La Búsqueda De La Semejanza Con Cristo

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ESJ-2019 0925-001

La Búsqueda De La Semejanza Con Cristo (1 Ped 2:2)

Por John F. Macarthur

Ningún verdadero creyente está completamente satisfecho con su progreso espiritual. Bajo la influencia iluminadora y santificadora del Espíritu Santo, todos nosotros somos conscientes de nuestra necesidad de ser refinados y disciplinados en aras de la piedad. De hecho, cuanto más maduramos, más capaces somos de reconocer el pecado que aún permanece en nuestros corazones. Pedro responde a esta necesidad de santificación cuando escribe sobre la importancia de que el pueblo de Dios tenga hambre de la leche pura de su Palabra, “para que por ella crezcáis en la salvación” (1 Pedro 2,2).

El apóstol Pablo es un buen ejemplo. En muchos sentidos, él es el modelo para los creyentes. En su primera epístola a Timoteo, se refiere a sí mismo como el principal de los pecadores (1 Timoteo 1:15). Con angustia por la carne pecaminosa que no puede escapar ni conquistar, gritó: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Pablo comprendió la debilidad que quedaba en él, y anhelaba ser liberado de ella. Para ese fin, la meta singular de su vida era la semejanza con Cristo y el crecimiento espiritual. En su carta a la iglesia de Filipos, él describe su ferviente búsqueda:

7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, 9 y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, 10 y conocerle a El, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como El en su muerte, 11 a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. 12 No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.. (Filipenses 3:7–14)

Se refería a los gálatas como ” Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Parte del deber del pastor piadoso es ayudar a aquellos en la iglesia a ver su pecado restante y su necesidad de santificación adicional. Él debe ayudarles a desarrollar un descontento con su estado espiritual y estimularlos a un mayor crecimiento y piedad. No es el trabajo del pastor afirmar nuestro estilo de vida, colgar falsas promesas de salud y riqueza, o validar nuestras ambiciones personales para la vida. Él no está ahí para hacernos sentir bien con nosotros mismos ni para convencernos de que Dios nos ama tal como somos y quiere darnos lo que queramos. Al contrario, él está ahí para martillar nuestros corazones, sobrecargándolos asi como su propio corazón está sobrecargado, con el entendimiento de que estamos muy lejos de lo que deberíamos ser en Cristo. Todos nosotros -pastores, ancianos y laicos por igual- debemos regresar constantemente a la Palabra para entender el alto nivel de la justicia de Dios y para que se nos recuerde cuánto fallamos en vivir de acuerdo a ella. Debemos examinarnos regularmente a través de la lente de la Escritura, desarrollando un descontento espiritual que nos motiva a continuar fielmente en la santificación. Hay descontento en el grito de un recién nacido que no puede hacer nada para satisfacer sus propias necesidades. Tiene que haber un descontento similar: uno que nos lleve de vuelta a las Escrituras como nuestra única fuente de sustento y crecimiento espiritual.

En lugar de sentarse satisfecho y estancado, Pedro dice que los creyentes necesitan “crecer con respecto a la salvación” (1 Pedro 2:2). El pueblo de Dios necesita crecer, y sólo puede hacerlo a través del ministerio de Su Espíritu a través de Su Palabra. Como dijo Pablo, debemos ser “estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” (2 Corintios 3:18). ¿Y cómo marcamos ese progreso? ¿Cómo sabemos que estamos avanzando?

