La Blasfemia de la Misa

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ESJ-2020 0221-001

La Blasfemia de la Misa

Por John MacArthur

El escritor de Hebreos es ineludiblemente claro acerca del carácter singular del sacrificio de Cristo.

“Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros, y no para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:24-28, énfasis añadido)

La Escritura no vacila sobre la finalidad del sacrificio de Cristo en nuestro favor. Él vino a hacer una oferta por una sola vez por los pecados, nunca para ser repetida. Fue un contraste con el pacto mosaico, el cual necesitaba un sistema de constantes sacrificios. Pero ninguno de los sacrificios del Antiguo Testamento en realidad podría expiar el pecado. Sólo podían servir como recordatorio de la liberación de Dios y el presagiaba el sacrificio definitivo de Cristo el cual vencería al pecado.

En la práctica de la misa, la Iglesia Católica Romana ha restablecido un sistema bíblico de sacrificios repetidos, blasfemando a Cristo y pervirtiendo Su obra en la cruz.

¿Qué tan importante es la misa al catolicismo? El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere a ella como “la fuente y cumbre de la vida cristiana.” Es decir, es el origen y el punto culminante de la fe católica. No es periférico —es el corazón y el alma de todo el sistema.

En su libro The Faith of Millions, John O’Brien, un sacerdote católico, explica el procedimiento de la misa.

Cuando el sacerdote pronuncia las tremendas palabras de la consagración, el llega a los cielos, trae abajo a Cristo de Su trono, y lo pone a nuestro altar para ser ofrecido de nuevo como Víctima por los pecados del hombre. Es un poder mayor que el de los monarcas y emperadores: es mayor que el de los santos y de los ángeles, mayor que el de los Serafines y Querubines. De hecho, es incluso mayor que el poder de la Virgen María. Mientras que la Santísima Virgen fue el agente humano por el que Cristo se encarnó una sola vez, el sacerdote trae a Cristo desde el cielo, y lo hace presente en nuestro altar como la eterna víctima por los pecados del hombre, ¡no una vez sino mil veces! El sacerdote habla y ¡he aquí! Cristo, el Dios eterno y omnipotente, inclina la cabeza en humilde obediencia a la orden del sacerdote.

En pocas palabras, la Iglesia católica no permitirá quitar a Cristo de la cruz. En la misa, la sustancia del pan y el vino supuestamente son transformados en el cuerpo y la sangre de Jesús, dejándolo como un sacrificio repetido, incompleto por los pecados. Él no es Señor y Salvador, Él es la Víctima eterna, eternamente ligado al altar por el poder del sacerdote, de manera visible y omnipresente simbolizado en el crucifijo católico.

Eso es una negación directa de la enseñanza de Pablo en Romanos 6:8-10.

Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con El, sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre El. Porque por cuanto El murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios.(énfasis nuestro)

Al negar el sacrificio singular de Cristo, el catolicismo impregna su sacerdocio con poder ilegítimo artificial y autoridad, esclavizando a sus seguidores a un sistema repetitivo de ofrendas ineficaces e impías por el pecado. Es esencialmente paganismo espolvoreado con suficiente terminología cristiana para engañar a las almas, convenciéndolas de que la muerte de Cristo en la cruz no fue suficiente para lograr su salvación. En efecto, la misa anula el verdadero significado de la cruz.

En Light from Old Times [Luz de los Viejos Tiempos], JC Ryle explica las implicaciones teológicos y espirituales – e imperfecciones –de la misa Católica.

Cualquiera que sea lo que el hombre piense o diga, la doctrina romana de la presencia real, si se busca a sus legítimas consecuencias, oscurece toda doctrina principal del evangelio, y daña e interfiere con el sistema de la verdad de Cristo. Conceda por un momento que la Cena del Señor es un sacrificio, y no un sacramento –admita que cada vez que las palabras de la consagración se utilizan el cuerpo natural y la sangre de Cristo están presentes en la mesa de la comunión bajo las formas del pan y del vino –admita que todo el que come el pan consagrado y bebe ese vino consagrado realmente come y bebe el cuerpo natural y la sangre de Cristo –admita por un momento estas cosas, y luego vea qué resultado de consecuencias trascendentales resultan de estas premisas. Usted estropea la bendita doctrina de la obra terminada de Cristo cuando murió en la cruz. Un sacrificio que necesita ser repetido no es algo perfecto y completo. Usted estropea la función sacerdotal de Cristo. Si hay sacerdotes que puedan ofrecer un sacrificio aceptable a Dios además de Él, el gran Sumo Sacerdote es despojado de Su gloria. Usted estropea la doctrina bíblica del ministerio cristiano. Usted exalta a hombres pecadores en la posición de mediadores entre Dios y el hombre. Usted da a los elementos sacramentales del pan y el vino un honor y una veneración que nunca pretendieron recibir y produce una idolatría para ser aborrecido de los fieles cristianos. Por último, pero no menos importante, derribar la doctrina verdadera de la naturaleza humana de Cristo. Si el cuerpo nacido de la Virgen María puede estar en más lugares que uno, al mismo tiempo, no es un cuerpo como el nuestro, y Jesús no era “el último Adán” en la verdad de nuestra naturaleza.

En términos simples, la misa no tiene nada que ver con el evangelio cristiano, nada que ver con la vida cristiana, y nada que ver con la iglesia cristiana. Rechaza la verdadera naturaleza bíblica de Dios, Cristo, el pecado, la salvación, la expiación y el perdón. Le roba a la cruz de su significado y lo sustituye por una idolatría superficial y centrada en el hombre. Es una mentira, un fraude, una fabricación condenable que esclaviza los corazones y lleva a la gente al infierno.


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B200219
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