La Suma De Todo: Dios Es Amor

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ESJ-2020 0204-002

La Suma De Todo: Dios Es Amor

John F. Macarthur

Dios es amor. Su misericordia está sobre todas sus obras. Él manifiesta su amor a todos. Pero la más alta expresión de su amor se manifiesta a aquellos que por pura gracia Él amorosamente atrae a sí mismo.

Por lo tanto, para aquellos de nosotros que creemos, el amor de Dios es una realidad única y preciosa, aunque insondable. No hay manera de que podamos escalar la altura de la misma. No hay forma de que podamos imaginar su anchura o abarcar su amplitud. Sin embargo, por la gracia de Dios podemos conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento (Efesios 3:18-19).

Nos beneficiamos diariamente de la bondad de su amor. Él nos da ricamente todas las cosas para que las disfrutemos (1 Timoteo 6:17). Más que eso, Su amor se derrama en nuestros propios corazones (Romanos 5:5). No conozco mayor fuente de consuelo, ni mayor fundamento para nuestra seguridad, ni mayor fuente de satisfacción.

¿Por qué es todo esto tan importante? En última instancia, el amor de Dios es la base de todas nuestras esperanzas. Es el objeto de nuestros más profundos anhelos. Es la fuente y la realización de nuestra fe. Es la base misma de su gracia para con nosotros. Después de todo, le amamos sólo porque Él nos amó primero (1 Juan 4:19). Y su amor es también nuestra garantía de felicidad eterna. Puesto que nos amó lo suficiente como para enviar a su propio Hijo a morir por nosotros cuando aún éramos sus enemigos, no tenemos razón para temer perder ese amor, ahora que su Espíritu ha sido enviado a nuestros corazones, permitiéndonos clamar: “¡Abba! ¡Padre!” (Gálatas 4:6). Su amor impregna y envuelve absolutamente cada aspecto de nuestras vidas en Cristo.

Como cristianos, entonces, debemos ver que todo lo que disfrutamos en la vida -desde nuestros más pequeños placeres hasta la redención eterna que hemos encontrado en Cristo- es una expresión del gran amor con el que Dios nos amó (Efesios 2:4). La bendición de su amor viene a nosotros no porque lo merezcamos, sino simplemente y sólo por su gracia soberana. Porque ciertamente no merecemos Su bendición, sino todo lo contrario. Sin embargo, Él derrama su amor sin medida, y estamos invitados a participar de sus beneficios libremente.

Como receptores de un amor así, sólo podemos caer de bruces con asombro. Cuando contemplamos tal amor, debería hacernos sentir indignos. Pero al mismo tiempo nos eleva a alturas inimaginables de gozo y confianza, porque sabemos que nuestro Dios, el justo juez de todo el universo, Aquel a quien hemos confiado por fe el bienestar de nuestras almas, se ha revelado como un Dios de inconmensurable amor. Y nosotros somos el objeto de ese amor, a pesar de nuestra indignidad y a pesar de nuestro pecado. A la luz de las glorias del amor divino, ¿cómo no perderse totalmente en el asombro, el amor y la alabanza?

(Adaptado de The God Who Loves)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B200131
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