Varios indicadores marcan nuestro crecimiento espiritual. El primero es un aumento en el entendimiento espiritual. La verdadera santificación va de la mano con una comprensión más profunda y rica de la Biblia. No sucede a través de algún tipo de experiencia mística. Demasiados en la iglesia hoy en día afirman haber recibido perspicacia a través de sus sueños, sus sentimientos viscerales, o escuchando la voz de Dios en sus cabezas. Ese no es el medio para un verdadero crecimiento en la Cristiandad – si acaso, es alejarlos de la verdad y llevarlos más lejos a la oscuridad. No miramos dentro de nosotros mismos en busca de la verdad o esperamos recibir una visión personal del Señor. El verdadero crecimiento espiritual comienza con un aumento en nuestra comprensión espiritual, lo cual requiere un aumento en nuestro conocimiento bíblico. A medida que nuestra teología se profundiza, a medida que nuestra comprensión de las Escrituras se fortalece, eso alimenta nuestro crecimiento espiritual.

Junto con un aumento en el entendimiento espiritual viene el gozo, un deleite más profundo en las cosas de Dios. No sostenemos nuestra teología con una resolución fría y remota, sino que desarrollamos un afecto cálido y rico por el Dios de las Escrituras. Alabamos con entusiasmo al Señor por lo que es y por lo que ha hecho. Celebramos la obra de Su Palabra en nuestras vidas, y anhelamos verla desatada en las vidas de aquellos que nos rodean.

Una de las razones por las que me encanta hablar en las conferencias de pastores es la oportunidad de la adoración corporativa. En esos cuartos llenos de predicadores y líderes de la iglesia, el canto no es tentativo o pasivo. Justo lo contrario: las paredes resuenan con voces fuertes que cantan su amor por el Señor, su evangelio y su iglesia. Están proclamando en voz alta las verdades de las Escrituras que han capturado sus corazones y mentes. Su deleite está en la Palabra, y lo mismo debe ser verdad para todos los que están creciendo espiritualmente.

Un tercer factor que marca el progreso de la santificación es un mayor amor a Dios. Si estamos creciendo en nuestro entendimiento de las Escrituras, entonces estamos creciendo en nuestro aprecio por la majestad de nuestro Señor. Estamos más íntimamente familiarizados con su persona y su obra. Estamos más enamorados de Su bondad, Su misericordia, y de las ricas bendiciones que derrama sobre nosotros cada día. Cuanto más profunda es nuestra comprensión de las Escrituras, más profundamente llegamos a conocer a Dios en la plenitud de la revelación a nosotros.

Piénselo de esta manera: si no estás creciendo en tu amor por Dios, hay una buena razón para creer que estás tratando las Escrituras superficialmente.

Otro componente vital del crecimiento espiritual es el fortalecimiento de la fe. Con un mayor conocimiento de las Escrituras y un mayor amor a Dios, llegamos a ser capaces de confiar en Él a través de todas las pruebas de la vida. He hablado con muchos creyentes que acaban de recibir noticias de una enfermedad terminal u otro diagnóstico grave. A menudo, su principal petición de oración para sanidad, sino para que Dios los use como un testimonio para Sí mismo en el tiempo que les queda. No hay colapso ante las pruebas, ni desesperación en medio de la tormenta. Su fe está firmemente arraigada en la bondad de Dios y sus gloriosos propósitos para sus vidas. Si estamos creciendo espiritualmente, somos más firmes en nuestra fe y más seguros del cuidado y provisión soberana de Dios. En un mundo ansioso, podemos descansar en Su bondad.

El crecimiento espiritual del creyente también se mide por su constante obediencia. Como el Apóstol Juan dice sucintamente:

Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en él verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos que estamos en El. El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo.. (1 Juan 2:3-6)

El crecimiento espiritual es el proceso de crecimiento en el cristianismo – la manera en que pensamos, hablamos y actuamos debe ser siempre conforme a la norma justa del Señor.

Si estamos siendo santificados por el Espíritu a través de las Escrituras, será evidente a través de un aumento en nuestro entendimiento espiritual, un deleite más profundo en las cosas del Señor, un mayor amor por Dios, una fe más fuerte en Él, y un patrón consistente de obediencia a Su Palabra. Ese es el tipo de crecimiento espiritual que Pedro quiere que busquemos.

(Adaptado de Final Word)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B190923
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