1:13).

Finalmente, el pasaje concluye con un último privilegio en 1 Pedro 2,10: “pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.” Aquí Pedro llama nuestra atención a la bendición de la compasión de Dios. Esto no es meramente la compasión de la gracia común de Dios y la misericordia que Él muestra diariamente a todos. Esta es la compasión que el pueblo de Dios ha experimentado a través de Su obra salvadora, regeneradora y santificadora.

El lenguaje humano es insuficiente para describir ese aspecto de la compasión de Dios en su plenitud. El salmista intenta describir su alcance, escribiendo: “Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es de grande su misericordia para los que le temen” (Salmo 103:11). En el Salmo 65:4, David alaba la compasión de Dios: “Cuán bienaventurado es el que tú escoges, y acercas a ti, para que more en tus atrios.” Pablo también reflexiona sobre las bendiciones derramadas sobre nosotros a través de la obra compasiva y salvadora de Dios:

28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien[a], esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. 29 Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; 30 y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó. (Rom 8:28-30)

En Su inmensa compasión, el Señor nos ha redimido de la pena de nuestros pecados, nos ha transformado a Su semejanza, y nos ha asegurado por una eternidad con Él.

En conjunto, estos son los privilegios ricos e indescriptibles que disfrutamos en Cristo, las abundantes bendiciones espirituales que deben impulsarnos a cultivar un hambre constante de la Palabra de Dios.

(Adaptado de Final Word)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B190927
COPYRIGHT ©2019 Grace to You

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s